martes, 21 de enero de 2014

EL SUEÑO DE LA ALDEA DING, de Yan Lianke


Título: El sueño de la aldea Ding
Autor: Yan Lianke
Traducción: Belén Cuadra Mora
Editorial: Automática Editorial
Págs: 376
Precio: 25,90 €

La globalización ha hecho que cualquier suceso horrible en cualquier parte remota del mundo pueda ser conocido al instante en cualquier otra parte del planeta. Siempre que ese suceso pueda resultar de interés, claro. O siempre que las autoridades no hagan todo lo posible por frenar los largos tentáculos de los medios de comunicación. El sueño de la aldea Ding, del autor chino Yan Lianke es todo un ejemplo de ello, al menos en parte. Dejadme que os cuente un poco de qué va esta obra a continuación.
Las vidas de los habitantes de la aldea Ding se marchitan tan rápido como las hojas en otoño. La muerte llega al poco tiempo de contraer la llamada enfermedad de la sangre, el mal que conllevaba la venta de sangre años atrás. Este mal de la sangre no es otro que el SIDA, una enfermedad sin tratamiento en una zona pobre del país, una condena segura. Y, aun así, todavía queda gente con esperanza en la aldea Ding. Gente que vive el día a día, que se ilusiona con pequeñas o grandes cosas. Gente que sueña. Gente como el abuelo de Xiao Qiang, el niño envenenado por sus vecinos hasta la muerte. O como el tío de este malogrado niño. Todas sus historias están recogidas en este maravilloso libro lleno de tanta pena como alegría. De tanta luz como dolor. De tanta fantasía como realidad.
El narrador de esta novela lírica, desgarradora y a la vez esperanzadora es Xiao Qiang, el fantasma del niño envenenado por sus vecinos por un motivo claro: su padre compraba sangre a la gente, y por su culpa gran parte del pueblo se ha contagiado del SIDA, una enfermedad que poco a poco está dejando el lugar sin habitantes.
Xiao Qiang nos cuenta con una sencillez poética, emotiva y directa la vida de sus familiares a lo largo de un no muy largo espacio de tiempo (tras la muerte del muchacho): su abuelo, el hombre que durante toda la vida ha ejercido como bedel de la escuela, un padre que no puede comprender cómo sus hijos han podido hacer lo que han hecho (y las cosas que siguen haciendo); el padre de Xiao Qiang, un tipo sin escrúpulos que no duda hacer negocio incluso con los muertos; el tío del chico, un hombre que no duda en vivir su historia de amor con otra enferma, a pesar del poco tiempo de vida que les queda; y la de un sinfín más de habitantes de esta triste aldea. Personas que podrían haber existido y ya no estarían en este mundo. Personas que merecerían ser recordadas.
El título de la obra, El sueño de la aldea Ding, podría hacer alusión a todos esos sueños rotos de los habitantes de la pequeña población, o tal vez a los sueños premonitorios y líricos que tiene el abuelo del chico, sueños que no hacen más que amenizar una obra ya de por sí amena e interesante, rica en matices de todo tipo, sobre toda en sentimientos.
Una vez leí por ahí que todo buen escritor ha de tener cierto compromiso con su tiempo (en realidad odio las citas, así que no me pidáis que busque quién lo dijo y cómo lo expresó concretamente). Esta máxima se cumple a la perfección en la figura de Yan Lianke, autor de esta genial novela. Y es que la obra que ahora podéis leer en castellano, esta pequeña joya literaria de nuestro tiempo, trata un tema tan real como desconocido por muchos: el del contagio de SIDA por la compra-venta de sangre en la provincia China de Henan. La novela está aún hoy prohibida en China, y no veo que los medios hablen mucho de ello hoy en día. Me pregunto cuántos asuntos desgraciados estarán siendo ocultados hoy en día al mundo, cuántas muertes injustas quedarán sin justicia alguna. También si tenemos que esperar a que sean los escritores las que las destapen en forma de novelas o ensayos. ¿Seremos capaces de abrir los ojos por nosotros mismos o tendrán que venir otros a abrírnoslos?
Sinceramente, hacía mucho que no me encontraba con un libro que aunara a la perfección el compromiso social de su autor, la trama interesante, la excelencia de la voz narrativa y la originalidad, en general. No me queda pues otra que acabar esta reseña invitándoos encarecidamente a leer El sueño de la aldea Ding, una obra tan dolorosa como necesaria. Una obra que os hará reencontraros con la verdad y con la buena literatura.
Cristina Monteoliva

EL SOL DE LOS MUERTOS, Ivan Shmeliov

Título: El Sol de los Muertos
Autor: Ivan Shmeliov
Editorial: El Olivo Azul
Págs: 272
Precio: 21 €

Algunas tragedias colectivas han pasado casi desapercibidas para el resto de la humanidad y la Historia, eclipsadas, tal vez, por otros hechos considerados más relevantes, o simplemente por no ser percibidas como tales desgracias. Podemos decir que éste sería el caso de la Revolución Rusa (también conocida como Revolución de Octubre) y de los que la padecieron, tema principal de “El Sol de los Muertos”, la obra del autor ruso Ivan Shmeliov que hoy nos ocupa.
El protagonista de esta historia es un intelectual que vive pobremente en una casa de campo en la bella península de Crimea. El lugar está tomado por los bolcheviques, quienes tienen la potestad de decidir sobre la vida o la muerte de los habitantes del lugar. Las estaciones transcurren así, sin esperanza, para los que quedan aún con los pies sobre la Tierra.
Aunque el personaje principal y narrador de esta crónica-denuncia no nos dice su nombre en ningún momento, sabemos, gracias al prólogo de Gabriel Sofer, que se trata en realidad del propio Ivan Shmeliov. Por tanto, no se trata de una obra de ficción al uso, sino del propio horror del escritor, de sus propias vivencias y sentimientos.
Shmeliov emplea el tiempo presente en casi todo momento, relevando el pasado a un puesto secundario. El monólogo interior se superpone a la narración al uso. De esta manera, el autor consigue que la acción se muestre más cercana al lector, casi como si estuviera pasando en este mismo momento, como si estuviéramos junto al protagonista, dentro de su propia cabeza.
Nos cuenta Gabriel Sofer en el genial prólogo que precede al resto de la trama, que durante mucho tiempo la Revolución Rusa fue percibida en Europa desde un punto de vista casi romántico, como un cambio de régimen admirable, llegando incluso a mirar con recelo a los exiliados rusos. El que se acerque a este libro comprenderá al instante que poco romanticismo y mucho de real y crudo tuvo este conflicto.
Esta es una historia de pequeñas cosas, en todos los sentidos de la expresión. Son pequeñas las cosas que pasan en Crimea y el resto de Rusia, para el resto de la humanidad: niñas que entregan su inocencia a cambio de algo que llevarse a la boca, abuelos que ven morir a sus nietos, hombres que entierran a sus mujeres en sus muebles favoritos, porque no hay ataúdes... Pero también son las pequeñas cosas del día a día la que hacen a los personajes de esta historia aferrarse a la vida: un almendro en flor, escuchar las esperanzas de un pobre iluso, compartir la poca comida que queda con un vecino...
Y es que los días en Crimea parecen eternos cuando el hambre acucia, hay poco que hacer en un mundo que se ha vuelto del revés. El protagonista se entretiene hablando con la naturaleza, con unos animales domésticos que parece que van a empezar a articular palabra de un momento a otro. La prosa se convierte así en la más bella de las poesías, toca el alma del que tiene el libro entre sus manos.
Cada día, este intelectual venido a menos se encuentra con vecinos y amigos que le cuentan que las cosas van peor. No pueden creer que les hayan engañado con falsas promesas, que tan sólo les quede esperar la muerte.
A veces, la rabia no puede con él: el narrador se gira con ironía hacia el lector que cómodamente lee esta obra, ante el mundo occidental que no quiere ver la realidad de Rusia. Incluso, a veces, la impotencia es tan fuerte que no puede evitar enfrentarse con el Dios que los abandona a su suerte, el ser que ha puesto sobre el cielo un Sol que ya sólo ilumina a los muertos vivientes de Crimea.
No se puede evitar al menos un momento de reflexión después de leer esta obra, este entramado tan desgarrador de testimonios. Porque, ¿cuántos hombres, mujeres y niños no estarán pasando por esta misma situación hoy en día, en conflictos que al resto del mundo no les interesa ver? ¿Estamos nosotros a salvo, en nuestras cómodas viviendas? ¿Y si lo inesperado sucediera? ¿Y si nos sucediera a nosotros?
Dos veces le dio la espalda occidente a Shmeliov: la primera, en Crimea, cuando no había esperanza; la segunda, cuando su amigo Thomas Mann lo propuso para el premio Nobel. Que no sean tres las veces que el mundo se esconda ante su obra y el horror de tantos. Demos una oportunidad a esta obra. No nos olvidemos de los que sufren.
Cristina Monteoliva

viernes, 27 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (I)

Lola López Mondéjar nació en 1958. Es psicoanalista y escritora, además de una persona encantadora que no duda en acercarse a sus lectores en las presentaciones, sonreír pase lo que pase y transmitir positividad allá por dónde va.
Sus narraciones invitan a los lectores a viajar por la mente humana. Ha publicado las novelas Una casa en La Habana, Yo nací con la bossa nova, No quedará la noche,  Lenguas vivas y La primera vez que no te quiero, y los libros de cuentos El pensamiento mudo de los peces y Lazos de sangre, además del ensayo El factor Munchausen: psicoanálisis y creatividad.
Si quieres saber más de ella, no dejes de leer los artículos de este especial que hoy le dedico.
Comenzamos con la primera parte de la extensa entrevista que me ha concedido: 

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Empecé a escribir ficción casi al mismo tiempo en que aprendí a escribir. Inventaba cuentos que escribía en folios doblados, para que se parecieran un poco a los libros que leía. Luego los ilustraba con torpes dibujos infantiles. Me sentía muy orgullosa de ellos.

Pero, ¿qué fue primero: tu interés por la escritura o por hurgar en la mente del ser humano?
Primero sentí una fuerte vocación literaria, que continuó mientras estudié la carrera de Psicología y me formaba paralelamente en psicoanálisis. Creo que una vocación y otra iban de la mano porque lo que me interesa de la literatura es también el conocimiento del ser humano que comporta. Antes de la psicología, la literatura y la filosofía ya habían penetrado en la opacidad de la mente y de la conducta, la habían explorado con habilidad. Charlotte Brönte, Stendhal, Flaubert, Elizabeth Gaskell, Tolstoi, tenían una mirada aguda y analítica sobre los sentimientos y comportamientos de los hombres y de las mujeres, mucho antes de que Freud inventara el psicoanálisis. Por no hablar de Nietzsche, Shopenhauer o Kierkegaard, que avanzaron la idea de inconsciente.
Yo leía a esos autores y quería comprender como ellos a mis contemporáneos, usando las dos vías que estaban a mi alcance: los estudios de psicoanálisis y la lectura de textos literarios.

Si tuvieras que elegir entre cuento y novela, ¿con qué te quedarías?
No podría elegir. Uno y otra surgen de procesos creativos distintos sobre los que no tengo poder de decisión. De modo que si engendro un cuento daré a luz un cuento, si una novela, una novela. Son dispositivos muy diferentes tanto en su gestación como en la ejecución de su escritura; uno es inmediato, como una inspiración muy precisa, la otra dilatada, pues implica la construcción de un mundo que me lleva años diseñar y habitar. Para mí son necesarios ambos géneros. En Lazos de sangre exploré el cuento largo con total intención, y me pareció también delicioso. Supone poner en marcha un reloj que no es exactamente el de la novela ni el del cuento breve, pero igual de preciso y exigente que este último.

Has publicado en 2013 dos libros: “Lazos de sangre”, un recopilatorio de cuentos, y “La primera vez que no te quiero”, una novela. ¿Cómo se lleva la promoción de dos obras prácticamente a la vez?
Lazos de sangre se presentó en Madrid en noviembre de 2012 y he tenido casi todo  un año para promocionarlo, hasta que en septiembre de 2013 se presentó a la prensa, también en Madrid la novela. Entre uno y otro llevo más de un año de promoción, y esto es algo que cansa físicamente, pero que me interesa muchísimo como autora, porque entiendo que es en el encuentro con los lectores, y con los presentadores (elemento muy importante de la promoción) cuando se cierra el ciclo de la escritura. La recepción de la obra ayuda a entender aspectos que, aún estando incluidos en ella, me pasaron desapercibidos. Recibir en vivo la opinión de los lectores muestra tanto los límites de la obra (respecto a tus expectativas iniciales), como, por el contrario, su capacidad evocativa y de generar reflexión (que puede ir más allá de lo que esperabas de ella). Y esto es un aspecto muy importante para mí.

De manera que llevo bien la promoción porque me interesa intelectualmente lo que me devuelven los lectores, los críticos y la prensa.


©Lola Mondéjar.

EL HOMBRE PEZ, un relato de LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

El hombre pez
                                                                                                         
                                               Para Lucía Puenzo  y Sergio Bizzio.

                                   Vivo en agraz, lo sé. Entre la muerte y yo,
                                               Una fina lazada. Camino hacia las aguas
                                               Y me sumerjo en vertical.
                                        
                                               Baila, baila, baila la Danza del Diablo Verde…
                                              
                                   Alberto Chessa[1]

La tumbona es el único obstáculo que interrumpe la superficie lisa de la arena. A pocos metros de un mar incansable, el azul y el blanco de sus franjas perfila su silueta, nítida desde la escollera. No podemos saber quién la ocupa, pues desde aquí los ojos no lo distinguen, pero si nos acercamos hasta ella podemos observar sin temor a molestarle a un hombre. Se llama Juan, y duerme. Su cuerpo menudo se hunde en el vientre de la lona y la cabeza reposa sobre uno de sus hombros estrechos, relajada. Acaricia su mejilla una manta de viaje de cuadros grises y rojos que lo cubre hasta el cuello. Hace frío, pero un sol estampado de nubes débiles calienta su frente.
Juan viene día sí y día también. Coloca la hamaca en el sitio de costumbre, da un largo paseo hasta el muelle, y regresa. Luego reposa tranquilamente mirando las olas. A menudo se queda dormido. No lee ni escucha la radio, sólo el rumor del mar que lo adormece. Sus ojos cansados miran al frente, hacia el horizonte que se confunde con el cielo. Cuando los hay, siguen a algún que otro velero que se recrea en un itinerario azaroso. Hace más de un año que se jubiló. Por debajo de su jersey de lana, un observador minucioso podría distinguir el relieve de un marcapasos incrustado en la piel de su pecho, justo encima de su corazón debilitado, desde hace ya muchos años; aunque hay días en que Juan olvida que lo lleva. Se sienta frente al mar y se olvida de todo. Ahora puede despilfarrar el tiempo, se dice a sí mismo, es lo único que puede malgastar. Lo deja pasar sin hacer nada. Unas pocas obligaciones domésticas que comparte con su mujer, y esa contemplación muda.
No falta nunca. Si llueve, espera a que la lluvia remita y coloca su hamaca en la arena húmeda, salpicada de cráteres como la superficie de la luna en miniatura. Y contempla el mar.
Se diría que toda su jornada está dirigida hacia esas horas vacías en las que Juan parece llenarse de algo. Entorna los labios y  se le escapa una lengua llena de accidentes, una grieta central casi la separa en dos. De niño, los niños se reían de él por culpa de su lengua. Ahora a Juan no le importa. La saca al sol tímidamente, y la deja ahí, en el umbral de su boca, como un reptil.
A menudo también estira sus piernas cortas, las desentumece, las separa y vuelve a juntarlas. Sus piernas se cabalgan y desaparecen; bajo la manta de cuadros bien podían ser sólo una, como la cola de un pez. Tiene las manos pequeñas, de palma ancha y dedos cortos. Manos de agricultor. Hasta los veinte años Juan nunca vio el mar y ahora no concibe cómo pudo pasarse sin él. No le gusta pescar, siente un pinchazo doloroso en el cielo del paladar cada vez que un pez inquieto sale del agua prendido en el anzuelo. Sufre por él. No puede mirarlo. Cuando el pescador lo suelta en el cubo, el pez abre y cierra la boca con desesperación, y Juan lo imita cuando lo mira, con un reflejo que ni siquiera percibe.
Hace más de un año que tiene esa costumbre que tira de él sin remedio; y cada día pasa más horas frente al mar. Su mujer se queja, pero sus protestas no van más allá de una reprimenda cariñosa cuando se le olvida la hora de la cena. ¿Qué comes tú?, le dice, toda la tarde en ayunas, eso no debe de ser bueno. Juan le sonríe. También a él se le hace extraño no haber sentido el murmullo del hambre. Serán cosas de la edad.
No sabe cómo es sentirse viejo, ni siquiera está seguro de que lo sea. A los sesenta y seis años su padre era un anciano, pero Juan, a pesar de sus problemas cardíacos, no se siente ni mucho menos como él. Mientras camina por la playa, de la hamaca a la escollera, de la escollera a la hamaca, Juan se siente un hombre joven. Es más, a veces tiene deseos de nadar, quiere zambullirse en el agua, que intuye fría, y recorrer el mundo. Si fuera pez lo haría. Le sobran fuerzas para intentarlo. Pero luego, su organismo le pide reposo. Y se lo da. Se relaja y medita. Mira la superficie del agua en movimiento y reproduce en su mente lo que él cree que encontraría debajo. Se pasea por el fondo del mar sólo con su imaginación, mientras su cuerpo descansa. Esquiva las rocas y avanza, rozando casi con el vientre las praderas verdes de posidonia.
Hace meses que en su interior suceden cosas. Lo sabe. La piel de sus brazos se ha vuelto más suave y ha perdido el vello negro que la cubría. Su cuerpo se está redondeando imperceptiblemente, como si adquiriera la forma de un huso. Los huesos se adelgazan, han desaparecido bajo el músculo, y Juan siente palpitar su corazón herido con el ritmo acompasado de un tambor. No está seguro pero, a veces, cree que sus dedos han retrocedido dentro de la palma de su mano. Imaginaciones.
Lo que no ha cambiado en este año ocioso es ese deseo secreto de convertirse en pez.
Hace semanas que Juan pasea de otro modo, inquieto. Deja sus zapatos delante de la hamaca y corre hacia el agua con impaciencia. Las olas bañan sus pies y, a veces la pernera de su pantalón, que se humedece, más oscuro, hasta la rodilla. Juan mira hacia el horizonte y resopla, se diría que está esperando a alguien. Qué tontería. Sus pasos no abandonan la línea del agua; llega hasta el malecón y, apenas toca los bloques de piedra, retrocede con prisa.
Desde la escollera, la hamaca se divisa como siempre en el sitio de costumbre. Podemos adivinar al hombre que reposa en ella, que duerme. Ahora, desde donde estamos, le vemos abandonar el vientre curvo de la lona con movimientos de inválido y dejarse caer al suelo torpemente; advertimos cómo se desliza por la arena con sinuosos movimientos de serpiente, cómo avanza decidido por ella, arrastrando el cuerpo al compás de sus brazos, inseparables las piernas. Le vemos alcanzar la orilla impulsado por la pelvis, que mueve de un lado a otro con elegancia anfibia, introducir en el agua la cabeza calva, ovalada, y los brazos cosidos al costado, hasta adentrarse en el mar glacial.
Le vemos, luego, desaparecer en él.





[1] En la radiografía apareció LA PIEL, Huerga y Fierro, 2013.

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (II)

¿Cuál es tu relato favorito de “Lazos de sangre” y por qué?
No escribo los relatos pensando en un libro de relatos sino que cada uno surge en un momento concreto de mi vida, por razones que puedo conocer o no. De manera que, cuando los selecciono, elijo aquellos que me parecen los mejores, de ahí mi dificultad para señalar uno entre otros, puesto que todos han sido elegidos entre otros que quedaron en proyecto o definitivamente atrás.
No obstante, quizás Las invitadas tenga para mí un significado especial, pues parte de una anécdota vivida –una temporada en casa de una amiga veneciana–, que me sirvió para contar el comienzo de la desidealización que una hija hace de su madre, un proceso tan necesario en la vida de una futura mujer. Y, por supuesto, El hermano gemelo.

¿Te ha sorprendido que “El hermano gemelo” sea uno de los cuentos más comentados entre los lectores?
No me ha sorprendido. Fue un relato que se gestó muy lentamente, que me obligó a viajar a Oslo porque “quería ir al frío”, era lo que repetía con insistencia durante meses, y no sabía exactamente el porqué, pero sí que en el frío daría algo de mí que lo necesitaba claramente para expresarse. Lo escribí en Oslo, durante un viaje que hice con mi hija en febrero, a dieciséis grados bajo cero, disfrutando muchísimo de la ciudad helada. Vivo en un paisaje mediterráneo y quería sentir otra geografía radicalmente diferente, donde el blanco y el frío fueran omnipresentes, porque sentía que podría tocar nuevos registros. Como se puede observar en mi obra, me influyen muchísimo las ciudades, los ambientes.
Luego lo construí como si se tratase de una novela negra. Empieza con una muerte y un detective, y sigue con la investigación de la hija. Yo mismo disfruté mucho durante su escritura, y supuse que lo mismo les ocurriría a los lectores, como así ha sido.
Recuerdo que escribía de seis de la tarde hasta la hora en que salíamos a cenar. Segura de que nadie iba a interrumpirme. Un placer.

¿Por qué los matrimonios se acaban convirtiendo en “animales de compañía”?
Algunos matrimonios acaban convirtiéndose en animales de compañía, otros no. Imagino que serán muchas las causas. A menudo utilizo la literatura para explorar incógnitas que no puedo resolver desde mi profesión. Y esta es una de ellas. Las necesidades de apego del ser humano son infinitas, más poderosas que las de la pasión, y quizás sean ellas las que colocan la compañía (aunque sea muda, aunque comporte pérdida de la propia identidad) por encima de la independencia. Ser independientes nos aproxima a la soledad, una soledad muy temida por quienes sufren esa necesidad de apego tan fuerte.
Cuando se teme demasiado a la soledad se claudica, se minimizan todos los deseos si estos amenazan la presencia del otro, se sacrifican las propias aspiraciones en el altar de la compañía, y perdemos subjetividad, y nos convertimos solo en animales de compañía.

¿Por qué une tanto la sangre cuando a veces, tal y como vemos en tus relatos, hay tanto que nos separa con nuestros consanguíneos?

En nuestra cultura mediterránea la sangre une mucho. En el norte de Europa mucho menos. Es el imaginario cultural sobre los lazos de sangre lo que los hace tan importantes o los interpreta. No existen hechos, existen interpretaciones, afirmaba Nietzsche. Creo que esto está cambiando actualmente. Hoy nos enfrentamos más a la ambivalencia de esos lazos, con un pensamiento más, llamémosle “laico”, que los desacraliza, y observamos su aspecto oscuro, a veces letal (asesinatos de hijos a manos de los padre, de padres a manos de sus hijos, separaciones familiares por herencias, alejamiento y dispersión familiar que nos interrogan), y entendemos que, como todo afecto humano, los lazos familiares están compuestos de amor y de odio, de rivalidad y cooperación, de envidia y de gratitud, de celos y generosidad. En el libro quería mostrar todos esos matices.


©Lola Mondéjar.

LAZOS DE SANGRE, de LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

Título: Lazos de sangre
Autora: Lola López Mondéjar
Editorial: Páginas de Espuma
Págs: 224
Precio: 17 €

Comienzo a escribir esta reseña un veintisiete de diciembre. Estamos en plenas fechas navideñas, y hace pocos días las familias se reunieron para festejar la Noche Buena y la Navidad. Algunas personas sé que lo pasarían la mar de bien en estas reuniones. Otras, no tanto. Y es que a veces los lazos de sangre unen; otras, separan; y otras, nos son totalmente indiferentes. Y si hay alguien que ha intentado con todas sus fuerzas ahondar en el tema desde los puntos de vista psicológico y literario, ésa es Lola López Mondéjar. Su libro, Lazos de sangre, es la prueba.
Lazos de sangre es un volumen compuesto por un total de dieciséis relatos impecablemente escritos que giran en torno a las relaciones familiares. Los ocho primeros son piezas extensas, algunas casi novelitas cortas, mientras que las ocho últimos, englobados todos ellos en un apartado titulado Petit fours, son mucho más breves (un par de páginas por pieza, generalmente).
Abre este libro Las invitadas, una historia sobre una madre que comete una pequeña locura en Venezia. La hija, menor de edad, se ve arrastrada por su progenitora, sin poder hacer nada para evitarlo. Los sentimientos encontrados son inevitables, así como el final de esta pieza.
La chica de Las invitadas no será la única que se verá “arrastrada”, por así decirlo, por su madre pues en Vicolo de D´Orfeo, Renzo, su protagonista, vivirá una situación similar. Similar, o no tanto, puesto que en este caso Renzo es ya mayorcito y su problema es que siempre ha vivido a la sombra de una madre que le mentía sobre el pasado de su hermana y su padre (del abuso que su padre ejerció contra su hermana, más bien). El despertar de Renzo es duro, pero también necesario.
Una desolación va, básicamente, de cuando los hijos han de hacerse cargo económicamente de los padres.
También de “hacerse cargo” de alguien nos habla Animales de compañía, pero de una forma bien distinta, pues en este relato lo que se nos plantea es hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a partes de nosotros (o a todo) por complacer al otro miembro de la pareja.
Me he divertido mucho leyendo El huerto. En este relato, una madre con visión de futuro, hace que toda su familia se embarque en una aventura postapocalíptica, ¡con éxito! Y es que cuando a una madre se le mete algo en la cabeza…
En La herencia lo que encontraréis no es un gran tesoro dentro de un armario, sino a un hijo que descubre tras la muerte de sus padres que ellos también, además de padres, eran humanos. Me pregunto si más de uno no cambiará la visión que tiene de sus progenitores cuando lea este cuento.
El hermano gemelo es un relato que ha tenido mucho éxito entre los lectores de este libro. No es de extrañar, pues en él no sólo se nos plantea el misterio de la muerte de la madre de la protagonista, sino, además, y fundamentalmente, la relación que existía entre la mujer madura y su hermano gemelo no nato, y la no relación entre hija y madre.
Pero si hay un relato especialmente desconcertante por la psicología de sus personajes ése es, precisamente, el que le da nombre al libro, Lazos de sangre. En él, nos encontramos dos tipos de relaciones muy distintas: la que mantiene la esteticista de la narradora con su sobrino, y la que la narradora mantiene con su marido. Si bien todo nos hace pensar que la principal es la primera, llegados a cierto punto de la narración, nos damos cuenta de que nada es lo que parece, o, mejor dicho, la narradora no es la mujer que creíamos. ¿A dónde nos llevará a parar esta mujer?
Los relatos englobados en Petit fours (Viola de gamba, Migraciones, Decepción, Cuestión de olfato, El pacto, Insatisfacción, No te perdono y Sospecha)  fundamentalmente analizan las relaciones de pareja desde distintos puntos de vista. Por Lo que predomina aquí es la tensión entre hombre y mujer que se aman (o ya no tanto): los pequeños celos, los grandes reproches, las diferencias irreconciliables, las infidelidades, las locuras cometidas por amor o por desamor… Todo ello, eso sí, con un delicioso sentido del humor que hará que el lector lea toda esta sección de un tirón, deseando un poco más al finalizar el libro.
Lazos de sangre quedó finalista en el prestigioso Premio Setenil de 2013. No es de extrañar, amigos, pues los cuentos que este volumen contiene, además de, como he dicho antes, estar magníficamente escritos, hacen vivir al lector un sinfín de emociones, a veces contrapuestos, mientras invitan a reflexionar sobre las relaciones familiares desde todos los puntos de vista imaginables, con todas sus consecuencias.
Si eres un amante de los buenos relatos, desde luego, éste es un libro que no te puedes perder.
Cristina Monteoliva

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (III)

Julia, la protagonista de “La primera vez que no te quiero” es una mujer que ahora tendría más o menos tu edad; es, al igual que tú, psicoanalista y… ¿qué más tenéis en común? ¿Puede decirse que has usado partes de tu vida para construir este personaje y su historia?
Sin duda Julia es el personaje que más se acerca a mi biografía en algunos aspectos. También a la de una generación que fue la mía. Quería mostrar las dificultades para ser mujer, y también hombre (aunque en la novela atiendo menos a los personajes masculinos, los hombres nos eran muy desconocidos), de las jóvenes que nacimos en aquellos años. Analizar la fractura generacional que incrementó la natural tensión entre padres e hijos, en un  país en plena transformación de la dictadura hacia la democracia. Un mundo con tantos cambios, y tan rápidos, que Julia corre detrás de ellos intentando encontrarse. Entendí que estaba por hacerse un relato profundo de aquella generación, y emprendí la tarea con materiales que conocía de primera mano.

Julia es de esas personas que tropieza siempre con la misma piedra en el amor. ¿Por qué crees que las personas, en general, tenemos tendencia a reproducir los mismos malos pasos, por así decirlo?
Tropezamos en la misma piedra porque estamos constituidos por conflictos inconscientes que nos determinan, y que nos impelen a la repetición de determinadas posiciones frente a los otros, en el amor y en la vida en general. Solo un trabajo sobre esos conflictos y las determinaciones que acarrean puede modificar esa “compulsión a la repetición”, como le llama el psicoanálisis. A veces la vida nos ayuda sola a cambiar, otras es necesario la ayuda profesional para salir de ese círculo vicioso al que nos aboca la reiteración del inconsciente.

¿Crees que Julia está mejor sola o que encontrará alguna vez el amor?
Creo que Julia podrá encontrar el amor. Muchas mujeres de aquella generación lo encontraron a pesar de sus dificultades para comprender a los hombres,  a pesar de la revolución sexual y sus trampas, de la igualdad que sus propios compañeros de izquierdas promulgaban pero que, difícilmente, llevaban a la práctica. Y de todas las contradicciones que esto comportaba y aún hoy comporta. A pesar de todo, muchas de aquellas mujeres fueron moderadamente felices.

©Lola Mondéjar

¿Y llegará alguna vez a entender la postura de sus padres?
Ya en la misma novela Julia comienza a entender a sus padres. Hay todo un proceso de reparación, de perdón, de progresivo acercamiento hacia la madre que se culmina al final. Los padres de Julia fueron, a su vez, víctimas de un catolicismo a ultranza, de la dictadura, de la ignorancia, y Julia acaba comprendiendo, claro que sí, está explícito en la misma novela, insisto, acaba sintiéndose parte de ese engranaje, un híbrido entre sus raíces y los cambios que no puede dejar de vivir. Hay una especie de elenco, no me atrevo a llamarlo poema, que es todo un reconocimiento de esta deuda y de este amor a sus padres.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en la lectura de estas dos obras tuyas?
Según me han devuelto los propios lectores, tanto Lazos de sangre como La primera vez que no te quiero tienen un enorme poder de evocación, pues invitan a reflexionar y a pensarse a sí mismo con las preguntas que se hacen los protagonistas, o con los acontecimientos que estos viven. Creo que la reflexión está muy ninguneada en el pensamiento hegemónico actual, que opta por una propuesta de dispersión superficial de la atención en informaciones múltiples, nada críticas o analíticas. Y opino que la literatura es un instrumento idóneo, una guía para poder reflexionar sobre la vida, sobre cómo es la vida humana. Mis lectores se sumergen en esa propuesta y piensan. Es ya mucho.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
De momento estoy disfrutando de la lectura de autores que me interesan, como Clarice Lispector o Alice Munro, pero tengo en mente una novela (en realidad, la tengo en mente desde hace dos años), que necesitará todavía mucho tiempo para que se concrete, y un trabajo teórico sobre creatividad y psicoanálisis en el que pretendo profundizar en las tesis de mi libro anterior sobre el tema, El Factor Munchausen. Si nace algún cuento, lo recojo y lo guardo, sin ninguna prisa. Digamos que estoy sembrando.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Sí, gracias por tu lectura, y por la atención que le prestas a mi obra.

Muchas gracias a ti por tu tiempo, tus palabras y el material que nos has facilitado. Y, sobre todo, por tu amabilidad y tu positividad. Espero que el 2014 te traiga muchas alegrías, en todos los sentidos, ¡y nuevas lecturas para nosotros, los lectores!


LA PRIMERA VEZ QUE NO TE QUIERO, de Lola López Mondéjar

Título: La primera vez que no te quiero
Autora: Lola López Mondéjar
Editorial: Siruela
Págs: 272
Precio: 18,95 € / 9,99 € (epub)

La transición española y la necesaria revolución que vino después a primeros de los ochenta en nuestro país, son épocas que dan para mucho, sobre todo cuando el que escribe las ha vivido y quiere (y, sobre todo, puede) contar historias que inviten no sólo a conocer estos años, sino también a reflexionar acerca de la ruptura de aquella generación con la anterior, la libertad que todo aquello nos trajo a las siguientes generaciones, los cambios sociales, etc. De todo esto y mucho más precisamente va La primera vez que no te quiero, la novela de Lola López Mondéjar que a continuación os comento.
La tía de Julia le confesó un día a su sobrina que su madre intentó ahogarla cuando sólo tenía dos meses de vida. Desde entonces, Julia se siente como si le faltara el oxígeno. Podría decirse que esta misma anoxia es la que vive toda su generación de chicos y chicas nacidos en el franquismo que llegan a la edad adulta durante la transición a la democracia; de estos jóvenes que ponen patas arriba la sociedad mientras descubren formas nuevas de vivir la vida. Pero no hablemos de todos ellos. Hablemos sólo de Julia, pues esta es su historia. Julia, la que tuvo un marido al que dejó por un señor oscuro que la introdujo en el mundo de las libertades sexuales. Julia, la estudiante de psicoanálisis. Julia, la que viaja por el mundo y por la vida, en general. Julia, la que analiza, reflexiona y comprende, finalmente, que la generación de sus padres era bien distinta a la suya y aunque son muchos los pasos adelante dados, todavía queda mucho por andar.
La primera vez que no te quiero es una novela singular por distintos motivos. El primero, por su enigmático título, que tanto nos dará que pensar antes, durante y después de la lectura. Al fin y al cabo, ¿a quién no quiere ya Julia? ¿A sus hombres, a sus padres, a sí misma…?
Después, porque está escrita como un capítulo único en el que se intercalan las narraciones de la infancia de Julia con la de su edad adulta, como si se tratara de un libro de relatos breves que se relacionan por el hilo conductor de la historia, llegando al final de la misma historia a cerrarse de forma perfecta el círculo narrativo.
La tercera, por la propia personalidad de su protagonista, Julia, una mujer que estudia psicoanálisis para analizarse a sí misma y a su entorno, y tal vez por fin aprender qué camino seguir para ser feliz; y por su forma de narrar, tan culta a la vez que tan inocente; tan llena de contradicciones; tan rica en matices. Tan auténtica, en definitiva.
Julia cree que le marcó el intento de ahogo por parte de su madre, cuando, en realidad, lo que marca su existencia es la indiferencia con la que la tratan unos padres que se casaron porque era lo correcto en la época; que tuvieron hijos porque había que ternerlos, pero que luego tanto les costó quererlos. Así, Julia crece entre unos padres que la miran, pero que no la ven; unos progenitores que la prestan a otros familiares para que sean felices a la primera de cambio, sin preocuparse por lo que siente o necesita de verdad su hija para ser feliz ella misma.
Más tarde, como descubriréis en esta obra, Julia tiene varias relaciones fallidas, sobre todo por su obsesión por idealizar a los hombres a los que ama. Sus decisiones parecen llevarla a la soledad, pero, ¿quién sabe si no llegará a obtener algo bueno de todos ellos al final?
Llama también la atención que Julia parezca no desprenderse del fantasma del pueblo, del estigma rural, de ese “yo nací en una familia humilde, en un lugar pequeño y nada culto, y no quiero ni pensarlo”, cuando en realidad todo queda muy atrás. Empieza a hacerlo justo en el momento en el que Julia comienza a estudiar en la universidad y viaja, aprende de la vida y cambia las reglas sociales. Me pregunto cuántas personas no sentirán también ese extraño pesar, en vez de sentirse orgullosas de sus orígenes menos pudientes, tanto económica como culturalmente, hoy en día.
Y dejo ya de contar, que si no, os acabo destripando toda la novela
Definitivamente, La primera vez que no te quiero, además de mostrarnos de la mano de un personaje tan entrañable como Julia cómo fueron los ochenta para toda una generación de jóvenes con ganas de cambiar las cosas, es una novela que invita a reflexionar en las diferencias generacionales, la evolución a pasos agigantados de la sociedad española, las relaciones familiares y sentimentales y un sinfín de temas que conocerás sólo si te decides por su lectura. ¿Te atreves a dar el paso?
Cristina Monteoliva 

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL CIELO EN UN INFIERNO CABE, de Cristina López Barrio

Título: El cielo en un infierno cabe
Autora: Cristina López Barrio
Editorial: Plaza & Janés
Págs: 624
Precio: 19,90 € / 11,99 € (epub)

La Santa Inquisición hizo un daño atroz a muchísima gente mientras su poder estuvo vigente. Al fin y al cabo, ¿cuántas personas morirían acusadas por sus integrantes o por sus propios vecinos de brujería? ¿Cuántos inocentes se pudrirían en sus cárceles injustamente? Hoy en día sabemos que no había brujas, que todas aquellas acusaciones se debían a supersticiones, envidias o codicia. Pero, ¿y si las hubiera habido? Tal vez hubieran sido un poco como Bárbara, la protagonista de El cielo en un infierno cabe, la novela de Cristina López Barrio que a continuación os comento.
Toledo, año 1625. La Santísima Inquisición mantiene presa a Bárbara, una misteriosa mujer acusada de brujería. No se sabe si en su defensa o tal vez para añadir más cargos en el caso, aparece otra mujer, Berenjena. Berenjena dice conocer bien a la acusada desde su nacimiento, pues ella misma la recibió en el hospicio madrileño en el que ambas vivirían tantos años. Según la testigo, la niña no sólo sobrevivió a la peste, sino que también con sus manos sanadoras curaría a otro bebé huérfano, de nombre Diego, y al que estaría por siempre unida. La cuestión es: ¿se trata este de un caso de brujería o de un milagro? 
Perdonad si la sinopsis que os acabo de plantear no está muy lograda. El caso es que se me hace difícil elaborar un párrafo en el que no desvele las claves de la novela, o que no se parezca en exceso a la sinopsis que encontraréis en este volumen.
Puedo deciros, eso sí, que esta novela narra la vida de Bárbara, esa mujer extraordinaria con ciertos poderes curativos, desde distintos puntos de vista. Así, en la primera parte de la novela, predomina la voz narrativa de Berenjena,  la mujer de extrañas intenciones que tan bien conoce la infancia de aquella niña que misteriosamente llegó a un hospicio en medio de una plaga de peste; en la segunda, nos encontramos con la voz narrativa de la propia Bárbara, que nos habla de sus aventuras y desventuras en el mundo de la magia después de dejar el hospicio; y, por último,  la del narrador omnisciente, ya al final de la obra (debería ser una tercera parte, aunque no sea así en el libro) que nos muestra el cómo concluye la estancia en la prisión de Bárbara.
También os puedo contar que sobre la joven Bárbara se cierne un gran misterio, el de sus mismos orígenes. Este misterio hace que la mayoría de los que intenten desvelarlo acaben muertos. Incluso los que menos esperamos en esta novela. La verdad en la obra nos dará a entender que todo eso que la Inquisición proclamaba sobre los judíos y sus prácticas mágicas es totalmente verdad, al menos, insisto en el universo de esta historia, y que el amor todo lo puede.
Encontraréis muchos personajes a lo largo de las numerosas páginas de esta novela. Para mí, sin embargo, todo gira entorno a Bárbara, la niña con poderes curativos; Diego, el niño huérfano tan unido a la protagonista de esta novela; Berenjena, la moza que tanto tiene que contar; y aquel miembro del tribunal de la Inquisición tan extraño como importante a la hora del desenlace final.
El cielo en un infierno cabe no es una novela histórica, aunque transcurra en las ciudades de Toledo y Madrid del siglo XVII y muchos de los acontecimientos que narre pudieran haber tenido lugar. Se trata ésta más bien de una novela fantástica con tintes románticos o viceversa, pues buena parte de la trama gira en torno a la magia y al triángulo amoroso entre Bárbara, Diego y un tercero en discordia. Una novela ideal para los amantes de las historias apasionadas, las grandes aventuras y la magia. ¿Te atreves a comprobarlo?

Cristina Monteoliva

miércoles, 11 de diciembre de 2013

UNA VERDAD DELICADA, de John le Carré

Título: Una verdad delicada
Autor: John le Carré
Traducción: Carlos Milla Soler
Editorial: Plaza & Janés
Págs: 368
Precio: 22,90 € / 10,99 € (epub)

Gracias a Wikileaks, a los informadores anónimos o no tan anónimos, a los piratas informáticos, etc, somos cada vez más conscientes de las tramas ocultas de los gobiernos y otras organizaciones de poder. Aunque imagino que siempre habrá cosas que no sepamos. Cosas que den para una buena novela de espías, persecuciones y adrenalina al máximo como la nueva obra de John le Carré, Una verdad delicada, el libro que precisamente os comento a continuación.
Toby Bell es un chico brillante, con mucho futuro en el Foreign Office (la oficina de asuntos exteriores) de Reino Unido. Sin embargo, la relación con su nuevo jefe, Fergus Quinn, no es tan buena como debería. Porque si lo fuera, ¿no le habría invitado a la reunión secreta que le ha ordenado organizar? Pero, ¿cómo puede esperar Quinn que un chico tan curioso como Bell se quede al margen? Efectivamente, no lo hace. Y es que a Bell se le ocurre la ingeniosa idea de grabar la reunión para escucharla más tarde y descubrir  así una operación antiterrorista a llevar a cabo en Gibraltar, una operación de nombre Fauna, que implica, entre otros, a un veterano diplomático. La sorpresa viene cuando dicho diplomático, ya retirado con todos los honores, invita a Bell a su casona para hablarle de aquella operación misteriosa, de las graves consecuencias que tuvo y de la manera, tal vez, de arreglar las cosas en el presente de alguna manera. La cuestión es: ¿dejarán los peces gordos que Bell y sir Christopher Probyn (pues así es como se llama el veterano diplomático) lleven a cabo su plan con éxito?
Hubo un tiempo, allá por mi primera adolescencia, en el que leía con asiduidad novela negra, en todas sus vertientes. Últimamente no es que haya dejado de hacerlo, pero lo cierto es que hacía mucho que no me ponía frente a una novela de espionaje. Y, aunque os cueste creerlo, ¡esta es mi primera obra de John le Carré!
Leo en la pequeña biografía de una de las solapas interiores del libro que le Carré trabajó durante la Guerra Fría en los servicios británicos de inteligencia. También que vive en Cornualles. Lo primero me hace pensar que si no protagonizó este autor algo como lo que se narra en este libro, al menos de su experiencia laboral habrá sacado bastantes buenas ideas para sus novelas. Lo segundo, que podría parecerse él mismo mucho a sir Christopher Probyn, uno de los protagonistas de esta interesante historia.
Pero vayamos por partes.
Sir Christopher Probyn: así es como se llama en realidad el diplomático que viaja a Gibraltar bajo el nombre en clave Paul Anderson. A él le cuentan que el gobierno de Gran Bretaña se ha aliado con Efectos Éticos, una organización privada dirigida por el ladino Jay Crispin, con el fin de capturar a un terrorista de forma, digamos, no muy legal. De esta manera, con la operación en el peñón y un montón de cosas confusas (tranquilos, que se aclaran después) es cómo comienza la historia.
Por otro lado tenemos a Toby Bell, ese joven inquieto que graba la reunión de su jefe con Probyn. Un chico muy correcto, pensaréis. ¿Un poco temerario? Tal vez. ¿Dudará en acudir a la llamada de Probyn tres años más tarde? Ni un segundo. La cuestión es: ¿hasta dónde estará dispuesto a llegar para aclarar lo que pasó en realidad? ¿Tan lejos como para perder su trabajo, su reputación y puede que incluso su integridad física?
Existe un tercer personaje fundamental en esta obra, además del sinfín de secundarios tan bien matizados por le Carré. Ella, pues es una mujer, es Emily, la hija de sir Probyn, una joven doctora muy valiente que ayudará a Bell en todo lo posible. Una gran pareja para el joven diplomático si no fuera porque… En fin, tendréis que leer la novela para saber qué pasa entre ellos, o que no pasa. Yo no voy a matar el suspense.
Una verdad delicada es una obra narrada en tercera persona por un ser omnisciente muy directo tanto con los personajes de esta novela como con el lector; un ser que sorprenderá tanto como los hechos que nos narra, esa oscura trama que no puede acabar bien para nadie. Con tiempos bien medidos, dosificando bien la acción y proporcionando un ritmo in crescendo que hará que nos sumerjamos más y más en las páginas de este volumen: así es cómo consigue el Carré que esta obra no sea una novela más de espías, sino una que hará las delicias tanto de los amantes del género como de los que quieren empezar a bucear en él. Y si encima te hace pensar en la situación del mundo actual, ¿qué más se le puede pedir?
Cristina Monteoliva