martes, 15 de septiembre de 2026

Entrevista: VALERIA BAZENKOVA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

llegamos al ecuador del mes de septiembre con la entrevista que nos ha concedido la escritora e ilustradora Valeria Bazenkova. Podéis leerla a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Bastante tarde, porque yo venía del dibujo. Durante años inventé personajes sin escribir una sola línea sobre ellos: me bastaba con la cara y el gesto. Empecé a escribir cuando mi hijo era pequeño y le contaba historias con esos mismos personajes, primero en voz alta y de cualquier manera. El cambio llegó el día en que una de esas historias siguió existiendo al día siguiente, cuando ya nadie la estaba escuchando. Ahí entendí que tenía que escribirla.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?

Aprendí español leyendo libros infantiles, así que mis influencias son bastante literales. Mafalda, de Quino, y Manuelita, de María Elena Walsh. Las dos me enseñaron lo mismo: que un personaje infantil puede ser incómodo, testarudo y raro, y gustar precisamente por eso. No hace falta que sea amable para que el lector se ponga de su lado. Doña Aburrilda le debe mucho a esa idea.

 


©Valeria Bazenkova.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Acabo de terminar En agosto nos vemos, de García Márquez. Es un libro raro: lo publicaron sus herederos a partir de borradores, y yo quería ver cuánto quedaba ahí de su voz. No puedo decir que me haya gustado, pero me interesó mucho recibir ese saludo suyo desde el otro lado. Y con mi hijo estamos leyendo la serie Cómo entrenar a tu dragón, de Cressida Cowell. Vamos por el sexto y esa sí la recomiendo sin reservas: es divertidísima, muy original y tiene poquísimo que ver con la película.

¿Cómo compaginas tu trabajo como dibujante con la escritura?

No los compagino, porque para mí no son dos trabajos. Pienso en imágenes, y muchas veces la escena existe dibujada antes de existir escrita. En este libro eso se ve: hay cosas que no están contadas con palabras porque las cuenta el dibujo. Las cosas dormidas tienen los ojos cerrados y están grises, las despiertas abren los ojos, y cuando recuperan su color la carita desaparece. Nada de eso se explica en el texto. El niño lo entiende mirando, y el texto se queda libre para otra cosa.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Soy demasiado nueva para opinar del panorama en general, así que me limito a lo que conozco: el álbum ilustrado en español para los más pequeños. Y ahí veo muchísimos libros bellísimos, editados con un cuidado enorme. Lo que echo en falta es otra cosa: bastantes acaban explicándole al niño lo que tiene que haber aprendido, y muchos de los libros de actividades necesitan tijeras, pegatinas o una impresora. Me interesan los libros que confían en que el niño ya sabe jugar y se limitan a darle el primer empujón.

¿Te imaginas escribiendo una obra sin ilustrarla?

Sí, de hecho he escrito en otros géneros sin dibujar nada. Pero este libro concreto no podría existir así, porque parte del mecanismo está en las ilustraciones y no en el texto. Me gustaría probar alguna vez lo contrario: escribir algo y que lo ilustre otra persona, para ver a mis personajes con ojos ajenos. Me da un poco de miedo y por eso mismo creo que habría que hacerlo.

¿Por qué te has decantado por Amazon?

Por una razón muy simple: quería que el libro existiera, y no dentro de dos años. Publicando de forma independiente pude mantener juntas las dos partes del trabajo, el texto y las ilustraciones, y decidir yo cómo se relacionan entre sí. Eso era lo importante en este caso. No tengo nada en contra de las editoriales, y me encantaría trabajar con una en algún momento; pero para un primer libro con un formato tan raro me parecía el camino natural.

¿Cómo surgió la idea de escribir este álbum ilustrado?

De mirar el suelo de mi propia casa. Había una torre de cajas a medio hacer, un dibujo sin acabar, un calcetín solo. Todo eso llevaba ahí desde la mañana, y nadie pensaba volver a tocarlo.

Lo que me interesó no fue el desorden, sino la sensación de que aquellas cosas estaban esperando algo. Y de ahí salió la pregunta: ¿y si alguien viniera a ocuparse de ellas? Alguien convencidísimo de que lo que necesitan es descansar.

Los juegos llegaron por otro lado. Mis dos hijos se llevan muchos años y pasaban tardes enteras juntos inventando cosas que hacer con lo que tenían a mano, sin pedirnos nada. Yo iba apuntando. Diez de esos inventos están en el libro.

¿Qué nos puedes contar de Doña Aburrilda y la torre que no cabía bajo el paraguas?

Que es un libro sobre una negociación. Doña Aburrilda cree que las cosas abandonadas están agotadas y que lo mejor que puede hacer por ellas es dormirlas bajo su paraguas. Luna, que tiene seis años y abandona cosas todo el tiempo, no está de acuerdo, pero tampoco puede discutir con alguien tan educado y tan seguro de sí mismo.

Así que hace otra cosa. Descubre que una cosa dormida sigue respirando, y que para devolverla al mundo hacen falta dos cosas: soplarle con fuerza y decirle en voz alta para qué sirve. «Caja, tú sabes guardar cosas. ¡Y también sabes ser una torre!» Y al final no consigue que la señora se vaya: consigue construir algo que no cabe debajo de su paraguas, y eso es distinto.

¿Qué hace que esta obra destaque ante otras similares?

Tres cosas, creo. O cuatro. Los juegos están dentro de la historia y no agrupados al final, así que el niño no tiene que esperar a que el cuento acabe para jugar. No hay nada que comprar, imprimir ni preparar: se juega con lo que ya hay en casa. Y cada juego termina con una frase, «Cómo saber que salió bien», que le permite al niño reconocer por sí mismo cuándo lo ha conseguido. Y hay una cuarta, quizá la que más me importa: la antagonista no es mala. Está convencida de que ayuda.

 


©Valeria Bazenkova.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de Doña Aburrilda?

Nada, y lo digo en serio. Intenté escribir un libro sin moraleja, y me costó bastante quitar la que se colaba sola. No quiero que el niño aprenda a terminar lo que empieza; quería que dejara el libro en el suelo y se fuera a jugar. Si algo se queda, ojalá sea otra cosa, más lateral: que a lo mejor lo que te está estorbando no es malo, solo está muy seguro de tener razón.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

El segundo libro de la serie, que pasa entero dentro de un coche. Luna y Doña Aburrilda van en el asiento de atrás, el techo es bajo y allí no se puede abrir un paraguas. O casi. Es un reto bonito, porque en un coche el espacio y los movimientos están mucho más limitados: no puedes levantarte ni construir una torre, y tienes muy pocas cosas al alcance de la mano. Después vendrán otras situaciones: la sala de espera, la cola, los días de lluvia.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Solo dar las gracias. A ti, por mirar un libro autoeditado de alguien a quien no conocías. Y a Patricia Colombo, que fue mi profesora de español y hoy trabaja como editora: sus comentarios cambiaron cosas importantes del libro. Y a quien lo lea en voz alta con un niño, que es la única manera en que este libro funciona de verdad.

Muchas gracias, Valeria, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Esperamos que tengas una carrera literaria larga, próspera y siempre satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones.

Cristina Monteoliva

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Entrevista: BRIAN FLORES

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestra ronda de entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido Brian Flores. La tenéis completa a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Creo que no lo descubrí; casi me lleva por delante esto de escribir. Creo más bien que me encontró antes de que lo descubriera yo. No vengo del mundo literario y, en los años de pandemia, me surgió esta historia y la necesidad de contarla. Así que siempre digo que la historia necesitaba ser contada y justo yo me crucé en su camino.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Sobre todo los clásicos juveniles. En la casa de mi abuela había una colección con títulos como Sandokán, La isla misteriosa, 20.000 leguas de viaje submarino, Los viajes de Gulliver. Ya de más grande leí autores como Asimov, Arthur Clarke, Ray Bradbury; títulos como El hombre ilustrado y otros que estaban en antologías o colecciones y nunca volví a saber de quiénes eran.

Claro que leí El Principito y Platero y yo, también clásicos de Argentina de historieta. Un ejemplo es El Eternauta, que habrán visto en Netflix. Yo tenía una edición de 500 páginas.

© Brian Flores.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Como pertenezco a dos asociaciones de escritores, SADE y Autores Matanza, estoy viendo siempre presentaciones, charlas y leyendo a compañeros, de los cuales, además de disfrutar, aprendo.

A una de mis compañeras, que escribe muy lindo, le compré dos de sus libros. El primero porque contó que eran fruto de sus primeras experiencias en taller de escritura y estaban publicados en orden cronológico de cómo fueron apareciendo. Entonces dije: “Ahí está la evolución de un escritor”. Y el segundo ya era más pensado y con más experiencia.

No tuve mal tino, ya que mientras leía el segundo se me ocurrió un cuento y me gustó tanto el personaje que escribí tres más, y va a ser una novela en algún momento.

Pero, si digo lo último que leí, fue gracias al Día del Lector, el 24 de agosto, en conmemoración del cumpleaños de Jorge Luis Borges. Tenía que presentar un texto, estaba investigando y leí un cuento: Pierre Menard, autor del Quijote. Luego de la indignación previa, no solo me gustó, sino que me pareció gracioso y digno de recomendar.

¿Cómo compaginas la vida diaria con la escritura?

¿Ustedes tienen vida diaria?

No, en serio, con mucho esfuerzo, si se puede decir así a algo que a uno le gusta. Respondo mails en el transporte público o mientras camino al trabajo, escribo cuando puedo. La tecnología ayuda muchísimo si está bien usada. Tengo todo en el celular, escribo en la nube, así que siempre tengo disponibles mis carpetas cuando se me ocurre algo.

Eso sí, los domingos no suelo hacer casi nada, o muy poco, de literatura, salvo que sea feria del libro. No voy a eventos esos días y los dejo para estar en casa y, como buen argentino, hago asado para la familia.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Interesante. Las redes ayudan; ya dije que la tecnología también. Está esa cierta y correcta sensación de que cualquiera puede escribir, y es cierto.

Además, hay posibilidades que no existían antes. Soy un ejemplo de esto.

Hay discusiones sobre libros, algunas buenas, otras dejan mucho que desear, pero lo que creo importante es que se discuta, que se debata. Aun con errores o faltas de criterio se aprende; de todo se aprende y es sano. Además, ayuda a desarrollar el criterio.

Los chicos más jóvenes están promocionando y escribiendo novelas de dragones, príncipes, amantes que se odian y después se aman y no sé cuántos tropos. Muchas veces veo las mismas fórmulas repetidas y una cantidad de términos anglosajones para definir recursos y técnicas que, personalmente, me resultan un poco molestos. Tenemos una lengua lo bastante rica como para no necesitar pedir tantas palabras prestadas.

También entiendo que muchas de esas historias están dirigidas a adolescentes y jóvenes, a una etapa de la vida donde el amor parece ocuparlo todo y la juventud parece eterna.

Pero esos chicos están escribiendo. Se están ejercitando en este arte. Van a crecer, la misma vida les va a dar otras perspectivas, les van a preocupar otras cosas y seguramente van a escribir sobre otras cosas. Y cuando eso ocurra ya van a saber escribir, van a tener el ejercicio y la práctica.

Eso me parece bueno. Y tampoco pretendo decidir qué literatura vale y cuál no. Al final, el único que decide de verdad es el lector.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?

¿Y qué es la fama? ¿Que me conozca más gente? ¿O tener más dinero?

Si fuera por dinero, trabajaría más horas donde estoy. Si fuera por fama, podría ser booktuber o trabajaría más en mi marketing. Aun así, si pones “Brian Flores Los Invisibles” en Google aparezco fácil. ¿Será eso una forma de fama?

Y lo que escribí dista mucho de ser una novela de moda, pero también deberíamos saber cuál es la moda.

¿Por qué te has decantado por la autopublicación a la hora de dar a conocer tu primera novela, Los Invisibles?

Casi podría resumirlo por ansiedad. Imaginen tener tu texto terminado y enviarlo a editoriales que te tienen seis meses esperando. No, no es para mí.

Lo mejor es tener el control de tu propio proyecto. En eso sí soy muy organizado, es mi parte técnica. Puedo manejar mis propios tiempos y también soy el único responsable de todo lo que se hace o se deja de hacer. No hay culpa de nadie más que mía si algo no se hace o se hace mal.

Te topas con mil limitaciones y tienes que resolverlas, pero no dependes de los tiempos de otro. Y, claro, todo es más exigente porque te estás supervisando vos mismo.

Además, la autopublicación es posible y es de buena calidad, desde la distribución hasta el papel con que se hacen las cosas. Es hasta posible hacerlo con muy poco dinero, pero hay que saber que cuanto menos dinero se usa, más trabajo hay que poner.

Pero es totalmente posible armar un buen esquema de autopublicación.

¿Cómo surgió la idea de escribir Los Invisibles?

Fue algo extraño. Me llamaron Cristian en lugar de Brian. Algo sin importancia, un error común. Pero un tiempo después otra persona distinta volvió a decirme Cristian. “Bueno, casualidad”, dije. Pero al tiempo otra más me llamó así.

“Acá pasa algo”, pensé.

Y se me ocurrió que el nombre no es la identidad de una persona, y que hay algo entre nuestro nombre, que conocemos, y el que cree la gente que tenemos. Y si es identidad, ¿nos pertenece a nosotros o nos definen las personas que nos nombran?

Y aún más: pensé que si alguien no puede ser nombrado, ¿cómo lo referimos a los demás? Y si, además, no podemos recordarlo o lo recordamos como a nosotros nos parece, esa persona pasa a ser invisible. Su ser dejó de existir para ser creado en nuestra mente con un formato caprichoso, pero no es él.

¿Qué nos puedes contar de esta novela?

Si fuéramos invisibles, ¿qué haríamos?

Nuestros actos no tendrían consecuencias, aparentemente. Este personaje roba un banco, pero lo que busca en realidad es ser recordado, como lo buscamos todos nosotros.

Ahora, ¿cómo lo logra si nadie puede hacerlo?

¿Qué esperas que los lectores aprendan de esta historia?

Dejar una enseñanza es ya muy pretencioso. Quisiera que les quede una pregunta dando vueltas y que disfruten de poder hacérsela a ellos mismos y, tal vez, responderla de alguna manera para cada uno.

Aun así, si llegan a conocer cómo empezó esta historia, me gustaría que aprendan que una novela de 300 páginas, que me llevó tres años de trabajo, partió de algo tan simple como un nombre equivocado.

No una inspiración divina, no un estudio sesudo: algo trivial que nos pasa a todos, todos los días.

No esperen una idea grande. Pueden hacer su libro, poesía o novela con lo que hay en casa. 

© Brian Flores.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Después de pensarlo bastante, este año lo dedico a la difusión de esta novela, lo que ya está en marcha.

Además, con mucho trabajo logré que me aceptaran en la Biblioteca IMANI de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia, en Leticia, con un ciclo de ocho encuentros para leer mi novela y discutirla.

Todo el ciclo es virtual. Hay chicos en la biblioteca, pero también hay quienes se conectan virtualmente.

Estoy trabajando en varios de esos proyectos con diferentes bibliotecas de otros países de Latinoamérica. Además, estaré en la Feria del Libro de mi municipio.

Y si después de esto el tiempo me da su gracia, poder tener el año que viene el segundo libro de Los Invisibles, que cuenta cómo se originó la historia. Ya lo había empezado a escribir en diciembre del año pasado, pero era mejor dedicarle tiempo a este.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí. Solemos pensar que la escritura es algo solitario solo porque entra uno solo en la silla, pero detrás nuestro están nuestras familias, que cubren el tiempo de lo que dejamos de hacer para hacer esto.

Así que no estamos solos. Somos parte de una red más grande: familia que apoya o lava los platos cuando vos estás escribiendo; compañeros que te avisan de un concurso que es para vos por tu temática, aun cuando se lo enviaron a ellos; amigos que leen tu obra y, sin que vos se lo pidas, hacen reseñas públicas en lugares justos.

Sí, trabajamos mucho y es cierto, pero nadie puede ser feliz en soledad. Y, a pesar de estar uno solo sentado escribiendo en esta silla, hay infinidad de personas que ayudaron a que todo salga bien solo porque podían hacerlo.

A ellos, gracias, totales.

Muchas gracias, Brian, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

viernes, 11 de septiembre de 2026

Entrevista: NOELIA DÍAZ

 

Queridos seguidores de La Orilla de las Letras,

en el blog nos asomamos al fin de semana con la entrevista que nos ha concedido Noelia Díaz. Podéis leerla a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Pues descubrí que era algo que me gustaba porque era capaz de ponerle palabras a muchas cosas que no sabría explicar bien de otra manera. Yo soy de las que piensan que escribiendo conectas contigo y con lo que desconoces. A mí me pasó y me han salido cosas muy chulas… Pero tienes que estar inspirado. Da igual el momento, lo importante es plasmar aquello que te ocurre.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?

He tenido lecturas muy bonitas y muy mías. Yo nunca he sido de mantener un hábito constante de lectura, pero cuando cojo un libro, no lo suelto. Uno de los que más tengo presente y que hace unos meses terminé ha sido El poder del ahora, de Eckhart Tolle. Este libro me ha inspirado mucho en cuanto a valores, disfrutar del presente y sobre todo a no sobrepensar demasiado, que es a lo que habitualmente acostumbramos hoy en día.

© Noelia Díaz.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías? 

Ahora mismo estoy con Hasta que salga el sol, de Megan Maxwell, que sin haceros mucho spoiler habla un poco del amor y el esfuerzo en la época de verano. Es más familiar que romántica y, casualmente, son temas que trato mucho en Sincerely,.

¿Cómo compaginas tu trabajo como psicóloga con la escritura? 

Bueno, digamos que al final es sacar tiempo libre… Si lo consigues, yo creo que se compagina bien. Es ponerle ganas y lo dicho, ir sacando ratitos de vez en cuando y ya está.

¿Cómo ves el panorama literario actual?  

La verdad es que es una pregunta muy interesante y es justo la conversación que tuve el pasado domingo con la familia. Creo que se ha perdido mucho. Me refiero a que ahora en el instituto no mandan para leer libros como los de antes, ya no veo un Quijote, ni una Celestina, ni El Principito, del que tantas frases se han sacado… y me da pena. Se ha perdido mucho vocabulario y muy rico. Romeo y Julieta es una tragicomedia que se echa en falta también, pero más por el amor, por conquistar a alguien… Ahora es mucho más difícil y las redes sociales han apagado mucho esa parte.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famosa?  

No, yo quiero ser reconocida por mi trabajo, por ayudar a la gente. Es lo que más me gusta y es una vocación que he tenido siempre desde pequeña, independientemente de lo que en un futuro estudiase.

¿Qué te ha llevado a publicar Sincerely, se acabó el romance…comienza la ironía y el prólogo en Amazon?

Siempre he creído que las cosas pasan por algo y las que no, también. Pero lo que realmente me ha llevado a ello ha sido el poder contar cosas que le pueden pasar a todo el mundo, y cuando ocurren, pues es una putada, pero luego, cuando lo entiendes, lo ves de otra manera y te ríes. Pero te ríes porque al final puedes contarlo y ofrecerte un punto de vista más adulto. Yo siento que eso para mí es una suerte porque mi yo de niña querría haber tenido un referente como el que soy yo ahora, con experiencias y con mucho humor y, sobre todo, cariño para contarlas.

¿Qué vamos a encontrar en Sincerely, se acabó el romance…comienza la ironía y el prólogo?

Sobre todo, humor. Es decir, hay de todo: un coche averiado, un día complicado en el trabajo, una caída de pequeña, la estafa que estaba tan de moda y en la que justo yo caí, el primer amor de verano, una sesión de psicología en la que trabajo un poco la metáfora con temas actuales que han dado tanto que hablar como las balizas, la receta de las croquetas de mi abuela… Cosas que le pueden pasar a cualquiera pero que, por vergüenza, no suelen contarse. Otras, sí. Y yo me animé y lo hice, porque todos tenemos problemas, está claro, pero la gran diferencia es la manera que tenemos de afrontarlos.

¿Qué hace que este libro será diferente a otros de psicología?  

Especialmente en la manera de contarlo. Porque al final no trata de ser un libro que narre una historia, y tampoco un libro de autoayuda. Es como una guía que cuenta experiencias sueltas e incita al lector a identificarse conmigo y, sobre todo, a reírse.

¿Y qué tiene de ti?

Diría que de mí lo tiene todo. Tanto la narración como la escritura y lo que pretendo transmitir, que no es más que una manera distinta, pero necesaria, de afrontar las cosas y que duelan un poco menos.

© Noelia Díaz.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de tus escritos?

Yo quiero que se rían y que se abran a nuevos géneros que todavía están emergiendo. Yo nunca he publicado un libro antes, pero ahora siento que cualquiera puede hacerlo, porque cualquiera que se atreva puede convertir su imaginación en una historia que merece ser leída. Y siempre lo digo: no es lo que escribes, es cómo lo haces.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Ahora mismo estoy escribiendo mi segunda novela y está muy enfocada al crossover, es decir, dirigida a un público juvenil, pero que también es apta para adultos. Es ciencia ficción y cuenta una historia sobre atracciones, la importancia de la energía y las conexiones, y también abarca un poco el tema del futuro, sobre todo con la implantación de las IAs. Ahí lo dejo...

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí, que mucho cuidado con las estafas, que luego, aunque te rías, se pasa mal. Era broma; que tenéis mi libro disponible en Amazon en tapa blanda y en Kindle. Os leo, muchas gracias por esta entrevista.

Muchas gracias, Noelia, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos de las letras, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

Reseña: ESCRIBIR MICRORRELATO, de Ginés S. Cutillas

 


La buena literatura exige un esfuerzo tanto por parte del sagaz autor como de un lector atento y crítico. Esta reflexión es válida para cualquier género; pero si hay uno que requiere de un escritor que despliegue todas sus armas literarias y de un receptor que sepa rellenar cualquier hueco, ese es el microrrelato. El género de lo literario en su mínima expresión es tan grande como los de la novela y el relato, y aunque mucho se ha hablado de él, se hacía necesario crear un manual que recopilara todo lo que se sabe de tan pequeño gran asunto. Ese libro es Escribir ficción, del micerorrelatista consagrado y profesor de escritura creativa Ginés S. Cutillas: la obra de la que hablaremos en esta reseña.

El microrrelato es una pieza literaria capaz de condensar grandes anécdotas o episodios en unas pocas líneas. Encabezado por un título que le da significado a la obra o la complementa; una primera línea impactante; un desarrollo in crescendo y un final que siempre da que pensar, el buen microrrelato más que leerse, se devora con gusto. Como supondréis, adentrarse en un género que requiere de una gran inventiva, capacidad de síntesis y paciencia para pasar horas y horas reescribiendo hasta dejar el texto bien pulido, no es tan sencillo. Pero, como casi todo en la vida, también a escribir microrrelato se puede aprender.

Escribir microrrelato no es solo un manual para aprender a escribir este tipo de textos. Su autor Ginés S. Cutillas ha querido ir más allá ofreciéndonos el marco histórico de un género que necesitaba a gritos ser reivindicado y múltiples referencias.

Pero volvamos a lo que a casi todos nos importa: aprender a escribir buenas microrrelatos, tan afilados como cuchillos de carnicero. En este libro, descubriremos el arte de la merma, a utilizar el peso del lector, a distinguir las partes del microrrelato y la clasificación de los microrrelatos.

Un apartado que me gusta especialmente es el Decálogo del microrrelato, pues en pocas líneas tenemos en él sintetizado lo fundamental del género.

También me ha resultado muy interesante encontrar un sinfín de ejemplos y antiejemplos, tanto de escritores consagrados como de otros que están empezando en las clases de Ginés S. Cutillas, así como de ejercicios resueltos por el autor. Esto, sin duda, resultará de gran ayuda a los que lean este libro como guía o a los profesores que se apoyen en él en sus clases de escritura creativa.

El libro se completa con dos anexos dedicados a los microrrelatos de dos grandes de las letras: Ana María Shua y José María Merino.

Escribir microrrelato, en definitiva, es un manual de escritura creativa tan completo como necesario, pues es el único, hasta la fecha, que trata el género del microrrelato con tantísimo detalle y de una forma tan cercana y amena. Una obra imprescindible para todo aspirante a buen escritor de microrrelatos y minificciones. Y tú, ¿te atreves con este género?

Cristina Monteoliva

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Entrevista: DAVID PORTO DÍAZ

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestras entrevistas, esta vez, con la que nos ha concedido David Porto Díaz. La tenéis completa a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Para mí sigue siendo un pasatiempo, pero le doy a esa palabra un sentido bastante más profundo. Es algo que me entretiene, me gusta, me llena y a lo que cada vez he ido dedicando más y más. No recuerdo un momento concreto en el que pensara «ahora esto es algo serio». Simplemente empecé a escribir más, a terminar historias, a revisarlas, a publicarlas y a pensar en la siguiente. Quizá ahí cambió la dimensión del pasatiempo, aunque me gusta seguir llamándolo así porque quiero conservar precisamente esa parte: escribir porque disfruto haciéndolo. 

© David Porto Díaz.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Me ha marcado mucho la fantasía juvenil. Memorias de Idhún, de Laura Gallego, y la saga Harry Potter son dos referencias muy claras y están bastante cerca del tipo de fascinación por otros mundos que después aparece en Samuel entre mundos. Con Las manecillas del recuerdo quise hacer casi lo contrario: no partir de una lectura concreta, sino probarme a mí mismo con algo más íntimo y personal, jugar con el tiempo, con historias entrelazadas, con voces distintas y ver hasta dónde podía llegar escribiendo fuera de lo que ya conocía.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías? 

Ahora mismo estoy leyendo La península de las casas vacías, de David Uclés, y sí, la recomendaría. Me gusta especialmente cómo introduce lo imposible dentro de una realidad muy reconocible y consigue que el realismo mágico no parezca un adorno, sino otra forma de mirar lo que está ocurriendo. Ese tipo de mezcla entre realidad y extrañeza me interesa mucho como lector y también me hace pensar en posibilidades distintas cuando escribo.

¿Cómo compaginas tu trabajo fuera del mundo de las letras con tu propia literatura? 

Al final es una cuestión de organizarse y, sobre todo, de decidir a qué quieres dedicar el tiempo que te queda. Mi trabajo tiene unas horas establecidas y esas horas son las que son. Después llega el resto del día y ahí tienes que elegir. Últimamente una parte muy grande de ese tiempo va a este proyecto: escribir, revisar, leer y trabajar todo lo que rodea a los libros. No hay una fórmula especialmente romántica; simplemente hay cosas que, si de verdad quieres hacerlas, tienes que ponerlas en la agenda y darles tiempo.

¿Cómo ves el panorama literario actual?  

Lo veo bien y mal a la vez. A veces se habla como si la gente hubiera dejado de leer, y yo no lo veo así: sigue habiendo muchísima gente interesada en los libros y buscando historias nuevas. El problema, sobre todo para quien empieza, es la visibilidad. Hoy gran parte del descubrimiento pasa por internet, redes, buscadores, recomendaciones y plataformas, y posicionar un libro entre toooooodo eso es muy difícil. Por eso creo que empezar una carrera literaria y pensar desde el principio en vivir al cien por cien de ella es complicado. No porque no haya lectores, sino porque llegar hasta ellos cuesta muchísimo.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?  

Creo que, aunque quisieras, sería muy complejo escribir una novela únicamente para hacerte famoso. Una novela exige tantísimo tiempo, esfuerzo, correcciones y momentos en los que no apetece seguir que, si la única gasolina es la fama, probablemente no llegas al final. Otra cosa es que después quieras que el libro funcione, que llegue a mucha gente o que te abra puertas; claro que sí. Pero creo que quien dedica tanto tiempo a escribir necesita encontrar algo más en el propio proceso que la posibilidad de hacerse famoso.

¿Qué han supuesto para ti los premios literarios que has ganado?

Es una alegría enorme. Cuando llega un correo o una noticia diciendo que algo que has escrito ha sido elegido, premiado o ha quedado entre los finalistas, durante un rato es difícil no pensar: «joder, qué guay». Tú terminas un texto y ya tienes esa satisfacción de haber creado algo que antes no existía, pero que alguien de fuera lo lea y diga que también encuentra valor ahí es muy bonito. Me pasó con el Primer Premio de Letras Como Espada y también al verme entre los finalistas del Juan Andrés Teno. No cambia todo de repente, pero sí te da un empujón y hace mucha ilusión.

Tu última novela publicada es Las manecillas del recuerdo. ¿Qué puedes contarnos de esta obra?  

Las manecillas del recuerdo es mi segunda novela, publicada con Monza Ediciones, y probablemente la que más me obligó a salir de lo que ya sabía hacer. Es una novela coral construida alrededor de un reloj que va pasando de mano en mano. Cada persona recibe el mismo objeto, pero nunca recibe exactamente la misma historia: cambia la época, cambia la voz, cambia el tono y cambia lo que ese reloj significa. Me interesaba hablar del tiempo, de la memoria y de lo que heredamos sin hacerlo de una forma abstracta, sino a través de vidas muy concretas. Venía de Samuel entre mundos, mucho más apoyada en la fantasía juvenil, los portales y el worldbuilding, y aquí quise quitarme esas muletas y ver hasta dónde podía llegar con personajes, registros y estructuras muy distintos.

¿Qué hace de Las manecillas del recuerdo una novela diferente a otras del mismo corte? 

Para mí, una de las diferencias está en que no hay un protagonista único que arrastre toda la novela: el reloj es el que mantiene la continuidad. Puede pasar de una historia muy íntima a otra con humor negro, cambiar de época o incluso llegar a un futuro cercano, y aun así seguimos hablando del mismo objeto y de todo lo que ha ido acumulando. Dentro de ese mosaico hay también una historia de amor importante, pero está integrada en la vida de los personajes y no planteada como una etiqueta del libro. Me interesaba que cada historia pudiera sostenerse sola y que, al juntarlas, el lector entendiera algo distinto sobre el tiempo, la memoria y las personas que han llevado ese reloj.

¿Qué tiene de ti Las manecillas del recuerdo?

Tiene bastante de mí, aunque no sea una novela autobiográfica. Tiene mi forma de darle vueltas al tiempo, a las cosas pequeñas y a cómo un objeto corriente puede acabar cargado de historias porque ha pasado por determinadas manos. Y tiene también una parte muy personal en el sentido de que me obligué a escribir sin apoyarme en lo que ya había hecho antes. Quería probar voces, épocas y tonos distintos sin pensar todo el rato en qué género debía encajar. Probablemente es el libro en el que más me he permitido explorar y ver hasta dónde podía llevar una idea simplemente porque me interesaba.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de tus escritos?

En realidad no espero que aprendan nada. No escribo pensando en dar una lección ni en que el lector cierre el libro con una moraleja. Me gusta escribir para entretener: para que alguien pueda aparcar durante unas horas el trabajo, los problemas, las preocupaciones o simplemente el día a día y meterse en otra historia. Si después algo se queda rondando, estupendo, pero para mí ya es muchísimo que un libro consiga que durante un rato quieras estar en otro sitio y seguir pasando páginas.


 © David Porto Díaz.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Tengo terminada Dónde empieza la jaula, una novela inédita de fantasía contemporánea adulta con suspense, ambientada en una Pontevedra actual donde criaturas y portadores están sometidos a reglas que el resto de la población no tiene que cumplir. La protagonista, Noa, intenta llevar una vida normal hasta que una anomalía la obliga a acercarse precisamente al sistema del que siempre ha intentado mantenerse lejos. Ahora estoy moviendo el proyecto a nivel editorial. Después de Samuel entre mundos y Las manecillas del recuerdo me apetecía volver a lo fantástico, pero desde un lugar más adulto, cotidiano y cercano.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sobre todo, agradecer este tipo de espacios. Entre tanta comunicación rápida y tanta obligación de estar diciendo algo todo el tiempo, se agradece poder sentarse un rato, responder con calma y contar por qué haces determinadas cosas sin tener que convertirlo todo en promoción. Creo que entrevistas así siguen dejando un hueco para voces muy distintas y eso merece la pena. Y a quien le apetezca seguir lo que voy haciendo, en davidportodiaz.com voy reuniendo los libros, artículos, herramientas y proyectos que van saliendo. Gracias por dejarme charlar un rato.

Muchas gracias, David, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos de las letras, gracias por estar siempre atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva