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sábado, 19 de agosto de 2023

DÓNDE COMPRAR UN LIBRO II: EL CROWDFUNDING.

 

Tras la publicación de DÓNDE COMPRAR UN LIBRO, https://laorilladelasletras.blogspot.com/2023/08/donde-comprar-un-libro.html, mi amigo Juan Antonio Liébana se puso en contacto conmigo para comentarme que me había olvidado un epígrafe importante en el artículo: el crowdfunding.

El crowdfunding es un proceso que merece todo un artículo para sí mismo, así que vamos a ello.

Tal y como podemos leer en la Wikipedia, el mecenazgo es un tipo de patrocinio que se otorga a artistas, literatos o científicos, a fin de permitirles desarrollar su obra. El apoyo puede ser desinteresado, aunque el que aporta financiación normalmente obtiene algún tipo de beneficio, tangible o intangible. Antes, los mecenas eran personas poderosas con grandes posibles, mientras que hoy en día, cualquiera con un mínimo de capital puede convertirse en ello gracias al crowdfunding.

El crowdfunding es un proceso de micromecenazgo en el que los mecenas aportan en función de sus intereses y sus posibles. El que lo pone en marcha desde las plataformas de internet disponibles para ello (Lánzanos y Verkami, si no me falla la memoria; y puede que haya alguna más que no conozco) suele ser el autor de la obra (no solo hay libros, sino también discos y otros proyectos), aunque en los últimos tiempos también se han sumado las editoriales que buscan financiación para editar nuevos libros.

Os explico rápidamente: para poner en marcha un crowdfunding, tienes que tener claro el capital que te hace falta para todos los gastos que tenga tu proyecto, así como las recompensas que vas a entregar a tus mecenas. El mecenas, por su parte, ha de tener en cuenta que está participando en un proceso bastante seguro: si el autor no consigue lograr el objetivo, los participantes recuperan el dinero invertido.

Si bien en los tiempos en los que yo misma puse en marcha un proceso de crowdfunding para publicar Elías y los ladrones de magia, primaba el mecenazgo desde el punto de vista más clásico, es decir, los patrocinadores donaban su dinero y obtenían algo a cambio, si bien el donativo era mayor que lo que pudieran obtener por él, hoy en día el crowdfunding funciona más como una preventa en la que el autor da una recompensa sabiendo que el beneficio del donativo va a ser mínimo. Esto, sin duda, complica mucho las cosas: el autor va a necesitar muchos más mecenas para conseguir el objetivo económico que se haya marcado en principio. Esto se traduce en un mayor esfuerzo para dar visibilidad al proyecto por todos los medios posibles, y una mayor probabilidad de no conseguir el objetivo monetario al final del proceso.

Así que podemos afirmar que hoy en día el crowdfunding es un tipo de preventa. Uno que creo que ya no se ve mucho. Una pena, pues me parece un método genial para que un autor autopublicado se financie.

Para ilustrar este artículo, dejo una captura de pantalla de mi crowdfunding de Elías y los ladrones de magia:


Como los mensajes en los artículos del blog están deshabilitados, si tenéis cualquier duda con respecto a este o cualquier otro tema relativo al mundo de los libros, podéis escribirme a crismonteoliva@hotmail.com

Gracias por llevar hasta el final de esta entrada. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

viernes, 18 de agosto de 2023

DÓNDE COMPRAR UN LIBRO

 

Hace unos años, cuando no teníamos internet, sabíamos de las novedades editoriales solo (o casi) cuando las veíamos en las librerías. El lector ávido de nuevas experiencias visitaba estos templos de las letras asiduamente y se hacía con lo que más le llamaba la atención sin problemas. Hoy en día ya no solo podemos saber de los nuevos libros por boletines que las editoriales hacen llegar al email de los lectores, las redes sociales y demás formas que internet nos ofrece, sino que también podemos comprar los libros de las distintas formas que intentaré explicar a continuación:

Libros de las grandes editoriales. Un libro de una gran editorial va a estar en cualquier librería, por muy pequeña que sea esta. Lo podrás comprar también en plataformas digitales, en centros comerciales y, a veces, hasta en quioscos. Si no está en tu librería de confianza, tu librero te lo conseguirá y lo tendrás en tus manos en un periodo razonable de tiempo.

Libros de medianas y pequeñas editoriales. Llegamos al meollo de la cuestión. Y es que si bien algunos libros de medianas y pequeñas editoriales se pueden encontrar expuestos en las librerías (aunque solo sea por un tiempo más limitado que los libros de las grandes editoriales), muchos de ellos no están allí cuando vamos a echar un vistazo.

Cada semana, cada mes, cada año, se publican montones y montones de obras. Por muy grande que sea una librería, no es posible que tenga en su exposición todos estos libros. Muchos de ellos, están en los almacenes de las distribuidoras, las empresas encargadas de llevar los libros a las librerías. A veces, las distribuidoras llevan un libro concreto a unas cuantas librerías, pero no a todas. Los libros permanecen en el almacén a disposición de los libreros. ¿Qué quiere decir esto? Que si sabes que un libro de un determinado autor está en distribución, solo tienes que acercarte a tu librería de confianza y decirle al librero que te lo traiga. Si no lo sabes, igualmente pregunta a tu librero.

¿Qué pasa si un libro no está en distribución? Hoy en día hay un buen número de editoriales que no tienen distribuidora o tienen una que puede que no opere en tu zona. En este caso, tendrás que comprar el libro que te interesa por internet, pedirlo directamente a la editorial o en una librería online que lo ofrezca. O en Amazon. Por cierto, los libros de Amazon se merecen otro apartado.

Amazon. La plataforma Amazon permite autopublicar libros. Si bien hace años solo podías conseguir obras de esta plataforma en la misma, hoy en día también puedes encontrarlas en las librerías donde el autor las distribuya. Esto es posible porque estos libros tienen un ISBN. Para que nos entendemos: pueden ser vendidos en librerías sin ningún problema legal. Por cierto, esto nos lleva al siguiente punto:

Libros autopublicados fuera de Amazon. Además de Amazon, existe gran variedad de formas de autopublicar un libro, ya sea recurriendo a una editorial de autoedición o haciéndolo por tu cuenta (yendo a una imprenta y encargándote de todas las gestiones). Algunos de estos libros los encontrarás en Amazon, aunque su lugar natural son las librerías y las direcciones de redes sociales o webs de los propios autores o de las empresas que se han encargado de la edición.

Presentaciones. Si bien no todos los autores hacen presentaciones de sus libros, muchos sí. A ellas puedes ir solo a escuchar los argumentos del autor y del presentador de turno, pero también a adquirir su obra. En este caso, lo más probable es que te la lleves firmado a casa.

Ferias del libro y Sant Jordi. Todo el mundo, tanto editoriales como autores, quieren ir a Sant Jordi, la gran fiesta barcelonesa de los libros (si bien es cierto que el día se celebra en toda Cataluña, también con gran afluencia en cada localidad). Si puedes pasarte por allí, te lo recomiendo. Conocerás a un buen número de tus autores favoritos y volverás a casa con sus libros firmados. Si vives en otra ciudad y no puedes desplazarte a Barcelona, te invito a que te informes de cuándo se celebra la feria del libro de tu localidad y vayas a echar un vistazo. En las ferias del libro encontraras casetas de librerías, de editoriales de cualquier tamaño, autores… En ellas, podrás encontrar libros que normalmente solo puedes comprar por internet, conseguir firmas de los escritores, participar en actividades…Os lo aseguro: es toda una experiencia.

La preventa. Si bien no vas a conseguir un libro hasta que salga de la imprenta, lo que sí puedes hacer es comprarlo antes de que esto ocurra. El proceso de preventa lo encontrarás en internet tanto para libros de editoriales grandes como de editoriales medianas y pequeñas. De hecho, es una buena manera de que las segundas se den a conocer. Generalmente, vas a conseguir el libro + un regalo (varía según el caso).

Ahora es cuando os cuento por qué de verdad he escrito este artículo.
Como unos cuantos ya sabéis, mi antología de relatos Cuando llegue el apocalipsis está en preventa. Si lo adquirís antes del 15 de septiembre, os llevaréis de regalo la ilustración original de portada realizada por Nur Zaragoza. La cuestión es que muchos lectores, por distintas circunstancias, no van a adquirir el libro en este proceso. Algunos pensaban que la única manera de conseguir después el libro sería a través de mí. He tenido que explicarles que el libro estará en librerías de toda España porque Ediciones Yeray, la editorial con la que he firmado, tiene distribuidora nacional.

Perdonad que me repita, pero si el libro no está en una librería, lo único que tenéis que hacer es preguntarle al librero. Si la editorial que lo edita tiene contratada una distribuidora que opera a nivel nacional, lo más probable es que en pocos días lo tengáis en las manos.


 

Por cierto, para conseguir Cuando llegue el apocalipsis en preventa, escribe a editorial.yeray@gmail.com.

Como los mensajes están deshabilitados en las entradas del blog, si tenéis alguna consulta que hacerme sobre este tema, podéis escribirme a crismonteoliva@hotmail.com

Gracias por llegar hasta el final de este artículo. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

sábado, 24 de junio de 2023

Diez años de LA ORILLA DE LAS LETRAS.

 

Hace diez años yo, Cristina Monteoliva, publiqué el primer post en este blog. Tras unos años muy intensos de trabajo en La Biblioteca Imaginaria, necesitaba seguir ofreciendo artículos literario, pero de una forma más pausada. Lo lógico habría sido continuar el trabajo durante un par de años, tal vez tres; ir espaciando las publicaciones conforme me dedicaba cada vez más a la escritura para, finalmente, acabar con el blog. Eso, sin embargo, no llegó a pasar nunca. Y aquí estamos.

Dicen que los blogs han muerto, que ahora los lectores buscan las reseñas en Instagram o Tik Tok. Y, sin embargo, La Orilla de las Letras sigue teniendo prácticamente el mismo flujo de visitas desde el comienzo (a veces mucho más, a veces menos).  No voy a engañaros: este es un espacio modesto o “indie”. Los que leéis las reseñas, las entrevistas y demás no sois legión. Siento, sin embargo, que hay todavía quien espera las nuevas publicaciones, quien aprecia el trabajo que conlleva mantener este espacio año tras año, mes tras mes, semana tras semana, día tras día. Puede que hayas llegado a esta publicación de casualidad o que seas uno de los asiduos de los que hablo. En todo caso, muchas gracias por estar al otro lado de la pantalla. El saber que haya alguien interesado en esto es lo que le da sentido.

Este espacio tampoco sería nada sin las editoriales que colaboran con nosotras, tampoco sin los autores que han participado en las entrevistas desde el nacimiento del blog. Muchas gracias.

No quisiera acabar este breve mensaje sin dar las gracias infinitas a todos los que alguna vez han colaborado con el blog y a las que siguen colaborando. Yo sola, podría hacerlo; pero con vosotras, el blog se ha enriquecido. Espero que dentro de diez años todavía estemos aquí.

¿Qué nos depara el futuro? No sé a vosotros, pero yo tengo tres reseñas pendientes de escribir, además del libro por escribir del que os he hablado antes. No hay mucho tiempo libre para celebraciones, pero sí para la lectura. Pero, ¿es que acaso seguir leyendo no es una fiesta? Acomodarte en tu sofá o sillón favorito con la luz adecuada, con el libro perfecto. ¿No estamos aquí para eso?

Termino este mensaje deseándoos siempre felices lecturas. Ojalá todos vuestros sueños lectores se hagan realidad, ¡y que nos los contéis!

Cristina Monteoliva


 

viernes, 22 de julio de 2022

LA SOLEDAD DEL ESCRITOR


Primavera de 2011. Una escritora novel (pero no joven) encuentra en internet las bases de un concurso de novela juvenil. La escritora no ha escrito nunca una novela juvenil, pero le apetece hacerlo. Tampoco ha ganado un concurso literario desde 3º de la E.G.B. y, sin embargo, siente que podría con este. Una vez elegido el protagonista y, más o menos, lo que va a pasar en la historia, se pone a escribir. Totalmente sola.

La escritora decide no contarle a nadie que está escribiendo una novela para un concurso hasta que la finalice. Tiene por delante tres intensos meses en los que tendrá que lidiar con seres de fantasía, giros inesperados de la trama y datos que consultar en páginas web. Unos días la escritura es fluida; otros, todo se hace un poquito más cuesta arriba. Sin embargo, la escritora está decidida: hasta que no acabe el proyecto, no hablará de él. Y así lo hizo.

La escritora, por supuesto, soy yo, Cristina Monteoliva. Miro hacia atrás y me pregunto cómo fui capaz de pasar meses sin hablar con nadie de lo que estaba haciendo, como si acaso aquel fuera un proyecto que pudiera salvar al mundo. Actualmente, sigo escribiendo sola, pero no tanto. Se suele hablar mucho de la soledad del escritor, pero lo cierto es que hoy en día la mayoría contamos con una red de apoyo importante: familiares y amigos, lectores de anteriores obras, lectores beta… Algunos somos más dados a hablar de nuestros proyectos mientras estamos trabajando en ellos; otros, simplemente comentamos que tenemos algo en marcha. Los hay que van dejando leer a los amigos de confianza las páginas conforme las escriben; y otros que esperan hasta finalizar el proyecto antes de dejar que alguien lo revise.

La cuestión es: ¿necesita el escritor estar solo mientras escribe? ¿No tenemos demasiado ruido de fondo hoy en día, con las redes sociales, las plataformas de series y películas y demás distracciones al alcance de la mano? ¿No rendiríamos más si nos encerráramos tres meses y tecleáramos como si no hubiera un mañana?

Yo lo tengo claro: aunque a veces me siento muy sola mientras escribo, me resulta imposible volver a escribir un proyecto en secreto. Necesito del apoyo de los lectores durante el proceso, el saber que lo que estoy creando podrá interesarles tanto o más como mis anteriores obras. Quejarme cuando me venga abajo. Compartir mi euforia cuando sienta que voy por el buen camino. Y, ¿por qué no?, dejarles leer algún fragmento, aunque solo sea un borrador.

¿Que qué pasó con aquel proyecto que escribir sin decírselo a nadie? Por supuesto, no gané con él ningún concurso. Una editorial se interesó en su publicación, pero enseguida tuvieron que recortar secciones (llegó la dichosa crisis) y nos quedamos sin contrato. Finalmente, decidí sacarlo adelante a través de un proceso de crowdfunding. La recaudación fue todo un éxito. Han pasado bastantes años desde su publicación y todavía llega a nuevos lectores. Pronto serán 400 los ejemplares vendidos. No está nada mal para una novela autopublicada escrita en secreto, ¿verdad?

Cristina Monteoliva

martes, 6 de abril de 2021

PETARDA


¿Sabéis la cantidad de cursos, talleres, masterclass, etc, online que han aparecido desde que comenzó la pandemia? A algunos tienes que apuntarte directamente para conocer su contenido; pero muchos otros te ofrecen una o varias clases o sesiones gratis, en diferido o en directo, con la intención no solo de que conozcas lo que te ofrecen, sino también, y sobre todo, de que te convenzas de que tienes que comprar el servicio en cuestión para aprender a vender productos artesanales en internet, convertir tu cuenta de Instagram en un sitio más visible, tener éxito en Youtube, lo que sea.

Desde que sufro el bloqueo creativo y la falta de objetivos literarios me ha dado por hacer varios de estos seminarios y cursos gratuitos. Si bien no se puede decir me hayan resultado igual de enriquecedores, creo que de todos he aprendido algo. Del último, en realidad, saqué una buena cantidad de conocimientos. Pero también algo más: la sensación de haber sido una tonta durante mucho tiempo.

Tonta. Durante unos días me he sentido muy tonta, ¡una verdadera petarda!

¿Inconsciente? ¿Pardilla? ¿Torpe? ¿Cómo puedo definir lo que he sido durante este tiempo de vida autodidacta, sin darme cuenta de mis graves carencias y sin que nadie tampoco me las hiciera notar? ¿Cómo me vengo a dar cuenta a los cuarenta y dos años de edad de que no puedo ir más allá con mi escritura hasta que no tenga claro ciertos conocimientos? ¿Y cómo es que en realidad no costaba tanto adquirirlos? ¡Pero si con una sola clase gratuita lo he visto muy claro! Y mucho más luego en el Taller de novela de terror que comencé ayer (impartido por Sandra Becerril y organizado por Tres pies al gato), donde creo que por fin aprenderé ciertos asuntos que… No, eso no os lo voy a contar, que este curso es de pago. Si queréis, ¡apuntaos vosotros a la próxima edición! (No os arrepentiréis).  

Así que en esas estamos: intentando aprender cosas nuevas que ya debería saber desde hace tiempo. Cura de humildad, lo llaman. Ganas de salir de este agujero creativo, desde luego, no me faltan.

No, no soy tonta. Tal vez un poco lenta, desde luego. Pero, ¿qué más da en el fondo? También de toda esta crisis mía habré aprendido, y nunca es tarde si de lo que se trata es precisamente de eso: de adquirir nuevos conocimientos. Sean de cursos gratuitos, de cursos de pago o de la vida misma.  

Cristina Monteoliva


jueves, 1 de abril de 2021

...PERO TODO SALDRÁ BIEN.

 

Las cosas funcionan hasta que llega ese detonante que hace que se tuerzan. Así, para mí el año iba bastante bien hasta que llegó el día del colapso. ¿O tal vez no iban tan estupendamente pero yo creía que sí?

Mejor os lo cuento desde el principio, cuando decidí retomar mi novela de zombis. Durante unas cuantas semanas, la escritura fue fluyendo, si bien de vez en cuando, me atascaba un poco. Ya llevaba bastantes capítulos escritos (más de doscientas páginas) cuando uno de aquellos atascos se convirtió en EL GRAN BLOQUEO. Al mismo tiempo, me dio por pararme a pensar que desde hacía tiempo nadie me invitaba a participar en una antología, no se me presentaba ningún concurso interesante, qué sé yo. Me vi con mi carrera literaria en suspenso, dependiendo de una novela de zombis que iba muy para largo plazo. O sin carrera literaria, según se mire. Fue EL COLAPSO.

Durante aquel primer par de semanas pensé que aquel estado de ánimo sería pasajero. Luego, sin embargo, llegaría el síndrome de la impostora más fuerte que nunca. ¿Que por qué me dio por pensar que nada de lo que había escrito merece la pena, y que en realidad no sé escribir? Bueno, es lo que tienen este tipo de síndromes que te atrapan cuando estás con la autoestima baja: que quieren hacerte creer que todo lo haces mal. Aunque, por supuesto, no sea verdad.

Al síndrome de la impostora le sumamos enseguida la crisis creativa. ¿A dónde se fueron todas las ideas, con las muchas que tenía yo hace meses? Ni idea. Pero si alguien las ve por ahí, ¡que me las mande de vuelta!

El no escribir durante días está siendo duro, pero también el escribir alguna que otra vez, pues lo que hago no se puede decir que forme parte de un proyecto (solo me limito a escribir escenas de una novela que no sé si escribiré algún día).

Hace poco he descubierto que en realidad lo que me sucede es producto de mi falta de formación. Y es que es lo que ser autodidacta está bien, pero a veces, no es suficiente. Se necesitan manuales, cursos: una voz externa que te diga lo que estás haciendo bien y aquello que no ves que estás haciendo mal. Es por ello que en breve comenzaré un Taller de novela de terror. Para acabar mi novela de zombis o para lo que surja. Porque estoy segura de que las ideas acabarán volviendo, y yo necesito estar preparada, tener por fin un método y la seguridad en mí misma, para hacerlas llegar por fin buen puerto.

Mientras tanto, ya que sin escribir no puedo estar, se me ha ocurrido publicar de vez en cuando (lo ideal es que fuera uno al día) un artículo en este blog. Con lo que se me ocurra. Sin preocuparme mucho por el contenido y la forma. Solo por escribir y comunicarme con vosotros.

Hoy tal vez no, pero pronto todo irá bien. Lo sé. Vamos de camino.

Cristina Monteoliva


miércoles, 31 de marzo de 2021

HUELE A INCIENSO

 

Huele a incienso por aquella calle, por esa otra, por la de más allá.

Instintivamente el alma a través de la vista busca el Trono, a los penitentes,  la banda de música: la procesión. Por más que me esfuerzo, sin embargo, la típica estampa de la Semana Santa granadina no aparece al fondo de la calle. Los Cristos, los Santos y las Dolorosas se han quedado un año más en sus templos. Las aglomeraciones de gentes, antes repartidas por las calles de la ciudad por las que pasaban los pasos, se concentran en las inmediaciones de las Iglesias. Todo el mundo quiere visitar a sus Imágenes de cabecera, aunque haya que procesionar hasta el interior durante una hora, con este calor que aprieta ya en la capital narazí; se pueda mantener o no la distancia social.

Por lo menos, las mascarillas están en su sitio.

Hablando de mascarillas, este martes 30 de marzo hemos sabido que el

próximo verano serán obligatorias también en la playa. Pronto no solo luciremos la marca del bikini o el bañador. La cara nos quedará morena por una parte, blanquecina por la otra. Ni las playas nudistas lo serán tanto.

Esto de llevar mascarilla en la toalla será raro durante un tiempo. Luego, nos acostumbraremos.

O no. Porque no a todo nos acostumbramos con la pandemia. Algunos podrían pensar que después de tres meses de confinamiento en casa y de las restricciones impuestas durante las sucesivas olas (no olvidemos que ya vamos por la cuarta, y lo que te rondaré morena mientras no estemos todos vacunados, lo que creo que será dentro de tanto tiempo, que cuando nos vacunemos los últimos, habrá que volver con los primeros), ya estaríamos hechos a lo de relacionarnos solo por internet y teléfono con los amigos y tomar la cervecita en casa con las personas convivientes. Se conoce que el ser humano tiene unas costumbres bien arraigadas, y en cuanto se abren los bares, ¡todos juntitos vamos para allá!

Todos vamos a los bares, unos con más precaución, otros con menos. Algunos observamos las mesas de las terrazas calculando las distancias entre ellas, entre las sillas, entre vete tú a saber qué. Somos las Viejas del Visillo de la ciudad, siempre atentas a esos detalles que nos hacen pensar que nosotros lo estamos haciendo mejor. ¿Mejor? ¡Pero si también vamos paseando por calles concurridas y nos sentamos en las terrazas en vez de quedarnos en casa a ver si de verdad se aplanan ya esas curvas que tan locos nos tienen!

Llegamos a la Gran Vía y nos topamos con una nueva y considerable cola. Han abierto Los Italianos hace unos días y los granadinos quieren comer sus helados a toda costa. Mi Vieja del Visillo se pregunta si no sería mejor probar los helados de otros establecimientos menos concurridos (y también muy buenos) y dejar así paso por esta acera, ya de por sí concurrida.

¡Ah, mejor dejarlo ya! Todo resulta agotador si te paras a pensar. Demos por terminado el paseo, que el cuerpo y el alma piensan ya en la cena.

Volvamos a casa buscando una calle donde huela de nuevo a incienso: lo único que cada Semana Santa, incluso en esta tan particular, permanece siempre igual.

Cristina Monteoliva

 

© Giuseppe Favale.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Si llega octubre y te sientes ignorada: ¡cuenta con La Orilla de las Letras!

 

Octubre es, desde hace un tiempo, el mes dedicado a la lectura de obras escritas por mujeres. Una iniciativa estupenda, pero somos tantas y tantas escritoras, que al final parece complicado, al menos para algunas, llamar la atención sobre nuestras obras. Si tú, como me pasó a mí el año pasado, te has sentido en otras ocasiones un poquito sola durante este mes, si eres una primeriza en el mundo de la publicación y te sientes un poco perdida, etc, te recuerdo que en La Orilla de las Letras estamos dispuestos a entrevistarte, hayamos o no leído algo tuyo. (Si además quieres que reseñemos tu obra, pasa por la sección de CONTACTO para informarte de las condiciones).

Así que si te apetece, escribe a crismonteoliva@hotmail.com (Cristina Monteoliva) y hablamos.

Ánimo. Sea como sea, ¡no estás sola!

 ©Pixabay.

 

domingo, 6 de septiembre de 2020

ESA VANA ESPERANZA EN EL LUNES.





Prometí (más a mí misma que a vosotros, he de admitir) que dedicaría el mes de agosto a leer menos (y a reseñar menos, se sobreentiende) y a escribir más artículos sobre las ideas que me dan vueltas en la cabeza. Como era de esperar, al final leí muchos de los libros pendientes de reseñar y me dejé en el tintero todas esas opiniones mías. Opiniones que, por otro lado, siempre temo que no le interesen a nadie, de ahí que me frene tanto a la hora de publicar algo que no sea una reseña o una entrevista en este blog.
Pues bien, hoy me da igual cuánta gente vaya a leer este artículo y cuanta gente no va a hacerlo. Llevo una semana no muy buena y me apetece escribirlo. Si finalmente solo lo leo yo… Bueno, ¡pues al menos lo habré leído yo! ¿Y qué más da si os importa o no lo que diga? Se dicen tantas cosas a lo largo del día, de una forma tan ligera, que…
Pero, bueno, no voy a seguir divagando. Yo he venido aquí a hablar de un fenómeno absurdo que me suele ocurrir los domingos, algo que podríamos denominar la vana esperanza en el lunes.
Básicamente los domingos por la tarde empiezo a ilusionarme pensando que la semana siguiente algo bueno pasará. A veces espero cosas pequeñas, como la llegada de un libro que me apetece mucho leer (lo que es muy probable que llegue a pasar); aunque lo que casi siempre deseo es que se me presente una oportunidad que me haga avanzar de verdad en mi carrera como escritora.  
La nueva semana llega y al final no pasa nada: no gano concurso alguno (lo cierto es que ya llevo tiempo en que ni me molesto en participar en convocatorias); ningún agente o editor lee por sorpresa una de mis novelas y decide proponerme publicar mi próxima novela… Mientras tanto, las redes sociales se llenan de anuncios de escritores y escritoras que consiguen contratos editoriales, ganan concursos y venden libros a porrillo, lo que me produce alegría (más cuando conozco a la persona en cuestión, claro) por un lado, y cierta desazón, por otro.
El lunes se convierte en uno más. Llega el martes y tampoco pasa nada. Y el miércoles… El miércoles ya decido que la semana está perdida.
Lo sé, todo esto no está sonando muy maduro. Lo maduro imagino que es tragarse las frustraciones, no parecer una envidiosa, y seguir escribiendo y escribiendo, esperando y esperando estoicamente a que de verdad aparezca ese contrato editorial que te dé cierta paz interior. O lo que sea.
También sé que he repetido hasta la saciedad que este año hay que quejarse menos y hacer más. ¡Y lo intento! Todo el rato, aun a sabiendas de que igual acabo con una úlcera.
¡Ah, pero qué pena que la vida (al menos, no para todos) no sea como en esas películas en las que alguien lo pasa muy mal, pero se esfuerza y en cuestión de un año o incluso menos consigue todas sus metas! La realidad es un poquito más dura. A veces las cosas vienen fácilmente. Otras, hay que trabajar mucho, durante años para conseguir al menos parte de lo que esperabas.
¡Pero que hay que quejarse menos y hacer más! Lo gritaré ahora, que es domingo por la tarde y de nuevo esa vana esperanza en el lunes me invade. Me diré a mí misma que tal vez no vuelva a pasar nada, o tal vez pase todo. Que puede que la semana que viene consiga avanzar con mi nueva novela, lo que estaría muy bien. O que de pronto encuentre nuevos lectores para Gatitos, lo que también sería genial. O que tal vez de pronto encuentre la confianza en mí misma y me olvide del ruido de fondo.
Sí, eso le voy a pedir al próximo lunes: comenzar la semana creyendo un poco más en mí. Y ojalá esta vez mis esperanzas no serán en vano.
Cristina Monteoliva


© Pixabay.

lunes, 24 de agosto de 2020

QUÉMALO TODO Y EMPIEZA DE NUEVO.





Mi cajón metafórico de borradores (es decir, las carpetas que les he asignado en mi ordenador) está cada vez más lleno de novelas y relatos; algunos más o menos acabados y en busca de un lugar adecuado (un concurso, una antología…); otros son los que se vieron aparcados a mitad del proceso de escritura. Y admitamos que la mayoría de estos últimos se quedarán en el disco duro de mi ordenador perpetuamente, esperando inútilmente a que yo decida releerlos y hacer algo productivo con ellos.
Hay quien no puede retomar la escritura de un proyecto antiguo. Es cierto que con el transcurso del tiempo no somos los mismos: todos evolucionamos (o involucionamos) y vemos aquello que una vez escribimos con otros ojos en el momento presente. Yo, que soy de ideas fijas, sin embargo, y a pesar de lo que he dicho en el párrafo anterior, de vez en cuando sí que saco del cajón alguno de esos proyectos que quedaron aparcados.
La primera lectura de un borrador antiguo es siempre una decepción: en tu mente todo era mucho mejor de lo que realmente es ahora. Hay demasiado que pulir, cambiar, añadir. Los personajes no son lo que tú creías, la acción, te resulta hasta aburrida. Te encuentras de pronto con un gran trabajo por delante, mayor que el de comenzar una obra desde cero: el de decidir qué vale y qué no de cada capítulo, la reescritura de lo que no sirve, la creación, incluso, de un nuevo planteamiento.
En este fatídico año 2020 he retomado otra vez una de mis antiguas novelas de zombis. Se trata de la precuela de la primera que empecé a escribir, hace tanto tiempo, que ni sabría decir una fecha. Calculo que para el año 2030 tendré por fin terminada mi trilogía de muertos vivientes. O tal vez el 2035, pues tampoco es bueno tener tantas prisas.
Pasan los meses desde que retomara esta novela y todavía me pregunto si no sería mejor olvidarme del manuscrito inicial y volver a escribir desde el principio. Quémalo todo y empieza de nuevo, dice a veces una voz en mi cabeza. Sin embargo, la mayor parte del tiempo creo que no todo lo que escribí hace años está perdido, que no puedo dar por inútil las horas que empleé en aquel primer borrador, por muy verde que me resulte ahora el resultado.
Publico este artículo por fin después de muchos meses de haberlo comenzado. Lo dejé aparcado durante el confinamiento, y mientras tanto... Mientras tanto he avanzado lenta con la reescritura. Algunos puntos están más claros en mi cabeza, otros me hacen pensar y pensar durante días. Lamento no ser una persona más productiva, ¡con tanto tiempo como tengo en este fatídico año que nos ha tocado vivir y yo voy tan lenta como siempre! Lo dicho: tal vez para el 2030 o el 2035 por fin acabe esta historia. Si esta historia no acaba conmigo antes.
Quémalo todo y empieza de nuevo, ha vuelto a decir hace un rato esa voz de mi cabeza. Tal vez no haya que empeñarse en acabar todo lo que se empieza. O tal vez al final merezca la pena. Solo el tiempo lo dirá.
Cristina Monteoliva

© Pixabay.

lunes, 3 de agosto de 2020

ABIERTO POR VACACIONES.




Un año más (aunque este desde luego sea especial pues la mayoría de nosotros no habíamos vivido antes una pandemia) llega el mes de agosto: el mes por excelencia de las vacaciones. Y es que aunque no todo el mundo pueda dejar de trabajar para quedarse en casa ante el ventilador o el aire acondicionado, remojarse en la playa, hacer excursiones por la montaña o viajar a un país extranjero, siempre identificaremos este mes como aquel en el que gran parte de la población puede tomarse un respiro.
Existen, como sabemos, muchos tipos de lectores. Algunos, por diversos motivos, dedican (o dedicáis) más tiempo a la lectura en este mes (cuando no es el único mes del año en el que leen o leéis), por lo que creemos que las numerosas reseñas que hemos publicado en el blog os ayudarán a elegir los libros que os acompañarán en lo que queda de verano.
Muchos escritores también decidimos dedicar este mes a nuestros proyectos, aunque, ¡qué pereza da este año, con estas subidas de las temperaturas! Ah, mejor leer frente al mar, el aire acondicionado o…
¡Vaya, ya estoy divagando! Debe de ser el calor, sin duda.
A pesar del calor, en La Orilla de las Letras, como siempre, seguiremos aquí para amenizar el agosto tanto de los que estáis trabajando como de los que no en este mes. Intentaremos tomárnoslo con más calma, eso sí. Los últimos han sido unos meses muy intensos de lectura y reseñas y hay que ralentizar un poco para poder continuar, ya que nosotros, como digo, no vamos a descansar (ni en agosto ni más adelante). Es por ello que en este mes veréis menos reseñas de libros y más artículos de esos que la jefa siempre tiene pendientes publicar: reflexiones sobre el mundo de la escritura, en general, y sobre lo que ella está escribiendo, o ha escrito, en particular. Para los que no hayáis tenido suficiente (por supuesto, estoy siendo sarcástica) con las promociones de Gatitos en redes sociales, probablemente encontréis algo más por aquí. ¡Nunca se da la lata lo suficiente, como todos los escritores independientes sabemos!
En fin, ya vamos terminando, que seguro que tenéis cosas más interesantes que hacer que leer los desvaríos de la Monteoliva. No lo haremos sin recordaros antes que si queréis que hablemos de algún tema o que reseñemos algún libro, podéis poneros en contacto escribiendo a crismonteoliva@hotmail.com
Dicho esto, ¡a disfrutar de este agosto pandémico!
Cristina Monteoliva

©Pixabay.


martes, 10 de diciembre de 2019

ADIÓS A CÍRCULO DE LECTORES, un artículo de opinión escrito por Cristina Monteoliva.




A principios del mes de noviembre de 2019 supimos por la prensa que Círculo de Lectores, la mítica editorial española, cerraba después de casi seis décadas de funcionamiento. Por lo que informan los medios, el modelo de negocio, basado en la venta por catálogo a través de agentes comerciales, se había convertido en algo totalmente insostenible en los últimos años y el cese de la actividad era algo inevitable.
Durante algunos días, la gente habló en redes sociales sobre su experiencia con Círculo de Lectores. Como yo no quiero ser menos, pero prefiero que la mía no se pierda entre los timelines, he decidido escribir este artículo.
A Círculo de Lectores llegué por una suculenta oferta. Yo debía de tener trece o catorce años y vi el anuncio en una revista. Por un precio irrisorio te mandaban a casa tres libros (creo que eran 300 pesetas, 1,80 € al cambio de hoy día). Sin pensarlo mucho, rellené el cuestionario de la revista con mis datos y mandé la carta.
Aunque pareciera increíble (¡que no, que no había truco!), recibí esos primeros libros a aquel precio simbólico. Y también la obligación de comprar productos de Círculo de Lectores periódicamente (en aquella época, aunque recuerdo que vendían alguna otra cosa, fundamentalmente el negocio se basaba en los libros), hasta que un día, tres o cuatro años después, decidí que ya había tenido suficiente.
Estar suscrito a Círculo de Lectores tenía sus pros y sus contras. La primera ventaja era dar acceso a cualquiera a una buena cantidad de libros: algunos, prácticamente novedades en el mercado; otros, tal vez no de publicación tan reciente, pero que también me resultaban nuevos, tal era lo poco que conocía del mundo de la literatura contemporánea entonces.
En mi pueblo había librerías en aquella época, pero no tan bien surtidas como lo están ahora, ni tantas como hay en estos momentos. Ir a curiosear en aquella época podía dar cierto apuro, incluso. Sin embargo, con Círculo de Lectores tenías un catálogo que mirar tranquilamente hasta que viniera el agente comercial a tomar nota de tu pedido. Gracias a esto, yo pude descubrir unas cuantas lecturas maravillosas. ¿Habría leído esos libros sin Círculo de Lectores? Estoy segura de que no. ¿Habría leído más de un par de libros al año sin mi suscripción? Teniendo en cuenta que mi otra vía para conseguir libros era la feria de libros rebajados de precio que ponían en verano en el paseo marítimo, creo que tampoco. (No, la biblioteca municipal no la pisaba entonces).
La mayor desventaja del modelo de negocio de la editorial era precisamente la obligación de comprar algo periódicamente. Por un tiempo, no me pesó. Pero más adelante, conforme más agobiada estaba con los estudios y más se me acumulaban las lecturas pendientes, sí. Lo sé, es paradójico: si no me hubieran obligado a comprar libros, habría leído menos en aquella época; pero, ¿no os pasa a vosotros también que aunque algo os gusta, si lo tenéis que hacer por obligación, se os acaba convirtiendo en un engorro?
Resulta sorprendente que Círculo de Lectores haya conseguido sobrevivir tanto tiempo, a pesar del cambio de hábitos del lector propiciado por la llegada de internet, la expansión de las grandes cadenas de librerías, etc. Sé que habrá mucha gente que no lo echará de menos pues incluso creería que la editorial ya no existía. Lo lamento por aquellos que se han quedado colgados con el cierre, todas esas personas que, en este mundo global, interconectado y demás, todavía necesitaban de esta editorial para acceder a la lectura. Ojalá encuentren otro modo de seguir leyendo, pues, al fin y al cabo, eso es lo que importa: que seguimos siempre con la lectura.
Yo, por lo pronto, me voy a quedar con los buenos recuerdos: con todos esos libros maravillosos (casi todo novelas) que hicieron que mi universo, ese mundo interior en el que paso la mayor parte del tiempo, se expandiera. Daré siempre las gracias por ello a Círculo de Lectores.
Cristina Monteoliva


© Cristina Monteoliva. Algunos de mis libros de Círculo de Lectores.


lunes, 2 de septiembre de 2019

La "revuelta" de LA ORILLA DE LAS LETRAS.


Ya está de nuevo aquí el mes de septiembre, con la vuelta al trabajo (para muchos), la vuelta al cole (instituto, universidad, etc), la rentrée literaria ¡y la vuelta de La Orilla de las Letras



Los que seguís La Orilla de las Letras desde hace tiempo ya os habréis dado cuenta de que esta es la primera vez que nos vamos de vacaciones en agosto. He de decir que no fue algo planeado, pero después de una primera mitad de año muy intensa por diversos motivos, nos hacía mucha falta.


¿Habéis echado de menos las actualizaciones del blog durante este mes y una semana sin actividad? ¡Eso esperamos! Porque volvemos con mucho contenido que ofreceros: entrevistas, reseñas de libros (aún nos quedan muchos pendientes de las novedades de antes del verano), artículos… Si tenéis alguna propuesta, ya sabéis: ¡poneos en contacto con nosotros y veremos si es posible ponerla en marcha!



Como muchos ya sabréis, en abril de 2019 salió a la venta Gatitos, la última novela de esta que escribe este breve artículo para saludaros en el comienzo de esta nueva temporada. Como este blog nació no solo como un espacio para hablar de la literatura ajena sino también de la propia (cosa que he estado cumpliendo poco), os anuncio que a partir de ahora veréis artículos relacionados con esta novela y otros asuntos relacionados con mi escritura que quiera volcar aquí.
Dicho esto, ¡gracias por estar al otro lado de la pantalla y allá vamos a por la nueva temporada!
Cristina Monteoliva


domingo, 19 de mayo de 2019

¿UNA KHALEESI PARA TODOS O PARA NINGUNO?


El mundo está lleno de cosas que no puedo llegar a entender, por más que me esfuerzo en ello. Que haya gente que no esté de acuerdo con la temporada final de Juego de tronos, la famosísima serie de HBO, y pida por medio de firmas que se reescriba entera para luego filmarla de nuevo, es una de ella.

La historia ya la sabéis (incluso los que no veis la serie ni tenéis ganas de hacerlo): muchos no están contentos con lo que ocurre en la última temporada, especialmente, parece ser, con el cambio de rumbo en el personaje de DaenErys Targaryen, que ha pasado de ser la salvadora de los oprimidos a la gran destructora de Desembarco del rey.
En realidad, este cambio tan brusco no ha sido tal. Si volviéramos a ver la serie desde el principio, nos daríamos cuenta de que el personaje de Daenerys siempre ha tenido sus luces, pero también sus sombras, a veces planteadas de forma poco sutil (y no, no voy a “spoilearos” nada al respecto). El problema es que nosotros hemos obviado todo lo que nos podría hacer sospechar: queríamos creer en ella por encima de todo.
Queríamos pensar que sería siempre el azote de los villanos, la salvadora de los oprimidos y, por supuesto, un icono feminista, cuando en realidad, si nos fijamos bien, veremos que gran parte de sus acciones han estado motivadas por su propia ambición.
En la última temporada vemos cómo el estrés y las ansias de poder han hecho mella en ella, haciendo que la que creíamos bondadosa reina cometa acciones atroces. ¿Cómo todos sus antepasados, como sabemos desde el principio de la serie? Exacto. Y es que esquivar una enfermedad hereditaria, bien sabemos algunos, es complicado (más aún en una época como la medieval fantástica (pero medieval, al fin y al cabo), en la que se desarrolla la trama) y si a Daenerys le ha tocado la china de la locura familiar que se desencadena cuando la ambición toca techo, no hay más que hacer.
Pero, oye, ¡que estamos hablando de una serie de televisión! ¡Daenerys Targaryen no es real, es un personaje de ficción! Salida de los la saga de novelas fantásticas Canción de hielo y fuego, del escritor George R. R. Martin. Novelas en las que, como sabemos, se basa la serie. También sabemos (casi todos) que el autor de la obra original estuvo participando en la elaboración de los guiones hasta que dijo que se retiraba para escribir lo que le quedaba de la saga. La última temporada no sabemos si se parecerá o no a lo que Martin escriba finalmente. Pero, ¿es que acaso pensáis que el autor va a escribir algo que os guste más? ¿Un hombre que mató al que creíamos que iba a ser el protagonista de toda la historia en el primer volumen? ¿El mismo que nos ha brindado escenas llenas de sangre y giros inesperados y cruentos?
Tengamos algo claro: los escritores, guionistas y demás creativos van a presentarnos historias que no siempre nos van a gustar. Si no te gusta lo que pasa en la novela que estás leyendo, puedes dejar la lectura; si no te agrada lo que ves en una serie, puedes dejar de seguirla. Puedes quejarte de la serie, claro (yo lo hago continuamente, de hecho, entre amigos); también puedes hacer algo maravilloso: crear un foro en el que escribir tus propias versiones de la historia o fanfics y compartirla con otra gente descontenta; pero pretender que se rehaga toda la última temporada de Juego de Tronos, ¿no lo veis un poco excesivo o soy yo que de verdad no comprendo nada?
Rehacer toda una temporada de la serie me parece poco factible porque, primero, los guionistas no van a ir casa por casa preguntando qué es lo que nos gustaría a cada uno que pasara en lo que están haciendo para no volver a decepcionarnos; segundo, porque tienen que ser totalmente libres para crear lo que quieran, le gusta luego a la gente o no; y, tercero: con el dineral que ha costado hacer la última temporada de la serie de televisión, ¿cómo creéis que se podrían plantear siquiera hacerla de nuevo? Igual ese dinero podría invertirse en atajar un buen número de problemas del mundo real mientras nosotros aceptamos que esta es una serie de ficción y que si bien no podemos estar conformes con mucho de lo que sucede, en unos meses, como mucho un año, nos engancharemos a otra serie y, como se suele decir, a otra cosa, mariposa.
El mundo, como decía al principio de este artículo tan innecesario por no aportar nada nuevo a lo que ya habréis leído estos días, está lleno de cosas que no puedo llegar a entender aunque me esfuerce en ello. Que tengamos cada vez la piel más fina y solo queramos finales felices y situaciones que no nos incomoden en el cine, la televisión y la literatura es una de ellas. Si no estamos preparados para enfrentarnos a la ficción, por mucho que esta se parezca a la realidad (igual ese es el problema: que la serie nos plantea personajes con personalidades que encontramos fuera de ella), ¿estaremos preparados para vivir en el mundo no ficticio?
En fin, amigos lectores, no nos tomemos el final de la serie tan a pecho e intentemos disfrutar de ella.
Cristina Monteoliva


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