sábado, 16 de mayo de 2026

Reseña: YESTERYEAR, de Caro Claire Burke

 


Hay influencers femeninas que se identifican con la etiqueta de tradwifes: mujeres que reniegan del feminismo y abogan por un tipo de vida en el que el hombre estén al mando de la familia y las abnegadas esposas se dediquen a permanecer a su servicio y al de sus hijos. Estas creadoras de contenido parecen anhelar tiempos pasados, como si acaso estos hubieran sido ideales. Pero, ¿qué pasaría si un día una de ellas despertara en el siglo XIX? Este es el punto de partida de la impactante a la par que genial Yesteryear, la novela de Caro Claire Burke de la que hablaremos en esta reseña.

Natalie Heller Mills está a punto de tener su sexto hijo en el Rancho de los Viejos Tiempos, lugar en el que vive con toda su familia desde hace unos años. A pesar de su avanzado estado, esta mujer que promulga los valores de la familia tradicional americana, ha de seguir creando contenido para su cuenta de Instagram. De ella, una de las influencers más cotizadas del momento, no se espera otra cosa. Lo que sus seguidores no saben es que no todo es tan rústico y anticuado como parece: en los armarios hay lavavajillas y microondas; los niños están al cargo de dos niñeras; y Caleb, el marido de Nathalie, no es un gran granjero. Nathalie está dispuesta a seguir con la farsa hasta el final cuando un suceso inesperado hace que su imperio digital se tambalee. Como por arte de magia, seguidamente, aparece en una casa que se parece a la suya, pero que no lo es: esta está destartalada, no tiene electricidad ni ninguna comodidad y hay una marca en la pared que indica que es 1855. Los niños que la reciben, a los que ella no conoce, visten como pioneros de antaño y Caleb es un tipo rudo con pocas ganas de tolerar sus caprichos. ¿Es posible que se trate de un sueño? Natalie comprueba que todo es muy real cuando intenta escapar y acaba con el pie en una trampa para animales. La cuestión es: ¿por qué ha viajado en el tiempo? ¿Conseguirá volver al presente?

Esta es la historia de Natalie, una mujer sin duda compleja que siempre tuvo claro que quería tener una familia tradicional con muchos niños y un marido tan creyente como ella. Ya en la Universidad, nuestra mujer se convenció de que el feminismo no era en absoluto para ella y que ni siquiera tenía que acabar sus estudios superiores, solo conseguir un marido y seguir con su plan. El elegido sería Caleb, el hijo de un adinerado senador, todo un soñador sin pretensiones en la vida que haría que la de Natalie se complicara bastante. Hasta que ella descubrió el mundo de Instagram y los creadores de contenido.

La narración, siempre desde la voz de una Natalie que quiere tenerlo absolutamente todo bajo control, nos transporta a dos épocas diferentes en capítulos alternos. Por un lado, si bien la historia empieza in media res, conoceremos toda la historia y evolución de nuestra mujer desde que era una niña hasta que llegó el gran colapso a su mundo tan perfecto como falso. Por otro, veremos cómo nuestra mujer intenta sobrevivir en un lugar hostil y un mundo que no es tan idílico como ella misma quería hacer creer a sus seguidoras.

Yesteryear  no solo entretiene por su originalidad, sino que también pone el foco, de forma crítica, en varios temas de lo más interesantes: el auge de la extrema derecha y de la nostalgia por un pasado que nunca fue idílico, la existencia de mujeres que no quieren ser feministas, el feminismo en sí, el mundo de los creadores de contenido, las influencers de tipo tradwife y su mundo irreal, la sobreexposición de los menores en redes sociales, las presiones de la sociedad actual… Irremediablemente, durante y tras la lectura todos acabaremos planteándonos en qué mundo vivimos y si podemos cambiarlo.

Yesteryear, en definitiva, es un libro sorprendente, inteligente y lleno de matices que impacta desde la primera página. Una novela irreverente, aguda y muy necesaria en los tiempos que corren. Para mí, una lectura totalmente inolvidable que no puedo dejar de recomendaros encarecidamente.

Cristina Monteoliva