Queridos amigos
de La Orilla
de las Letras,
nos
asomamos al fin del semana siempre bien acompañadas. En esta ocasión, nuestra
entrevistada es Marlena Agata Trelka.
Dejamos sus palabras a continuación:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Nunca la viví como un pasatiempo, ni
en mí ni en ningún escritor. Para mí siempre fue un anhelo, algo que quería
hacer desde que tengo memoria. Lo que ocurría es que no encontraba tiempo: “escribía”
historias en la cabeza, empezaba algo y lo dejaba… Hasta que un día me dije que
ya estaba bien, que no podía seguir aplazándolo. Cuando por fin empecé, me
volqué por completo. Fruto de ese impulso son los dos libros que han visto la
luz este año: la novela corta Una chica del Este y una selección de
versos infantiles de Julian Tuwim, que tenía traducidos desde hacía años.
© Marlena Agata Trelka.
¿Qué lecturas
crees te han influido como escritora?
Me cuesta elegir unas concretas. Todo
influye. Puedo mencionar a algunos de mis autores preferidos —García Márquez,
Haruki Murakami, Olga Tokarczuk—, pero son muchos más. Cada libro deja una
marca, igual que cada experiencia de la vida.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
No me gusta admitirlo, pero estoy con
varios libros a la vez. No es lo ideal, prefiero centrarme en una sola
historia, pero mi realidad es otra. En papel leo La ciudad que el diablo se
llevó, de David Toscana. Voy por la mitad y lo recomiendo mucho. Me resulta
curioso leer en castellano sobre una realidad tan cercana a la mía, sobre mi
país y su historia: es familiar y extraño a la vez. En el Kobo estoy con Stramer,
de Michał Łoziński, un escritor polaco poco conocido. Narra la historia de una
familia judía entre guerras en una ciudad del sur de Polonia. No tendría
sentido recomendarlo porque no está traducido. Y en audiolibro escucho Misterios
del escritorio, de Federico Reyes Heroles. Últimamente escucho más que leo:
trabajo desde hace años con texto y ordenador, tengo la vista cansada, ya uso
gafas… así que aprovecho los ratos de tareas domésticas, bici o carrera para
escuchar. No todo se presta a ello, claro.
¿Cómo compaginas
la escritura con tu trabajo de traductora?
Mi sector ha cambiado mucho con la
tecnología. Algunos dicen que está muerto; no es cierto, pero sí hay menos
trabajo. Hablo de la IA y de la traducción automática. Al tener más tiempo,
decidí escribir para mí —lo que siempre había deseado— y no solo para trasladar
las palabras de otros. Mi trabajo como traductora siempre me resultó muy
satisfactorio, me permitía aprender cosas nuevas y muy distintas. Lo que no
imaginaba es que escribir podía ser igual o incluso más apasionante. Es como
vivir varias vidas.
¿Cómo ves el
panorama literario actual?
No me considero la persona más
adecuada para opinar. No soy experta. Lo que sí veo es que hay muchísima gente
escribiendo, seguramente más que hace décadas, gracias a las posibilidades de
autopublicación. Publicar es accesible; otra cosa es el valor de lo que se
publica. La autoedición permite cumplir un sueño, aunque a veces sea una
ilusión engañosa.
¿Por qué has
decidido escribir historias en español y no en polaco?
No lo decidí como tal. Mi primera novela la escribí en
castellano por razones que explico en el propio libro. La protagonista se llama
Agata —mi segundo nombre— y la historia está basada en hechos reales. Es fácil
atar cabos. Esta pregunta es central en la novela, así que prefiero no
responderla aquí. Quien quiera saberlo tendrá que leerla. El segundo libro, El
canto de los versos, está en castellano porque son traducciones de poemas
infantiles de Julian Tuwim. La historia del proyecto es bonita: son versos con
los que crecimos muchas generaciones de polacos. Los traduje para mis hijos y
luego intenté publicarlos. Una editorial estaba interesada, un amigo hizo las
ilustraciones… pero la heredera de los derechos no quiso concederlos. Ni a mí
ni a nadie. Tuwim es un desconocido en España. Como la obra ya es de dominio
público, decidí autopublicar.
¿Qué te resulta
más difícil: escribir para niños o para adultos?
Son públicos muy distintos. Quizá sea
más difícil escribir para adultos: son más imprevisibles. Los niños, en cambio,
son sinceros. Se ve enseguida si algo les gusta o no, y eso es una ventaja
enorme.
¿Cómo surgió la
idea de escribir Una chica del Este?
La historia estaba en mi cabeza desde
hacía tiempo. El libro se basa en la historia de mi familia. Al principio solo
intentaba ordenar lo que sabía y lo que no: preguntaba a mi madre, a mis tías,
a mis hermanos. Pero enseguida apareció la idea de convertirlo en un libro.
Grababa las conversaciones, las transcribía, decidía qué podía entrar tal cual
y qué debía transformar o inventar.
¿Qué nos puedes
contar de este libro?
Está ambientado en Polonia y en un
pasado concreto, pero creo que puede leerse como una alegoría de la historia de
cualquier persona, viva donde viva. Todos, en algún momento, nos preguntamos de
dónde venimos, quiénes somos y quiénes queremos ser. Una chica del Este
intenta responder a esas preguntas, aunque no las formule de manera explícita.
¿Qué tiene Una chica del Este de ti?
Mucho. Agata es polaca, traductora y
comparte parte de mi historia, pero también es más introspectiva que yo. Ha
sido un espejo y un alter ego. Además, su nombre y su destino dentro del libro
tienen un significado muy simbólico para mí. Es algo que solo se descubre al
final y que prefiero no explicar todavía. Quizá algún día hable de ello con más
detalle, pero por ahora me gusta que cada lector saque sus propias
conclusiones.
¿Qué esperas que
los lectores encuentren en Una chica del
este?
Que se detengan a reflexionar. Y, si es posible, que sientan curiosidad por ese país del Este de Europa que es el mío: su historia, su gente, su geografía. Que deje de ser “uno de los países del Este” para convertirse en un lugar concreto en el mapa. Y quizá también en su memoria.
© Marlena Agata Trelka.
¿Qué nuevos
proyectos tienes en marcha?
La situación es parecida a la de mis
lecturas: varias cosas a la vez. Acabo de terminar la traducción al polaco de Una
chica del Este. No pensaba hacerlo, pero mis familiares y amigos insistieron.
La autopubliqué con prisa para poder regalar el primer ejemplar a mi madre por
su 90 cumpleaños. Ella es quien inspira a la madre de Agata. Es un círculo que
se cierra: la historia transcurre en Polonia, el libro nació en España y ahora
vuelve a las orillas del Vístula. Allí, y creo que en polaco, nacerá también la
segunda parte, que ya tengo en la cabeza. Además, trabajo en otra novela más
ligera, pero que es un pequeño experimento lingüístico. La tengo avanzada, pero
esta vez quiero ir sin prisas. Es una de las lecciones que me dejó Una chica
del Este.
¿Te gustaría añadir
algo antes de terminar esta entrevista?
Nada más. Me he extendido más de lo que pensaba. Solo quiero
agradecerte este espacio y tu cercanía. Muchas gracias, Cristina. Espero que la
entrevista resulte interesante para tus lectores y para ti.
Muchas gracias, Marlena, por tu tiempo, tus palabras y
tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y
satisfactoria.
Y
a vosotros, amigos del blog, gracias
por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!
Cristina
Monteoliva










