martes, 19 de mayo de 2026

Entrevista: GEORGIA BOGDAN

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido Georgia Bogdan:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Siempre fue más un sueño o una aspiración que un pasatiempo. Llevo escribiendo desde que tengo uso de razón, pero siempre con ese miedo a sentirse un fracaso o a equivocarse.

Con los años te das cuenta de que tropezar, fallar, equivocarte, no gustar… es parte del proceso de aprendizaje. A día de hoy lo pienso y me digo a mi misma, “si se me hubiera dado el visto bueno desde el principio, ¿realmente hubiera sido tan consecuente con mis palabras ahora?”, y la respuesta más probable es que no.

¿Qué lecturas o autores te han influenciado como escritora?

Åsa Larsson, Camilla Läckberg, Jo Nesbø, Stieg Larsson…  Ladrón de la Inocencia (y en perspectiva todo lo que rodea a la serie de Woodenport) bebe mucho de la novela negra nórdica, ya que presenta y le da más importancia a las relaciones personales y humanas que al caso en sí, ya que este es producto de la sociedad en la que viven los personajes.

En otros géneros con los que trabajo también puedo destacar a Chuck Hogan y Guillermo del Toro en el terror y a Yasunari Kawabata y Osamu Dazai en la novela japonesa. 

© Georgia Bogdan.

¿Qué estás leyendo ahora? ¿Nos lo recomendarías?

Los pecados de nuestros padres de Åsa Larsson. Yo creo que sí lo recomendaría, pero con el detalle de que ese tipo de novelas no son para todo el mundo. La novela negra nórdica, en la mayoría de los casos, no busca la acción o el resolver los casos y ya, suele abordar una perspectiva más humana, más… incómoda.

Creo que son buenos libros para salir de nuestra zona de confort, pero también no esperar acción cuando lo que hay es una disección del alma humana.

¿Eres escritora mapa o brújula?

Brújula, completamente, y un poco caótica también. No me gusta hacer esquemas o fichas, porque me baso en las decisiones de los personajes para escribir el siguiente capítulo. Imagínate, si no pudieran salirse del molde, serían meros arquetipos. Lo que más me interesa es mostrar la obsesión, el dolor, el trauma, las consecuencias… si todo estuviera medido al milímetro sería demasiado conveniente, poco sincero con los lectores y sobre todo conmigo misma.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

¿Sinceramente? Mal, muy mal. Es como si un libro solo pudiera aportar algo cuando Instagram lo valida, como si al no llamar la atención del círculo de Bookstagram el libro fuera el problema. Y parece que se nos olvida que no todos los géneros son para todo el mundo, y no por eso un libro es malo.

Habría que intentar alejarse más de la “literatura de catálogo” y de los retos de lectura y leer algo que realmente nos haga pensar, sentir o emocionarnos de verdad.

¿Qué te ha llegado a autopublicar en Amazon tu primera novela, Ladrón de inocencia: Depredador?

El querer tener el control total sobre mi obra. Podría haber intentado buscar una editorial, por supuesto, pero no me gusta delegar algo a lo que le has puesto tu alma para convertirlo simplemente en un producto rápido y comercial. Es como tener un hijo, tú no se lo dejarías a cualquiera para que lo moldeara a su antojo, ¿o sí? 

© Georgia Bogdan.

¿Qué ha supuesto para ti esta publicación?

Un dolor de cabeza terrible y una forma de aumentar mis niveles de cortisol y el síndrome del impostor de manera única. ¿Lo volvería a hacer? Por supuesto, porque ahora conozco mejor el camino y puedo tomar las decisiones correctas.

¿Qué vamos a encontrar en esta novela?

Un thriller psicológico que usa el género para preguntarse cómo se construye un monstruo. No desde el morbo, sino desde la normalidad.

Una teniente de policía vuelve a su pueblo natal después de sobrevivir a un intento de asesinato. Tiene TEPT complejo, un hijo adolescente y un cuerpo que ya no funciona como antes. Se incorpora a un caso de chicas desaparecidas y descubre que el depredador no es un psicópata excepcional. Es alguien que lleva años integrado en las estructuras de poder del pueblo.

La novela alterna la investigación forense con la memoria del trauma y la violencia doméstica. No hay escenas explícitas de abuso. Hay una mirada clínica sobre cómo el poder se ejerce en los cuerpos. Y sobre cómo una víctima puede convertirse en cazadora sin dejar de estar rota.

¿Qué crees que hace diferente a Ladrón de inocencia: Depredador de otros thrillers?

Creo que el abordar al monstruo desde la normalidad. Al final del día, un asesino enmascarado que te espera con un cuchillo es predecible. Un monstruo evidente no impacta ya. Pero cuando la maldad se esconde en lo cotidiano, en lo normal, en el vecino de al lado que te da los buenos días con una sonrisa… la perspectiva cambia, porque te hace preguntarte ¿si esta persona es un monstruo… podría serlo yo también?

Al final del día, el thriller que impacta es el que te deja pensando si tú también podrías convertirte en el monstruo si la situación te empuja a ello.

¿Cuánto has tardado en escribir esta historia?

Seis meses. Con varias reescrituras y dedicándome 24/7 a ello. No es algo que recomendaría a nadie realmente, porque es un desgaste brutal y más cuando tratas temas tan complejos.

Debo admitir que he sufrido un desgaste mental importante y eso me está dificultando continuar la segunda parte al ritmo que me gustaría, así que ahora estoy trabajando en otra historia que no implique tanta implicación emocional por mi parte.

¿Qué tiene de ti esta obra?

Muchísimo. Sobre todo la rabia ante un sistema que no funciona y la paciencia infinita para entender el porqué las personas tienen ciertas actitudes.

Añadiría también la perspectiva humanista, el ver el thriller como un espejo roto de las fracturas sociales. Ya que, al entender a los personajes como personas no como arquetipos, te das cuenta de que nadie es malo por naturaleza, nadie es intrínsecamente bueno, tan solo producto de lo que nos rodea. No justifica al monstruo, pero sí pone el foco en una sociedad que lo permite. 

© Georgia Bogdan.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Ladrón de inocencia: Depredador?

Tal vez la posibilidad de entender que, sin buscar justificarlo, algunos monstruos son producto de su realidad: un sistema que permite el abuso, un sistema que aparta a los que consideran diferentes, una sociedad que no te deja ver el peligro hasta que te explota en la cara.

Al final, Woodenport no es más que una muestra real e incómoda de nuestro mundo.

¿Quieres añadir algo más antes de acabar esta entrevista?

Lo primero, darte las gracias por este espacio, por supuesto. Siempre se agradece cuando alguien te abre las puertas para ayudarte a visibilizar tu trabajo.

Lo segundo, animar a la gente a salir de su zona de confort, a darle una oportunidad a la literatura incómoda y necesaria.

Y lo tercero, invitarles a los lectores a pasar por mis redes sociales (@hayashishisake en Instagram y Threads) y mi Substack (https://woodenportchronicle.substack.com/) para acompañarnos en el análisis del thriller psicológico desde una perspectiva humanista.

Muchas gracias, Georgia, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

domingo, 17 de mayo de 2026

Reseña: LA CASA HUECA, de Jesús Relinque

 


¿Eres de los que creen que para encontrar paz y tranquilidad lo mejor es mudarse a un pueblo pequeño? ¿Uno de aquellos con pocos habitantes, casas antiguas y rodeados de bosques? Pero, ¿y si el pueblo elegido no fuera tan idílico? ¿Y si sus habitantes fueran hostiles? ¿Y si pareciera haber algún tipo de maldición entre sus casas? Pues este es el punto de partida de La casa hueca, la singular novela de terror psicológico de Jesús Relinque de la que hoy hablaremos.

Lucía es una actriz en paro que no espera gran cosa de la vida desde hace tiempo. Por inercia, sigue a Esteban, su novio escritor, hasta un pueblo recóndito de la Sierra de Grazalema. Mientras él se encierra en el despacho de su casona a acabar su última novela, ella explora las calles, se adentra en los bosques y conoce a los habitantes del lugar. Tras el encuentro con un misterioso niño, Lucía descubre que algo extraño pasa relacionado con la casa en la que se aloja. Algo que tanto los lugareños como Esteban conocen, pero que no le quieren contar. Junto a su nueva amiga Gloria, la guía turística local, decidirá intentar averiguar qué es lo que pasó hace años. ¿Conseguirá llegar hasta el final de esta intriga?

Lucía, la protagonista y narradora de este inquietante thriller de terror, es una mujer que vaga sin rumbo por la vida. Hace años que no trabaja como actriz y, aunque está claro que ya casi nada la une a Esteban, su novio escritor, le sigue sin preguntas hasta un pueblo serrano de costumbres ancestrales cuyos habitantes, casi todos ellos, no parecen ser muy amistosos.

La Lucía narradora es una amante de la prosa poética, oscura, precisa y penetrante que no duda en contarnos todo lo que le sucede en el cuanto menos espeluznante pueblo. Un pueblo asfixiante, desde luego, del que no parece tan fácil salir.

Nuestra protagonista no estará sola en esta aventura. Algunos de los personajes que conoceremos en esta novela son: Esteban, el clásico escritor maldito que apenas trata con la gente; Pico, el niño que no habla, pero que tanto tiene que contar; la doctora del centro de salud, una mujer con un gran dolor; Gloria, la guía turística que acompañará a Lucía; el señor Valero, el hombre sin ojos que todo lo ve; y, por supuesto, la casa, una construcción con entidad propia.

La narración, de ritmo in crescendo, se vuelve cada vez más lóbrega, más caótica, más intrincada. Pero, ¿qué hay en este pueblo que lo hace tan especial? Pinsapos, buitres, sectas, tradiciones ancestrales, fantasmas… Y, al final, el destino de Lucía. ¿Quieres saber cuál es? Te invito que lo averigües leyendo La casa hueca, esta espeluznante a la par que original novela. Aunque, cuidado: puedes acabar atrapado en ella.

Cristina Monteoliva

 

sábado, 16 de mayo de 2026

Reseña: YESTERYEAR, de Caro Claire Burke

 


Hay influencers femeninas que se identifican con la etiqueta de tradwifes: mujeres que reniegan del feminismo y abogan por un tipo de vida en el que el hombre estén al mando de la familia y las abnegadas esposas se dediquen a permanecer a su servicio y al de sus hijos. Estas creadoras de contenido parecen anhelar tiempos pasados, como si acaso estos hubieran sido ideales. Pero, ¿qué pasaría si un día una de ellas despertara en el siglo XIX? Este es el punto de partida de la impactante a la par que genial Yesteryear, la novela de Caro Claire Burke de la que hablaremos en esta reseña.

Natalie Heller Mills está a punto de tener su sexto hijo en el Rancho de los Viejos Tiempos, lugar en el que vive con toda su familia desde hace unos años. A pesar de su avanzado estado, esta mujer que promulga los valores de la familia tradicional americana, ha de seguir creando contenido para su cuenta de Instagram. De ella, una de las influencers más cotizadas del momento, no se espera otra cosa. Lo que sus seguidores no saben es que no todo es tan rústico y anticuado como parece: en los armarios hay lavavajillas y microondas; los niños están al cargo de dos niñeras; y Caleb, el marido de Nathalie, no es un gran granjero. Nathalie está dispuesta a seguir con la farsa hasta el final cuando un suceso inesperado hace que su imperio digital se tambalee. Como por arte de magia, seguidamente, aparece en una casa que se parece a la suya, pero que no lo es: esta está destartalada, no tiene electricidad ni ninguna comodidad y hay una marca en la pared que indica que es 1855. Los niños que la reciben, a los que ella no conoce, visten como pioneros de antaño y Caleb es un tipo rudo con pocas ganas de tolerar sus caprichos. ¿Es posible que se trate de un sueño? Natalie comprueba que todo es muy real cuando intenta escapar y acaba con el pie en una trampa para animales. La cuestión es: ¿por qué ha viajado en el tiempo? ¿Conseguirá volver al presente?

Esta es la historia de Natalie, una mujer sin duda compleja que siempre tuvo claro que quería tener una familia tradicional con muchos niños y un marido tan creyente como ella. Ya en la Universidad, nuestra mujer se convenció de que el feminismo no era en absoluto para ella y que ni siquiera tenía que acabar sus estudios superiores, solo conseguir un marido y seguir con su plan. El elegido sería Caleb, el hijo de un adinerado senador, todo un soñador sin pretensiones en la vida que haría que la de Natalie se complicara bastante. Hasta que ella descubrió el mundo de Instagram y los creadores de contenido.

La narración, siempre desde la voz de una Natalie que quiere tenerlo absolutamente todo bajo control, nos transporta a dos épocas diferentes en capítulos alternos. Por un lado, si bien la historia empieza in media res, conoceremos toda la historia y evolución de nuestra mujer desde que era una niña hasta que llegó el gran colapso a su mundo tan perfecto como falso. Por otro, veremos cómo nuestra mujer intenta sobrevivir en un lugar hostil y un mundo que no es tan idílico como ella misma quería hacer creer a sus seguidoras.

Yesteryear  no solo entretiene por su originalidad, sino que también pone el foco, de forma crítica, en varios temas de lo más interesantes: el auge de la extrema derecha y de la nostalgia por un pasado que nunca fue idílico, la existencia de mujeres que no quieren ser feministas, el feminismo en sí, el mundo de los creadores de contenido, las influencers de tipo tradwife y su mundo irreal, la sobreexposición de los menores en redes sociales, las presiones de la sociedad actual… Irremediablemente, durante y tras la lectura todos acabaremos planteándonos en qué mundo vivimos y si podemos cambiarlo.

Yesteryear, en definitiva, es un libro sorprendente, inteligente y lleno de matices que impacta desde la primera página. Una novela irreverente, aguda y muy necesaria en los tiempos que corren. Para mí, una lectura totalmente inolvidable que no puedo dejar de recomendaros encarecidamente.

Cristina Monteoliva


 

jueves, 14 de mayo de 2026

Entrevista: ALEJANDRO MOLINA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

mediamos la semana y prácticamente el mes de mayo de este 2026 con la entrevista que nos ha concedido el autor Alejandro Molina. Vamos con ella:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Si me remonto a mi infancia, me recuerdo escribiendo todo el tiempo en mi habitación. Me gustaba inventar historias combinadas; por ejemplo, el Patito Feo como  mascota de Cenicienta, y eso cambiaba todo. En la escuela,  esperaba el momento de escribir historias. De hecho, uno de mis cuentos en esta antología que estoy presentando, Un huracán en Gurrezeti, comienza con una narración recuperada de mi cuaderno de 4º grado. Al releerla, me dio la sensación de que escribía mejor cuando tenía nueve años, libre de  prejuicios. No sabría decirte cuándo descubrí que la escritura era más que un pasatiempo, pero tengo claro que desde muy chico entendí que no tenía talento para otra cosa.

© Alejandro Molina.

¿Qué lecturas o autores crees te han influido como escritor?

Escribir olvidando lo que uno leyó es imposible; somos producto de nuestras lecturas. Un autor que leo mucho y me genera la necesidad de escribir es Paul Auster. Me encanta esa meticulosidad obsesiva para narrar el azar; esa forma en que sus personajes se pierden en su propio mambo. De él aprendí que se puede ser muy introspectivo sin que el lector se duerma en el camino, algo que intento aplicar. Sumo a Boris Vian, que es clave para dinamitar cualquier asomo de solemnidad que se me quiera filtrar. En lo que refiere a argentinos, hay tres que me vuelan la cabeza. Por un lado, Enrique Méndez Calzada e Isidoro Blaisten, dos artistas que entendieron que el humor es la forma más elegante de la inteligencia. Y Silvina Ocampo, por ese cinismo tan sutil que logra que el horror parezca, no sé, una cosa simple, cotidiana.

¿Qué estás leyendo ahora mismo ¿Nos lo recomendarías? 

Voy a ser sincero: últimamente estoy a full dedicado a reescribir los cuentos de mi siguiente antología, estoy en esa fase de la que no me puedo escapar. Pero lo último que leí, hace unas semanas, fue Todo verdor perecerá, de Eduardo Mallea. Y lo recomendaría, sin dudas, es una especie de “manual de estilo” sobre cómo contar la desolación y el aislamiento sin caer en el sentimentalismo berreta. Es denso, no lo voy a negar, pero tiene una estética de la decadencia con la que me identifico mucho, que me fascina.

¿Cómo compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?

La verdad es que no compagino nada. Como doy clases de literatura en un profesorado, y mis alumnos saben que escribo, muchas veces la charla se desvía inevitablemente hacia ahí; se me mezcla todo el tiempo el profesor con el escritor. Para mí, escribir es una actividad permanente, un estado mental desde el que proceso la realidad mientras cumplo con mis obligaciones: puedo estar explicando un texto en el aula y, al mismo tiempo, hay una realidad paralela ahí, funcionando. Siempre ando tomando notas mentales sobre un gesto o una frase para una próxima historia.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Se me hace que esta respuesta va a ser extensa. Por un lado, está lo que podemos llamar “literatura de algoritmo”, una literatura que le confirma al lector lo que ya piensa, no busca incomodarlo o abrirle un poco la cabeza. Abundan las lecciones de vida poco camufladas y una corrección política que detesto. No les creo nada.

Por el otro, veo el fenómeno de la literatura para adolescentes: amores tóxicos, amores inter-especies, etcétera. He visto las firmas de libros de estos autores en las ferias y siento que están más cerca de ser estrellas del pop (o influencers) que escritores.

Lo que me parece que está en peligro de extinción es el humor, por eso propongo este libro. Siento que falta ese espacio para la observación ácida de lo cotidiano, que no quiere salvar al mundo ni pararse desde el banquito de la moralidad. Y es en ese barro donde me interesa chapotear.

¿Qué te resulta más difícil: escribir literatura juvenil o cuentos para adultos?

Cuando me pongo a escribir, simplemente escribo; dejo que la historia encuentre su propio cauce. A veces tengo una idea pensada para adultos y termina pidiendo un lenguaje o un tono más ligado a lo infanto-juvenil, o al revés. Un ejemplo claro es Mosquitox by Charly Millán, uno de los cuentos de este libro: nació con la intención de ser para chicos, pero en el proceso se transformó en un texto puramente para adultos.

Me gustan ambos públicos, pero el infantil me parece un desafío mucho más grande. El adulto, por una cuestión de cortesía o para quedar bien, puede decirte que le gustó algo aunque no le haya gustado e incluso no lo haya leído. Los niños, en cambio, no tienen filtros. Por suerte, mi experiencia con ellos ha sido espectacular: las veces que fui a escuelas a presentar Bicho Cuadrado, los chicos se engancharon muchísimo. Me mandan dibujitos, los padres me cuentan que adoran al personaje y eso me da una satisfacción enorme. Lograr esa conexión real con un público que no te miente, requiere de una precisión que a veces me agota mucho, más que casi todos los cuentos que escribí para adultos, ahí despliego todas mis neurosis sin ningún tipo de control.

© Alejandro Molina.

Por cierto, ¿qué ha de tener, según tu perspectiva, un buen cuento?

Para mí, un buen cuento tiene que ser, ante todo, original, tiene que proponer una entrada a un mundo que no hayamos visto mil veces. No se trata solo de la trama, obviamente, sino de cómo la voz narrativa se va enredando en las cosas mínimas hasta que lo cotidiano se vuelva extravagante, disparatado, amenazante. Pero lo fundamental es el lenguaje personal, ese estilo donde el autor se reconoce en cada frase, y que el lector sienta que hay una identidad propia hablándole, no alguien siguiendo una fórmula.

En lo que escribo, hago mucho foco en el humor, que procuro que esté al servicio de desarmar la realidad y mostrar lo que hay debajo. No me interesa la literatura que te explica lo que tenés que sentir o que te lleva de la mano hacia una moraleja. Prefiero que el lector haga su propio viaje mental o emocional y se encuentre con un personaje que está perdido en su propia lógica, y que esa confusión le resulte inquietantemente familiar. Un buen cuento tiene que dejarte con preguntas incómodas, de esas que se te quedan dando vueltas un rato.

¿Qué ha supuesto para ti la publicación de Solución de continuidad?

Publicar este libro es la culminación y al mismo tiempo el inicio de un recorrido larguísimo. Los cuentos que forman parte de esta antología fueron escritos entre 1997 y 2025; son casi tres décadas de observar y de pulir mi forma de contar. Me encontré con ciento veintiséis cuentos en mi computadora cuando hice la selección de estos ocho. Siento que la necesidad de publicarlos llegó en un momento de mayor madurez personal, cuando encontré tanto la seguridad como la confianza necesarias para expresar lo que quería decir y cómo. Mis amigos me preguntan siempre por qué tardé tanto, por qué mantuve en el “cajón” esa cantidad de relatos durante tanto tiempo. Mi respuesta es que finalmente detecté o más bien sentí que efectivamente tenía una voz propia que había terminado de asentarse. Así que este libro supone, en principio, el inicio de una serie de publicaciones en las que voy a rescatar los cuentos que considere que merecen ser leídos.

¿Qué nos puedes contar de este libro?

Son ocho historias que funcionan como un organismo vivo, pero con pulsaciones muy distintas. Están los cuentos de humor más corrosivo y delirante, como La Muerte en Camiseta y El Cerdo Cente,  o los más  satíricos como Feliz vuelta al sol, Marita Alerggio y Mosquitox by Charly Millán.  Hay otro dúo, además, que juega en una liga propia (decirte más que eso sería hacer un spoiler tremendo) pero La Teoría de la Grulla en la Ventana y Las Esferas de Karine probablemente representen para el lector una lectura más bien lúdica. También incluí un relato introspectivo, del que hablé al principio, que recupera mi propia historia, o prehistoria: Un Huracán en Gurrezeti, que está ahí para bajar un poco los decibeles.

El cierre es una trilogía que se despega  del resto, incluso tiene su propia carátula: Purrington, ahí aparece por única vez el narrador en primera persona. Hay un juego también respecto a que el libro fue “tomado” por esas voces, que son las de mis dos gatos.  Me interesa esa variedad de registros y emociones; que el libro no sea una línea recta, sino que proponga un recorrido de lógicas que se desmadran, de volantazos que no ves venir.

© Alejandro Molina.

¿Cuál es tu relato favorito de este volumen, el que consideras más representativo del mismo? 

Es la pregunta más difícil, porque cada cuento tiene su propio peso, y están ahí después de una ardua selección. Pero si tengo que hablar de representatividad, creo que debo mencionar dos que están en el centro del libro por alguna razón.

Por un lado, El Cerdo Cente, que es donde más exploto el cinismo, la sátira y la crítica;  todo queda al desnudo, sin filtros. Es el punto de mi escritura más descarnada. Estaba enojadísimo cuando lo escribí, en 2021, luego de una gran injusticia vivida por una amiga.

Como contrapartida, está Un huracán en Gurrezeti, que es el más antiguo, escrito en 1997, en el que aparece mi costado más sensible y nostálgico. Que estén juntos en el medio del libro no es casualidad: son los dos polos de mi mundo. Entre el cinismo más absoluto y esa esperanza un poco rota, es por donde se mueve todo lo que escribo.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Solución de continuidad?

Espero que encuentren, sobre todo, una voz que no los subestime. No busco que el lector se sienta 'cómodo' ni que encuentre refugio en lugares comunes; espero que se tope con esa incomodidad que surge cuando el humor te obliga a mirar lo que preferirías ignorar. Me gustaría que se rían, claro, pero de esa risa que te deja un poquito de culpa después. Al libro lo pensé como una suerte de disco: el orden de los cuentos no es azaroso, está diseñado para que el lector atraviese determinadas emociones y ritmos, como quien escucha un álbum de principio a fin. Es muy musical; de hecho, cito canciones constantemente porque la música es parte de mi ecosistema y el de mis personajes. Incluso tengo pensado publicar pronto una playlist con todas las canciones del libro para que la experiencia sea completa.

Así que si los lectores logran conectar con todo este delirio literario-musical y sienten que, en el fondo, ese caos no les es ajeno, el libro ya cumplió su función.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Seguir rescatando material de ese “cajón” con más de cien relatos que mencioné antes. Reescribirlo, resignificarlo y también sumar algo nuevo. Casi todos los días me encuentro con situaciones que me llevan a pensar “esto amerita ser contado”. También sigo muy conectado con lo infantil; lo que viví y sigo viviendo con Bicho Cuadrado me dejó con ganas de seguir explorando ese público tan especial, tan honesto. Así que hay un segundo cuento ya preparado para octubre, con otro bicho. Bueno, con una bicha específicamente.

Pero mi foco ahora mismo es que Solución de continuidad se encuentre con más lectores. En ese período estoy: publicidad, presentaciones, entrevistas como esta.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

En principio, agradecerte a vos, Cristina,  por el espacio. No es fácil encontrar lugares así, que se animen a darnos voz y a generar estas conversaciones. Me parece una iniciativa buenísima. También agradecer a los lectores, gente querida que me ha apoyado en esta aventura, que me empuja a continuar por acá. Y a Álvaro Velarde, un cineasta fantástico que me hizo un prólogo exquisito, un gran artista del humor con quien compartimos mundos narrativos casi idénticos

Por último, invitar a quienes  quieran seguir el rastro de mi narrativa humorística, que me tomo muy en serio (sin tomarme tan en serio a mí mismo), a encontrarme en Instagram y Threads como @alejandroxmolina.

Muchas gracias, Alejandro, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y muy satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

miércoles, 13 de mayo de 2026

Entrevista: MIGUEL GARRIDO DE VEGA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

volvemos a la carga con nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido el autor Miguel Garrido de Vega.

Miguel Garrido de Vega es escritor y abogado. Ha sido finalista del Premio Nadal 2025. Colabora habitualmente con la revista literaria Zenda, la revista cultural El Asombrario, la revista sobre cultura japonesa Kaibun y la revista sobre el mundo del haiku Hotaru, entre otros medios. Su primera novela, Meigallo (2017), resultó finalista en los Premios Ignotus 2018. Sus relatos se han publicado en editoriales como Salto de Página, Eolas u Orciny Press, y también por la Escuela de Imaginadores; han sido seleccionados por Pórtico-AEFCFT entre lo más destacado del género escrito en España entre 2015 y 2018, y han sido premiados por el Ayuntamiento de Ferrol, Bibliotecas Públicas de Madrid o Eurostars Hoteles, entre otros. Sus haikus han sido reconocidos e incluidos en antologías colectivas, codirige *terror añadido –un pódcast sobre el mundo laboral, la salud mental y otros terrores cotidianos–, colabora con el pódcast literario Noviembre Nocturno, coordina clubes de lectura y es profesor de escritura creativa. La noche líquida (Páginas de Espuma, 2026) es su primer libro de cuentos.

Y dicho esto, vamos por fin con las palabras de nuestro autor:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Para mí siempre ha habido algo mágico en el acto de escribir, parecido a recitar un hechizo. Pero supongo que no fue hasta que empecé a trabajar, hará unos quince años, que sentí la necesidad de que eso que venía haciendo en privado, rellenar hojas y hojas, saliese a la luz. 

© Miguel Garrido de Vega.

¿Qué lecturas crees te han influido como escritor?

La obra de Raymond Carver, sin duda. Por su contención, la humanidad maltrecha de los personajes, su mirada de perdedor… y, de forma subterránea, los clásicos del terror —en particular, Bécquer, Bierce, Maupassant y Poe—, lecturas de juventud. La trilogía fundacional de Hermann Hesse abrió en mí una grieta introspectiva y orientalista —que, de adulto, cristalizó en pasión por la literatura japonesa: Akutagawa, Dazai, Soseki, Ogawa, Motoya…—. Kafka, irrenunciablemente. LeGuin y Bradbury, dos formas de ver la ciencia ficción complementarias. Siempre me he sentido atraído por el imaginario desbocado de K. Dick. Y hay muchos nombres actuales que me interesan: Anna Starobinets, Chris Offutt, Fernanda Melchor, Lorrie Moore, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda, Pilar Adón, Mariana Enríquez, Jon Bilbao, Juan Jacinto Muñoz-Rengel, Sara Mesa, Carlos Castán...

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Hace poco que terminé Máscaras femeninas (Fumiko Enchi) y Helena de Nada (Makenna Goodman). Ambos tremendos. Y estoy con Principio, medio, fin (Valeria Luiselli), que me está pareciendo maravilloso. El siguiente en la lista: Jardín, lo nuevo de Hiroko Oyamada.

¿Por qué escribir cuento en un país en el que lo que más se lee es novela?

Buena pregunta. No te voy a decir que me dé totalmente igual si algo se lee o no, porque sería mentir. Pero sí pienso que, a la hora de crear, deberíamos escribir dejando de lado el aspecto comercial y centrarnos en contar la mejor historia posible del mejor modo posible. Punto. El resto —lo crematístico, lo promocional; lo que no es literario, en esencia— vendrá después. Pero es que, además, el cuento pertenece a una tradición larguísima, nacional e internacional, es capaz de trasladar emociones e ideas con la misma —y, muchas veces, mayor— intensidad que una novela. Y, por economía de medios, entre otras mil razones, el relato debería ser la herramienta principal de cualquier narrador.

Por cierto, ¿qué ha de tener, según tú, un buen cuento?  

Puf. Qué difícil. La práctica está llena de excepciones. Por fijar algún criterio, un buen relato puede sorprender desde lo formal —sí, ya está todo hecho, aunque siempre hay margen para cierta experimentación—, desde la originalidad de su idea —más difícil todavía— o desde el aspecto puramente estilístico. Pero supongo que a mí me gana una prosa impecable —o impecablemente premeditada—, una atmósfera conseguida y una historia que no me lleve de la mano. Que deje espacio para que yo pueda encontrarme en sus huecos.

¿Qué ha supuesto para ti publicar La noche líquida con Páginas de Espuma?

Un sueño hecho realidad.

¿Cómo definirías este libro?  

Una exploración de la inestabilidad. De cuanto de profundo y soterrado hay en nosotros, de la falta de asideros, de la identidad como algo mutable y equívoco. Me gusta pensar en la imagen de un batiscafo solitario internándose en las más hondas simas submarinas. Y que, con un pequeño faro, percibe los gestos deformados e incompletos de los seres maravillosos que allí habitan.

¿Qué relato de este volumen te ha costado más escribir?

A nivel formal, puede que Muertos y fantasmas. Si hablamos del contenido, Funesto suceso en el pantano. Y si pienso en fobias personales, Sal.

© Miguel Garrido de Vega.

¿Qué tienen estos relatos de ti?

Mucho, como todo lo que escribimos. Da igual que estemos describiendo un reino élfico o dando testimonio de la muerte de un padre. O así lo veo yo. En mi caso, y dado que mis personajes no son héroes ni villanos —son padres, hijos, madres, parejas, amigos…— hay unas cuantas escenas presenciadas, imaginadas o que me han contado, claro. Pero, además, están muchas de mis obsesiones: la memoria como un territorio poco fiable, la identidad como relato, la violencia, las muchas capas del trauma, los vínculos que construimos (y destruimos), el papel de la tecnología, un concepto amplio de realidad donde lo insólito es catalizador, el tiempo cíclico, el humor negro, la muerte…

¿Qué esperas que los lectores encuentren en La noche líquida?  

Nueve relatos —varios con elementos surrealistas u oníricos, alguno más próximo al terror, otro al género negro o a la ciencia ficción, un homenaje a Galicia, uno de humor…— en los que trato de ofrecer una perspectiva variada de la experiencia humana. Si consigo, y sé que no es deseo pequeño, que alguien no acostumbrado a leer literatura fronteriza, por llamarla de algún modo —o a leer cuento, por ejemplo—, diga que ha descubierto caminos nuevos, me sentiría muy honrado.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Un poemario de haikus y formas poéticas afines, muy personal. Una novela basada en una experiencia autobiográfica, que intentaré hacer menos personal. Y un futuro libro de relatos...

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

¡Darte las gracias por este espacio!

Muchas gracias, Miguel, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

martes, 12 de mayo de 2026

Entrevista: ELOY COBERA

 

Queridos seguidores de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido el creador de contenido y escritor Eloy Cobera. Y como sabemos que estáis deseando saber qué nos ha contado, allá vamos con ella:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Creo que siempre fue más que un pasatiempo. Desde que escribí los primeros esbozos de una novela con quince años, mi objetivo fue el de contar historias y que saliesen al mundo. Quería hacerle sentir a la gente lo que mis autoras de referencia me habían hecho sentir a mí.

¿Qué lecturas crees que te han influido como escritor?

Influirme, creo que todas, pero de manera distinta. Al final, cada libro que lees es una fuente de inspiración, de sabiduría y de aprendizaje. De uno puedes aprender estructuras narrativas que no se te habían ocurrido nunca, de otro una palabra que no estaba registrada en tu base de datos, y otra puede inspirarte a crear una historia en sí misma. Es lo bonito de la literatura. Pero, si tuviese que decir qué libro me influyó para convertirme en escritor, ese sería Memorias de Idhún, de Laura Gallego.


 © Eloy Cobera.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?  

Ahora mismo me estoy leyendo En nuestros silencios, de Ferran Avellaneda. Es un libro precioso que cuenta la historia de dos muchachos violinistas que son aceptados en uno de los conservatorios más prestigiosos del mundo, pero que, cuando lo hacen, están pasando un mal momento. De hecho, la premisa es: a veces, los sueños se cumplen en el momento equivocado. Está siendo un viaje muy chulo, la pluma de Ferran es preciosa y la forma de enamorarse y de quererse de los personajes me tiene con el corazón blandito todo el rato.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Diría que desalentador si quisiera ser catastrofista, pero lo cierto es que la gente lee, y mucho. Estos días he estado visitando distintas ferias del libro y es increíble ver la cantidad de personas que aman la literatura. Hay cosas a mejorar, eso siempre, sobre todo del sector editorial en sí y de la cantidad de novedades que se publican cada mes; pero creo que como comunidad estamos yendo a un lugar muy bonito. O, al menos, eso quiero pensar. Quizás soy un iluso por el hecho de ser novato.

¿Qué ha supuesto para ti publicar tu primera novela, Grupo de apoyo para corazones rotos, en una gran editorial?

Es un sueño hecho realidad. Suena a cliché, pero es que es verdad. Al final, creo que (casi) todas las personas que escribimos lo hacemos por amor al arte y a contar historias y yo, después de muchos años de prueba y error, y después de zancadillas que casi acabaron con mi ilusión, puedo decir que lo he conseguido. Y encima ha sido con el respaldo de SUMA, que es una editorial superpotente que tiene a autores de gran prestigio. Es un honor, estoy que no quepo en mí. Feliz se queda corto.

¿Qué le dirías a otros escritores que están empezando y no se atreven a tocar a las puertas de las editoriales por miedo al rechazo?

No pares de intentarlo nunca. Y créeme, yo ni lo he tenido fácil, ni he publicado joven, ni a la primera; tampoco tenía contactos, ni muchos seguidores en redes sociales. Esto es una carrera de fondo y a veces se hace tediosa y cuesta salud y lágrimas, pero, si es lo que quieres, sigue intentándolo. Eso sí, búscate un agente, que eso te facilita mucho la vida.

Volviendo a Grupo de apoyo para corazones rotos, ¿qué nos puedes contar de este libro?

La sinopsis superreducida sería algo así:

Rodrigo tiene el corazón roto y huye a La Herradura, el pueblo de su abuela, para sanar durante el verano. Allí conoce a Harry, un chico británico que, por lo que sea, también tiene el corazón roto y que lo está intentando sanar lejos de su hogar. Cuando se conocen, deciden pasar tiempo juntos para olvidarse del pasado y apoyarse en el proceso. Y claro… ¿qué puede salir mal?

Es una historia de amor de verano, pero, al mismo tiempo, no solo es eso. Esta historia habla de sanar, de cuidarse a uno mismo (pero también a los demás) y de aprender a querer. Es ese libro que te leerías si necesitas un abrazo o que alguien te diga que todo va a salir bien.

¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela?

Yo veraneo todos los años en La Herradura, pero hubo uno en el que empecé a fantasear con cómo sería enamorarse allí, entre dos cerros, en un pueblecito pequeño y de costumbres. Así que esta novela es justo eso: una fantasía que decidí escribir y compartir con el mundo. Es la historia que me hubiese gustado que me pasara a mí.

¿Te has inspirado en alguien real a la hora de crear los personajes de esta historia?

Te mentiría si te dijera que no, pero también si te dijera que sí. Creo que cuando escribes, sin darte cuenta, te inspiras en lo que conoces, en lo que te rodea; sobre todo si estás escribiendo algo tan tangible y real como creo que es esta historia. Los nombres de los abuelos de Rodrigo, por ejemplo, son los de mis abuelos, pero sus personalidades y realidades no son las mismas, es más un homenaje a ellos. Y como esto mil cosas más. 

© Eloy Cobera.

¿Qué tiene de ti Grupo de apoyo para corazones rotos?

Va un poco en la línea de la respuesta anterior. Un poco de todo y un poco de nada. He cogido rasgos de mi personalidad y se los he dado a los personajes, igual con los traumas, los he repartido para sanarlos a través de ellos. Hay situaciones de mi infancia escondidas en las historias de los personajes, pero también muchas cosas nacidas de la nada. No diría que este libro es biográfico, ni de lejos, pero sí que hay inspiración de la realidad, por hacerlo más verosímil.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Grupo de apoyo para corazones rotos?

Espero que este libro sea una sacudida, que les haga sentir muchas cosas: que rían, que lloren, que suspiren y que fantaseen con formar parte del grupo de apoyo. Si esto se cumple, yo me doy por satisfecho.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Justo ahora estoy escribiendo mi próximo libro que, si todo va bien, saldrá el año que viene. Es una historia que me tiene obsesionado desde hace tantos años que ya no sé ni contarlos, así que ojalá que a la gente le encante después de haber pasado este verano con Rodri y Harry. ¡Espero que esté a la altura!

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Solo me queda decir: gracias.

Gracias por leerme, por dedicarme un ratito, ya haya sido aquí en esta entrevista, o entre las páginas de Grupo de apoyo para corazones rotos. Nos vemos en estanterías.

Muchas gracias, Eloy, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más atentos al otro lado de la pantalla. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva