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lunes, 27 de febrero de 2023

Reseña: LAS HIJAS DE LA NIEBLA, de Namik Dokle.

 

Las hijas de la niebla de Namik Dokle es un cuento de hadas llevado al siglo XX, que fue un largo cuento europeo de terror; y a la novela, que es el medio adecuado para las interminables dimensiones de esa pesadilla.

Está hermanado con el cuento popular también por su lenguaje sencillo, plástico y directo, y por cadenas de hechos cuyos eslabones solo pueden unir la magia negra de un hechicero o las leyes absurdas de un tirano.

No es casualidad que la capital de Albania se llame Tirana. En su trono y después en su barrio residencial para autoridades comunistas llamado Blloku, donde había agua corriente y parques, mientras los hijos del pueblo morían en el barro, solo han gobernado tiranos. Del mismo modo, sus cuentos se alimentan de las figuras mágicas de la tradición pérsica que recibieron a través del imperio Otomano, tanto como de las brujas parecidas a la célebre Baba Yaga rusa.

El derviche de Kolshi introdujo las manos varias veces en el río (…) y alzó las manos al cielo gritando: “Este puente está maldito!¡Maldito!”

(…)

Más tarde todos comprendieron lo acertado de las palabras del derviche. El puente había volado por los aires durante la guerra y tras la guerra se reconstruyó. Lo reconstruyó el mismo ingeniero alemán, un tal Irving Hartman que la semana anterior lo había volado. Lo capturaron y lo llevaron de nuevo al puente.

(…)

En un plano entre los cálculos dejó escrito: “Aquí quedará enterrado el puente y esta ciudad temblará con mi maldición.”

-Nos ha caído también la maldición del alemán -dijo Majka.

El narrador es un muchacho de 13 años que describe la Albania en que ha crecido a través del evento central de la novela; la llamada “a la acción” de las jóvenes de la aldea, con el doble agravio de hacerlo durante las fiestas en que las muchachas casaderas se engalanan y presentan para buscar novio, uno de los pocos eventos alegres en la vida de los campesinos de Gora en la década de los 50, bajo el peso de la dictadura inflexible de Enver Hoxha.

Esta novela tiene un valor añadido al propio relato, y es la necesidad de comprender los avatares de la Europa del siglo XX, especialmente la Europa del Este cuyas consecuencias estallan todavía hoy. Albania es la excepción que confirma la regla, pequeña, rara, desconocida, con una cultura mixta de Oriente y Occidente, de populismo y anarquía, olvidada en los repartos de poder como un retal que se hubiese quedado perdido en un vestuario, aislada dentro del comunismo, fuera del pacto de Varsovia.

Cuatro días más tarde, también las familias de las once muchachas que al principio no habían aceptado se vieron obligadas a firmar y a permitir que sus hijas se fueran a la acción. Algunas deseando poder viajar más allá de Gjallika, otras por el sonrojo que les producía tener que separarse de las amigas de su edad, y todas ellas por temor a aquellas palabras:

(…)

“De este modo lo pagará cualquiera que trate de morder nuestro Nuevo Estado.”

Enver Hoxha fue un líder más stalinista que Stalin, que llegaría a aliarse con Mao con tal de no unirse a la tímida apertura iniciada en los años 70 por la propia URSS. Su policía política constituía más del 10% de la población. No permitía variaciones en la forma de vestir, en la tecnología, ni en el arte, hasta el puno de que se encarceló a un grupo, que acudió a un festival de canto y música con el pelo largo y tocando un instrumento tan peligrosamente subversivo y burgués como el saxo.

Rodeó su propio país con valla electrificada y lo horadó con 750 mil búnkeres que hoy día son una extraña atracción turística. Horadó una tierra ya de por sí poco productiva y difícil de trabajar, que dependió siempre de la ayuda de potencias extranjeras, dejándola como una esponja marina, como un queso con agujeros aislado del resto de Europa por el telón de acero; aislado del comunismo europeo, que iba tomando conciencia de su impracticabilidad, por su resistencia en el stalinismo puro a costa de todo, especialmente a costa de la vida de otros seres humanos.

¿Qué tiene que ver, entonces, Las hijas de la niebla de Namik Dokle con un cuento de hadas? Desde luego, nada con sus versiones edulcoradas, o con las adaptaciones para películas de Disney, pero sí con las historias originales en que basaron esos cuentos. Los conflictos de la clase baja y pequeño burguesa europea que, durante la edad moderna, trataba de sobrevivir en medio de la ineficacia y corrupción de leyes e instituciones que los aplastaban, los crímenes e injusticias y hasta el hambre, se contaban y transfiguraban en los cuentos de los hermanos Grimm, Perrault y Afanasiev.

Es lo maravilloso, el folclore, las supersticiones, dando forma poética y comprensible a una causa que no puede nombrarse, ni siquiera pensarse: un poder corrupto y atroz. La magia explicando el absurdo. Personas  a las que se ha cegado deliberadamente, a las que se ha encerrado en su propia tierra, intentando ver, intentando ir más allá de la realidad con el poder de la imaginación. No es casualidad que este libro esté contado por un niño.

Resulta una lectura sencilla y hasta bella, pero llena de profundidad y de historia. Lo único que no comparte con los cuentos populares que recopilaron los románticos es el final feliz, al menos en la historia real. En cuanto al que le puso Dokle a este libro, te recomiendo que lo descubras tú mismo.

Rebeca Tabales

sábado, 21 de enero de 2023

Reseña: CONFESIONES DE UN HOMBRE RAQUÍTICO, de Alberto Masa.

 

Soy consciente de que esta reseña es atípica, pero las Confesiones no merecen menos. Es un libro extraño y cautivador.

La historia es sencilla. Un hombre echa de menos a una mujer. Un amante llora su pérdida. Cómo atraer a un lector aburrido, cínico, a beber ese agua. Pues lo hace. Con sentido del humor. Con la humildad de un ser raquítico, un punto en el universo. Con el valor y la tristeza de afrontar esa verdad tan simple y rotunda.

Confesiones de un hombre raquítico de Alberto Masa está estructurado en párrafos, hermanados del mismo modo en que lo están los versos de un poema. No tienen necesariamente las mismas dimensiones ni están ordenados de acuerdo a un parámetro temporal o temático, pero sí tienen la misma música, transmiten el mismo estado de ánimo.

Si lo lees caminando, como yo he hecho, notarás que el ritmo de la lectura marca tus pasos. También podría decirse que tu oído lee por tus ojos.

«Hoy no veo la luna desde la ventana de la cocina. Es una noche impar (ya he dicho que es una) a cuya idiotez intento conceder un significado bebiendo un vaso de té frío al que recuerdo haber echado media cucharada de azúcar».

No diría que es prosa poética, pero sí que la prosa es puro ritmo, que es un corazón latiendo, es una lucha por hacer al corazón seguir adelante, atarlo a las pequeñas cosas, tirar de él, como a un cachorro que pega los cuartos traseros al suelo y desafía la correa. No solo es el corazón romántico del amante, es el niño que vuelve a llorar las soledades que ya no recordaba.

«Navidades en casa de mis abuelos paternos. Quedan demasiado lejos, al mismo tiempo que acá al lado. En el día de hoy ya he visto como todos se han ido. Eran una línea de fichas de dominó en pie, muy juntas. Ella y yo somos, a veces, dos fichas que quedan aún en pie».

Es un viaje que se hace con un oído secreto que escucha un monólogo interior, y es la mejor manera de contar una historia que ya ha ocurrido, o está por ocurrir, o nunca fue, que es lo que nos pasa a todos cuando vivimos una historia de amor en el plano real mientras sentimos que la otra, la que sucede, si acaso, en nuestra imaginación, es la verdadera.

Aquí tengo que compartir esta escena, donde el autor parece que auguraba esta reseña, en que iba a hablar de la verdad detrás de las sombras de la realidad, y parece que se acuerda de la caverna de Platón:

«Una caverna. Eso encontrado al bajar, tras todo ese tiempo de ausencia sin hacerlo, al sótano. Un montón de hilos de araña en cuyos laberintos veo el reflejo de mi pensamiento la luz se había agotado y he avanzado como un Diógenes, joven aún, por mucho que pueda poner en duda esto último, entre las mortajas de cucarachas e incluso ratones».

Allí va el enamorado platónico a buscar la sombra, el no-muerto de su amor que queda en los recuerdos materiales, solo por intentar evadir al que sigue vivo en la memoria. El lomo embuchado que encuentra en una estantería vale lo mismo que una foto en blanco y negro. Todo vale menos que el fantasma. Y tú vas con el personaje porque es imposible, te lo aseguro, que leas un párrafo sin tomar de la mano al siguiente, y no vayas donde él va.

Alberto Masa trabaja desde el párrafo del mismo modo en que dicen que hay que hacerlo autores tan diversos como John Gardner en Para ser novelista o Stephen King en Mientras escribo.

Aquí espero que no me tomes por la típica que, como no sabe de quién hablar, habla de Stephen King o de Oscar Wilde. Oscar Wilde es el escritor al que atribuíamos, en el siglo XX, todas las citas y proverbios que no sabemos de dónde vienen. Su versión posmoderna es Stephen King, a quien atribuimos todos los aciertos literarios, no esperados o no buscados, de cualquier prosa.

Desde luego Alberto Masa va a otro sitio. Estamos muy lejos del género de terror, muy lejos también de lo fantástico; en un realismo desnudo, casi sucio. Pero el modo en que te hace una aguadilla en la primera página y tú, por alguna razón, no quieres sacar la cabeza del agua, es la misma que utiliza Alberto Masa.

Tú sabrás si quieres abrir la caja de Pandora pero, te lo advierto: no podrás salir de esa cueva hasta que no hayas encontrado el pasillo con el recodo más parecido a tu miedo.

Rebeca Tabales

lunes, 2 de enero de 2023

Reseña: OBRAS COMPLETAS DE EDGAR ALLAN POE.

 

Una edición de 10 sobre 10.

Si la vida de un individuo cualquiera es inasible desde un punto de vista intelectual, tanto más lo son la vida y el talento de un escritor, mezclados para producir una obra genial. Por mucho que nos aproximemos a la antología definitiva, esta siempre tiende a infinito. Por eso cada párrafo cuenta, y cada nuevo relato que leemos del autor, por insignificante que parezca, puede acercarnos a su verdad. Siempre queda espacio para una antología más de su obra. Paradójicamente, muchas de ellas se hacen con desgana, sin aportar ninguna novedad desde el punto de vista literario (tal vez añaden unas bonitas ilustraciones a la copia de un orden y una traducción anteriores, en el caso de Poe, casi siempre la de Cortázar).

DNX, en este caso, se atreve con una edición ambiciosa de las Obras completas de Edgar Allan Poe, una edición total y que, por una vez, se replantea la selección del argentino con argumentos sólidos. Se atreven a decir que la selección de Cortázar, que se presentaba a sí misma como más racional que las anteriores (en que los cuentos simplemente se coleccionaban en orden cronológico), ciertamente supone un avance en la lógica de la estructura, con cuentos organizados temáticamente, pero en cuanto a esa supuesta continuidad “tonal” de la que hablaba el famoso traductor, por la que el lector podía deslizarse complacido, sin notar interrupciones abruptas entre el estilo de uno y otro cuento, es algo subjetivo, como necesariamente debe serlo cualquier criterio estético.

Esto puede parecer obvio, pero no se ha dicho nunca de manera explícita en una edición moderna de la obra del norteamericano, debido a esa costumbre española de sacralizar a las autoridades intelectuales. Así, es refrescante encontrarse con un traductor y unos editores que ponen de manifiesto esta incoherencia humana y normal con toda naturalidad y proponen otro orden. Apuestan un poco menos por la solidez y un poco más por la globalidad, incluyendo cuentos de menor calidad, en los que la pluma del célebre autor puede notarse temblar un poco, mostrándolo no como un santo del opio ni un campeón olímpico del cerebro, sino como un ser humano que escribe  y que a veces rebota tristemente entre esas dos fantasías extremas, como cualquier otro.  

Estas decisiones editoriales traen consigo otras más pequeñas, pero importantes, como la inclusión de relatos de la misma temática y con la misma intención autoral, independientemente de si son piezas más pulidas, mejor conseguidas, según la opinión de la crítica en general. Por ejemplo, el relato Eleonora, a menudo excluido, se une al célebre trío Ligeia, Berenice, Morella, que ahora es un cuarteto. Según el mismo criterio, se unen todas sus historias de investigación; las más conocidas como La carta robada, Los crímenes de la Calle Morgue o El escarabajo de oro junto a El misterio de Marie Roget o ¡Tú eres el hombre!

El caso de El misterio de Marie Roget merece una mención especial, porque este cambio respecto a antologías anteriores supone, según mi opinión, un doble acierto. En primer lugar, permite que los relatos hermanados por el misterio y la investigación permanezcan juntos, cosa a la que no se concedía ninguna importancia ni en la época de Poe ni en la de Cortázar, pero que hoy día orienta muy bien al lector, acostumbrado a identificar rápidamente y como algo distinto las características del negro y el policiaco, respecto de otros géneros.

En segundo lugar y más importante, pone en un lugar relevante de la antología un cuento de trama y ejecución impresionantes, que pertenece a un ámbito muy familiar para el lector y el espectador actual: el true crime. Marie Roget es en realidad Mary Rogers, una joven de origen irlandés que desapareció en Massachusetts en la época en la que Poe era periodista, y cuyo caso nunca se resolvió. Como en tantas otras cosas, Poe fue pionero en utilizar la ficción para dar un final catártico a una historia qué habría de quedar en una desgarradora oscuridad en su versión real, pero que al menos, qué menos, alguien resolvió en un cuento. Ni las colecciones de cuentos de la época de Poe, ni la prestigiosa traducción de Cortázar, otorgan a este relato el lugar privilegiado que merecía, al comienzo del primer volumen. Por fin se ha hecho.

Me gustaría apuntar un detalle en cuanto a la traducción, y es que también se han tomado decisiones bastante osadas en favor de la intención original de Poe, como en el título de esa confesión criminal en primera persona que normalmente encontramos como El demonio de la perversidad, y que aquí se ha titulado El diablillo de la maldad, que es peor título, pero más parecido al que puso Poe: The Imp of the Perverse.

Estas decisiones anteriores en la traducción de los títulos, se deben a prejuicios que se han venido arrastrando desde los primeros traductores y difusores de Poe en el siglo XX, como H. P. Lovecraft. Una de las tesis que Lovecraft quería defender en El horror en la literatura, es que Poe recogía el testigo del terror de procedencia anglosajona y nórdica, en oposición a lo sobrenatural en la cultura latina, que decía estar recorrido por un sentido del humor, o de la ironía, que lo hacía menos impactante y, por tanto, menos eficaz. La realidad es que toda la literatura europea procede de tres grandes fuentes culturales: Grecia, Persia y los pueblos celtas, y que Poe recoge en su obra la tradición latina de la especulación filosófica y el humor racional, usando como vehículo lo sobrenatural o lo impresionante, tanto o más que pudiera hacerlo Petronio u Ovidio aunque, tal vez, no en los cuentos que más le gustaban a Lovecraft, pero eso tiene que ver con las preferencias del autor y no con un criterio filológico, como quiere hacernos creer.

De hecho, en el segundo volumen de estas Obras completas de Poe, se encontramos numerosos ejemplos de esta intención especulativa, satírica, irónica y científica: cuentos menos conocidos en general, donde se sigue el mismo criterio de ordenación. Por ejemplo, van de la mano aquellos en los que se especula sobre la hipnosis: El caso del Señor Valdemar, junto con otro mucho menos popular, Revelación mesmérica.  

Mi gran descubrimiento en este segundo volumen ha sido Cosas que están por suceder, protagonizado por una piloto de 2848 que, en tono aventurero, como un Heródoto del futuro, viaja, explora y se hace preguntas muy interesantes sobre casi todo. Un ejemplo del feminismo, la rabiosa apertura mental de Poe para su tiempo y espacio, y su amor por la cultura clásica latina, cosas que Lovecraft y otros recopiladores y editores de su momento, no apreciaron ni recogieron, pero que ahora DNX y nosotros, como lectores del futuro, estamos preparados para disfrutar.

Rebeca Tabales

jueves, 29 de diciembre de 2022

Reseña: HISTORIAS DE XUYA. LA MAESTRA DEL TÉ Y LA DETECTIVE. SIETE INFINITOS, de Aliette de Bodard.

 

Las primeras Historias de Xuya de Aliette de Bodard traducidas al español y recogidas en un libro, La maestra del té y la detective y Siete de infinitos, han tenido la cuidada edición que merecen con Redkey y están disponibles para disfrutar y regalar desde el pasado otoño.

El universo que da contexto a las historias de Xuya, es un mundo en el que fueron los chinos quienes descubrieron y colonizaron América, de modo que el colonialismo espacial de la actualidad está dominado por los imperios asiáticos. Las historias de esta autora son una mezcla de Space Opera con ficción tecnológica, aventura clásica y fantasía, en la que predominan los elementos procedentes de la cultura vietnamita, una de las más importantes, aunque ni mucho menos la única, donde se ha criado y ha bebido la autora.  

En el caso concreto de La maestra del té y la detective y Siete de infinitos, se trata además de historias de misterio inspiradas en las aventuras de Sherlock Holmes y Arsène Lupin, respectivamente, pero de un modo más tangencial a como lo hace Neil Gaiman en Estudio en esmeralda, por ejemplo, puesto que la referencia no es la época victoriana, sino una serie de valores asiáticos preponderantes, como el culto a los ancestros y el enriquecimiento material como objetivo último de la exploración del espacio. Esto lo cambia todo.

Son recurrentes en el imaginario de Aliette los implantes de memoria, a veces ilegales, en los que un personaje lleva consigo a todos sus antepasados, y con ellos su sabiduría, de manera que, como dice la gran admiradora y difusora de la obra de Bodard, Leticia Lara, en el caso de que se repita la historia, cosa que suele ocurrir, la protagonista acarrea consigo el bagaje de ancestros que se vieron enfrentados en el pasado a situaciones parecidas, y actúan en su mente como un consejo de sabios.

El culto a los antepasados y a la familia está también en el modo en que han sido diseñadas las naves, guiadas por una inteligencia artificial con madre humana, que incluye también la memoria de alguno de los miembros de la familia de sus ocupantes, de manera que, a modo de Jonás en el vientre de la ballena, los viajeros del espacio ocupan un ser vivo con quien además están emparentados, y que se enfrenta al triste conflicto de una vida con una duración muy superior a la de sus parientes, a quienes seguramente tendrá que ver morir. Estas naves tienen nombres poéticos como La hija de la sombra, Bosque sombrío, El elefante en la hierba o Los tres en el melocotonero.

La importancia de la personalidad y los traumas de las naves recupera también un antiguo elemento en desuso de las novelas de caballerías, la presencia del caballo como un vehículo con emociones, una personalidad más en el elenco de la historia, aunque Bodard lo lleva mucho más lejos, tanto en el sentido narrativo como en la complejidad técnica.

Otra consecuencia a tener en cuenta, tanto del contexto moral y cultural que elige la autora dentro de su ficción, como el momento actual de su realidad, es que se encuentra ya cómoda en un mundo en que sus personajes femeninos pueden transitar entre la intensidad emocional y la androginia de la función, sin necesidad de justificarse a sí mismos. Los clásicos roles neutros o arquetipos, interpretados habitualmente por hombres: el sabio, el camello, el buscador de tesoros, el drogadicto, el vengador, pueden ser indistintamente mujeres terrestres o de algún otro planeta, cargueros espaciales o inteligencias artificiales, sin necesidad de explicarse en su feminidad, sino solo en las características de su misión o de sus actos.

Puede parecer que a estas alturas es una tendencia irrefutable, pero no es menos cierto que muchos autores deciden ir por este camino de un modo impostado, intentando crear mujeres histriónicas en las que se implantan rasgos decadentes del antihéroe del siglo XX, como alcoholismo, inestabilidad, agresividad, tratando de subrayar el hecho de que no están ahí por ser mujeres. Consiguen precisamente lo contrario. La elección de Bodard, en cambio, se da de modo sencillo y natural, por la fuerza de los hechos.

Bodard es una autora generosa y eficiente, que trabaja la frase hasta hacerla límpida y directa, a pesar de su belleza estética y de algunas dificultades menores, por ejemplo que hay que acostumbrarse a los nombres vietnamitas y asiáticos en general, que a nuestra memoria occidental le cuesta retener. A pesar de todo, la aventura se impone y fluye de un modo que a mí me ha recordado a ese impulso de juego que nos llevaba a engancharnos a nuestras primeras lecturas, cuando aún teníamos pocos prejuicios lectores y los giros argumentales nos pillaban por sorpresa.

Rebeca Tabales

jueves, 15 de diciembre de 2022

Reseña: DE MONOS Y HOMBRES. 17 FABULACIONES SOBRE LA HUMANIDAD: DE E.T.A. HOTTMANN A ROBERTO ARLT, de Varios Autores.

 

Vamos con este gran momento del año que es la Navidad, en que empezamos a saborear antologías de cuento fantástico y a gastarnos el dinero en ellas; para regalar o regalarnos. Esta preciosidad, De monos y hombres. 17 fabulaciones sobre la humanidad: de E.T.A. Hoffmann a Roberto Arlt, con su típico lomo dorado de Alba Clásica, recopila relatos del siglo XIX y XX, en los que el mono es el protagonista. Pero no cualquier mono, sino el arquetipo del primate; ese que nos recuerda, para bien o para mal, nuestra forma y nuestra inteligencia.

A continuación resumo algunos de los cuentos de la antología, según mi preferencia personal.

Té verde, de Le Fanu. El narrador, el famoso médico alemán Hesselius, trata a un párroco al que se le aparece un pequeño simio. Al principio cree que son visiones provocadas por el exceso de té verde, que toma de noche para soportar despierto las largas horas de trabajo que requieren sus estudios. Poco a poco el animal va volviéndose más invasivo, lo mira mientras duerme, sus ojos son como dos brasas en la oscuridad, y llega a hablarle. Lo que dice le desquicia. Una maravilla de cuento en que la tensión está medida al milímetro y como repasada con el filo de un cuchillo.

Tres cuentos de autores inmortales en los que el eslabón que nos une al mono es el lenguaje: Discurso para una Academia de Kafka, imprescindible. El canalla de la naturaleza de Lord Dunsany, un curioso caso en que la ciencia y la inteligencia del primate son empleadas contra el belicismo alemán, y el precursor aventajado de ambos: E.T.A Hoffmann con su Noticia de un joven culto. Hay que tener en cuenta que, en este caso, hablamos de un relato científico acerca de la capacidad de un primate de convertirse en erudito, publicado en 1814, antes que las grandes novelas especulativas de Verne o los cuentos geniales de Wells, antes incluso que el Frankenstein de Mary Shelley. Una vez más, la precocidad y hasta la capacidad profética de Hoffmann es asombrosa.

Tres interesantes autores latinoamericanos, cuya prosa se agradece siempre: La factoría de Faljalla Bill Alí, de Roberto Arlt, con un estilo realista y un tema insólito en esta antología: la amistad del hombre y otros primates. Tal vez la clave está en la poca fe que tenían los protagonistas del escritor argentino en sus semejantes humanos. En este caso el carácter generoso y benigno de los monos viene a subrayar esta contradicción del hombre como lobo para el hombre.

Los caynas, de César Vallejo. En una aldea de Perú se extiende imparable una epidemia; quienes se contagian caen en la histeria colectiva de creerse monos. La historia de este gran poeta (uno de los más grandes en lengua española) se vincula con el Horla de Maupassant y con El perro rabioso de Quiroga, así como con todos los relatos de licántropos de la psiquiatría.

Hablando de Quiroga, el escritor uruguayo también está en la antología, con Historia de Estilicón, un relato en el que, en medio de la selva, del modo preciso y agobiante en que se ve avanzar la oscuridad en sus tramas, las fronteras entre un gorila y los personajes humanos del cuento se desdibujan, perdido el contexto de la civilización. Se le llamó el Poe latino. Yo creo que tenía un estilo que brillaba por sí mismo y no hay nada que justifique una comparación con Poe, salvo un elemento psicológico sin el cual, ni las tramas del uno ni las del otro tendrían sentido: la perversidad.

Pocos animales se han estudiado en la historia de la etología, si es que ha habido alguno, que matasen por placer. Poe inventó al gato negro vengativo en el Este de los Estados Unidos y al orangután sádico en París. Desde luego, este cuento era imprescindible en la antología: el célebre Los crímenes de la Calle Morgue.

Tampoco podía faltar ese clásico del giro y del ambiente que es La pata de mono de Jacobs, que muchos descubrimos en su lengua original, en las lecturas de las clases de inglés.

El siguiente es mi gran descubrimiento del libro: El mono de Isak Dinesen.

Sabía que Karen Blixen usaba con maestría los animales y metamorfos, pero su relato, extraído de Siete cuentos góticos, es una rara y deliciosa sorpresa. En él, como en su novela corta El festín de Babette, la protagonista es la contención, asediada sin éxito por el placer y la libertad hasta que, tarde, aunque a lo mejor no demasiado tarde, los personajes descubren que no había peligro de desbordamiento, que las emociones fuertes no los iban a matar o a destruir, sino todo lo contrario.   

El español decimonónico Vicente Barrantes escribió su propio homenaje al cuento de Poe, que puede encontrarse también entre estas páginas. Una secuela explícita, pues en el propio título apostilla: Imitación de Poe. Muy interesante descubrimiento este cuentista, teniendo en cuenta la poca importancia que se le daba al cuento en la literatura decimonónica española, y lo marginal que era la lectura de autores anglosajones de terror.

Aquí me atrevo a anotar la falta en esta antología de un cuento excelente de Emilia Pardo Bazán: Adriana, en el que un animal que, por su descripción, debe de ser un macaco grande o tal vez un mandril, protagoniza una escena de tensión magistral, que deja al lector con la lengua fuera y a la protagonista tocada para siempre.

Quiero destacar la presencia de cuentos en castellano en esta antología. Creo que en el mundo editorial español, tenemos una cuenta pendiente con el cuento. Demasiados lectores no saben todavía las historias increíbles que les quedan por conocer y los grandes cuentistas que han escrito en nuestra lengua. Este es un valioso grano de arena para esa montaña. 

Rebeca Tabales

lunes, 24 de octubre de 2022

Reseña: LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN MUERTAS, de Carmen Moreno.

 


Ahora que hemos visto Blonde, la película de Netflix basada en la novela de Joyce Carol Oates del mismo título; ahora que muchos han decidido que lo mejor de la película es la novela (incluso algunos que no la han leído), es el momento perfecto para recomendaros Los caballeros las prefieren muertas, de Carmen Moreno, que aborda la biografía de Marilyn desde una perspectiva feminista y, lo más importante, muy personal.

En primer lugar es refrescante el punto de vista, pues para hablar de Marilyn como mujer emprendedora, inteligente y fatal (no tanto por lo que ella le hizo a otros, como por lo que se hizo a sí misma, con la ayuda inapreciable de otros), se preocupa de investigar en la conducta de los hombres que decían quererla y respetarla. Es imposible contar bien la historia de Marilyn sin narrar en profundidad los perfiles de los hombres a los que quiso, o a los que quiso querer.

Siempre he pensado que Marilyn no tuvo una vida amorosa inestable porque ella fuese caprichosa, soñadora, ni siquiera porque tuviese difíciles cuestiones psicoemocionales que resolver, sino porque, sencillamente, no terminaba de encontrar lo que buscaba. Estaba acostumbrada a sacarse las castañas del fuego solita, a lograr lo que quería, a trazar su propio camino, y no es raro que creyese poder definir del mismo modo su vida amorosa. El problema es que la tentación de usar el personaje que le había abierto tantas puertas en el cine, esa rubia ingenua, picante y complaciente, con voz de niña, era demasiado grande, y su talento como actriz era tan inmenso que conseguía engañar a los hombres o, más bien, se engañaba a sí, a través de ellos.

Ella era la fantasía de muchos, y en cierto modo, fue también la fantasía de sí misma. Creyó que podría construir una vida privada con un hombre al que sedujese como Marilyn y que descubriese, durante el noviazgo, la convivencia, el sexo, el ser humano que había más allá de Monroe, incluso más allá de la Norma Jean que conocemos, porque eso es el amor: que alguien te descubra, que alguien te vea como nadie más te ve. Pero, una y otra vez, se encontraba con ineptos que se la llevaban a casa y se creían que la fiesta de disfraces continuaba.

 Muy a menudo se narra la decepción de sus parejas al conocerla realmente fuera del personaje. Su primer marido, que creía que sería siempre esa joven de belleza natural que se hacía honestas fotos, con lazos en el pelo sin teñir, y que lo esperaba mientras el luchaba contra los malos. La estrella del deporte que se imaginó una mujer apropiada para habitar con ella un eterno anuncio de cereales. El dramaturgo que nunca llegó siquiera a sospechar que tenía mucho menos talento que ella para crear personajes (lo digo en serio, el talento de Arthur Miller estuvo muy sobrevalorado). Pero es la primera vez que yo veo descrita la decepción de Marilyn, por encima de la de ellos, de forma tan clara y diáfana como se hace en este libro.

A Monroe la entendieron mucho mejor algunos de los hombres con los que trabajó, que los que supuestamente la amaron, porque había que tener una sensibilidad especial para ver transparentarse a Norma Jean detrás de Marilyn sin dejar de apreciar su encanto. Precisamente uno de los mayores problemas que tiene Blonde la película, para mí, es que se queda flotando en esa balsa de aceite que es el físico arrebatador de la actriz, y lo explora de un modo hipnótico, hiperreal, estético. Pero no revela nada de ese agua abisal, ese océano que hay debajo, y la narrativa, ya sea verbal o visual, debe tratar de revelar lo que está escondido, o tergiversado.

Uno de estos hombres con quien se entendió, con esa armonía muda, típica de los amantes, fue André de Dienes, su fotógrafo y amigo, cuya relación también está agudamente retratada en Los caballeros las prefieren muertas. Otro que la comprendió perfectamente fue Billy Wilder quien, durante el rodaje de Some like it Hot (Con faldas y a lo loco) se guio por la máxima: “Si Marilyn sale bien, la escena está bien”. Él mismo soltó así, con esa facilidad con que le salían las líneas de diálogo geniales, la siguiente metáfora:

“La cámara es como un ojo en el corazón de un poeta.”

Seguramente, con ese ojo es con el que la actriz hubiese querido que la mirase el padre de sus hijos, al menos un amante fugaz. Pero no pudo ser. Murió, como dice Carmen Moreno, de desamor.

Pero yo ya sabía, desde el principio del libro, que mi imaginación estaba en buenas manos, porque Carmen Moreno hace una declaración de intenciones en las primeras páginas:

“Ninguna biografía se ajusta a la realidad, como mucho, tan solo a los datos. (…)

Cualquier intento por plasmar la existencia de otro no es más que un experimento fallido, realizado en un museo.

Más allá de las moléculas, las fechas o los sucesos, Marilyn Monroe es la suma de todo aquello que nadie podrá escribir nunca”.

Y así es.

Rebeca Tabales

lunes, 3 de octubre de 2022

Reseña: DESORDEN MORAL, de Margaret Atwood.

 

Desorden moral es uno de esos libros de cuentos independientes que, al mismo tiempo, narran una historia completa: la vida de una mujer canadiense del siglo XX llamada Nell. Es, por tanto, un libro sobre la memoria y sobre la vida cotidiana de una mujer como cualquier otra, algo que conecta con la autora de manera evidente: porque es escritora, y para los escritores nada hay más importante que la memoria, y porque es mujer.

El estilo dominante y directo de Atwood es su punto fuerte y, al mismo tiempo, su debilidad. La exposición de su feminismo luchador; ese modo tan personal en que su ego de autora se inmiscuye, con experiencias propias que se dejan transparentar a través de su protagonista, enturbiando un poco el libre transcurso de la ficción, se hace, a veces, antipático.

Ese desprecio por el artificio, ese salto por encima de los detalles para ir como una flecha al punto en que quiere clavarse, puede que no la convierta en una escritora que se nos haga simpática, pero desde luego la hace invencible en el contexto de sus propias reglas. Por otra parte, darse sus propias normas como escritora es exactamente lo que quiere hacer. No olvidemos que la aparente facilidad con que puede una mujer culebrear por este mundo nuevo sin prejuicios, como un pez en un estanque de agua limpia, es solo eso: aparente.

Nada parece impedir, hoy día, que una mujer cuente su historia, y algunos están ya acomodados y hasta hartos del feminismo en el arte. Se espera que las injusticias o dificultades que ha sufrido nuestro sexo sean cribadas por una serie de filtros estéticos, más allá de la simple y llana expresión emocional, considerada vulgar, demasiado fácil. Las causas perdidas dejan de gustarnos en cuanto dejan de estar perdidas, y sentimos que hemos llegado a su solución cuando únicamente la hemos planteado.

En otras obras de esta autora, como el famoso Cuento de la criada o Alias Grace, hay una distancia mayor entre el lector y el personaje. Una distancia temporal, porque las historias ocurren en el pasado o en el futuro, y una distancia moral, porque las protagonistas son obligadas a forzar todos sus recursos, en situaciones en que las únicas opciones son la supervivencia o la aniquilación. Desorden moral, en cambio, habla del ahora, de la normalidad, de los matices aburridos y las ambigüedades difíciles de cada día, y por eso es un libro menos cómodo y, por tanto, menos comercial.

En un mundo con dos sexos mayoritarios cuyas particularidades deberían entrar dentro de lo convencional, de lo genérico, dado que están representados por un gran número de individuos, ocurre todo lo contrario: todo lo que Nell y cualquier chica de clase media del siglo XX vivía cada día, que estaba relacionado con su condición de mujer, se ha considerado en muchos casos como una rotura de la media, cuando no, directamente, una anormalidad.

Gran parte de sus problemas médicos se atribuyen a su sistema hormonal femenino, sus características físicas se valoran y miden como las de un objeto o un animal, y sus problemas cognitivos o emocionales son motivo de burla. Recordemos los no tan muertos tópicos recurrentes de la “histérica”, la “rubia tonta”, o aquel corto emitido en nuestra televisión pública en los años 90, en que un famoso dúo de cómicos parodiaba a un ama de casa inculta que balbuceaba: “Mi marido me pega.”

No entendemos lo que debe ser si ignoramos lo que no debería ser. No actuaremos como seres morales si olvidamos aquello a lo que, durante generaciones, hemos llamado “desorden moral”.

Rebeca Tabales