domingo, 1 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A VÍCTOR CASSINI (II)

¿Puedes explicarnos un poco el título de tu novela, Las salvias florecen en el barro?
Estando ambos elementos muy presentes a lo largo del libro, establecí una analogía entre el barro y esta planta aromática, medicinal por esencia. Porque las salvias son los valores humanos, el barro la falta de moral; las salvias representan a aquellos que malviven por falta de recursos públicos en calles, escuelas y hospitales, el barro a los que se lo llevan crudo en Madrid, Cataluña o Andalucía; las salvias son, lo digo siempre, los que ponen en juego sus vidas por la Paz, el barro los que ponen a salvo las suyas agazapados bajo sus escaños jugando a las equidistancias.
El título podría explicarse con más sencillez  con una  frase de un escritor chino, Lin Yutang, que resume en gran medida el sentido de este libro:
“El hombre superior ama su alma; el hombre inferior ama su propiedad”.
            Las salvias; el barro.

¿Cuánto tiempo tardaste en escribir esta obra?
El proceso creativo más explosivo duró unos pocos meses en los que lo importante era escribir y no perder ideas; que ya habría tiempo de ir modelándolas. Luego han sido más de tres años de descansos, correcciones, eliminaciones y añadidos durante los que el libro ha ido creciendo y tomando su carácter definitivo. Durante ese tiempo, intenté sin éxito que algunas editoriales aceptaran el manuscrito original. A la postre, esos rechazos, y las críticas de algunos amigos, beneficiaron la calidad del trabajo, ya que al seguir trabajando en el texto, considero que logré que éste ganara en calidad.

¿Por qué te decantaste por la autoedición a la hora de publicar tu novela?
En cierta ocasión le dije  a alguien: “¿Quién mejor que yo mismo para pelear por mi trabajo?”, algo que pasa por ser una respuesta muy romántica y digna, pero que tiene una contestación mucho más realista: siempre va a pelear mucho mejor una editorial, con su distribuidora, su publicidad y sus contactos. Como ya he dicho, este libro tiene un marcado componente crítico con la realidad, y ha llegado incluso a ser premonitorio en algunos aspectos. Al no encontrar quien lo publicara, empezaba a correr el riesgo de que perdiera puntos en esos valores y se convirtiera en un texto más de los publicados para sacar tajada de la crisis; así que, una vez que consideré que tenía la suficiente calidad, me decidí a publicar por mi cuenta y riesgo.

Acequia ¿malbalateña? ©Víctor Cassini 

¿Y qué tal tu experiencia como “autopublicado”?
Una aventura, como tiene que ser; y hay que hacer todo lo posible para lograr que ésta sea extraordinaria, aceptando tanto sus satisfacciones como sus desilusiones. Hay que trabajar mucho para llegar más allá del círculo de familia y amistades. A partir de ahí, actúo como si fuera el depositario de un manuscrito que estoy obligado a divulgar; por lo que busco más lectores y defensores que compradores. Supongo que ésta es otra visión idealista de la Literatura. El hecho de vivir cada paso del proceso de creación y puesta de largo de mi propio libro es algo enormemente enriquecedor, como lo fue la realización del tráiler.
En definitiva: pase lo que pase, no creo que me arrepienta jamás de haberlo intentado. Los muros de Facebook están empapelados de frases que avalan esta forma de pensar, ¿por qué iba yo a llevarles la contraria?

Daniel, el protagonista de Las salvias florecen en el barro y tú sois amantes tanto de la botánica como de la cocina. ¿En qué más se parece tu personaje a ti?
En cualquier cosa menos en mi familia y mis vecinos, por fortuna para todos. Tal vez sí en esa reivindicación del amor paterno presente a lo largo de toda la obra. Y podría añadir que en mi punto de vista cáustico sobre las cosas: Daniel,  junto con el narrador, se han convertido en vehículo de muchos de mis pensamientos más críticos.

¿Dónde se encuentra exactamente Malbalate?
Es un pueblo imaginario que sitúo en La Alpujarra granadina. Se trata de una aldea que podría estar rodeada de un auténtico vergel de no haber sido porque el descuidado trato al que lo sometieron sus habitantes ha acabado por convertirlo en un paisaje yermo. Podría estar en cualquier otro lugar de nuestra geografía; pero conozco bien la zona y me daba mucho juego para la trama. A fin de cuentas, hay quien defiende, de forma bien fundamentada, que no hay nada de malo en escribir de lo que se sabe; es más, considero una temeridad hacer lo contrario. En cualquier caso, el texto no es un relato costumbrista, sino una extensa metáfora aplicable a todo nuestro territorio nacional. El nombre surgió por casualidad mientras buscaba apellido para mis personajes. Para una toma del tráiler del libro filmé un pueblo que, aunque invito a los lectores a que adivinen su nombre, poco tiene que ver con la idiosincrasia de Malbalate.


                                                                        ©Víctor Cassini 

¿Existe en esta novela algún personaje inspirado en alguien real?
Los hay, y en dos sentidos. Por un lado, personajes inspirados en seres de carne y hueso con los que me he tropezado con mejor o peor fortuna. Tal vez, el ejemplo más claro es Tito, el carpintero. Por otro lado (no hay que olvidar que este libro es una extensa metáfora), muchos personajes son la fiel representación de una institución, de una forma de ejercer la política, de un ideal, o de una perversión del mundo real, es decir, son la imagen de lo que vivimos día a día; un reflejo deformado, si quiere verse así, pero puro reflejo a fin de cuentas. El lector puede intentar descubrir a lo largo del libro quién es quién, pero la explicación la encontrarán al final.

¿Cuál es tu personaje favorito y cuál el que más detestas?
Conjugando ambos puntos de vista, el del personaje y el de lo que representa, quien sale mejor parado es Gaspar, el médico. Como personaje, por sus buenas intenciones y su sufrimiento, y en cuanto a lo que representa… porque la sociedad necesita con urgencia de sus servicios.
También, aunque actúen tan sólo como informantes, aún me divierto mucho releyendo las escenas de Nacho y Eva, dos periodistas muy particulares.
El más detestable para mí es Sonsoles, como personaje es traicionero y cobarde; en razón a lo que representa, porque es la imagen de una de las facetas que considero más despreciables en la política actual: la del silencio ante el crimen.


Laguna ¿malbalateña?©Víctor Cassini 

LAS SALVIAS FLORECEN EN EL BARRO, de Víctor Cassini

Título: Las salvias florecen en el barro
Autor: Víctor Cassini
Editorial: Círculo Rojo
Págs: 484
Precio: 20 €

La gente de ciudad pensamos que la vida en los pueblos pequeños, cerca o dentro del entorno natural, es tranquila, apacible, todo paz, y todo porque no solemos acordarnos de aquel refrán tan cierto que dice que “pueblo pequeño, infierno grande”. Y es que si bien la naturaleza nos puede proporcionar la serenidad que necesitamos, a veces la gente que habita en los lugares pequeños están dispuestos a ofrecer a los demás todo lo contrario. Y si no me creéis, no tenéis más que echar un vistazo a Las salvias florecen en el barro, la novela de Víctor Cassini de la que hoy os vengo a hablar.
Tras un grave revés en su carrera profesional, Daniel, hasta entonces un agente de la Seguridad Presidencial de España, decide trasladarse de forma indefinida con su mujer y su hija pequeña al pueblo ficticio de Malbalate, en los montes del sur de España.La vida podría transcurrir de forma tranquila y apacible para esta pequeña familia si con ellos no se hubieran mudado también, aunque no para habitar la misma casa, los suegros de Daniel, los odiosos Prudencio y Sonsoles. Por si fuera poco, y casi al mismo tiempo, aparece por el lugar un extraño personaje con aires de mesías trasnochado. Si a todo esto le añadimos un carpintero con ideas de dictador, un conflicto con el abastecimiento de agua y el robo de los ataúdes del cementerio, ¿cómo pensáis que podría Daniel tener una vida mínimamente apacible?
El protagonista de esta novela es Daniel, quien, a pesar de su oficio como miembro de la Seguridad Presidencial, es un hombre tranquilo que sólo piensa en el bienestar de su familia y en llevar una vida tranquila rodeado por la naturaleza ahora que ha tenido que dejar su profesión. No es un héroe ni el hombre más recto de todos, pero sí alguien con ciertos principios claros que no está dispuesto a dejarse pisotear. Una vez en Malbalate, su paciencia y su rectitud se verán puestos a prueba continuamente. La pregunta es: ¿hasta cuándo aguantará?
Acompañan a Daniel en esta disparatada, hilarante, a la vez que profunda obra narrada por un ente omnisciente y plagada de innumerables y largos (aunque nada pesados) diálogos mordaces que harán que el lector no pare de reír en más de una ocasión, un sinfín de personajes que, realmente, desesperarían a cualquiera: Prudencio, el suegro celoso que se vuelve un payaso peligroso; Sonsoles, la suegra manipuladora que “las mata callando”; Marga, la desconfiada e influenciable esposa de Daniel; Salma, la chiquilla que apenas aparece y de la que sólo Daniel parece preocuparse; Benito-Tito-Herr, el carpintero dictador que hace y deshace a su antojo tanto en su carpintería como en el pueblo; Melchor-Thot, un bombero que tras un accidente se cree el mesías cambiante (de nombre y religión) de la zona; Gaspar, el médico que atiende precariamente a sus pacientes, y un largo etcétera de pintorescos seres, todos ellos con una función muy determinada en la historia. ¿La de hacernos reír con sus excentricidades?, os preguntaréis. A lo que yo os contestaré que sí, pero no, pues esta obra es una alegoría de la sociedad actual en clave de sátira, una novela jocosa y divertida, sí, pero que a la vez invita a reflexionar sobre cómo nos manipulan y cómo nos dejamos manipular, cómo podríamos actuar y cómo no podemos hacerlo a veces, cómo podría ser todo tan sencillo pero en realidad es tan complejo…
Además de todo lo dicho, esta obra nos hace redescubrir el amor del ser humano por la naturaleza, por esos parajes que tanto merecen de nuestra protección y que tan castigados están siendo. Son extraordinarias las descripciones que del medio se hacen, de su clima, orografía y vegetación. Desde luego, dan ganas de salir al monte en busca de las inmediaciones de Malbalate, un lugar tan ficticio como real en el que descubrirnos a nosotros mismos, a los demás, a la naturaleza misma del ser humano.
Hay quien se muda al campo en busca de paz, tranquilidad. De huir de los problemas sin saber que estos pueden perseguirte allá donde estés. Que mientras haya humanos alrededor, habrá conflicto. Que se puede huir de todo menos de la verdad. Descubre esto y mucho más en Las salvias florecen en el barro, una estupenda novela que sin duda te sorprenderá en muchos aspectos.
Cristina Monteoliva




ENTREVISTA A VÍCTOR CASSINI (III)

Tu novela, a pesar de su apariencia jocosa, encierra un significado profundo. ¿Crees que han cambiado mucho las cosas en Malbalate, y por extensión, en España, desde que la escribiste?
No. Somos los mismos cainitas de siempre. De hecho, algunas cosas de las que he escrito se han ido cumpliendo a posteriori. En cuestiones de corrupción nos movemos como en tiempos de Valle Inclán cuando, por ejemplo, un vividor figuraba en la nómina del Ayuntamiento de Madrid como “mulo del ejército” y recibía una paga mensual que se justificaba como gastos de paja y cebada. Creo que no hace falta que repita lo que se mueve a día de hoy en dicho consistorio; y hace sólo unos meses “nació” Amy Martin, una periodista fantasma que, con la connivencia de una importante agencia editorial, cobró cifras desorbitadas procedentes de fondos públicos por escribir artículos que en realidad eran obra de una aprovechada. Te cuento un detalle casi en primicia: esta estafadora acaba de publicar un libro con la complicidad de una importante editorial a modo de conmemoración del primer aniversario de aquel fraude. Su editor, como es lógico, avanza que “es una novela brillantísima y metaliteraria”. Lo realmente triste es que después de robarnos… arrasará en las librerías. ¿He dicho antes que este libro tenía algo de premonitorio?
En ocasiones, se puede pensar que los hechos que relato pueden resultar tan disparatados que se alejan de la realidad. Pero esta misma realidad dice otra cosa: ¿o hay algo más grotesco que ver a dos políticos andaluces hablándose en el Senado por medio de un traductor y con cargo al contribuyente?

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Las salvias florecen en el barro?
En primer lugar espero que se rían mucho, que disfruten con los diálogos y con el esperpento al que conduzco a algunos de los personajes. Encontrarán, entre muchos otros sucesos y personajes: disparatadas conspiraciones, desatinadas investigaciones forenses, un alcalde a medio camino entre Christian Grey y un gañán de club de carretera, o un pastor visionario que se conduce con menos juicio que sus ovejas.
He procurado que sea un libro de lectura entretenida aunque no apresurada: “Las salvias” encierran  ironía, crítica y diversión, sí; pero también reflexión y un emotivo homenaje a quienes lo merecen.
La flor de la salvia tiene un curioso mecanismo de polinización (lo explico también a lo largo del texto): cuando el insecto se introduce en ella para alcanzar el néctar, los estambres tienen un mecanismo de pedal que facilita la descarga del polen sobre el dorso del animal, que se lo llevará de forma inadvertida. Así pretendo que actúe este libro: atrayendo al lector hacia el fondo de la trama para que a la vez se empape de los argumentos que al final  le harán ver la fuerte crítica y, sobre todo, los fundamentados valores que encierra.

                                                                   ©Víctor Cassini 

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en mente?
Leer y formarme con vistas a escribir teatro cuando me sienta realmente preparado. Como muchos, voy por la vida con unas cuantas ideas rondando por la cabeza, esperando a que llegue el día en que cuajen para dar forma a una historia. En cualquier caso, preveo que será un largo proceso.  

Antes de dar por finalizada esta entrevista, ¿te gustaría añadir algo más?
Hacías hincapié antes en el contraste entre lo jocoso y lo profundo del libro. Y ha sido una observación muy atinada. Recurriendo una vez más a Lin Yutang cuando escribe: “El humor es parte de la vida y en consecuencia no debe ser excluido, ni aun de la literatura seria”, admito que he intentado hacer una novela con un trasfondo serio partiendo del humor. Por tanto, este trabajo es a la vez evasión y compromiso; pero que nadie dude que he separado muy bien la burla hacia los corruptos del respeto a los íntegros. Prueba de lo segundo es esta frase de los últimos capítulos con la que me gustaría terminar la entrevista: 
Cuando uno va por la vida con la vista fija en las nucas de los demás rara vez se da cuenta del  barro que arrastra en los pies. […] Porque el que mata sin honor, envilece su causa y maldice a su Pueblo.

Muchas gracias, Víctor, por tu tiempo, tus palabras, tus fotos y el resto de material. Espero que las salvias sigan floreciendo en el barro así como que tus reivindicativas palabras lleguen cada vez a más y más lectores. ¡Y que pronto nos sorprendas con otra interesante historia!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA ÚLTIMA MUJER DE AUSTRALIA, de Francisco Villarrubia

Título: La última mujer de Australia
Autor: Francisco Villarrubia
Editorial: Almuzara
Págs: 509
Precio: 21,95 €

Pensábamos que la gripe aviar iba a causar estragos, y al final se quedó todo en agua de borrajas. Tal vez por eso vivamos ahora más confiados, pensando que cualquier otra alarma sanitaria que se declare será falsa. Pero, ¿y si llega de verdad el virus que acabe con la especie humana, o casi, en un país o continente? Para resolver ésta y otras preguntas, nada mejor que echarle un vistazo a “La última mujer de Australia”, la nueva novela de Francisco Villarrubia de la que a continuación os hablaré.
Veronica Southgate es la última mujer viva de Australia, o al menos, es lo que ella piensa. Durante el último año el virus misógino que convierte a los hombres en máquinas de matar mujeres ha asolado el continente oceánico y si no se extiende más allá es porque la ONU lo impide. Veronica, que ha vivido plácidamente escondida en su casa de campo, y disfrazada de hombre sordomudo, viaja hasta Sydney para ayudar a una amiga más que fugaz. Por desgracia, a raíz de este viaje, Veronica se verá obligada a huir continuamente, a veces sola, a veces acompañada, a lo largo y ancho de un continente de futuro incierto.
Escuché el otro día en la tele que los zombis están más de moda que nunca por culpa (o a causa) de la crisis. Es cierto que no corren buenos tiempos para la especie humana, en general, y es fácil prever que lo que espera no será tampoco demasiado bueno. Aunque si hay que ser pesimistas a par que algo más realistas, mejor imaginarse un futuro en el que los que se maten unos a otros sean los vivos. Así, “La última mujer de Australia” aúna dos grandes temores actuales: primero, la propagación de un virus de alta peligrosidad que convierte todo un país en un escenario en el que cuesta, y mucho, sobrevivir; y en segundo lugar, el de la propagación de un machismo irracional que hace que los hombres maten a las mujeres sin ningún tipo de contemplaciones. Una combinación ésta extremadamente pesimista, pensaréis; pero a la vez explosiva y atractiva dentro del mundo de la ficción, algo que sin duda da mucho juego a la hora de escribir una novela tan larga y completa como es ésta, una historia muy bien argumentada que se mueve a lo largo y ancho del continente oceánico a ritmo cinematográfico, siempre manteniendo la intriga.
La protagonista de la novela no es otra que Veronica Southgate, una mujer de carácter variable, a veces bastante agresivo, que debe buscar la manera de sobrevivir en un mundo donde los hombres viven por y para matar a las mujeres. Veronica es fuerte, pero no puede con todo, de ahí que se derrumbe más de una vez. Pero, ¿quién no lo haría en su situación?
Acompañan a Veronica en este libro, además de un buen número de despojos humanos enloquecidos, otros tantos secundarios tan bien perfilados psicológicamente, ya sea en sus rasgos fundamentales como en la evolución que sufren a lo largo de la obra, como ella. Éstos son: Alice, de aparición breve pero fundamental en la historia; Jordan, el hombre inmune que parece no alterarse por nada, hasta que las circunstancias le obligan a cambiar de actitud; Elwin, el chico infectado que, sin embargo, es incapaz de hacer daño a ninguna mujer por un trauma que arrastra desde la infancia; y Rex, un gay, también inmune, de lengua afilada pero corazón de oro.
“La última mujer de Australia”, en definitiva, es una emocionante novela de acción y aventuras ambientada en un futuro que no le depara nada bueno al ser humano, menos aun si eres mujer y vives en Australia. Sumérgete ahora entre sus páginas y conoce cómo se extendió la peligrosa enfermedad, la devastación que trajo después, así como las aventuras de Veronica y sus amigos por la supervivencia en un mundo hostil y cruel, pues estoy segura que, al igual que a mí, esta novela de más de quinientas páginas se te acabará haciendo corta. ¿O es que no te atreves a comprobarlo?
El futuro es algo incierto, y puede que no tan bueno como nos gustaría. O puede que sí. El caso es que si quieres pasar un presente la mar de entretenido entre las páginas de un libro que te mantenga enganchad@ hasta el final, creo sinceramente que no deberías dejar de echarle un vistazo a “La última mujer de Australia”.
Cristina Monteoliva

CARNE MUERTA, de David Mateo

Título: Carne muerta
Autor: David Mateo
Editorial: Dolmen Editorial
Páginas: 446
Precio: 17,95 €

Los que creen que los zombis son todos iguales están equivocados. En realidad, estos monstruos antropófagos que salen de la tumba para hacérselo pasar muy mal a los vivos pueden dar mucho de sí. Como prueba de ello pondré por ejemplo Carne Muerta, la novela de David Mateo de la que os hablo a continuación.
Imagina que el 12 de noviembre de 2011 sesenta depósitos virales se activaran a lo largo y ancho del mundo para producir dos días más tarde la muerte de todos los hombres del planeta. A ese día, el 14 de noviembre, se le denominaría el Día del Olvido. Tras él vendría el mismísimo infierno en vida para las mujeres. Y es que los hombres, en vez de quedarse quietecitos en sus tumbas, volverían a la vida como monstruos deseosos de acabar con las hembras de su especie. Pero, ¿qué pasaría si ellas opusieran resistencia? ¿Y si, además, consiguieran sobrevivir lo suficiente, algunas, como para buscar explicaciones y un futuro para la especie? Las respuestas a estas preguntas y otras muchas las encontraréis dentro del libro. Aun así, dejad que os cuente un poco más de esta sangrienta a la par que original historia.
Carne muerte es la historia de montones de mujeres acosadas por los monstruos que un día fueron sus padres, maridos, hijos o simplemente compañeros de trabajo; pero, sobre todo, es la de Joana y María, dos mujeres tan dispares como parecidas en valentía.
Joana, por un lado, es una científica encarcelada por sus experimentos, una visionaria la mar de necesaria en un mundo que se derrumba y que busca soluciones de futuro. Tras su salida de prisión a manos de las fuerzas armadas en el poder, la hasta entonces reclusa vivirá una serie de experiencias de lo más interesantes para los lectores ávidos de acción. Lo mejor (o lo peor, según se mire) llegará en su incursión en un Madrid de pesadilla, una urbe tomada por distintos grupos de rebeldes que nos harán recordar a la mítica saga Mad Max y a otras posteriores. Si la aventura da buenos resultados o no solo lo sabremos al final del libro. Y, como se suele decir, hasta ahí puedo leer.
Por otro lado, como decía antes, tenemos a María, una novicia que ha de huir del convento en el que está recluida la noche en que éste es tomado por una horda de zombis que no dudan en acabar con todas las monjas. María es una mujer marcada por su pasado, al igual que Joana, aunque por otros motivos. Su periplo por tierras del norte la llevarán primero a conocer el horror de una loca para, más tarde, conocer el de otra. Su destino queda finalmente unido al de una niña prodigiosa, una pequeña a la que envuelve el misterio. (Un misterio que se supone que quedará resuelto en una segunda parte de lo que se supone una saga.)
Con respecto a los zombis de esta novela, además de ser todos hombres y misóginos a más no poder, presentan características como el aspecto extraño después de la muerte (además de la putrefacción típica de su estado de no vida), su odio a la luz solar y su fuerza descomunal.
Lo del odio a la luz recuerda a los vampiros, ¿verdad? No es de extrañar, sin embargo, si tenemos que los zombis y los vampiros tienen, en el folclore popular, un mismo origen; lo que sí es curioso es que David Mateo incluya en su obra a una mujer que recuerda sobremanera a la condesa Bathory, la condesa sangrienta, aquella que torturara a jovencitas hasta obtener su última gota de sangre. Espeluznante es el capítulo en el que conoceremos a la reencarnación de la verdadera vampira y sus técnicas, mucho más que cualquier otra cosa, en mi opinión, que podáis leer en este libro.
También encontramos guiños a Mary Shelley y su Frankenstein, y ya en tiempos más recientes, a genios del género zombi como George A. Romero y Max Brooks, entre otros. Pero no me extiendo más en este tema. Mejor os leéis el libro y buscáis vosotros mismos todas las referencias.
Carne muerta, diré finalmente, es una novela apocalíptica de terror con mucha sangre pero a la vez grandes dosis de intriga; una obra que nos quiere hacer ver, entre otras muchas cosas, que en un mundo acabado no solo los hombres serán unos monstruos para las mujeres, sino que también lo peor de muchas de ellas (nosotras) podría salir a la luz con nefastas consecuencias. Da mucho que pensar al mismo tiempo que hace pasar un buen rato a los amantes del género de terror. Para mí, es una de las mejores novelas de zombis españolas. Ojalá haya una segunda parte.
Cristina Monteoliva

lunes, 7 de octubre de 2013

¿Quién es JESÚS ARTACHO?

Jesús Artacho Reyes nació en Cuevas Bajas, Málaga, en 1986, es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada y quisiera trabajar en una biblioteca algún día.

A Jesús le apasiona la literatura. Es lector de Auster, Boña, Kafka…Reseña libros. Y escribe. Sobre todo, escribe. Y lo hace bien. Sus relatos han ganado numerosos concursos hasta la fecha (el Certamen Nacional Villa de Periana, 2006, y el Málaga Crea, 2013, entre otros muchos).


A Jesús le da igual publicar con una editorial grande o pequeña. Sabe que lo importante es que la literatura llegue a los lectores. Por eso ha decidido no esperar nuevas cartas desde las empresas que publican libros y ha editado por su cuenta “El rayo que nos parta”, su primer volumen de relatos. 

Entrevista a JESÚS ARTACHO (I)

¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir?
En el instituto. En una clase de literatura de 3º de E.S.O. la profesora nos puso como tarea escribir un relato ficticio. Me gustaron las sensaciones y poco después empecé a escribir otro por puro gusto. Desde entonces, he ido haciéndolo de forma más o menos constante hasta hoy, doce años después. En cuanto al porqué, bueno, yo era bastante tímido, bastante más de lo que soy ahora, y encontrar un modo de expresión como la escritura pudo ser en cierto modo una vía de escape.

¿Qué autores crees que te han influenciado?
No lo tengo muy claro, quizá un lector-crítico sería más apropiado para responder. Supongo que Borges, Kafka, Auster, Cortázar, Bolaño, Carver o Vila-Matas, que, salvando las distancias, al menos están entre mis preferencias como lector en lo que a narrativa se refiere.

¿Eres capaz de escribir sin pensar antes, durante o después de acabar el relato en una cita?
En el libro se incluyen algunas citas, pero ni mucho menos en todos los relatos. Así que por supuesto. La duda ofende.

Has ganado numerosos concursos literarios. ¿Cómo lo haces?
Yo no diría que tantos, aunque si me sorprende que me han premiado textos muy distintos entre sí. Como creo que decía Delibes, en una actividad que genera tantas dudas, como es la de escribir, recibir un premio supone una palmadita en la espalda que anima a pensar que uno no va del todo desencaminado.

¿Cuánto puedes tardar en escribir un relato?
Depende de la extensión y del tiempo que se le dedique. Algunos, por su brevedad, se escriben de una sentada; otros en una semana, más o menos, y hay algunos que van tomando forma poco a poco dentro de uno, así como en el papel, a lo largo de meses.

Además de escritor eres reseñista. ¿Te resulta complicado compaginar estas dos actividades?
Pues como lo hago cuando me apetece, ya que no tengo editor que me presione para que le entregue un libro ni jefa que me azote para que le envíe una reseña, la verdad es que no. Al fin y al cabo, se trata de actividades que uno hace con gusto y a veces hasta con pasión. Teniendo tiempo para ello, no hay ningún problema.

¿Qué tiene para ti el relato que no tiene, por ejemplo, la novela?
Más músculo, más nervio, menos partes de relleno. Por decir algo.

A propósito de lo anterior, y a sabiendas que eres un amante de lo breve: ¿te ves en un futuro escribiendo una novela?
Nunca se sabe, pero por ahora sigo teniendo intención de explorar los territorios de la brevedad, que me parecen muy ricos en cuanto a posibilidades y recursos.

“El rayo que nos parta” es tu primer libro de relatos publicado. Sorprende tu obra, ya no solo por la calidad literaria, sino por tu decisión de autopublicarla, a pesar de haber ganado bastantes premios literarios con muchos de los cuentos que contiene este volumen. Quiero decir que cualquier podría pensar que el ganar concursos te abriría las puertas de las editoriales. En definitiva, lo que yo quería preguntarte: ¿por qué te has decidido por la autoedición?
Pues porque, al contrario de lo que podría pensarse, ganar algunos certámenes no conlleva necesariamente que en las editoriales le vayan a uno a recibir con los brazos abiertos. De la docena de ellas, aproximadamente, con las que me puse en contacto, sólo tres me han respondido. Dos de ellas me propusieron, debido a la terrible situación actual, creo que decían, una suerte de co-edición que no me acabó de convencer, así que, pensándolo un poco, la mejor opción me pareció acudir a una imprenta y tratar de difundir modestamente el libro por mi cuenta, aprovechando unos pequeños ahorros y la ayuda de una pequeña empresa local, Construcciones Goruiz.

©Jesús Artacho Reyes

¿QUÉ ESCRIBE JESÚS ARTACHO?

 A continuación, algunos fragmentos de los relatos que podréis encontrar en EL RAYO QUE NOS PARTA, de Jesús Artacho: 


EL RAYO QUE NOS PARTA

Por aquí apenas pasan coches. El nego­cio no da para mucho, pero al dueño no le en­tra en la cabeza: cerró la gasolinera y luego la ha vuelto a abrir. Mientras haya para seguir tiran­do… No es que haya sido siempre así. Antes de que abriesen la autovía, este era un sitio transi­tado, pero luego, cuando terminaron las obras, la gente dejó de venir y poco a poco nos fuimos quedando solos, la soledad se nos fue adhirien­do al cuerpo como una costra, en realidad como una herida en carne viva. Mi madre me lo avi­só. Pero a veces no oímos, no queremos oír y los cantos de sirena nos atrapan en su telaraña y nos vamos a la mierda sabiendo que está en nuestra mano no caer tan bajo, es la vida, pero algo nos empuja, y nos nubla la vista y nos pone la zanca­dilla para que tropecemos.
Al menos no hay malas vistas, nos que­da el consuelo sentimental del espectacular cielo sangrante de los atardeceres. La carretera pide a gritos una buena capa de alquitrán, desgasta­da por el tránsito parsimonioso de camiones pe­sados y tractores. A veces alguien llega, para el motor pero no reposta, ni siquiera por conside­ración, simplemente se baja del coche y pregunta por el camino porque se ha perdido. Si me que­dase algo de esperanza diría que es desesperan­zador, pero va a parecer que intento dar lástima. No es eso, créanme, durante la mayor parte del tiempo nada de esto me afecta, al fin y al cabo el negocio no es mío, pero mi situación en muchos aspectos es deficitaria y a veces, cuando me voy a la cama o me miro desnuda en el espejo, me pregunto a qué se reduce todo.
A qué se reduce todo.
(Inicio del relato “El rayo que nos parta”)



PHILLIES

Phillies. Así se llama la papelería de mi padre. No pudo ponerle cualquier otro nombre: tuvo que ser Phillies.
Es por el pintor Edward Hopper. En un cuadro suyo, titulado en inglés Nighthawks, hay un bar o un restaurante que se llama Phillies.
No tengo ningún reparo en decir que el cuadro no me gusta. Es más: incluso lo detesto. En el cuadro que les digo no hay nada, sólo una calle desierta y cuatro personas: una mujer y tres hombres. Uno, que lleva un gorrito blanco, está tras la barra de Phillies. Los otros dos, trajeados, llevan un sombrero de fieltro. Uno está solo y de espaldas, y el otro, que parece estar fumando, aunque en el cuadro no se observa ni pizca de humo, quizá no haya encendido aún el cigarrillo y sólo lo sostenga entre los dedos, el otro, digo, está acompañado por una mujer rubia de ves­tido rojo que, dicho sea de paso, no se ve muy animada. De hecho, parece que se esté mirando las uñas, de puro aburrimiento. Pero si uno pres­ta atención descubre que no es así, sino que mira un pequeño papel que sujeta entre los dedos. To­tal, que en el cuadro no pasa nada. No se mueve ni una mosca.
No sé por qué mi padre le puso ese nom­bre a la papelería. Cada vez que se lo pregunto me dice que porque le gusta, o cosas por el estilo para salir del paso, pero barrunto que en el fon­do tiene que haber otras razones. Mi padre no es un entendido en arte, ni mucho menos, e incluso sospecho que Nighthawks es el único cuadro que le gusta.
(Inicio del relato “Phillies”)
  


EL EXILIO INTERIOR

Interrumpió de golpe la canción que estaba tarareando mientras se secaba. Algo in­quieto, detectando ciertas variantes, barrió con la mirada el cuarto de baño, ahora que la nube de vapor permitió a los objetos delimitar sus for­mas. El diseño de los azulejos se le antojó tan ex­traño como ridículo, el bidé había desaparecido, el espejo era ahora oval.
Desde la cocina, una voz lo reclamaba cada vez con mayor urgencia. Hora de cenar. Se apresuró a bajar las escaleras: el pasamanos, el color del mármol… Para cuando se sentó a la mesa de la cocina, varias veces se había pre­guntado dónde estaba, porque aquella no era su casa. Como tampoco era su esposa la mujer que se comportaba como tal y le pedía que le pasase el pan con la voz monótona de quienes llevan años conviviendo.



SALÓN CON BUQUE

Huete busca las zapatillas debajo de la cama. Entonces, algo extraño nota. Hay bajo el colchón una planta, una planta que Huete iden­tifica como hiedra.
Huete no la ha plantado allí. Huete no tie­ne plantas en casa y lo ignora casi todo sobre las plantas. Huete se pregunta si la hiedra es una planta que se planta o una planta que crece por voluntad propia.
Hinca las rodillas en el suelo y observa la hiedra, que para brotar ha resquebrajado una baldosa. Luego recobra su verticalidad algo en­corvada y, antes de acostarse, con la mente toda­vía en la hiedra, se encoge de hombros.
(Inicio del relato “Salón con buque”)



GREGUERÍA

La j es una i recibiendo un soborno.


ENTREVISTA A JESÚS ARTACHO ( II )

¿Crees que los escritores de cuento lo tienen más fácil o más difícil que los de novela en España?
Sin ánimo de ser victimista, me parece que el cuento es un género más minoritario que la novela, en cuanto a lectores y también en cuanto a posibilidades de publicar, aunque haya algunos sellos bien conocidos que basan, cosa que es de agradecer, su catálogo en el cuento (véase “Páginas de Espuma”).

¿Te sientes un escritor “topo”?
Pues no sé, la verdad. Lo de la comparación de la vida del escritor con la vida de un topo era más una breve reflexión. Aunque quién no ha sentido, al tratar de buscar la palabra adecuada al expresar algo, al escribir una carta o un mensaje, que lo que busca se le escapa y no se queda más que con las uñas llenas de tierra.

Por cierto, muchos te tus relatos giran alrededor del mundo de la escritura. ¿Es algo premeditado?
No, pero supongo que uno escribe de cosas que le quedan más o menos cerca y la literatura es algo, cómo no, con lo que uno está en contacto.

¿Has visto alguna vez un buque en tu salón?
No, que yo recuerde. Mis alucinaciones, por el momento, no llegan a ese punto.

¿Sueles tener miedo de tus pesadillas, como alguno de tus personajes?
El mundo onírico me parece interesante, pero, por suerte -si el sueño es malo-, cuando uno lleva un rato despierto el magnetismo de lo soñado va desapareciendo.

Hopper da comienzo y fin a “El rayo que nos parta”. ¿Qué significa para ti este pintor?
Es un pintor que, desde hace años, cuando vi alguno de sus cuadros en los libros del bachillerato, me gusta. Sus obras me resultan fascinantes e inspiradoras, por emplear dos adjetivos contundentes.

¿Lo de Bárcenas es casual o te inspiraste en el Bárcenas que todos conocemos?
El relato en el que aparece el personaje llamado Bárcenas fue escrito hace años, cuando aún no se había destapado el escándalo del tesorero, así que es pura casualidad. Si me llamó la atención el apellido fue más quizá por un jugador de baloncesto de Estudiantes, apellidado Bárcenas.

¿Te has sentido alguna vez como la protagonista del cuento “El rayo que nos parta”?
Quizá ese relato lleve al extremo algo que yo haya podido sentir…

¿Qué esperas que encuentren los lectores en “El rayo que nos parta”?
Ojalá encuentren cosas que les hagan reflexionar, sentir algo, quizá esbozar una sonrisa… Espero que encuentren una voz cercana y en ocasiones intensa.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en mente?
Sigo escribiendo cuentos. Así que espero, de aquí a unos años, si las circunstancias lo permiten, poder publicar un segundo libro.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Pues ya que estamos, agradecer a los lectores la acogida que están brindando al libro y a ti por dedicarle este espacio.

©Jesús Artacho Reyes

EL RAYO QUE NOS PARTA. Jesús Artacho

Título: El rayo que nos parta
Autor: Jesús Artacho
Autoedición
Págs: 135
Precio: 8,50 €

Es fácil llegar a pensar que si ganas un buen número de concursos literarios con tus cuentos las editoriales te harán más caso. La realidad, sin embargo, puede ser bien distinta. Y es que hoy en día, ¿quién sabe lo que quieren las editoriales? Menos aún en el mundo del relato breve, tan poco popular entre los lectores españoles (por más que los escritores se esfuercen en conseguir lo contrario). Pero, ¿por qué no llegar a publicar cuando sabes que merece la pena? ¿Qué cómo? Pues por ti mismo, como ha hecho Jesús Artacho con su libro de cuentos El rayo que nos parta.
Muchos de los relatos (un total de veinte) que componen el volumen titulado El rayo que nos parta, tal y como indica el autor al finalizar los cuentos, han sido premiados en concursos de una u otra manera, han sido publicados previamente, etc. Sin embargo, ninguna editorial tradicional ha querido apostar por un autor tan brillante, a mi parecer, por lo que Jesús ha tenido que rascarse el bolsillo para autoeditar, gracias a la ayuda también de Construcciones Goruiz S. L., su primer libro de cuentos.
El rayo que nos parta debe su nombre a uno de sus relatos (el cuarto, en concreto). En él, su protagonista narra su vida junto a un hombre con el que no tiene relación sentimental pero al que quiere hasta el punto de no poder dejar de estar a su lado. No hay acoso, pues el otro entiende perfectamente la situación y la tolera. No hay esperanza, pues la protagonista lo sabe. Lo que sí hay es una situación que a muchos nos podrá resultar muy, muy cercana. Imposible no empatizar con esta pobre enamorada.
El volumen lo abre Phillies, un misterioso relato en el que Nighthawks, un cuadro del americano Hopper juega un importante papel dentro de una papelería de pueblo. Como no podía ser de otra manera, el volumen termina también con este pintor y su obra, concretamente en el cuento Otra persona, una historia que nos habla de cómo podemos cambiar de idea gracias al tiempo y las experiencias vividas.
Precisamente el cambio es un tema recurrente en este libro, pues lo encontramos también en El exilio interior, Everybody´s changin, Reefutación de Bruce Lee, Pesadilla y Salón con buque.
Aunque muchos son los cuentos con tintes fantásticos que vais a encontrar en este libro, es precisamente Salón con buque el más fantástico de todos, ya que los personajes no se asombran con los cambios que sufre su universo, sino que los sufren con cierta indiferencia. Otros cuentos en los que la fantasía está muy presente son Todo en la mente, Pesadilla y Ausentes. Este último cuento, Ausentes, nos habla de otro tema que se repite aquí: el de la literatura. Otros cuentos que versan y nos hacen pensar sobre el complejo mundo de las letras son Topos y Patochadas.
Decía antes que muchos de estos cuentos pueden encuadrarse dentro del género fantástico. Pues bien: otros, sin embargo, están muy anclados en la realidad o, al menos, a una realidad que para mí es muy cercana. Estoy hablando de Aterrizaje forzoso, El gol del empate y Último tren. Precisamente, el último cuento mencionado por mí en la anterior frase nos habla de un tema que da mucho que pensar: el de tomar decisiones. También de las cosas que pensamos en una mala noche y en qué decidimos hacer o no hacer al día siguiente.
De decisiones y cambios de opinión va también Morirse es cosa seria, una deliciosa pieza con un suicida y unas risas como protagonistas.
Hasta el momento no hemos hablado de la extensión. Lo cierto es que en este libro, siempre dentro de lo breve, tienen cabida todo tipo de relatos, desde los más hiperbreves, como Greguería, No hacer nada y Paranoia, hasta el más largo, casi una novela breve detectivesca, de título Laberintos.
Con respecto al estilo de Jesús Artacho, he de decir que, teniendo una prosa impecable, resulta cercano y sincero sea cuál sea el tiempo verbal que utilice la narración. Este es, sin duda, su mayor logro, lo que puede hacer que lectores muy distintos se acerquen a sus cuentos y los disfruten.
Cuesta pensar que una persona cuyos relatos han merecido tanto reconocimiento no logre encontrar las puertas abiertas de las editoriales. Cuesta creer que unos cuentos tan buenos, unas historias que nada tienen que envidiar a otras que sí se están publicando en grandes editoriales, no puedan llegar a todos los lectores por las vías tradicionales. Me cuesta mucho hacerme a la idea de que unas piezas que al leerlas me hacen recobrar la fe en la literatura breve, unas lecturas que al terminarlas me dan ganas de ponerme a escribir como si no existieran un mañana, no hayan sido valoradas como se merecían por otros. Casi tanto como el pensar en que no hagáis caso a mis palabras y no escribáis a elrayoquenosparta@hotmail.com para enteraros de cómo conseguir un ejemplar de este fantástico libro de cuentos, El rayo que nos parta.
Cristina Monteoliva