sábado, 18 de enero de 2020

Reseña: HIJAS DEL NORTE, de Sarah Hall.


Título: Hijas del Norte
Autora: Sarah Hall
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Publica: Alianza Editorial
Páginas: 280
Precio: 18 € / 11,99 € (ePub)

¿Es el cambio climático un fenómeno imparable? ¿Va a producirse de forma gradual o, por el contrario, nos despertaremos un día encontrándonos con un cúmulo de desastres naturales tan estrepitosos que hagan que tengamos que replantearnos nuestra forma de vivir? ¿Y si en ese hipotético caso los gobiernos decidieran controlar a los ciudadanos, como si de prisioneros del sistema se trataran? Seguro que entonces tú, que lees esto, querrías escapar a un lugar que consideraras seguro, como hace Hermana, la narradora y protagonista de la exitosa novela de Sarah Hall Hijas del Norte: precisamente la obra que revisaremos en este artículo.
Tras el colapso que sobreviene tras las inundaciones en el país, la crisis energética y las guerras, el gobierno de Inglaterra decide, en un hipotético futuro, realizar una reorganización total, de manera que la población quedaría confinada en las ciudades y se llevaría a cabo un control estricto de la natalidad. Cansada de ser sometida a tan estricto dominio, la mujer a la que conoceremos como Hermana decide salir de su ciudad, Rith, dejando allí a un marido con el que hace tiempo que no se entiende, para ingresar de forma voluntaria en la granja de Carhullan, un lugar en el que las mujeres viven bajo las órdenes de Jackie Nixon, una de las fundadoras. Si bien la vida en la granja no es tan idílica como podríamos pensar en un principio, pronto Hermana se adapta a la rutina de estricto entrenamiento, poca higiene y menos intimidad, totalmente convencida de las ideas de Jacky. La cuestión es: ¿hasta dónde la hará llegar la fundadora del complejo?
Hermana, la narradora y protagonista de esta novela distópica y revolucionaria, es una mujer descontenta con la vida que la Autoridad, el gobierno de Inglaterra tras el colapso que hizo que todo en el país cambiara, la obliga a vivir. Es precisamente tras verse obligada a llevar un dispositivo de contracepción (no está permitido tener hijos) cuando Hermana comienza a prepararse para su huida hacia el norte. Allí no solo encontrará la granja de mujeres soñadas, sino un estilo de vida con el que se sentirá totalmente plena.
Hermana siente especial fascinación por las fundadoras de la granja de Carhullan, aunque al llegar solo se encuentra con una de ellas: Jackie Nixon. Jackie es una mujer fuerte que sabe que la armonía que ha creado en su granja puede romperse por culpa de la intromisión de la Autoridad, especialmente tras la muerte del rey. Es por ello que ha de preparar a sus mujeres para cualquier cosa y no tener piedad con las que decidan abandonar el clan.
Como otras interesantes novelas distópicas que ponen el foco en lo que le podría pasar a las mujeres en un futuro convulso, Hijas del Norte nos habla de la opresión que sentirían en un hipotético futuro los ciudadanos, especialmente las mujeres, de la falta de libertad en general y la rebelión por parte de las féminas, lo que no quita que esta sea una excelente novela original e impactante que dará que pensar sobre qué podemos esperar del futuro, de cómo podrían llegar los gobiernos a controlar a los individuos y de lo a tiempo que estamos todavía de cambiar tantos aspectos de nuestras sociedades. Dicho esto: ¿a qué esperas para emprender el viaje con Hermana hacia la granja de Carhullan y descubrir todo lo que te espera allí?
Cristina Monteoliva

© Alianza Editorial.




viernes, 10 de enero de 2020

Entrevista: JESÚS ARTACHO (III)


Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con las entrevistas de enero de 2020, esta vez con la que nos ha concedido Jesús Artacho en relación fundamentalmente a su último libro publicado, Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016), el cual podéis ver reseñado en el enlace:
         Nacido en 1986 en Cuevas Bajas y Licenciado en Filología Hispánica, Artacho compagina actualmente sus labores como bibliotecario con las de escritor. Ha publicado el libro de relatos El rayo que nos parta (2013) (en relación al cual le dedicamos una extensa entrevista, que publicamos en dos partes, y reseña el libro aquel mismo año en este blog) y el poemario Aproximación a la herida (Baile del Sol, 2016). Sus textos han sido galardonados en premios como el Nacional Villa de Periana, Málaga Crea, Albacete Joven…
         Podríamos dar más datos, pero queremos que veáis ya sus respuestas, así que, ¡a leer!:

Comenzaste a escribir Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016) mientras esperabas a que volvieran las musas. ¿No crees que lo que las musas querían era precisamente que escribieras este libro?
Ni idea de qué querían las musas. Ni siquiera de si me prestan algún tipo de atención. Ya se sabe: muchos son los llamados, y pocos los elegidos.

Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016)  es un dietario, un diario, un di(et)ario, en tus propias palabras cuya escritura te ha llevado varios años. ¿Pensaste desde el principio en que acabarías publicándolo?
Año y medio, concretamente. Al principio ni siquiera sabía si se acabaría convirtiendo en un libro o si el proyecto quedaría abortado, así que la publicación no era un horizonte seguro en un primer momento, si bien  siempre escribí con un hipotético lector en mente. 

La escritura autobiográfica tiene algo de catártico, de sanadora del alma. ¿Podría decirse que escribir este libro te ha servido de apoyo o terapia?
Me ha servido en ocasiones para asimilar un poco mejor lo vivido, para ayudarme a pensar con más claridad según ponía ciertas cosas por escrito.

¿Le darías algún consejo a alguien que te preguntara por cómo comenzar a escribir un libro de estas características?
Preferiría no hacerlo, que diría Bartleby.


© José Luis de la Torre.

¿Has pensado alguna vez en patentar el término lighteratura, mencionado en Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016)? Por cierto, ¿qué es para ti la lighteratura o literatura ligera?
La lighteratura puede estar muy bien o puede ser un horror, depende de lo que busquemos como lectores, o de lo que nos apetezca leer en cada momento, pero reconozco que se trata de un término más bien despectivo para designar a libros bastante mejorables. Como no deja de ser algo -en el fondo- subjetivo, podría darse el caso de que alguien encuadre en la sección de lighteratura a mi propio libro, y que el término se vuelva contra mí.

¿Por qué casi todos los personajes mencionados se llaman X?
Una forma como otra cualquiera de no mencionar a algunas personas por su nombre, pues a menudo la anécdota tiene sentido independientemente de quién la protagonice. Como en el dicho popular de “se dice el pecado, pero no el pecador”. Para las incógnitas tiro de X, Y, Z… En esto sigo un poco a Andrés Trapiello, cuyos diarios me entusiasman.

¿No crees que debería promocionarse más la zanahoria morada de Cuevas Bajas para que la gente visite más el pueblo? ¿Qué tal escribir un relato sobre ella?
No creo que se promocione poco, la verdad. Con el tubérculo se han elaborado una plétora de productos: mermeladas, vinagre, cerveza, ¡y hasta ginebra! Aunque nunca está de más seguir publicitando esta hortaliza, que se asocia, entre otros municipios, a Cuevas Bajas. En cuanto a la escritura de un relato, tal vez a ti te asista más la imaginación. Por mi parte, poco puedo aportar al asunto.

¿Y qué tal también lo de promocionar las lecturas poéticas veraniegas en la huerta? ¿No crees que podría tener sus adeptos entre los foráneos?
Esas lecturas poéticas, en la huerta de un paisano, se celebran a nivel privado, y tal vez sea el gusto del anfitrión que se sucedan tal cual. Igual si se convirtieran en algo multitudinario perderían su esencia y parte de su encanto, ¿no crees?

¿Qué ha sido lo que más te ha costado escribir de este libro?
No sabría decir. A fuerza de trabajo, todo acaba aflorando sobre el papel en blanco.


© José Luis de la Torre.

¿Y cuál ha sido el sitio más raro en el que te has parado para escribir una anotación en el cuaderno en el que escribías las entradas originariamente?
Quisiera matizar que algunas entradas del diario nacían en el cuaderno y luego se alargaban o modificaban en el ordenador, pero que otras emergían directamente en el medio informático sin siquiera pasar por la fase manuscrita. Y en cuanto al sitio más raro, lamento ser un poco soso, porque no recuerdo ningún emplazamiento demasiado especial.

De camino a la imprenta o una vez publicado ya el libro, ¿te has arrepentido de algo de lo dicho?
Hasta la fecha no, aunque entiendo que no todo lo que digo va a ser del gusto de todos.

Y si pudieras volver la vista atrás, ¿añadirías alguna entrada más a este volumen?
No.

Te has atrevido con un libro de relatos, uno de poemas y ahora con un dietario. ¿Crees que en algún momento pensarás en escribir una novela?
Ahora mismo no tengo la más mínima intención, pero ignoro si en algún momento me lo plantearé.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016)?
No sé. Un poco de humanidad, tal vez.

¿Para cuándo la publicación del volumen que continúa a Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016), pues me consta que existe?
Me parece un poco prematuro aventurar una fecha. Me temo que tendrán que pasar algunos años todavía para que llegue ese momento.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Tengo acordada con una editorial la publicación de un nuevo poemario, que si todo va bien verá la luz en 2020.

Antes de finalizar esta entrevista, ¿hay algo que te gustaría añadir?
Agradecería la atención prestada, si alguien se digna a dedicarle tiempo a  esta entrevista, o incluso a leerse el libro. Y ya puestos, como estamos a 31 de diciembre, le desearía un feliz año nuevo a toda la gente de bien.

Pues muchas gracias, Jesús, por tu tiempo, tus palabras, tus fotos y tu felicitación de año nuevo. Esperemos que muchos lectores se interesen por Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016) y pronto podamos leer el segundo volumen. Asimismo, espero que tu poemario sea también un éxito y que el año 2020 esté lleno de musas.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias una vez más por estar al otro lado de la pantalla.
Cristina Monteoliva

Reseña: RASGAR ALGO DE VIDA. DIARIOS (2014-2016), de Jesús Artacho.


Título: Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016)
Autor: Jesús Artacho
Publica: Fuente Clara Ediciones
Páginas: 209
Precio: 10 €

Existen muchas formas de abordar la escritura autobiográfica, tal y como estamos aprendiendo (al menos yo sí) con el auge, en los últimos años, de este tipo de narraciones. Hoy vamos a hablar de una muy particular: la del di(et)ario, un original híbrido entre diario y dietario, de Jesús Artacho titulado Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016).
Imaginemos a un joven escritor al que las musas han abandonado después de escribir un buen número de poemas y relatos. Ahora pensemos en nuestro autor cogiendo un cuaderno y comenzando a escribir sobre su vida, todo lo que le pasa en su interior y cuando se relaciona con los demás en casa o por las calles de su pueblo. Pasa el tiempo y nuestro hombre piensa que las musas siguen sin llegar. Sin embargo, en mi opinión, las musas lo que querían era precisamente que, durante algún tiempo, se dedicara a hablar de películas, libros, citas de autores, personajes de su pueblo, pensamientos íntimos, ocurrencias graciosas, etc. Que narrara sobre él mismo, en definitiva, ya no solo para darse a conocer una vez que publicara este libro, sino también para llegar a conocerse él mejor a sí mismo y, en cierta medida, encontrar la paz en medio de la tempestad que a veces puede ser su propia mente.
Como el propio título ya indica, Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016) nos habla de tres años en la vida de Jesús Artacho, autor premiado en numerosos concursos literarios que anteriormente había publicado la antología de relato El rayo que nos parta y el poemario Aproximación a la herida. Los éxitos en los concursos no se le han subido a la cabeza a Artacho, como podemos fácilmente comprobar a lo largo de estas páginas donde no hay anotaciones de fechas por días más allá de los años en los que se encuadran las distintas entradas. Muy al contrario, nuestro autor sabe que todo puede ser muy relativo en el mundo literario, y él muchas veces no se siente con todas consigo. Sea como sea, con musas o sin ellas, Artacho escribe porque no sabe hacer otra cosa: sobre las películas que va a ver al cine y los curiosos individuos que en la sala encuentra, las veladas poéticas veraniegas en una huerta de su pueblo (Cuevas del Campo), las anécdotas que le cuentan sus padres, su relación con su hermana, los personajes pintorescos del pueblo, sus vivencias como bibliotecario, todo aquello que en el pasado le ha producido cierto hastío, sus anhelos, sus esperanzas, reflexiones más hilarantes…
Artacho nos ofrece citas de sus autores favoritos que se entremezclan con sus propios haikus y aforismos. Nos habla en un momento de cuestiones de lo más intelectuales para enseguida relatarnos un hecho cotidiano acontecido en su día a día, siempre dotándolo de una luz que hará que a todos nos parezca algo extraordinario. Se pierde en sus pensamientos, a veces lleno de desasosiego e incertidumbre, para salir de ellos con renovadas esperanzas. En definitiva, Artacho vive y nos hace compartir sus vivencias de una forma inteligente, amena y, muchas veces divertida.
Como suele pasar a menudo, Rasgar algo de vida. Diarios (2014-2016) es un proyecto que comenzó como una distracción para convertirse rápidamente en un interesante volumen tan humilde y cercano como lleno de verdad y buenas letras. Un libro con el que el lector se entretendrá, reflexionará y conocerá, como decía al principio, a su autor, un escritor de talento que no se rinde, le acompañen o no las musas en su camino.
Cristina Monteoliva


© Cristina Monteoliva.

martes, 7 de enero de 2020

Entrevista: VÍCTOR AMELA.


Queridos amigos de La Orilla de las Letras:

la primera entrevista que publicamos en este 2020 es la que hemos tenido el placer de hacerle a Víctor Amela para hablar, entre otros muchos temas, de su última novela publicada, Yo pude salvar a Lorca, cuya reseña podéis encontrar en:
Victor Amela, decano de la crítica televisiva en la prensa, es el cocreador de la sección La contra en el diario La Vanguardia, además de colaborador del programa de televisión Aruseros de La Sexta. Como escritor, ha publicado, siempre en Ediciones Destino, El cátaro imperfecto, Amor contra Roma, La hija del capitán Groc y Yo pude salvar a Lorca.
Dicho esto, os dejo ya con las interesantes respuestas del autor. ¡A LEER!:

¿Qué fue antes: la vocación periodística o la de ser escritor?
Van juntas. Me gustaba leer. Y me atrajo un oficio que integra la lectura y la escritura para narrar historias, y la curiosidad y el descubrimiento. Esta inclinación (y la fantasía de ser Tintin) me condujo al periodismo, ya que lo de ser escritor me parecía demasiado inalcanzable, por el respeto que sentía por los grandes escritores de todos los tiempos.

En la ficha biográfica de Víctor Amela de Ediciones Destino, imagino que escrita en 2018, año en el que se publicó Yo pude salvar a Lorca, tu última novela publicada, dice que entonces llevabas más de dos mil cien entrevistas publicadas. Se me ocurren muchas preguntas al respecto, pero como vamos a centrarnos en tu faceta como escritor, solo haré una: ¿qué te preguntarías a ti mismo si fueras tu propio entrevistado?
Publiqué mi última novela (después de otras tres), Yo pude salvar a Lorca, el 1 de diciembre de 2018: lleva más de un año viva en librerías, ¡y eso me enorgullece! Mi trabajo como periodista consiste en entrevistar, y ahora llevo unas 2.200 entrevistas publicadas en la contraportada del diario “La Vanguardia”. Me preguntaría algo que siempre pregunto a mis entrevistados: “¿Qué estampa de tu niñez te viene a la memoria?” Y respondería: “estoy sentado en un silloncito de casa de mis padres con una pila de tebeos pegada al cuerpo, leo y soy feliz”.


© Víctor Amela. Juan Bonilla y su nieto Víctor Amela.

Como escritor, ¿siempre supiste que lo que más te interesaba era la novela histórica?
Teniendo a mano la realidad y sus historias no necesito inventar demasiado. La realidad me resulta sobradamente cautivadora: me fascinan sucesos del pasado, con sus zonas de penumbra. Bien contada, cualquier historia pretérita se convierte en una buena novela. El pasado siempre me ha atraído, y hay historias que piden ser contadas, bien contadas, con todos los resortes y recursos narrativos de la novela, para mí insuperables.

¿Sobre qué tema de la historia no escribirías nunca?
Escribiría sobre cualquier asunto, personaje, periodo, lugar, suceso... pero únicamente si me atrapa profundamente por algo. Si no, no. He novelado las peripecias de un grupo de fugitivos de la herejía cátara en la Edad Media en Morella, he novelado la Roma en la que se enfrentaron el emperador Augusto y el poeta Ovidio, he novelado la lucha de un guerrillero carlista levantino de 1840...: en cada caso latía una historia que me enamoraba. Y he escrito Yo pude salvar a Lorca para contar una historia muy íntima y personal y, a la vez, de resonancia universal.

En esta entrevista vamos a hablar fundamentalmente de Yo pude salvar a Lorca, una novela cuyo germen primigenio podríamos decir que surgió una noche de los años sesenta en la que tu abuelo, Juan Bonilla, te dijo, tras ver a Luis Rosales en televisión, que él pudo haber salvado al gran escritor granadino. Por entonces, Víctor Amela, creo que se interesaba más por otras lecturas que no tenían nada que ver con Lorca. ¿Cuáles en concreto?
Juan Manuel Bonilla Jiménez, mi abuelo, de Torvizcón (La Alpujarra, Granada, 1906-Barcelona, 1990) era poco hablador. Pero un día mencionó a Luis Rosales. Y esa noche mencionó otro nombre: Lorca. “Yo pude salvar a Lorca”, dijo, en su cerrado andaluz. Era 1970, yo tenía sólo diez años y no entendí qué había querido decir. Por entonces yo leía tebeos (“El Jabato”, “Capitán Trueno”, “Hazañas Bélicas”, “TBO”, “Pulgarcito”, “DDT”...),  las novelas de Enid Blyton como “Los siete secretos”, “Los cinco”, otras como “Los tres investigadores”... y empezaba con las de Julio Verne (“La isla misteriosa”), Stevenson (“La isla del tesoro”), Mark Twain (“Tom Sawyer), e historias del Tíbet, y Thor Heyerdahl y su “Kon Tiki”...

Yo pude salvar a Lorca, novela que comenzaste a escribir tras la muerte de tu abuelo, habla sobre la biografía del mismo y tu familia (tanto la materna como la paterna), los últimos días del poeta, la Guerra Civil, el exilio, la posguerra… ¿Pensaste desde el principio tratar tantos temas en esta novela o fueron surgiendo conforme le dabas a las teclas del ordenador?  
Daba vueltas desde hacía tiempo a la idea de escribir algo sobre mi abuelo y Lorca, en la Granada sublevada de 1936, pero no sabía cómo encararlo. Cuándo me enteré, hace tres años, por mi tío Antonio (hermano mayor de mi madre) que mi abuelo se dedicaba a pasar gente clandestinamente de la zona republicana a la sublevada, entendí el encuadre y el foco: el drama de un hombre que se compromete en un plan, y todo falla. Planifiqué un esquema. Luego, mientras escribes, se te aparecen rocas en el camino, y túneles y puentes, y desvíos y atajos, y tomas decisiones narrativas, según te pide la trama. Se trata de dejar dichas las cosas fundamentales que querías decir, con más o menos detalle, y que el armazón resista.

Con respecto a ese tono tan cercano y poético, ¿te costó descubrir que era el apropiado para la historia o salió solo desde el principio?
Mejoré el tono cuando tenía ya mediada la novela: descubrí una mañana (hablando conmigo mismo mientras me duchaba) que me apetecía dirigirme al lector sin máscaras, recordarle que lo que está leyendo es una novela... pero que esta novela la escribe uno (yo) que tiene sus profundos motivos personales para escribirla. Era arriesgada esta combinación, pero me lancé (pensando que mi editor me reñiría: no fue así, al contrario). Y me felicito del resultado, porque encaja con lo que soñaba conseguir.

©Victor Amela. El autor en la casa de Federico García Lorca en Valderrubio (Granada).

¿Cuánto tiempo tardaste en escribir una novela tan compleja como Yo pude salvar a Lorca?
Empecé a escribirla, sin saberlo, a los 10 añitos, cuando mi abuelo mencionó a Rosales y a Lorca en su pisito aluminósico del barrio de la Trinidad Nueva, en el extrarradio de Barcelona, en 1970. Y seguí escribiéndola el resto de mi vida... pero sin saberlo tampoco. Empecé a pensar en escribir algo respecto de mi abuelo hará unos quince años, cuando le conté la escena de la comida de Año Nuevo de 1980 a un hispanista inglés... Y me dijo, atónito: “Pero... con estas historias que tenéis en todas las familias españolas, ¡¿¡¿por qué no escribís más novelas?!?!” Le asombró la coincidencia de que mi tío paterno y mi abuelo materno acabasen la guerra en el mismo sitio, sin conocerse, y que lo descubriesen al romper yo sus silencios con una pregunta mía en aquella comida, ¡41 años después de los hechos! Me di cuenta de que tenía razón Jason Webster (así se llama el hispanista inglés): ese día sentí que quería contar esa historia en una novela, que no quería llevármela a la tumba conmigo. Pero la vida nos distrae, y me puse  trabajar en ella en serio hace sólo tres años.

Esta es una historia de subtramas que giran alrededor, de una forma u otra, de la figura de Lorca, y en la que aparecen un gran número de personajes interesantes. ¿Cuántos de ellos son reales y cuántos los has creado para contar lo que querías al lector?
Todos los personajes son reales, a excepción de dos: los niños Palmira y Jacinto (construidos a base de historias reales del Albaicín que he recogido al documentarme). Incluso la prima de Lorca (madre de Palmira) ¡existió realmente! y decía lo que cuento que decía, y la mataron también. Al maestro de escuela que enseñó a leer a mi abuelo en la guerra (¡esto me lo contó mi abuelo!) le he dado el nombre de Justo Garrido y le he construido una peripecia después de la guerra: la cruzo con el barrio de mi tío y mi padre (que sí tuvo un profesor de refuerzo al acabar la guerra...). Eso mismo hago con ese amigo de Agustín Penón (personaje real) llamado Manuel Fernández: sé de él que firmó y dedicó un ejemplar del “Romancero gitano” a Agustín (se conserva), y sobre eso le construyo una biografía mortificada por la homosexualidad, sabiendo yo que Penón era homosexual (lo que en parte debió de alimentar su pasión por Lorca).

Volviendo a la documentación, ¿qué dato encontrado, hecho o anécdota te sorprendió más cuando te estabas preparando para escribir esta novela?
¡Muchísimos! Supe de la existencia de los “niños de la noche”, y de los hermanos Quero del Albaicín; de la prima de Lorca con la que iba a los “saraos” del Sacromonte; de los crímenes de las “escuadras negras” en Granada, y cómo asesinaban, se iban de putas y agitaban en vasos de cristal los casquillos de bala de sus tiros de gracia de esa madrugada; lo del gitanillo andaluz que enseñó a Leonard Cohen  a tocar la guitarra; y cómo Luis Rosales salvó la vida a amigos  comunistas poniéndoles camisas de Falange; y que mi abuelo se afilió a la Falange de Granada el 14 de agosto, justo cuando Luis Rosales registraba a los voluntarios; cómo el joven Narciso Perales salvó la vida de Luis Rosales; y que nunca apareció el cuerpo de Joaquín Amigo, despeñado en Ronda; y que el poeta Luis Felipe Vivanco pudo ser degollado en una trinchera una noche; y el delirio amoroso de Emilia Llanos… y, en fin, que pudo suceder con los restos mortales de Federico García Lorca.

© Cristina Monteoliva. Presentación de Yo pude salvar a Lorca en el Palacio de los Condes de Gabia en Granada el 4 de diciembre de 2019.

Con respecto a Lorca, ¿crees que de verdad habría habido forma de evitar el cruel desenlace?
Decía Antonio Machado que le resultaba increíble y odioso que nadie en Granada hubiese podido salvarle la vida a su querido Federico García Lorca. Machado no podía saber que sí, que un hombre lo intentó: Luis Rosales. Falló por cinco horas. Y a Rosales le ayudó mi abuelo, que me dijo lo que me dijo por eso. De haberse cumplido su plan, a Lorca lo hubiesen colocado en zona republicana: quizás hubiese embarcado hacia México... o no. Lorca, por su celebridad, o su familia y amistad con el socialista Fernando de los Ríos, era una pieza mayor  en  sangrienta cacería que era Granada, sólo huir de Granada le hubiese salvado, y él no quería irse...

¿Crees que te ha faltado algo por contar en esta novela?
Sólo un detalle de un sombrío lirismo, por trágico pero elocuente, un detalle que he conocido después de publicada la novela: al acabar la guerra,  las familias de Granada que tenía en casa todavía algún ejemplar del “Romancero gitano” o de alguna otra obra de Lorca..., ¡lo quemaron! Llamas de terror devoran poemas maravillosos: negra estampa, medieval, que expresa cómo el pisotón de una guerra civil destruye el espíritu.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Yo pude salvar a Lorca?
Una mirada compasiva hacia personas buenas que se vieron arrastradas por el momento y la guerra a sitios que no hubiesen querido... Y de ahí venimos todos: quiero propiciar que cada lector mire a su propia familia y escuche sus silencios. Que entienda de qué silencios viene. ¡Y que vea qué es la maldad!: dañar a un tercero por sacar algún provecho personal. Así como la bondad: beneficiar a otro aún a riesgo de la propia vida.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
El próximo marzo publicaré un libro de testimonios: ¡Nos robaron la juventud!, que reconstruye mediante un diálogo imaginario con mi tío José (muerto en 2005) el drama de los chavales de 17 y 18 años que en el año 1938, durante la guerra civil, fueron enviados a combatir en la batalla del Ebro, cómo a él le sucedió. He reunido en este libro 25 testimonios espectaculares. Y durante el año 2020 se conmemora el centenario del nacimiento de esos chicos... Y algunos aún sobreviven: cumplen 100 años, ¡y merecen todos los homenajes!

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Nada me complace y emociona más que un lector de mi novela cuándo me dice: “mi corazón ha empatizado y entendido”. He querido hacer  entender qué pasó en aquella Granada y cómo venimos de ahí... Y, sobre todo, que sólo la amistad, la bondad, la poesía, la belleza y el arte pueden salvarnos por dentro incluso cuando todo está perdido por fuera. ¡Gracias por leerme!
@amelanovela

Muchas gracias a ti, Victor, por rendir tan merecido homenaje a los que sufrieron, llegando incluso a perder la vida, por culpa de la Guerra Civil tanto en tu novela Yo pude salvar a Lorca como en este nuevo libro que pronto conoceremos, ¡Nos robaron la juventud! Asimismo, desde este espacio te agradecemos tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales para ilustrar esta entrevista.
         Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar una vez más al otro lado de la pantalla.
Cristina Monteoliva




domingo, 5 de enero de 2020

Reseña: LA CASA HOLANDESA, de Ann Patchett.


Título: La Casa Holandesa
Autora: Ann Patchett
Traducción: Carmen Francí Ventosa
Publica: AdN Alianza de Novelas
Páginas: 392
Precio: 18 € / 9,99 € (ePub)

Los seres humanos somos capaces de obsesionarnos con gran diversidad de asuntos y cosas: la época del colegio o el instituto, el chico o la chica que alguien dejó escapar, el negocio que fue mal... O una casa. La casa en la que alguien creció y que, en algún momento, le fue arrebatada. Esta, la de su casa de la infancia de la que fueron expulsados bruscamente, es la obsesión de Maeve y Danny, los chicos de la interesante novela La Casa Holandesa, de Ann Patchett. Si quieres saber más sobre estos hermanos antes de decidirte a leer su historia de una vida, no tienes más que seguir leyendo esta reseña.
Cuando Danny tenía tres años y su hermana Maeve once, su madre se fue a La India para ayudar a los más necesitados. Nunca volvería a por sus hijos. La Casa Holandesa, la mansión que Cyril, su marido, le comprara a las afueras de Filadelfia con el dinero amasado en sus negocios inmobiliarios, se había convertido para ella en una auténtica pesadilla. Cinco años más tarde, aparecerá en la vida de la familia Andrea, una mujer que parece más enamorada de la casa que de Cyril. Si bien los niños nunca llegan a congeniar con la novia de su padre, la relación se agrava cuando el progenitor decide casarse con Andrea y esta lleva a vivir a sus dos hijas pequeñas a la mansión. La muerte de Cyril a causa de un infarto precipita la salida de Danny y Maeve de la casa. Durante toda su vida, Maeve soñará con volver a la mansión mientras Danny solo quiere dedicarse al negocio inmobiliario, como su difunto padre. ¿Podrán los chicos perdonar en algún momento a las personas que les hicieron daño en el pasado y volver, tal vez, a la Casa Holandesa?
Danny, el narrador y uno de los protagonistas de esta historia que cuenta la vida de una familia a lo largo de varias décadas, era un niño de apenas tres años de edad cuando su madre, Elna, decidió que la Casa Holandesa la asfixiaba y debía alejarse de ella para ocuparse de los más necesitados en La India. Maeve, sin embargo, ya tenía once años, por lo que no solo recordaría a su madre a la perfección, sino que el disgusto la haría contraer diabetes. Una vez recuperada de la crisis inicial, Maeve se encargaría de hacer de madre de Danny, si bien el chico también tendría el afecto de Sandy, el ama de llaves, y Jocelyn, la cocinera. Cyril, será un padre distante que, sin embargo, llevará a Danny todos los sábados a cobrar los alquileres de los inquilinos y hacer pequeños arreglos en los pisos alquilados.
Cyril le regaló la Casa Holandesa, llamada así porque sus primeros dueños eran holandeses, a Elna, su primera esposa. Será Andrea, la segunda, sin embargo, la que se enamore de la mansión, hasta el punto de llegar a echar a Danny y Maeve de la misma cuando Cyril muere. Danny, como veremos en la narración, conseguirá sobreponerse al trauma mientras que Maeve no dejará de pensar en la casa hasta el día de su muerte.
Los años pasan y vemos cómo los hermanos salen adelante. Danny llegará a casarse y tener hijos. Maeve, soltera, será feliz en su trabajo. De vez en cuando, ambos volverán a apostar el coche de Maeve ante la casa, a la espera de que algo suceda.
Si bien los personajes principales, Danny y Maeve, están muy bien dibujados en las páginas de esta novela, tampoco podemos desmerecer a los secundarios, todos ellos girando alrededor de ellos: Cyril, el padre que quiere a sus hijos a su manera particular; la fría Andrea y sus inocentes hijas, Norma y Bright; Fiona, más conocida como Peluche, la niñera que fue misteriosamente despedida; Sandy y Jocelyn, las hermanas y mujeres del servicio que tanto querían a los niños; Elna, esa madre que se fue para ayudar a los necesitados y de la que todo el mundo habla tan bien, a pesar de haber dejado atrás a sus hijos…
La Casa Holandesa, en definitiva, es una gran novela que nos habla sobre la alternancia de los ciclos de pobreza y riqueza en una familia, la fuerza de voluntad para salir delante de sus miembros más jóvenes, lo mucho que les dolía su pasado y la necesidad de perdonar a todos los que les hicieron daño. Esta historia, además, nos invita, gracias a las distintas versiones que los personajes ofrecen de los hechos del pasado, a reflexionar sobre lo que es verdad y lo que queremos que lo sea, y sobre todo aquello que, visto desde una perspectiva distinta, adquiere un significado diferente. Dicho esto, la pregunta es: ¿quedarás tú también embrujado por la Casa Holandesa una vez que te decidas por esta lectura?
Cristina Monteoliva


© Cristina Monteoliva.

sábado, 4 de enero de 2020

Reseña: TIERRA DE AMOR Y RUINAS, de Oddný Eir.


Título: Tierra de amor y ruinas
Autora: Oddný Eir
Traducción: Fabio Teixidó
Publica: Sexto Piso
Páginas: 214
Precio: 21,90 €

Hay personas que experimentan, al menos en un momento de su vida, la necesidad de encontrar su lugar en el mundo. Un mundo, el nuestro, cada vez más complejo, más lleno de posibilidades. ¿Hay que mirar al pasado o al futuro para encontrar ese espacio personal de cada uno? ¿Dónde reside el verdadero hogar? ¿Qué papel juegan nuestros familiares y amigos en esta búsqueda? Estas y otras preguntas son las que podríamos hacernos antes, durante y después de emprender la lectura de Tierra de amor y ruinas, la original novela autobiográfica de Oddný Eir, publicada en 2001 que resultó finalista del Premio de Literatura de Islandia y ganadora tanto del Premio Islandés de Literatura de Mujeres como del Premio de Literatura de la Unión Europea. Si quieres saber algo más sobre este libro antes de decidirte por su lectura, no tienes más que seguir leyendo esta reseña.
Oddný era una mujer en la treintena cuando se divorció. También su hermano se había divorciado recientemente. La buena relación entre ambos les llevaría a vivir juntos durante un tiempo, a pesar de que Oddný ya tenía una nueva relación. Más tarde, Mochuelo, la pareja de Oddný y ella decidirán vivir juntos. El problema es que no sabían dónde hacerlo. Las mudanzas se sucederían, así como los distintos viajes tanto por Islandia como por otros países de Europa. Los dos se querían, pero también necesitaban su espacio personal. Un espacio que parecía complicado de encontrar, teniendo en cuenta la compleja personalidad de nuestra escritora, una mujer interesada por la literatura, las casas museo de escritores famosos, la naturaleza, las tradiciones la arqueología, el pasado de Islandia, la política de su país, (entonces saliente de la fuerte crisis económica que tan duras consecuencias tuvo para los islandeses), entre otros muchos temas. ¿Encontrará finalmente nuestra autora el verdadero hogar?
Este es el diario de Oddný, también llamada Osita por sus seres queridos. Al principio de la narración, Oddný es una escritora que se acaba de divorciar. Aún es joven y tiene esperanzas en el amor. De hecho, pronto encuentra una nueva pareja: Mochuelo. Mochuelo es un ornitólogo inteligente con el que Oddný quiere compartir su vida. El problema es que no sabe dónde quiere vivir con él. Cuando lo intenta, la convivencia se vuelve cuesta arriba. Convencida de que en algún lugar tiene que estar el rincón perfecto en el que ambos puedan asentar las bases de un hogar definitivo, Oddný emprende un largo viaje tanto por su país, Islandia, Francia e Inglaterra, como por su complicado mundo interior.
Búho, el hermano de Oddný es arqueólogo. Los hermanos mantienen una estrecha relación, como veremos a lo largo de este poético y reflexivo diario. Gracias a él, Oddný conocerá interesantes yacimientos arqueológicos y se preguntará por las costumbres de otros tiempos.
¿Eran mejor las cosas antes o ahora? Oddný piensa continuamente en ese pasado del país, en el que personas como sus abuelos vivían más en sintonía con la naturaleza, al tiempo que lucha contra los que intentan explotar al máximo los recursos. Pero, ¿tendría que buscar una forma de vida como la del pasado o más acorde con nuestros tiempos?
Tierra de amor y ruinas, en definitiva, es una novela autobiográfica única a manera de diario cuya lectura nos invita a intentar comprender la complicada personalidad de una mujer en continua búsqueda de su lugar en el mundo al mismo tiempo que nos descubre los lugares históricos de Islandia, el pasado del país, las costumbres de su pasado y su presente, etc. Un libro muy enriquecedor, por tanto, que está esperando a que lo descubras. ¿Te atreves a emprender este viaje de autodescubrimiento?
Cristina Monteoliva


© Cristina Monteoliva.


Reseña: YO PUDE SALVAR A LORCA, de Víctor Amela.


Título: Yo pude salvar a Lorca
Autor: Víctor Amela
Publica: Destino
Páginas: 496
Precio: 20 € / 8,99 € (ePub)

Muchas son las incógnitas que giran alrededor de la muerte de Lorca: ¿dónde acabaría su cuerpo, si al abrir la fosa del barranco de Víznar no fue encontrado? ¿Es posible que sobreviviera al fusilamiento y que muriera años después, con otra identidad? Pero, ¿y si hubiera podido salido de Granada antes de que lo apresaran? ¿Y si alguien hubiera podido salvarle y no pudo porque los villanos de la historia se adelantaron? Alguien como Manuel Bonilla, el abuelo de Víctor Amela, el autor de Yo pude salvar a Lorca: la novela de la que hablaremos a continuación.
Manuel Bonilla es un inmigrante andaluz afincado en Barcelona con un nieto muy callado, de nombre Víctor, que gusta de pasar los fines de semana leyendo en casa de sus abuelos maternos. Una noche a principio de los años setenta, tras aparecer Luis Rosales en un telediario, Manuel le dirá a su nieto dos cosas que dejarán al chico tan intrigado como sorprendido: la primera, que Rosales era su amigo; la segunda, que él pudo haber salvado a Lorca. Años después, tras la muerte de su abuelo, Víctor viajará a La Alpujarra para conocer sus raíces. Tras averiguar bastante sobre ese abuelo del que apenas supo unos cuantos datos en vida, acabará escribiendo esta novela de prosa poética y enorme sensibilidad que va mucho más allá de aquella declaración que hiciera el anciano tras ver a Luis Rosales en televisión.
Esta historia comienza en La Alpujarra granadina. Allí, el pastor Manuel Bonilla vive con su familia en el cortijo de Las Puertas. Al igual que la mayoría de los habitantes de la zona,  Bonilla es un hombre pobre y muy creyente. La rabia por el asesinato del obispo de Guadix al comienzo de la Guerra Civil por parte de la facción más exaltada del bando republicano llevará a Bonilla y sus amigos a alistarse en el bando contrario. Su misión sería la de llevar desde La Alpujarra, en la zona republicana, a la ciudad de Granada, en el bando nacional, a todo aquel que corriera peligro. Lo contrario también era posible, pues Bonilla al final no creía en bandos, sino en las personas de buen corazón. Por eso, cuando su amigo Luis Rosales, el poeta que hubo de alistarse en el bando nacional para que su familia no corriera peligro, le pidió que le ayudara a sacar a Lorca de Granada, no se lo pensó dos veces. Por desgracia, aquello no fue posible: Lorca fue apresado en la casa de Luis Rosales antes de que sus amigos le facilitaran la huida.
Esta novela nos habla de la historia real (aunque ficcionada en parte) de Manuel Bonilla y su familia, de su implicación en la cruel guerra que separó a los españoles, de los amigos que hizo durante la misma y de la vida que tuvo después de ella, primero como militar; más adelante, como inmigrante en Cataluña. Pero también de la vida de otros personaje, como Josep Amela, el tío de Víctor Amela, un hombre que tras combatir en la batalla del Ebro e intentar no ir más al frente, acabaría encarcelado en Cádiz, en el mismo presidio que vigilaba Manuel Bonilla; Luis Rosales, aquel poeta que admiraba a Lorca y cuya muerte le pesaría toda la vida; Emilia Llanos, la musa de Lorca, aquella mujer adelantada a su tiempo que se codeaba con lo más granado de la cultura española; Agustín Penón, otro gran admirador de Lorca, en este caso, catalán, que tuvo que huir a Costa Rica, primero, y a Estados Unidos, después, y que solo volvió a España para investigar qué pasó con el cuerpo de Lorca una vez fusilado; Justo Garrido, el maestro republicado que salvara Manuel Bonilla a cambio de que le enseñara a leer y que acabaría fusilado por culpa de Manuel Fernández, un personaje relacionado con Agustín Fernández y con una joven granadina de nombre Palmira; Palmira y Jacinto, dos niños que se conocerían en el Albayzín durante la guerra y cuya amistad, a pesar de la distancia del tiempo, acabaría durando toda la vida… Y muchos más, todos ellos orbitando alrededor de la figura de Lorca, de su humanidad y la grandísima obra que nos dejó como legado.
Yo pude salvar a Lorca, en definitiva, es una interesante y poética novela que nos hace viajar a la guerra que separó en bandos distintos a las personas de este país, a la España del exilio, a la de la migración a Barcelona y, al final, al mundo de todos los que amaron, aman y amarán la figura de Lorca, un hombre de gran carisma que dejó una obra literaria rica y extensa y cuyo recuerdo perdurará siempre. Adéntrate ahora en estas páginas para conocer los últimos días de Lorca, el porqué de su muerte y las vidas de tantos personajes cuyas historias tampoco deberían ser olvidadas.
Cristina Monteoliva


© Cristina Monteoliva.