Queridos amigos de La Orilla
de las Letras,
volvemos a la carga con nuestras entrevistas,
esta vez con la que nos ha concedido el autor Miguel Garrido de Vega.
Miguel Garrido de Vega es escritor
y abogado. Ha sido finalista del
Premio Nadal 2025. Colabora habitualmente con la revista literaria Zenda, la revista cultural El Asombrario, la revista sobre cultura
japonesa Kaibun y la
revista sobre el mundo del haiku Hotaru,
entre otros medios. Su primera novela, Meigallo (2017), resultó finalista
en los Premios Ignotus 2018. Sus relatos se han publicado en editoriales
como Salto de Página, Eolas u Orciny Press, y también por la Escuela de Imaginadores; han sido
seleccionados por Pórtico-AEFCFT
entre lo más destacado del género escrito en España entre 2015 y 2018, y han
sido premiados por el Ayuntamiento de
Ferrol, Bibliotecas Públicas de Madrid o Eurostars Hoteles, entre otros.
Sus haikus han sido reconocidos e incluidos en antologías colectivas, codirige *terror añadido –un
pódcast sobre el mundo laboral, la salud mental y otros terrores cotidianos–,
colabora con el pódcast literario Noviembre
Nocturno, coordina clubes de lectura y es profesor de escritura
creativa. La noche líquida (Páginas
de Espuma, 2026) es su primer libro de cuentos.
Y
dicho esto, vamos por fin con las palabras de nuestro autor:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Para mí siempre ha habido algo mágico en el acto de escribir,
parecido a recitar un hechizo. Pero supongo que no fue hasta que empecé a
trabajar, hará unos quince años, que sentí la necesidad de que eso que venía
haciendo en privado, rellenar hojas y hojas, saliese a la luz.
© Miguel Garrido
de Vega.
¿Qué lecturas
crees te han influido como escritor?
La obra de Raymond Carver, sin duda. Por su contención, la
humanidad maltrecha de los personajes, su mirada de perdedor… y, de forma
subterránea, los clásicos del terror —en particular, Bécquer, Bierce,
Maupassant y Poe—, lecturas de juventud. La trilogía fundacional de Hermann
Hesse abrió en mí una grieta introspectiva y orientalista —que, de adulto,
cristalizó en pasión por la literatura japonesa: Akutagawa, Dazai, Soseki,
Ogawa, Motoya…—. Kafka, irrenunciablemente. LeGuin y Bradbury, dos formas de
ver la ciencia ficción complementarias. Siempre me he sentido atraído por el
imaginario desbocado de K. Dick. Y hay muchos nombres actuales que me interesan:
Anna Starobinets, Chris Offutt, Fernanda Melchor, Lorrie Moore, Samanta
Schweblin, Mónica Ojeda, Pilar Adón, Mariana Enríquez, Jon Bilbao, Juan Jacinto
Muñoz-Rengel, Sara Mesa, Carlos Castán...
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Hace poco que terminé Máscaras femeninas (Fumiko Enchi) y
Helena de Nada (Makenna Goodman). Ambos tremendos. Y estoy con Principio,
medio, fin (Valeria Luiselli), que me está pareciendo maravilloso. El
siguiente en la lista: Jardín, lo nuevo de Hiroko Oyamada.
¿Por qué
escribir cuento en un país en el que lo que más se lee es novela?
Buena pregunta. No te voy a decir que me dé totalmente igual si
algo se lee o no, porque sería mentir. Pero sí pienso que, a la hora de crear, deberíamos
escribir dejando de lado el aspecto comercial y centrarnos en contar la mejor
historia posible del mejor modo posible. Punto. El resto —lo crematístico, lo promocional;
lo que no es literario, en esencia— vendrá después. Pero es que, además, el
cuento pertenece a una tradición larguísima, nacional e internacional, es capaz
de trasladar emociones e ideas con la misma —y, muchas veces, mayor— intensidad
que una novela. Y, por economía de medios, entre otras mil razones, el relato debería
ser la herramienta principal de cualquier narrador.
Por cierto, ¿qué
ha de tener, según tú, un buen cuento?
Puf. Qué difícil. La práctica está llena de excepciones. Por
fijar algún criterio, un buen relato puede sorprender desde lo formal —sí, ya
está todo hecho, aunque siempre hay margen para cierta experimentación—, desde
la originalidad de su idea —más difícil todavía— o desde el aspecto puramente
estilístico. Pero supongo que a mí me gana una prosa impecable —o impecablemente
premeditada—, una atmósfera conseguida y una historia que no me lleve de la mano.
Que deje espacio para que yo pueda encontrarme en sus huecos.
¿Qué ha supuesto
para ti publicar La noche líquida con Páginas de Espuma?
Un sueño hecho realidad.
¿Cómo definirías
este libro?
Una exploración de la inestabilidad. De cuanto de profundo y
soterrado hay en nosotros, de la falta de asideros, de la identidad como algo
mutable y equívoco. Me gusta pensar en la imagen de un batiscafo solitario
internándose en las más hondas simas submarinas. Y que, con un pequeño faro,
percibe los gestos deformados e incompletos de los seres maravillosos que allí
habitan.
¿Qué relato de
este volumen te ha costado más escribir?
A nivel formal, puede que Muertos y fantasmas. Si hablamos del contenido, Funesto suceso en el pantano. Y si pienso en fobias personales, Sal.
© Miguel Garrido
de Vega.
¿Qué tienen
estos relatos de ti?
Mucho, como todo lo que escribimos. Da
igual que estemos describiendo un reino élfico o dando testimonio de la muerte
de un padre. O así lo veo yo. En mi caso, y dado que mis personajes no son
héroes ni villanos —son padres, hijos, madres, parejas, amigos…— hay unas cuantas
escenas presenciadas, imaginadas o que me han contado, claro. Pero, además, están
muchas de mis obsesiones: la memoria como un territorio poco fiable, la
identidad como relato, la violencia, las muchas capas del trauma, los vínculos
que construimos (y destruimos), el papel de la tecnología, un concepto amplio
de realidad donde lo insólito es catalizador, el tiempo cíclico, el humor negro,
la muerte…
¿Qué esperas que
los lectores encuentren en La noche líquida?
Nueve relatos —varios con elementos surrealistas u oníricos, alguno
más próximo al terror, otro al género negro o a la ciencia ficción, un homenaje
a Galicia, uno de humor…— en los que trato de ofrecer una perspectiva variada
de la experiencia humana. Si consigo, y sé que no es deseo pequeño, que alguien
no acostumbrado a leer literatura fronteriza, por llamarla de algún modo —o a
leer cuento, por ejemplo—, diga que ha descubierto caminos nuevos, me sentiría
muy honrado.
¿Qué nuevos
proyectos tienes en marcha?
Un poemario de haikus y formas poéticas afines, muy personal. Una
novela basada en una experiencia autobiográfica, que intentaré hacer menos
personal. Y un futuro libro de relatos...
¿Te gustaría
añadir algo antes de terminar esta entrevista?
¡Darte las gracias por este espacio!
Muchas gracias, Miguel, por tu tiempo, tus palabras y
tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y
satisfactoria.
Y
a vosotros, amigos del blog, gracias
por estar pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!
Cristina
Monteoliva

