Queridos
amigos de La Orilla de las Letras,
comenzamos
la semana con una nueva entrevista: la que nos ha concedido el autor de
autoficción Carlos J. Pérez.
¿Preparados?
¡Allá vamos!
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Fue durante la pandemia. Le escribí un libro a
mi hijo para cuando se hiciese mayor, por si me ocurría lo peor: Un mapa.
¿Qué
lecturas o autores crees te han influido como escritor?
Difícil cuestión. Supe de William Zinsser
después de haber publicado Un mapa,
pero me identifico cabalmente con su forma de entender la escritura. Autores
que admiro: Stephan Zweig, John Dickie, Sebastian Haffner, Héctor Abad
Faciolince, Viktor Frankl, J. R. Moehringer… En general, cualquier autor
elegante, a cuyos escritos no les sobren palabras y que trasluzcan su
personalidad.
© Carlos J. Pérez.
¿Qué
estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Acabo de terminar Dignos de ser humanos, de Rutger Bregman. Lo recomiendo
entusiásticamente.
¿Cómo
compaginas la escritura con tus otras obligaciones en la vida?
No soy un escritor profesional, por lo que,
cuando me embarco en un nuevo proyecto, procuro reservarme buena parte de los
fines de semana para encerrarme a escribir en sesiones intensas. Por cierto,
considero los paseos como parte integral de este proceso: siempre llevo algo
donde anotar ideas.
¿Cómo
ves el panorama literario actual?
Convulso y confuso. Me fascina que se vendan
masivamente ciertos títulos y que otros no logren vender ni un ejemplar.
Convive un público ávido de lecturas con muchos escritores talentosos pero
frustrados. Llevo especialmente mal el descarado carácter mercantilista que
destilan ciertas editoriales y algunos agentes literarios.
¿Por
qué escribir autoficción?
Me hace gracia la pregunta, porque me recuerda
a Inventing the truth, de mi admirado
W. Zinsser.
En mi caso, porque creo
que mi generación ha vivido cambios vertiginosos que pueden habernos ofuscado.
Pienso que merece la pena entresacar de ahí lo que pueda ser de utilidad para
las siguientes generaciones (que sin duda se enfrentarán a transformaciones aún
más rápidas).
También hay un deseo de
ayudar a quienes hayan sufrido por cuestiones de fe y circunstancias parecidas,
así como otro de estimular la producción de memorias.
¿Qué
ha supuesto para ti publicar La enramada?
Un espaldarazo para creer que merece la pena
escribir. Me propuse no pagar por publicar; que solo sacaría libros si mi
manuscrito contaba con el visto bueno de un editor profesional y una editorial
decidía apostar por él.
¿De
dónde sale un título tan curioso?
Me encanta que me lo preguntes. Delante del
cortijo donde se crió mi madre había una. Esa palabra me retrotrae a aquellos
tiempos. Por lo demás, considero que yo mismo he caminado bajo la protección de
mis antepasados; ahí radica el sentido simbólico del título, que recoge
brillantemente la portada.
¿Qué
vamos a encontrar en La enramada?
Unas memorias muy honestas en las que lo que
menos importa es quién soy. Solo sirvo de hilo conductor de lo que bien podría
verse como una novela finisecular ambientada en el sur de España.
¿Cuánto
tiempo has dedicado a la escritura de esta obra?
En el libro he dejado constancia: casi un año.
¿Qué
esperas que los lectores sientan cuando lean La enramada?
Unas ganas locas de escribir las suyas. Y que
se vean reflejados en muchos aspectos.
¿Qué
nuevos proyectos tienes en marcha?
Tengo dos ensayos esperando su turno: Hombres. mujeres y niños y Contra el olvido.
¿Te
gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Darte las gracias por esta magnífica
iniciativa: es una oportunidad para los que estamos convencidos de que lo que
más se vende no es necesariamente lo mejor, ni mucho menos, lo que los lectores
merecen.
Muchas gracias, Carlos, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te
deseamos una carrera literaria larga y próspera.
Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de
nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!
Cristina Monteoliva

