jueves, 14 de mayo de 2026

Entrevista: ALEJANDRO MOLINA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

mediamos la semana y prácticamente el mes de mayo de este 2026 con la entrevista que nos ha concedido el autor Alejandro Molina. Vamos con ella:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Si me remonto a mi infancia, me recuerdo escribiendo todo el tiempo en mi habitación. Me gustaba inventar historias combinadas; por ejemplo, el Patito Feo como  mascota de Cenicienta, y eso cambiaba todo. En la escuela,  esperaba el momento de escribir historias. De hecho, uno de mis cuentos en esta antología que estoy presentando, Un huracán en Gurrezeti, comienza con una narración recuperada de mi cuaderno de 4º grado. Al releerla, me dio la sensación de que escribía mejor cuando tenía nueve años, libre de  prejuicios. No sabría decirte cuándo descubrí que la escritura era más que un pasatiempo, pero tengo claro que desde muy chico entendí que no tenía talento para otra cosa.

© Alejandro Molina.

¿Qué lecturas o autores crees te han influido como escritor?

Escribir olvidando lo que uno leyó es imposible; somos producto de nuestras lecturas. Un autor que leo mucho y me genera la necesidad de escribir es Paul Auster. Me encanta esa meticulosidad obsesiva para narrar el azar; esa forma en que sus personajes se pierden en su propio mambo. De él aprendí que se puede ser muy introspectivo sin que el lector se duerma en el camino, algo que intento aplicar. Sumo a Boris Vian, que es clave para dinamitar cualquier asomo de solemnidad que se me quiera filtrar. En lo que refiere a argentinos, hay tres que me vuelan la cabeza. Por un lado, Enrique Méndez Calzada e Isidoro Blaisten, dos artistas que entendieron que el humor es la forma más elegante de la inteligencia. Y Silvina Ocampo, por ese cinismo tan sutil que logra que el horror parezca, no sé, una cosa simple, cotidiana.

¿Qué estás leyendo ahora mismo ¿Nos lo recomendarías? 

Voy a ser sincero: últimamente estoy a full dedicado a reescribir los cuentos de mi siguiente antología, estoy en esa fase de la que no me puedo escapar. Pero lo último que leí, hace unas semanas, fue Todo verdor perecerá, de Eduardo Mallea. Y lo recomendaría, sin dudas, es una especie de “manual de estilo” sobre cómo contar la desolación y el aislamiento sin caer en el sentimentalismo berreta. Es denso, no lo voy a negar, pero tiene una estética de la decadencia con la que me identifico mucho, que me fascina.

¿Cómo compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?

La verdad es que no compagino nada. Como doy clases de literatura en un profesorado, y mis alumnos saben que escribo, muchas veces la charla se desvía inevitablemente hacia ahí; se me mezcla todo el tiempo el profesor con el escritor. Para mí, escribir es una actividad permanente, un estado mental desde el que proceso la realidad mientras cumplo con mis obligaciones: puedo estar explicando un texto en el aula y, al mismo tiempo, hay una realidad paralela ahí, funcionando. Siempre ando tomando notas mentales sobre un gesto o una frase para una próxima historia.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Se me hace que esta respuesta va a ser extensa. Por un lado, está lo que podemos llamar “literatura de algoritmo”, una literatura que le confirma al lector lo que ya piensa, no busca incomodarlo o abrirle un poco la cabeza. Abundan las lecciones de vida poco camufladas y una corrección política que detesto. No les creo nada.

Por el otro, veo el fenómeno de la literatura para adolescentes: amores tóxicos, amores inter-especies, etcétera. He visto las firmas de libros de estos autores en las ferias y siento que están más cerca de ser estrellas del pop (o influencers) que escritores.

Lo que me parece que está en peligro de extinción es el humor, por eso propongo este libro. Siento que falta ese espacio para la observación ácida de lo cotidiano, que no quiere salvar al mundo ni pararse desde el banquito de la moralidad. Y es en ese barro donde me interesa chapotear.

¿Qué te resulta más difícil: escribir literatura juvenil o cuentos para adultos?

Cuando me pongo a escribir, simplemente escribo; dejo que la historia encuentre su propio cauce. A veces tengo una idea pensada para adultos y termina pidiendo un lenguaje o un tono más ligado a lo infanto-juvenil, o al revés. Un ejemplo claro es Mosquitox by Charly Millán, uno de los cuentos de este libro: nació con la intención de ser para chicos, pero en el proceso se transformó en un texto puramente para adultos.

Me gustan ambos públicos, pero el infantil me parece un desafío mucho más grande. El adulto, por una cuestión de cortesía o para quedar bien, puede decirte que le gustó algo aunque no le haya gustado e incluso no lo haya leído. Los niños, en cambio, no tienen filtros. Por suerte, mi experiencia con ellos ha sido espectacular: las veces que fui a escuelas a presentar Bicho Cuadrado, los chicos se engancharon muchísimo. Me mandan dibujitos, los padres me cuentan que adoran al personaje y eso me da una satisfacción enorme. Lograr esa conexión real con un público que no te miente, requiere de una precisión que a veces me agota mucho, más que casi todos los cuentos que escribí para adultos, ahí despliego todas mis neurosis sin ningún tipo de control.

© Alejandro Molina.

Por cierto, ¿qué ha de tener, según tu perspectiva, un buen cuento?

Para mí, un buen cuento tiene que ser, ante todo, original, tiene que proponer una entrada a un mundo que no hayamos visto mil veces. No se trata solo de la trama, obviamente, sino de cómo la voz narrativa se va enredando en las cosas mínimas hasta que lo cotidiano se vuelva extravagante, disparatado, amenazante. Pero lo fundamental es el lenguaje personal, ese estilo donde el autor se reconoce en cada frase, y que el lector sienta que hay una identidad propia hablándole, no alguien siguiendo una fórmula.

En lo que escribo, hago mucho foco en el humor, que procuro que esté al servicio de desarmar la realidad y mostrar lo que hay debajo. No me interesa la literatura que te explica lo que tenés que sentir o que te lleva de la mano hacia una moraleja. Prefiero que el lector haga su propio viaje mental o emocional y se encuentre con un personaje que está perdido en su propia lógica, y que esa confusión le resulte inquietantemente familiar. Un buen cuento tiene que dejarte con preguntas incómodas, de esas que se te quedan dando vueltas un rato.

¿Qué ha supuesto para ti la publicación de Solución de continuidad?

Publicar este libro es la culminación y al mismo tiempo el inicio de un recorrido larguísimo. Los cuentos que forman parte de esta antología fueron escritos entre 1997 y 2025; son casi tres décadas de observar y de pulir mi forma de contar. Me encontré con ciento veintiséis cuentos en mi computadora cuando hice la selección de estos ocho. Siento que la necesidad de publicarlos llegó en un momento de mayor madurez personal, cuando encontré tanto la seguridad como la confianza necesarias para expresar lo que quería decir y cómo. Mis amigos me preguntan siempre por qué tardé tanto, por qué mantuve en el “cajón” esa cantidad de relatos durante tanto tiempo. Mi respuesta es que finalmente detecté o más bien sentí que efectivamente tenía una voz propia que había terminado de asentarse. Así que este libro supone, en principio, el inicio de una serie de publicaciones en las que voy a rescatar los cuentos que considere que merecen ser leídos.

¿Qué nos puedes contar de este libro?

Son ocho historias que funcionan como un organismo vivo, pero con pulsaciones muy distintas. Están los cuentos de humor más corrosivo y delirante, como La Muerte en Camiseta y El Cerdo Cente,  o los más  satíricos como Feliz vuelta al sol, Marita Alerggio y Mosquitox by Charly Millán.  Hay otro dúo, además, que juega en una liga propia (decirte más que eso sería hacer un spoiler tremendo) pero La Teoría de la Grulla en la Ventana y Las Esferas de Karine probablemente representen para el lector una lectura más bien lúdica. También incluí un relato introspectivo, del que hablé al principio, que recupera mi propia historia, o prehistoria: Un Huracán en Gurrezeti, que está ahí para bajar un poco los decibeles.

El cierre es una trilogía que se despega  del resto, incluso tiene su propia carátula: Purrington, ahí aparece por única vez el narrador en primera persona. Hay un juego también respecto a que el libro fue “tomado” por esas voces, que son las de mis dos gatos.  Me interesa esa variedad de registros y emociones; que el libro no sea una línea recta, sino que proponga un recorrido de lógicas que se desmadran, de volantazos que no ves venir.

© Alejandro Molina.

¿Cuál es tu relato favorito de este volumen, el que consideras más representativo del mismo? 

Es la pregunta más difícil, porque cada cuento tiene su propio peso, y están ahí después de una ardua selección. Pero si tengo que hablar de representatividad, creo que debo mencionar dos que están en el centro del libro por alguna razón.

Por un lado, El Cerdo Cente, que es donde más exploto el cinismo, la sátira y la crítica;  todo queda al desnudo, sin filtros. Es el punto de mi escritura más descarnada. Estaba enojadísimo cuando lo escribí, en 2021, luego de una gran injusticia vivida por una amiga.

Como contrapartida, está Un huracán en Gurrezeti, que es el más antiguo, escrito en 1997, en el que aparece mi costado más sensible y nostálgico. Que estén juntos en el medio del libro no es casualidad: son los dos polos de mi mundo. Entre el cinismo más absoluto y esa esperanza un poco rota, es por donde se mueve todo lo que escribo.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Solución de continuidad?

Espero que encuentren, sobre todo, una voz que no los subestime. No busco que el lector se sienta 'cómodo' ni que encuentre refugio en lugares comunes; espero que se tope con esa incomodidad que surge cuando el humor te obliga a mirar lo que preferirías ignorar. Me gustaría que se rían, claro, pero de esa risa que te deja un poquito de culpa después. Al libro lo pensé como una suerte de disco: el orden de los cuentos no es azaroso, está diseñado para que el lector atraviese determinadas emociones y ritmos, como quien escucha un álbum de principio a fin. Es muy musical; de hecho, cito canciones constantemente porque la música es parte de mi ecosistema y el de mis personajes. Incluso tengo pensado publicar pronto una playlist con todas las canciones del libro para que la experiencia sea completa.

Así que si los lectores logran conectar con todo este delirio literario-musical y sienten que, en el fondo, ese caos no les es ajeno, el libro ya cumplió su función.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Seguir rescatando material de ese “cajón” con más de cien relatos que mencioné antes. Reescribirlo, resignificarlo y también sumar algo nuevo. Casi todos los días me encuentro con situaciones que me llevan a pensar “esto amerita ser contado”. También sigo muy conectado con lo infantil; lo que viví y sigo viviendo con Bicho Cuadrado me dejó con ganas de seguir explorando ese público tan especial, tan honesto. Así que hay un segundo cuento ya preparado para octubre, con otro bicho. Bueno, con una bicha específicamente.

Pero mi foco ahora mismo es que Solución de continuidad se encuentre con más lectores. En ese período estoy: publicidad, presentaciones, entrevistas como esta.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

En principio, agradecerte a vos, Cristina,  por el espacio. No es fácil encontrar lugares así, que se animen a darnos voz y a generar estas conversaciones. Me parece una iniciativa buenísima. También agradecer a los lectores, gente querida que me ha apoyado en esta aventura, que me empuja a continuar por acá. Y a Álvaro Velarde, un cineasta fantástico que me hizo un prólogo exquisito, un gran artista del humor con quien compartimos mundos narrativos casi idénticos

Por último, invitar a quienes  quieran seguir el rastro de mi narrativa humorística, que me tomo muy en serio (sin tomarme tan en serio a mí mismo), a encontrarme en Instagram y Threads como @alejandroxmolina.

Muchas gracias, Alejandro, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y muy satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

miércoles, 13 de mayo de 2026

Entrevista: MIGUEL GARRIDO DE VEGA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

volvemos a la carga con nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido el autor Miguel Garrido de Vega.

Miguel Garrido de Vega es escritor y abogado. Ha sido finalista del Premio Nadal 2025. Colabora habitualmente con la revista literaria Zenda, la revista cultural El Asombrario, la revista sobre cultura japonesa Kaibun y la revista sobre el mundo del haiku Hotaru, entre otros medios. Su primera novela, Meigallo (2017), resultó finalista en los Premios Ignotus 2018. Sus relatos se han publicado en editoriales como Salto de Página, Eolas u Orciny Press, y también por la Escuela de Imaginadores; han sido seleccionados por Pórtico-AEFCFT entre lo más destacado del género escrito en España entre 2015 y 2018, y han sido premiados por el Ayuntamiento de Ferrol, Bibliotecas Públicas de Madrid o Eurostars Hoteles, entre otros. Sus haikus han sido reconocidos e incluidos en antologías colectivas, codirige *terror añadido –un pódcast sobre el mundo laboral, la salud mental y otros terrores cotidianos–, colabora con el pódcast literario Noviembre Nocturno, coordina clubes de lectura y es profesor de escritura creativa. La noche líquida (Páginas de Espuma, 2026) es su primer libro de cuentos.

Y dicho esto, vamos por fin con las palabras de nuestro autor:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Para mí siempre ha habido algo mágico en el acto de escribir, parecido a recitar un hechizo. Pero supongo que no fue hasta que empecé a trabajar, hará unos quince años, que sentí la necesidad de que eso que venía haciendo en privado, rellenar hojas y hojas, saliese a la luz. 

© Miguel Garrido de Vega.

¿Qué lecturas crees te han influido como escritor?

La obra de Raymond Carver, sin duda. Por su contención, la humanidad maltrecha de los personajes, su mirada de perdedor… y, de forma subterránea, los clásicos del terror —en particular, Bécquer, Bierce, Maupassant y Poe—, lecturas de juventud. La trilogía fundacional de Hermann Hesse abrió en mí una grieta introspectiva y orientalista —que, de adulto, cristalizó en pasión por la literatura japonesa: Akutagawa, Dazai, Soseki, Ogawa, Motoya…—. Kafka, irrenunciablemente. LeGuin y Bradbury, dos formas de ver la ciencia ficción complementarias. Siempre me he sentido atraído por el imaginario desbocado de K. Dick. Y hay muchos nombres actuales que me interesan: Anna Starobinets, Chris Offutt, Fernanda Melchor, Lorrie Moore, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda, Pilar Adón, Mariana Enríquez, Jon Bilbao, Juan Jacinto Muñoz-Rengel, Sara Mesa, Carlos Castán...

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Hace poco que terminé Máscaras femeninas (Fumiko Enchi) y Helena de Nada (Makenna Goodman). Ambos tremendos. Y estoy con Principio, medio, fin (Valeria Luiselli), que me está pareciendo maravilloso. El siguiente en la lista: Jardín, lo nuevo de Hiroko Oyamada.

¿Por qué escribir cuento en un país en el que lo que más se lee es novela?

Buena pregunta. No te voy a decir que me dé totalmente igual si algo se lee o no, porque sería mentir. Pero sí pienso que, a la hora de crear, deberíamos escribir dejando de lado el aspecto comercial y centrarnos en contar la mejor historia posible del mejor modo posible. Punto. El resto —lo crematístico, lo promocional; lo que no es literario, en esencia— vendrá después. Pero es que, además, el cuento pertenece a una tradición larguísima, nacional e internacional, es capaz de trasladar emociones e ideas con la misma —y, muchas veces, mayor— intensidad que una novela. Y, por economía de medios, entre otras mil razones, el relato debería ser la herramienta principal de cualquier narrador.

Por cierto, ¿qué ha de tener, según tú, un buen cuento?  

Puf. Qué difícil. La práctica está llena de excepciones. Por fijar algún criterio, un buen relato puede sorprender desde lo formal —sí, ya está todo hecho, aunque siempre hay margen para cierta experimentación—, desde la originalidad de su idea —más difícil todavía— o desde el aspecto puramente estilístico. Pero supongo que a mí me gana una prosa impecable —o impecablemente premeditada—, una atmósfera conseguida y una historia que no me lleve de la mano. Que deje espacio para que yo pueda encontrarme en sus huecos.

¿Qué ha supuesto para ti publicar La noche líquida con Páginas de Espuma?

Un sueño hecho realidad.

¿Cómo definirías este libro?  

Una exploración de la inestabilidad. De cuanto de profundo y soterrado hay en nosotros, de la falta de asideros, de la identidad como algo mutable y equívoco. Me gusta pensar en la imagen de un batiscafo solitario internándose en las más hondas simas submarinas. Y que, con un pequeño faro, percibe los gestos deformados e incompletos de los seres maravillosos que allí habitan.

¿Qué relato de este volumen te ha costado más escribir?

A nivel formal, puede que Muertos y fantasmas. Si hablamos del contenido, Funesto suceso en el pantano. Y si pienso en fobias personales, Sal.

© Miguel Garrido de Vega.

¿Qué tienen estos relatos de ti?

Mucho, como todo lo que escribimos. Da igual que estemos describiendo un reino élfico o dando testimonio de la muerte de un padre. O así lo veo yo. En mi caso, y dado que mis personajes no son héroes ni villanos —son padres, hijos, madres, parejas, amigos…— hay unas cuantas escenas presenciadas, imaginadas o que me han contado, claro. Pero, además, están muchas de mis obsesiones: la memoria como un territorio poco fiable, la identidad como relato, la violencia, las muchas capas del trauma, los vínculos que construimos (y destruimos), el papel de la tecnología, un concepto amplio de realidad donde lo insólito es catalizador, el tiempo cíclico, el humor negro, la muerte…

¿Qué esperas que los lectores encuentren en La noche líquida?  

Nueve relatos —varios con elementos surrealistas u oníricos, alguno más próximo al terror, otro al género negro o a la ciencia ficción, un homenaje a Galicia, uno de humor…— en los que trato de ofrecer una perspectiva variada de la experiencia humana. Si consigo, y sé que no es deseo pequeño, que alguien no acostumbrado a leer literatura fronteriza, por llamarla de algún modo —o a leer cuento, por ejemplo—, diga que ha descubierto caminos nuevos, me sentiría muy honrado.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Un poemario de haikus y formas poéticas afines, muy personal. Una novela basada en una experiencia autobiográfica, que intentaré hacer menos personal. Y un futuro libro de relatos...

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

¡Darte las gracias por este espacio!

Muchas gracias, Miguel, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

martes, 12 de mayo de 2026

Entrevista: ELOY COBERA

 

Queridos seguidores de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido el creador de contenido y escritor Eloy Cobera. Y como sabemos que estáis deseando saber qué nos ha contado, allá vamos con ella:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Creo que siempre fue más que un pasatiempo. Desde que escribí los primeros esbozos de una novela con quince años, mi objetivo fue el de contar historias y que saliesen al mundo. Quería hacerle sentir a la gente lo que mis autoras de referencia me habían hecho sentir a mí.

¿Qué lecturas crees que te han influido como escritor?

Influirme, creo que todas, pero de manera distinta. Al final, cada libro que lees es una fuente de inspiración, de sabiduría y de aprendizaje. De uno puedes aprender estructuras narrativas que no se te habían ocurrido nunca, de otro una palabra que no estaba registrada en tu base de datos, y otra puede inspirarte a crear una historia en sí misma. Es lo bonito de la literatura. Pero, si tuviese que decir qué libro me influyó para convertirme en escritor, ese sería Memorias de Idhún, de Laura Gallego.


 © Eloy Cobera.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?  

Ahora mismo me estoy leyendo En nuestros silencios, de Ferran Avellaneda. Es un libro precioso que cuenta la historia de dos muchachos violinistas que son aceptados en uno de los conservatorios más prestigiosos del mundo, pero que, cuando lo hacen, están pasando un mal momento. De hecho, la premisa es: a veces, los sueños se cumplen en el momento equivocado. Está siendo un viaje muy chulo, la pluma de Ferran es preciosa y la forma de enamorarse y de quererse de los personajes me tiene con el corazón blandito todo el rato.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Diría que desalentador si quisiera ser catastrofista, pero lo cierto es que la gente lee, y mucho. Estos días he estado visitando distintas ferias del libro y es increíble ver la cantidad de personas que aman la literatura. Hay cosas a mejorar, eso siempre, sobre todo del sector editorial en sí y de la cantidad de novedades que se publican cada mes; pero creo que como comunidad estamos yendo a un lugar muy bonito. O, al menos, eso quiero pensar. Quizás soy un iluso por el hecho de ser novato.

¿Qué ha supuesto para ti publicar tu primera novela, Grupo de apoyo para corazones rotos, en una gran editorial?

Es un sueño hecho realidad. Suena a cliché, pero es que es verdad. Al final, creo que (casi) todas las personas que escribimos lo hacemos por amor al arte y a contar historias y yo, después de muchos años de prueba y error, y después de zancadillas que casi acabaron con mi ilusión, puedo decir que lo he conseguido. Y encima ha sido con el respaldo de SUMA, que es una editorial superpotente que tiene a autores de gran prestigio. Es un honor, estoy que no quepo en mí. Feliz se queda corto.

¿Qué le dirías a otros escritores que están empezando y no se atreven a tocar a las puertas de las editoriales por miedo al rechazo?

No pares de intentarlo nunca. Y créeme, yo ni lo he tenido fácil, ni he publicado joven, ni a la primera; tampoco tenía contactos, ni muchos seguidores en redes sociales. Esto es una carrera de fondo y a veces se hace tediosa y cuesta salud y lágrimas, pero, si es lo que quieres, sigue intentándolo. Eso sí, búscate un agente, que eso te facilita mucho la vida.

Volviendo a Grupo de apoyo para corazones rotos, ¿qué nos puedes contar de este libro?

La sinopsis superreducida sería algo así:

Rodrigo tiene el corazón roto y huye a La Herradura, el pueblo de su abuela, para sanar durante el verano. Allí conoce a Harry, un chico británico que, por lo que sea, también tiene el corazón roto y que lo está intentando sanar lejos de su hogar. Cuando se conocen, deciden pasar tiempo juntos para olvidarse del pasado y apoyarse en el proceso. Y claro… ¿qué puede salir mal?

Es una historia de amor de verano, pero, al mismo tiempo, no solo es eso. Esta historia habla de sanar, de cuidarse a uno mismo (pero también a los demás) y de aprender a querer. Es ese libro que te leerías si necesitas un abrazo o que alguien te diga que todo va a salir bien.

¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela?

Yo veraneo todos los años en La Herradura, pero hubo uno en el que empecé a fantasear con cómo sería enamorarse allí, entre dos cerros, en un pueblecito pequeño y de costumbres. Así que esta novela es justo eso: una fantasía que decidí escribir y compartir con el mundo. Es la historia que me hubiese gustado que me pasara a mí.

¿Te has inspirado en alguien real a la hora de crear los personajes de esta historia?

Te mentiría si te dijera que no, pero también si te dijera que sí. Creo que cuando escribes, sin darte cuenta, te inspiras en lo que conoces, en lo que te rodea; sobre todo si estás escribiendo algo tan tangible y real como creo que es esta historia. Los nombres de los abuelos de Rodrigo, por ejemplo, son los de mis abuelos, pero sus personalidades y realidades no son las mismas, es más un homenaje a ellos. Y como esto mil cosas más. 

© Eloy Cobera.

¿Qué tiene de ti Grupo de apoyo para corazones rotos?

Va un poco en la línea de la respuesta anterior. Un poco de todo y un poco de nada. He cogido rasgos de mi personalidad y se los he dado a los personajes, igual con los traumas, los he repartido para sanarlos a través de ellos. Hay situaciones de mi infancia escondidas en las historias de los personajes, pero también muchas cosas nacidas de la nada. No diría que este libro es biográfico, ni de lejos, pero sí que hay inspiración de la realidad, por hacerlo más verosímil.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Grupo de apoyo para corazones rotos?

Espero que este libro sea una sacudida, que les haga sentir muchas cosas: que rían, que lloren, que suspiren y que fantaseen con formar parte del grupo de apoyo. Si esto se cumple, yo me doy por satisfecho.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Justo ahora estoy escribiendo mi próximo libro que, si todo va bien, saldrá el año que viene. Es una historia que me tiene obsesionado desde hace tantos años que ya no sé ni contarlos, así que ojalá que a la gente le encante después de haber pasado este verano con Rodri y Harry. ¡Espero que esté a la altura!

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Solo me queda decir: gracias.

Gracias por leerme, por dedicarme un ratito, ya haya sido aquí en esta entrevista, o entre las páginas de Grupo de apoyo para corazones rotos. Nos vemos en estanterías.

Muchas gracias, Eloy, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más atentos al otro lado de la pantalla. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

lunes, 11 de mayo de 2026

Entrevista: CARLOS J. PÉREZ

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

comenzamos la semana con una nueva entrevista: la que nos ha concedido el autor de autoficción Carlos J. Pérez.

¿Preparados? ¡Allá vamos!

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Fue durante la pandemia. Le escribí un libro a mi hijo para cuando se hiciese mayor, por si me ocurría lo peor: Un mapa.

¿Qué lecturas o autores crees te han influido como escritor?

Difícil cuestión. Supe de William Zinsser después de haber publicado Un mapa, pero me identifico cabalmente con su forma de entender la escritura. Autores que admiro: Stephan Zweig, John Dickie, Sebastian Haffner, Héctor Abad Faciolince, Viktor Frankl, J. R. Moehringer… En general, cualquier autor elegante, a cuyos escritos no les sobren palabras y que trasluzcan su personalidad. 

© Carlos J. Pérez.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Acabo de terminar Dignos de ser humanos, de Rutger Bregman. Lo recomiendo entusiásticamente.

¿Cómo compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?

No soy un escritor profesional, por lo que, cuando me embarco en un nuevo proyecto, procuro reservarme buena parte de los fines de semana para encerrarme a escribir en sesiones intensas. Por cierto, considero los paseos como parte integral de este proceso: siempre llevo algo donde anotar ideas.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Convulso y confuso. Me fascina que se vendan masivamente ciertos títulos y que otros no logren vender ni un ejemplar. Convive un público ávido de lecturas con muchos escritores talentosos pero frustrados. Llevo especialmente mal el descarado carácter mercantilista que destilan ciertas editoriales y algunos agentes literarios.

¿Por qué escribir autoficción?

Me hace gracia la pregunta, porque me recuerda a Inventing the truth, de mi admirado W. Zinsser.

En mi caso, porque creo que mi generación ha vivido cambios vertiginosos que pueden habernos ofuscado. Pienso que merece la pena entresacar de ahí lo que pueda ser de utilidad para las siguientes generaciones (que sin duda se enfrentarán a transformaciones aún más rápidas).

También hay un deseo de ayudar a quienes hayan sufrido por cuestiones de fe y circunstancias parecidas, así como otro de estimular la producción de memorias.

¿Qué ha supuesto para ti publicar La enramada? 

Un espaldarazo para creer que merece la pena escribir. Me propuse no pagar por publicar; que solo sacaría libros si mi manuscrito contaba con el visto bueno de un editor profesional y una editorial decidía apostar por él.

¿De dónde sale un título tan curioso?

Me encanta que me lo preguntes. Delante del cortijo donde se crió mi madre había una. Esa palabra me retrotrae a aquellos tiempos. Por lo demás, considero que yo mismo he caminado bajo la protección de mis antepasados; ahí radica el sentido simbólico del título, que recoge brillantemente la portada.


 © Carlos J. Pérez.

¿Qué vamos a encontrar en La enramada?

Unas memorias muy honestas en las que lo que menos importa es quién soy. Solo sirvo de hilo conductor de lo que bien podría verse como una novela finisecular ambientada en el sur de España.

¿Cuánto tiempo has dedicado a la escritura de esta obra?

En el libro he dejado constancia: casi un año.

¿Qué esperas que los lectores sientan cuando lean La enramada?

Unas ganas locas de escribir las suyas. Y que se vean reflejados en muchos aspectos.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Tengo dos ensayos esperando su turno: Hombres. mujeres y niños y Contra el olvido.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Darte las gracias por esta magnífica iniciativa: es una oportunidad para los que estamos convencidos de que lo que más se vende no es necesariamente lo mejor, ni mucho menos, lo que los lectores merecen.

Muchas gracias, Carlos, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

 

 

 

 

sábado, 9 de mayo de 2026

Entrevista: MARTA MORAL ALONSO

 

Queridos seguidores de La Orilla de las Letras,

como ya sabéis, no descansamos los fines de semana, por lo que aquí vamos este sábado 9 de mayo de 2026 con la entrevista que nos ha concedido la autora Marta Moral Alonso:

¿Qué lecturas crees te han influido como escritora?

Más que libros concretos, diría que me han influido mucho autores como Eduardo Mendoza y Rosa Montero. Tienen una forma de escribir que es un deleite en sí misma, casi independiente de la historia que estén contando. No pretendo insinuar que yo escriba como ellos, pero son una referencia de hasta dónde se puede llegar simplemente con el lenguaje, con la forma de construir historias poniendo una palabra detrás de otra.

También debo mencionar a Ray Bradbury, sobre todo por sus relatos. Recuerdo haber leído uno en el que, aparentemente, no pasaba nada reseñable: un hombre de ciudad se va de vacaciones a la costa y, por casualidad, se encuentra allí con su dentista, que también está de vacaciones. A partir de ese encuentro fortuito, surge una relación marcada por la incomodidad y la dificultad de admitir que prefieren estar solos, hasta el punto de arruinarse las vacaciones mutuamente. Es un buen ejemplo de que cualquier situación, por nimia que parezca, puede convertirse en un relato interesante si se sabe explorar bien.


 © Marta Moral Alonso.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías? 

Estoy releyendo El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza. Es el quinto libro de una saga protagonizada por una suerte de detective cuyo nombre nunca conocemos. Como se acaba de publicar el sexto libro de la serie (La intriga del funeral inconveniente), decidí volver a leer los cinco primeros antes de ponerme con el nuevo.

La novela arranca cuando el protagonista recuerda un antiguo caso en el que se vio envuelto: la investigación del asesinato de una modelo. La historia, que acaba convirtiéndose en una sucesión de situaciones cada vez más disparatadas con personajes rimbombantes y excéntricos, está maravillosamente narrada y es muy entretenida y divertida. Por supuesto que lo recomiendo.

¿Cómo compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?

No siempre es fácil… Yo vivo sola (bueno, con dos gatos) y trabajo desde casa, lo que es un arma de doble filo: por un lado, tengo mucha flexibilidad para organizarme y tener tiempo para todo; por otro, paso el día delante del ordenador y, cuando termino de trabajar, lo último que me apetece es seguir mirando una pantalla. Por eso, lo que mejor me está funcionando últimamente es escribir por las mañanas. Así no tengo la excusa del cansancio y, además, cuando termino me siento más motivada para afrontar el resto del día.  

¿Cómo fue tu experiencia en la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés?

Fue una experiencia maravillosa. Hice el curso general de narrativa y después continué con otros dos centrados en cuento (o relato corto), que fue la especialidad que elegí dentro de su itinerario; las otras opciones eran novela y no ficción.

La escuela tiene una metodología que combina teoría, lecturas relevantes (tanto fragmentos sueltos como varios libros completos cada curso) y, evidentemente, mucha práctica. Cada semana llevábamos un texto propio y dedicábamos tiempo a analizar los de la semana anterior. Primero recibíamos comentarios del grupo, lo que ya era muy valioso, y después el profesor hacía un análisis más exhaustivo. En cada clase aprendía algo nuevo o me daba cuenta de algún vicio o error recurrente que debía mejorar. El ambiente era muy positivo, de confianza, y eso permitía compartir textos sin miedo, sabiendo que todos estábamos aprendiendo y que todos teníamos puntos fuertes y otros a mejorar.   

¿Cómo ves el panorama literario actual?

La verdad es que no estoy especialmente metida en el panorama literario actual como para tener una visión muy amplia, así que mi percepción es bastante parcial, más como lectora y autora reciente.

Tengo la sensación de que conviven realidades muy distintas. Por un lado, las grandes editoriales siguen teniendo mucho peso en lo que llega a la mayoría de los lectores, pero eso no siempre va ligado a la calidad literaria. Por otro, la facilidad para autopublicar ha abierto muchísimo el acceso, lo que en general me parece muy positivo, pero también genera una oferta enorme y muy desigual: hay autores con obras muy buenas que apenas tienen visibilidad, mientras que otros publican lo que parecen primeros manuscritos sin una mínima revisión y, de alguna manera, consiguen llegar más lejos.

En un caso o en otro, con la enorme cantidad de libros que se publican actualmente, ya sea con el respaldo de una editorial o por medio de la autopublicación, creo que el gran reto está en el encuentro entre autores y lectores: que los autores consigan llegar a las personas que puedan conectar con lo que escriben y que los lectores sepan cómo encontrar esas voces en medio de ese océano de publicaciones. La buena noticia es que, en este mundo hiperconectado en el que nos movemos, disponemos de los medios para facilitar ese encuentro: redes sociales, blogs literarios (como este), publicidad en medios diversos... Sigue siendo difícil, pero al menos ahora tanto autores como lectores tienen más posibilidades de encontrarse si dedican tiempo a buscar, compartir y dejarse descubrir. 

¿Por qué escribir relato en un país donde la mayoría de lectores leen novela?

No es realmente una decisión consciente, la razón principal es que las historias que se me ocurren piden ese formato.

El relato tiene un formato muy distinto al de la novela, no es solo una cuestión de extensión. Suele centrarse en un momento concreto, en algo que irrumpe en la vida de un personaje y produce un cambio a partir del cual, todo cambia. En mi caso, las ideas suelen nacer así, como «a alguien le pasa tal cosa y reacciona de tal manera».

Por eso no siento que elija escribir relatos, podría decir más bien que son los relatos los que me eligen a mí para que los escriba.

¿Por qué te decantaste por la autopublicación en Amazon a la hora de dar a conocer Un lugar sin ayeres ni mañanas?

Fue, sobre todo, una forma de cerrar este proyecto. Me propuse enviar el libro a un concurso, más como una forma de obligarme a completarlo que con una expectativa real de ganar. La fecha límite para presentar el manuscrito era el 31 de diciembre del año pasado y lo presenté el 30. Esperé al fallo del jurado, que se anunció a mediados de marzo, y decidí que no quería seguir moviéndolo ni entrar en un largo proceso de envío a editoriales. Me apetecía que el libro viera la luz, darle un cierre y poder pasar a otro proyecto.

La autopublicación en Amazon me permitió precisamente eso y, además, fue en sí un proceso divertido en el que también aprendí mucho ya que lo hice todo yo: maquetación, portada, subirlo a la plataforma, corregir pequeños fallos de formato... Me llevó bastante tiempo, pero quedé muy contenta con el resultado. 

¿Qué vamos a encontrar en Un lugar sin ayeres ni mañanas?

En Un lugar sin ayeres ni mañanas el lector va a encontrar nueve relatos protagonizados por personajes que lidian con situaciones y emociones bastante cotidianas, como la pérdida, la soledad, el miedo o la obsesión. Son historias muy distintas entre sí, pero unidas por un interés común en explorar cómo reaccionamos las personas cuando algo nos descoloca, nos lleva al límite o nos obliga a mirarnos de otra manera. También creo que es un libro muy centrado en las pequeñas cosas: conversaciones, intuiciones, silencios o situaciones aparentemente normales que terminan teniendo más peso del que parecía en un principio.

Y, sobre todo, espero que el lector encuentre historias que lo acompañen más allá de la lectura, que le hagan preguntarse qué habría hecho él en el lugar de esos personajes o que se le queden rondando en la cabeza durante un tiempo.

¿Cuánto tiempo has tardado en escribir este libro?

Podría decir que décadas, ja, ja. Es que algunos de estos relatos parten de ideas o escenas que escribí hace muchos años y se quedaron sin terminar, porque en aquel momento no sabía cómo hacerlo.

Fue a raíz de mi paso por la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès, entre 2018 y 2021, cuando empecé a plantearme en serio la posibilidad de darles forma como conjunto. En ese tiempo recuperé muchos de esos textos, los desarrollé y empecé a trabajarlos con más intención. También escribí otros completamente nuevos. 

El proceso hasta llegar a publicar el libro no fue lineal, hubo varios parones importantes por motivos familiares y personales. Así, aunque el libro como tal lo he trabajado sobre todo en los últimos años, en realidad es una mezcla de historias recientes con otras que llevaba mucho tiempo queriendo contar.

¿Qué relato de este volumen te ha costado más escribir?

Diría que Anatomía de un tulipán herido. Es el relato más cercano a mi propia vida, el que tiene la protagonista más parecida a mí. Llegó un momento en el que tenía veinte páginas escritas y, sin embargo, la trama apenas avanzaba porque me había dedicado a narrar en detalle escenas muy personales que ni aportaban mucho ni la hacían progresar. Tuve que tomar distancia, olvidarme de plasmar mis propias vivencias y cambiar muchas cosas. A partir de ahí, la historia empezó a encontrar su forma, conseguí hacer avanzar la trama y darle cierre que le correspondía. Al final, quedó un relato que poco tiene que ver con las vivencias que lo inspiraron. 

© Marta Moral Alonso.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Tengo varias ideas para nuevos relatos, así que parece que, de momento, me voy a quedar en este formato.

Ahora mismo estoy trabajando en una historia que surgió a raíz de un problema burocrático que he tenido recientemente. Fue una situación muy estresante, ya que en un principio me reclamaban una cantidad considerable de dinero, que se alargó durante meses y en la que los «profesionales» que debían ayudarme no hacían más que ampararse en excusas, algunas bastante surrealistas.

En medio de toda esta situación, en la que llegué a pasar noches sin dormir y hasta tuve que coger unos días de baja, la inspiración se abrió camino y surgió la idea para un nuevo relato. Ni los personajes ni la trama tienen nada que ver con la situación que yo viví, pero todo surgió de ahí, de cómo un problema burocrático con fácil solución puede llegar a retorcerse y complicarse hasta llevar a la persona afectada al límite, a un punto en el que empieza a contemplar soluciones desesperadas.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Me gustaría darte las gracias por haberme hecho un hueco en tu blog y por el interés en mi libro. Como autora autopublicada, espacios así ayudan muchísimo a dar visibilidad a autores recientes que hacemos lo que podemos por llegar a nuestros lectores.

Y, por supuesto, animar a quien sienta curiosidad por Un lugar sin ayeres ni mañanas a darle una oportunidad. Ojalá alguna de sus historias consiga hacer compañía al lector y quedarse con él después de terminarlas.

Muchas gracias, Marta, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva