Queridos
amigos de La
Orilla de las Letras,
hoy
entrevistamos en el blog a un autor cuya vida está muy ligada al teatro y la
literatura: Juan Ignacio Manterola.
Sin más preámbulos, aquí van sus palabras:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo? Cuando
supe que la palabra puede convertirse en una herramienta fascinante para
inventar nuevos ambientes, nuevas historias, nuevos personajes. La escritura es
el lugar más placentero donde uno se puede aislar de ese mundo fascinante y
hostil que nos rodea. Con esa escritura se puede transformar todo ese mundo,
para construirlo después a la medida de lo que se anhela o se necesita.
¿Qué
lecturas crees que te han influenciado como escritor?
Muchas. Principalmente toda esa
literatura que descubrí gracias a Landero, al que tuve como profesor. Me
refiero a esa literatura que proporciona cierto resplandor o destello en el
lector mientras lee, una inesperada chispa que te obliga a elevar las cejas o a
esbozar una ligera sonrisa, o a encoger el gesto. El escritor debe buscar
siempre ese resplandor, aunque a menudo no llegue a alcanzarlo.
Me han influido, de un modo determinante, autores como Baricco, McEwan, Yoko Ogawa, Peter Handke, Coetzee, Thomas Bernhard, Alejandro Gándara, Ishiguro, Ray Loriga, Sara mesa, Marta Sanz, Montero Glez, Nothomb, Aramburu, Unai Elorriaga… Y Landero, por encima de todos ellos, un escritor mágico que condensa lo mejor de la literatura más excelente. Todas estas lecturas me fueron sacando del manso lago en el que ya me veía instalado y del que no sabía cómo alejarme (la generación beat, Bukowski, Joe Fante me entusiasmaban e intentaba escribir como ellos).
©
Juan Ignacio Manterola.
¿Qué
estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Ahora estoy leyendo La última función, de Luis Landero; Kaddish por el hijo no nacido, de Kertész;
Los vencejos, de Aramburu; Nos encontraremos en el fin del mundo,
de Teresa Pérez Landa; estoy releyendo Madame
Bovary, de Flaubert, una obra magistral. Como libro de cabecera, del que
leo a menudo una o dos de sus páginas, tengo a Platero y yo. Lorca, cualquier página de Lorca, de su poesía, de su
teatro, está junto a Platero. Y Valle-Inclán.
Procuro
leer siempre varias obras al mismo tiempo con el fin de evitar ese contagio
involuntario del estilo de otros autores. Leyendo a varios a la vez, uno se
siente más libre de la tentación de «imitar». Y, claro que recomiendo estas
lecturas. Todas ellas.
¿Cómo
compaginas tu trabajo fuera del mundo de las letras con la escritura?
Para mí la escritura forma parte
de lo más esencial para vivir, como el hecho de respirar o de alimentarse. Este
mundo de las letras es un modo de observar el entorno en que uno vive. Te
proporciona la sensación de estar vivo, de tener la cabeza alerta. Todo esto invita
a la reflexión. Y desde esta reflexión, uno se introduce en el compromiso de
buscar nuevos caminos, nuevas inquietudes, para no caer en lo absurdo de lo
cotidiano. Si mantienes la cabeza atenta, te mantendrás vivo, y de ese modo estarás
escribiendo de continuo, aunque solo lo hagas con la fuerza de la imaginación,
sin manchar ni un solo renglón en un papel.
Si
tuvieras que elegir entre teatro y novela, ¿con qué género te quedarías?
Con los dos. Estudié dramaturgia
en la RESAD y durante un tiempo me dediqué a escribir teatro. Formé parte de
una compañía (TFT) que representaba lo que yo proponía, además de otros
proyectos, claro. Pero desde que he iniciado esta aventura de la narrativa, la
tranquilidad y la satisfacción han sido plenas para mí. Con ello me he asentado
en la comodidad de la reflexión y de la soledad, que es lo que más me satisface
por ahora. Además, el hecho de escribir novela se puede realizar completamente
a solas, sin tener que dar cuentas a nadie de lo que uno hace o deja de hacer.
Justamente lo que voy buscando desde hace tiempo. En la experiencia teatral
siempre se ha de contar con la opinión de mucha más gente. Ya decía Mayorga,
más o menos, que el teatro es la representación asamblearia por naturaleza.
¿Escribirías
una novela de moda a cambio de hacerte famoso?
Pretendidamente, nunca. Y soy tan
tajante en mi respuesta porque este asunto lo he meditado muchas veces. Para mí
la literatura es un impulso vital, una necesidad, un compromiso. Yo tuve un
profesor de teatro, Miguel Medina, que en el momento en que a alguno de sus
alumnos nos surgía este problema, digamos que moral, de ceder en la inquietud
literaria para buscar sobre todo el agrado de la mayoría, él argumentaba que en
esta vida hay que elegir entre «tener honra sin barcos o barcos sin honra». Una
de estas estas dos posibilidades anula siempre a la otra. Y creo que tenía muchísima
razón. No sé si esta idea estaba sacaba de Lope de Vega, o de Calderón. Imagino
que sí.
¿Cómo
ves el panorama literario actual?
Dicen en los telediarios que hoy
en día, aquí en España, se lee más que nunca. Quiero pensar que esto es cierto.
Si hay un mayor número de lectores, supongo que habrá más posibilidades de ser
leídos para todos los que pretendemos escribir. De todos modos, todo el ámbito
en que se desarrolla el arte, y sobre todo la literatura, siempre ha estado como
en un segundo plano, menospreciado, ninguneado. A nuestra sociedad le interesa
el fútbol y poco más. Y nunca va a cambiar nada de esto, supongo. De la literatura,
en España, viven poquísimas personas. El resto debemos conformarnos con seguir
manteniendo la esperanza en… continuar con la cabeza plagada de pájaros.
¿Por
qué te has decantado por la autopublicación en Amazon a la hora de dar a
conocer al público tu última obra, Fantasía en azul?
Por dos razones bien claras: una,
la experiencia que he tenido con mis dos primeras novelas en una editorial, se
supone que seria, no ha sido precisamente muy satisfactoria; y, dos, he querido
emprender un proyecto nuevo con mi gran amiga Teresa Pérez Landa, que poco a
poco va introduciendo la cabeza en el difícil mundo de la edición literaria. Su
trabajo le cuesta, hay que reconocerlo. Ella ha maquetado esta novela, ha
diseñado la portada, me ha aconsejado desde un primer momento con un análisis
de lectura impresionante y muy acertado. Espero y deseo que este proyecto salga
tan bien que ambos repitamos la aventura y, sobre todo, que a Teresa se le
abran definitivamente las ansias por emprender este difícil camino de la edición,
contando siempre con Amazon como respaldo. Si esto se consigue, me habré dado
por satisfecho. Solo añadir que si Amazon llega a funcionar de un modo más que aceptable
algún día, me refiero a que se constituya en una plataforma de literatura que
sea un inconfundible referente, este será el mejor camino para editar obras. Y
el resto de empresas tendrán los días contados. Solo acaba de empezar esta
aventura, una aventura justa y democrática, donde es precisamente el público lector
quien dicta sentencia y no la opinión, a veces torticera y partidista, de un
agente editorial o similares. Para mí, este de Amazon ha sido el único caso en
que he tenido la suficiente y veraz información ya desde el primer momento.
¿Qué
vamos a encontrar en este libro?
Sobre todo, sinceridad. Y espero que algo de chispa, de cosquilleo en nuestra lujuria. Como se dice en algún lugar para publicitar la novela, esta es una obra comprometida con la condición de la mujer. Y esto es completamente cierto. Sin pretenderlo, sin buscarlo deliberadamente, hasta ahora todos los personajes protagonistas que he escrito, o la gran mayoría de ellos, han sido mujeres. Y en los proyectos que tengo entre manos, también lo son. Debo reconocer que esta no ha sido una decisión voluntaria. Supongo que un personaje femenino me resulta mucho más complejo, más rico en matices, me ofrece más posibilidades artísticas que uno masculino. No sé con seguridad si es cierto algo de esto, pero intuyo que sí. Por otro lado, la mujer es quizá el mejor ejemplo de lucha por ciertos asuntos que resultan de condición básica para todos, como la búsqueda de la igualdad, la necesidad de alcanzar la sombra de una justicia moral, la rebeldía contra el exceso de poder. Con esta novela he pretendido un trabajo de exploración psicológica, además de un trabajo puramente literario, por supuesto. Una mujer quiere salir adelante en un mundo radicalmente machista. Estamos hablando de la España de los años ochenta, una España recién salida de la dictadura. La exploración del erotismo y la explosión de la libertad, eran asuntos importantes en aquella época. Nuestro personaje femenino debe salir adelante hincando con fuerza las uñas, o caerá sin remisión. Y tendrá que elaborar una estrategia eficaz para defenderse del acoso sexual al que se ve sometida.
©
Juan Ignacio Manterola.
¿Qué
tiene de ti Fantasía en azul?
Todo. Como todo lo que pueda
escribir cualquiera, supongo. Uno, cuando lleva a cabo una obra artística, pone
en cuestión su modo de ver el mundo, su moral, su relación con los demás, se
plantea qué funciona bien y qué debería corregirse. Uno siempre se desnuda ante
los demás cuando escribe, o cuando pinta o interpreta. Lo malo de esto es que
esa desnudez se practica desde el alma, precisamente eso tan íntimo y débil que
nos define e identifica a cada uno de nosotros. Y esto duele. Mucho. Y a veces,
avergüenza. Y a veces, también subleva. Pero esta práctica de la escritura siempre
nos enseña a avanzar, a dar el siguiente paso y a no darse por vencido. La
mentira en literatura solo forma parte de ese afán hipócrita por buscar cierta
fama en algunos que… Ejemplos de esto hay muchos.
¿Qué
esperas que los lectores aprendan de Fantasía en azul?
Si esta novela les provoca una
reflexión acerca del asunto que en ella se trata, se habrá conseguido el
objetivo. Aquí se plantea, entre otras cosas, ese conflicto eterno que hay
entre la intimidad y la exposición pública, o entre la vulnerabilidad y el
control, o entre el poder y el abuso. Si a partir de la lectura, los lectores sacan
sus propias conclusiones, el trabajo estará hecho.
Y luego
está la cuestión de buscar que ciertos poros de nuestro cuerpo vibren. Que se
estimule la libertad de nuestra pasión. Para ello la historia de esta novela está entretejida
de desbordante erotismo y sensualidad. El juego que juegan el deseo y la
censura se pone aquí de manifiesto.
¿Qué
nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Muchos. En estos momentos tengo ya
terminada otra novela, a la que debo dar el antepenúltimo repaso. Pero tengo
iniciadas otras dos más. Y proyectos nunca me faltan. La vida es tan bondadosa
mostrándonos todo tipo de argumentos y motivos, que resulta inagotable este
asunto de escribir.
¿Te
gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Sí. Agradeceros de verdad la invitación
a que conteste vuestras interesantes preguntas y la consideración que habéis
tenido conmigo. Un fuerte saludo.
Y decir que, siempre merece la
pena luchar por alcanzar alguno de nuestros sueños, ya sean estos meramente
artísticos o de justa reivindicación social.
Muchas
gracias, Juan Ignacio, por tu
tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria
larga y próspera.
Y
a vosotros, amigos lectores, gracias
por estar un día más al otro lado de la pantalla. Ahora, ¡a leer!
Cristina Monteoliva