lunes, 28 de septiembre de 2026

Reseña: OTROS, de Kobi Yamada y Charles Santoso

 


Hay quien quiere que todos seamos iguales. Que a los diferentes se les aparte, se les tema. Pero, ¿qué es eso de ser diferente? ¿Qué es lo que hay que temer? ¿Por qué no vemos que son más las cosas que nos unen que las que nos separan? ¿Y por qué no intentamos que esto lo aprendan los niños desde la primera infancia? Con obras tan hermosas y claras como Otros, de Kobi Yamada y Charles Santoso, precisamente el álbum ilustrado del que hablaremos a continuación.

Dos niños ante un alto y largo muro de hiedra. Uno de ellos se imagina a la gente del otro lado como monstruos con cuernos, tentáculos y demás apéndices aterradores. El segundo niño no tiene miedo: sabe que los del otro lado son personas exactamente como ellos. La cuestión es: ¿conseguirá convencer al primero?

Hay quien quiere que nos juntemos con los de allí. Pero, ¿qué es allí? ¿Y qué es aquí? Muchos tenemos claro que todos somos iguales, al final. Pero hay quien se empeña en decir que hay “otros” a los que temer por sus diferencias. Por eso es importante educar con libros como este a los más pequeños, para que sepan pensar por sí mismos y tengan empatía hacia los demás.

Otros es un libro sencillo, a la vez que conciso y claro. Un cuento con el que el adulto y el niño podrán dialogar, razonar, llegar a las mismas conclusiones que nos enseña el niño número dos.

Texto e ilustraciones combinan a la perfección. Imposible imaginar este álbum de cualquier otra manera.

Otros, en definitiva, es un álbum para educar desde pequeños a los niños en valores, empatía y consideración. Una historia corta pero cargada de significado, más aún en estos tiempos de intolerancia generalizada. Es por ello que os lo recomendamos encarecidamente.

Cristina Monteoliva

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Reseña: TRANSICIÓN. LA EXPERIENCIA U-FEELING IV, de Eva G. Guerrero y José Ángel Mañas

 


La IA copa buena parte de nuestras conversaciones sobre el presente y el futuro estos días. No podemos escapar de ella, ni en la realidad ni en la ficción. Pero, ¿y si otros avances futuros pudieran amenazar a la humanidad? Avances como el intercambio de cuerpos y problemas como los que generaría. De esto y mucho más nos habla Transición. La experiencia U-Feeling IV, la nueva novela de Eva G. Guerrero y José Ángel Mañas de las que hoy os vengo a hablar.

Marina ha aparecido en un descampado de Madrid disfrazada de prostituta, mutilada y posteriormente asesinada. La subinspectora Angie Peña no puede creerlo: su ex y por mucho tiempo compañera en el Grupo de Delitos Tecnológicos debería estar en Valencia, en su nuevo puesto, viviendo su vida sin ella. La inspectora Julia Gordon y Peña pondrán todo su empeño en descubrir al asesino. Pronto descubrirán que algo importante se cuece en la empresa U-Feeling, dedicada al intercambio de cuerpos. ¿Tendrán también algo que ver las feministas? ¿Lograrán descubrir las conexiones antes de la visita del papa Juan Pablo III?

El futuro es un lienzo en blanco en el que los escritores podemos dibujar todo tipo de tramas. Como ser optimista es complicado, teniendo en cuenta las situaciones que vivimos en el presente, por lo general los escritores gustamos de escribir historias distópicas en las que, de una forma u otra, la tecnología sea utilizada por unos pocos para sus propios intereses. Esto es lo que vemos en Transición. La experiencia U-Feeling IV.

Todo empieza con un terrible crimen que pone en alerta al Grupo de Delitos Tecnológicos: Marina, una excompañera, ha sido asesinada. No solo eso, antes de quitarle la vida, sus asesinos la hicieron pasar por prostituta y la mutilaron horriblemente. Ante este hecho, nos encontramos con dos mujeres dispuestas a descubrir la verdad, por muy terrible que esta sea: la inspectora Julia Gordon, que desde que se divorciara cuida sola de su hija Luna, con autismo; y la subinspectora Angie Peña, una mujer de armas tomar que estuvo saliendo con Marina y nunca pudo olvidarla.

Los personajes secundarios pronto empiezan a hacer su aparición para desconcertar aún más a nuestras policías: Óscar Fuster, el misógino jefe de Valencia que ha sido trasladado a Madrid para fastidio de Gordon, que pugnaba por el puesto; Álex, el ex de Gordon; Almudena, la enigmática madre de Marina…

La historia comienza de forma pausada. De pronto, todo dará un giro y la trama empezará a volar. Las páginas también lo harán en manos del lector, que querrá saber qué demonios está pasando en realidad. ¿Será acaso que eso del intercambio de cuerpos no era tan buena idea, al final?

Transición. La experiencia U-Feeling IV, en definitiva, es un original thriller de ciencia ficción, además de una obra geopolítica y social, que nos invita a viajar a un futuro en el que los avances tecnológicos no parece que hayan cambiado para nada a los que siempre se salen con la suya. Una historia trepidante sobre feminismo, compañerismo y malas decisiones que no te dejará indiferente. Y tú, ¿te atreves con esta experiencia?

Cristina Monteoliva

viernes, 25 de septiembre de 2026

Entrevista: IGNACIO PÍO GALDOS

 

Queridos seguidores de La Orilla de las Letras,

en el blog nos asomamos al fin de semana con la entrevista que nos ha concedido Ignacio Pío Galdos. Podéis leerla a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Siempre me ha gustado mucho leer. Y, de pequeño, tenía cierta facilidad: escribía alguna cosa, algún cuento pequeño, algún inicio de novela… Por cierto, algo de eso he recuperado para Voces y Vidas, pero no quiero decir más.

Pasado el tiempo, ya adulto, me di cuenta de que escribir me ayudaba a ordenar mis ideas. Me pasa mucho en el trabajo, me suele venir muy bien. Y poco a poco fui soltándome, dedicándole cada vez más tiempo, hasta que me decidí a publicar.


 
© Ignacio Pío Galdos.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Es difícil analizarse a uno mismo, pero creo que hay lecturas y autores que me han influido, imagino que lo que más he leído. Seguramente, en ficción, y desde bastante joven, Pío Baroja. Me encanta su concisión, la economía en su expresión, que muchas veces se ha malinterpretado. También, Dickens, sobre todo su faceta humorística, es uno de los autores más divertidos con los que me he encontrado. Y me doy cuenta de que Dickens me encajó tan bien por los libros de Guillermo Brown, que leía tanto de niño. En un aspecto de mayor introspección, Javier Marías. Me parece muy interesante el hilo de sus reflexiones, lo que constituye casi la totalidad de su obra. Y en el plano del relato corto, que es a lo que me he dedicado con Voces y Vidas, Maupassant, Poe, Tolstoi (sus relatos cortos me parecen una maravilla), Chejov, Carver, Dahl o un escritor español actual, Isaac Rosa, un gran y reciente descubrimiento para mí. Hay más, mucho más, pero hablo de los que quizá vea como referentes de forma más consciente.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?  

Precisamente acabo de terminar Berta Isla, de Javier Marías. Lo he vuelto a leer, lo leí cuando se publicó, y me ha gustado más, incluso. Fascinante. Ah, y tiene uno de los mejores personajes que he conocido, el misterioso Bertram Tupra. Ya lo creo que lo recomendaría, como la mayor parte de la obra de Marías, aunque seguramente haya que tener cierto hábito de lectura para disfrutarlo; en ocasiones es algo denso, y puede llegar a abrumar.

¿Cómo compaginas tu trabajo fuera del mundo de las letras con la escritura?  

Como puedo, y organizándome de la mejor manera posible. El trabajo me consume una gran parte de energía, porque además lo disfruto, pero es que también dedico mucho tiempo y esfuerzo al deporte, a correr. Entreno y corro maratones, esto supone entrenar al menos cinco días a la semana (de madrugada, antes de ir a trabajar…), y todo hay que encajarlo. Pero esto me enseña la necesidad de organizar y priorizar: tengo muy en cuenta qué elijo y qué descarto. Si me quedara hasta tarde perdiendo el tiempo, no me podría levantar a entrenar. Si dedicara horas a tonterías en redes sociales, por poner otro ejemplo, no tendría tiempo para escribir, leer, o actividades que me aportan más. Soy muy estricto con mi tiempo, y con eso me organizo bastante bien. Con todo, ¡sigo buscando los días de 30 horas…!

¿Qué tienen en común la escritura y las carreras de fondo?

Algo fundamental, de inicio: que requieren constancia. Y la constancia se consigue con hábito. Y para llegar a ese hábito, antes lo he apuntado, es absolutamente necesaria la organización y la priorización. Sobre todo, como es mi caso y el de muchas personas de mi entorno, si hay muchas tareas y trabajos a realizar cada día. Precisamente de esto hablo, entre otras cuestiones, en mi anterior ensayo Vida y Maratón, Maratón y Vida, donde me centro, como corredor, en las enseñanzas útiles que la carrera de fondo proporciona para otras esferas de la vida. A mí, desde luego, me las ha proporcionado.

¿Cómo ves el panorama literario actual?  

No soy tan arrogante para creerme un experto, pero hay varias cuestiones que, al menos, me llaman la atención. Por un lado, la tremenda cantidad de libros que se publican. Apostaría que jamás se ha publicado tanto. Por otro, me decepciona la calidad que percibo en muchos de los más vendidos, a los que me suelo asomar por curiosidad y, por qué no, para aprender. Si venden tanto, algo bueno deben de tener, me digo. No voy a dar nombres, pero no pocos me parecen malísimos, siento decirlo. Seguramente el equivocado seré yo, pero es como lo siento. Y no creo ser pedante ni estar buscando exquisiteces, ni autores que escriban como Rubén Darío... Por suerte, esto no sucede siempre, hay autores que son valores seguros, tampoco voy a dar nombres. Por último, pienso mucho los cambios que se están produciendo por la IA. En todos los ámbitos de la vida, claro, pero también en el de la escritura en particular. ¿Terminaremos prefiriendo libros escritos por la IA? ¿O tendremos algún tipo de solidaridad de especie que nos lleve a inclinarnos por las obras de los humanos, con sus posibles errores, filias, fobias, pero experiencias asimilables a las nuestras? En fin, son cuestiones que me hacen reflexionar y, a veces, me inquietan un poco.

¿Qué tiene que tener para ti un buen relato?   

Interesar y divertir, si hablamos de ficción. De buena ley, siguiendo las convenciones de la ficción con el lector. Sorprender y hacer pensar. Mostrar el mundo de otra forma, ofrecer visiones diferentes a las habituales cuestionando cuando toque lo que se da por sentado. Dejar un recuerdo, bueno o malo, pero no caer de inmediato en el olvido. Tener, en suma, una voz que te agarre, te lleve, y no te suelte hasta el final. Que el ruido de la vida alrededor se detenga durante un rato.

Tu último libro publicado es Voces y vidas. ¿Qué puedes contarnos de este libro?   

Se trata de una colección de 29 relatos de ficción, cortos, con personajes muy diversos que se enfrentan a situaciones comprometidas, por lo general. Me interesan mucho las reacciones que tenemos las personas cuando la vida nos pone a prueba, cuando vienen curvas, cuando vienen mal dadas. Esto es lo que hay en Voces y Vidas: una mujer maltratada que declara en comisaría, un dios atribulado que tiene que vérselas con sus propios problemas, un abuelo que se las ingenia para que su nieto no le olvide, un soldado norteamericano la víspera del desembarco de Normandía, un enfermo que se encuentra ante un diagnóstico terminal, un peón en la final del campeonato mundial de ajedrez… Y cada relato viene acompañado por una canción elegida por mí, formando una playlist de 29 canciones. Cada una tiene un motivo, a veces es obvio, a veces no, para ser el complemento de cada relato.

Si solo pudieras elegir un relato de este libro, ¿con cuál te quedarías?

Según el día. No todos me gustan igual, claro. Pero si me lo preguntas hoy, sería Blues de Chicago. Eso sí, mañana puede ser Este libro es un timo, o cualquier otro.

¿Qué tiene Voces y vidas de ti?  

Mucho, aunque tampoco podemos caer en la trampa de creer que cada personaje habla por mí. Pero sí que cada relato obedece a cuestiones sobre las que he reflexionado, a veces mucho, o a vivencias auténticas. No tengo tanta imaginación, me temo, para inventarme contenidos sin ninguna relación conmigo, mis experiencias o, al menos, mis lecturas. Y, estoy seguro, que quienes me conocen mejor, van a ver mejor estos paralelismos.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en este libro?

No me voy a complicar: lo que yo espero de cualquier libro de ficción que caiga en mis manos. Primero, y fundamental, que me divierta, que no me aburra. Porque, si es así, mal empezamos… Segundo, que ofrezca una visión, una perspectiva, diferente sobre algo conocido, o abra una ventana sobre algo (un suceso, un personaje, un momento de la historia…) desconocido. Pero lo primero, lo fundamental, ya digo, que proporcione un buen rato y, esto será la prueba definitiva, deje ganas de leerlo al menos otra vez, en el futuro.

© Ignacio Pío Galdos.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Tengo casi terminada una nueva colección de relatos cortos con el fútbol, al que soy aficionado y además lo he practicado durante años, como elemento común. Los tengo apartados desde hace un tiempo, y volveré a ellos cuando toque, pero tengo la sensación, y perdón por la inmodestia, de que hay algo muy valioso ahí. Veremos…

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí, y no sé si viene muy a cuento, pero allá voy: la gente que no lee no sabe lo que se pierde. Claro que hay libros buenos y malos, divertidos y aburridos, que abren nuevas perspectivas o que no ofrecen nada nuevo. Como películas, restaurantes o personas. Pero muchas veces pienso que no somos conscientes de la enorme suerte que tenemos al disponer del legado de gente tan brillante como la que nos ha precedido, o que todavía está con nosotros, regalándonos auténticas maravillas que pueden llegar a moldear nuestra forma de ver la vida o incluso vivir. Y si con lo que soy capaz de crear puedo aportar algo, un minúsculo grano de arena, me siento feliz y agradecido. Porque, y esto por añadidura, ¡escribiendo me lo paso muy bien!

Gracias, Ignacio.

Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

jueves, 24 de septiembre de 2026

Reseña: EL MIEDO TERRIBLE DE SER UN ANIMAL, de Claudia Ulloa Donoso

 


Hay quien ve a los animales con distancia, repugnancia, incluso con temor. Hay quien teme convertirse en uno de ellos cuando lo cierto es que somos capaces de cometer atrocidades que a los animales no se les ocurriría. ¿Dónde poner la línea que nos separa en realidad? ¿Acaso existe?, pienso tras la lectura de El miedo terrible de ser un animal, el original libro de relatos de Claudia Ulloa Donoso del que os hablaré a continuación.

El miedo terrible de ser un animal es un libro compuesto por siete cuentos de extensión variable, normalmente larga, titulados: La génesis de Ugla, Hielo para marcianos, Yellow, Julio Leima y su sonido bestial, Iris/ojo/hongo, Alto alce y Libro de Norma.

Claudia Ulloa Donoso es una escritora peruana afincada en Noruega. Sus letras tienen mucho de sus raíces; pero también buen número de sus historias nos hablan de su experiencia viviendo en el país nórdico.

         El libro comienza con La génesis de Ugla, el manifiesto de una mujer que se siente la diosa de su barrio en una ciudad de Noruega, capaz de controlarlo todo desde su casa en compañía de su gato. Este relato ya nos avanza lo que vamos a encontrar a continuación: narraciones casi siempre en primera persona de boca de narradores peculiares, pruebas que hay que superar y la relación entre el ser humano y los animales.

Si algo podemos decir de este libro es que si algo puede convertirse en una situación surrealista, lo hará, como vemos en Hielo para marcianos, una relato en el que una suegra haría cualquier cosa para impresionar a un yerno noruego.

En Yellow, un niño que no es consciente de cómo puede llegar a degradarse la relación entre los miembros de su familia, adopta a una rata de alcantarilla porque no le dejan tener otro animal.

Julio Leima y su sonido bestial supone un paréntesis, una pequeña disrupción a la temática principal de este volumen, ya que en él la relación ser humano-animal no existe. En esta historia, conoceremos la obsesión de un vecino de un barrio por unos altavoces, hasta desear que estén presentes en su funeral.

Iris/ojo/hongo nos habla de la obsesión de un hombre por una podóloga, y de lo que esa obsesión le hará llegar a hacer por intentar llamar su atención. (Y sí, tiene que ver con los hongos).

Alto alce es un cuento en el que nos encontramos con las voces de un alce noruego y un argentino que va de cacería con su novia nórdica sin saber qué le deparará la experiencia.

Finalmente, Libro de Norma nos hace volver al principio, a esa mujer endiosada que le dedica una suerte de evangelio a ese gato que la acompaña en su vigilancia del barrio.

El miedo terrible de ser un animal es, en definitiva, una obra que nos conecta ya no solo con los animales, sino con nuestro lado más primitivo, a la par que más divertido y bizarro. Un libro fresco y extravagante que no tiene miedo al qué dirán. Un volumen sorprendente que está esperando a que tú lo conozcas. ¿Te atreves?

Cristina Monteoliva

 

 

martes, 22 de septiembre de 2026

Entrevista: DAVID CAVEZA DE BACA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

continuamos con nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido David Caveza de Baca. Tenéis las palabras del autor a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Mi anterior libro, Escritos Caníbales, lo cociné en unos tres meses como mero entretenimiento o pasatiempo. Sin embargo, en La bicicleta de cuatro pedales: una oscura travesía, que parte de un relato corto, desde el inicio a la vez que la escribía se abría un nuevo universo que me atrapaba, llegando a la obsesión, pues ya no sólo pensaba en ella frente al ordenador, sino que colonizaba mi atención, rumiando durante gran parte del día cómo enriquecer la trama, caracterizar a los personajes o documentarme. 

© David Caveza de Baca.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Como mayor influencia destacaría a Paul Auster con sus historias donde explora la identidad y la realidad desde un punto de vista de sospecha sobre los sucesos cotidianos de la existencia. Citaría a La música del azar o El país de las últimas cosas. De Saramago destacaría Ensayo sobre la ceguera, como crítica mordaz a la hipocresía de la sociedad. De Murakami, Tokio Blues y su realismo mágico evocador sobre el sentido de la vida y la pérdida. También añadiría las ficciones de Borges donde se abordan mundos alternativos y cuya desafiante lectura crea la necesidad de reflexionar sobre las cuestiones que se plantean.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías? 

Las intermitencias de la muerte, de Saramago, que aunque no es fácil de leer, por su prosa sin apenas pausa. Me parece fascinante su punto de partida (la gente deja de morir) planteando diversos escenarios y situaciones de una manera creíble y con soterrada ironía, para al fin de al cabo, tratar la opresión sobre el ser humano.

¿Cómo compaginas tu trabajo fuera del mundo de las letras con tu escritura?  

La escritura no deja de ser otra ocupación, que abordo en mis días de descanso de mi trabajo principal.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Muy mal, debido a dos aspectos: la aparición de la inteligencia artificial va a llevar, en un tiempo no muy lejano, a que aparezcan obras que no se van a diferenciar de las hechas por el ser humano. Y lo va a hacer en minutos en comparación a los años que tarda una persona. Ya de hecho hay gente ganando dinero en Amazon con libros escritos por la IA, ¿cómo podemos competir contra esto?

Por otro lado, el uso de los dispositivos móviles ha propiciado que haya menos lectores, derivando hacia un consumo de contenido burdo, rápido y poco reflexivo.

¿Escritor mapa o brújula? 

Brújula sin duda. Al descubrir mientras escribes, como dije antes, conlleva la emoción de descubrir personajes, de no saber cómo va a terminar, el proceso creativo está siempre ahí… es un desafío diario.

¿Por qué te has decantado por Amazon a la hora de publicar tu primera novela, La bicicleta de cuatro pedales?  

Porque es la mejor opción para llegar a más público, incluso de otros países.

¿Y cómo surgió la idea de escribir esta novela? 

En el 2020, durante los confinamientos, encerrado a causa del peligro letal del bicho volador, opté por ejercer mi libertad mental. Así, mi amigo Jesús y yo convenimos en escribir un relato breve, que se fue alargando cada vez más, ya que se prorrogaban los estados de alarma, hasta que me percaté que el cuento inicial se había convertido en una novela. Por tanto no había un planteamiento previo de tema o trama, sino que todo surgió de manera espontánea.

¿Qué nos puedes contar de La bicicleta de cuatro pedales? 

Te comento sin espóiler. Se inicia un miércoles de Semana Santa, al despertar el protagonista herido y aturdido, el cual se devana los sesos para intentar descubrir cómo ha acabado de esa manera. A partir de esta premisa se desarrolla la historia.

¿Qué tiene La bicicleta de cuatro pedales para hacerla una obra diferente a otras similares? 

Mi afamado prologuista Juan Emilio afirma que es una obra que no se le parece a nada ni a nadie, al tratarse de una obra experimental y muy ambiciosa al fusionar el realismo mágico con el thriller de misterio, la filosofía o la romántica, algo inaudito en la literatura. Por otro lado haría hincapié en su detallismo, que le otorga credibilidad en la atmósfera de realismo mágico que se plantea. Asimismo resulta muy visual, casi de carácter cinematográfico, ya que al leer brotan las imágenes y las voces de los personajes con una prosa muy inmersiva y adictiva. O al menos eso he pretendido.

Es una historia rebelde, transgresora y tierna a la vez, que incide en la emocionalidad de los personajes, emergiendo el símbolo de la bicicleta como la mano amiga que se ofrece. Por último pondría énfasis en el abordaje de los trastornos psicológicos de los protagonistas y en su superación, propio de mi formación, y en el continuo cuestionamiento sobre la naturaleza de la realidad, ¿hay algún guionista o es todo fruto de la casualidad tanto sufrimiento?

¿Qué esperas que los lectores encuentren en tu novela?

De momento, ya me han llegado las primeras críticas: me dicen que nunca habían leído nada igual, que es muy original, angustiosa a veces, y siempre emocionante. Y sobre todo que engancha.

El protagonista se llama Ernesto, que despierta aturdido, pero podría llamarse Pepito, Fulanito o Gemita, ya que todos llegamos al mundo de esa manera, indefensos y perdidos. Pretendo por ello, que el lector piense qué podría hallarse en la tesitura del protagonista, para que empatice y se implique en la historia. Porque… ¿quién no se ha encontrado alguna vez aturdido y perdido?

Por todo ello pienso que la novela es de especial interés para los clubs de lectura, ya que ofrece diversos elementos de análisis para el debate

© David Caveza de Baca.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Ahora mismo sólo estoy con la promoción de La bicicleta...

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Como colofón, invito a los lectores y lectoras a seguirme en las redes sociales de Facebook e Instagram, en David Caveza de Baca, mi pseudónimo.

Y que la lean, pues es una novela muy diferente y que está impactando a todo el que lo lee y qué detrás hay un trabajo de cinco años de documentación y de darle vueltas a la cabeza hasta dejarme... los cuernos,  je, je, je.

Gracias, David.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

     

lunes, 21 de septiembre de 2026

Entrevista: ALFONSO SEGARRA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

comenzamos la semana con la extensísima entrevista que nos ha concedido el autor Alfonso Segarra. Podéis leerla a continuación: 

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Bastante tarde. Mi vida había seguido otros caminos: la medicina, la literatura científica, la epidemiología, la universidad, la gestión sanitaria, la economía… Durante muchos años mi trabajo consistió, de una manera u otra, en intentar comprender problemas complejos, tomar decisiones y observar cómo reaccionan las personas y las instituciones.

Pero las historias siempre estuvieron ahí. Supongo que llegó un momento en que dejaron de conformarse con vivir en mi cabeza y empezaron a exigir que las escribiera.

Y descubrí que aquello ya no era un simple pasatiempo cuando empecé a pensar en una novela mientras hacía otras cosas; cuando un personaje podía acompañarme durante días hasta que entendía qué tenía que hacer con él; y, sobre todo, cuando empecé a reescribir.

Porque imaginar historias es apasionante. Corregir una misma página infinitas veces hasta conseguir exactamente el ritmo que buscas ya es una declaración de intenciones.

Quizá haya llegado tarde a la literatura, pero llego con una ventaja: he tenido muchos años para observar a las personas. Y las personas siguen siendo el mejor material que existe para escribir novelas.


 © Alfonso Segarra.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Muchas, y afortunadamente muy diferentes.

Me gustan los escritores capaces de contar una gran historia sin renunciar a las ideas. La literatura de intriga, la novela histórica, el thriller político, el espionaje… pero también el ensayo, la historia, la ciencia o la economía.

Admiro a autores tan diversos como Cervantes, Leon Tolstoi, Stendhal, Dumas, Wilkie Collins,  Dickens, Kent Follet, Arturo Pérez-Reverte, Carlos Ruiz Zafón, Javier Sierra, John Grisham, Daniel Silva, Steve Berry o Dan Brown por razones distintas. Algunos construyen extraordinariamente bien la atmósfera; otros dominan el ritmo, la documentación, el suspense o los mecanismos del poder.

Pero probablemente mi formación como escritor procede también de lugares menos evidentes.

He pasado buena parte de mi vida profesional dentro de grandes organizaciones. Y cuando observas durante años cómo funcionan las instituciones descubres que la realidad contiene todos los ingredientes de una buena novela: ambición, generosidad, rivalidad, lealtades, silencios, egos, intereses, alianzas inesperadas…

A veces incluso un buen villano.

La diferencia es que en una novela tienes que conseguir que resulte creíble.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Tengo la costumbre, desde hace muchos años, de leer —o releer— varios libros a la vez. Sé que para algunas personas eso resulta un poco caótico, pero a mí me gusta cambiar de registro según el momento.

Acabo de leer Las confesiones de Maigret, de Georges Simenon; Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari; La llibreria de les hores mortes, de Laura Autonell; y también he vuelto a Guerra y paz, de León Tolstói.

Vistos juntos parecen una combinación bastante improbable, pero quizá expliquen bien cómo leo.

De Simenon me fascina la capacidad para observar a las personas con muy pocos trazos, sin necesidad de grandes artificios. Harari me interesa porque obliga a levantar la vista y preguntarse hacia dónde vamos como sociedad, qué papel tendrán la tecnología, la inteligencia artificial, el poder o incluso nuestra propia idea de ser humano. La llibreria de les hores mortes representa algo distinto: el placer de encontrar voces más próximas y contemporáneas, y descubrir cómo otros autores construyen sus propios mundos. Y Tolstói pertenece ya a otra categoría: uno puede leer Guerra y paz por la historia, por los personajes, por la guerra, por la política o simplemente para recordar hasta dónde puede llegar una novela.

Sí, los recomendaría todos, pero por razones completamente diferentes.

Y quizá esa sea también mi manera de entender la literatura: no me interesa leer siempre lo mismo porque tampoco me interesa escribir siempre la misma novela.

Creo que un escritor tiene que contaminarse de muchos mundos. La literatura, la historia, la ciencia, la filosofía o la tecnología terminan encontrándose de formas inesperadas.

A veces una idea para un thriller aparece leyendo a Simenon. Otras veces aparece leyendo a Harari. Y alguna vez, seguramente, leyendo a Tolstói uno simplemente recuerda que todavía queda muchísimo por aprender.  Muchas veces, oyendo cada día las noticias.

¿Cómo compaginas tus numerosas ocupaciones con la escritura?

Lo compagino mal, sinceramente. Con una combinación de organización, entusiasmo y cierto grado de insensatez.

Durante muchos años he compaginado medicina, gestión, docencia, investigación y otros proyectos, así que estoy acostumbrado a que el día tenga menos horas de las que necesitaría.

Pero la escritura tiene una peculiaridad: uno no escribe únicamente cuando está delante del ordenador.

Una novela continúa funcionando en algún lugar de la cabeza mientras conduces, caminas, estás comiendo o haces cualquier otra cosa. De repente entiendes por qué una escena no funcionaba. O aparece una solución para algo que llevaba meses o incluso años bloqueado.

He aprendido que lo importante no es necesariamente escribir muchas horas todos los días. Es no perder el contacto con la historia.

Cuando una novela te ha atrapado, en realidad nunca terminas de salir del todo de ella.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Lo veo extraordinariamente vivo y extraordinariamente competitivo, pero también excesivamente mercantilizado.

Hoy se escribe mucho y, probablemente, se escribe mejor de lo que a veces pensamos. Estoy convencido de que existe un enorme número de novelas y ensayos extraordinariamente escritos que nunca llegarán a ver la luz porque no superan los filtros comerciales de unos pocos grandes grupos editoriales.

Y eso me parece una mala noticia, no solo para los autores, sino para la literatura y para la circulación de ideas.

El problema aparece cuando la pregunta deja de ser «¿este libro merece ser leído?» y pasa a ser únicamente «¿cuántos ejemplares podemos vender?». En ese momento, inevitablemente, muchas voces quedan fuera.

Hace poco comentaba un escritor de gran prestigio que había enviado una novela a una editorial utilizando un pseudónimo. La obra, según explicaba, estaba al mismo nivel que sus libros anteriores. Fue rechazada directamente. Cuando se aclaró que detrás de aquel nombre desconocido estaba en realidad un autor consagrado, la valoración cambió.

La anécdota muestra hasta qué punto no se juzga solo el texto: se juzga también la marca, el nombre, la expectativa de ventas y la seguridad comercial que acompaña al autor.

De ahí se explica, en buena medida, el auge de la autopublicación. Muchos escritores han entendido que ya no necesitan esperar indefinidamente a que una estructura comercial decida si su obra merece existir.

Ahora bien, la apertura también tiene su reverso: se publica muchísimo y no todo tiene la misma calidad.

A eso se añade un fenómeno nuevo, que es la producción automática de textos mediante inteligencia artificial. La IA puede ser una herramienta magnífica para documentarse, ordenar información o explorar ideas, pero cuando se utiliza para fabricar literatura de manera mecánica el resultado suele ser pobre, repetitivo y bastante reconocible. Por fortuna, creo que la voz auténtica sigue siendo difícil de falsificar.

Y al final eso es lo que importa: tener algo que decir y una manera propia de decirlo.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?

Para hacerme famoso, no, pero si la novela funciona no renunciaría a la fama.

Para escribir una buena novela sobre algo que estuviera de moda y que realmente me interesara, naturalmente.

Hay una diferencia importante.

Escribir una novela exige demasiado tiempo como para dedicar  años a contar una historia en la que no crees. Además, perseguir las modas literarias tiene un inconveniente: cuando consigues alcanzarlas, normalmente ya están marchándose hacia otro sitio.

Y respecto a la fama… Preferiría que primero fueran conocidas mis novelas.

Luego ya veremos qué hacemos con el escritor.

¿Por qué te has decantado por Amazon a la hora de publicar tu novela El legado Treviso?

En cierta manera ya lo he explicado hace un momento.

El legado Treviso tuvo una edición a través de Caligrama. Posteriormente decidí ampliar su recorrido incorporando Amazon, especialmente como vía de acceso digital y de distribución.

Amazon tiene la virtud de convertir el mundo en una librería potencial, siempre y cuando alguien encuentre tu novela entre la selva de publicaciones

Un lector puede descubrir tu novela desde otra ciudad o desde otro país y acceder a ella inmediatamente. Para un escritor que quiere ampliar su audiencia, eso es un camino, aunque yo no creo que sea el mejor.

Pero no veo Amazon y la edición tradicional como opciones enfrentadas.

Aspiro a que mis novelas tengan el mayor recorrido posible y, naturalmente, me gustaría hacerlo también junto a un agente y una editorial capaces de llevarlas a más lectores, a otros mercados y a otros idiomas.

No tengo una posición ideológica respecto al formato.

Tengo una posición mucho más sencilla: quiero que las historias encuentren lectores.

¿Cómo surgió la idea de escribir esta obra?

El legado Treviso surgió, en buena medida, de conversaciones con mis hijos y con personas de su generación. Escuchaba con frecuencia las mismas quejas de la gente joven: la falta de oportunidades de futuro, la sensación de vivir en una sociedad dirigida por otros, la desconfianza hacia las estructuras de poder —religiosas, políticas, económicas o financieras— y, al mismo tiempo, un gran alejamiento de cualquier compromiso que implicara tomar partido e intentar cambiar las cosas.

Me parecía una contradicción muy interesante. Por una parte, existía una crítica intensa hacia el mundo recibido. Por otra, también una cierta resignación cómoda: intentar vivir bien dentro de una sociedad que, en realidad, satisface muchas necesidades y permite niveles de bienestar muy superiores a los de generaciones anteriores.

Y entonces apareció la pregunta que acabaría convirtiéndose en el núcleo de la novela: ¿Qué ocurriría si la fortuna pusiera inesperadamente en tus manos la capacidad de decisión y de influencia que tanto reclamas?

¿Y qué sucedería si ejercer ese poder implicara arriesgar precisamente todo aquello que ya tienes y que no quieres perder?

Ahí desaparece la comodidad de la crítica. Ya no puedes limitarte a decir que otros deberían cambiar las cosas. La fortuna ha puesto en tus manos algo que todos desean poseer y controlar, y nadie va a permitir que permanezcas indiferente. Tendrás que tomar partido. Tendrás que decidir. Y cualquier decisión tendrá un precio.

En ese sentido, El legado Treviso es, por encima de todo, un desafío. Una invitación al lector a plantearse qué haría él cuando ya no pudiera permanecer al margen.

Porque es muy fácil reclamar poder mientras no lo tienes. Lo difícil empieza cuando de verdad puedes ejercerlo.

Entonces, durante un viaje por el norte de Italia,  apareció en mi cabeza Luca Vidal-Treviso. Un joven  acostumbrado al bienestar y a una vida fácil pero con un sentimiento íntimo de que la vida que han organizado para él no le pertenece y con una carencia afectiva derivada de la muerte prematura de su madre. Su vida cambia por completo cuando acepta un legado que le  obliga a tomar decisiones reales sobre poder, verdad y responsabilidad. Es un personaje que pasa de la comodidad a la conciencia, y ese viaje interior es el motor de la novela.

¿Qué nos puedes contar de El legado Treviso?

Lo suficiente para despertar curiosidad y no lo suficiente para estropearla.

Lo veo como un thriller contemporáneo con alma histórica, en el que la acción y la intriga se entrelazan con una reflexión profunda sobre la verdad, el poder y la libertad individual. Pero también como un thriller ideológico, si es que existe esta categoría.  Es una novela que combina conspiraciones, tensiones religiosas y dilemas personales, pero siempre con un propósito claro: cuestionar quién controla realmente nuestra realidad y qué papel podemos asumir cada uno frente a las estructuras que nos gobiernan. Una novela de ritmo cinematográfico, pero sobre todo es una historia humana sobre identidad, legado y verdad.

Es una obra de suspense, pero también una mirada crítica a nuestra sociedad. Una historia que quiere entretener pero que no renuncia a plantear preguntas incómodas. En definitiva, una novela escrita con el ánimo de atrapar desde la primera página y que, al final, invite a pensar mucho más allá del último capítulo.

Todo empieza con una herencia. El protagonista, Luca Vidal-Treviso, recibe mucho más que dinero: información cifrada que contiene pruebas capaces de comprometer a personas e instituciones enormemente poderosas. A partir de ahí, lo que parecía un asunto familiar empieza a crecer hasta convertirse en una historia internacional donde se mezclan poder, Vaticano, tecnología, intereses económicos, servicios de inteligencia, lealtades y traiciones.

Pero la novela trata realmente de algo más profundo. Sobre todo,  del poder en diferentes formas. Religión, corrupción, geopolítica contemporánea, inteligencia artificial, medios de comunicación, manipulación social, memoria familiar y la eterna pregunta: ¿quién controla realmente el relato de la verdad?

La novela está concebida como una metáfora contemporánea sobre el poder y la verdad.

Bajo la superficie de un thriller con conspiraciones, hay una reflexión: ¿quién controla realmente nuestra realidad, hasta qué punto aceptamos la versión sin cuestionarla y qué estamos dispuestos a arriesgar por conseguir nuestro propio lugar en el mundo? ¿Aprovechamos las oportunidades que la fortuna nos pone al alcance?

A lo largo de la novela, se tratan varios temas, en diferentes capas, y bajo diferentes escenarios, creados para transmitir cada una de las ideas:

El primero es la corrupción en la iglesia concebida como un poder que, además de una gran cantidad de dinero, controla algo tan importante como el sentimiento y las creencias de más de mil quinientos millones de personas, pero que está dirigida por seres humanos  y por una estructura jerárquica que no difiere de las de otros poderes y que es susceptible de corromperse fácilmente si olvida sus orígenes y su misión.

El segundo, es el nivel de aceptación social del poder. La novela plantea una interacción entre distintos tipos de poder. El religioso representado por la curia y por su antítesis, el MRIC. El financiero, representado por la familia de Luca y su entorno y por los integrantes de la Liga Católica, con el exponente de Carlo Pellegrini. El político e influyente, representado por Gisella Garitano, ganado a base de maniobras, negociaciones artimañas y trade-off y basado en el control de las estructuras administrativas. El monárquico de las élites, obtenido a base de expolios y guerras y venido a menos con las democracias, representado por Helena Voss. El de la comunicación masiva y su control, representado por Alex y su equipo de informáticos. El poder oculto que siempre controla sin ser visto, representado en este caso por CNI y por la figura de  Samuel Torres.

En todos los casos hay luces y sombras, como siempre que se llega al poder. Nadie está dispuesto a explicar cómo llegó a tener poder o fortuna económica, pero la información que contiene el legado que hereda Luca, es capaz de revelar secretos individuales que nadie desea que salgan a la luz pública.

El Legado Treviso plantea que muchas de las instituciones que decimos defender —políticas, religiosas, económicas— se sostienen sobre verdades ocultas, y que quizá no sobrevivirían si estas salieran a la luz.

La novela no se  pregunta sobre el mundo real  —ya lo conocemos bien—, sino si preferimos no saber que existe. Porque la estabilidad nos resulta más cómoda que admitir la verdad.

Además, plantea un hecho difícil de rebatir.  Aunque haya disponible una información capaz de desestabilizar gobiernos, fortunas y credos…, finalmente, nadie puede asegurar que revelar esa verdad mejore el mundo o conlleve, simplemente, el cambio de algunos actores, y la comedia humana quede tal y como estaba y siga su guion.

El tercero es la posición individual frente al poder. La mayor parte de personas, vivimos en un mundo dominado por el estado del bienestar, anteponiendo la preservación de la comodidad y  disfrutar de las cosas materiales, al análisis de lo que sacrificamos para hacerlo. Mantener el estado de bienestar de la sociedad, para el individuo implica delegar decisiones y responsabilidades y, en consecuencia, aceptar ceder una gran parte de su libertad individual a quienes  llegan a ostentar el poder de tomar las decisiones.

Desde esa comodidad, muchos contemplan los poderes que   definen las reglas de juego del  mundo —la política, la religión, el dinero, la comunicación— como si pertenecieran a otra esfera. Algo ajeno que no merece la pena explorar.

Luca encarna esa idea: es la hipérbole del bienestar. Un joven rodeado de lujos, sin problemas económicos… siempre y cuando acepte la historia vital que otros han construido para él desde que era un niño y el relato que han construido sobre su vida, sin plantearse si es cierto. Pero de pronto, la vida lo sitúa frente ante una oportunidad de cambio radical, una herencia monumental: una fortuna inmensa y, sobre todo, una información capaz de alterar equilibrios de poder.

Ahí comienza su verdadero conflicto: puede elegir el camino fácil y permanecer en su zona de confort, o asumir que esa riqueza, que ha aparecido de repente y de forma inesperada, implica una responsabilidad y un riesgo. Lo que posee, tal vez  pueda cambiar la vida de un gran número de personas pero, para hacerlo, debe estar dispuesto a sacudir su vida y su comodidad, a  cuestionar sus orígenes y  su pasado y, en última instancia, la legitimidad de aquello que le ha permitido vivir tan cómodamente durante toda su vida.

Este mensaje  está también dirigido al lector joven: ese sector de la sociedad que lucha por buscar su lugar en el mundo y ve imposible poder alcanzarlo, porque hay demasiados poderes que deciden por él y limitan sus expectativas. La novela plantea una idea clara: si quieres encontrar tu lugar, debes generar tu oportunidad o aprovecharla  si el azar la pone delante de ti. Eso puede implicar abandonar la comodidad, asumir riesgos y tomar partido. Porque la apatía nunca transforma nada. Y solo quienes deciden participar activamente en el orden social pueden llegar a cambiarlo.

Por último, la novela también plantea una pregunta directa:  escandaliza el dinero sucio. Obtenerlo por vías fraudulentas y fuera de las leyes establecidas es penado por la justicia, de forma más o menos implacable, y reprobado socialmente. Nuestro país, desafortunadamente, es una mina en lo que a este tema se refiere. Abundan ejemplos muy recientes que sería innecesario detallar. Sin embargo, muchas de las fortunas -y de las familias que hay detrás de ellas- que hoy en día merecen el máximo respeto, la aprobación social, son presentadas con tintes de ejemplaridad, suscitan admiración popular y, de hecho, ostentan muchos de los poderes, hace muchos años, tuvieron su origen en la explotación humana, en el tráfico de personas, en la destrucción, en la guerra, en comerciar con  bienes básicos  y acapararlos en tiempos de miseria, en  prevaricaciones, concursos amañados, tratos preferenciales  y otros muchos  negocios que consideraríamos éticamente reprobables. Parece que aquellos orígenes hayan sido olvidados. Como si el tiempo, por sí solo, fuera suficiente para legitimar cualquier hecho pasado y cómo si hubiera dos raseros morales, uno para juzgar lo que ocurrió en el pasado y otro para juzgar lo que ocurre en el presente.

¿Qué tiene esta novela que la hace diferente a otras del mismo género?

He querido que el lector encuentre un thriller, pero no solamente un thriller. Hay persecución, secretos, viajes, personajes ambiguos, conspiraciones y giros, por supuesto. Si escribes una novela de intriga tienes un compromiso con el lector: tiene que querer saber qué sucede después. Pero detrás de todo eso he intentado construir una lógica. La estructura de thriller es un recurso narrativo para expresar ideas. La ficción ofrece esta oportunidad.

El poder en El legado Treviso no es abstracto. Las instituciones tienen memoria, intereses y mecanismos de supervivencia. Las personas que las integran tampoco son simplemente buenas o malas. Eso me interesa especialmente. Desconfío un poco de los villanos que se levantan por la mañana pensando: «Hoy voy a hacer el mal». En la vida real casi todo el mundo encuentra razones para justificar lo que hace. Y eso resulta mucho más interesante literariamente.

También he procurado que el lector participe. Que reciba información, formule hipótesis, sospeche de unos y luego de otros.

Me gusta imaginar ese momento en que un lector piensa: «Ya sé lo que está pasando». Y unas páginas después descubre que quizá no lo sabía tanto.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en El legado Treviso?

Ante todo, placer de lectura. No debemos olvidar nunca que una novela es  entretenimiento.

Me gustaría  que alguien se diga: «Leo un capítulo más y me duermo», y que media hora después siga leyendo. Eso para un escritor es una pequeña victoria.

Después quiero que encuentre personajes que tengan vida, lugares que pueda imaginar, conflictos que le interesen y alguna sorpresa que no haya visto venir.

Y si al cerrar el libro permanece además alguna pregunta sobre el poder, la verdad, la lealtad, la religión, las instituciones o los límites morales de nuestras decisiones, entonces la novela habrá conseguido algo más.

Tengo una idea bastante sencilla al respecto: una novela puede hacernos pensar, pero primero tiene que conseguir que queramos seguir leyéndola.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Tengo el problema contrario al bloqueo del escritor: tengo demasiadas historias. Quizá sea una consecuencia de haber empezado relativamente tarde a escribir novelas: tengo la sensación de que llevo muchos años acumulando historias y que ahora todas quieren salir a la vez.

Recientemente acabo de finalizar dos proyectos más: El gran Expediente y El asunto Eleazar, y estoy acabando de escribir la Historia de un pueblo que se llama Taradell, al que estoy muy vinculado, en una versión divulgativa y que persigue ser amena.

Tengo dos proyectos más. Uno, prácticamente finalizado, gira alrededor de la inteligencia artificial, pero no porque está de moda, sino porque me genera dudas y preguntas. Me interesa imaginar la inteligencia artificial convertida en actor estratégico internacional.

¿Qué ocurriría si las grandes potencias desarrollaran sistemas extraordinariamente avanzados para defender sus intereses y, en determinado momento, esos sistemas llegaran a una conclusión  extremadamente lógica que los seres humanos somos incapaces de aceptar? Por ejemplo, que determinadas estrategias militares conducen matemáticamente a una derrota de todos. Y entonces aparece una pregunta fascinante: ¿Qué sucede cuando una máquina creada para obedecernos comprende mejor que nosotros las consecuencias de nuestras propias decisiones y errores?

Ese proyecto comparte algo con El legado Treviso: utilizar el thriller para explorar problemas que están empezando a formar parte de nuestra realidad.

También estoy trabajando en otros proyectos narrativos e históricos. Uno de ellos, está todavía en fase inicial. Es una historia contemporánea en la que abordo también la inteligencia artificial desde otro punto de vista. Un aplicación de inteligencia artificial permite reconstruir la vida que habríamos tenido si, en un momento decisivo, hubiéramos elegido otro camino. A partir de ahí me propongo explorar el conflicto entre elección y destino: cuánto de nuestra vida depende realmente de nuestras decisiones, cuánto del azar y cuánto de circunstancias que otros pueden llegar a condicionar. En el fondo, la novela nace de una pregunta muy sencilla: si pudiéramos conocer la vida que no vivimos, ¿seguiríamos pensando que elegimos libremente la que tenemos?


 © Alfonso Segarra.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Creo que los escritores hablamos mucho de escribir y quizá demasiado poco de leer.

Existe algo casi mágico en la relación entre un escritor y un lector.

Yo puedo estar solo delante de un ordenador imaginando una habitación, una calle de Milán, una conversación o un personaje que no existe.

Meses después, una persona a la que quizá nunca conoceré, abre el libro y aquella misma escena vuelve a existir dentro de su cabeza. Pero ya no es exactamente mi escena. Es la suya. El lector le pone caras, voces, sonidos, recuerdos. Completa todo aquello que el escritor únicamente ha sugerido. Ese fenómeno me sigue pareciendo extraordinario.

Por eso, cuando tantas personas me dicen que El legado Treviso les mantuvo despierto, que se encariñaron  con determinado personaje, que sospecharon de otro o que un giro consiguió sorprenderlos, siento que se ha producido algo difícil de conseguir en cualquier otra actividad.

Durante meses la historia ha sido mía. Cuando alguien empieza a leerla, deja de serlo.

Y creo que ese es el momento en que un libro empieza de verdad a existir.

Gracias, Alfonso.

Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar un día más atentos a nuestras publicaciones. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva