La forma de relacionarnos ha cambiado
mucho en los últimos tiempos. Parece que estamos más conectados que nunca, pero
en realidad hemos perdido bastante por el camino: el salir a la fresca con los
vecinos para charlar durante horas las noches de verano; las continuas comidas
familiares que acababan rememorando buenos tiempos; el escuchar las andanzas de
los mayores… Conocer la historia familiar requiere cada vez más de un arduo
trabajo de investigación, como vemos en Una
chica del Este, la emotiva obra de Marlena Agata Trelka de la que
hablaremos a continuación.
Cuando tenía trece
años, el padre de la narradora de esta historia le pidió a su hija que le
tradujera una carta en ruso dirigida a unos conocidos de Ucrania. Por aquel
entonces, ella no lo sabía, pero su padre había vivido en la Ucrania polaca cuando
era un niño. Si bien el posterior viaje a tierras ucranianas no despertó
especialmente la curiosidad de la joven, muchos años después, una vez afincada
en España, tendría por fin la necesidad de conocer tanto la historia de la
familia materna como la paterna para entender sus raíces y a sí misma.
Muchas personas conocen
desde siempre las historias familiares; otras, por diferentes razones, no se
enfrentan a ellas hasta la edad adulta. Esto es lo que le sucede a la narradora
de Una chica del Este, una mujer
inteligente y sensible que se ha criado en una familia donde no se solía hablar
ni del pasado ni de los sentimientos. Decidida a desentrañar todos los secretos
tanto por parte del clan paterno como del materno, se embarca en una empresa de
investigación que la llevará no ya solo a conocer las virtudes y los defectos
de sus numerosos hermanos y tíos, sino también las contradicciones de todos
ellos, las penurias por las que tuvieron que pasar, la dureza de sus vidas a lo
largo de un azaroso siglo XX.
Esta es la historia de
varias familias polacas; pero también la de una nación a lo largo de los años. Gracias
a este libro, descubriremos episodios de la II Guerra Mundial de los que nunca
nos han hablado, la dureza del sistema comunista en Polonia y cómo se las tenía
que ingeniar la población para salir adelante.
Una
chica del Este es una obra sin duda particular, por
distintos motivos. En primer lugar porque comienza como una novela para,
enseguida, convertirse en un libro de memorias familiares. En segundo, porque el
lector no sabrá hasta el final de la lectura quién es en realidad la narradora.
Y en tercero, por la crudeza y la sinceridad de sus páginas.
Una
chica del Este, en definitiva, es un volumen corto
pero intenso en el que descubriremos ya no solo el espíritu de sus personajes,
sino también el de toda una nación valerosa y estoica. Un libro que te invita
ya no solo a explorar el pasado, sino a hacerte preguntas. Una historia de
historias que está esperando a que la descubras.
Cristina Monteoliva
