jueves, 14 de mayo de 2026

Entrevista: ALEJANDRO MOLINA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

mediamos la semana y prácticamente el mes de mayo de este 2026 con la entrevista que nos ha concedido el autor Alejandro Molina. Vamos con ella:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Si me remonto a mi infancia, me recuerdo escribiendo todo el tiempo en mi habitación. Me gustaba inventar historias combinadas; por ejemplo, el Patito Feo como  mascota de Cenicienta, y eso cambiaba todo. En la escuela,  esperaba el momento de escribir historias. De hecho, uno de mis cuentos en esta antología que estoy presentando, Un huracán en Gurrezeti, comienza con una narración recuperada de mi cuaderno de 4º grado. Al releerla, me dio la sensación de que escribía mejor cuando tenía nueve años, libre de  prejuicios. No sabría decirte cuándo descubrí que la escritura era más que un pasatiempo, pero tengo claro que desde muy chico entendí que no tenía talento para otra cosa.

© Alejandro Molina.

¿Qué lecturas o autores crees te han influido como escritor?

Escribir olvidando lo que uno leyó es imposible; somos producto de nuestras lecturas. Un autor que leo mucho y me genera la necesidad de escribir es Paul Auster. Me encanta esa meticulosidad obsesiva para narrar el azar; esa forma en que sus personajes se pierden en su propio mambo. De él aprendí que se puede ser muy introspectivo sin que el lector se duerma en el camino, algo que intento aplicar. Sumo a Boris Vian, que es clave para dinamitar cualquier asomo de solemnidad que se me quiera filtrar. En lo que refiere a argentinos, hay tres que me vuelan la cabeza. Por un lado, Enrique Méndez Calzada e Isidoro Blaisten, dos artistas que entendieron que el humor es la forma más elegante de la inteligencia. Y Silvina Ocampo, por ese cinismo tan sutil que logra que el horror parezca, no sé, una cosa simple, cotidiana.

¿Qué estás leyendo ahora mismo ¿Nos lo recomendarías? 

Voy a ser sincero: últimamente estoy a full dedicado a reescribir los cuentos de mi siguiente antología, estoy en esa fase de la que no me puedo escapar. Pero lo último que leí, hace unas semanas, fue Todo verdor perecerá, de Eduardo Mallea. Y lo recomendaría, sin dudas, es una especie de “manual de estilo” sobre cómo contar la desolación y el aislamiento sin caer en el sentimentalismo berreta. Es denso, no lo voy a negar, pero tiene una estética de la decadencia con la que me identifico mucho, que me fascina.

¿Cómo compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?

La verdad es que no compagino nada. Como doy clases de literatura en un profesorado, y mis alumnos saben que escribo, muchas veces la charla se desvía inevitablemente hacia ahí; se me mezcla todo el tiempo el profesor con el escritor. Para mí, escribir es una actividad permanente, un estado mental desde el que proceso la realidad mientras cumplo con mis obligaciones: puedo estar explicando un texto en el aula y, al mismo tiempo, hay una realidad paralela ahí, funcionando. Siempre ando tomando notas mentales sobre un gesto o una frase para una próxima historia.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Se me hace que esta respuesta va a ser extensa. Por un lado, está lo que podemos llamar “literatura de algoritmo”, una literatura que le confirma al lector lo que ya piensa, no busca incomodarlo o abrirle un poco la cabeza. Abundan las lecciones de vida poco camufladas y una corrección política que detesto. No les creo nada.

Por el otro, veo el fenómeno de la literatura para adolescentes: amores tóxicos, amores inter-especies, etcétera. He visto las firmas de libros de estos autores en las ferias y siento que están más cerca de ser estrellas del pop (o influencers) que escritores.

Lo que me parece que está en peligro de extinción es el humor, por eso propongo este libro. Siento que falta ese espacio para la observación ácida de lo cotidiano, que no quiere salvar al mundo ni pararse desde el banquito de la moralidad. Y es en ese barro donde me interesa chapotear.

¿Qué te resulta más difícil: escribir literatura juvenil o cuentos para adultos?

Cuando me pongo a escribir, simplemente escribo; dejo que la historia encuentre su propio cauce. A veces tengo una idea pensada para adultos y termina pidiendo un lenguaje o un tono más ligado a lo infanto-juvenil, o al revés. Un ejemplo claro es Mosquitox by Charly Millán, uno de los cuentos de este libro: nació con la intención de ser para chicos, pero en el proceso se transformó en un texto puramente para adultos.

Me gustan ambos públicos, pero el infantil me parece un desafío mucho más grande. El adulto, por una cuestión de cortesía o para quedar bien, puede decirte que le gustó algo aunque no le haya gustado e incluso no lo haya leído. Los niños, en cambio, no tienen filtros. Por suerte, mi experiencia con ellos ha sido espectacular: las veces que fui a escuelas a presentar Bicho Cuadrado, los chicos se engancharon muchísimo. Me mandan dibujitos, los padres me cuentan que adoran al personaje y eso me da una satisfacción enorme. Lograr esa conexión real con un público que no te miente, requiere de una precisión que a veces me agota mucho, más que casi todos los cuentos que escribí para adultos, ahí despliego todas mis neurosis sin ningún tipo de control.

© Alejandro Molina.

Por cierto, ¿qué ha de tener, según tu perspectiva, un buen cuento?

Para mí, un buen cuento tiene que ser, ante todo, original, tiene que proponer una entrada a un mundo que no hayamos visto mil veces. No se trata solo de la trama, obviamente, sino de cómo la voz narrativa se va enredando en las cosas mínimas hasta que lo cotidiano se vuelva extravagante, disparatado, amenazante. Pero lo fundamental es el lenguaje personal, ese estilo donde el autor se reconoce en cada frase, y que el lector sienta que hay una identidad propia hablándole, no alguien siguiendo una fórmula.

En lo que escribo, hago mucho foco en el humor, que procuro que esté al servicio de desarmar la realidad y mostrar lo que hay debajo. No me interesa la literatura que te explica lo que tenés que sentir o que te lleva de la mano hacia una moraleja. Prefiero que el lector haga su propio viaje mental o emocional y se encuentre con un personaje que está perdido en su propia lógica, y que esa confusión le resulte inquietantemente familiar. Un buen cuento tiene que dejarte con preguntas incómodas, de esas que se te quedan dando vueltas un rato.

¿Qué ha supuesto para ti la publicación de Solución de continuidad?

Publicar este libro es la culminación y al mismo tiempo el inicio de un recorrido larguísimo. Los cuentos que forman parte de esta antología fueron escritos entre 1997 y 2025; son casi tres décadas de observar y de pulir mi forma de contar. Me encontré con ciento veintiséis cuentos en mi computadora cuando hice la selección de estos ocho. Siento que la necesidad de publicarlos llegó en un momento de mayor madurez personal, cuando encontré tanto la seguridad como la confianza necesarias para expresar lo que quería decir y cómo. Mis amigos me preguntan siempre por qué tardé tanto, por qué mantuve en el “cajón” esa cantidad de relatos durante tanto tiempo. Mi respuesta es que finalmente detecté o más bien sentí que efectivamente tenía una voz propia que había terminado de asentarse. Así que este libro supone, en principio, el inicio de una serie de publicaciones en las que voy a rescatar los cuentos que considere que merecen ser leídos.

¿Qué nos puedes contar de este libro?

Son ocho historias que funcionan como un organismo vivo, pero con pulsaciones muy distintas. Están los cuentos de humor más corrosivo y delirante, como La Muerte en Camiseta y El Cerdo Cente,  o los más  satíricos como Feliz vuelta al sol, Marita Alerggio y Mosquitox by Charly Millán.  Hay otro dúo, además, que juega en una liga propia (decirte más que eso sería hacer un spoiler tremendo) pero La Teoría de la Grulla en la Ventana y Las Esferas de Karine probablemente representen para el lector una lectura más bien lúdica. También incluí un relato introspectivo, del que hablé al principio, que recupera mi propia historia, o prehistoria: Un Huracán en Gurrezeti, que está ahí para bajar un poco los decibeles.

El cierre es una trilogía que se despega  del resto, incluso tiene su propia carátula: Purrington, ahí aparece por única vez el narrador en primera persona. Hay un juego también respecto a que el libro fue “tomado” por esas voces, que son las de mis dos gatos.  Me interesa esa variedad de registros y emociones; que el libro no sea una línea recta, sino que proponga un recorrido de lógicas que se desmadran, de volantazos que no ves venir.

© Alejandro Molina.

¿Cuál es tu relato favorito de este volumen, el que consideras más representativo del mismo? 

Es la pregunta más difícil, porque cada cuento tiene su propio peso, y están ahí después de una ardua selección. Pero si tengo que hablar de representatividad, creo que debo mencionar dos que están en el centro del libro por alguna razón.

Por un lado, El Cerdo Cente, que es donde más exploto el cinismo, la sátira y la crítica;  todo queda al desnudo, sin filtros. Es el punto de mi escritura más descarnada. Estaba enojadísimo cuando lo escribí, en 2021, luego de una gran injusticia vivida por una amiga.

Como contrapartida, está Un huracán en Gurrezeti, que es el más antiguo, escrito en 1997, en el que aparece mi costado más sensible y nostálgico. Que estén juntos en el medio del libro no es casualidad: son los dos polos de mi mundo. Entre el cinismo más absoluto y esa esperanza un poco rota, es por donde se mueve todo lo que escribo.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Solución de continuidad?

Espero que encuentren, sobre todo, una voz que no los subestime. No busco que el lector se sienta 'cómodo' ni que encuentre refugio en lugares comunes; espero que se tope con esa incomodidad que surge cuando el humor te obliga a mirar lo que preferirías ignorar. Me gustaría que se rían, claro, pero de esa risa que te deja un poquito de culpa después. Al libro lo pensé como una suerte de disco: el orden de los cuentos no es azaroso, está diseñado para que el lector atraviese determinadas emociones y ritmos, como quien escucha un álbum de principio a fin. Es muy musical; de hecho, cito canciones constantemente porque la música es parte de mi ecosistema y el de mis personajes. Incluso tengo pensado publicar pronto una playlist con todas las canciones del libro para que la experiencia sea completa.

Así que si los lectores logran conectar con todo este delirio literario-musical y sienten que, en el fondo, ese caos no les es ajeno, el libro ya cumplió su función.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

Seguir rescatando material de ese “cajón” con más de cien relatos que mencioné antes. Reescribirlo, resignificarlo y también sumar algo nuevo. Casi todos los días me encuentro con situaciones que me llevan a pensar “esto amerita ser contado”. También sigo muy conectado con lo infantil; lo que viví y sigo viviendo con Bicho Cuadrado me dejó con ganas de seguir explorando ese público tan especial, tan honesto. Así que hay un segundo cuento ya preparado para octubre, con otro bicho. Bueno, con una bicha específicamente.

Pero mi foco ahora mismo es que Solución de continuidad se encuentre con más lectores. En ese período estoy: publicidad, presentaciones, entrevistas como esta.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

En principio, agradecerte a vos, Cristina,  por el espacio. No es fácil encontrar lugares así, que se animen a darnos voz y a generar estas conversaciones. Me parece una iniciativa buenísima. También agradecer a los lectores, gente querida que me ha apoyado en esta aventura, que me empuja a continuar por acá. Y a Álvaro Velarde, un cineasta fantástico que me hizo un prólogo exquisito, un gran artista del humor con quien compartimos mundos narrativos casi idénticos

Por último, invitar a quienes  quieran seguir el rastro de mi narrativa humorística, que me tomo muy en serio (sin tomarme tan en serio a mí mismo), a encontrarme en Instagram y Threads como @alejandroxmolina.

Muchas gracias, Alejandro, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y muy satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva