domingo, 13 de septiembre de 2026

Entrevista: BRIAN FLORES

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestra ronda de entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido Brian Flores. La tenéis completa a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Creo que no lo descubrí; casi me lleva por delante esto de escribir. Creo más bien que me encontró antes de que lo descubriera yo. No vengo del mundo literario y, en los años de pandemia, me surgió esta historia y la necesidad de contarla. Así que siempre digo que la historia necesitaba ser contada y justo yo me crucé en su camino.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Sobre todo los clásicos juveniles. En la casa de mi abuela había una colección con títulos como Sandokán, La isla misteriosa, 20.000 leguas de viaje submarino, Los viajes de Gulliver. Ya de más grande leí autores como Asimov, Arthur Clarke, Ray Bradbury; títulos como El hombre ilustrado y otros que estaban en antologías o colecciones y nunca volví a saber de quiénes eran.

Claro que leí El Principito y Platero y yo, también clásicos de Argentina de historieta. Un ejemplo es El Eternauta, que habrán visto en Netflix. Yo tenía una edición de 500 páginas.

© Brian Flores.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Como pertenezco a dos asociaciones de escritores, SADE y Autores Matanza, estoy viendo siempre presentaciones, charlas y leyendo a compañeros, de los cuales, además de disfrutar, aprendo.

A una de mis compañeras, que escribe muy lindo, le compré dos de sus libros. El primero porque contó que eran fruto de sus primeras experiencias en taller de escritura y estaban publicados en orden cronológico de cómo fueron apareciendo. Entonces dije: “Ahí está la evolución de un escritor”. Y el segundo ya era más pensado y con más experiencia.

No tuve mal tino, ya que mientras leía el segundo se me ocurrió un cuento y me gustó tanto el personaje que escribí tres más, y va a ser una novela en algún momento.

Pero, si digo lo último que leí, fue gracias al Día del Lector, el 24 de agosto, en conmemoración del cumpleaños de Jorge Luis Borges. Tenía que presentar un texto, estaba investigando y leí un cuento: Pierre Menard, autor del Quijote. Luego de la indignación previa, no solo me gustó, sino que me pareció gracioso y digno de recomendar.

¿Cómo compaginas la vida diaria con la escritura?

¿Ustedes tienen vida diaria?

No, en serio, con mucho esfuerzo, si se puede decir así a algo que a uno le gusta. Respondo mails en el transporte público o mientras camino al trabajo, escribo cuando puedo. La tecnología ayuda muchísimo si está bien usada. Tengo todo en el celular, escribo en la nube, así que siempre tengo disponibles mis carpetas cuando se me ocurre algo.

Eso sí, los domingos no suelo hacer casi nada, o muy poco, de literatura, salvo que sea feria del libro. No voy a eventos esos días y los dejo para estar en casa y, como buen argentino, hago asado para la familia.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Interesante. Las redes ayudan; ya dije que la tecnología también. Está esa cierta y correcta sensación de que cualquiera puede escribir, y es cierto.

Además, hay posibilidades que no existían antes. Soy un ejemplo de esto.

Hay discusiones sobre libros, algunas buenas, otras dejan mucho que desear, pero lo que creo importante es que se discuta, que se debata. Aun con errores o faltas de criterio se aprende; de todo se aprende y es sano. Además, ayuda a desarrollar el criterio.

Los chicos más jóvenes están promocionando y escribiendo novelas de dragones, príncipes, amantes que se odian y después se aman y no sé cuántos tropos. Muchas veces veo las mismas fórmulas repetidas y una cantidad de términos anglosajones para definir recursos y técnicas que, personalmente, me resultan un poco molestos. Tenemos una lengua lo bastante rica como para no necesitar pedir tantas palabras prestadas.

También entiendo que muchas de esas historias están dirigidas a adolescentes y jóvenes, a una etapa de la vida donde el amor parece ocuparlo todo y la juventud parece eterna.

Pero esos chicos están escribiendo. Se están ejercitando en este arte. Van a crecer, la misma vida les va a dar otras perspectivas, les van a preocupar otras cosas y seguramente van a escribir sobre otras cosas. Y cuando eso ocurra ya van a saber escribir, van a tener el ejercicio y la práctica.

Eso me parece bueno. Y tampoco pretendo decidir qué literatura vale y cuál no. Al final, el único que decide de verdad es el lector.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?

¿Y qué es la fama? ¿Que me conozca más gente? ¿O tener más dinero?

Si fuera por dinero, trabajaría más horas donde estoy. Si fuera por fama, podría ser booktuber o trabajaría más en mi marketing. Aun así, si pones “Brian Flores Los Invisibles” en Google aparezco fácil. ¿Será eso una forma de fama?

Y lo que escribí dista mucho de ser una novela de moda, pero también deberíamos saber cuál es la moda.

¿Por qué te has decantado por la autopublicación a la hora de dar a conocer tu primera novela, Los Invisibles?

Casi podría resumirlo por ansiedad. Imaginen tener tu texto terminado y enviarlo a editoriales que te tienen seis meses esperando. No, no es para mí.

Lo mejor es tener el control de tu propio proyecto. En eso sí soy muy organizado, es mi parte técnica. Puedo manejar mis propios tiempos y también soy el único responsable de todo lo que se hace o se deja de hacer. No hay culpa de nadie más que mía si algo no se hace o se hace mal.

Te topas con mil limitaciones y tienes que resolverlas, pero no dependes de los tiempos de otro. Y, claro, todo es más exigente porque te estás supervisando vos mismo.

Además, la autopublicación es posible y es de buena calidad, desde la distribución hasta el papel con que se hacen las cosas. Es hasta posible hacerlo con muy poco dinero, pero hay que saber que cuanto menos dinero se usa, más trabajo hay que poner.

Pero es totalmente posible armar un buen esquema de autopublicación.

¿Cómo surgió la idea de escribir Los Invisibles?

Fue algo extraño. Me llamaron Cristian en lugar de Brian. Algo sin importancia, un error común. Pero un tiempo después otra persona distinta volvió a decirme Cristian. “Bueno, casualidad”, dije. Pero al tiempo otra más me llamó así.

“Acá pasa algo”, pensé.

Y se me ocurrió que el nombre no es la identidad de una persona, y que hay algo entre nuestro nombre, que conocemos, y el que cree la gente que tenemos. Y si es identidad, ¿nos pertenece a nosotros o nos definen las personas que nos nombran?

Y aún más: pensé que si alguien no puede ser nombrado, ¿cómo lo referimos a los demás? Y si, además, no podemos recordarlo o lo recordamos como a nosotros nos parece, esa persona pasa a ser invisible. Su ser dejó de existir para ser creado en nuestra mente con un formato caprichoso, pero no es él.

¿Qué nos puedes contar de esta novela?

Si fuéramos invisibles, ¿qué haríamos?

Nuestros actos no tendrían consecuencias, aparentemente. Este personaje roba un banco, pero lo que busca en realidad es ser recordado, como lo buscamos todos nosotros.

Ahora, ¿cómo lo logra si nadie puede hacerlo?

¿Qué esperas que los lectores aprendan de esta historia?

Dejar una enseñanza es ya muy pretencioso. Quisiera que les quede una pregunta dando vueltas y que disfruten de poder hacérsela a ellos mismos y, tal vez, responderla de alguna manera para cada uno.

Aun así, si llegan a conocer cómo empezó esta historia, me gustaría que aprendan que una novela de 300 páginas, que me llevó tres años de trabajo, partió de algo tan simple como un nombre equivocado.

No una inspiración divina, no un estudio sesudo: algo trivial que nos pasa a todos, todos los días.

No esperen una idea grande. Pueden hacer su libro, poesía o novela con lo que hay en casa. 

© Brian Flores.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Después de pensarlo bastante, este año lo dedico a la difusión de esta novela, lo que ya está en marcha.

Además, con mucho trabajo logré que me aceptaran en la Biblioteca IMANI de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia, en Leticia, con un ciclo de ocho encuentros para leer mi novela y discutirla.

Todo el ciclo es virtual. Hay chicos en la biblioteca, pero también hay quienes se conectan virtualmente.

Estoy trabajando en varios de esos proyectos con diferentes bibliotecas de otros países de Latinoamérica. Además, estaré en la Feria del Libro de mi municipio.

Y si después de esto el tiempo me da su gracia, poder tener el año que viene el segundo libro de Los Invisibles, que cuenta cómo se originó la historia. Ya lo había empezado a escribir en diciembre del año pasado, pero era mejor dedicarle tiempo a este.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí. Solemos pensar que la escritura es algo solitario solo porque entra uno solo en la silla, pero detrás nuestro están nuestras familias, que cubren el tiempo de lo que dejamos de hacer para hacer esto.

Así que no estamos solos. Somos parte de una red más grande: familia que apoya o lava los platos cuando vos estás escribiendo; compañeros que te avisan de un concurso que es para vos por tu temática, aun cuando se lo enviaron a ellos; amigos que leen tu obra y, sin que vos se lo pidas, hacen reseñas públicas en lugares justos.

Sí, trabajamos mucho y es cierto, pero nadie puede ser feliz en soledad. Y, a pesar de estar uno solo sentado escribiendo en esta silla, hay infinidad de personas que ayudaron a que todo salga bien solo porque podían hacerlo.

A ellos, gracias, totales.

Muchas gracias, Brian, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

viernes, 11 de septiembre de 2026

Entrevista: NOELIA DÍAZ

 

Queridos seguidores de La Orilla de las Letras,

en el blog nos asomamos al fin de semana con la entrevista que nos ha concedido Noelia Díaz. Podéis leerla a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Pues descubrí que era algo que me gustaba porque era capaz de ponerle palabras a muchas cosas que no sabría explicar bien de otra manera. Yo soy de las que piensan que escribiendo conectas contigo y con lo que desconoces. A mí me pasó y me han salido cosas muy chulas… Pero tienes que estar inspirado. Da igual el momento, lo importante es plasmar aquello que te ocurre.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?

He tenido lecturas muy bonitas y muy mías. Yo nunca he sido de mantener un hábito constante de lectura, pero cuando cojo un libro, no lo suelto. Uno de los que más tengo presente y que hace unos meses terminé ha sido El poder del ahora, de Eckhart Tolle. Este libro me ha inspirado mucho en cuanto a valores, disfrutar del presente y sobre todo a no sobrepensar demasiado, que es a lo que habitualmente acostumbramos hoy en día.

© Noelia Díaz.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías? 

Ahora mismo estoy con Hasta que salga el sol, de Megan Maxwell, que sin haceros mucho spoiler habla un poco del amor y el esfuerzo en la época de verano. Es más familiar que romántica y, casualmente, son temas que trato mucho en Sincerely,.

¿Cómo compaginas tu trabajo como psicóloga con la escritura? 

Bueno, digamos que al final es sacar tiempo libre… Si lo consigues, yo creo que se compagina bien. Es ponerle ganas y lo dicho, ir sacando ratitos de vez en cuando y ya está.

¿Cómo ves el panorama literario actual?  

La verdad es que es una pregunta muy interesante y es justo la conversación que tuve el pasado domingo con la familia. Creo que se ha perdido mucho. Me refiero a que ahora en el instituto no mandan para leer libros como los de antes, ya no veo un Quijote, ni una Celestina, ni El Principito, del que tantas frases se han sacado… y me da pena. Se ha perdido mucho vocabulario y muy rico. Romeo y Julieta es una tragicomedia que se echa en falta también, pero más por el amor, por conquistar a alguien… Ahora es mucho más difícil y las redes sociales han apagado mucho esa parte.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famosa?  

No, yo quiero ser reconocida por mi trabajo, por ayudar a la gente. Es lo que más me gusta y es una vocación que he tenido siempre desde pequeña, independientemente de lo que en un futuro estudiase.

¿Qué te ha llevado a publicar Sincerely, se acabó el romance…comienza la ironía y el prólogo en Amazon?

Siempre he creído que las cosas pasan por algo y las que no, también. Pero lo que realmente me ha llevado a ello ha sido el poder contar cosas que le pueden pasar a todo el mundo, y cuando ocurren, pues es una putada, pero luego, cuando lo entiendes, lo ves de otra manera y te ríes. Pero te ríes porque al final puedes contarlo y ofrecerte un punto de vista más adulto. Yo siento que eso para mí es una suerte porque mi yo de niña querría haber tenido un referente como el que soy yo ahora, con experiencias y con mucho humor y, sobre todo, cariño para contarlas.

¿Qué vamos a encontrar en Sincerely, se acabó el romance…comienza la ironía y el prólogo?

Sobre todo, humor. Es decir, hay de todo: un coche averiado, un día complicado en el trabajo, una caída de pequeña, la estafa que estaba tan de moda y en la que justo yo caí, el primer amor de verano, una sesión de psicología en la que trabajo un poco la metáfora con temas actuales que han dado tanto que hablar como las balizas, la receta de las croquetas de mi abuela… Cosas que le pueden pasar a cualquiera pero que, por vergüenza, no suelen contarse. Otras, sí. Y yo me animé y lo hice, porque todos tenemos problemas, está claro, pero la gran diferencia es la manera que tenemos de afrontarlos.

¿Qué hace que este libro será diferente a otros de psicología?  

Especialmente en la manera de contarlo. Porque al final no trata de ser un libro que narre una historia, y tampoco un libro de autoayuda. Es como una guía que cuenta experiencias sueltas e incita al lector a identificarse conmigo y, sobre todo, a reírse.

¿Y qué tiene de ti?

Diría que de mí lo tiene todo. Tanto la narración como la escritura y lo que pretendo transmitir, que no es más que una manera distinta, pero necesaria, de afrontar las cosas y que duelan un poco menos.

© Noelia Díaz.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de tus escritos?

Yo quiero que se rían y que se abran a nuevos géneros que todavía están emergiendo. Yo nunca he publicado un libro antes, pero ahora siento que cualquiera puede hacerlo, porque cualquiera que se atreva puede convertir su imaginación en una historia que merece ser leída. Y siempre lo digo: no es lo que escribes, es cómo lo haces.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Ahora mismo estoy escribiendo mi segunda novela y está muy enfocada al crossover, es decir, dirigida a un público juvenil, pero que también es apta para adultos. Es ciencia ficción y cuenta una historia sobre atracciones, la importancia de la energía y las conexiones, y también abarca un poco el tema del futuro, sobre todo con la implantación de las IAs. Ahí lo dejo...

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí, que mucho cuidado con las estafas, que luego, aunque te rías, se pasa mal. Era broma; que tenéis mi libro disponible en Amazon en tapa blanda y en Kindle. Os leo, muchas gracias por esta entrevista.

Muchas gracias, Noelia, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos de las letras, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

Reseña: ESCRIBIR MICRORRELATO, de Ginés S. Cutillas

 


La buena literatura exige un esfuerzo tanto por parte del sagaz autor como de un lector atento y crítico. Esta reflexión es válida para cualquier género; pero si hay uno que requiere de un escritor que despliegue todas sus armas literarias y de un receptor que sepa rellenar cualquier hueco, ese es el microrrelato. El género de lo literario en su mínima expresión es tan grande como los de la novela y el relato, y aunque mucho se ha hablado de él, se hacía necesario crear un manual que recopilara todo lo que se sabe de tan pequeño gran asunto. Ese libro es Escribir ficción, del micerorrelatista consagrado y profesor de escritura creativa Ginés S. Cutillas: la obra de la que hablaremos en esta reseña.

El microrrelato es una pieza literaria capaz de condensar grandes anécdotas o episodios en unas pocas líneas. Encabezado por un título que le da significado a la obra o la complementa; una primera línea impactante; un desarrollo in crescendo y un final que siempre da que pensar, el buen microrrelato más que leerse, se devora con gusto. Como supondréis, adentrarse en un género que requiere de una gran inventiva, capacidad de síntesis y paciencia para pasar horas y horas reescribiendo hasta dejar el texto bien pulido, no es tan sencillo. Pero, como casi todo en la vida, también a escribir microrrelato se puede aprender.

Escribir microrrelato no es solo un manual para aprender a escribir este tipo de textos. Su autor Ginés S. Cutillas ha querido ir más allá ofreciéndonos el marco histórico de un género que necesitaba a gritos ser reivindicado y múltiples referencias.

Pero volvamos a lo que a casi todos nos importa: aprender a escribir buenas microrrelatos, tan afilados como cuchillos de carnicero. En este libro, descubriremos el arte de la merma, a utilizar el peso del lector, a distinguir las partes del microrrelato y la clasificación de los microrrelatos.

Un apartado que me gusta especialmente es el Decálogo del microrrelato, pues en pocas líneas tenemos en él sintetizado lo fundamental del género.

También me ha resultado muy interesante encontrar un sinfín de ejemplos y antiejemplos, tanto de escritores consagrados como de otros que están empezando en las clases de Ginés S. Cutillas, así como de ejercicios resueltos por el autor. Esto, sin duda, resultará de gran ayuda a los que lean este libro como guía o a los profesores que se apoyen en él en sus clases de escritura creativa.

El libro se completa con dos anexos dedicados a los microrrelatos de dos grandes de las letras: Ana María Shua y José María Merino.

Escribir microrrelato, en definitiva, es un manual de escritura creativa tan completo como necesario, pues es el único, hasta la fecha, que trata el género del microrrelato con tantísimo detalle y de una forma tan cercana y amena. Una obra imprescindible para todo aspirante a buen escritor de microrrelatos y minificciones. Y tú, ¿te atreves con este género?

Cristina Monteoliva

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Entrevista: DAVID PORTO DÍAZ

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestras entrevistas, esta vez, con la que nos ha concedido David Porto Díaz. La tenéis completa a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Para mí sigue siendo un pasatiempo, pero le doy a esa palabra un sentido bastante más profundo. Es algo que me entretiene, me gusta, me llena y a lo que cada vez he ido dedicando más y más. No recuerdo un momento concreto en el que pensara «ahora esto es algo serio». Simplemente empecé a escribir más, a terminar historias, a revisarlas, a publicarlas y a pensar en la siguiente. Quizá ahí cambió la dimensión del pasatiempo, aunque me gusta seguir llamándolo así porque quiero conservar precisamente esa parte: escribir porque disfruto haciéndolo. 

© David Porto Díaz.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Me ha marcado mucho la fantasía juvenil. Memorias de Idhún, de Laura Gallego, y la saga Harry Potter son dos referencias muy claras y están bastante cerca del tipo de fascinación por otros mundos que después aparece en Samuel entre mundos. Con Las manecillas del recuerdo quise hacer casi lo contrario: no partir de una lectura concreta, sino probarme a mí mismo con algo más íntimo y personal, jugar con el tiempo, con historias entrelazadas, con voces distintas y ver hasta dónde podía llegar escribiendo fuera de lo que ya conocía.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías? 

Ahora mismo estoy leyendo La península de las casas vacías, de David Uclés, y sí, la recomendaría. Me gusta especialmente cómo introduce lo imposible dentro de una realidad muy reconocible y consigue que el realismo mágico no parezca un adorno, sino otra forma de mirar lo que está ocurriendo. Ese tipo de mezcla entre realidad y extrañeza me interesa mucho como lector y también me hace pensar en posibilidades distintas cuando escribo.

¿Cómo compaginas tu trabajo fuera del mundo de las letras con tu propia literatura? 

Al final es una cuestión de organizarse y, sobre todo, de decidir a qué quieres dedicar el tiempo que te queda. Mi trabajo tiene unas horas establecidas y esas horas son las que son. Después llega el resto del día y ahí tienes que elegir. Últimamente una parte muy grande de ese tiempo va a este proyecto: escribir, revisar, leer y trabajar todo lo que rodea a los libros. No hay una fórmula especialmente romántica; simplemente hay cosas que, si de verdad quieres hacerlas, tienes que ponerlas en la agenda y darles tiempo.

¿Cómo ves el panorama literario actual?  

Lo veo bien y mal a la vez. A veces se habla como si la gente hubiera dejado de leer, y yo no lo veo así: sigue habiendo muchísima gente interesada en los libros y buscando historias nuevas. El problema, sobre todo para quien empieza, es la visibilidad. Hoy gran parte del descubrimiento pasa por internet, redes, buscadores, recomendaciones y plataformas, y posicionar un libro entre toooooodo eso es muy difícil. Por eso creo que empezar una carrera literaria y pensar desde el principio en vivir al cien por cien de ella es complicado. No porque no haya lectores, sino porque llegar hasta ellos cuesta muchísimo.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?  

Creo que, aunque quisieras, sería muy complejo escribir una novela únicamente para hacerte famoso. Una novela exige tantísimo tiempo, esfuerzo, correcciones y momentos en los que no apetece seguir que, si la única gasolina es la fama, probablemente no llegas al final. Otra cosa es que después quieras que el libro funcione, que llegue a mucha gente o que te abra puertas; claro que sí. Pero creo que quien dedica tanto tiempo a escribir necesita encontrar algo más en el propio proceso que la posibilidad de hacerse famoso.

¿Qué han supuesto para ti los premios literarios que has ganado?

Es una alegría enorme. Cuando llega un correo o una noticia diciendo que algo que has escrito ha sido elegido, premiado o ha quedado entre los finalistas, durante un rato es difícil no pensar: «joder, qué guay». Tú terminas un texto y ya tienes esa satisfacción de haber creado algo que antes no existía, pero que alguien de fuera lo lea y diga que también encuentra valor ahí es muy bonito. Me pasó con el Primer Premio de Letras Como Espada y también al verme entre los finalistas del Juan Andrés Teno. No cambia todo de repente, pero sí te da un empujón y hace mucha ilusión.

Tu última novela publicada es Las manecillas del recuerdo. ¿Qué puedes contarnos de esta obra?  

Las manecillas del recuerdo es mi segunda novela, publicada con Monza Ediciones, y probablemente la que más me obligó a salir de lo que ya sabía hacer. Es una novela coral construida alrededor de un reloj que va pasando de mano en mano. Cada persona recibe el mismo objeto, pero nunca recibe exactamente la misma historia: cambia la época, cambia la voz, cambia el tono y cambia lo que ese reloj significa. Me interesaba hablar del tiempo, de la memoria y de lo que heredamos sin hacerlo de una forma abstracta, sino a través de vidas muy concretas. Venía de Samuel entre mundos, mucho más apoyada en la fantasía juvenil, los portales y el worldbuilding, y aquí quise quitarme esas muletas y ver hasta dónde podía llegar con personajes, registros y estructuras muy distintos.

¿Qué hace de Las manecillas del recuerdo una novela diferente a otras del mismo corte? 

Para mí, una de las diferencias está en que no hay un protagonista único que arrastre toda la novela: el reloj es el que mantiene la continuidad. Puede pasar de una historia muy íntima a otra con humor negro, cambiar de época o incluso llegar a un futuro cercano, y aun así seguimos hablando del mismo objeto y de todo lo que ha ido acumulando. Dentro de ese mosaico hay también una historia de amor importante, pero está integrada en la vida de los personajes y no planteada como una etiqueta del libro. Me interesaba que cada historia pudiera sostenerse sola y que, al juntarlas, el lector entendiera algo distinto sobre el tiempo, la memoria y las personas que han llevado ese reloj.

¿Qué tiene de ti Las manecillas del recuerdo?

Tiene bastante de mí, aunque no sea una novela autobiográfica. Tiene mi forma de darle vueltas al tiempo, a las cosas pequeñas y a cómo un objeto corriente puede acabar cargado de historias porque ha pasado por determinadas manos. Y tiene también una parte muy personal en el sentido de que me obligué a escribir sin apoyarme en lo que ya había hecho antes. Quería probar voces, épocas y tonos distintos sin pensar todo el rato en qué género debía encajar. Probablemente es el libro en el que más me he permitido explorar y ver hasta dónde podía llevar una idea simplemente porque me interesaba.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de tus escritos?

En realidad no espero que aprendan nada. No escribo pensando en dar una lección ni en que el lector cierre el libro con una moraleja. Me gusta escribir para entretener: para que alguien pueda aparcar durante unas horas el trabajo, los problemas, las preocupaciones o simplemente el día a día y meterse en otra historia. Si después algo se queda rondando, estupendo, pero para mí ya es muchísimo que un libro consiga que durante un rato quieras estar en otro sitio y seguir pasando páginas.


 © David Porto Díaz.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Tengo terminada Dónde empieza la jaula, una novela inédita de fantasía contemporánea adulta con suspense, ambientada en una Pontevedra actual donde criaturas y portadores están sometidos a reglas que el resto de la población no tiene que cumplir. La protagonista, Noa, intenta llevar una vida normal hasta que una anomalía la obliga a acercarse precisamente al sistema del que siempre ha intentado mantenerse lejos. Ahora estoy moviendo el proyecto a nivel editorial. Después de Samuel entre mundos y Las manecillas del recuerdo me apetecía volver a lo fantástico, pero desde un lugar más adulto, cotidiano y cercano.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sobre todo, agradecer este tipo de espacios. Entre tanta comunicación rápida y tanta obligación de estar diciendo algo todo el tiempo, se agradece poder sentarse un rato, responder con calma y contar por qué haces determinadas cosas sin tener que convertirlo todo en promoción. Creo que entrevistas así siguen dejando un hueco para voces muy distintas y eso merece la pena. Y a quien le apetezca seguir lo que voy haciendo, en davidportodiaz.com voy reuniendo los libros, artículos, herramientas y proyectos que van saliendo. Gracias por dejarme charlar un rato.

Muchas gracias, David, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos de las letras, gracias por estar siempre atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

lunes, 7 de septiembre de 2026

Entrevista: ANA PATRICIA MOYA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

comenzamos la semana con la entrevista que nos ha concedido Ana Patricia Moya, la misma que podéis leer a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Escribir no es mi manera de ganarme la vida, así que es un entretenimiento más.

Soy plenamente consciente de que, para poder dedicarte a esto a nivel profesional, hay que saber moverse dentro del mundillo.

En el caso de que vayas por libre, necesitas un golpe de suerte. O estar en el lugar y momento adecuado.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?

Las novelas gráficas. Leo de todo, no tengo inconveniente en acercarme a cualquier género, pero para mí el noveno arte me puede llegar a transmitir mucho más.

© Ana Patricia Moya.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Estoy leyendo varios libros a la vez: Las indignas, de Agustina Bazterrica; La mala costumbre, de Alana Portero; El descontento, de Beatriz Serrano y Bajo los árboles, donde nadie te ve, la consagración de la primavera, de Patrick Horvath.

¿Cómo compaginas el día a día con la escritura?

Escribo cuando me apetece. No tengo disciplina porque no me dedico a esto profesionalmente. 

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Desolador. Sólo importan los factores extraliterarios: el talento es lo de menos. He trabajado dentro de sector editorial, también en gestión cultural, y es todo muy decepcionante.

Mejor buscar un empleo estable y dedicarte a la escritura por gusto. Y en el caso de que te apetezca hacer algo eventual, organizarlo o producirlo por tu cuenta, de manera alternativa. 

Si tuvieras que elegir entre relato y poesía, ¿con cuál te quedarías?

Prefiero la narrativa, contar buenas historias y saber transmitirlas es un reto.  

Tu último libro publicado es la antología de relatos Fábulas urbanas. ¿Qué nos puedes contar de este libro?

Es una compilación de textos que he ido escribiendo desde hace muchísimos años. Muchos de esos relatos y microrrelatos han aparecido en distintas publicaciones. No es un libro nuevo, en ese sentido. 

Muchos de los personajes de este libro han de valerse de la mentira para sobrevivir. ¿Crees que en la vida real también mentimos para seguir adelante?

Tengo muy claro que la honestidad te condena a la soledad, al ostracismo. Por eso muchos se aferran a la mentira, y no sólo para sobrevivir. Más que mentir a los demás, peor es el autoengaño.

Opositores, poetas y amas de casa suelen protagonizar tus historias. ¿Es casualidad esta elección?

Me gusta convertir en protagonistas a personas corrientes, con vidas nada extraordinarias. En el fondo, somos todos un poco héroes de lo cotidiano, aunque nos cueste apreciarlo. 

Si solo tuvieras que quedarte con uno de los relatos de Fábulas urbanas, ¿cuál sería?

Con el primer microrrelato que escribí, Tengo una pistola. Me acuerdo que estaba en un taller literario, el profesor era un escritor que, en vez de darnos clase, no paraba de hablar de sí mismo. Me estaba dando pereza la sesión de egolatría, de los compañeros que no paraban de hacerle la pelota, y al final decidí hacer algo productivo. En esa época descubrí a Daniel Clowes y quise homenajearlo a mi manera.  

© Ana Patricia Moya.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en este libro?

La vida, tal y como es. Sin edulcorantes. Ya cansa tanto postureo y rollo positivista tan flower power. 

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Me los reservo. Con el tiempo he aprendido que cuanto menos sepa la gente, mejor, ya he tenido los suficientes disgustos y el psicólogo es caro. 

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

No romanticéis tanto el oficio de la literatura y todo lo vinculado a nivel cultural.

Demasiados egos peleando por migajas de un pastel. Demasiados egos pisoteando pescuezos de personas competentes y valiosas. 

Escribid por placer. Es el mayor acto de libertad.

Muchas gracias, Ana Patricia, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Esperamos que, pase lo que pase, nunca pierdas las ganas de escribir.

Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar un día más al otro lado. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva



Reseña: FÁBULAS URBANAS, de Ana Patricia Moya


 

Asignarle nombre a una obra puede ser un verdadero engorro, de ahí que a mí me maraville encontrarme con algunas cuyo título viene a ser el resumen perfecto de lo que vamos a encontrar en su interior. Como ejemplo, la antología de relatos y microrrelatos de Ana Patricia Moya, de la que hablaremos a continuación: Fábulas urbanas.

Buena parte de la población mundial vive en las ciudades. En estas junglas de asfalto, cada vez menos preparadas para el cambio climático que nos acecha, muchos no consiguen a llegar a fin de mes por culpa del estancamiento de los salarios y la subida tanto del precio de la cesta de la compra y los alquileres. Mientras que los menos se ocupan de vivir, muchos otros, asfixiados por sus circunstancias, solo pueden pensar en la subsistencia. La cantidad de historias que surgen de esta opresión, como bien sabe Ana Patricia Moya, es infinita.

Pero volvamos al asunto con el que empezábamos esta reseña: el título de esta obra. Según la RAE, una fábula es un «breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica o crítica, frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados». También sería una «ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad». Pues bien, Fábulas urbanas es un libro compuesto por cuarenta y cinco relatos y microrrelatos que nos hablan de la vida en la ciudad de una forma crítica. Si bien en ellos no encontramos ninguna moraleja final, lo que sí hallamos es una gran artificiosidad en sus protagonistas, personajes que intentan sobrevivir a la vida en la urbe y a ellos mismos gracias a un sinfín de mentiras.

Como podéis imaginar, cuarenta y cinco piezas dan para mucho. Por estas páginas, encontraremos poetas con grandes sueños que chocan con la realidad; amas de casa que fingen ser grandes señoras cuando se pasean por centros comerciales; opositores que intentan luchar contra el sistema, limpiadores de alcantarillas… Aquí los padres se toman la justicia por su mano, las madres han de apañárselas, los amores son fugaces y agridulces y llegar a la vejez, toda una suerte. Los estudios universitarios no van a garantizarte un futuro mejor en una urbe donde el desempleo y el aburrimiento son una mala combinación. El acoso escolar está a la orden del día y los finales trágicos, irónicos y realistas, a la vuelta de la esquina.

Fábulas urbanas, en definitiva, es un excelente libro de narraciones breves tanto por su buena prosa como por un contenido que dará mucho que pensar al lector. Una obra hija de nuestros tiempos que nos invita a reflexionar sobre el mundo en el que vivimos. Un volumen en el que, a pesar de todo, se cuela también la esperanza. Y tú, ¿a qué esperas para descubrirlo?

Cristina Monteoliva