miércoles, 27 de mayo de 2026

Entrevista: NICOLÁS DÍEZ

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

ya sabéis que nunca nos cansamos de daros a conocer a los estupendos autores que así lo deseen. Esta vez le ha tocado al turno a Nicolás Díez. Sus palabras, a continuación:

¿En qué momento de tu vida decidiste que lo tuyo era la escritura?  

Creo que la escritura difiere de otras artes en que su aprendizaje es casi exclusivamente autodidacta. Las ciudades suelen contar con conservatorios de música, facultades de Bellas Artes y escuelas de diseño gráfico. Es cierto es los talleres de escritura creativa están proliferando, pero la realidad es que uno empieza a escribir a tientas, imitando lo que ha leído y sin saber muy bien qué está haciendo. En mi caso, lo hice porque me deslumbró un cuento de Alice Munro que se titula Alga marina roja. Cuando lo leí sentí que necesitaba escribir algo, probar a ver cómo se me daba. Quería saber qué siente.

De ese primer arrebato salió un relato llamado Reciclados, un cuento que trata sobre unos empleados de ferrocarril que se ven atrapados en un cambio de ciclo tecnológico que los obliga a prejubilarse. Es un relato al que guardo mucho cariño y que retoqué hace un par de años para que cerrara mi libro Cenizas.

Tras ese relato vinieron unos cuantos más, y la sensación que experimenté a medida que veía que conseguía terminar obras era de puro placer. Pocas cosas me hacía más feliz. La culminación de ese proceso llegó en 2019, cuando terminé mi primera novela. Desde entonces han pasado muchas cosas: las publicaciones, el fichaje por Anaya y decenas de ferias y presentaciones.

No sé si la escritura es lo mío, pero sí que tengo muy claro que me ha llevado a conocer personas maravillosas, visitar lugares que no conocería de no haber escrito libros y, sobre todo, que soy feliz cuando me siento delante del ordenador a escribir historias. 

© Nicolás Díez.

¿Qué lecturas y autores crees que te han influido como escritor?

Suelo decir que estoy mucho más orgulloso de lo que he leído que de lo que he escrito. Mi condición de filólogo me ha llevado a leer mucha literatura clásica, y he leído por placer todo tipo de autores, épocas y tendencias. Si hablamos de influencias, tengo muy claro que autores como Alice Munro, Roberto Bolaño, Paul Auster, Cormac McCarthy, Javier Marías, David Foster Wallace, Joyce Caroll Oates, Vargas Llosa o Ian McEwan serían nómina fija. Creo que mi narrativa le debe un poquito a cada uno de ellos, pero me encanta seguir descubriendo autores que me ayuden a explorar nuevos territorios. Últimamente estoy muy interesado en explorar a fondo la obra de Georges Perec y en Vladimir Nabokov.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?  

Estoy terminando Kokoro, de Natsume Sōseki, una novela muy íntima y delicada que profundiza en la amistad de un joven y un anciano. A través de sus conversaciones e interacciones se explora la transición del Japón tradicional al moderno. Es una novela profunda que invita a reflexionar sobre las prioridades vitales y la empatía intergeneracional con una sensibilidad extraordinaria. Por supuesto que os la recomendaría. También me gustaría recomendaros tres novelas que he leído hace poco: Vía revolucionaria, de Richard Yates; Desgracia, de J.M Coetzee; y Física de la tristeza, de Georgi Gospodinov.

¿Cómo compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?

Tengo el compromiso conmigo mismo de buscar huecos para escribir y hacerlo de manera innegociable. Como he dicho, únicamente lo hago por el disfrute que me proporciona, aunque poco a poco se ha convertido en necesidad más que en obligación. Soy de esas personas que funcionan mucho mejor a primera hora, así que intento madrugar mucho para escribir. Para la escritura de mi primera novela (aún sin publicar), pasé tres años levantándome a las 5:30 de la mañana. En estos últimos años he ido moviendo ese momento de escritura hasta las 7:00.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Creo que el panorama literario siempre es un reflejo de su época; y hoy día, al igual que el mundo que habitamos, creo que está marcado por la fragmentación. La oferta editorial es inmensa, mucho mayor que la capacidad material de leer de la gente. Eso, sumado a la velocidad que las redes han impuesto a nuestra sensibilidad, hace que vivamos en un constante aluvión de novedades editoriales sin calma ni poso alguno. Hoy día la cultura parece caducar más rápido que nunca, pues casi todo lo que se publica pasa en cuestión de semanas del foco más agresivo a la zona oscura.

Además, hay muchos fenómenos en plena ebullición que complican y fragmentan aún más el mundo editorial, desde la autopublicación hasta el auge del Romantasy, pasando por los libros de influencers, youtubers y presentadores.

No obstante, creo que también hay algo precioso, que es la cercanía que establece este mundo hipercomunicado entre lectores y escritores. En estos años, gracias a todo esto, he podido hacer amigos y conocer personas interesanísmas.

Has publicado tanto relato como novela. ¿En cuál de los dos géneros dirías que te sientes más cómodo?

En la novela, rotundamente. Los relatos han sido una buena experiencia y creo que son prácticamente la única manera de empezar a soltarse con la escritura. Si los lectores suelen rechazar los relatos porque no permiten establecerse en una historia y acercarse a unos personajes con intensidad, creo que a muchos escritores de novela nos pasa algo parecido. Es mucho el esfuerzo en idear una trama (por muy pequeña que sea), unos personajes, unos giros... para dejarlos ir en unas pocas páginas. Además, el relato no admite fallos, en ese sentido es como un poema. Cada palabra debe ir exactamente en su lugar. Eso sí, leer un buen relato es incluso más impactante que leer una buena novela, pues nada puede equipararse a su contundencia.

Tu última novela publicada es Una fábula sueca. ¿Cómo surgió la idea de escribir esta historia?  

La novela parte de una base real, de un caso que ocurrió en Granada en los años noventa. Así que la idea, literalmente, surgió en un restaurante. Durante un tiempo, una parte de mi entorno me sugirió que debía conocer esta historia, y que había una persona que podía contármela. Esto es muy frecuente en las personas que escribimos. Todo el mundo tiene historias para contarnos, y la mayoría, de hecho, suelen estar muy bien. Así que en una comida coincidí con esas personas que conocían el caso. Me contaron un par de detalles y solo con eso me atraparon. De hecho, los detuve y les pedí si podíamos hacer entrevistas. De esas entrevistas nace la base sobre la que se construye la novela.

¿Qué nos puedes contar de este libro sin desvelar lo importante?

La novela trata acerca de Ingrid, una mujer que vive aquí en Granada a la que el gobierno sueco le ofreció un consulado honorífico. Esto era muy frecuente en la era previa a internet, y se hacía sobre todo para que muchos extranjeros cumplimentasen sus papeles, pues al tener que ir a Madrid, muchos dejaban pasar algunos trámites. Para entender la novela, es importante saber cómo es Ingrid. Es una mujer extremadamente cuidadora, inocente, emocional y recta en el trabajo. Dicho esto, la novela empieza cuando Ingrid y su marido escuchan hablar de dos mujeres suecas que llevan a cabo ciertas actividades siniestras y sospechosas. A ellos les hace gracia y se olvidan del tema. Pero las mujeres aparecen en su casa para solicitar la renovación del pasaporte del padre de una de ellas. Y desde ese momento, desde que ellas apaercen en su casa, la vida de Ingrid da un vuelco, pues el padre, cuya presencia solicita Ingrid para poder hacer entrega del pasaporte, resulta que no aparece por ninguna parte. Poco a poco, estas mujeres empiezan a infiltrarse silenciosamente en la vida de la cónsul, parece ser que con el objetivo de conseguir en pasaporte sin tener que presentar al anciano. Esa infiltración es siniestra y sibilina, y poco a poco la vida de Ingrid empieza a convertirse en una pasadilla, llena de brujería, personas extrañas, gatos que la vigilan y paranoia, hasta el punto que Ingrid decide dar parte a la Interpol. Y ahí comienza una investigación que revela todo un munto oculto a la espalda de esas mujeres.

¿Qué dificultades te has encontrado a la hora de escribir esta novela?  

Hubo un momento, al principio, en el que pretendí reconstruir el caso real, crear algo parecido a un true crime. Así que me dediqué a recabar información y a buscar todo cuanto hubiese a mi alcance que estuviera relacionado con el caso. Pero a medida que obtenía información, me di cuenta de que la única manera de afrontar el caso era desde una óptica de ficción. Y eso supuso una auténtica liberación para mí. Olvidar a las personas y crear personajes que habitasen ese mundo de ficción. Cuando eliminé esa variable, la realidad, vi que todo podía encajar. El mundo entero estaba a mi disposición. Y ahí ya vi que estaba en mi terreno: podía explorar mis temas, mis inquietudes, mis miedos sin atadura ninguna. La realidad había pasado a ser el punto de partida, y no el objetivo de mi trabajo.

¿Qué diferencia Una fábula sueca de otras novelas del género?

Yo no soy un escritor de género, sino alguien que utiliza el género para abordar la historia que pretende contar. En este caso, la historia pedía noir, es evidente, pero no es una novela negra canónica, sino una historia contemporánea que usa el género negro para abordar ciertos aspectos de la realidad relacionados con la obsesión, el miedo, la sugestión y la hostilidad que se filtra en nuestra vida cotidiana. Hay que tener en cuenta que el elemento que debería ordenarlo todo, el anciano, no está. Es como si la novela le preguntase al propio género negro: ¿qué ocurre cuando el enigma que debe resolverse no aparece por ninguna parte?


 © Nicolás Díez.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Una fábula sueca?

No espero que el lector se lleve una explicación cerrada, ni una respuesta única. Más bien una experiencia. La sensación de haber atravesado una historia en la que las certezas se van desplazando poco a poco, casi sin darse cuenta.

Me gustaría pensar que la novela deja una inquietud, pero una inquietud fértil. No necesariamente ligada al miedo, sino a algo más profundo: la conciencia de que nuestra relación con la realidad es mucho más frágil de lo que solemos admitir. Que vivimos interpretando constantemente lo que nos rodea, intentando construir sentido, estabilidad, una narrativa que nos permita seguir adelante.

Y creo que la novela dialoga con esa fragilidad. Con esa posibilidad de que, de pronto, algo pequeño altere completamente nuestra forma de mirar. En ese sentido, me interesa mucho más la pregunta que deja el libro que cualquier respuesta que pudiera ofrecer.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Hace poco terminé una novela que me encantaría publicar el año que viene. Es una historia más íntima, mucho menos expansiva, pero de una gran profundidad. Una novela que profundiza en el amor, la pérdida y la búsqueda de la paz en un mundo deshumanizado por la tecnología, atravesada por una historia de amor ilegítima y tierna.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Tal vez añadiría que escribir, al final, consiste en aprender a convivir con las preguntas. No creo que la literatura esté para ofrecernos certezas, sino para enseñarnos a mirar mejor la complejidad del mundo. Si alguno de mis libros consigue acompañar a alguien en ese ejercicio de mirar con un poquito más de más atención y silencio, entonces todo habrá tenido sentido.

Muchas gracias, Nicolás, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera larga, próspera y llena de satisfacciones.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla, siempre atentos. Ahora, ¡a leer!