¿Os acordáis de cuando hablábamos a
todas horas de Greta Thunberg, aquella joven activista capaz de sacarnos a
todos los colores por nuestra pasividad ante lo que le está ocurriendo al
mundo? Para algunos, su paso a la acción parecía un tanto radical, cuando lo
que hizo fue lo que muchos no se atrevieron. Pero, ¿y si de pronto surgiera una
activista que de verdad se planteara cruzar todas las líneas rojas? Alguien
como Kayla, la protagonista de la incendiaria novela Muerte a los billonarios, de Anders Lustgarten, de la que
hablaremos en esta reseña.
Kayla Connolly es una
joven australiana de catorce años con una inteligencia extraordinaria. Lo que
le falta, sin duda, es paciencia. La poca que tenía se agota cuando ve arder el
bosque en el que siempre fue feliz. Dispuesta a ir al origen de todos los
problemas en el mundo, especialmente los sociales y medioambientales, la chica
se alía con Stephen Poliata, un polinesio igualmente harto de todo. Juntos se
embarcarán en una importante misión: acabar, literalmente con los billonarios
del planeta, empezando por los australianos. ¿Hasta dónde les llevará su
descabellado plan?
Tengo una teoría sobre
este libro: Anders Lustgarten, su autor, quería escribir un ensayo sobre la
verdad de los problemas en el mundo, según su punto de vista (o no). Pero los
ensayos no los lee tanta gente. ¿Por qué no entonces meterlo todo en una
novela? Las novelas son populares. Y, además, en ellas se puede jugar con la
realidad y la ficción, de manera que es posible llegar a traspasar ciertos
límites. De hecho, si lo haces, llamas más aún la atención y tu novela puede
llegar a más lectores. Y entonces tus ideas, tus teorías, todo lo que tú sabes
o crees saber, tiene más calado.
Y así, siempre según mi
teoría, es como llegamos a Muerte a los
billonarios, una historia contada a través de varios narradores, tanto en
tercera como en primera persona, que nos habla del mundo en el que vivimos, de
una niña muy cabreada y de un plan muy radical para hacer que las cosas
mejoren.
Nuestra protagonista y
narradora principal de Kayla Connelly, una chica demasiado inteligente para su
comunidad australiana, por lo que ha tenido que formarse por su cuenta durante
años. Si bien nuestra joven sabe de los problemas del mundo desde hace tiempo,
especialmente los medioambientales, no es hasta que un incendio acaba con su
bosque favorito cuando decide tomar cartas en el asunto. Mientras nos cuenta
todos sus pasos, nos habla también de todos esos temas peliagudos de los que es
conocedora, de tal forma que en algunos momentos pareciera que estamos ante un
ensayo.
También nos encontramos
discursos a manera de ensayo en las partes del libro en las que no aparece
Kayla. Y así es como volvemos a mi teoría.
Cumbres del clima a la
que los mandatarios llegan en aviones privados que contaminan a porrillo,
personas con buenos empleos que no pueden conseguir alquilar una casa decente,
millonarios que quieren que creas que el problema ambiental lo causas tú por no
reciclar una botella de plástico… Nuestro mundo, desde luego, está patas arriba
y el mensaje de Kayla, o sea, de Anders, es claro: la inacción te convierte en
culpable.
Pero esto es, al final,
una novela. El mensaje está ahí, pero hay que adornarlo con acción, mucha
acción, momentos totalmente irreverentes y escenas difíciles de olvidar. Y, en
eso, también Muerte a los billonarios
cumple. Así que si además de cierta consciencia social y medioambiental quieres
pasar un rato de lo más entretenido, este es, sin duda, tu libro. ¿Te atreves a
comprobarlo?
Cristina Monteoliva
