Queridos amigos de La Orilla de las Letras,
ya sabéis que nunca nos cansamos de daros a conocer
a los estupendos autores que así lo deseen. Esta vez le ha tocado al turno a Nicolás
Díez. Sus palabras, a continuación:
¿En
qué momento de tu vida decidiste que lo tuyo era la escritura?
Creo que la escritura difiere de otras artes en que su
aprendizaje es casi exclusivamente autodidacta. Las ciudades suelen contar con
conservatorios de música, facultades de Bellas Artes y escuelas de diseño
gráfico. Es cierto es los talleres de escritura creativa están proliferando,
pero la realidad es que uno empieza a escribir a tientas, imitando lo que ha
leído y sin saber muy bien qué está haciendo. En mi caso, lo hice porque me deslumbró
un cuento de Alice Munro que se titula Alga marina roja. Cuando lo leí
sentí que necesitaba escribir algo, probar a ver cómo se me daba. Quería saber
qué siente.
De ese primer arrebato salió un
relato llamado Reciclados, un cuento que trata sobre unos empleados de
ferrocarril que se ven atrapados en un cambio de ciclo tecnológico que los
obliga a prejubilarse. Es un relato al que guardo mucho cariño y que retoqué
hace un par de años para que cerrara mi libro Cenizas.
Tras ese relato vinieron unos
cuantos más, y la sensación que experimenté a medida que veía que conseguía
terminar obras era de puro placer. Pocas cosas me hacía más feliz. La
culminación de ese proceso llegó en 2019, cuando terminé mi primera novela.
Desde entonces han pasado muchas cosas: las publicaciones, el fichaje por Anaya
y decenas de ferias y presentaciones.
No sé si la escritura es lo mío,
pero sí que tengo muy claro que me ha llevado a conocer personas maravillosas,
visitar lugares que no conocería de no haber escrito libros y, sobre todo, que
soy feliz cuando me siento delante del ordenador a escribir historias.
© Nicolás Díez.
¿Qué
lecturas y autores crees que te han influido como escritor?
Suelo decir que estoy mucho más orgulloso de lo que he leído que
de lo que he escrito. Mi condición de filólogo me ha llevado a leer mucha literatura
clásica, y he leído por placer todo tipo de autores, épocas y tendencias. Si
hablamos de influencias, tengo muy claro que autores como Alice Munro, Roberto
Bolaño, Paul Auster, Cormac McCarthy, Javier Marías, David Foster Wallace,
Joyce Caroll Oates, Vargas Llosa o Ian McEwan serían nómina fija. Creo que mi
narrativa le debe un poquito a cada uno de ellos, pero me encanta seguir
descubriendo autores que me ayuden a explorar nuevos territorios. Últimamente
estoy muy interesado en explorar a fondo la obra de Georges Perec y en Vladimir
Nabokov.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Estoy terminando Kokoro, de Natsume Sōseki, una novela muy íntima y
delicada que profundiza en la amistad de un joven y un anciano. A través de sus
conversaciones e interacciones se explora la transición del Japón tradicional al
moderno. Es una novela profunda que invita a reflexionar sobre las prioridades
vitales y la empatía intergeneracional con una sensibilidad extraordinaria. Por
supuesto que os la recomendaría. También me gustaría recomendaros tres novelas
que he leído hace poco: Vía revolucionaria, de Richard Yates; Desgracia,
de J.M Coetzee; y Física de la tristeza, de Georgi Gospodinov.
¿Cómo compaginas
la escritura con tus otras obligaciones en la vida?
Tengo el compromiso conmigo mismo de buscar huecos para escribir
y hacerlo de manera innegociable. Como he dicho, únicamente lo hago por el
disfrute que me proporciona, aunque poco a poco se ha convertido en necesidad
más que en obligación. Soy de esas personas que funcionan mucho mejor a primera
hora, así que intento madrugar mucho para escribir. Para la escritura de mi
primera novela (aún sin publicar), pasé tres años levantándome a las 5:30 de la
mañana. En estos últimos años he ido moviendo ese momento de escritura hasta
las 7:00.
¿Cómo ves el
panorama literario actual?
Creo que el panorama literario siempre es un reflejo de su época;
y hoy día, al igual que el mundo que habitamos, creo que está marcado por la
fragmentación. La oferta editorial es inmensa, mucho mayor que la capacidad
material de leer de la gente. Eso, sumado a la velocidad que las redes han
impuesto a nuestra sensibilidad, hace que vivamos en un constante aluvión de
novedades editoriales sin calma ni poso alguno. Hoy día la cultura parece
caducar más rápido que nunca, pues casi todo lo que se publica pasa en cuestión
de semanas del foco más agresivo a la zona oscura.
Además, hay muchos fenómenos en
plena ebullición que complican y fragmentan aún más el mundo editorial, desde la
autopublicación hasta el auge del Romantasy, pasando por los libros de influencers,
youtubers y presentadores.
No obstante, creo que también hay algo
precioso, que es la cercanía que establece este mundo hipercomunicado entre
lectores y escritores. En estos años, gracias a todo esto, he podido hacer
amigos y conocer personas interesanísmas.
Has publicado
tanto relato como novela. ¿En cuál de los dos géneros dirías que te sientes más
cómodo?
En la novela, rotundamente. Los relatos han sido una buena
experiencia y creo que son prácticamente la única manera de empezar a soltarse
con la escritura. Si los lectores suelen rechazar los relatos porque no
permiten establecerse en una historia y acercarse a unos personajes con
intensidad, creo que a muchos escritores de novela nos pasa algo parecido. Es
mucho el esfuerzo en idear una trama (por muy pequeña que sea), unos
personajes, unos giros... para dejarlos ir en unas pocas páginas. Además, el
relato no admite fallos, en ese sentido es como un poema. Cada palabra debe ir
exactamente en su lugar. Eso sí, leer un buen relato es incluso más impactante
que leer una buena novela, pues nada puede equipararse a su contundencia.
Tu
última novela publicada es Una fábula sueca. ¿Cómo surgió la idea de
escribir esta historia?
La novela parte de una base real, de un caso que ocurrió en
Granada en los años noventa. Así que la idea, literalmente, surgió en un
restaurante. Durante un tiempo, una parte de mi entorno me sugirió que debía
conocer esta historia, y que había una persona que podía contármela. Esto es
muy frecuente en las personas que escribimos. Todo el mundo tiene historias
para contarnos, y la mayoría, de hecho, suelen estar muy bien. Así que en una
comida coincidí con esas personas que conocían el caso. Me contaron un par de
detalles y solo con eso me atraparon. De hecho, los detuve y les pedí si
podíamos hacer entrevistas. De esas entrevistas nace la base sobre la que se
construye la novela.
¿Qué nos puedes
contar de este libro sin desvelar lo importante?
La novela trata acerca de Ingrid, una mujer que vive aquí en
Granada a la que el gobierno sueco le ofreció un consulado honorífico. Esto era
muy frecuente en la era previa a internet, y se hacía sobre todo para que
muchos extranjeros cumplimentasen sus papeles, pues al tener que ir a Madrid,
muchos dejaban pasar algunos trámites. Para entender la novela, es importante
saber cómo es Ingrid. Es una mujer extremadamente cuidadora, inocente, emocional
y recta en el trabajo. Dicho esto, la novela empieza cuando Ingrid y su marido
escuchan hablar de dos mujeres suecas que llevan a cabo ciertas actividades
siniestras y sospechosas. A ellos les hace gracia y se olvidan del tema. Pero
las mujeres aparecen en su casa para solicitar la renovación del pasaporte del
padre de una de ellas. Y desde ese momento, desde que ellas apaercen en su
casa, la vida de Ingrid da un vuelco, pues el padre, cuya presencia solicita
Ingrid para poder hacer entrega del pasaporte, resulta que no aparece por
ninguna parte. Poco a poco, estas mujeres empiezan a infiltrarse
silenciosamente en la vida de la cónsul, parece ser que con el objetivo de
conseguir en pasaporte sin tener que presentar al anciano. Esa infiltración es
siniestra y sibilina, y poco a poco la vida de Ingrid empieza a convertirse en
una pasadilla, llena de brujería, personas extrañas, gatos que la vigilan y
paranoia, hasta el punto que Ingrid decide dar parte a la Interpol. Y ahí
comienza una investigación que revela todo un munto oculto a la espalda de esas
mujeres.
¿Qué
dificultades te has encontrado a la hora de escribir esta novela?
Hubo un momento, al principio, en el que pretendí reconstruir el
caso real, crear algo parecido a un true crime. Así que me dediqué a
recabar información y a buscar todo cuanto hubiese a mi alcance que estuviera
relacionado con el caso. Pero a medida que obtenía información, me di cuenta de
que la única manera de afrontar el caso era desde una óptica de ficción. Y eso
supuso una auténtica liberación para mí. Olvidar a las personas y crear
personajes que habitasen ese mundo de ficción. Cuando eliminé esa variable, la
realidad, vi que todo podía encajar. El mundo entero estaba a mi disposición. Y
ahí ya vi que estaba en mi terreno: podía explorar mis temas, mis inquietudes,
mis miedos sin atadura ninguna. La realidad había pasado a ser el punto de
partida, y no el objetivo de mi trabajo.
¿Qué diferencia Una fábula sueca de otras novelas del
género?
Yo no soy un escritor de género, sino alguien que utiliza el
género para abordar la historia que pretende contar. En este caso, la historia
pedía noir, es evidente, pero no es una novela negra canónica, sino una
historia contemporánea que usa el género negro para abordar ciertos aspectos de
la realidad relacionados con la obsesión, el miedo, la sugestión y la
hostilidad que se filtra en nuestra vida cotidiana. Hay que tener en cuenta que
el elemento que debería ordenarlo todo, el anciano, no está. Es como si la
novela le preguntase al propio género negro: ¿qué ocurre cuando el enigma que
debe resolverse no aparece por ninguna parte?
¿Qué esperas que
los lectores encuentren en Una fábula sueca?
No espero que el lector se lleve una explicación cerrada, ni una
respuesta única. Más bien una experiencia. La sensación de haber atravesado una
historia en la que las certezas se van desplazando poco a poco, casi sin darse
cuenta.
Me gustaría pensar que la novela
deja una inquietud, pero una inquietud fértil. No necesariamente ligada al
miedo, sino a algo más profundo: la conciencia de que nuestra relación con la
realidad es mucho más frágil de lo que solemos admitir. Que vivimos
interpretando constantemente lo que nos rodea, intentando construir sentido,
estabilidad, una narrativa que nos permita seguir adelante.
Y creo que la novela dialoga con
esa fragilidad. Con esa posibilidad de que, de pronto, algo pequeño altere
completamente nuestra forma de mirar. En ese sentido, me interesa mucho más la
pregunta que deja el libro que cualquier respuesta que pudiera ofrecer.
¿Qué nuevos
proyectos tienes en marcha?
Hace poco terminé una novela que me encantaría publicar el año
que viene. Es una historia más íntima, mucho menos expansiva, pero de una gran
profundidad. Una novela que profundiza en el amor, la pérdida y la búsqueda de
la paz en un mundo deshumanizado por la tecnología, atravesada por una historia
de amor ilegítima y tierna.
¿Te gustaría
añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Tal vez añadiría que escribir, al final, consiste en aprender a
convivir con las preguntas. No creo que la literatura esté para ofrecernos
certezas, sino para enseñarnos a mirar mejor la complejidad del mundo. Si
alguno de mis libros consigue acompañar a alguien en ese ejercicio de mirar con
un poquito más de más atención y silencio, entonces todo habrá tenido sentido.
Muchas gracias, Nicolás, por tu tiempo, tus palabras y
tus fotos personales. Te deseamos una carrera larga, próspera y llena de
satisfacciones.
Y
a vosotros, amigos del blog, gracias
por estar un día más al otro lado de la pantalla, siempre atentos. Ahora, ¡a
leer!












