Las apariencias a veces nos engañan. Y,
sin embargo, ahí estamos, fiándonos de ellas, juzgando a los demás por lo que
nos parecen que son o dejan de ser. De esto y mucho más va Lo malo de ser bueno, la perspicaz novela gráfica Noëlle Kröger de
la que hoy hablaremos.
Teresa, la que regenta
el estanco del pueblo, ha desaparecido. Los lugareños, alarmados, llevan a
juicio a su primo, Sebastian. Este dice que se ha ido de viaje, pero los
vecinos se niegan a creerle. La verdad acabará saliendo a la luz. Una verdad
que, desde luego, nadie esperaba.
Hay personas que no se
sienten bien consigo mismas, que no están a gusto en el cuerpo que habitan. Una
vez que descubren su verdadera identidad, han de atreverse a desafiar a la
familia, a la sociedad, a todo lo que se imponga en su camino. Hay veces en las
que se prefiere la discreción, pero, ¿qué pasa cuando llegan los entremetidos?
Lo
malo de ser bueno es una novela gráfica sobre la búsqueda
de la propia identidad a pesar de todos los obstáculos, contada de una forma
amena y original.
La elección de los
personajes no es al azar: Teresa y Sebastian son astutos pero amables zorros;
los jueces son ingeniosos mapaches; los vecinos, perritos de las praderas, no
son capaces de pensar por sí mismos; y la aviadora es una perra buena y fiel.
El colorido acompaña a
la historia, con esos ocres, marrones, naranjas y rojos que nos sumergen en
ella.
Me gustaría seguir
hablando de Lo malo de ser bueno,
pero me temo que acabaría desvelando todos los misterios. Mejor será que os
animéis a leer esta historia, que descubráis la verdad sobre la desaparición de
Teresa y hasta qué punto puede estar Sebastian implicado, o no. Estoy segura de
que sabréis cómo llevar a nuestro mundo esta fábula. Tal vez para hacerlo un
lugar mejor.
Cristina Monteoliva
