Apuesto a que todos los que tenemos ya
cierta edad nos hemos sentido fuera de lugar en infinidad de ocasiones. En
bodas, cumpleaños, fiestas de Nochevieja, incluso funerales. ¿Por qué decidimos
quedarnos más tiempo de la cuenta en estos eventos? ¿No habría sido mejor
buscar una excusa razonable y volver a casa? ¿Y por qué no se va de la fiesta
de sus antiguos amigos la protagonista de Felicidad
y amor, la imparesionante novela de Zoe Dubno? Sin duda, porque tiene mucho
que contar a los lectores, como veremos en la siguiente novela.
La protagonista y
narradora de esta historia ha tenido que volver a Estados Unidos al no poder
quedarse por más tiempo en Inglaterra. Una vez en Nueva York, se entera de que
Rebecca, una antigua amiga con la que la relación no siempre fue fluida, ha fallecido
por sobredosis. Tras el entierro, prácticamente se ve forzada a asistir a una
fiesta que dan unos antiguos amigos del mundo cultural, a los que en la actualidad
detesta, creyendo que se trata de un homenaje a la fallecida. Pronto se da
cuenta, sin embargo, de que la homenajeada es una actriz de moda con la que los
anfitriones y otros invitados quieren congratularse. Nuestra mujer beberá vino
ecológico sentada en la esquina de un sofá blanco mientras disecciona la
personalidad y el comportamiento tanto de los dueños de la casa como de otros
invitados. La cuestión es: ¿por qué no se decide a levantarse y marcharse a
casa?
La narradora y
protagonista de esta historia no tiene nombre, lo que nos induce a pensar (al
menos a mí), puesto que se trata de una escritora y guionista, que podría
tratarse de la misma autora.
Esta mujer, además de
inteligente, es sensible y está profundamente dolida por cómo se comportaron
con ella tanto la pareja formada por la comisaria de exposiciones Nicole como
su marido Eugene, en el tiempo en el que ejercieron como sus padrinos en el mundo
de la cultura y el arte, como Alexander, un escritor de autoficción que siempre
la ha mirado por encima del hombro aunque en pasado pareciera que quisiera ayudarla
con su carrera literaria.
Digo que es sensible,
pero también rencorosa y mordaz: durante buena parte de la narración, leeremos
todo lo que tiene que contar (pocas cosas buenas) sobre los que un día fueron
sus amigos, esa gente pretenciosa y ambiciosa que presume de un buen gusto del
que carece.
Si bien la historia de
la cena después del entierro que se entremezcla con los recuerdos de la
narradora no deja de ser interesante, confieso que lo que más me ha gustado de
este libro es la forma en la que está escrito. Así, por un lado, nos encontramos
con ese larguísimo monólogo interior de la protagonista; y, por otro, con
algunos diálogos que tienen lugar durante la cena. En un mundo en el que las
novelas más comerciales tienden a estar escritas con frases cada vez más cortas
y un vocabulario reducido, resulta especialmente llamativo encontrar un texto
que ya no solo no tiene ni un solo punto y aparte, que consiste en un único
capítulo de más de doscientas páginas, sino que, además, se encuentra formado
por una sucesión casi infinita de complejas oraciones subordinadas cargadas de
énfasis, análisis y significado.
Felicidad
y amor puede leerse como una obra independiente. Sin
embargo, sabemos tanto por lo que encontramos en la contraportada de esta
edición como por la nota que incluye al final del texto la autora, que se
inspira en Tala, la novela de Thomas
Bernhard. No he tenido el gusto de leerla, por lo que me pregunto si ya no solo
en esta obra anterior encontraremos personajes resentidos con su entorno, sino
también una crítica mordaz a este mundo superficial en el que vivimos, y más concretamente,
al sector cultural.
Felicidad
y amor, en definitiva, es una muy recomendable obra
literaria tanto por lo que nos narra como por la forma en la que está escrita. Una
novela que nos invita a disfrutar de las buenas historias, esas que no solo se
fijan en lo que fluye a nuestro alrededor, sino que también nos invitan a
reflexionar sobre las relaciones humanas y en cómo podríamos cambiar ciertos
comportamientos grupales y aspectos sociales. Y tú, ¿a qué esperas a conocer
esta historia?
Cristina Monteoliva










