Queridos amigos
de La Orilla
de las Letras,
nos
acercamos al ecuador de esta semana de abril con la entrevista que nos ha
concedido la Silvia Sánchez Muñoz.
Silvia Sánchez Muñoz es licenciada
en Filología Inglesa por la UEX, escritora y profesora en la enseñanza pública.
Además del libro de relatos La
belleza de los muertos (InLimbo Ediciones), su obra ha sido publicada
en revistas literarias como Los
Bárbaros, La gran belleza o Ceniza.
Sus cuentos también han sido reconocidos con el XXIII Premio de Narrativa del Ateneo Cultural de Paterna y
el XV Certamen de Relato Corto de
la UNED de Plasencia, y han resultado finalistas del XII Certamen Ser Escritor de la Cadena
Ser y el XXXIII Premio de
Narrativa Ana María Matute de Ediciones Torremozas. Cabalga la larga noche (Rasmia
Ediciones) es su segundo volumen de relatos.
Dicho
esto, vamos con las palabras de nuestra autora:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Cuando necesitaba dedicarle cada vez más tiempo y sacrificaba
otros espacios de mi día a día para poder escribir. Se fue creando una
necesidad, y en periodos que no podía hacerlo por el ritmo de vida o los
horarios, me entraba ansiedad hasta que conseguía encontrar el momento. Se
convirtió en prioritario.
¿Qué lecturas
crees te han influido como escritora?
Soy muy híbrida como lectora: leo narrativa, pero también poesía y mucho cómic. Sin duda la literatura norteamericana por mi formación. Escritores como Eudora Welty, Flannery O’Connor, Toni Morrison, Joy Williams, Paul Auster o Sam Shepard me han influido mucho, o más actuales como Bonny Jo Campbell o la británica Deborah Levy. También Ana María Matute, Cristina Peri Rossi, y en los últimos años poetas como Chantall Maillard, Audre Lorde, Richard Siken, Cristina Rivera Garza o Mary Oliver. En cómic, ahora me enamoran Jeff Lemire, y la española Laura Pérez. Ambos tienen universos increíbles.
© Silvia Sánchez
Muñoz.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
El poemario Jarrón y Tempestad de Guadalupe Grande, del
que no me despego; la novela Hijas,
Madres, Otras de la escritora anglonigeriana Bernardine Evaristo y el libro
de relatos Perdidas en el bosque de Margaret Atwood.
¿Cómo compaginas
la escritura con tu trabajo como docente?
Como buenamente puedo. Intento escribir al menos dos días a la
semana y aprovechar mucho las vacaciones y fines de semana. En realidad se
complementan bastante entre sí: en una, me proyecto más hacia fuera. La
escritura, en cambio, es una tarea íntima, más solitaria. Ambas me dan el
equilibrio que necesito.
¿Por qué
escribir relato en un país donde escasean los lectores de este género?
Porque desde que empecé a estudiar Filología, me apasionó. En
los países angloparlantes y en Latinoamérica siempre ha habido una sólida
tradición del cuento. Puede ser que escaseen lectores en comparación con la
novela, o que los medios no le presten el interés que realmente se merecen,
pero no hay escasez de cuentistas o escritoras y escritores que igualmente
navegan entre la novela y el cuento, o solo escriben cuentos. Lo que tampoco
escasean son libros buenos de relatos. Creo que en España está empezando a
cambiar y las editoriales independientes aquí tienen un papel decisivo, ya que
llevan apostando desde hace mucho por este género. Y algunas de las grandes
están empezando a darse cuenta. De hecho el premio que le han dado a Samantha
Schweblin, al margen de polémicas, que ya estaba muy reconocida como cuentista,
o que Cristina Fernández Cubas obtuviera el Premio Nacional de Las Letras en
2023, es un síntoma de que es un género
muy vivo. Ojalá estos premios sirvan también para crear interés en el
género y atraer más lectores.
Escribir relato es un desafío
narrativo. En una novela te puede “sobrar” una página o varias, y la historia
no tiene porqué flaquear. En cambio, en un relato, una oración mal colocada te
puede hacer saltar todo el castillo de naipes. Me gusta por su intensidad, por
la tensión narrativa que implica. Me gusta porque se puede expresar mucho
diciendo poco en un formato muy exigente.
Por cierto, ¿qué
ha de tener un buen relato?
Intensidad, tensión, concisión, un buen principio con un final
redondo o al menos conclusivo; también mucha capacidad de asombro y, por
supuesto, emoción en la manera de narrarlo.
Has recibido
diversos premios literarios por tu obra. ¿Qué ha supuesto esto para ti?
Reconocimiento y aliento para seguir escribiendo, sin duda.
Aunque el no ganarlos —que es lo
más habitual— tampoco
tiene que significar tirar la toalla. Es un apoyo más. Son ojos ajenos que
valoran tan solo la obra, en un formato muy determinado, sin referencia alguna.
Y es hermoso cuando te llega ese reconocimiento entre tal cantidad de textos
que se presentan.
Háblanos de tu
última antología de cuentos, Cabalga la
larga noche ¿Qué vamos a encontrar en este libro?
Once cuentos con atmósferas que no dejaran indiferente al
lector, donde habrá fronteras difusas en las identidades que definen a los
personajes. Es un libro en el que he querido explorar la idea de la “identidad”
y la “pertenencia”. Los personajes de
los relatos, a menudo, se cuestionan sobre el lugar al que pertenecen, son un
poco misfits: o sienten como si les hubieran sacado del mundo, o parecen
no encajar en el que les ha tocado habitar, en tiempo y espacio. Esta última
reflexión está inspirada en la escritura
de Joy Williams.
¿Cuánto has
tardado en componer este volumen? ¿Y cuál de estos relatos te ha costado más
escribir?
Tardé dos años en escribirlo.
Los relatos que más me ha costado
escribir, sin duda, han sido dos: El día que Jay-Jay silbó, una road story que me costó escribir por las
transferencias narrativas en espacio y tiempo, y sin duda, la atmósfera creada
en Sobre la tierra no amarás, por ser un tiempo y un universo tan ajeno
a mí, ya que habla sobre una comunidad negra que acepta criar a una niña blanca
en el siglo diecinueve.
¿Qué tienen
estos cuentos de ti?
Toda escritura tiene algo propio. Es inevitable. A veces me he
inspirado en vivencias, o ciertos recuerdos de los que he partido para luego
convertirlo en ficción y crear historias o personajes que, en realidad, nada
tienen que ver conmigo, como, por ejemplo, en Corazón entre el Cemento.
En cambio, en otros cuentos el
disparador ha sido una imagen, o he
partido de biografías ajenas que por una razón u otra me han inspirado y ha
sido un acto sincero de imaginación, por la necesidad de reflexionar, eso sí,
sobre temas tales como la identidad racial o la identidad de género, el duelo o
la soledad.
¿Qué nuevos
proyectos tienes en marcha?
Estoy con un proyecto narrativo sobre una historia de iniciación
de una adolescente en la Extremadura rural de la posguerra. Una historia donde
prima el despertar sexual y donde el personaje tiene una conexión muy intensa
con la naturaleza.
¿Te gustaría
añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Daros las gracias por mostrar interés en Cabalga la larga noche y en las publicaciones de Rasmia ediciones.
Muchas gracias, Silvia, por tu tiempo, tus palabras y
tus fotos personales. Te deseamos mucho éxito en tu carrera literaria.
Y
a vosotros, amigos lectores, gracias
por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!
Cristina
Monteoliva











