domingo, 6 de agosto de 2017

Reseña: ALMAS DE SEGUNDA MANO, de Christopher Moore.

Título: Almas de segunda mano
Autor: Christopher Moore
Traducción: Victoria Eugenia Horrillo Ledesma
Publica: Los libros del lince
Páginas: 368
Precio: 21 €

¿A dónde van las almas de los difuntos? ¿Se desplazan solas a su nuevo destino o necesitan una ayudita para alcanzar la paz? Imaginemos que es lo segundo, que existen unos encargados que, siguiendo las indicaciones de un libro, recogen las almas, las meten en objetos y luego las venden para que alcancen un nuevo destino. Supongamos también que de pronto los encargados de recoger las almas se descuidan y alguien aprovecha para robar las almas de los muertos con oscuras intenciones. Pues bien, este es precisamente el punto de partida de Almas de segunda mano, la novela de Christopher Moore de la que a continuación os voy a hablar.
Ha pasado un tiempo desde que Charlie Asher, el recolector de almas, perdiera la batalla contra las Morrigan, tres brujas de cuidado. Finalmente, sería su hija, Sophie, la niña iluminada, la que acabó con ellas después de que estas acabaran con Asher. Por suerte, la novia de Asher, la monja budista Audrey, consiguió coger su alma a tiempo, aunque la idea de meterle en el cuerpo de un pequeño engendro hecho con partes de distintos animales a Charlie no le parezca tan buena. Mientras Charlie se aburre como una ostra, sin poder comunicarse con su hija, algo insólito ocurre en su ciudad, San Francisco: los nuevos recolectores de almas se descuidan en sus funciones y alguien las roba con un oscuro fin. Todo se complicará cuando descubran que las Morrigan han vuelto y quién las está ayudando. Charlie y todos sus amigos tendrán que ponerse de nuevo en marcha. Pero, ¿conseguirán esta vez librarse por fin de tan malvados seres?
Christopher Moore es un autor conocido por sus novelas de ingenioso humor absurdo. Muchas de sus obras son muy fáciles de conseguir, ¡y económicas! Desde que La Fábrica de Ideas, la editorial que publicara un buen número de sus historias quebrara, estas pueblan las mesas de las librerías ambulantes veraniegas, aquellas que puedes encontrar en estaciones de autobuses, etc. Hacía mucho que no veíamos nada nuevo publicado de él. Menos mal que Los libros del lince han empezado a hacerse cargo de sus nuevas publicaciones en España para deleite tanto de los que sois fieles seguidores de Moore como los que, como yo, acabamos de adentrarnos en sus páginas.
Almas de segunda mano es la segunda aventura protagonizada por Charlie Asher, un recolector de almas con una hija muy especial, ya que ella, Sophie, es literalmente la Muerte. Su primera aventura podéis encontrarla en Un trabajo muy sucio, un libro que no he leído pero que sospecho que tendrá tanta acción y situaciones absurdas y divertidas como este que hoy os comento.
La acción de Almas de segunda mano transcurre un tiempo después de la primera parte de esta bilogía, y aunque, como ya os he dicho, no he leído el primer libro, lo que sí os puedo decir es que las malvadas a las que Asher y sus amigos se enfrentan son las mismas: tres brujas celtas con muy malas pulgas.
Este es un libro de situaciones tan absurdas como ingeniosas y originales, largos diálogos propios de la “sit-com” americana y personajes. Muchos personajes. Y es que a Charlie Asher no solo le acompaña Audrey, la monja budista que dejó el celibato por él, sino también su pequeña y malhablada hija Sophie (la mismísima Muerte); Jane, la hermana de Asher, y Cassie, su pareja (ambas encargadas del cuidado de Sophie); Lily, la telefonista sin poderes que vive frustrada por ello; Minty Fresh, el gigantón de color enamorado de Lily; Mike, un trabajador del puente de San Francisco que un buen día descubrió que podía hablar con los muertos; y un sinfín de actores que sin duda conoceréis, querréis u odiaréis una vez que os adentréis en las páginas de este libro.
De esta novela encuentro especialmente interesantes tanto la teoría de las almas que han de ser recogidas justo en el momento de la muerte para ser vendidas luego, como la alusión a la mitología celta y la subtrama protagonizada por Mike, el chico del puente. ¿Habrá un tercer libro en el que ambos elementos vuelvan a aparecer?
Almas de segunda mano, en definitiva, es una novela divertida, absurda y fantasmagórica con la que pasar un buen rato sin excesivas complicaciones, a no ser que seas un recolector de almas o una bruja Morrigan, claro. Si eres un asiduo de la literatura de Christopher Moore, no dejes de echarle un vistazo. Tampoco si este tipo de humor es lo tuyo. Seguro que el libro no te decepciona en absoluto. ¿Te atreves a comprobarlo?
Cristina Monteoliva


jueves, 3 de agosto de 2017

Entrevista: JUAN GÓMEZ BÁRCENA.

Queridos amigos lectores:

ha llegado agosto, pero nosotros no paramos. Este es un mes fantástico para las nuevas lecturas, tanto si estáis de vacaciones como si no, y no queremos que dejéis de descubrir libros que pueden llegar a convertirse en imprescindibles de vuestras vidas. Tampoco a sus autores. Hoy os traemos la entrevista que nos ha concedido Juan Gómez Bárcena, autor de la novela Kanada, de la cuál hablaremos con él, además de otros temas.
Juan Gómez Bárcena es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y en Filosofía por la UNED. Hasta la fecha, la publicado el libro de relatos Los que duermen (Salto de Página, 2012), considerado una de las mejores óperas primas del año por El Cultural y por el que recibió el Premio Tormenta al Mejor Autor Revelación; las novelas El cielo de Lima (Salto de Página, 2014), título que le hizo ganador del Premio Ojo Crítico de Narrativa 2014 y el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2015, y Kanada (Sexto Piso Editorial, 2017). También ha obtenido, entre otros galardones, los Premios José Hierro de Relato (2003) y Poesía (2007) del Ayuntamiento de Santander, el Premio Internacional CRAPE de cuento (2008) o el Premio de Narrativa Ramón J. Sender (2009), y en 2008 resultó finalista del XII Premio Mario Vargas Llosa NH de libro de relatos. Como reconocimiento a su labor literaria ha sido becado por la Fundación Antonio Gala, la Fundación Caixa Galicia y el INJUVE, disfrutó de una residencia en México DF patrocinada por el FONCA y una beca por la Academia de España que le llevó hasta Roma.
Pero dejémonos de preámbulos y vayamos a la entrevista. ¿Preparados? ¡Allá vamos!

¿En qué momento de tu vida decidiste que querías dedicarte de pleno a la literatura?
Es un sueño que me ha perseguido siempre, desde que era niño. Por supuesto, ha habido también momentos de flaqueza, cuando crecí y me enfrenté a dificultades para publicar, y sobre todo para sobrevivir económicamente. Pero lo cierto es que el deseo siempre ha estado ahí, incluso cuando creía que era un sueño imposible.

¿Recuerdas lo primero que escribiste?
Sí: de hecho mis padres conservan el manuscrito. Son nueve libretas tamaño cuartilla que escribí entre los seis y los siete años, y en ellas se narra la Historia de la Humanidad o lo que entonces yo creía que era la Historia de la Humanidad. Parece que desde niño me han obsesionado los mismos temas...

¿Qué autores te han influenciado como escritor?
Sobre todo la literatura hispanoamericana, y escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Roberto Bolaño o Juan Rulfo.

 © Blanca Díaz

Has obtenido numerosas becas a lo largo de tu carrera literaria. La última, te trae de vuelta de Roma a España. ¿Crees que se puede vivir actualmente de la escritura sin estar becado?
De la escritura no se puede vivir ni aun estando becado...¡y lo digo yo, que he tenido mucha suerte! Las subvenciones y residencias de creación son una ayuda importante, claro, pero no garantizan la supervivencia. Mucho menos aún las ventas de tus libros, a no ser que tengas la habilidad (y sobre todo la fortuna) para escribir un best-seller. La mayoría de los escritores sobrevivimos gracias a actividades profesionales aledañas o paralelas a la literatura: en mi caso, la docencia de escritura creativa.

Por cierto, ¿qué hace exactamente un becario escritor o un escritor becario?
Hace eso que por desgracia casi ningún escritor puede hacer: sentarse a escribir sin pensar en el dinero, al menos durante el tiempo que dure la beca. En ocasiones, ésta incluye también una residencia en el extranjero, como es el caso de la beca de la Real Academia de España en Roma que acabo de disfrutar.

Tus anteriores obras, Los que duermen (libro de relatos) y El cielo de Lima obtuvieron un gran reconocimiento entre crítica y lectores. ¿Te ha dado en algún momento miedo la idea de no conseguir el mismo éxito con tus próximas obras publicadas?
Por supuesto. Y es un angustia difícil de vencer, porque ese reconocimiento que mencionas está basado en gran parte en el azar: que el crítico adecuado dé con tu obra; que el suplemento literario de turno encuentre una percha para escribir sobre tu libro; que el editor propicio se anime a publicarte...Sin olvidar que hay obras mucho menos “comerciales” que otras, independientemente de su calidad. Estoy tan seguro de que Kanada es mi mejor libro hasta la fecha como de que gozará de menos reconocimiento que El cielo de Lima.

En 2017 vuelves a la actualidad literaria con la novela Kanada. ¿Cómo surgió la idea de escribir esta obra?
Surge durante mi estancia en Budapest entre 2010 y 2011, donde trabajé como profesor en el Instituto Británico, y sobre todo tras una visita realizada a Auschwitz. Pero en realidad la semilla del proyecto venía de muy atrás, pues como historiador me he especializado en la II Guerra Mundial. Lo que no sabía es que esas investigaciones algún día tomarían la  forma de una novela.



 © Isabel Wagemann

Kanada nos transporta al horror de la II Guerra Mundial desde una perspectiva diferente, una en la que las figuras de la víctima y el verdugo, del inocente y el culpable, se confunden. ¿Crees que algún día dejaremos de asombrarnos de lo que ocurrió durante esa terrible contienda bélica?
No, creo que nunca lo digeriremos por completo. Y eso está bien: es una experiencia que sencillamente no puede digerirse. Si algún día llegamos a asimilarla será sólo porque la habremos olvidado parcialmente, o porque -esperemos que no- nos enfrentaremos a tragedias en el presente cuya magnitud  supere a las catástrofes del pasado.

Kanada también habla del comunismo en el que quedaron sumidos algunos países después de la guerra. ¿No crees que de este tema se habla poco en la literatura, en realidad?
La experiencia del comunismo estalinista está poco trabajada, sobre todo si la comparamos con la dictadura nazi. Aunque creo que también depende del país que adoptemos como referencia: en Hungría, por ejemplo, sí ha sido un tema bastante fructífero.

El protagonista de Kanada llega a darse cuenta de que todo es cíclico. ¿Por qué crees que no lo hacemos los demás?
Porque implica ver nuestra sociedad desde fuera; contemplar la Historia como si no perteneciéramos a ninguna época ni ningún paradigma en particular. El protagonista de Kanada puede hacerlo, porque ha vivido unas circunstancias traumáticas que lo han desarraigado de la sociedad a la que creía pertenecer.

¿Qué parte de Kanada te ha costado más escribir?
Aunque suene a broma: el texto de contraportada. ¡Y eso que lo hice en colaboración con mi editora, Raquel Vicedo! Era una tarea muy difícil, puesto que como sabes en la novela no se citan nunca palabras como “Holocausto”, “Hitler”, “nazismo” o “judío”, y queríamos mantener esa discreción y al mismo tiempo sugerirle al lector qué clase de novela estaba comprando.

 © Toñi Indalecio

Creo que Kanada sería una gran obra para llevar a la gran pantalla. ¿Te gustaría a ti también que algún director se animara a rodar la película?
Parece que me has leído el pensamiento. Hay algún proyecto en marcha del que por desgracia todavía no puedo hablar, pero esperemos que llegue a buen puerto.

Leo en la última página de Kanada que el esbozo de esta novela esperaba en un cuaderno junto a otras ideas. ¿Qué otras futuros relatos o novelas esconden las páginas de dicho cuaderno?
En ese cajón guardo una docena de sinopsis de novelas. Todas me parecieron excelentes en algún momento, y por espacio de semanas o meses estuve convencido de que algún día llegaría a escribirlas. Pero por desgracia, soy un escritor caprichoso y cambiante. Si de esas doce ideas germinan dos novelas concluidas, me daré por satisfecho.

¿Qué esperas que encuentren los lectores de Kanada?
Un tema del que ya se ha escrito todo o casi todo, que no parece guardar secretos para nadie, pero contado de una manera distinta y reveladora.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Una de las doce ideas de mi cuaderno, que cada día se parece menos a una idea y más a una novela.

¿Te gustaría añadir alguna cosa antes de acabar esta entrevista?
Quiero aprovechar para recomendar uno de los últimos libros que he leído, de un escritor muy joven además. Aprenderé a rezar para lograrlo de Víctor Balcells (Editorial Delirio).

¡Gracias por esta recomendación! Estoy seguro de que servirá para que muchos de tus lectores también conozcan este libro. Y, sobre todo, gracias por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Espero que Kanada llegue a mucha gente y pronto verla en la pantalla, ¡y a tus nuevas historias en la librería!
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar al otro lado de la pantalla una entrevista más. Y ahora, ¿a qué estáis esperando? ¡A leer!


Cristina Monteoliva

Reseña: KANADA, de Juan Gómez Bárcena.

Título: Kanada
Autor: Juan Gómez Bárcena
Publica: Sexto Piso Editorial
Páginas: 196
Precio: 17,90 €

Se ha escrito mucho sobre la II Guerra Mundial: de los buenos, de los malos, de las batallas, del sinfín de historias que acontecieron o pudieron acontecer durante los años que duró… No se habla tanto, sin embargo, de lo que pasó inmediatamente después para los soldados de ambos bandos, para aquellos que sobrevivían como podían en las ciudades o en los pueblos… O para los supervivientes de los campos de concentración. ¿Cómo se sentirían al ser liberados? ¿Cómo fue su vuelta a casa? La respuesta puede que la encuentres en Kanada, la nueva y extraordinaria novela de Juan Gómez Bárcena de la que hoy os vengo a hablar.
Un hombre vuelve a casa después de la guerra. Sus vecinos no saben exactamente dónde ha estado ni qué ha hecho durante su ausencia, aunque lo imaginan. Él tampoco sabe lo que ellos han hecho durante ese tiempo, viviendo el mismo barrio de siempre mientras él vivía un infierno. Tampoco le importa. Lo único que sabe es que durante su ausencia han estado cuidando de su antiguo hogar. Él no esperaba encontrar su piso en pie, pero ya que lo está, decide entrar. Lo que se encuentra dentro, sin embargo, le desconcierta: muebles que le son extraños, vistas distintas a las que tenía antes de marchar, demasiado espacio para él... Tan solo su antiguo despacho le resulta familiar y acogedor, con sus libros (aunque no estén ya completos), su ventana y su apreciado telescopio. Encerrado en aquella habitación, verá la vida pasar mientras su mente se aleja cada vez más y más, volviendo siempre a Kanada, el lugar que le cambiaría para siempre.
         El protagonista de esta historia, un hombre del que desconocemos el nombre (al igual que sucede con el resto de personajes) ha ganado la libertad tras la guerra y, sin embargo, ha perdido todo lo que tenía antes del comienzo de la contienda bélica: su empleo como profesor de Astrofísica en una universidad, su familia, sus amigos, sus bonitos muebles… Hasta su propia identidad. El trauma de lo vivido pesa demasiado, y el mundo al que vuelve le resulta totalmente ajeno. ¿Cómo pueden seguir todos sus vidas como si no hubiera pasado nada? ¿Por qué quieren que él también lo haga? Incapaz de salir de su habitación, pronto se convertirá en un espectador de lo que está por venir en su país.
         Nuestro protagonista está solo y no lo está. Durante el presente en la narración le acompañarán un sinfín de personajes, aunque solo dos permanecerán a lo largo del tiempo: su vecino y su mujer, dos seres ricos en matices que convertirán a nuestro hombre en el más curioso de los rehenes. El vecino es un ser ambicioso; la mujer, una criatura compasiva. De sus acciones depende la supervivencia de nuestro hombre, en más de un sentido.
         La acción tiene lugar en dos lugares: la casa en la que vive nuestro protagonista y Kanada. El tiempo va pasando y la Historia avanza, con sus nuevos conflictos, que el hombre ve a través de su ventana. Una Historia, la de un país de Europa, de la que no se ha hablado tanto en España (al menos no desde el terreno de la ficción) y resulta realmente interesante. Por otro lado, Kanada es un lugar eterno, donde las mismas acciones tienen lugar una y otra vez. De la observación de ambas narraciones el protagonista sacará una misma conclusión: la misma que el lector. Una conclusión tan triste como horrible que hará que nos planteemos hasta qué punto puede decirse que el ser humano es o no inteligente.
         Esta historia de ritmo in crescendo nos es contada por una voz que se dirige al protagonista. Muchos piensan que el manejo de la segunda persona en la narración es de lo más complicado. Probablemente tengan razón. Es cierto que cuando no se sabe manejar bien, puede llegar a confundir al lector, incluso a aburrirlo. Pero cuando se sabe hacerlo, como es el caso de Juan Gómez Bárcena, el resultado puede ser extraordinario. ¿Se dirige ese narrador realmente al protagonista como un amigo? ¿Acaso el protagonista sufre un desdoblamiento para contarnos su historia, siendo el narrador la parte del pasado que queda de él? ¿O no será que se dirige a nosotros, los lectores, con el fin de que nos metamos en la piel de este pobre hombre para sacudir nuestras consciencias?
No lo sé. Yo ya no sé nada después de leer Kanada, amigos lectores. Llegar indemne al final de esta desgarradora novela tras prestar atención a las reflexiones de este hombre que volvió a su casa siendo otro, sus recuerdos del pasado, sus sueños, sus nuevas vivencias, la importante parte de la Historia que ve pasar a través de su ventana, etc, se me hace totalmente imposible. El horror se instala en tus huesos y no te deja. Se adormece y vuelve siempre que recuerdas esta historia. Siempre que vuelves a Kanada con su protagonista. A esta magnífica narración. A esta genial historia de historias. A una novela que, queridos amigos, no deberíais dejar de leer.
Cristina Monteoliva




jueves, 27 de julio de 2017

Reseña: CENIZAS, de Juan de Dios Garduño.

Título: Cenizas
Autor: Juan de Dios Garduño
Publica: Palabras de Agua Editorial
Páginas: 2288
Precio: 16,95 €

¿Es posible sentirse a salvo cuando tus demonios acechan fuera de los muros del lugar en el que te refugias? ¿Podrían un puñado de hombres enfrentarse a bestias inimaginables y salir indemnes? ¿Y si esas bestias fueran mucho más poderosas de lo que pensamos? La respuesta a estas y a otras muchas preguntas las encontrarás, sin duda, en Cenizas, la esperada nueva novela de Juan de Dios Garduño, precisamente el libro que os comento a continuación.
Hace nueve años que Peter y su hija Ketty encontraron refugio en Villa Salvación. Desde entonces no han vuelto a ver a los albinos, aquellos horribles zombis blancos; tampoco ha dejado de nevar por culpa del invierno nuclear en el que el mundo se sumió tras la última guerra mundial. Y, sin embargo, la tranquilidad no puede durar para siempre. La paz del lugar va a ser pronto perturbada por varios hechos: un extraño asesinato, la nula comunicación con otros refugios y la aparición de un extraño chico en el fuerte. ¿Podrá Peter salvar la situación una vez más?
En 2010, en plena época en la que proliferaban las novelas de zombis en España, Juan de Dios Garduño publicó la novela Y pese a todo… La historia, original dentro del género de terror con zombis de por medio, fue pronto muy bien acogida tanto por público como por la crítica. El éxito fue tan grande, que la historia fue llevada a la gran pantalla bajo el nombre de Extintion con un elenco de actores internacionales de renombre. Pero los seguidores querían más. Garduño ha escuchado sus peticiones y por fin en 2017 ha publicado Cenizas, la tan ansiada segunda parte que, sin embargo, puede leerse tranquilamente sin necesidad de conocer lo acontecido en el primer libro de la saga.
Cenizas nos muestra la nueva vida que tienen en Villa Salvación Peter y Ketty, personajes fundamentales de Y pese a todo… Han transcurrido nueve años desde que los lectores les conocieran y no se puede decir que hayan vivido grandes sobresaltos desde entonces. El fuerte al que llegaron al final del primer libro les ha brindado seguridad durante todo este tiempo, nuevos amigos y la oportunidad de crecer como personas. Peter incluso ha encontrado un nuevo amor: Patricia.
Villa Salvación es un remanso de paz hasta que un extraño asesinato sorprende a sus habitantes. Al mismo tiempo, las comunicaciones con el exterior se pierden. Hay que hacer al respecto para solucionar ambos problemas y Peter y Ketty no piensan perder la oportunidad de ayudar a sus conciudadanos.
Fuera de Villa Salvación conoceremos a los hermanos Riley, Godric y Evans, y al extraño chico con el que se topan en su camino: Norman. Estos nuevos personajes serán muy importantes en esta nueva entrega. Tanto como Rick, el tipo vestido de vaquero que llega con oscuras intenciones.
Y, por supuesto, también están los albinos. Quizá su actuación no resulte tan llamativa como en Y pese a todo… , ni ellos parezcan tan sorprendentes una vez que conocemos ciertos datos que nos revela la trama; pero siguen siendo igual de violentos y temibles, y además, vienen acompañados por otros seres igualmente peligrosos que harán vivir a los habitantes de Villa Salvación una auténtica pesadilla infernal. Garduño ha dado rienda suelta a su fantasía ofreciendo una historia en la que cualquier cosa puede pasar y el mal es prácticamente incontenible. Las innumerables escenas de terror están garantizadas.
El libro está lleno de guiños, tanto al mundo de la literatura como al del cine. Juan de Dios Garduño es un gran seguidor de Stephen King y muchos de los pasajes de esta novela recuerdan a varias historias escritas por el rey del terror americano. Tampoco se olvida Garduño de los autores patrios. Aquí menciona a alguno de ellos y su obra, al igual que los títulos de muchas películas de terror antiguas.
Cenizas, en definitiva, es una novela que continúa con la vida de los protagonistas de Y pese a todo…, aunque esta nueva aventura se pueda leer sin haber revisado previamente el primer volumen de la saga. La novela supone una vuelta de tuerca al género de zombis, ofreciendo una historia aún más macabra y con elementos mucho más fantásticos que su predecesora. El terror y la angustia se dan la mano en una narración llena de interesantes subtramas y de corte tan cinematográfico, que cuesta pensar que su autor no esté ideando ya en una nueva adaptación al cine. Así que ya lo sabes: si eres un amante del terror monstruoso y sangriento, ve a por Cenizas antes de que Cenizas vaya a por ti.
Cristina Monteoliva



lunes, 24 de julio de 2017

Entrevista: HIPÓLITO G. NAVARRO.

Queridos amigos lectores,

el maestro del cuento Hipólito G. Navarro ha vuelto con fuerza al panorama literario este año 2017, y no solo eso: ¡también se ha atrevido a contestar nuestras preguntas!
Para aquellos que no lo conozcáis todavía, os cuento que Hipólito G. Navarro nació en Huelva en 1961. Hasta la fecha, ha publicado los libros de relatos  El cielo está López, Manías y melomanías mismamenteEl aburrimiento, LesterLos tigres albinosLos últimos percances (Premio Mario Vargas Llosa NH en 2005 a mejor libro publicado), El pez volador (Premio El Público de Narrativa 2009, otorgado por los periodistas culturales de Andalucía) y La vuelta al día (XXIII Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de relato), y la novela Las medusas de Niza (Premios Ateneo de Valladolid 2000 y de la Crítica andaluza 2001). Por si fuera poco, durante los años 1994 y 2001 editó la revista Sin embargo, dedicada al cuento literario, y fue el responsable de la edición de los cuentos completos de Fernando Quiñones, Tusitala (Páginas de Espuma, 2003). Sus relatos han sido traducidos a diez idiomas y están recogidos en antologías del género en Europa y Latinoamérica.
Tras doce años en barbecho, Hipólito ha publicado su último libro de cuentos en 2017: La vuelta al día. Hablamos con él de este nuevo compendio de relatos, pero también de otros temas. Si queréis enteraros de todo, no tenéis más que seguir leyendo:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
En los años de universitario, cuando tendría que haber estado estudiando con más ahínco. De ahí que me quedara en biólogo interruptus.

¿Qué autores crees que te han influenciado como escritor?
Imagino que muchos. Julio Cortázar, Samuel Beckett y Franz Kafka. Estos son los tres que al final de la adolescencia me pusieron la cabeza a mil, los que me metieron el veneno en el cuerpo.

¿Por qué escribir cuento?
Porque es el género que me permite jugar más con el lenguaje, con la forma, con las estructuras, sin perder de vista que todos esos juegos tienen que gustar y hasta emocionar a un lector más tarde.

Has vuelto al panorama literario con La vuelta al día tras muchos años sin publicar libro. ¿Acaso te daba miedo volver al ruedo, por así decirlo?
Algo de eso había. Y hay todavía. Yo tengo el sentido del ridículo muy desarrollado. En la escritura sobre todo. Me gustaban más o menos cada uno de los cuentos que conforman el libro, pero tuve durante años serias dudas en cuanto a la composición del volumen, su arquitextura, su dibujo final.

©Hipólito G. Navarro.

Cuentas en el prólogo de este libro que muchos de los cuentos que aparecen en él han sido reescritos a lo largo del tiempo un buen número de veces. Exactamente, ¿cuántas veces crees que hay que darle vueltas a un cuento hasta dejarlo bien pulido?
No lo sé. Depende de los cuentos. Alguno se presenta de golpe tal y como debe quedar, como si me lo hubiese dictado una parte de la cabeza más artista que las demás. Otros, la mayoría, siempre se pueden mejorar: un adjetivo, el sonido de una frase, el ritmo de un párrafo. Por eso publicar resulta a veces tan liberador, para dejar de darle vueltas a todo eso. Aun así, a veces, cuando tengo la oportunidad de reeditar, todavía meto mano en alguna esquina y limo torpezas y entusiasmos locos, lo que obviamente no significa una mejora, sino también, ay, un empobrecimiento.

También dices en el prólogo que te encanta poner títulos a los cuentos. ¿Crees que en el futuro dejarás de escribir cuentos para vender tus títulos a los amigos escritores (para sus relatos, se entiende)?
Jajá. Pudiera ser. Aunque últimamente hasta los títulos me cuestan. He tenido épocas en las que me gustaba tanto poner títulos que publicaba cuentos con título y subtítulo entre paréntesis. Uno tengo por ahí, “A buen entendedor”, con su subtítulo, y partido en dieciocho trozos, cada uno con su titulillo, así que en un solo cuento logré colocar al editor y a los lectores veinte títulos sin que apenas se diesen cuenta.

La vuelta al día, el libro, debe su título a una parte del libro y, también, a uno de los relatos. ¿Tienes alguna predilección por el número tres? ¿Y por qué titular el libro de esta manera y no de otra?
No había caído en esa triple coincidencia, la verdad. El título es un homenaje a Julio Cortázar, a uno de sus libros misceláneos, esos que él llamaba “almanaques”, y que a mí me gusta mucho, La vuelta al día en ochenta mundos. Esta última criatura mía es así, muy variada en las partes que la conforman. También el siguiente libro de Julio, Último round, tiene un carácter similar. No me hubiese importado titular el mío así también, pero ya en la compilación anterior, Los últimos percances, había amagado por ahí, y me parecían demasiados últimos ya. Vamos a dejar las cosas en penúltimas, de momento; ¿no te parece mejor?

Muchos de los cuentos de este libro están narrados en primera persona, con una voz intimista. ¿Cuánto de autobiográfico hay en ellos?
Hay demasiada autobiografía en estos cuentos, me temo. En la mitad de ellos va medianamente camuflada en las situaciones y los personajes, pero en la otra mitad, y sobre todo en la última sección, la que presta su título al libro, ahora me veo demasiado desnudo. Son muy poco pudorosas esas páginas. Lo siento, no lo he podido evitar.

©Hipólito G. Navarro.

¿Qué relato te ha costado más escribir? ¿Y cuál menos?
Todos los que conforman este volumen me han costado lo suyo. Excepto el último, escrito desde las entrañas, de un tirón. Con el resto me he entretenido en demasía. No me cuesta escribir mis cuentos, como te digo, pero sí el pulido posterior, el peinado y repeinado, vestir de limpio la primera redacción, demasiado arrebatada e intuitiva casi siempre.

¿Cuántos relatos quedan en el cajón para el siguiente libro?
Todavía hay algunos, una docena larga o dos. Pero me temo que bastante asilvestrados, inservibles quizá, más útiles para prendedores de chimenea que para conformar con ellos un libro.

¿Qué ha supuesto para ti ganar el XXIII Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de relato?
Los premios son siempre un buen estímulo, y más especialmente estos a los que uno no tiene que presentarse. Me alegra que haya sido en la modalidad de cuento. Recibí este premio en el año 2000 por una novela, y sentí entonces que había traicionado a mi género preferido. Es como haber arreglado por fin aquel entuerto.

Hay quien piensa que la buena literatura está reñida con el humor. Sin embargo, casi todos los relatos de este libro hacen que el lector sonría, cuando no se ría a mandíbula batiente. ¿Qué les dirías a esos que solo ven el drama en las letras?
Que se equivocan, y que se pierden una de las vertientes más ricas y placenteras de la literatura. El humor no está reñido con la seriedad, sino con el aburrimiento. Se pueden tratar asuntos muy serios con el humor, desde el humor. Esos relatos que hacen reír en mi libro, apenas escarbes en ellos, verás que están cargados con algunas tragedias y amarguras bien gordas, que yo no hubiese sido capaz de abordar sin la protección que me proporciona el humor. ¿Crees que podría haber tratado del alcoholismo y el suicidio de mi padre cuando yo era un niño sin esa especie de coraza que me da el humor? Hubiese sido imposible; demasiada tristeza, demasiado dolor lo hubiera ahogado todo.
  
©Hipólito G. Navarro.

Por cierto, del alcohol se sale, pero, ¿y de la literatura?
Algunos salen, sí. Mi padre, por desgracia, no pudo. Su muerte recién cumplidos los 46 años fue la que me hizo meterme a mí en el veneno de la escritura. No sé si quiero salir de él del todo. Quizá se pueda escapar de la escritura. De la literatura, de la lectura, ojalá no pueda salir nunca. Es la lectura la que nos salva. Los libros de los otros me han salvado siempre de mí mismo y de la realidad.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en La vuelta al día?
Espero que pasen un buen rato con su lectura. Ojalá algunas de sus piezas les hagan reír y pensar al mismo tiempo.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
De momento me dejo ir, como en los últimos doce o catorce años. Leer, lo que más deseo es leer, ocupar todo mi tiempo con la lectura. Sé que a la vez, poco a poco y casi sin querer, me irán naciendo algunos cuentos, y que también iré corrigiendo las piezas antiguas que me acompañan desde hace tanto. ¡Quién sabe; lo mismo en otros doce años acabo cerrando un artefacto parecido a este último, y volvemos a charlar de nuevo como hoy!

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Sólo darte las gracias por ella, y también por todo lo que vienes haciendo por las letras de este país desde hace mucho con tanta generosidad. Y dar las gracias, claro, a los lectores que nos acompañaron hasta esta línea final. Sin ellos, sin los lectores cómplices, los cuentistas no somos nada. Los novelistas todavía… pero los cuentistas…, los cuentistas no existimos sin esta complicidad.

Muchas gracias a ti, Hipólito, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. También por valorar mi esfuerzo (créeme: tampoco es para tanto). Espero que no vuelvas a dejarnos a todos tantos años sin saber de ti, ¡ya has visto cuánto se te ha echado de menos en el panorama literario!
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar de nuevo ahí al otro lado un día más. Y ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

Reseña: LA VUELTA AL DÍA, de Hipólito G. Navarro.

Título: La vuelta al día
Autor: Hipólito G. Navarro
Publica: Páginas de Espuma
Páginas: 233
Precio: 17 € / 5,99 € (ebook)

Aunque nos encante descubrir nuevos autores, echar de menos a aquellos que sabemos que hacen más grande un género u otro siempre resulta inevitable. El vacío se agranda con cada año que nos dejan sin publicar algo nuevo, y cuando por fin lo hacen, todas las miradas se dirigen hacia su libro. Podríamos poner muchos ejemplos para ilustrar este asunto, pero esta reseña va sobre La vuelta al día, el nuevo libro de Hipólito G. Navarro, uno de los grandes cuentistas españoles que, tras bastantes años sin publicar, por fin lo ha vuelto a hacer en 2017. Si queréis saber qué ofrece su libro, no tenéis más que seguir leyendo este artículo.
La vuelta al día es un extenso libro de relatos, bastante variados, compuesto por un total de veintiún textos, y que debe su nombre tanto a uno de sus relatos como a una parte del mismo libro.
Hipólito G. Navarro parece un hombre más dado a buscar buenos títulos para sus obras, pasarse años corrigiendo relatos o leyendo en el sofá, (mientras sus incondicionales le piden un nuevo volumen de cuentos) que a escribir prólogos. Sin embargo, el grueso de este libro viene precedido de uno escrito por él mismo, Doce años en barbecho, en el que explica ya no solo por qué ha tardado tanto en publicar un nuevo libro tras la aparición en el mercado hace doce años de su anterior compilación de relatos, Los últimos percances, sino el sentido de las distintas partes en las que se divide esta nueva obra.
La primera parte de este libro se titula Ángeles de la guarda y está dedicada a todos y a todo los que hicieron de ángel de la guarda en algún momento de su vida, y por distintas razones, a los distintos narradores de los tres cuentos que la componen. Así, en El infierno portátil (una accidentada iniciación a la lectura) el que recibe la visita de un providencial ángel de la guarda es un niño cuya existencia podría haber sido muy gris sin la ayuda de los libros; mientras que en La nota azul, ese niño se convierte en adolescente y ve en la figura de un amigo mayor un ángel guardián que le descubre un mundo nuevo; y en Nahir, el autor inminente y el localizador, el niño, ya adulto y de profesión escritor, se enfrenta a sus medios gracias a la ayuda de su ángel protector.
La segunda parte de La vuelta al día se titula En el fondo de la memoria y está compuesta por una serie de cuentos muy queridos por el autor que llevaban mucho tiempo almacenados, reescritos una y otra vez, hasta que por fin se ha decidido a publicarlos. Yo diría, exceptuando el último relato del bloque, titulado precisamente En el fondo de la memoria, que este es el apartado de las relaciones imposibles, de corte tragicómico, en el que el lector no puede evitar reírse (Ligamentos, Las estampas del timo, Verruga Sánchez y La excusa termodinámica), si bien alguna vez pueden la cosa puede ser más seria y acabar en verdadera tragedia (como En el fondo de la memoria, un relato muy negro). En Mire, no estoy para bromas, el último relato de esta tanda, sin embargo, no nos encontramos ningún tipo de relato de pareja, sino a un hombre solo, desesperado, que no sabe cómo encajar en el mundo.
Dice el autor de la tercera parte de este libro, Los artistas cautivos, que se trata de una sección compuesta solo por cuentos independientes, aunque mirándolos pudieran, a mi forma de ver, encajar en otras de las secciones de este libro. También se puede encontrar una relación entre ellos, dentro de este apartado. Por ejemplo, las acciones principales de Los artistas cautivos, Tantas veces huérfano y Rifa tienen lugar en el mundo rural, si bien el primero de ellos es una historia divertida y disparatada y las otras dos, las dos versiones en realidad de un mismo hecho, son bastante trágicas. Por su parte, Balance, va totalmente por libre, siendo, como es, un relato breve que invita a la reflexión del lector sobre lo centrados que estamos cada uno en lo nuestro y lo poco dados que somos a prestar atención a otras cosas.
Cuidado con quién se junta es una sección en el que tienen cabida los relatos históricos, las inspiraciones ajenas, la metaliteratura, etc. En esta sección encontramos los títulos Mucho ruido y pocas nueces (unos preparativos) (un relato que nos transporta a las bambalinas del teatro), Luisito Tristán, pintor de fondos (la curiosa historia del enamoradizo discípulo del Greco) y Los otros Tiresias y Claricea (Variaciones porno eróticas sobre una obsesión astriciliana) (un divertido relato erótico).
Y por fin llegamos a La vuelta al día (Texticulario íntimo para incondicionales), el apartado que contiene los textos más personales del autor. Este último bloque temático comienza con Los K, una historia que nos habla de un autor que no se lleva muy bien con su ordenador. En Puentes, acueductos, el autor nos traslada de nuevo al mundo rural para contarnos las divertidas costumbres de un pueblecito. Una infidelidad. Puntos de fuga, coordenadas, también nos habla de un pueblo: aquel en el que una pareja pasan el fin de semana. No es la misma pareja que en La vuelta al día. La del relato que da título a este libro es una muy observadora, que se da cuenta de que todo, en realidad, es cíclico. Por último llegamos a La poda y la tala de los árboles frutales, el cuento que nos habla de cómo el narrador llegó, de forma tan curiosa y triste, a la lectura.
La vuelta al día, en definitiva, es un libro que nos ofrece un buen puñado de buenos relatos llenos de creatividad, tanto por su prosa como por su temática, a veces trágicos aunque mayormente divertidos, muchos de ellos con tintes autobiográficos, que nos demuestran que a veces es bueno dejar que un autor se tome su tiempo a la hora de volver ofrecer un trabajo al mundo, pues solo así el resultado final no solo será muy grato para sus incondicionales sino para nuevos lectores, como yo misma. Por eso os animo a todos, amantes del buen cuento, que os acerquéis en cuanto podáis a este libro lleno de historias cercanas, situaciones increíbles y momentos para la reflexión. Un libro con identidad propia que, sin duda, os dará mucho en lo que pensar y grandes momentos de diversión. ¿Seguro que os lo queréis perder?
Cristina Monteoliva




domingo, 23 de julio de 2017

Reseña: UN PIANO PARA LOS MASÁIS, de Miguel Ángel Moreno

Título: Un piano para los masáis
Autor: Miguel Ángel Moreno
Publica: Roca Editorial
Páginas: 400
Precio: 18,90 € / 7,99 € (ebook)

¿Te gustan las historias que tienen lugar en el África de hace un siglo? ¿Anhelas leer una novela de aventuras llena de pasión y conflictos? ¿Quieres saber, además un poco más sobre la historia de la África colonizada por los europeos poco antes de que aquellos países consiguieran la independencia? Si has contestado con un “sí” a todas estas preguntas, tal vez deberías echar un vistazo a Un piano para los masáis, la novela de Miguel Ángel Moreno.
Tras la muerte de sus padres, los hermanos Kast han heredado un capital que Bertram, el temperamental hermano mayor, ha de preocuparse por administrar. Durante la celebración de una fiesta en casa de unos amigos, Frank, el hermano menor, le comunica a Bertram su intención de dejar Baviera para viajar hasta Tanganica, lugar en el que pretende invertir todo el dinero familiar en las plantaciones de algodón. Aunque Bertram se muestra en principio muy contrario a la idea, pronto decide seguir a su hermano con tal de protegerle en su nueva aventura. En este viaje les acompañarán la esposa de Bertram, Jocelyn, la única capaz de calmar su fiera interior gracias a la música de su piano, y Gerdi, la alegre joven que se casa con Frank poco antes de embarcar rumbo a África. Aunque la mala salud de Jocelyn hace presagiar un final trágico cercano para ella, pronto la muchacha da signos de ser mucho más fuerte de lo que parece: la más capaz para hacerse cargo de la finca cuando los hermanos Kast desaparecen de la vida de las mujeres, tal vez para no regresar jamás.
Esta historia comienza con un prejubilado alemán, de nombre Leopold, que recibe la carta de su tío desde Tanganica. Aunque sus amigos intentan persuadirle para que no viaje al continente para traer de vuelta a su tío, como este quiere, Leopold, aburrido de su vida, decide ir hasta allí. Una vez en la casa de su tío, se encuentra con que este, lejos de querer volver a una casa que le queda ya muy lejana, lo que pretende es contarle la verdad de lo que pasara en aquellos años en los que aún vivía su padre. A Leopold no le quedará más remedio que escuchar la narración hasta el final, aunque sepa que lo que su tío tiene que contarle no le va a gustar en absoluto.
Bertram Kast, el anciano narrador, ha sido siempre un hombre temido por todos a causa de su temperamento, aunque no pueda decirse que antes de llegar a África y tener que embarcarse en mil y una luchas hubiera cometido ningún crimen o mínimo acto que pudiera hacer pensar que fuera realmente peligroso. Incapaz de elegir entre el cariño de su hermano o el de su esposa, decidió arrastrar con él a esta última hasta África. Solo ella y su música calmaban sus nervios, por lo que no podría dejarla en Baviera, por mucho que el médico así lo recomendara. Una vez en África, sin embargo, todo se complicaría: su hermano se dejaría influenciar por un tipo de dudosa moralidad y Jocelyn comenzó a sospechar que en realidad no la quiere. Bertram, debió luchar por mantenerlos a todos a salvo a toda costa. Incluso cuando eso significaba perderlos a los dos.
Un piano para los masáis es la historia de un hombre que ha de luchar contra sus demonios y es incapaz de hacer entender a los suyos el amor que les procesa; pero también un libro en el que vivir de cerca la historia de la descolonización de la parte de África que una vez fuera tomada por los alemanes. Aunque algunos nombres sean ficticios, las batallas fundamentales y las fechas han sido respetadas, por lo que el lector, gracias a este libro, podrá llega a entender lo convulsa que fue aquella época, la opresión a la que estaban sometidos los nativos y lo ineludibles que fueron todas aquellas luchas.
Un piano para los masáis, en definitiva, es un libro de pasiones, personalidades caprichosas, acción y empresas imposibles, pero también una novela histórica diferente que nos traslada a la época final de las colonias africanas. Una combinación interesante que tal vez deberías animarte a conocer. ¿O es que acaso tienes miedo de la fiera que lleva dentro Bertram Kast?
Cristina Monteoliva