miércoles, 28 de octubre de 2026

Reseña: MUERTE A LOS BILLONARIOS, de Anders Lustgarten

 


¿Os acordáis de cuando hablábamos a todas horas de Greta Thunberg, aquella joven activista capaz de sacarnos a todos los colores por nuestra pasividad ante lo que le está ocurriendo al mundo? Para algunos, su paso a la acción parecía un tanto radical, cuando lo que hizo fue lo que muchos no se atrevieron. Pero, ¿y si de pronto surgiera una activista que de verdad se planteara cruzar todas las líneas rojas? Alguien como Kayla, la protagonista de la incendiaria novela Muerte a los billonarios, de Anders Lustgarten, de la que hablaremos en esta reseña.

Kayla Connolly es una joven australiana de catorce años con una inteligencia extraordinaria. Lo que le falta, sin duda, es paciencia. La poca que tenía se agota cuando ve arder el bosque en el que siempre fue feliz. Dispuesta a ir al origen de todos los problemas en el mundo, especialmente los sociales y medioambientales, la chica se alía con Stephen Poliata, un polinesio igualmente harto de todo. Juntos se embarcarán en una importante misión: acabar, literalmente con los billonarios del planeta, empezando por los australianos. ¿Hasta dónde les llevará su descabellado plan?

Tengo una teoría sobre este libro: Anders Lustgarten, su autor, quería escribir un ensayo sobre la verdad de los problemas en el mundo, según su punto de vista (o no). Pero los ensayos no los lee tanta gente. ¿Por qué no entonces meterlo todo en una novela? Las novelas son populares. Y, además, en ellas se puede jugar con la realidad y la ficción, de manera que es posible llegar a traspasar ciertos límites. De hecho, si lo haces, llamas más aún la atención y tu novela puede llegar a más lectores. Y entonces tus ideas, tus teorías, todo lo que tú sabes o crees saber, tiene más calado.

Y así, siempre según mi teoría, es como llegamos a Muerte a los billonarios, una historia contada a través de varios narradores, tanto en tercera como en primera persona, que nos habla del mundo en el que vivimos, de una niña muy cabreada y de un plan muy radical para hacer que las cosas mejoren.

Nuestra protagonista y narradora principal de Kayla Connelly, una chica demasiado inteligente para su comunidad australiana, por lo que ha tenido que formarse por su cuenta durante años. Si bien nuestra joven sabe de los problemas del mundo desde hace tiempo, especialmente los medioambientales, no es hasta que un incendio acaba con su bosque favorito cuando decide tomar cartas en el asunto. Mientras nos cuenta todos sus pasos, nos habla también de todos esos temas peliagudos de los que es conocedora, de tal forma que en algunos momentos pareciera que estamos ante un ensayo.

También nos encontramos discursos a manera de ensayo en las partes del libro en las que no aparece Kayla. Y así es como volvemos a mi teoría.

Cumbres del clima a la que los mandatarios llegan en aviones privados que contaminan a porrillo, personas con buenos empleos que no pueden conseguir alquilar una casa decente, millonarios que quieren que creas que el problema ambiental lo causas tú por no reciclar una botella de plástico… Nuestro mundo, desde luego, está patas arriba y el mensaje de Kayla, o sea, de Anders, es claro: la inacción te convierte en culpable.

Pero esto es, al final, una novela. El mensaje está ahí, pero hay que adornarlo con acción, mucha acción, momentos totalmente irreverentes y escenas difíciles de olvidar. Y, en eso, también Muerte a los billonarios cumple. Así que si además de cierta consciencia social y medioambiental quieres pasar un rato de lo más entretenido, este es, sin duda, tu libro. ¿Te atreves a comprobarlo?

Cristina Monteoliva

martes, 27 de octubre de 2026

Entrevista: JOSÉ ANTONIO SABINO

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos nuestro camino hacia el fin del mes de octubre con la entrevista que nos ha concedido José Antonio Sabino. Podéis leerla a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Fue hace aproximadamente ocho años, cuando tenía 36. Mi madre había fallecido el año anterior y, entre las muchas cosas que me transmitió a lo largo de su vida, estaban la pasión por la lectura y una manera profundamente espiritual y reflexiva de entender el mundo.

Ella había publicado un poemario y dejado numerosos poemas inéditos. Mi hermano y yo pensamos que una hermosa forma de honrar su memoria sería reunirlos y publicarlos. Pero yo sentía que quería hacer algo más. Quería compartir esa manera de ver la vida que ella me había enseñado, transmitir algunas de sus reflexiones y, de alguna forma, mantener vivo su legado a través de mis propias palabras.

Había un pequeño inconveniente: nunca había escrito un libro. No sabía por dónde empezar y, sinceramente, no me consideraba escritor.

Entonces, durante una visita al Museo de Ciencias de La Plata, en Argentina, me encontré con una frase de Eduardo Galeano que cambió mi perspectiva: «Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos». Aquellas palabras me hicieron comprender algo muy sencillo, pero profundamente transformador: no necesitaba ser escritor para comenzar a escribir. Necesitaba comenzar a escribir para, quizás algún día, convertirme en uno.

© José Antonio Sabino.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Muchísimos libros y autores me han influenciado. Me gusta mucho la historia narrativa, Santiago Posteguillo, Ken Follet, Ildefonso Falcones, Maurice Druon son de mis autores preferidos. Pero también disfruto mucho otros géneros como el suspenso, los thrillers psicológicos, el terror, la fantasía épica, y, por supuesto, la ciencia ficción.

Entre mis referentes están Stephen King, Michael Crichton, John Katzenbach, Dan Brown, Sidney Sheldon, Chufo Lloréns, J. K. Rowling, J. R. R. Tolkien y George R. R. Martin.

Creo que todos ellos, de maneras diferentes, han influido en mi forma de entender la narrativa y supongo que Evolución es, en cierta medida, el resultado de combinar todas esas influencias.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Tengo una pequeña manía como escritor: me cuesta muchísimo leer otras novelas mientras estoy escribiendo.

Siento que, de alguna manera, lo que leo puede influir inconscientemente en mi estilo y en la forma de construir mis personajes. Sé que dejarse influir por otros autores es algo natural y enriquecedor, pero prefiero mantener cierta distancia durante el proceso creativo. Y ahora mismo estoy trabajando en la tercera entrega de Evolución, que comencé prácticamente al terminar la segunda. Así que llevo bastante tiempo sin leer ficción ajena a la saga.

Eso sí, he releído mis dos primeras novelas unas cuantas veces. Cuando construyes una historia con múltiples líneas temporales, personajes que evolucionan y acontecimientos que pueden tener consecuencias muchos años después, mantener la coherencia narrativa se convierte casi en una investigación detectivesca.

El último libro que leí por placer fue Bellas durmientes, de Stephen King y Owen King, y lo disfruté muchísimo. Me pareció especialmente interesante por su premisa y por la manera en que utiliza una situación extraordinaria para explorar aspectos muy humanos: las relaciones sociales, los prejuicios, la convivencia y el papel de hombres y mujeres en nuestra sociedad. Es precisamente eso lo que más me atrae de la ciencia ficción: cuando una situación aparentemente imposible termina revelándonos algo muy real sobre nosotros mismos.

¿Cómo compaginas tu trabajo fuera del mundo de la literatura con tu escritura?

No siempre es fácil. Soy ingeniero de sistemas y trabajo en el sector tecnológico, en un entorno bastante exigente que consume una parte importante de mi tiempo y energía. El principal desafío no es solamente encontrar tiempo libre, sino conseguir que ese tiempo coincida con la inspiración.

Hay días en los que dispongo de varias horas para escribir y las palabras simplemente no llegan.

En esos momentos suelo dedicarme a investigar, revisar la estructura de la historia o profundizar en alguno de los conceptos científicos, históricos o filosóficos que quiero incorporar.

Y luego están esos otros días en los que una idea aparece de repente, mientras estoy en el gimnasio, caminando por la ciudad o viajando en autobús. Entonces saco el móvil y comienzo a escribir notas que más tarde intento convertir en escenas.

Creo que mi formación como ingeniero influye bastante en mi manera de construir historias. Me gusta entender cómo funcionan las cosas, establecer reglas y explorar las consecuencias de cada decisión.

En una saga donde existen viajes temporales, habilidades extraordinarias y múltiples realidades, esa forma de pensar resulta especialmente útil. Aunque debo reconocer que, a veces, mis personajes parecen empeñados en complicar todos los planes que había diseñado para ellos.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Creo que estamos viviendo uno de los momentos más interesantes y transformadores de la historia de la literatura. La tecnología ha democratizado enormemente el acceso a los libros. Hoy podemos descubrir autores de cualquier parte del mundo, acceder a obras que antes resultaban difíciles de conseguir y elegir entre formatos que van desde el libro tradicional hasta el audiolibro o las nuevas experiencias narrativas digitales.

También se han abierto muchas puertas para los escritores independientes, que ahora disponen de herramientas para publicar y llegar a lectores sin depender exclusivamente de los canales tradicionales.

Por supuesto, esta transformación también plantea desafíos. La enorme cantidad de contenido disponible dificulta que algunas obras encuentren su público, y las nuevas tecnologías nos obligan a reflexionar sobre cuestiones como la originalidad, los derechos de autor y la autenticidad de la creación artística. Pero prefiero mirar el futuro con optimismo…

La literatura ha sobrevivido a innumerables transformaciones porque responde a una necesidad profundamente humana: contar historias y encontrar significado en ellas.

No creo que esa necesidad vaya a desaparecer. Lo que cambiará serán las herramientas y las formas de satisfacerla.

¿Qué piensas del avance de la IA también en lo literario?

Creo que la inteligencia artificial está abriendo posibilidades extraordinarias, aunque también nos obliga a plantearnos preguntas importantes. Desde el punto de vista del autor, puede convertirse en una herramienta muy útil para tareas como la investigación, la revisión preliminar de manuscritos, la organización de información o la creación de referencias visuales para ilustradores.

Pero creo que debemos distinguir entre utilizar la tecnología para potenciar nuestras capacidades creativas y delegar completamente en ella el proceso de creación.

Para mí, escribir es mucho más que ordenar palabras. Es transmitir experiencias, emociones, inquietudes y una manera personal de interpretar el mundo. También me resulta fascinante lo que la IA puede significar para los lectores. Estamos comenzando a explorar nuevas formas de experimentar las historias: traducciones más accesibles, narrativas adaptativas y novelas interactivas donde determinadas decisiones del lector pueden conducir a diferentes acontecimientos.

Imagina leer una historia de viajes en el tiempo en la que puedas tomar una decisión diferente a la del protagonista y descubrir cómo habría cambiado su destino. Es una posibilidad que me interesa especialmente por la naturaleza de Evolución.

Y hay algo más que encuentro fascinante: la propia inteligencia artificial es uno de los temas que exploro en la saga. ¿Qué sucedería si una inteligencia artificial llegara a desarrollar conciencia? ¿Y si dejara de considerarse una herramienta y comenzara a verse como una nueva forma de vida?

Quizás lo más interesante de la IA no sea únicamente lo que puede hacer por la literatura, sino las historias que todavía nos permitirá imaginar.

¿Cómo surgió la idea de escribir la saga Evolución?

Siempre me ha fascinado la ciencia ficción y, especialmente, los viajes en el tiempo.

Pero no quería escribir simplemente una historia sobre una máquina capaz de transportarnos al pasado o al futuro. Quería imaginar un universo donde la capacidad de alterar el tiempo pudiera surgir de la propia evolución humana.

A partir de esa idea comenzó a formarse una pregunta: ¿qué ocurriría si, en algún momento de nuestra historia, ciertos individuos empezaran a desarrollar capacidades que desafiaran las leyes que creemos conocer? ¿Los consideraríamos el siguiente paso de nuestra evolución? ¿O los veríamos como una amenaza?

Así nacieron los Singulares, seres humanos con habilidades extraordinarias que, lejos de convertir sus vidas en algo sencillo, terminan enfrentándose a conflictos que ponen a prueba todo aquello en lo que creen. Pero desde el principio quería que la historia fuera más allá de sus capacidades.

Me interesaba explorar el tiempo, la muerte, la inmortalidad, la adaptación y las consecuencias de nuestras decisiones. Quería enfrentar a los personajes a dilemas donde no siempre existiera una respuesta correcta.

También quería construir una historia coral, en la que personajes de diferentes lugares, épocas y circunstancias fueran formando parte de algo mucho más grande de lo que podían imaginar.

El escenario distópico surgió como una consecuencia natural de esas ideas. Porque si la evolución ha sido siempre uno de los motores de la supervivencia, ¿qué ocurriría si la humanidad tuviera que evolucionar para evitar su propia extinción?

Esa pregunta se convirtió en uno de los pilares fundamentales de la saga.

¿Por qué te has decantado por la autopublicación a la hora de darla a conocer?
Creo que fue una combinación de desconocimiento, incertidumbre y, por qué no decirlo, un poco de miedo a enfrentarme por primera vez al mundo editorial.

Cuando terminé mi primera novela, sabía que quería compartirla con los lectores y que aquella historia formaría parte de una trilogía. Sin embargo, no tenía muy claro cómo funcionaba el proceso de publicación, qué pasos debía seguir ni qué posibilidades reales tenía de acceder a una editorial tradicional.

Desde fuera, el mundo editorial puede parecer bastante complejo, especialmente cuando eres un autor novel y no tienes experiencia ni contactos en el sector. Así que, más que buscar independencia editorial, lo que necesitaba en aquel momento era encontrar un camino que me permitiera publicar mi primera novela de una manera relativamente sencilla y, sobre todo, sentirme acompañado durante el proceso.

Fue entonces cuando descubrí Letrame. Me gustó que explicaran claramente las diferentes etapas de la publicación y que ofrecieran acompañamiento durante todo el recorrido, desde la preparación del manuscrito hasta que el libro finalmente llegara a los lectores. Creo que esa sensación de tener a alguien que pudiera orientarme fue lo que terminó inclinando la balanza.

Con el tiempo he aprendido que publicar un libro implica muchísimo más que escribirlo, y que cada modelo editorial tiene sus ventajas y sus desafíos.

No descarto explorar otras alternativas en el futuro, pero considero que la autopublicación fue una buena forma de dar aquel primer paso. Y, al final, hay algo especialmente emocionante en todo esto: pasar de ser alguien que no sabía si sería capaz de escribir una novela a sostener entre sus manos un libro que antes solo existía en su imaginación.

Creo que ese momento hizo que todas las dudas iniciales merecieran la pena.

¿Qué nos puedes contar de esta saga?

Evolución es una saga de ciencia ficción que combina viajes en el tiempo, habilidades extraordinarias, universos paralelos, conspiraciones y un mundo que se enfrenta a las consecuencias de su propia transformación. Pero, sobre todo, es una historia sobre las decisiones que tomamos y cómo estas pueden cambiar nuestro destino y el de quienes nos rodean.

Todo comienza con una premisa inquietante: algunas personas han desarrollado capacidades que desafían nuestra comprensión de la naturaleza.

Entre ellas hay individuos capaces de percibir acontecimientos que todavía no han sucedido, manipular la materia, alterar el espacio-tiempo o utilizar su mente de maneras que parecen imposibles. Pero tener una habilidad extraordinaria no significa saber utilizarla, comprender su origen ni estar preparado para las consecuencias.
La primera novela, Evolución: Habilidades singulares, introduce a los personajes y las conexiones que terminarán vinculando sus destinos. Es una historia llena de misterio, conspiraciones, conflictos personales y viajes temporales.

Uno de los aspectos que más me gusta es que los lectores van descubriendo el universo desde diferentes perspectivas. Cada personaje conoce solo una parte de lo que está sucediendo, y muchas piezas comienzan a cobrar sentido a medida que avanza la historia.

La segunda entrega, Evolución: En la oscuridad, nos lleva a un escenario mucho más sombrío.

La humanidad se enfrenta a un mundo devastado, surgen nuevas formas de organización y supervivencia, y los conflictos adquieren dimensiones que trascienden a los protagonistas. En esta novela cobran especial importancia los enfrentamientos entre especies, la adaptación a un entorno hostil y la manera en que las circunstancias pueden transformar incluso a quienes creían tener convicciones inquebrantables.

Los viajes temporales y las premoniciones continúan desempeñando un papel fundamental, pero la historia comienza a plantear preguntas todavía más complejas. ¿Qué estarías dispuesto a sacrificar para cambiar el futuro? ¿Y cómo podrías saber que el futuro que intentas construir será realmente mejor?

Cada libro amplía el universo y transforma nuestra percepción de los acontecimientos anteriores.

Me gusta pensar que Evolución es una historia en la que nada es tan sencillo como parece y donde incluso las decisiones tomadas con las mejores intenciones pueden provocar consecuencias inimaginables.

¿Qué tiene la saga Evolución que la hace diferente a otras también a la venta?

Creo que uno de sus elementos distintivos es la combinación de diferentes géneros y la manera en que sus historias se entrelazan. Aunque la ciencia ficción es el eje principal, también hay elementos de thriller, fantasía, drama, aventura y narrativa distópica.

Pero hay tres aspectos que considero especialmente importantes. El primero es su estructura coral. No existe una única perspectiva desde la que se cuenta toda la historia. Cada personaje tiene sus motivaciones, conflictos, contradicciones y una forma particular de interpretar el mundo.

Y algo que me interesa mucho es que los personajes no sean simplemente buenos o malos. A veces toman decisiones terribles por razones que consideran justas. Otras veces, intentando salvar a alguien, terminan perjudicando a muchos otros.

El segundo elemento es el papel del tiempo. En Evolución, los viajes temporales no son únicamente un recurso para trasladar personajes de una época a otra. Forman parte del conflicto central y tienen consecuencias que afectan a toda la estructura de la historia. Una decisión aparentemente insignificante puede modificar acontecimientos que sucederán décadas después. Y, en ocasiones, intentar impedir una tragedia puede terminar provocando otra todavía mayor.

El tercero es su componente reflexivo. A lo largo de la saga aparecen preguntas sobre la evolución, la conciencia, la identidad, la muerte, la inmortalidad y nuestra relación con el universo.

Me gusta incorporar referencias científicas, históricas y filosóficas que permitan al lector detenerse un momento y reflexionar, sin abandonar la aventura.

Hay una pregunta que, de alguna manera, resume el espíritu de la saga: Si tuvieras el poder de cambiar el pasado para salvar a alguien que amas, pero hacerlo pudiera condenar a miles de personas en el futuro, ¿qué decidirías?

Creo que esa combinación de aventura, conflictos morales y reflexión es lo que intento aportar con Evolución.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en estos libros?

Lo primero que espero es que disfruten la historia. Que se sorprendan, que se emocionen, que sientan curiosidad por lo que viene después y que, cuando terminen un capítulo, tengan ganas de comenzar el siguiente.

Me encantaría que conectaran con los personajes, que comprendieran sus motivaciones, incluso cuando no compartan sus decisiones, y que sintieran sus pérdidas, sus esperanzas y sus contradicciones.

Pero también espero algo más… Siempre he creído que la literatura tiene una capacidad extraordinaria para hacernos reflexionar sobre cuestiones que, en nuestra vida cotidiana, rara vez nos detenemos a considerar. ¿Qué nos convierte realmente en seres humanos? ¿Somos el resultado de nuestras experiencias, de nuestros recuerdos o de nuestras decisiones? ¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para evitar la muerte? ¿Existe un destino inevitable o somos nosotros quienes lo construimos?

No pretendo ofrecer respuestas definitivas a esas preguntas. De hecho, muchas veces ni siquiera estoy seguro de tenerlas.

Lo que me gustaría es que los lectores encontraran en Evolución una historia que los entretenga y que, al mismo tiempo, les deje alguna inquietud, alguna idea o una perspectiva diferente sobre el mundo. Y si después de cerrar el libro alguien se queda mirando al vacío durante unos minutos, preguntándose qué habría hecho en el lugar de alguno de los personajes, sentiré que he conseguido algo muy especial.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Mi principal proyecto es terminar la tercera entrega de la Saga Evolución, Evolución: Energía elemental. Será la conclusión de la trilogía y, probablemente, la historia más ambiciosa de las tres.

Si el primer libro nos presenta las habilidades singulares y el segundo explora las consecuencias de la transformación de la humanidad, el tercero lleva esa evolución hacia sus límites más extremos. La trama profundiza en la naturaleza de la conciencia, la energía y la posibilidad de trascender las limitaciones biológicas de nuestra especie.

También explora una idea que me resulta especialmente inquietante: ¿qué ocurriría si una nueva forma de vida estuviera convencida de que puede construir un mundo mejor, pero para conseguirlo necesitara transformar radicalmente todo aquello que conocemos?

Los viajes temporales y los universos alternativos adquirirán una relevancia todavía mayor, y varias historias que comenzaron en las novelas anteriores encontrarán finalmente su desenlace.

Uno de mis mayores desafíos está siendo conseguir que todas esas piezas encajen de forma coherente y, al mismo tiempo, que las decisiones de los personajes conserven su peso emocional.

         Además, estoy explorando nuevas posibilidades para expandir el universo de Evolución. Me interesa especialmente la narrativa interactiva, donde los lectores puedan explorar caminos alternativos, tomar ciertas decisiones y descubrir cómo podrían haber cambiado los acontecimientos.

También tengo ideas para desarrollar historias independientes dentro del mismo universo, explorando personajes, épocas y acontecimientos que no tienen suficiente espacio en la trama principal.

Creo que todavía quedan muchas historias por contar.

© José Antonio Sabino.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Primero, agradecerte este espacio y la oportunidad de compartir un poco de mi historia y del universo de Evolución.

Para quienes todavía no conocen la saga, me gustaría invitarlos a descubrirla con una idea en mente: no todas las personas que intentan salvar el mundo terminan convirtiéndose en héroes, y no todos los que parecen villanos creen estar haciendo el mal.

En Evolución encontrarán viajes en el tiempo, personajes con habilidades extraordinarias, misterios, conspiraciones y una humanidad obligada a enfrentarse a su propia transformación.

Pero también encontrarán historias sobre el amor, la pérdida, la amistad, el sacrificio y esa necesidad tan humana de encontrarle sentido a nuestra existencia.

Si sienten curiosidad, pueden conocer más sobre los libros, los personajes y las reflexiones que inspiran la saga en www.sagaevolucion.com, donde también comparto artículos sobre ciencia ficción, fantasía, filosofía y otros temas que me apasionan.

Y me gustaría terminar con una reflexión que conecta de alguna manera con el origen de mi aventura como escritor:

La evolución no consiste únicamente en aquello en lo que podemos convertirnos, sino también en las decisiones que tomamos durante el camino.

Muchas gracias por acompañarme en este pequeño viaje.

Muchas gracias, José Antonio, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y llena de satisfacciones.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla, siempre atentos. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

lunes, 26 de octubre de 2026

Entrevista: RODRIGO QUESADA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

comenzamos la semana con la entrevista que nos ha concedido Rodrigo Quesada. Como siempre, la encontraréis tras estas palabras:


¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Creo que nunca hubo un momento concreto en el que decidiera que quería ser escritor. Mi relación con la escritura nació de una necesidad de comunicar, de contar historias y, sobre todo, de expresar opiniones. Desde muy joven he estado vinculado al periodismo y a los medios de comunicación, y escribir siempre ha sido una forma de ordenar mis pensamientos.

Con el paso de los años descubrí que la escritura me permitía algo que otros formatos no siempre ofrecen: detenerme, reflexionar y profundizar en aquello que quiero contar. Publicar mi primer libro, Freestyle como forma de vida, fue un punto de inflexión porque me permitió comprobar que mis palabras podían trascender la inmediatez de las redes sociales y conectar con los lectores de una manera diferente. 

© Rodrigo Quesada.


¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Sin ninguna duda, Arturo Pérez-Reverte es una de mis grandes influencias. Me gusta su manera de entender la literatura, su contundencia a la hora de expresar determinadas ideas y, especialmente, esa capacidad para combinar una mirada periodística con una narrativa que tiene personalidad propia. No significa que comparta todas sus opiniones, pero sí admiro profundamente su forma de escribir.

También soy un gran aficionado a la literatura fantástica. George R. R. Martin y J. R. R. Tolkien son dos autores que han influido mucho en mi manera de entender la construcción de historias. Me fascina cómo son capaces de desarrollar universos tan complejos y, al mismo tiempo, profundamente humanos.

Creo que es una combinación curiosa: por un lado, la crudeza del periodismo y la realidad; por otro, la imaginación y la fantasía. Pero ambas tienen algo en común: la capacidad de contar grandes historias.


¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Actualmente estoy releyendo La comunidad del anillo, de J. R. R. Tolkien. Es una obra a la que siempre merece la pena regresar porque cada lectura permite descubrir nuevos matices. Tolkien tiene algo extraordinario, y es que consiguió construir un universo que parece tener vida propia, con su historia, sus lenguas, sus conflictos y su mitología.

No obstante, si tuviera que recomendar una de mis lecturas recientes, elegiría la biografía del rey emérito Juan Carlos I, que terminé hace relativamente poco. Me parece una lectura especialmente interesante para comprender una parte fundamental de la historia contemporánea de España, las relaciones de poder y las contradicciones de una figura que ha marcado varias décadas de nuestra historia.

Además, creo que es importante leer sobre personajes controvertidos. No necesariamente para simpatizar con ellos, sino para comprender mejor el contexto histórico, sus decisiones y sus consecuencias.


¿Cómo compaginas tu trabajo como periodista y creador de contenido con la escritura?

Con bastante dificultad, para qué nos vamos a engañar. Mi actividad profesional está muy vinculada a la actualidad y eso implica vivir permanentemente pendiente de lo que sucede. Las redes sociales, los directos, las grabaciones y los diferentes proyectos que desarrollo consumen una enorme cantidad de tiempo.

Sin embargo, creo que ambas facetas se complementan. Mi trabajo como comunicador me obliga a estar informado, escuchar opiniones diferentes y analizar constantemente lo que ocurre a mi alrededor. Todo eso termina alimentando mi escritura.

La principal diferencia es el ritmo. Internet exige inmediatez, mientras que la literatura requiere reflexión. Escribir un libro supone escapar durante un tiempo de esa necesidad de opinar sobre absolutamente todo en cuestión de segundos.

Y, personalmente, agradezco mucho poder hacerlo.


¿Cómo ves el panorama literario actual?

Creo que vivimos un momento lleno de contradicciones. Por un lado, nunca había sido tan sencillo acceder a la literatura, descubrir autores o publicar una obra. Internet ha democratizado muchas cosas y ha permitido que voces que antes difícilmente habrían encontrado una editorial puedan llegar a miles de personas.

Pero también creo que estamos perdiendo capacidad de atención. Vivimos en una sociedad acostumbrada a consumir contenidos de quince segundos y eso inevitablemente afecta a nuestra relación con los libros.

Me preocupa que en ocasiones se valore más la capacidad de un autor para promocionarse que la calidad de lo que escribe. Aunque tampoco creo que debamos caer en ese elitismo de pensar que la literatura era necesariamente mejor hace treinta o cuarenta años.

Hay muchísimo talento actualmente. El desafío está en conseguir que la literatura siga teniendo espacio en una sociedad que cada vez parece tener menos tiempo para detenerse a pensar.


¿Qué piensas del avance de la IA también en la literatura?

Creo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinariamente útil si sabemos utilizarla correctamente. Puede acelerar determinados procesos, facilitar tareas de documentación, ayudar a organizar información o servir de apoyo durante algunas fases del trabajo creativo.

Pero para mí existe una frontera muy clara: la inteligencia artificial debe ser una herramienta al servicio del autor, nunca su reemplazo.

La literatura no consiste únicamente en colocar palabras correctamente unas detrás de otras. Es experiencia, sensibilidad, contradicción, pensamiento y una forma personal de interpretar el mundo.

Un escritor aporta sus vivencias, sus prejuicios, sus errores, sus emociones y su manera particular de observar la realidad. Precisamente esa subjetividad es lo que convierte una obra en algo genuino.

No estoy en contra del progreso tecnológico. Todo lo contrario. Pero creo que debemos aprender a aprovechar sus ventajas sin renunciar a aquello que hace que una obra tenga identidad propia.

La tecnología puede ayudarte a escribir, pero no debería pensar ni sentir por ti.


¿Cómo surgió la idea de publicar 30 años no son nada?

La idea nace de una reflexión bastante sencilla: ¿cuánto cambiamos realmente con el paso de los años?

Durante mi juventud escribí numerosos artículos y reflexiones sobre política, sociedad, educación o medios de comunicación. Cuando volví a encontrarme con algunos de aquellos textos, descubrí algo que me resultó especialmente interesante: en determinadas cuestiones seguía pensando exactamente igual, mientras que en otras prácticamente no reconocía a la persona que había escrito aquello.

Y entonces surgió la idea de enfrentar a esas dos versiones de mí mismo.

Me parecía interesante recuperar aquellas reflexiones y responderlas desde mi perspectiva actual, sin intentar corregir artificialmente el pasado ni esconder aquellas opiniones que hoy podrían resultarme incómodas.

En cierta manera, el libro nace de una conversación conmigo mismo. Una conversación que separan los años, las experiencias y, en algunos casos, una manera completamente diferente de entender la vida.


¿Qué ha supuesto para ti publicar esta obra?

Ha supuesto un ejercicio de introspección importante. Cuando publicas un libro en el que expones tus propias opiniones, especialmente aquellas que has mantenido durante diferentes etapas de tu vida, inevitablemente te enfrentas a tus contradicciones.

Y creo que eso es saludable.

También representa un paso más en mi trayectoria como autor. Mi primer libro, Freestyle como forma de vida, estaba profundamente conectado con un universo profesional y cultural que conozco desde hace muchos años. En cambio, 30 años no son nada me permite mostrar una faceta diferente, más personal y vinculada a mi manera de interpretar la sociedad.

No me interesa escribir únicamente sobre aquello por lo que la gente me conoce. Me interesa escribir sobre aquello que considero que merece ser contado.


¿Qué nos puedes contar de 30 años no son nada?

Es un ensayo que propone un diálogo entre dos momentos de mi vida. A través de artículos y reflexiones escritos años atrás, recupero cuestiones relacionadas con la política, la educación, los medios de comunicación y diferentes aspectos de nuestra sociedad para analizarlas nuevamente desde mi perspectiva actual.

Lo interesante es que no siempre estoy de acuerdo conmigo mismo.

Hay reflexiones que sigo defendiendo con la misma convicción y otras que hoy abordaría de una forma completamente diferente. Porque, afortunadamente, las personas evolucionamos.

El libro habla del paso del tiempo, pero también de algo que considero fundamental: nuestra capacidad para cuestionar aquello que creemos saber.

No pretendo sentar cátedra ni convencer al lector de que mi manera de ver el mundo es la correcta. Más bien lo contrario. Me interesa demostrar que podemos defender una idea con absoluta convicción y, años después, descubrir que estábamos equivocados.


¿Qué diferencia a este ensayo de otros del mismo género también a la venta?

Creo que su principal particularidad es precisamente esa confrontación entre el pasado y el presente.

No es un ensayo en el que simplemente expongo una serie de opiniones actuales. Hay una conversación entre dos versiones de una misma persona que han vivido momentos diferentes y que, en ocasiones, llegan a conclusiones opuestas.

Además, he querido que tenga un lenguaje accesible, directo y sin artificios innecesarios. No creo que para hablar de política, educación o sociedad sea necesario utilizar un lenguaje deliberadamente complicado.

Y hay algo que considero importante: no tengo ningún interés en fingir que siempre he tenido razón.

Vivimos en una época en la que reconocer un error parece interpretarse como una debilidad, especialmente en el debate público. Yo creo exactamente lo contrario. Cambiar de opinión cuando existen argumentos para hacerlo es una muestra de madurez intelectual.

En ese sentido, el libro también es una reivindicación del derecho a equivocarnos.


¿Qué esperas que los lectores encuentren en 30 años no son nada?

Sobre todo, que encuentren motivos para reflexionar. No necesito que los lectores estén de acuerdo conmigo. De hecho, casi prefiero que en determinados momentos discrepen y se pregunten por qué piensan de una manera diferente.

Me gustaría que el libro les animara a revisar sus propias ideas y a preguntarse si siguen siendo las mismas personas que eran hace cinco, diez o quince años.

También espero que encuentren una lectura entretenida, cercana y honesta. No he querido construir una imagen idealizada de mí mismo, sino mostrar una evolución personal con sus aciertos, sus errores y sus contradicciones.

Si alguien termina de leerlo y se plantea una pregunta que nunca se había hecho, consideraré que el libro ha cumplido su cometido.


¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Ideas tengo muchísimas, probablemente más de las que debería. Mi problema nunca ha sido encontrar temas sobre los que escribir, sino disponer del tiempo necesario para desarrollarlos como considero que merecen.

Me gustaría seguir explorando tanto el ensayo como otros géneros. La literatura fantástica, por ejemplo, siempre me ha fascinado y no descarto que en algún momento pueda atreverme con algo más próximo a la ficción.

Pero tampoco me gusta anunciar proyectos antes de tiempo. Creo que un libro debe surgir porque realmente tienes algo que contar, no por la necesidad de publicar constantemente.

De momento, mi intención es seguir escribiendo, aprendiendo y procurando que cada nuevo trabajo aporte algo distinto al anterior.

© Rodrigo Quesada.


¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Me gustaría reivindicar algo que considero especialmente importante: la necesidad de recuperar el pensamiento crítico.

Vivimos rodeados de opiniones, titulares, mensajes y discursos que constantemente nos dicen lo que debemos pensar. Y creo que cada vez dedicamos menos tiempo a cuestionar si aquello que escuchamos tiene realmente sentido.

Leer es una herramienta extraordinaria para combatir eso. No solamente porque nos permite adquirir conocimientos, sino porque nos obliga a conocer otras realidades, perspectivas y maneras de interpretar el mundo.

También me gustaría animar a la gente a que lea autores con los que no está de acuerdo. Personalmente, creo que uno aprende muchísimo más cuando se enfrenta a argumentos que cuestionan sus propias convicciones.

Y, por supuesto, agradecer a todos aquellos que decidan dedicar una parte de su tiempo a leer 30 años no son nada.

Al final, si algo he aprendido durante estos años es que podemos cambiar de opiniones, de prioridades e incluso de objetivos. Lo importante es no perder nunca la curiosidad ni las ganas de seguir aprendiendo.

Gracias, Rodrigo.

Y a vosotros, seguidores del blog, gracias por estar siempre atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva