martes, 7 de julio de 2026

Reseña: LA ENRAMADA, de Carlos J. Pérez

 


Según la RAE, entre otras cosas, una enramada es un «conjunto de ramas de árboles espesas y entrelazadas naturalmente». Si lo piensas bien, la vida de casi todos nosotros serían una sucesión de hechos diversos, sentimientos y temores que se van entrecruzando hasta llevarnos a lo que somos actualmente, de ahí que me parece de lo más acertado que Carlos J. Pérez haya titulado La enramada su libro de memorias, el mismo que comentaremos en esta reseña.  

La enramada narra la vida de Carlos J. Pérez desde que era un niño pequeño, a finales de los años 70 del siglo XX, hasta que acabó el instituto, allá por los 90 del pasado siglo.

Carlos J. Pérez nos cuenta que durante unos cuantos años fue hijo único en un seno de una familia humilde. El trabajo de guardia civil de su padre hizo que se mudara varias veces, pasando por Torremuelle y Torrequebrada, aunque sería en Torre del Mar, en casa de su tía María y su abuela de igual nombre, donde pasaría la mayor parte de su infancia.
Como muchos niños de la época, la familia de Carlos no tenía grandes posibles: los abuelos trabajaron siempre en el campo, viviendo en cortijos, y los padres también lo harían parcialmente. No habría grandes lujos, pero sí algún que otro viaje y unión familiar.

Carlos nos cuenta anécdotas divertidas y entrañables de su vida; otras, tal vez no tanto. Serán especialmente estas últimas las que le marcarían durante años, haciendo que se pase todo ese tiempo capeando sus miedos, buscando su voz y decidiendo si creer o no en la religión.

De todas las cosas que le marcarían, una de las más importantes sería su decisión de formar parte de los Testigos de Jehová cuando se fue a vivir con su tía (persona a destacar donde las haya; una mujer que se atrevió a desafiar los convencionalismos de su época) y con su abuela. Más tarde, lo haría el dejar la congregación y encontrar su propio pensamiento con respecto a las religiones.

Abro un paréntesis para decir que tengo unos pocos años menos que el autor, pero también viví en los ochenta y noventa, por lo que muchos de las cotidianidades narradas en esta obra me han producido una enorme nostalgia. Creo que sucederá lo mismo con otros lectores de nuestra misma quinta, como suele decir.

El volumen se completa con dos adendas, una en la que el autor habla de su fe, primero, y su falta de la misma después (sería recomendable que las personas especialmente religiosas y sensibles se saltaran este capítulo) y otra con ciertas directrices para los que se animen a escribir unas memorias (a manera de curso de escritura de biografías).

La enramada, en definitiva, nos narra los años de niñez y juventud de un hombre que intenta entender cómo ha llegado al punto presente y hacérselo ver a los demás. Un libro sobre la influencia de la familia y el entorno, la vida a finales del siglo XX y la necesidad de encontrar cada uno de nosotros nuestra propia voz y lugar en el mundo. Una biografía con la que aprender que no estamos solos en la enramada de la vida.

Cristina Monteoliva