domingo, 19 de julio de 2026

Entrevista: VERÓNICA CRIADO

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

llegamos a este domingo de julio con la entrevista que nos ha concedido la autora Verónica Criado. Podéis leerla a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Nunca me planteé escribir un libro. Empecé a escribir para poner orden al caos que tenía en la cabeza. Estaba viviendo una situación muy difícil y necesitaba sacar todos esos pensamientos y emociones que no dejaban de dar vueltas en mi mente.

Al principio solo era una forma de desahogarme, pero un día me di cuenta de que, casi sin buscarlo, llevaba cerca de veinte capítulos escritos. Fue entonces cuando entendí que aquello ya no era solo una terapia personal. Había descubierto que disfrutaba convirtiendo mis emociones en palabras y mis recuerdos en historias.

Creo que fue en ese momento cuando la escritura dejó de ser un simple desahogo y se convirtió en una parte importante de mí.

© Verónica Criado.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?

Mis gustos literarios son bastante amplios y creo que eso también se refleja en mi forma de escribir. Una de las biografías que más me ha marcado es la de Isadora Duncan, que leí con dieciséis o diecisiete años. Curiosamente, recuerdo perfectamente lo mucho que me impactó, aunque después de tantos años ya no recuerdo quién era su autor.

También disfruto mucho de los clásicos, especialmente Jane Austen. Orgullo y prejuicio me parece una novela extraordinaria. Me apasiona la novela histórica, con títulos como Los pilares de la Tierra, de Ken Follett, o La catedral del mar, de Ildefonso Falcones. Y otro libro que siempre recomiendo es El cuento número trece, de Diane Setterfield, porque consiguió atraparme desde la primera página.

Si tuviera que decir qué tienen en común todas esas lecturas, diría que son historias con personajes muy humanos y con una gran carga emocional. Al final, eso es también lo que intento transmitir cuando escribo.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Ahora mismo estoy leyendo la última novela de la saga Los Bridgerton, de Julia Quinn. Me encanta la serie y mi marido me regaló la colección completa, así que poco a poco la he ido disfrutando.

Si soy sincera, este último libro me está costando bastante. Es verdad que voy con menos tiempo para leer porque estoy muy centrada en escribir, pero creo que no está al nivel de los anteriores y, personalmente, no sería el primero que recomendaría.

Eso sí, si os gustan las novelas románticas de época, la saga en general me parece una apuesta segura. Siempre intento leer un rato antes de dormir y creo que encontrar un buen libro para terminar el día es uno de esos pequeños placeres que nunca deberían perderse.

¿Cómo compaginas tus tareas fuera del mundo de las letras con la escritura?

No siempre es fácil. Trabajo fuera del mundo literario y, como la mayoría de las personas, tengo responsabilidades, una casa, animales, familia y una vida que atender. No dispongo de jornadas enteras para escribir, así que he aprendido a aprovechar los pequeños momentos que encuentro.

No espero a que llegue la inspiración perfecta. Si tengo una hora, escribo una hora; si tengo veinte minutos, aprovecho esos veinte minutos. Al final, un libro no se escribe en un fin de semana, sino siendo constante durante mucho tiempo.

También he aprendido que escribir no siempre significa estar delante del ordenador. Muchas veces una idea nace mientras trabajo, doy un paseo o conduzco. Después solo queda sentarse y darle forma.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Creo que hoy en día publicar un libro es mucho más accesible que hace unos años. Existen muchas plataformas que te permiten autopublicar con una inversión muy baja. Eso sí, nadie te libra del dolor de cabeza que supone aprender todo el proceso… (ríe).

Lo realmente difícil no es publicar, sino conseguir que los lectores te encuentren. Y todavía más complicado es lograr que vuelvan a leerte. Cuando nadie conoce tu nombre, no basta con escribir; también tienes que aprender sobre redes sociales, marketing y analizar estadísticas para entender qué funciona y qué no. Y aun así, que la gente te conozca no significa que vaya a comprar tu libro.

Respecto a las editoriales, prefiero ser honesta: ni siquiera he intentado publicar con una, así que no puedo opinar desde la experiencia.

¿Y si cambiaría algo del mundo editorial? Sinceramente, todavía no me siento con autoridad para responder a esa pregunta. Acabo de empezar este camino y creo que aún me queda muchísimo por descubrir antes de emitir una opinión fundamentada.

¿Por qué escribir literatura autobiográfica?

Como he comentado antes, todo empezó por un motivo muy distinto a la literatura. Una amiga, que estudiaba Psicología, me recomendó escribir como una forma de afrontar el duelo por la muerte de mi padre y de mi perra Isis. En aquel momento no tenía ninguna intención de escribir un libro; simplemente necesitaba poner orden a todo lo que estaba sintiendo.

Con el paso de los días me di cuenta de que lo que estaba escribiendo era, en realidad, una parte de mi vida. Y entonces apareció otro propósito: quería dejar un legado de mi padre, algo que el tiempo no pudiera borrar.

Por eso escribo literatura autobiográfica. No fue un estilo que eligiera de forma consciente; fue el estilo el que me eligió a mí. Mi historia era la única que necesitaba contar en ese momento.

Creo que las historias reales tienen una fuerza especial porque nacen de emociones que ya han sido vividas. Mi intención nunca ha sido escribir para impresionar, sino escribir con la mayor honestidad posible.

¿En qué momento supiste que tenías que escribir El día que dejé de ser niña?

Hubo un momento muy concreto. Hacía aproximadamente un mes y medio que había muerto mi padre y, desde entonces, no había soñado con él ni una sola vez. Un día, dentro de todo el dolor que estaba viviendo, me encontraba relativamente tranquila. La medicación para la ansiedad me dejó muy adormilada y me quedé medio dormida en el sofá.

De repente, cerré los ojos y vi a mi padre en Villa Bonsái. Creo que estaba hablando con mi madre. Sus movimientos, su voz… todo era tan real que me desperté sobresaltada. Fue una experiencia tan intensa que me provocó un ataque de ansiedad.

Cuando conseguí tranquilizarme, me senté a escribir. Y fue en ese momento cuando supe que El día que dejé de ser niña tenía que existir. Ya no importaba si algún día lo leía mucha gente o solo unas pocas personas. Lo importante era que la historia de mi padre no desapareciera con el paso del tiempo.

Quería que quien abriera ese libro conociera a Marcelino. No solo al hombre que pasó sus últimos días en un hospital, sino al padre, al marido, al trabajador, al soñador, al hombre que me enseñó a conducir y que llenó de bonsáis una parcela llamada Villa Bonsái. Quería que, para quienes lo leyeran, mi padre nunca fuera solo una enfermedad.

¿Qué ha supuesto para ti publicar este libro?

Publicar este libro ha supuesto exponerme al mundo. Ha sido abrirme en canal y mostrar cómo de vulnerable me sentí en uno de los momentos más difíciles de mi vida. No ha sido fácil, porque escribir sobre uno mismo también significa aceptar que los demás conozcan partes de ti que normalmente permanecen en la intimidad.

Todo ello ha venido acompañado de mezcla muy extraña de sentimientos. Por un lado, orgullo por haber sido capaz de terminar un proyecto que jamás imaginé que escribiría. Por otro, miedo, porque siempre existe el vértigo de compartir algo tan personal.

Pero, por encima de todo, este libro ha sido mi forma de rendir homenaje al hombre que fue Marcelino. Si dentro de muchos años alguien abre sus páginas y puede conocer una pequeña parte de quién era mi padre, sentiré que, a pesar de todo, conseguí que una parte de él permaneciera para siempre.

¿Qué nos puedes contar de El día que dejé de ser niña?

El día que dejé de ser niña es un libro que nace del duelo, pero no habla solo de la muerte. Habla de la vida de un hombre corriente llamado Marcelino, de la relación entre un padre y una hija y de cómo una pérdida puede cambiarte para siempre.

A través de sus páginas comparto el proceso que viví durante la enfermedad de mi padre, la ansiedad, el miedo y la sensación de que mi mundo se desmoronaba. Pero también hay recuerdos, momentos felices, anécdotas y pequeñas historias que construyen a la persona que él fue.

No pretendía escribir un libro sobre la enfermedad, sino sobre el hombre que existía mucho antes de ella. Me gustaría que quien lo lea pueda emocionarse, recordar a las personas que quiere y, al cerrar la última página, sienta que también ha conocido un poco a Marcelino.

¿Hay algo que te ha faltado contar en esta obra?

Sí. Creo que siempre quedan cosas por contar. Cuando escribes sobre tu propia vida es imposible recoger cada recuerdo, cada conversación o cada emoción tal y como la viviste. Hubo momentos que decidí no incluir porque no aportaban a la historia y otros que, simplemente, no estaba preparada para escribir.

Además, el duelo cambia con el tiempo. Hay recuerdos que cobran sentido meses después y emociones que solo entiendes cuando has avanzado un poco en el camino. Si volviera a escribir el libro dentro de diez años, probablemente sería diferente.

Pero no porque este esté incompleto, sino porque yo ya no sería la misma persona. Este libro refleja con honestidad quién era en aquel momento y cómo viví aquella etapa de mi vida. Y creo que eso también forma parte de su verdad.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de El día que dejé de ser niña?

No creo que los libros estén para dar lecciones, y mucho menos este. Nunca he pretendido escribir un libro de autoayuda, porque no me siento quién para decirle a nadie cómo debe vivir un duelo o afrontar una pérdida. Cada persona tiene su propia historia y su propia manera de seguir adelante.

Si tuviera que desear algo, me gustaría que quien lo lea recuerde la importancia de aprovechar el tiempo con las personas que quiere. A veces creemos que siempre habrá otra conversación, otra comida en familia o una llamada más, hasta que un día descubrimos que no es así.

También espero que quien esté pasando por un momento difícil pueda sentirse acompañado. No porque yo tenga respuestas, sino porque quizá encuentre en mis palabras a alguien que también sintió miedo, tristeza, rabia o incertidumbre. A veces, saber que no eres el único ya es un pequeño consuelo.

Y, sobre todo, me gustaría que, al cerrar el libro, los lectores no recordaran solo mi historia, sino también a las personas que han marcado la suya. Porque este libro habla de mi padre, pero el amor, la pérdida y los recuerdos son algo que todos compartimos.


 © Verónica Criado.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

La verdad es que nunca imaginé descubrir una pasión por la escritura, pero ahora mismo tengo varios proyectos en marcha.

Estoy trabajando en mi segunda novela, Éramos felices… a ratos, una historia autobiográfica muy diferente a la primera. En ella hablo de las relaciones tóxicas, pero desde un enfoque en el que también hay espacio para el humor, la ironía y la capacidad de reírse de una misma, incluso al recordar momentos difíciles.

Además, ya estoy investigando y escribiendo un tercer libro, El hombre de General Mola, 12, un proyecto que nace de la investigación sobre la historia de mi familia paterna. Es una novela en la que conviven hechos reales con elementos de ficción, porque hay preguntas que los documentos pueden responder y otras que solo la imaginación puede intentar reconstruir. Mi intención no es cambiar la realidad, sino dar vida a una historia que, en muchos aspectos, quedó incompleta.

Ahora mismo mi prioridad es que El día que dejé de ser niña encuentre a sus lectores, pero tengo claro que la escritura ha llegado a mi vida para quedarse y estoy deseando seguir contando historias.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Simplemente me gustaría dar las gracias a todas las personas que han dedicado un momento de su tiempo a leer esta entrevista y, por supuesto, a quienes decidan darle una oportunidad a El día que dejé de ser niña.

También quiero agradecer a mi familia, a mis amigos y a todas las personas que me han acompañado durante este camino. Escribir este libro ha sido un viaje muy personal, pero nunca habría podido recorrerlo sola.

Y, si alguien que esté leyendo estas líneas está pasando por un momento difícil, solo espero que nunca pierda la esperanza. A veces la vida nos rompe por completo, pero incluso en esos momentos somos capaces de descubrir partes de nosotros que no sabíamos que existían. Yo descubrí la escritura cuando más la necesitaba. Nunca imaginé que acabaría escribiendo un libro, y mucho menos que algún día estaría compartiendo mi historia con los lectores.

Muchas gracias, Verónica, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Lamentamos muchísimo tus pérdidas. Asimismo, esperamos que tu faceta como escritora te resulte siempre enriquecedora.

Y vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva