jueves, 29 de enero de 2015

Reseña de GARABATO Y TINTA, de Ethan Long

Título: Garabato y Tinta
Autor: Ethan Long
Edita: Lata de Sal
Páginas: 40
Precio: 16,90 €

¿Cómo hacer que los lectores primerizos además de interesarse por las letras lo hagan también por el arte pictórico? ¿Es posible conseguirlo con un método ameno y divertido? ¡Claro que sí! Prueba de ello es Garabato y Tinta, el libro ilustrado de Ethan Long publicado por Lata de Sal del que a continuación os voy a hablar.
Garabato es un gato que dibuja a lápiz y Tinta, un ratón que pinta con pincel. Ni a Garabato le gusta lo que hace Tinta ni a Tinta lo que hace Garabato. Esto hace que los dos estén siempre peleándose. Pero, ¿es que alguna de las dos técnicas es mejor que la otra? ¿Y si los dos llegaran a un entendimiento? ¿No sería divertido ver el resultado?
Garabato y Tinta son un gato y un ratón, respectivamente, y se llevan como tal. Lo bueno es que después de mucho pelearse (de una forma muy divertida y creativa, por cierto), los dos personajes llegan a un entendimiento, lo que nos hace darnos cuenta de que encontrar un consenso es siempre mucho más productivo que estar siempre discutiendo.
Garabato y Tinta son unos artistas, cada uno en su estilo. Para llegar hasta donde están en estos momentos, han tenido que hacer lo que todos los grandes artistas: aprender mucho de todos los grandes pintores que vinieron antes. Antes de tener su propia personalidad artística, Garabato y Tinta los imitaron. Para saber quiénes son esos pintores famosos que copian en el libro, tendremos que tener un poco de paciencia y esperar a las últimas páginas, lugar en el que se nos detalla la vida de cada uno de ellos y se invita a los pequeños lectores a desarrollar al máximo la creatividad que llevan dentro.
Garabato y Tinta, en definitiva, es un libro didáctico lleno de color y creatividad que invita a los primeros lectores a adentrarse de una forma muy apropiada para su edad en el mundo del arte pictórico, además del de las letras. Una deliciosa obra que todos los niños deberían conocer.
Cristina Monteoliva 

jueves, 15 de enero de 2015

Escritores que escriben a mano (IV): ANIEL DOMINIC

Continuamos esta serie de artículos dedicado a los escritores que aún escriben a mano sus borradores con la ilustradora, maquetadora, correctora y escritora Aniel Dominic, quien amablemente me ha dejado tomarle un par de fotos, además de contestar a una serie de preguntas que me han ayudado a elaborar este artículo.
Aniel Dominic escribe desde la adolescencia. Empezó escribiendo los guiones de sus propios cómics. Después  pasó a narrar historias de fantasía, terror y ciencia ficción (cosa que sigue haciendo). Su primer relato se llamaba Hello Mr. Microphone y estaba inspirado en una canción de Tori Amos.
En el ámbito literario, Aniel ha participado en los recopilatorios Show me the zombis y Vampiralia y en dos proyectos más que saldrán a lo largo de 2015, y ha escrito artículos sobre manga en la extinta revista Ultimate Reports. Obras no publicadas, me cuenta, tiene a montones. De hecho, su carpeta de proyectos es un cajón desastre capaz de competir con la biblioteca de La Universidad Invisible. 
©Aniel Dominic.
Cuando le pregunto cómo compagina su trabajo de ilustradora con el de escritora, Aniel me contesta que el desempleo deja mucho tiempo para compaginar todo.
Aniel prefiere escribir en papel porque le permite mayor concentración. Ante la pantalla del ordenador tiendo a recordad todas las cosas inútiles que no he hecho, y que por supuesto he de hacer de forma inmediata. Además, soy una fetichista del papel y la tinta. Me encanta como se desplaza la pluma sobre el papel, el olor mineral de la tinta, el sonido del trazo, me cuenta.
Aniel escribe en libretas de tamaño cuartilla, sin líneas y papel superior a ochenta gramos. Desde hace unos años escribe en libretas del tipo Moleskine. Son todo terreno, algo que necesito porque siempre me acompañan dos o tres en el bolso.
Además, Aniel escribe con pluma. Con tinta Diamine.
Nuestra autora trata de escribir, al menos, unas cuantas líneas al día. Si tiene un buen día, me dice, puede pasarse horas escribiendo. En esos días, aunque deje de escribir, su cabeza siempre está en la libreta.
Aniel es, en sus propias palabras, una animalilla de costumbres y le gusta escribir (si puede) siempre en el mismo sitio, y por lo general a la misma hora. Hace unos años podía escribir en cualquier lugar por ruidoso que fuera, pero ahora prefiere el silencio, roto quizá por algo de jazz. Aun así, todavía puede escribir en los conciertos. De hecho, siempre que va a uno de música en directo, le entran unas ganas tremendas de escribir.

©Aniel Dominic
En las libretas de las fotos, Aniel está escribiendo una novela de zombis, robots, mucho humor y algunos toques de ciencia ficción. (Yo conozco parte de la historia y el título de la obra, ¡pero no os lo pienso contar, ¡muajajaja!).
Si quieres saber más de Aniel, te recomiendo que visites su web de tiras cómicas de la divertidísima FlorZ: www.florz.es .Y su blog personal: http://freelikeus.blogspot.com.es
Por último, os dejo con unas palabras de Aniel: Saludos a todos los lectores de La Orilla de las Letras, que no hay ola más refrescante que la que nos llega desde ella.

¡Muchas gracias, Aniel! ¡Y gracias a todos los que habéis leído este artículo!

domingo, 11 de enero de 2015

Entrevista: ALEJANDRO PALOMAS

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Recuerdas algo de tus primeros escritos?
Empecé a escribir cuando era muy niño, no sabría dar una edad exacta. Recuerdo, eso sí, que para mí un papel no era la posibilidad de dibujar, no eran colores, sino un mar en blanco que podía llenar de letras y todavía recuerdo esa fascinación, ese pensar “todo esto está vacío y yo puedo llenarlo de letras, algunas sueltas, otras unidas, pero todo esto es mío”. Esa sensación es la que sigo teniendo aun hoy cuando me enfrento al principio de una novela, a la hoja en blanco. Para mí no hay pánico. Hay aventura. Y emoción. Toda.Recuerdo que mi primer escrito fue una pequeña redacción sobre una colilla que viajaba por las cloacas de una ciudad hasta encontrar el mar. Se titulaba “Historia de una colilla”. Después llegaron otros que no recuerdo, aunque sí recuerdo que enseguida empecé a escribir poemas en servilletas que rescataba de la papelera del colegio.

¿Qué tiene que tener un libro, según tú, para ser indudablemente bueno?
Alma. Un libro tiene que tener el alma de quien lo escribe, no hay más. Cuando al leer lo que intuyes es un vacío, un no-compromiso detrás, la lectura se convierte en un ejercicio mecánico, mental… la emoción deja de implicarse. Si el lector o la lectora no se implica en lo que lee, si no hay comunión inconsciente, se rompe la magia y el hilo que une al escritor o escritora con quien está al otro lado, se desprende.

Si no fueras escritor, ¿a qué crees que te hubieras dedicado?
Me habría gustado ser librero, muchísimo. Me apasiona recomendar libros, me da la vida. O quizá es un poco una cuestión de ego desbocado lo de saber que recomiendas y aciertas. Librero, sí. Me habría gustado también ser guardabosques.

©Alejandro Palomas

¿Por qué escribir en estos tiempos?
Porque son los tiempos que me han tocado vivir. Yo escribo encapsulado, ajeno al tiempo, a las dificultades que se ciernen sobre la edición, la publicación, la venta. De eso me ocupo (me ocupan) después. Escribo porque no sabría no hacerlo. Mi vida es escribir y soy lo que escribo, de modo que no puedo plantearme más. Hay muchos lectores y lectoras que buscan respuestas en nuestros libros y yo soy un incansable investigador de respuestas.

¿Se basan tus personajes, los de Una madre, en personas reales?
Sí. Mis personajes siempre se basan en personajes reales. Es más, yo nunca pienso en mis personajes como “personajes”, sino como “personas”. Viven conmigo, están a mi lado, hablo con ellos, son parte de mi vida diaria. Amalia, Mencía, Clea, Lía, Flavia, Fer… todos parten de modelos reales que yo “customizo” para convertirlos en verosímiles. Yo escribo sobre lo que tengo más cerca, sobre lo que domino, sobre lo que toco y puedo modelar y moldear, de lo contrario tendría que inventar sobre la nada y eso no sé hacerlo.

¿En qué se parece Fer, el hijo de Amalia (la madre) a ti?
Fer se parece a mí en casi todo porque es mi voz y porque su mirada es la mía. Eso no quiere decir que Fer sea yo, que nuestra andadura vital sea la misma. Él mira y calla mucho. Yo no. Yo soy mucho más intervencionista y más impaciente. Él es una balsa de aceite. Yo soy muy explosivo. Pero el arquetipo sobre el que he construido su personaje es mi propia columna vertebral, respiramos igual, tenemos el mismo color.

Y, a todo esto, ¿qué te parecen las novelas noruegas?
Te seré sincero: si me preguntarás el título de alguna novela noruega publicada en los últimos cinco años, no sabría qué responderte.
  
©Alejandro Palomas.

Aunque a lo largo de Una madre se van llenando muchos huecos, a mí personalmente se me han quedado muchos otros que me encantaría llenar. ¿Has pensado en convertir la historia de Amalia y su familia en una trilogía?
Absolutamente. Lo he pensado, lo pienso, lo sigo pensando… lo pide, noto que lo pide, y cuando yo oigo a mis personajes pedir quedarse, termino por ceder. En este caso, los quiero tanto, los tengo todavía tan cerca, que algo me dice que no van a irse. Veremos.

Una madre va por su cuarta edición en el momento en el que tecleo estas preguntas, ¿esperabas un éxito así?
No, no lo esperaba. De hecho, tenía mucho miedo de que no funcionara, de que no gustara. Curiosamente, eso es algo que no me había pasado jamás con ninguna novela anterior. Todavía no sé por qué ese miedo, de dónde. El éxito de “Una madre” es, creo, su combinación de comedia y drama en un punto justo que he conseguido sin calcularlo, simplemente mostrándome como soy, con mi ritmo, con mi voz más tranquila y sobre todo con unas ganas tremendas de sentirme cerca de mis lectores/as.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
En marzo saldrá mi siguiente novela, “Un hijo” (“Un fill” en catalán) con La Galera. Es una gran apuesta, con un protagonista tan especial como Amalia, tan tierno, tan fuerte y tan cercano. Creo que, visto lo ocurrido y lo que sigue ocurriendo con “Una madre”, esta vez sí voy a prepararme para la buena acogida J . Aparte de eso, estoy preparando la adaptación teatral de “La isla del aire” para este año y pensando en la siguiente novela, que está ahí, que ya se anuncia, pero que exige tranquilidad y silencio para poder darle salida en el papel.

Muchas gracias por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales, Alejandro. ¡Y mucha suerte con tu nuevo libro! Y también con Una madre, por supuesto.

Reseña: UNA MADRE, de Alejandro Palomas

Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Edita: Siruela
Páginas: 248
Precio: 17,95 € / 8,99 € versión kindle y epub

El tiempo pasa muy deprisa. Los hijos crecen, se van de casa y, casi sin que los padres se den cuenta, acaban teniendo una vida totalmente independiente a la de ellos. Para juntar a toda la familia a veces solo quedan las bodas, los bautizos, las comuniones y, por supuesto, las fiestas navideñas. Como la Noche Vieja, por ejemplo. ¿Qué a qué viene todo esto? A que precisamente así, con una reunión de Noche Vieja, comienza Una madre, la novela de Alejandro Palomas de la que hoy os vengo a hablar.
Faltan pocas horas para que acabe el año y Amalia ya lo tiene todo preparado en su modesta casa para la cena familiar. En la espera la acompañan su hijo Fer, vigilante incansable de las locuras de su progenitora y recopilador incansable de todas las anécdotas familiares, y un par de cariñosos perros. Poco a poco van llegando Silvia, la hermana mayor, Emma, la mediana, y su novia Olga y, por supuesto, el díscolo tío Edu. La cena transcurre entre risas, pero también entre unas cuantas lágrimas. Y es que Amalia se ha propuesto conseguir que todos los asistentes a su fiesta comiencen un nuevo año más felices de lo que dejan el anterior y hará todo lo posible por conseguirlo, aunque para ello, como decía antes, haya que llorar un poco primero.
Esta es la historia de Amalia, una mujer capaz de dejarse embaucar por el primero que pase por la calle y le sonría, de hilar conversaciones sin pies ni cabeza, de no darse cuenta de cuándo ha de comportarse como una persona adulta. Un ser frágil, pero también fuerte, sobre todo porque es madre. Una buena madre.
Fer, el narrador y uno de los personajes de esta historia, piensa, al igual que sus hermanas, que su madre es un desastre. Lo prueban el sinfín de anécdotas que puede contar de ella. También el comportamiento que su progenitora está teniendo precisamente esta Noche Vieja mientras espera a los demás, y más tarde, durante la cena. Lo que Fer no sabe es que su madre, Amalia, haría cualquier cosa por ver felices a sus hijos. Por eso los ha reunido esta noche.
Pero, ¿qué le pasa a los hijos Amalia? ¿Y a su hermano Edu, también invitado a la cena? Muchas cosas que se pueden resumir en una: la vida. La vida, que nos da vueltas a todos, que nos trae sinsabores y alegrías con cuentagotas. Esa vida que a veces sabemos capear y otras veces, nos supera. Y si nos supera, y si no podemos salir del agujero en el que estamos, ¿no es bueno que haya alguien a nuestro lado que tire de nosotros y nos haga ver que mientras queda vida ha de quedar también ilusión por todo lo bueno que vendrá?
Puede que aún no hayas oído hablar de Una madre, esta estupenda novela de Alejandro Palomas. Sin embargo, esta obra va ya por su cuarta edición. ¿Cuál es el secreto de su éxito, aparte de su estupendo argumento? Yo diría que son varios, empezando por lo bien dosificados que están los momentos cómicos y los dramáticos en la historia. Así, Una madre comienza como una comedia en la que no puedes parar de reír con todas esas disparatadas anécdotas que acumula Fer y que no teme contarnos, para ir dando paso, poco a poco, a momentos mucho menos felices, algunos, totalmente dramáticos, hasta hacer comprender al lector que esta es una novela llena de luces y de sombras en la que han de ganar las primeras.
En segundo lugar destacaría lo bien elegido que está el momento de la narración. Así, la Noche Vieja es por fin eso que todos esperamos que sea: un tiempo en el que se deja atrás lo malo y se da la bienvenida a lo bueno que nos espera en el recién estrenado año.
Finalmente, me gustaría hablaros de lo bien perfilados que están todos los personajes, con sus virtudes y sus defectos, sus debilidades y sus fortalezas. Son humanos. Son cercanos. Son, una vez terminados de la lectura, casi miembros de nuestra propia familia.
Una madre, en definitiva, no es solo una gran novela por la maravillosa e inolvidable historia que contiene, sino también por su estilo, su estructura, sus personales: por lo bien escrita que está. Una de las mejores novelas que leí en 2014. La recomiendo encarecidamente. ¿Qué me decís? ¿Hacemos que llegue a la quinta y la sexta edición?
Cristina Monteoliva

jueves, 1 de enero de 2015

ESCRITORES QUE ESCRIBEN A MANO (III): Benjamín Recacha García

El segundo de los autores que se han prestado a colaborar con su testimonio y sus fotos personales es Benjamín Recacha García.  

©Benjamín Recacha García

Benjamín escribe desde niño. De hecho, recuerda que le encantaba crear historias bastante alocadas que leía en clase de lengua a sus compañeros, lo que resultaba muy divertido.
Hasta la fecha, solo ha publicado como la novela El viaje de Pau, aunque también tiene en cartera una novela gráfica, Memorias de Lázaro Hunter, un western que está ilustrando su hermano Fran; y está a punto de acabar una segunda novela, que espera publicar durante la primera mitad de 2015 (yo también espero que así sea).
El motivo principal por el que Benjamín prefiere el papel a la pantalla para sus primeros borradores es que de esta manera se siente más libre escribiendo. El ordenador es una fuente continua de distracciones, me cuenta: por mucho que se plantee aislarse, le resulta imposible. Primero, por el zumbido del ventilador de la torre, que se le clava en el cerebro. También le molesta el brillo de la pantalla. Total, me comenta, que está mucho más relajado escribiendo en papel, y confiesa que le encanta hacer tachones.

©Benjamín Recacha García

A Benjamín le valen todos los tipos de libreta a la hora de escribir, aunque por su último cumpleaños su pareja le regaló un flukebook hecho a mano, con páginas pautadas, que le ha encantado. De hecho, es donde ha escrito la mayor parte de la novela en que está trabajando, y creer que va a tener que pedirle otro a los Reyes. (Ojalá se porten bien y la traigan).
Benjamín escribe con bolígrafo. El Bic azul o negro de toda la vida le valen, me cuenta, puesto que no es nada elitista.
Nuestro autor procura escribir a diario porque es la mejor manera de adquirir el hábito, aunque sólo sea una hora. Benjamín cree que a muchos escritores (él se incluye) les pasa que tienden a agarrarse a la mínima excusa para hacer antes cualquier otra cosa, casi siempre de “vital” importancia. Procrastinar lo llaman, ¿no?, me dice.
Últimamente Benjamín escribe en la mesa del comedor, casi siempre con música, pero cuando hace buena temperatura sale a la terraza o se escapa a algún parque. La música entonces la ponen los pájaros. Rodeado de árboles es donde se siente más inspirado.
El escritor no recuerda haber escrito en sitios muy raros: el metro, el bus…Quizás lo más raro sea de pie, esperando al bus, o incluso andando por la calle. A veces las ideas no esperan y si no las apuntas acaban perdiéndose para siempre, afirma.
  
©Benjamín Recacha García

Le pregunto si puede contarnos algo sobre lo que está escribiendo en las libretas de las fotos que me ha facilitado y me contesta que por supuesto, que de hecho ya ha compartido algunos fragmentos en su blog y en su página de Facebook. Es una historia de superación personal. Un hombre que padece la peor tragedia que puede sucederle a un padre y que tras pasar varios meses en el hospital inicia un viaje en el que espera descubrir si le quedan motivos para seguir adelante con su vida. En el camino irá cruzándose con personas muy diversas, muchas con historias duras a sus espaldas, y se verá envuelto en un asunto bastante feo, con mafiosos y polis de por medio. La otra protagonista de la novela es una mujer a la que la vida también la lleva a iniciar un nuevo camino, en el que tiene un peso significativo el blog en el que escribe.
El punto de partida es muy duro, un comienzo de los que suelen resultar incómodos al lector, pero no es una novela trágica. De hecho, nuestro autor espera que acabe dejando buen sabor de boca. 
Muchas gracias, Benjamín, por participar en este espacio. Ojalá pronto acabes tu novela y viaje lejos, muy lejos, a todos los lectores del mundo.

Y tú que lees esto, si quieres saber más sobre Benjamín Recacha García, visita www.benjamínrecacha.com

Reseña de EL VIAJE DE PAU, de Benjamín Recacha García

Título: El viaje de Pau
Autor: Benjamín Recacha García
Páginas: 350
Precio: 14 € (papel) / 2,68 € (ebook)
A la venta: www.amazon.com / www.benjaminrecacha.com (entre otros puntos de venta)

¿Eres feliz en tu trabajo? ¿Qué tal tus relaciones personales? ¿Piensas que estarías mejor en otro sitio haciendo cosas totalmente diferentes a las que haces ahora, y con personas que quizá aún no has conocido? Seguro que habrá mucha gente que te diga que si es así, lo que tienes que hacer es dar el gran paso. Yo no voy a decirte eso, puesto que sé que las cosas a veces no son tan fáciles. Aunque en otras ocasiones, todo viene prácticamente por casualidad. Si no me crees, puedes comprobarlo con la lectura de El viaje de Pau, la novela de Benjamín Recacha García de la que quiero hablarte.
Pau tiene un trabajo que no le gusta, una novia con la que apenas se ve y unas ganas tremendas de dejar Barcelona para emprender una nueva vida. Una noche, conoce a Sandra, maestra de día y bailarina exótica de noche; la persona a la que le confiesa todos sus anhelos. Más tarde, Pau llegará también de forma casual hasta Diego, un pastor del Pirineo retirado al que sus hijos obligan a estar en una residencia. Así, casi sin darse cuenta, Pau comenzará su ansiado viaje vital. Aunque, ¿le llevará este hasta donde él quería en un principio?
Toda novela supone un viaje tanto para sus personajes como para el lector, puesto que se comienza de un punto A y se acaba en uno B, C o incluso D. En el caso de El viaje de Pau, el viaje, además de metafórico, es literal, puesto que Pau, ese hombre desencantado de su vida, acabará viajando hasta el Pirineo aragonés, concretamente hasta Bielsa, lugar en el que se sentirá mucho mejor que en Barcelona.
Parece simple, pero no lo es tanto. Primero, porque Pau tiene una vida en Barcelona que ha de dejar por completo, lo que no es tan sencillo ni para él ni para nadie en su lugar. Segundo, porque durante su aventura va a verse implicado en varios problemas serios y la resolución de un misterio, cosa con la que Pau no contaba.
Lo dicho hasta ahora puede hacer pensar al futuro lector que estamos ante una historia muy centrada en Pau, su protagonista, cuando en realidad nos encontramos ante una novela coral con personajes incluso de épocas pasadas; todos ellos con muchas ganas de tomar la voz de mando continuamente.
En primer lugar, por supuesto, tenemos a Pau, ese treintañero desencantado de su vida que anhela un cambio radical.
El bueno de Pau no tarda en encontrarse con Sandra, una veinteañera de mente abierta que trabaja tanto de maestra como de bailarina exótica.
Pero Sandra no viene sola. Tras ella está un ex celoso dispuesto a amargarle la existencia. El tema de los celos y la violencia machista queda sobre el tapete de la mesa. La cuestión es: ¿cómo se resolverá este problema?
Por otra parte tenemos a Diego, un pastor jubilado que recala contra su voluntad en una residencia para ancianos junto a su perro. Pau y Sandra dan con él por casualidad y a partir de ahí todo cambia para los tres. Pau viajará con Diego al Pirineo y pronto conocerá la triste historia de su padre, ajusticiado vilmente durante la Guerra Civil. Durante un buen número de páginas, conoceremos la historia de Emilio, el padre de Diego, una historia que nos habla de guerra, amor por la naturaleza y de finales injustos que la Ley de la Memoria Histórica debería resarcir de alguna manera.
Otros temas que se trata en esta novela gracias al personaje de la niña Ariadna son los del alcoholismo y el de los padres que desatienden a sus hijos. Como es de esperar, al final todo queda resuelto también; pero yo no os voy a contar cómo.
El viaje de Pau, en definitiva, es una novela que trata bastantes temas actuales y que, para ello, cuenta con un elenco muy variado de personajes. Si tú, como Pau, también necesitas un buen viaje, pero no tienes mucho dinero, tal vez deberías pensar en hacerte con un ejemplar y conocer un buen puñado de buenas historias. ¿Te animas?
Cristina Monteoliva

jueves, 18 de diciembre de 2014

Escritores que escriben a mano (II): ENRIQUE MONTIEL DE ARNÁIZ

Comenzamos este espacio dedicado a los escritores que aún escriben a mano sus borradores con el abogado y escritor Enrique Montiel de Arnáiz, quien amablemente me ha proporcionado sus fotos personales, además de contestar a una serie de preguntas que me han ayudado a elaborar este artículo.

©Enrique Montiel de Arnáiz

Enrique Montiel de Arnáiz me confiesa que uno de sus sueños vitales siempre fue ser escritor. De hecho, escribe desde muy pequeño. Como prueba de ello, guarda un poema que hizo a su madre con cuatro o cinco años de un toro, una luna y un estanque.
Sí: escribir ha sido algo que siempre ha estado dentro de él puesto que su padre es escritor también, y aparte de la genética, ha debido de haber un poco de imitación paterno-filial, seguramente.
Con doce años, Enrique ganó un premio literario por un relato sobre su experiencia en un barco de la Armada. Más tarde, participó en unas publicaciones que realizó la delegación de juventud del Ayuntamiento de San Fernando llamada Jóvenes Escritores.
En el ámbito literario, Enrique ha publicado un libro de relatos muy heterogéneo llamado Bulerías Nazis (2014) y ha participado en antologías como 13 Puñaladas (2013), Zombifícalo (2014) y Vampiralia (2014). Actualmente se encuentra terminando de coordinar una antología que será benéfica y se llamará Demonalia. Es probable que salga a primeros de 2015 a la venta, así que, ¡todos atentos!

                                                                  ©Enrique Montiel de Arnáiz

                                                                ©Enrique Montiel de Arnáiz
La carrera de todo buen escritor comienza siempre con un buen puñado de buenas lecturas. Arriba, dos fotos de la biblioteca personal de Enrique Montiel de Arnáiz.

No es lo único que Enrique tiene proyectado para el año que está a punto de entrar. Por lo pronto, me cuenta, tiene pendiente terminar una novela y cree que en 2015 saldrá en un par de antologías más junto a otros autores. Posiblemente, también le veamos con otra antología propia de relatos que le han pedido (aunque aún no hay nada cerrado).  
¡Pero eso no es todo, amigos! Enrique, persona polifacética donde las haya, también ha colaborado en varias revistas como El Ático de los Gatos, Cromomagazine y Dissident Tales. Aparte de eso, es articulista de opinión del grupo Vocento en su periódico La Voz de Cádiz - ABC desde el año 2009, con lo que se obliga cada semana a escribir sobre política, derecho o lo que sea desde un prisma personal muy literario.
Después de leer esto, muchos pensaréis que lo más práctico, siendo Enrique una persona tan ocupada, entre sus casos como abogado y sus múltiples escritos literarios, sería que escribiera todo directamente a ordenador. Sin embargo, nuestro autor prefiere el papel porque como él mismo me cuenta, el papel te permite la pausa. Enrique hace tiempo que no se cronometra escribiendo a máquina pero está todo el día con el teclado a mano y es un relámpago. Eso hace que a veces se pierda el control sobre los tiempos verbales o las situaciones y exige múltiples correcciones que, en el papel, son menos, porque vas pensando y escribiendo a una velocidad menor,  a no ser que se sea un taquígrafo, que no es su caso.
A Enrique le gustan las libretas Moleskine y las de Cross, aunque tiene libretas de todas las formas, tamaños, colores y sabores. Con respecto a si prefiere bolígrafo o pluma, me dice que depende de para qué, que a la hora de redactar le gusta usar un bolígrafo roller-ball; sin embargo para firmar prefiere la pluma. 


©Enrique Montiel de Arnáiz. Colección de armas con las que Enrique se sirve a la hora de crear y destruir vampiros, demonios, zombis y todo lo que se le ocurra.

En cuanto a la frecuencia de su escritura, Enrique escribe a diario, aunque no siempre es literatura u opinión. Suele gastar una broma a otros escritores a los que dice que ninguno de ellos ha escrito tantas páginas como él, sumando las de las demandas y querellas que he redactado en sus casi 15 años de ejercicio como abogado. A Enrique le gusta escribir en los viajes, en tren, en el gramón de la piscina y, también, en su despacho o en el estudio de su casa, sus auténticos "Sancta sanctorum".
El sitio más raro donde Enrique ha escrito posiblemente sea Ikea, esperando en una mesa de la cafetería a que su esposa saliera de ese laberinto inagotable de pijadas para el hogar. Allí es donde redactó el relato de Tyson que salió en Zombifícalo.
En otra ocasión, estuvo escribiendo un relato mientras esperaba que aterrizara un avión que había llegado con retraso, volviendo de EEUU. Lo cierto, me cuenta, es que suele llevar encima siempre una libreta y toma notas o escribe ahí.


©Enrique Montiel de Arnáiz

Con respecto a la foto anterior, la de sus libretas, podemos decir que en una de ellas aparece el inicio de un relato titulado El gato del vampiro que saldrá próximamente publicado. Trata sobre un ser implacable e inmortal al que se le escapa la mascota mientras reposa en su ataúd, y lo que ocurre después cuando sale a buscarlo por la noche. También hay un pequeño "haiku" ilustrado por la hija de Enrique, la mayor artista de la casa con apenas 7 años, y unas notas para otro relato que preparó sobre uno de Felipe Benítez Reyes el año pasado para un concurso, que es ejemplo de lo cotidiano del Cádiz de mediados del siglo pasado. Y que no ganó, por cierto. (Una lástima. Otra vez será).
Cuando le pregunto a Enrique si quiere añadir algo para terminar, este me dice: El otro día leí que en Finlandia el gobierno ha propuesto dejar de enseñar a escribir a los niños porque al final solo usan ipads y ordenadores. Eso contrasta con la centenaria tradición de la escritura oriental, que se conserva como un arte. Creo que la escritura amanuense es fundamental, especialmente para que la profesión de los peritos calígrafos no se extinga. ¡Hagámoslo por ellos!
¡Cuánta razón tienes! Ojalá nunca dejen en las escuelas de enseñar a escribir a mano. Mientras tanto, Enrique, sigue haciéndolo tú en tus libretas. Llena el mundo de palabras, párrafos e historias y compartiéndolo con nosotros.
Muchas gracias por participar en este espacio, amigo escritor.

Y tú que lees esto, si quieres saber más de Enrique Montiel Arnaíz, visita su blog: www.montielbaraka.blogspot.com. Y ya sabes: si quieres participar en este espacio, escribe a crismonteoliva@hotmail.com

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Reseña de LA CALLE ANDERSEN, de Sofía Rhei y Marian Womack. Ilustraciones de Lola Rodríguez.

Título: La calle Andersen
Autoras: Sofía Rhei y Marian Womack
Ilustraciones: Lola Rodríguez
Edita: La Galera Editorial
Págs: 240
Precio: 17,95 €

Imagina que eres un niño del siglo XIX, uno con pocos recursos que vive prácticamente todo el día en la calle. ¿Cuánto frío o calor pasarías? ¿Cuántos peligros te acecharían? ¿Y cuántas aventuras podrías vivir si en vez de un niño real fueras un personaje de una novela juvenil? Muchas, te lo aseguro. Si no me crees, puedes comprobarlo leyendo La calle Andersen, la novela escrita por Sofía Rhei y Marian Womack ilustrada por Lola Rodríguez que vengo hoy a reseñar.
Copenhague, siglo XIX. Kay, el repartidor de periódicos que puede ver la maldad en los ojos de los demás, y Gerda, la chica de los bolsillos infinitos, son dos niños de clase media-baja que pasan buena cantidad de su tiempo en la calle. Un buen día, los chicos consiguen que la pequeña e enigmática cerillera Adda, la amiga del niño rico de los inventos Joachim, no sea secuestrada por unos chicos con oscuras intenciones. Pronto Kay, Gerda, Adda y Joachim se dan cuenta de que últimamente muchos niños han desaparecido misteriosamente. Al mismo tiempo, los autómatas del juguetero Hæslig cobran cada vez más y más importancia en la ciudad. Si ambos sucesos están o no relacionado, es algo que los niños están dispuestos a averiguar embarcándose en una de las más importantes aventuras de su vida. Una que quizá les cueste la vida.
Después de leer el siguiente párrafo, imagino que muchos os preguntaréis por qué el libro se llama La calle Andersen si el célebre escritor Hans Christian Andersen no aparece por ninguna parte, a no ser, claro, que yo lo haya obviado en mi resumen. Es cierto que el autor, como tal, no está en este libro, aunque sí, al menos, dos de sus relatos: La reina de las nieves y La pequeña cerillera. De hecho, conforme vayáis avanzando en la lectura (aquellos que os decidáis por este libro), podréis comprobar que si bien las referencias a La pequeña cerillera pueden considerarse prácticamente anecdóticas, aquellas que nos hablan de La reina de las nieves son tan destacables, que nada más comenzar a leer el libro te das cuenta de que sin ninguna duda La calle Andersen es un spin off o secuela de dicho relato clásico. Así, dos de los niños protagonistas son los mismos que protagonizaran el cuento de Andersen, Kay y Gerda. Kay ha vuelto a Copenhague después de estar con la malvada reina, aunque ya no siendo el mismo. Las secuelas de la estancia en el chico, tal y como nota su amiga Gerda, son notables. ¿Conseguirá Kay volver a ser el de antes? ¿Qué papel tendrá Gerda en el proceso de recuperación? Ya sabes: averígualo a través de la lectura de este libro, pues yo más pistas no te puedo dar.
Esta es una historia de ritmo in crescendo. Aunque en la primera mitad del libro ocurren ciertos momentos de acción, yo diría que lo más importante, en cuanto a nivel de emoción se refiere, sucede tras la página cien. Esto no quiere decir que lo que tiene lugar en la primera mitad no sea interesante, puesto que es en estas páginas en las que vemos cómo se reúnen los cuatro chicos, cómo se presentan los otros personajes y, lo que es más importante, cómo se plantea el gran enigma que desencadenará en ese ritmo alto de la segunda mitad de la obra.
Otro punto interesante a señalar es la buena utilización que hacen las autoras tanto de la magia como de la ciencia retrofuturista o steampunk durante la narración. Una buena manera de introducir a los más jóvenes en este mundo que a mí particularmente me resulta fascinante.
Por último, me gustaría indicar lo acertadas que me han aparecido las ilustraciones de Lola Rodríguez. Se trata de una serie de dibujos en blanco y negro muy en sintonía con la narración, ideales para que os hagáis una idea del mundo del que habla el libro.
La calle Andersen, en definitiva, es una novela de aventuras juvenil con misterio, acción, amistad, personajes profundos, magia y muy buena ciencia ficción del pasado. ¿Qué más se le podría pedir a una obra del género?
Cristina Monteoliva 

martes, 16 de diciembre de 2014

ESCRITORES QUE ESCRIBEN A MANO (I)

Creo que no he debido de ser la única que recibió con cierto estupor hace unos días la noticia de que Finlandia decidiera dejar de enseñar a los niños a escribir a mano en los colegios. Entiendo que nuestro mundo está cada vez más informatizado, que el futuro va a ser de las máquinas; aunque en mi mente no entra la idea de dejar para siempre la escritura “analógica”. Porque la tecnología a veces falla, y cuando lo hace y hay necesidad, hay que recurrir a lo manual para apuntar un número de teléfono, la lista de la compra, una dirección, qué se yo. En serio: no concibo la idea de una persona del futuro sin saber cómo se coge un lápiz para apuntar su nombre en una hora de papel.
En fin, no quiero ahondar mucho en esto, menos aún después de encontrar este artículo que viene a indicarnos que lo que se ha difundido de Finlandia no es del todo cierto:
Pero hablando de escribir en papel, ¿eres de los que sigue escribiendo cartas, pensamientos, poemas o relatos en hojas blancas o a rayas no digitales? ¿De los que todavía de vez en cuando se siente más cómodo haciendo las cosas como se ha hecho durante siglos? Yo sí. Aunque confieso que ahora mismo no lo hago tanto como antes. Hasta hace unos años, todos mis manuscritos pasaban primero por su versión en papel. Ahora… Bueno, ahora me he vuelto más vaga. Sí, esa es la palabra. Porque a mí en realidad me encanta escribir en papel, pero me da pereza ponerme luego a pasar a limpio. Y mira que sé que lo de escribir en papel tiene ciertas ventajas, como:
-Tienes menos distracciones que cuando estás delante del ordenador, ya que no te pones a mirar internet cada dos minutos. ¡Concentración a tope!
-Como no puedes borrar líneas, te ves forzado a centrarte y a escribir “sin mirar atrás”. Y lo que salga, ya los corregirás en las siguientes versiones de la historia, como tiene que ser. ¡Fuera inseguridades!
-Como consecuencia de los dos puntos anteriores, al final acabas escribiendo durante una hora, de una sentada. ¡Eficiencia total!
En fin, que voy a ver si consigo volver a escribir a mano mis cosas, que falta hace avanzar de vez en cuando.
Mientras lo hago o no, voy a empezar una serie de artículos sobre los escritores que siguen escribiendo a mano sus primeros borradores, a manera de homenaje. Si quieres salir tú también en uno de los artículos, escríbeme a crismonteoliva@hotmail.com
Y para terminar, unas fotos de mis numerosas libretas:
©Cristina Monteoliva

domingo, 14 de diciembre de 2014

Reseña de EL DEVORADOR DE CALABAZAS, de Penelope Mortimer

Título: El devorador de calabazas
Autora: Penelope Mortimer
Traducción: Magdalena Palmer
Edita: Impedimenta
Páginas: 240
Precio: 19,95 €

¿Existe realmente el “felices para siempre” de los cuentos de hadas y las películas comerciales? ¿Cuánta gente habrá en el mundo que se case esperando esa felicidad perpetua en su matrimonio? Mucha, imagino. ¿Y qué pasa cuando las cosas no van bien? ¿Se separan? ¿Siguen juntos? ¿Buscan sucedáneos de la felicidad? Pero, bueno, ¿por qué no dejo ya de hacer tantas preguntas retóricas y os hablo ya de El devorador de calabazas, la novela de Penelope Mortimer?
Todo comienza con una mujer que va al psiquiatra. Estamos a mediados del siglo XX y la mujer está casada con un guionista de cine inglés. El guionista (un tipo que gana mucho dinero, por cierto) no es su primer marido. De hecho, ni siquiera es el segundo, sino el cuarto. De todos sus maridos ha ido teniendo nuestra buena señora una buena cantidad de hijos. Tantos, que nadie cree que deba de tener más. De hecho, este es el motivo por el que visita al psiquiatra, profesional que intenta, por todos los medios que dispone, convencerla de que quedarse embarazada de nuevo no es lo que necesita. ¿Estará nuestra buena señora dispuesta a escuchar al médico? ¿Qué pasaría si tuviera un nuevo vástago? ¿Y por qué es en realidad tan importante para ella tener más hijos, cuando apenas le hace caso a todos los que tiene ya?
Como decía al principio de esta novela, hay mucha gente en el mundo que se casa esperando que las cosas vayan siempre bien, como si la felicidad pudiera ser un continuo en este mundo tan cambiante y entre personas que puede, a veces, evolucionar en sentidos opuestos. Este es claramente el caso de la señora Armitage, la narradora y protagonista absoluta de El devorador de calabazas, una comedia negra con mucho más drama del que pudiéramos en principio esperar.
La señora Armitage va al psiquiatra porque quiere tener un nuevo hijo. El psiquiatra intenta convencerla de que eso no solucionará sus problemas. Como es de esperar, la señora Armitage no se deja convencer tan fácilmente. Lleva toda la vida teniendo hijos, ¡eso se le da muy bien! Solo cuando está embarazada y da a luz se siente útil en el mundo, así que, ¿por qué debería de dejar de hacerlo?
La cosa es tan sencilla como complicada. La señora Armitage ha tenido cuatro maridos, pero, sin duda, al que más ha amado es al cuarto, a Jake. Su matrimonio con el guionista empezó la mar de bien. Luego, ambos se fueron distanciando. Jake empezó a trabajar mucho y a mentir más sobre las relaciones que mantenía con sus compañeras de trabajo. ¿Y qué hacía mientras la señora Armitage? Tener hijos para llamar la atención. Para sentirse útil. Para realizarse en la vida.
El devorador de calabazas es una logradísima novela escrita con un estilo cercano donde destacan los esclarecedores diálogos, las personalidades ricas en matices de sus personajes y las selectas descripciones del pasado y el presente de la señora Artimage. He dicho antes que se trata esta de una comedia negra con más drama del que podría esperarse en un principio. Ahora quisiera insistir en ello. Y digo más: la autora, Penelope Mortimer, se sirve de todo ese refinado humor tan inglés para contarnos en realidad el drama de una mujer que intenta salvar su matrimonio teniendo otro hijo. Una mujer que con el tiempo ha ido convirtiéndose en un precioso florero en su preciosa casa. Una mujer que ya ni sabe lo que de verdad quiere. Una mujer que podría ser tantas muchas.
La lectura de El lector de calabazas proporciona al lector una experiencia única. Si pudiera compararse con algo, yo diría que es como montarse en una montaña rusa emocional en la que vas a ciegas. Nunca sabes cuándo te va a tocar reír, cuándo llorar, cuándo inquietarte con las contradicciones con las que vive la señora Armitage. La lectura se acaba con un sabor agridulce y con la sensación de haber leído algo totalmente auténtico y contemporáneo, a pesar de haber sido escrito hace más de medio siglo. Y con incógnitas por resolver, casi tantas como hijos tiene la señora Armitage.
Creo que pronto volveré a leer este libro para seguir pensando en todo lo que Penelope Mortimer nos quería decir con esta historia. Y tú, ¿a qué esperas para leerlo por primera vez?
Cristina Monteoliva