martes, 11 de febrero de 2014

LA SONRISA DE LAS MUJERES. Nicolas Barreau

Título: La sonrisa de las mujeres
Autor: Nicolas Barreau
Traducción: Carmen Bas Álvarez
Editorial: Espasa
Págs: 272
Precio: 19,90 € / 13,99 €

Para los amantes de la lectura, un libro es un compañero, un amigo, incluso, a veces, una tabla de salvación. Siempre digo que la gente que aún no lo ha descubierto (la gente que apenas lee) es porque no sabe que también hay libros hechos para ellos. ¿Y qué pasa el día que por fin se topan estos individuos con ese libro con el que conectan y que les hace verdaderamente felices? La respuesta está en “La sonrisa de las mujeres”, la exitosa novela de Nicolas Barreau de la que hoy os hablaré.
Aurélie tiene un restaurante (Les temps des cerises) que le dejó su recientemente fallecido padre en herencia, un novio egocéntrico y extraño, y unos amigos que se preocupan mucho por ella. La vida marcha más o menos bien para esta treintañera parisina hasta el día en el que su novio decide dejarla por otra. Todo sucede precisamente en el día libre de Aurélie y la joven decide deambular sin rumbo por la ciudad. Huyendo de un curioso policía, entra en una librería. Allí no solo se topa con un librero amable, sino también con un libro titulado “La sonrisa de las mujeres” que hará que su estado de ánimo cambie por completo. Aurélie tendrá a partir de entonces un objetivo claro: encontrar al hombre que con sus palabras la ha hecho tan feliz. ¿Lo conseguirá?
Era inevitable que acabara leyendo “La sonrisa de las mujeres” después de la grata impresión que me causó la segunda novela del mismo autor, “Me encontrarás en el fin del mundo”. También porque quería analizar concienzudamente qué ingredientes han hecho que la primera comedia romántica escrita por este joven de madre alemana y padre francés sea todo un éxito (en España vamos ya por la décima edición, que se dice pronto) en Europa. Efectivamente, he encontrado muchos puntos interesantes en este libro. Pero será mejor que deje de irme por las ramas y os los comente a continuación.
“La sonrisa de las mujeres” es una novela del tipo “comedia romántica” llena de equívocos divertidos y buenos sentimientos (y final feliz, claro), donde la cercanía (la empatía) con los personajes principales nos llega gracias a la lograda narración en primera persona a dos voces. Una de estos narradores es Aurélie, esa mujer soñadora que encuentra el amor en un libro. El otro no puedo decirlo ahora, pues entonces se perdería la gracia.
La novela gira básicamente en torno a varios temas principales: la aparición inesperada del amor, la cocina francesa, el mundo editorial galo, el efecto que los libros pueden causar en sus lectores y la existencia de escritores que firman con nombre falso.
Sobre la aparición inesperada del amor creo que ya he dicho lo suficiente. Por si acaso, lo repito: Aurélie se enamora del autor del libro que encuentra por casualidad y tanto la hace feliz justo cuando la abandona su novio. Esto me lleva a hablaros del tema que directamente se relaciona con este: el efecto que los libros causan en los lectores. En el caso de Aurélie, este no podría ser mejor, más aún si tenemos un día que nuestra protagonista es una persona que apenas lee. Un día encuentra un libro y descubre que existe todo un mundo entre sus páginas. Creo que es importante recalcar que los libros tienen ese poder y muchos otros. Los libros pueden hacer que nos enamoremos, que nos desenamoremos; que sintamos tristeza o alegría; que reflexionemos sobre cualquier tipo de temas o simplemente consigamos evadirnos de un presente gris. Por eso es tan importante que la gente lea. Una pena que la sociedad actual no parezca darse cuenta.
Con respecto al mundo editorial galo, es probable que no se diferencie mucho al español, en esencia. Tampoco es que lleguemos a conocerlo en profundidad en esta novela. Pero su presencia es tal en esta obra como para tenerlo muy en cuenta.
Aurélie es propietaria de un restaurante, también cocinera. Los platos franceses están muy presentes en estas páginas, tanto como que al final el autor ha querido regalarnos unas cuantas y suculentas recetas.
Finalmente llegamos al tema para mí más interesante de la obra: el de los autores que firman con nombre falso. ¿Por qué lo hacen? ¿Exigencias editoriales, tal vez? ¿Se vende más con una identidad ficticia? Pero, ¿qué hacer si te surge una presentación, por ejemplo? ¿No se sentirían los lectores defraudados si descubrieran la verdad?
En fin, amigos, ahí os dejo estas preguntas. Muchas de ellas tienen su respuesta en este divertido libro que, como veis, no solo me ha hecho feliz (como asegura la portada que hará con todos vosotros), sino que también pensar de lo lindo; otras rondarán en vuestra cabeza durante un tiempo. Ahora dejo en tus manos el descubrir todos los sentimientos que “La sonrisa de las mujeres” puede despertar en ti. ¿Te quedarás con las ganas de averiguarlo?
Cristina Monteoliva

ME ENCONTRARÁS EN EL FIN DEL MUNDO. Nicolas Barreau

Título: Me encontrarás en el fin del mundo
Autor: Nicolas Barreau
Traducción: Carmen Bas
Editorial: Espasa
Págs: 248
Precio: 19,90 € / 13,99 € (epub)

¿Quién no ha escrito en su adolescencia, o al menos ha pensado en hacerlo, una carta de amor? ¿Cuántos de vosotros no deseasteis no haberlo hecho nunca después de que la persona a la que iba destinada dicha carta os rechazara? ¿Hizo aquello que odiarais las cartas de amor en sí o lo seguisteis intentando con las siguientes conquistas por esa vía? ¿Qué por qué hago tantas preguntas? Pues porque la cosa hoy va de cartas de amor, en concreto, de las que Jean-Luc Champollion intercambia con una misteriosa desconocida en “Me encontrarás en el fin del mundo”, la nueva novela de Nicolas Barreau.
Jean-Luc Champollion tiene una galería de arte, un perro dálmata llamado Cézanne y bastante éxito con las mujeres. El joven francés, efectivamente, se lo pasa a las mil maravillas con las chicas, aunque no pueda decirse que se enamora de ninguna de ellas. La culpa puede que sea de su primer amor de adolescente, aquella bella rubia que se riera de él cuando Jean-Luc le envió una carta de amor. No sospecha el galerista que pronto Cupido volverá a tocar a su puerta, y que las odiosas cartas tendrán mucho que ver con ello. Pero, ¿quién es la misteriosa dama que consigue llamar la atención de nuestro protagonista con sus letras? Tendrás que leer este libro para averiguarlo.
Esta es una costumbre que, por desgracia, he perdido con el pasar del tiempo. Me refiero a escribir cartas de todo tipo: de amistad, de amor, de protesta… Hoy en día queremos que todo sea mucho más rápido, inmediato, así que nos comunicamos casi siempre de forma breve por email, mensaje de texto, etc. Tenemos tanta prisa que ya no solo no pensamos lo que queremos decir a los demás, sino que, además, descuidamos la ortografía. Pero, ¿qué pasaría si de pronto alguien se tomara la molestia de escribirte una carta de amor? No hablo de una nota corta, sino de toda una declaración amorosa, un texto en el que el remitente desnudara su alma por completo. Sería romántico, ¿verdad? También bastante arriesgado. A fin de cuentas, no sabrías como es físicamente la persona que te escribe (supongamos que, como el protagonista de esta novela, no le conoces), tampoco si te dice la verdad. Con el tiempo (también como le pasa al protagonista) irías descubriendo que la persona es sincera, y que su personalidad es tan atractiva, que casi que te da igual cómo es esa persona físicamente. ¿No es verdaderamente maravilloso?
Todo gira aquí entorno a Jean-Luc, un joven galerista que tiene que batallar con su joven empleada, sus amigos y sus artistas representados, incluso a veces con su perro. Jean-Luc lleva una vida más o menos normal hasta que un día le llega una misteriosa carta de amor. Y hasta aquí puedo leer, pues si me pongo a hablar de situaciones, personajes secundarios, etc, puede que acabe diciendo más de la cuenta y desvele todo el misterio.
 “Me encontrarás en el fin del mundo” es una novela en clave de comedia romántica escrita en primera persona. El título del libro y la sinopsis del mismo puede que os hagan pensar que se trata de una historia demasiado empalagosa. Creedme cuando os digo que no es así en absoluto. Tampoco penséis que el estilo cercano y la prosa fluida os resultarán en exceso simple. Pero, ¿cómo explicaros en tan pocas palabras que el romanticismo, la comedia, la cercanía del narrador, la belleza de la ciudad de París, lo entrañable de los personajes secundarios, la evolución del protagonista (de chico frívolo a romántico empedernido) y hasta los más mínimos detalles se combinan a las mil maravillas para ofreceros una historia realmente mágica que devoraréis casi de una sentada y hará que os emocione cuando llegue al final? Y no creáis que no os dará que pensar nada después de la lectura, pues, ¿acaso no nos estamos perdiendo mucho por correr tanto en esta vida? ¿Y qué me decís del tema del amor por carta, de si es posible o no? ¿Seríais capaces de vivir una historia así?
“Me encontrarás en el fin del mundo”, la segunda novela publicada en España de Nicolas Barreau, el joven escritor que se hiciera célebre por “La sonrisa de las mujeres” ha supuesto una grata sorpresa para esta que os escribe, casi tanto como el recibir una carta de amor cuando ya no esperas en tu vida un gesto así. Leedla, vividla, soñadla. Estoy segura de que después de la experiencia, todos seréis mucho más románticos.
Cristina Monteoliva

ATARDECER EN PARÍS, Nicolas Barreau.

Título: Atardecer en París
Autor: Nicolás Barreau
Traducción: Carmen Bas Álvarez
Editorial: Espasa
Págs: 301
Precio: 19,90 € / 9,99 € (epub)

¿Os acordáis de esos tiempos en los que la piratería no hacía todavía estragos y para ver una película de estreno acudíamos a las salas de cines casi religiosamente los domingos? ¿No echáis de menos los cines dentro de la ciudad, esas salas antiguas, con historia, ciertamente con encanto? Yo sí, y mucho. Por eso la lectura de “Atardecer en París”, la novela de Nicolas Barreau me ha traído tantos y nostálgicos recuerdos. Pero dejad que os cuente un poco más sobre esta historia:
Alain Bonnard ha heredado de su tío Bernard la pasión por las grandes películas de todos los tiempos. Es por ello que cuando su tío se retira del negocio, Alain recoge el testigo en el Cinéma Paradis, uno de los pocos cines de barrio que quedan en París. Como propietario del local y aficionado a las películas que allí mismo se proyectan, Alain llega a conocer a todos los asiduos al cine. Entre ellos se encuentra la chica del abrigo rojo que se sienta en la fila 17, una muchacha con la que no tarda en congeniar. Pero cuando por fin Alain se sabe enamorado de ella… ¡la chica desaparece! Su desaparición coindice con el comienzo del rodaje de una película americana en el cine, ¿tendrá algo que ver? Sin duda, tendrás que leer este libro para averiguarlo.
El protagonista y el narrador de esta historia, Alain, ese chico que desoye a sus padres para seguir con los sueños de su tío, dirige un insólito (por poco rentable) cine de barrio en el París del siglo XXI. Las películas que en su sala se pueden ver no son recientes, no tienen grandes efectos modernos, ni sonido envolvente; pero tienen su público, un público muy selecto al que Alain, como decía antes, llega a conocer y a admirar, ¡incluso a amar! Pero, ¿quién le iba a decir a este muchacho que el amor de su vida, esa chica que tan pronto llega como se va, iba a ser precisamente una de sus clientas?
Me temo que la mayoría de las pequeñas y viejas salas de cine, de esos pequeños templos que tanto nos han hecho soñar a muchos, están avocadas a la desaparición hoy en día. Pero, ¿por qué no soñar que pueda ocurrir algo que haga que se mantengan abiertas? Algo como lo que nos propone Nicolas Barreau en esta historia, que no es otra cosa que el rodaje de una película de un gran director americano (seguro que el nombre os resulta familiar) protagonizada por una gran actriz francesa que hace mucho que se fue a hacer las Américas.
Como en todas las novelas de Nicolas Barreau, el equívoco, la confusión, el embrollo que nos mantendrá en vilo hasta la última página, es inevitable. ¿Se resuelve satisfactoriamente? Por supuesto. ¿Os voy a adelantar yo algo? Rotundamente, no.
Todas las novelas de Barreau tienen lugar en París, y ésta no podría ser menos. Lo que no pienso deciros es los maravillosos lugares que vais a conocer en esta obra, solo os indicaré que una buena pista la tenéis en la portada.
Gran parte de la narración tiene lugar dentro o en relación al cinema Paradis, una sala antigua pero en funcionamiento en la que se proyectan películas deliciosas. La lista completa, para los que queráis verlas, se encuentra al final del libro. (Una selección excelente, a mi parecer).
El cine y la literatura son buenos amigos. Al fin y al cabo, todas las películas salen de un guion, que no es otra cosa que una obra literaria. Ahora bien: ¿cuántos de vosotros os habéis decantado en los últimos tiempos por quedaros en casa leyendo un buen libro porque las buenas salas de cine en vuestra ciudad (o pueblo) han desaparecido y no podéis (o no queréis) ir a ver una buena historia cinematográfica a un triste centro comercial a las afueras? Seguro que muchos de vosotros, los mismos que seguro que también recordáis con tanta nostalgia como yo aquellos tiempos pasados de domingos en el cine y palomitas. Y si además me decís que sois personas románticas, estoy segura de que disfrutaréis mucho con la lectura de esta novela llena de malos entendidos, estrellas del cine y buenas película, esta novela que precisamente intenta aunar estas dos pasiones, la del cine y la literatura, en una. ¿Te atreves a darle una oportunidad?

Cristina Monteoliva

LA MUJER DE MI VIDA, Nicolas Barreau

Título: La mujer de mi vida
Autor: Nicolás Barreau
Traducción: Carmen Bas Álvarez
Editorial: Espasa
Págs: 176
Precio: 16,90 € / 11,99 € (epub)

¿Crees en el amor a primera vista? ¿Estás seguro de que reconocerás a la persona que te está destinada por toda la eternidad con solo una (aunque sea fugaz) mirada? ¿Harías cualquier cosa por conseguir a esa persona de la que crees haberte enamorado por culpa de una flecha de Cupido? Si has contestado positivamente a las anteriores preguntas, no sólo creo que eres una persona romántica en extremo, sino también que la lectura de “La mujer de mi vida”, la última novela de Nicolas Barreau te puede interesar.
Es un día normal en la vida de Antoine, un joven librero parisino, hasta que en una cafetería se topa con la mirada de una mujer que sabe que le está destinada. La chica parece también corresponderle. Incluso, disimuladamente, le pasa su teléfono para que el librero la llame más tarde. El caso es que algo pasa con ese número de teléfono, algo los suficientemente terrible como para que la vida de Antoine se llene en las próximas horas de disparatadas llamadas, extraños equívocos y hasta dudas existenciales. Y al final, ¿conseguirá el joven vendedor de libros volver a ver a su amada? Tendrás que bucear entre las páginas de esta novela para conocer la respuesta.
París es el lugar ideal para encontrar al amor de tu vida, así, sin proponértelo siquiera. Y si no, que se lo digan a Antoine, el joven librero protagonista y narrador de esta historia, el mismo que un día salió un momento a tomar un café y ya no pudo volver en todo el día al trabajo por tener que buscar a la mujer de la que se había enamorado en la cafetería.
De locos, ¿verdad? Lo es, ¡pero con mucha gracia! Porque el amor puede ser muy divertido, sobre todo visto desde fuera, cuando ves que el protagonista de la historia no consigue volver a localizar a la otra persona y el tiempo y las extrañas conversaciones telefónicas juegan en tu contra.
Estos son los ingredientes principales de esta novela romántica llena, como no, de alocados malentendidos: un protagonista atolondrado con una profesión que adora y unos amigos estupendos, una chica misteriosa, un teléfono móvil que no para de hacer llamadas, una prosa directa y sencilla a la vez que fluida, y el tiempo que corre en contra del protagonista. De fondo, como siempre en las novelas de Barreau, un París que se muestra espectacular, el mejor lugar del mundo para encontrar tanto los amores fugaces como aquellos destinados a durar toda la vida. ¿Qué más se le puede pedir a una novela romántica actual? Pues que te atrevas con ella y compruebes por ti mismo si el amor a primera vista es posible, qué se puede hacer por él hoy en día y… Bueno, tú sólo atrévete con el libro y luego me cuentas. ¿Lo harás?
Cristina Monteoliva

martes, 21 de enero de 2014

EL SUEÑO DE LA ALDEA DING, de Yan Lianke


Título: El sueño de la aldea Ding
Autor: Yan Lianke
Traducción: Belén Cuadra Mora
Editorial: Automática Editorial
Págs: 376
Precio: 25,90 €

La globalización ha hecho que cualquier suceso horrible en cualquier parte remota del mundo pueda ser conocido al instante en cualquier otra parte del planeta. Siempre que ese suceso pueda resultar de interés, claro. O siempre que las autoridades no hagan todo lo posible por frenar los largos tentáculos de los medios de comunicación. El sueño de la aldea Ding, del autor chino Yan Lianke es todo un ejemplo de ello, al menos en parte. Dejadme que os cuente un poco de qué va esta obra a continuación.
Las vidas de los habitantes de la aldea Ding se marchitan tan rápido como las hojas en otoño. La muerte llega al poco tiempo de contraer la llamada enfermedad de la sangre, el mal que conllevaba la venta de sangre años atrás. Este mal de la sangre no es otro que el SIDA, una enfermedad sin tratamiento en una zona pobre del país, una condena segura. Y, aun así, todavía queda gente con esperanza en la aldea Ding. Gente que vive el día a día, que se ilusiona con pequeñas o grandes cosas. Gente que sueña. Gente como el abuelo de Xiao Qiang, el niño envenenado por sus vecinos hasta la muerte. O como el tío de este malogrado niño. Todas sus historias están recogidas en este maravilloso libro lleno de tanta pena como alegría. De tanta luz como dolor. De tanta fantasía como realidad.
El narrador de esta novela lírica, desgarradora y a la vez esperanzadora es Xiao Qiang, el fantasma del niño envenenado por sus vecinos por un motivo claro: su padre compraba sangre a la gente, y por su culpa gran parte del pueblo se ha contagiado del SIDA, una enfermedad que poco a poco está dejando el lugar sin habitantes.
Xiao Qiang nos cuenta con una sencillez poética, emotiva y directa la vida de sus familiares a lo largo de un no muy largo espacio de tiempo (tras la muerte del muchacho): su abuelo, el hombre que durante toda la vida ha ejercido como bedel de la escuela, un padre que no puede comprender cómo sus hijos han podido hacer lo que han hecho (y las cosas que siguen haciendo); el padre de Xiao Qiang, un tipo sin escrúpulos que no duda hacer negocio incluso con los muertos; el tío del chico, un hombre que no duda en vivir su historia de amor con otra enferma, a pesar del poco tiempo de vida que les queda; y la de un sinfín más de habitantes de esta triste aldea. Personas que podrían haber existido y ya no estarían en este mundo. Personas que merecerían ser recordadas.
El título de la obra, El sueño de la aldea Ding, podría hacer alusión a todos esos sueños rotos de los habitantes de la pequeña población, o tal vez a los sueños premonitorios y líricos que tiene el abuelo del chico, sueños que no hacen más que amenizar una obra ya de por sí amena e interesante, rica en matices de todo tipo, sobre toda en sentimientos.
Una vez leí por ahí que todo buen escritor ha de tener cierto compromiso con su tiempo (en realidad odio las citas, así que no me pidáis que busque quién lo dijo y cómo lo expresó concretamente). Esta máxima se cumple a la perfección en la figura de Yan Lianke, autor de esta genial novela. Y es que la obra que ahora podéis leer en castellano, esta pequeña joya literaria de nuestro tiempo, trata un tema tan real como desconocido por muchos: el del contagio de SIDA por la compra-venta de sangre en la provincia China de Henan. La novela está aún hoy prohibida en China, y no veo que los medios hablen mucho de ello hoy en día. Me pregunto cuántos asuntos desgraciados estarán siendo ocultados hoy en día al mundo, cuántas muertes injustas quedarán sin justicia alguna. También si tenemos que esperar a que sean los escritores las que las destapen en forma de novelas o ensayos. ¿Seremos capaces de abrir los ojos por nosotros mismos o tendrán que venir otros a abrírnoslos?
Sinceramente, hacía mucho que no me encontraba con un libro que aunara a la perfección el compromiso social de su autor, la trama interesante, la excelencia de la voz narrativa y la originalidad, en general. No me queda pues otra que acabar esta reseña invitándoos encarecidamente a leer El sueño de la aldea Ding, una obra tan dolorosa como necesaria. Una obra que os hará reencontraros con la verdad y con la buena literatura.
Cristina Monteoliva

EL SOL DE LOS MUERTOS, Ivan Shmeliov

Título: El Sol de los Muertos
Autor: Ivan Shmeliov
Editorial: El Olivo Azul
Págs: 272
Precio: 21 €

Algunas tragedias colectivas han pasado casi desapercibidas para el resto de la humanidad y la Historia, eclipsadas, tal vez, por otros hechos considerados más relevantes, o simplemente por no ser percibidas como tales desgracias. Podemos decir que éste sería el caso de la Revolución Rusa (también conocida como Revolución de Octubre) y de los que la padecieron, tema principal de “El Sol de los Muertos”, la obra del autor ruso Ivan Shmeliov que hoy nos ocupa.
El protagonista de esta historia es un intelectual que vive pobremente en una casa de campo en la bella península de Crimea. El lugar está tomado por los bolcheviques, quienes tienen la potestad de decidir sobre la vida o la muerte de los habitantes del lugar. Las estaciones transcurren así, sin esperanza, para los que quedan aún con los pies sobre la Tierra.
Aunque el personaje principal y narrador de esta crónica-denuncia no nos dice su nombre en ningún momento, sabemos, gracias al prólogo de Gabriel Sofer, que se trata en realidad del propio Ivan Shmeliov. Por tanto, no se trata de una obra de ficción al uso, sino del propio horror del escritor, de sus propias vivencias y sentimientos.
Shmeliov emplea el tiempo presente en casi todo momento, relevando el pasado a un puesto secundario. El monólogo interior se superpone a la narración al uso. De esta manera, el autor consigue que la acción se muestre más cercana al lector, casi como si estuviera pasando en este mismo momento, como si estuviéramos junto al protagonista, dentro de su propia cabeza.
Nos cuenta Gabriel Sofer en el genial prólogo que precede al resto de la trama, que durante mucho tiempo la Revolución Rusa fue percibida en Europa desde un punto de vista casi romántico, como un cambio de régimen admirable, llegando incluso a mirar con recelo a los exiliados rusos. El que se acerque a este libro comprenderá al instante que poco romanticismo y mucho de real y crudo tuvo este conflicto.
Esta es una historia de pequeñas cosas, en todos los sentidos de la expresión. Son pequeñas las cosas que pasan en Crimea y el resto de Rusia, para el resto de la humanidad: niñas que entregan su inocencia a cambio de algo que llevarse a la boca, abuelos que ven morir a sus nietos, hombres que entierran a sus mujeres en sus muebles favoritos, porque no hay ataúdes... Pero también son las pequeñas cosas del día a día la que hacen a los personajes de esta historia aferrarse a la vida: un almendro en flor, escuchar las esperanzas de un pobre iluso, compartir la poca comida que queda con un vecino...
Y es que los días en Crimea parecen eternos cuando el hambre acucia, hay poco que hacer en un mundo que se ha vuelto del revés. El protagonista se entretiene hablando con la naturaleza, con unos animales domésticos que parece que van a empezar a articular palabra de un momento a otro. La prosa se convierte así en la más bella de las poesías, toca el alma del que tiene el libro entre sus manos.
Cada día, este intelectual venido a menos se encuentra con vecinos y amigos que le cuentan que las cosas van peor. No pueden creer que les hayan engañado con falsas promesas, que tan sólo les quede esperar la muerte.
A veces, la rabia no puede con él: el narrador se gira con ironía hacia el lector que cómodamente lee esta obra, ante el mundo occidental que no quiere ver la realidad de Rusia. Incluso, a veces, la impotencia es tan fuerte que no puede evitar enfrentarse con el Dios que los abandona a su suerte, el ser que ha puesto sobre el cielo un Sol que ya sólo ilumina a los muertos vivientes de Crimea.
No se puede evitar al menos un momento de reflexión después de leer esta obra, este entramado tan desgarrador de testimonios. Porque, ¿cuántos hombres, mujeres y niños no estarán pasando por esta misma situación hoy en día, en conflictos que al resto del mundo no les interesa ver? ¿Estamos nosotros a salvo, en nuestras cómodas viviendas? ¿Y si lo inesperado sucediera? ¿Y si nos sucediera a nosotros?
Dos veces le dio la espalda occidente a Shmeliov: la primera, en Crimea, cuando no había esperanza; la segunda, cuando su amigo Thomas Mann lo propuso para el premio Nobel. Que no sean tres las veces que el mundo se esconda ante su obra y el horror de tantos. Demos una oportunidad a esta obra. No nos olvidemos de los que sufren.
Cristina Monteoliva

viernes, 27 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (I)

Lola López Mondéjar nació en 1958. Es psicoanalista y escritora, además de una persona encantadora que no duda en acercarse a sus lectores en las presentaciones, sonreír pase lo que pase y transmitir positividad allá por dónde va.
Sus narraciones invitan a los lectores a viajar por la mente humana. Ha publicado las novelas Una casa en La Habana, Yo nací con la bossa nova, No quedará la noche,  Lenguas vivas y La primera vez que no te quiero, y los libros de cuentos El pensamiento mudo de los peces y Lazos de sangre, además del ensayo El factor Munchausen: psicoanálisis y creatividad.
Si quieres saber más de ella, no dejes de leer los artículos de este especial que hoy le dedico.
Comenzamos con la primera parte de la extensa entrevista que me ha concedido: 

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Empecé a escribir ficción casi al mismo tiempo en que aprendí a escribir. Inventaba cuentos que escribía en folios doblados, para que se parecieran un poco a los libros que leía. Luego los ilustraba con torpes dibujos infantiles. Me sentía muy orgullosa de ellos.

Pero, ¿qué fue primero: tu interés por la escritura o por hurgar en la mente del ser humano?
Primero sentí una fuerte vocación literaria, que continuó mientras estudié la carrera de Psicología y me formaba paralelamente en psicoanálisis. Creo que una vocación y otra iban de la mano porque lo que me interesa de la literatura es también el conocimiento del ser humano que comporta. Antes de la psicología, la literatura y la filosofía ya habían penetrado en la opacidad de la mente y de la conducta, la habían explorado con habilidad. Charlotte Brönte, Stendhal, Flaubert, Elizabeth Gaskell, Tolstoi, tenían una mirada aguda y analítica sobre los sentimientos y comportamientos de los hombres y de las mujeres, mucho antes de que Freud inventara el psicoanálisis. Por no hablar de Nietzsche, Shopenhauer o Kierkegaard, que avanzaron la idea de inconsciente.
Yo leía a esos autores y quería comprender como ellos a mis contemporáneos, usando las dos vías que estaban a mi alcance: los estudios de psicoanálisis y la lectura de textos literarios.

Si tuvieras que elegir entre cuento y novela, ¿con qué te quedarías?
No podría elegir. Uno y otra surgen de procesos creativos distintos sobre los que no tengo poder de decisión. De modo que si engendro un cuento daré a luz un cuento, si una novela, una novela. Son dispositivos muy diferentes tanto en su gestación como en la ejecución de su escritura; uno es inmediato, como una inspiración muy precisa, la otra dilatada, pues implica la construcción de un mundo que me lleva años diseñar y habitar. Para mí son necesarios ambos géneros. En Lazos de sangre exploré el cuento largo con total intención, y me pareció también delicioso. Supone poner en marcha un reloj que no es exactamente el de la novela ni el del cuento breve, pero igual de preciso y exigente que este último.

Has publicado en 2013 dos libros: “Lazos de sangre”, un recopilatorio de cuentos, y “La primera vez que no te quiero”, una novela. ¿Cómo se lleva la promoción de dos obras prácticamente a la vez?
Lazos de sangre se presentó en Madrid en noviembre de 2012 y he tenido casi todo  un año para promocionarlo, hasta que en septiembre de 2013 se presentó a la prensa, también en Madrid la novela. Entre uno y otro llevo más de un año de promoción, y esto es algo que cansa físicamente, pero que me interesa muchísimo como autora, porque entiendo que es en el encuentro con los lectores, y con los presentadores (elemento muy importante de la promoción) cuando se cierra el ciclo de la escritura. La recepción de la obra ayuda a entender aspectos que, aún estando incluidos en ella, me pasaron desapercibidos. Recibir en vivo la opinión de los lectores muestra tanto los límites de la obra (respecto a tus expectativas iniciales), como, por el contrario, su capacidad evocativa y de generar reflexión (que puede ir más allá de lo que esperabas de ella). Y esto es un aspecto muy importante para mí.

De manera que llevo bien la promoción porque me interesa intelectualmente lo que me devuelven los lectores, los críticos y la prensa.


©Lola Mondéjar.

EL HOMBRE PEZ, un relato de LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

El hombre pez
                                                                                                         
                                               Para Lucía Puenzo  y Sergio Bizzio.

                                   Vivo en agraz, lo sé. Entre la muerte y yo,
                                               Una fina lazada. Camino hacia las aguas
                                               Y me sumerjo en vertical.
                                        
                                               Baila, baila, baila la Danza del Diablo Verde…
                                              
                                   Alberto Chessa[1]

La tumbona es el único obstáculo que interrumpe la superficie lisa de la arena. A pocos metros de un mar incansable, el azul y el blanco de sus franjas perfila su silueta, nítida desde la escollera. No podemos saber quién la ocupa, pues desde aquí los ojos no lo distinguen, pero si nos acercamos hasta ella podemos observar sin temor a molestarle a un hombre. Se llama Juan, y duerme. Su cuerpo menudo se hunde en el vientre de la lona y la cabeza reposa sobre uno de sus hombros estrechos, relajada. Acaricia su mejilla una manta de viaje de cuadros grises y rojos que lo cubre hasta el cuello. Hace frío, pero un sol estampado de nubes débiles calienta su frente.
Juan viene día sí y día también. Coloca la hamaca en el sitio de costumbre, da un largo paseo hasta el muelle, y regresa. Luego reposa tranquilamente mirando las olas. A menudo se queda dormido. No lee ni escucha la radio, sólo el rumor del mar que lo adormece. Sus ojos cansados miran al frente, hacia el horizonte que se confunde con el cielo. Cuando los hay, siguen a algún que otro velero que se recrea en un itinerario azaroso. Hace más de un año que se jubiló. Por debajo de su jersey de lana, un observador minucioso podría distinguir el relieve de un marcapasos incrustado en la piel de su pecho, justo encima de su corazón debilitado, desde hace ya muchos años; aunque hay días en que Juan olvida que lo lleva. Se sienta frente al mar y se olvida de todo. Ahora puede despilfarrar el tiempo, se dice a sí mismo, es lo único que puede malgastar. Lo deja pasar sin hacer nada. Unas pocas obligaciones domésticas que comparte con su mujer, y esa contemplación muda.
No falta nunca. Si llueve, espera a que la lluvia remita y coloca su hamaca en la arena húmeda, salpicada de cráteres como la superficie de la luna en miniatura. Y contempla el mar.
Se diría que toda su jornada está dirigida hacia esas horas vacías en las que Juan parece llenarse de algo. Entorna los labios y  se le escapa una lengua llena de accidentes, una grieta central casi la separa en dos. De niño, los niños se reían de él por culpa de su lengua. Ahora a Juan no le importa. La saca al sol tímidamente, y la deja ahí, en el umbral de su boca, como un reptil.
A menudo también estira sus piernas cortas, las desentumece, las separa y vuelve a juntarlas. Sus piernas se cabalgan y desaparecen; bajo la manta de cuadros bien podían ser sólo una, como la cola de un pez. Tiene las manos pequeñas, de palma ancha y dedos cortos. Manos de agricultor. Hasta los veinte años Juan nunca vio el mar y ahora no concibe cómo pudo pasarse sin él. No le gusta pescar, siente un pinchazo doloroso en el cielo del paladar cada vez que un pez inquieto sale del agua prendido en el anzuelo. Sufre por él. No puede mirarlo. Cuando el pescador lo suelta en el cubo, el pez abre y cierra la boca con desesperación, y Juan lo imita cuando lo mira, con un reflejo que ni siquiera percibe.
Hace más de un año que tiene esa costumbre que tira de él sin remedio; y cada día pasa más horas frente al mar. Su mujer se queja, pero sus protestas no van más allá de una reprimenda cariñosa cuando se le olvida la hora de la cena. ¿Qué comes tú?, le dice, toda la tarde en ayunas, eso no debe de ser bueno. Juan le sonríe. También a él se le hace extraño no haber sentido el murmullo del hambre. Serán cosas de la edad.
No sabe cómo es sentirse viejo, ni siquiera está seguro de que lo sea. A los sesenta y seis años su padre era un anciano, pero Juan, a pesar de sus problemas cardíacos, no se siente ni mucho menos como él. Mientras camina por la playa, de la hamaca a la escollera, de la escollera a la hamaca, Juan se siente un hombre joven. Es más, a veces tiene deseos de nadar, quiere zambullirse en el agua, que intuye fría, y recorrer el mundo. Si fuera pez lo haría. Le sobran fuerzas para intentarlo. Pero luego, su organismo le pide reposo. Y se lo da. Se relaja y medita. Mira la superficie del agua en movimiento y reproduce en su mente lo que él cree que encontraría debajo. Se pasea por el fondo del mar sólo con su imaginación, mientras su cuerpo descansa. Esquiva las rocas y avanza, rozando casi con el vientre las praderas verdes de posidonia.
Hace meses que en su interior suceden cosas. Lo sabe. La piel de sus brazos se ha vuelto más suave y ha perdido el vello negro que la cubría. Su cuerpo se está redondeando imperceptiblemente, como si adquiriera la forma de un huso. Los huesos se adelgazan, han desaparecido bajo el músculo, y Juan siente palpitar su corazón herido con el ritmo acompasado de un tambor. No está seguro pero, a veces, cree que sus dedos han retrocedido dentro de la palma de su mano. Imaginaciones.
Lo que no ha cambiado en este año ocioso es ese deseo secreto de convertirse en pez.
Hace semanas que Juan pasea de otro modo, inquieto. Deja sus zapatos delante de la hamaca y corre hacia el agua con impaciencia. Las olas bañan sus pies y, a veces la pernera de su pantalón, que se humedece, más oscuro, hasta la rodilla. Juan mira hacia el horizonte y resopla, se diría que está esperando a alguien. Qué tontería. Sus pasos no abandonan la línea del agua; llega hasta el malecón y, apenas toca los bloques de piedra, retrocede con prisa.
Desde la escollera, la hamaca se divisa como siempre en el sitio de costumbre. Podemos adivinar al hombre que reposa en ella, que duerme. Ahora, desde donde estamos, le vemos abandonar el vientre curvo de la lona con movimientos de inválido y dejarse caer al suelo torpemente; advertimos cómo se desliza por la arena con sinuosos movimientos de serpiente, cómo avanza decidido por ella, arrastrando el cuerpo al compás de sus brazos, inseparables las piernas. Le vemos alcanzar la orilla impulsado por la pelvis, que mueve de un lado a otro con elegancia anfibia, introducir en el agua la cabeza calva, ovalada, y los brazos cosidos al costado, hasta adentrarse en el mar glacial.
Le vemos, luego, desaparecer en él.





[1] En la radiografía apareció LA PIEL, Huerga y Fierro, 2013.

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (II)

¿Cuál es tu relato favorito de “Lazos de sangre” y por qué?
No escribo los relatos pensando en un libro de relatos sino que cada uno surge en un momento concreto de mi vida, por razones que puedo conocer o no. De manera que, cuando los selecciono, elijo aquellos que me parecen los mejores, de ahí mi dificultad para señalar uno entre otros, puesto que todos han sido elegidos entre otros que quedaron en proyecto o definitivamente atrás.
No obstante, quizás Las invitadas tenga para mí un significado especial, pues parte de una anécdota vivida –una temporada en casa de una amiga veneciana–, que me sirvió para contar el comienzo de la desidealización que una hija hace de su madre, un proceso tan necesario en la vida de una futura mujer. Y, por supuesto, El hermano gemelo.

¿Te ha sorprendido que “El hermano gemelo” sea uno de los cuentos más comentados entre los lectores?
No me ha sorprendido. Fue un relato que se gestó muy lentamente, que me obligó a viajar a Oslo porque “quería ir al frío”, era lo que repetía con insistencia durante meses, y no sabía exactamente el porqué, pero sí que en el frío daría algo de mí que lo necesitaba claramente para expresarse. Lo escribí en Oslo, durante un viaje que hice con mi hija en febrero, a dieciséis grados bajo cero, disfrutando muchísimo de la ciudad helada. Vivo en un paisaje mediterráneo y quería sentir otra geografía radicalmente diferente, donde el blanco y el frío fueran omnipresentes, porque sentía que podría tocar nuevos registros. Como se puede observar en mi obra, me influyen muchísimo las ciudades, los ambientes.
Luego lo construí como si se tratase de una novela negra. Empieza con una muerte y un detective, y sigue con la investigación de la hija. Yo mismo disfruté mucho durante su escritura, y supuse que lo mismo les ocurriría a los lectores, como así ha sido.
Recuerdo que escribía de seis de la tarde hasta la hora en que salíamos a cenar. Segura de que nadie iba a interrumpirme. Un placer.

¿Por qué los matrimonios se acaban convirtiendo en “animales de compañía”?
Algunos matrimonios acaban convirtiéndose en animales de compañía, otros no. Imagino que serán muchas las causas. A menudo utilizo la literatura para explorar incógnitas que no puedo resolver desde mi profesión. Y esta es una de ellas. Las necesidades de apego del ser humano son infinitas, más poderosas que las de la pasión, y quizás sean ellas las que colocan la compañía (aunque sea muda, aunque comporte pérdida de la propia identidad) por encima de la independencia. Ser independientes nos aproxima a la soledad, una soledad muy temida por quienes sufren esa necesidad de apego tan fuerte.
Cuando se teme demasiado a la soledad se claudica, se minimizan todos los deseos si estos amenazan la presencia del otro, se sacrifican las propias aspiraciones en el altar de la compañía, y perdemos subjetividad, y nos convertimos solo en animales de compañía.

¿Por qué une tanto la sangre cuando a veces, tal y como vemos en tus relatos, hay tanto que nos separa con nuestros consanguíneos?

En nuestra cultura mediterránea la sangre une mucho. En el norte de Europa mucho menos. Es el imaginario cultural sobre los lazos de sangre lo que los hace tan importantes o los interpreta. No existen hechos, existen interpretaciones, afirmaba Nietzsche. Creo que esto está cambiando actualmente. Hoy nos enfrentamos más a la ambivalencia de esos lazos, con un pensamiento más, llamémosle “laico”, que los desacraliza, y observamos su aspecto oscuro, a veces letal (asesinatos de hijos a manos de los padre, de padres a manos de sus hijos, separaciones familiares por herencias, alejamiento y dispersión familiar que nos interrogan), y entendemos que, como todo afecto humano, los lazos familiares están compuestos de amor y de odio, de rivalidad y cooperación, de envidia y de gratitud, de celos y generosidad. En el libro quería mostrar todos esos matices.


©Lola Mondéjar.

LAZOS DE SANGRE, de LOLA LÓPEZ MONDÉJAR

Título: Lazos de sangre
Autora: Lola López Mondéjar
Editorial: Páginas de Espuma
Págs: 224
Precio: 17 €

Comienzo a escribir esta reseña un veintisiete de diciembre. Estamos en plenas fechas navideñas, y hace pocos días las familias se reunieron para festejar la Noche Buena y la Navidad. Algunas personas sé que lo pasarían la mar de bien en estas reuniones. Otras, no tanto. Y es que a veces los lazos de sangre unen; otras, separan; y otras, nos son totalmente indiferentes. Y si hay alguien que ha intentado con todas sus fuerzas ahondar en el tema desde los puntos de vista psicológico y literario, ésa es Lola López Mondéjar. Su libro, Lazos de sangre, es la prueba.
Lazos de sangre es un volumen compuesto por un total de dieciséis relatos impecablemente escritos que giran en torno a las relaciones familiares. Los ocho primeros son piezas extensas, algunas casi novelitas cortas, mientras que las ocho últimos, englobados todos ellos en un apartado titulado Petit fours, son mucho más breves (un par de páginas por pieza, generalmente).
Abre este libro Las invitadas, una historia sobre una madre que comete una pequeña locura en Venezia. La hija, menor de edad, se ve arrastrada por su progenitora, sin poder hacer nada para evitarlo. Los sentimientos encontrados son inevitables, así como el final de esta pieza.
La chica de Las invitadas no será la única que se verá “arrastrada”, por así decirlo, por su madre pues en Vicolo de D´Orfeo, Renzo, su protagonista, vivirá una situación similar. Similar, o no tanto, puesto que en este caso Renzo es ya mayorcito y su problema es que siempre ha vivido a la sombra de una madre que le mentía sobre el pasado de su hermana y su padre (del abuso que su padre ejerció contra su hermana, más bien). El despertar de Renzo es duro, pero también necesario.
Una desolación va, básicamente, de cuando los hijos han de hacerse cargo económicamente de los padres.
También de “hacerse cargo” de alguien nos habla Animales de compañía, pero de una forma bien distinta, pues en este relato lo que se nos plantea es hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a partes de nosotros (o a todo) por complacer al otro miembro de la pareja.
Me he divertido mucho leyendo El huerto. En este relato, una madre con visión de futuro, hace que toda su familia se embarque en una aventura postapocalíptica, ¡con éxito! Y es que cuando a una madre se le mete algo en la cabeza…
En La herencia lo que encontraréis no es un gran tesoro dentro de un armario, sino a un hijo que descubre tras la muerte de sus padres que ellos también, además de padres, eran humanos. Me pregunto si más de uno no cambiará la visión que tiene de sus progenitores cuando lea este cuento.
El hermano gemelo es un relato que ha tenido mucho éxito entre los lectores de este libro. No es de extrañar, pues en él no sólo se nos plantea el misterio de la muerte de la madre de la protagonista, sino, además, y fundamentalmente, la relación que existía entre la mujer madura y su hermano gemelo no nato, y la no relación entre hija y madre.
Pero si hay un relato especialmente desconcertante por la psicología de sus personajes ése es, precisamente, el que le da nombre al libro, Lazos de sangre. En él, nos encontramos dos tipos de relaciones muy distintas: la que mantiene la esteticista de la narradora con su sobrino, y la que la narradora mantiene con su marido. Si bien todo nos hace pensar que la principal es la primera, llegados a cierto punto de la narración, nos damos cuenta de que nada es lo que parece, o, mejor dicho, la narradora no es la mujer que creíamos. ¿A dónde nos llevará a parar esta mujer?
Los relatos englobados en Petit fours (Viola de gamba, Migraciones, Decepción, Cuestión de olfato, El pacto, Insatisfacción, No te perdono y Sospecha)  fundamentalmente analizan las relaciones de pareja desde distintos puntos de vista. Por Lo que predomina aquí es la tensión entre hombre y mujer que se aman (o ya no tanto): los pequeños celos, los grandes reproches, las diferencias irreconciliables, las infidelidades, las locuras cometidas por amor o por desamor… Todo ello, eso sí, con un delicioso sentido del humor que hará que el lector lea toda esta sección de un tirón, deseando un poco más al finalizar el libro.
Lazos de sangre quedó finalista en el prestigioso Premio Setenil de 2013. No es de extrañar, amigos, pues los cuentos que este volumen contiene, además de, como he dicho antes, estar magníficamente escritos, hacen vivir al lector un sinfín de emociones, a veces contrapuestos, mientras invitan a reflexionar sobre las relaciones familiares desde todos los puntos de vista imaginables, con todas sus consecuencias.
Si eres un amante de los buenos relatos, desde luego, éste es un libro que no te puedes perder.
Cristina Monteoliva