Queridos
amigos de La Orilla de las Letras,
seguimos con
nuestras entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido Georgia Bogdan:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Siempre fue más un sueño o una aspiración que
un pasatiempo. Llevo escribiendo desde que tengo uso de razón, pero siempre con
ese miedo a sentirse un fracaso o a equivocarse.
Con los años te das
cuenta de que tropezar, fallar, equivocarte, no gustar… es parte del proceso de
aprendizaje. A día de hoy lo pienso y me digo a mi misma, “si se me hubiera
dado el visto bueno desde el principio, ¿realmente hubiera sido tan consecuente
con mis palabras ahora?”, y la respuesta más probable es que no.
¿Qué
lecturas o autores te han influenciado como escritora?
Åsa Larsson, Camilla
Läckberg, Jo Nesbø, Stieg
Larsson… Ladrón de la Inocencia
(y en perspectiva todo lo que rodea a la serie de Woodenport) bebe mucho de la
novela negra nórdica, ya que presenta y le da más importancia a las relaciones
personales y humanas que al caso en sí, ya que este es producto de la sociedad
en la que viven los personajes.
En otros géneros con los que trabajo
también puedo destacar a Chuck Hogan y Guillermo del Toro en el terror y a
Yasunari Kawabata y Osamu Dazai en la novela japonesa.
©
Georgia Bogdan.
¿Qué
estás leyendo ahora? ¿Nos lo recomendarías?
Los pecados de nuestros
padres de Åsa Larsson. Yo creo que sí lo recomendaría, pero con el
detalle de que ese tipo de novelas no son para todo el mundo. La novela negra
nórdica, en la mayoría de los casos, no busca la acción o el resolver los casos
y ya, suele abordar una perspectiva más humana, más… incómoda.
Creo que son buenos libros para salir de
nuestra zona de confort, pero también no esperar acción cuando lo que hay es
una disección del alma humana.
¿Eres
escritora mapa o brújula?
Brújula, completamente, y un poco caótica
también. No me gusta hacer esquemas o fichas, porque me baso en las decisiones
de los personajes para escribir el siguiente capítulo. Imagínate, si no
pudieran salirse del molde, serían meros arquetipos. Lo que más me interesa es
mostrar la obsesión, el dolor, el trauma, las consecuencias… si todo estuviera
medido al milímetro sería demasiado conveniente, poco sincero con los lectores
y sobre todo conmigo misma.
¿Cómo
ves el panorama literario actual?
¿Sinceramente? Mal, muy mal. Es como si un
libro solo pudiera aportar algo cuando Instagram lo valida, como si al no llamar
la atención del círculo de Bookstagram el libro fuera el problema. Y parece que
se nos olvida que no todos los géneros son para todo el mundo, y no por eso un
libro es malo.
Habría que intentar
alejarse más de la “literatura de catálogo” y de los retos de lectura y leer
algo que realmente nos haga pensar, sentir o emocionarnos de verdad.
¿Qué
te ha llegado a autopublicar en Amazon tu primera novela, Ladrón de inocencia: Depredador?
El querer tener el control total sobre mi
obra. Podría haber intentado buscar una editorial, por supuesto, pero no me
gusta delegar algo a lo que le has puesto tu alma para convertirlo simplemente
en un producto rápido y comercial. Es como tener un hijo, tú no se lo dejarías
a cualquiera para que lo moldeara a su antojo, ¿o sí?
©
Georgia Bogdan.
¿Qué
ha supuesto para ti esta publicación?
Un dolor de cabeza terrible y una forma de
aumentar mis niveles de cortisol y el síndrome del impostor de manera única.
¿Lo volvería a hacer? Por supuesto, porque ahora conozco mejor el camino y
puedo tomar las decisiones correctas.
¿Qué
vamos a encontrar en esta novela?
Un thriller
psicológico que usa el género para preguntarse cómo se construye un
monstruo. No desde el morbo, sino desde la normalidad.
Una teniente de policía
vuelve a su pueblo natal después de sobrevivir a un intento de asesinato. Tiene
TEPT complejo, un hijo adolescente y un cuerpo que ya no funciona como antes.
Se incorpora a un caso de chicas desaparecidas y descubre que el depredador no
es un psicópata excepcional. Es alguien que lleva años integrado en las
estructuras de poder del pueblo.
La novela alterna la
investigación forense con la memoria del trauma y la violencia doméstica. No
hay escenas explícitas de abuso. Hay una mirada clínica sobre cómo el poder se
ejerce en los cuerpos. Y sobre cómo una víctima puede convertirse en cazadora
sin dejar de estar rota.
¿Qué
crees que hace diferente a Ladrón de
inocencia: Depredador de otros
thrillers?
Creo que el abordar al monstruo desde la
normalidad. Al final del día, un asesino enmascarado que te espera con un
cuchillo es predecible. Un monstruo evidente no impacta ya. Pero cuando la
maldad se esconde en lo cotidiano, en lo normal, en el vecino de al lado que te
da los buenos días con una sonrisa… la perspectiva cambia, porque te hace preguntarte
¿si esta persona es un monstruo… podría serlo yo también?
Al final del día, el thriller que impacta es el que te deja
pensando si tú también podrías convertirte en el monstruo si la situación te
empuja a ello.
¿Cuánto
has tardado en escribir esta historia?
Seis meses. Con varias reescrituras y
dedicándome 24/7 a ello. No es algo que recomendaría a nadie realmente, porque
es un desgaste brutal y más cuando tratas temas tan complejos.
Debo admitir que he
sufrido un desgaste mental importante y eso me está dificultando continuar la
segunda parte al ritmo que me gustaría, así que ahora estoy trabajando en otra
historia que no implique tanta implicación emocional por mi parte.
¿Qué
tiene de ti esta obra?
Muchísimo. Sobre todo la rabia ante un sistema
que no funciona y la paciencia infinita para entender el porqué las personas
tienen ciertas actitudes.
Añadiría también la
perspectiva humanista, el ver el thriller
como un espejo roto de las fracturas sociales. Ya que, al entender a los
personajes como personas no como arquetipos, te das cuenta de que nadie es malo
por naturaleza, nadie es intrínsecamente bueno, tan solo producto de lo que nos
rodea. No justifica al monstruo, pero sí pone el foco en una sociedad que lo
permite.
©
Georgia Bogdan.
¿Qué
esperas que encuentren los lectores en Ladrón
de inocencia: Depredador?
Tal vez la posibilidad de entender que, sin
buscar justificarlo, algunos monstruos son producto de su realidad: un sistema
que permite el abuso, un sistema que aparta a los que consideran diferentes, una
sociedad que no te deja ver el peligro hasta que te explota en la cara.
Al final, Woodenport no
es más que una muestra real e incómoda de nuestro mundo.
¿Quieres
añadir algo más antes de acabar esta entrevista?
Lo primero, darte las gracias por este espacio,
por supuesto. Siempre se agradece cuando alguien te abre las puertas para
ayudarte a visibilizar tu trabajo.
Lo segundo, animar a la
gente a salir de su zona de confort, a darle una oportunidad a la literatura
incómoda y necesaria.
Y lo tercero, invitarles
a los lectores a pasar por mis redes sociales (@hayashishisake en Instagram y
Threads) y mi Substack (https://woodenportchronicle.substack.com/) para
acompañarnos en el análisis del thriller psicológico desde una perspectiva
humanista.
Muchas gracias, Georgia, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te
deseamos una carrera literaria larga y próspera.
Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más al otro lado de la
pantalla. Ahora, ¡a leer!
Cristina Monteoliva


