Queridos amigos de La Orilla de las Letras,
comenzamos la semana con la entrevista que nos ha concedido Francisco
M. Soria.
Francisco M. Soria es historiador por la
Universidad Autónoma de Barcelona y editor de profesión con una amplia
trayectoria en editoriales como Círculo de Lectores, Elsevier o en su etapa
como director de Ariel. En 2021 creó su propio sello editorial. Es también
colaborador habitual en revistas culturales, como Qué Leer y docente en
programas de máster de edición y comunicación en la Universidad de Alcalá,
Universidad de Barcelona y Universidad Internacional de Valencia (VIU).
Dicho esto, vamos por fin con las palabras del
autor:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Creo que nunca lo fue. Desde pequeño, leyendo novelas de
aventuras, ya había algo más que entretenimiento, era una forma de vivir otras
vidas, otras aventuras, un acompañamiento. Con el tiempo entendí que la
escritura, la lectura, era eso mismo; una forma de caminar con la vida.
¿Qué
lecturas crees te han influido como escritor?
Los clásicos, sin duda, porque vuelven siempre. Y luego autores
como Pessoa, Borges, Foster Wallace o Calvino, que te enseñan que la literatura
no es solo contar, sino pensar desde la forma. Pero también están los mitos, la
filosofía...
Al final, uno escribe con todo lo que ha leído. Y los libros nacen, en gran parte, de todas esas voces que han ido quedando.
© Francisco M. Soria.
¿Qué
estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Estoy leyendo Koljós, de Enmanuel Carrére. Tuve el placer
de editar y conocer a su madre. Acceder ahora a esa relación madre-hijo, a esa
escritura que dialoga con otras generaciones, otros momentos históricos, me
resulta especialmente sugerente. Sí, lo recomendaría, entre otras cosas porque
no es una lectura complaciente.
¿Qué
va primero: el editor o el escritor?
El escritor es más necesario, pero no más importante. En todos
estos años he dejado que ganara el editor, porque protege, ordena y pone
límites. Y eso, en un mundo con mucho ego autoral, no es menor. El escritor, en cambio, tiene que exponerse y
asumir ese riesgo. Pero sin una mirada que le ponga resistencia, ese riesgo
puede convertirse fácilmente en exceso.
¿Cómo
compaginas la escritura con tu labor de editor y colaborador de revistas
culturales?
No siempre se compagina bien. El trabajo editorial es rápido,
preciso, casi quirúrgico. La escritura es todo lo contrario: lenta, incierta, a
veces contradictoria. El verdadero conflicto no es de tiempo, es de mirada. Hay
que aceptar que no se puede estar en los dos lugares a la vez sin perder algo.
Por mi parte, he intentado buscar
ese equilibrio; dejar hablar al escritor sin que el editor desaparezca del
todo.
¿Cómo
ves el panorama literario actual?
Excesivo. Se publica mucho, se lee deprisa y se olvida aún más
rápido. Hay buenos libros, por supuesto, pero también una cierta ansiedad por
producir y por estar presente. A veces da la impresión de que el libro importa
menos que su circulación. Y eso es preocupante, porque no todo lo que se
escribe merece ser dicho, ni todo lo que se dice merece ser leído.
¿Cómo
surge la idea de escribir Regálame una historia?
Después de años acompañando a otros, tenía la intuición de que
la escritura podía contarse de otra manera: no solo como técnica, sino como una
forma de vida, en diálogo con los mitos.
Me interesaba relacionar cada
gesto del proceso —el bloqueo, la duda, la mirada, los objetos, las decisiones—
con un mito. Encontrar ahí una forma distinta de narrar algo que muchas veces
se ha contado de manera más convencional.
Y, quizá, eso fue decisivo. Desde
la mirada del editor, uno aprende a desconfiar de los caminos ya trillados. Si
este libro no hubiera aportado, al menos para mí, una forma diferente de mirar
la escritura, no lo habría escrito.
¿Cuánto
has tardado en componer este volumen?
Más que años, diría tiempo. No es un libro escrito con prisa,
sino uno que se ha ido decantando poco a poco, a través de lecturas,
experiencia y muchas preguntas. La escritura tiene algo de ecuación lenta:
necesita pausa, distancia, incluso silencio.
En ese sentido, Cronos ha estado
muy presente. El tiempo no como algo que hay que dominar, sino como algo que
hay que aprender a acompañar. Porque hay cosas que solo aparecen cuando uno
deja de apresurarlas. He intentado que ese ritmo también esté dentro del libro.
Que no sea un texto acelerado, sino un espacio donde detenerse.
¿Qué
vamos a encontrar en Regálame una historia?
Un recorrido. Un laberinto hecho de palabras, mitos y citas,
donde la escritura y la vida se entrelazan. Hay técnica, sí, pero también
memoria, deseo, tiempo y preguntas. Un libro pensado para acompañar, para que
no pese, para que se lea casi como quien camina. Y que, al final, nos devuelva
a nosotros mismos. Porque como se señala en el mismo libro: "Escribir
no es ordenar el mundo, es aceptar que el mundo no se deja ordenar del
todo".
¿A
qué tipo de público va dirigido este libro?
A quien tenga preguntas. No hace falta querer escribir para
leerlo, pero sí cierta disposición a no encontrar respuestas cerradas. Es
también un canto a la lectura, a la tradición, a los mitos y a los grandes
temas que siempre han acompañado al ser humano: el tiempo, la memoria, el
deseo, el sentido de lo que hacemos.
Creo que puede interesar tanto a
quienes aman la escritura como a quienes sienten afinidad por la mitología, la
filosofía o, simplemente, por entender un poco mejor lo que nos pasa.
© Francisco M. Soria.
¿Qué
esperas que los lectores encuentren en Regálame una historia?
Que encuentren compañía. No es un libro que quiera incomodar,
sino acompañar. Me gustaría que el lector entre en él como quien entra en un
laberinto sin miedo, con calma, y que poco a poco algo se vaya transformando. En
el fondo, he intentado que sea también un pequeño manual de vida. No en el
sentido de dar respuestas, sino de abrir un camino: el de la escritura y la
lectura como forma de entenderse, de detenerse, de mirar con más atención. Y,
sobre todo, que sientan que ese camino puede ser suyo. Que, al cerrar el libro,
tengan ganas de regalarnos también su propia historia.
¿Qué
nuevos proyectos tienes en marcha?
De momento, ninguno cerrado. Después de un libro así, creo que
lo honesto es parar. No todo tiene que convertirse inmediatamente en otro
proyecto. A veces hay que dejar que el silencio haga su trabajo.
Sí hay algo que me acompaña desde
hace tiempo: un personaje histórico al que voy volviendo poco a poco. No tiene
todavía forma, ni sé si llegará a tenerla, pero está ahí, insistiendo. De
alguna manera, más que un proyecto, es una presencia.
¿Te
gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Que escribir no es una forma de afirmarse, sino de ponerse en
duda. Y que quizá ahí reside su valor.
Muchas gracias, Francisco, por tu tiempo, tus palabras
y tus fotos personales. Te deseamos mucho éxito tanto con este libro como por
los que estén por venir.
Y
a vosotros, amigos del blog, gracias
por estar un día más al otro lado. Y ahora, ¡a leer!
Cristina
Monteoliva









