viernes, 29 de mayo de 2026

Entrevista: MARLENA AGATA TRELKA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

nos asomamos al fin del semana siempre bien acompañadas. En esta ocasión, nuestra entrevistada es Marlena Agata Trelka. Dejamos sus palabras a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?

Nunca la viví como un pasatiempo, ni en mí ni en ningún escritor. Para mí siempre fue un anhelo, algo que quería hacer desde que tengo memoria. Lo que ocurría es que no encontraba tiempo: “escribía” historias en la cabeza, empezaba algo y lo dejaba… Hasta que un día me dije que ya estaba bien, que no podía seguir aplazándolo. Cuando por fin empecé, me volqué por completo. Fruto de ese impulso son los dos libros que han visto la luz este año: la novela corta Una chica del Este y una selección de versos infantiles de Julian Tuwim, que tenía traducidos desde hacía años. 

© Marlena Agata Trelka.

¿Qué lecturas crees te han influido como escritora?

Me cuesta elegir unas concretas. Todo influye. Puedo mencionar a algunos de mis autores preferidos —García Márquez, Haruki Murakami, Olga Tokarczuk—, pero son muchos más. Cada libro deja una marca, igual que cada experiencia de la vida.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

No me gusta admitirlo, pero estoy con varios libros a la vez. No es lo ideal, prefiero centrarme en una sola historia, pero mi realidad es otra. En papel leo La ciudad que el diablo se llevó, de David Toscana. Voy por la mitad y lo recomiendo mucho. Me resulta curioso leer en castellano sobre una realidad tan cercana a la mía, sobre mi país y su historia: es familiar y extraño a la vez. En el Kobo estoy con Stramer, de Michał Łoziński, un escritor polaco poco conocido. Narra la historia de una familia judía entre guerras en una ciudad del sur de Polonia. No tendría sentido recomendarlo porque no está traducido. Y en audiolibro escucho Misterios del escritorio, de Federico Reyes Heroles. Últimamente escucho más que leo: trabajo desde hace años con texto y ordenador, tengo la vista cansada, ya uso gafas… así que aprovecho los ratos de tareas domésticas, bici o carrera para escuchar. No todo se presta a ello, claro.

¿Cómo compaginas la escritura con tu trabajo de traductora?

Mi sector ha cambiado mucho con la tecnología. Algunos dicen que está muerto; no es cierto, pero sí hay menos trabajo. Hablo de la IA y de la traducción automática. Al tener más tiempo, decidí escribir para mí —lo que siempre había deseado— y no solo para trasladar las palabras de otros. Mi trabajo como traductora siempre me resultó muy satisfactorio, me permitía aprender cosas nuevas y muy distintas. Lo que no imaginaba es que escribir podía ser igual o incluso más apasionante. Es como vivir varias vidas.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

No me considero la persona más adecuada para opinar. No soy experta. Lo que sí veo es que hay muchísima gente escribiendo, seguramente más que hace décadas, gracias a las posibilidades de autopublicación. Publicar es accesible; otra cosa es el valor de lo que se publica. La autoedición permite cumplir un sueño, aunque a veces sea una ilusión engañosa.

¿Por qué has decidido escribir historias en español y no en polaco?

No lo decidí como tal. Mi primera novela la escribí en castellano por razones que explico en el propio libro. La protagonista se llama Agata —mi segundo nombre— y la historia está basada en hechos reales. Es fácil atar cabos. Esta pregunta es central en la novela, así que prefiero no responderla aquí. Quien quiera saberlo tendrá que leerla. El segundo libro, El canto de los versos, está en castellano porque son traducciones de poemas infantiles de Julian Tuwim. La historia del proyecto es bonita: son versos con los que crecimos muchas generaciones de polacos. Los traduje para mis hijos y luego intenté publicarlos. Una editorial estaba interesada, un amigo hizo las ilustraciones… pero la heredera de los derechos no quiso concederlos. Ni a mí ni a nadie. Tuwim es un desconocido en España. Como la obra ya es de dominio público, decidí autopublicar.

¿Qué te resulta más difícil: escribir para niños o para adultos?

Son públicos muy distintos. Quizá sea más difícil escribir para adultos: son más imprevisibles. Los niños, en cambio, son sinceros. Se ve enseguida si algo les gusta o no, y eso es una ventaja enorme.

¿Cómo surgió la idea de escribir Una chica del Este?

La historia estaba en mi cabeza desde hacía tiempo. El libro se basa en la historia de mi familia. Al principio solo intentaba ordenar lo que sabía y lo que no: preguntaba a mi madre, a mis tías, a mis hermanos. Pero enseguida apareció la idea de convertirlo en un libro. Grababa las conversaciones, las transcribía, decidía qué podía entrar tal cual y qué debía transformar o inventar.

¿Qué nos puedes contar de este libro?

Está ambientado en Polonia y en un pasado concreto, pero creo que puede leerse como una alegoría de la historia de cualquier persona, viva donde viva. Todos, en algún momento, nos preguntamos de dónde venimos, quiénes somos y quiénes queremos ser. Una chica del Este intenta responder a esas preguntas, aunque no las formule de manera explícita.

¿Qué tiene Una chica del Este de ti?

Mucho. Agata es polaca, traductora y comparte parte de mi historia, pero también es más introspectiva que yo. Ha sido un espejo y un alter ego. Además, su nombre y su destino dentro del libro tienen un significado muy simbólico para mí. Es algo que solo se descubre al final y que prefiero no explicar todavía. Quizá algún día hable de ello con más detalle, pero por ahora me gusta que cada lector saque sus propias conclusiones.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en Una chica del este?

Que se detengan a reflexionar. Y, si es posible, que sientan curiosidad por ese país del Este de Europa que es el mío: su historia, su gente, su geografía. Que deje de ser “uno de los países del Este” para convertirse en un lugar concreto en el mapa. Y quizá también en su memoria.

© Marlena Agata Trelka.

¿Qué nuevos proyectos tienes en marcha?

La situación es parecida a la de mis lecturas: varias cosas a la vez. Acabo de terminar la traducción al polaco de Una chica del Este. No pensaba hacerlo, pero mis familiares y amigos insistieron. La autopubliqué con prisa para poder regalar el primer ejemplar a mi madre por su 90 cumpleaños. Ella es quien inspira a la madre de Agata. Es un círculo que se cierra: la historia transcurre en Polonia, el libro nació en España y ahora vuelve a las orillas del Vístula. Allí, y creo que en polaco, nacerá también la segunda parte, que ya tengo en la cabeza. Además, trabajo en otra novela más ligera, pero que es un pequeño experimento lingüístico. La tengo avanzada, pero esta vez quiero ir sin prisas. Es una de las lecciones que me dejó Una chica del Este.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Nada más. Me he extendido más de lo que pensaba. Solo quiero agradecerte este espacio y tu cercanía. Muchas gracias, Cristina. Espero que la entrevista resulte interesante para tus lectores y para ti.

Muchas gracias, Marlena, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva