Queridos amigos
de La Orilla
de las Letras,
comenzamos
la última semana del mes de mayo de 2026 con la entrevista que nos ha concedido
Santi Osakar, la cual tenéis justo a
continuación:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Fue en 2003, durante una escapada veraniega a Rio de Janeiro.
Nos hizo un tiempo horroroso, lloviendo a radas día y noche. Adiós a la samba,
el carnaval y las playas paradisíacas. Hubo que echar mano de la imaginación
para que todo el viaje no resultase un fracaso. Y ahí caímos en la cuenta de
que no teníamos por qué resignarnos a la observación pasiva de una realidad
impuesta. Que podíamos tomar las riendas y construirnos un escenario de nuestra
propia elección. Y entonces se hizo la luz (aunque el sol siguiera oculto). A
partir de ese momento, trataría de escribir mis propias historias en lugar de solo
limitarme a consumir las de los demás.
© Santi Osakar.
¿Qué lecturas
crees te han influido como escritor?
Supongo que en mayor o menor medida, para bien o para mal, todo
cuanto leemos nos acaba influyendo. Pero en mi caso, diría que el mayor impacto
lo generaron los autores de la generación beat. William Burroughs,
especialmente. Y de ahí, todos aquellos que se arriesgaron a contar algo nuevo
y diferente con una voz propia y honesta: desde Henry Miller al maldito Céline.
Destacaría también por su humor y agudeza a los grandes escritores británicos
del siglo XX, sobre todo Anthony Burgess.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Pues estoy enredado con el bueno de Michael Moorcock y su Cuarteto de Pyat, una aproximación de lo
más cachonda al período de entreguerras de la mano de un granuja tan infame como
inefable. Lo recomiendo, claro, pero solo si lees en inglés (no parece haber
traducción al castellano) y te armas de una infinita paciencia, pues es una
lectura de lo más densa.
¿Cómo definirías
tu estilo?
Si tuviera que usar una palabra, supongo que sería la de libre. Reconozco
que hasta esta última novela, me imponía límites a la hora de escribir, en la
creencia de que estaba obligado a respetar cierto pretendido academicismo. Pero
con Ratas en el Laberinto, tomé la
decisión de desmelenarme y dar rienda suelta a la experimentación, asumiendo más
riesgos a fin de buscar mi propia voz. Solo espero haberla encontrado por fin.
Y que alguien la oiga.
¿En qué género
literario de los diversos que has tocado es el que más te agrada?
Soy un apasionado de la Historia, aunque no necesariamente del
género. Pero siempre me ha parecido de lo más divertido jugar y mezclar
acontecimientos de la Historia con mayúsculas para elaborar una buena historia
con minúsculas. De ahí que las ucronías sean uno de mis géneros favoritos.
¿Cómo ves el
panorama literario actual?
La verdad es que no lo veo. Literalmente. Vivo desconectado de
todo cuanto gira alrededor del mercado editorial. Y tampoco estoy muy al tanto
de las novedades literarias, ni de quién o qué está en boga en este momento.
Creo que debería salir más de casa…
Tienes tres
novelas publicadas. ¿De cuál te sientes más orgulloso?
Ya que mi memoria empieza a mostrar signos de fatiga, diría que
de esta última, que la tengo más fresca. Y sé que está mal que yo lo diga, pero
creo que ha quedado de lo más resultona y es merecedora de perder unas horas con
su lectura.
¿Qué nos puedes
contar de tu última obra publicada, Ratas
en el laberinto?
Ante todo, Ratas en el
laberinto es un ajuste de cuentas conmigo mismo. Una forma de exorcizar
algunos pecadillos de juventud. Y es que al protagonista se le presenta la
ocasión de contactar con su versión adolescente mientras se aproxima a la
mayoría de edad a lo largo de los años 80 en Euskadi, circunstancia que tratará
de aprovechar para reajustar algunos acontecimientos de ese su pasado a fin de
asegurarse un presente más halagüeño del
que está viviendo.
La paradoja temporal resultante no
es sino un recurso con el que plasmar
sobre el papel -con bastante humor, espero, y mucha mala leche- mi particular
versión de lo ocurrido durante aquella década prodigiosa en un escenario que
iba desde Santurce a Bilbao, por toda la orilla, hasta el inevitable final en
una época marcada por la violencia, la desindustrialización, el azote de la
heroína y el punk.
¿Cuánto tiempo
te ha llevado escribir esta novela?
Mucho más del que hubiera deseado, la verdad, teniendo en cuenta
que ya me rondaba la cabeza hace quince años. En total, entre parones por
atender compromisos alimenticios y otras rasgadas de vestiduras, me habrá
llevado como un lustro llegar al final del laberinto.
© Santi Osakar.
¿Qué esperas que
los lectores encuentren en Ratas en el
laberinto?
Además de pasar un rato entretenido y divertido, que de eso se
trata, sí me gustaría que el lector pudiera encontrarse con un punto de vista
muy alejado del prisma que se usa habitualmente en la ficción española a la
hora de aproximarse a la realidad vasca del último medio siglo. Es un relato muy
personal, claro, y por tanto parcial, pero creo que también genuino y honesto.
¿Qué nuevos
proyectos tienes en marcha?
Si la salud y el trabajo lo permiten, me muero por emular la
obra de Moorcock que mencionaba antes, reescribiendo la historia de Europa
desde la Belle Epoque hasta la Guerra Fría a través de un folletín alocado, en
el que pueda suceder cualquier cosa, y protagonizado por algunos de los pesos
pesados que dejaron su huella, y vaya huella, en nuestro continente: desde
Hitler a Stalin.
¿Te gustaría
añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Tan solo agradeceros la oportunidad que me brindáis de dar a conocer
este último invento.
Muchas gracias, Santi, por tu tiempo, tus palabras y
tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.
Y
a vosotros, amigos del blog, gracias
por estar un día más al otro lado de la pantalla, atentos a nuestras
publicaciones. Ahora, ¡a leer!
Cristina
Monteoliva

