viernes, 29 de mayo de 2026

Reseña: UNA FÁBULA SUECA, de Nicolás Díez

 


La palabra fábula tiene varias acepciones según la RAE. La primera de ellas es «Breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica o crítica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados». La sexta, «Ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad». Las dos formas de la palabra las encontramos en Una fábula sueca, la nueva novela de Nicolás Díez de la que os hablaré a continuación.

Tras dejar parcialmente atrás su faceta como exitosa hostelera, Ingrid Sørensen se instala en Granada junto a su marido, Gabriel, un escultor español. La pareja forma una familia con la llegada de sus hijos Adam y Camilla, y pronto Ingrid es nombrada cónsul honorífica de la ciudad. La vida trata bien a la sueca: los niños crecen sanos, la vida en pareja es estupenda y las citas con amigos son una constante. Hasta el día en el que conoce a Katja y Elina, dos compatriotas que gozan de muy mala reputación y que se presentan en casa de nuestra protagonista con el fin de conseguir la renovación del pasaporte de Hans, el padre de Elina. Si bien los trámites debería realizarlos el interesado, las suecas se empeñan en hacerlo todo ellas mismas con la excusa de que Hans se encuentra gravemente impedido. Ninguna de las dos atiende a razones,  y pronto empiezan las visitas a deshoras, los sucesos inexplicables y hasta el espionaje por parte de un gato. Llegará un momento en el que el caso de la desaparición del sueco deba ser investigado por las fuerzas del orden. ¿Acabará entonces la terrible pesadilla en la que Ingrid se vio sumida desde que conoció a las suecas?

Aunque el narrador externo de talante amable de esta obra nos lleve de la mano de la sargento de la Guardia Civil María Infante durante parte de la trama, la protagonista no es otra que Ingrid, la cónsul sueca en Granada. Tal y como nos cuenta nuestro atento guía durante lo que podríamos entender como una extensa pero amena introducción, Ingrid recalaría en Granada después de una exitosa carrera de hostelera que no dejaría del todo una vez instalada en la ciudad nazarí junto a Gabriel, su marido español. Meticulosa y ordenada, amable y cariñosa, Ingrid goza de una vida tranquila hasta que en ella irrumpen dos compatriotas de lo más misteriosas. De ellas dice todo el mundo que son mujeres de mala vida y brujas. A veces parecen amables, pero pronto, cuando ven que no van a conseguir el pasaporte para Hans, el hombre al que nadie ha visto en bastante tiempo, comienzan a actuar de una forma cuanto menos extraña. Ingrid sospecha que los sucesos inexplicables que experimenta en su casa también son obra de ellas. Como si de pronto fuera la protagonista de una de esas inquietantes fábulas suecas que lee a sus niños.

Por otro lado, tenemos los capítulos en los que el narrador sigue de cerca a María Infante, la joven sargento de la Guardia Civil encargada de averiguar qué fue en realidad el misterioso Hans. Si bien durante buena parte de la trama podríamos decir que estábamos ante lo que hoy en día denominamos un cozy crime con ciertos toques paranormales, esta nos habla de una historia bien negra y complicada. ¿Podrán las fuerzas de seguridad averiguar la verdad?

Pero, ¿son tan malas Elina y Katja? ¿Tanto poder tienen o es todo una ilusión? Y, en todo caso, ¿qué habría hecho que se comportaran como lo hacen? Nuestro narrador, que no solo lo sabe todo lo que sucede, sino que conoce al detalle la cambiante naturaleza del ser humano, se encargará también de intentar aclarar estos asuntos.

 La realidad siempre supera a la ficción: Una fábula sueca se inspira en ciertos sucesos que tuvieron lugar en Granada hace años. Sucesos que, desde luego, merecían ser tratados para ser convertidos en esta obra, tan detallada, entretenida y enigmática. Una novela sin duda original que dejará poso en el lector. Y tú, ¿te atreves a comprobarlo?

Cristina Monteoliva