lunes, 26 de octubre de 2026

Entrevista: RODRIGO QUESADA

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

comenzamos la semana con la entrevista que nos ha concedido Rodrigo Quesada. Como siempre, la encontraréis tras estas palabras:


¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Creo que nunca hubo un momento concreto en el que decidiera que quería ser escritor. Mi relación con la escritura nació de una necesidad de comunicar, de contar historias y, sobre todo, de expresar opiniones. Desde muy joven he estado vinculado al periodismo y a los medios de comunicación, y escribir siempre ha sido una forma de ordenar mis pensamientos.

Con el paso de los años descubrí que la escritura me permitía algo que otros formatos no siempre ofrecen: detenerme, reflexionar y profundizar en aquello que quiero contar. Publicar mi primer libro, Freestyle como forma de vida, fue un punto de inflexión porque me permitió comprobar que mis palabras podían trascender la inmediatez de las redes sociales y conectar con los lectores de una manera diferente. 

© Rodrigo Quesada.


¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Sin ninguna duda, Arturo Pérez-Reverte es una de mis grandes influencias. Me gusta su manera de entender la literatura, su contundencia a la hora de expresar determinadas ideas y, especialmente, esa capacidad para combinar una mirada periodística con una narrativa que tiene personalidad propia. No significa que comparta todas sus opiniones, pero sí admiro profundamente su forma de escribir.

También soy un gran aficionado a la literatura fantástica. George R. R. Martin y J. R. R. Tolkien son dos autores que han influido mucho en mi manera de entender la construcción de historias. Me fascina cómo son capaces de desarrollar universos tan complejos y, al mismo tiempo, profundamente humanos.

Creo que es una combinación curiosa: por un lado, la crudeza del periodismo y la realidad; por otro, la imaginación y la fantasía. Pero ambas tienen algo en común: la capacidad de contar grandes historias.


¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Actualmente estoy releyendo La comunidad del anillo, de J. R. R. Tolkien. Es una obra a la que siempre merece la pena regresar porque cada lectura permite descubrir nuevos matices. Tolkien tiene algo extraordinario, y es que consiguió construir un universo que parece tener vida propia, con su historia, sus lenguas, sus conflictos y su mitología.

No obstante, si tuviera que recomendar una de mis lecturas recientes, elegiría la biografía del rey emérito Juan Carlos I, que terminé hace relativamente poco. Me parece una lectura especialmente interesante para comprender una parte fundamental de la historia contemporánea de España, las relaciones de poder y las contradicciones de una figura que ha marcado varias décadas de nuestra historia.

Además, creo que es importante leer sobre personajes controvertidos. No necesariamente para simpatizar con ellos, sino para comprender mejor el contexto histórico, sus decisiones y sus consecuencias.


¿Cómo compaginas tu trabajo como periodista y creador de contenido con la escritura?

Con bastante dificultad, para qué nos vamos a engañar. Mi actividad profesional está muy vinculada a la actualidad y eso implica vivir permanentemente pendiente de lo que sucede. Las redes sociales, los directos, las grabaciones y los diferentes proyectos que desarrollo consumen una enorme cantidad de tiempo.

Sin embargo, creo que ambas facetas se complementan. Mi trabajo como comunicador me obliga a estar informado, escuchar opiniones diferentes y analizar constantemente lo que ocurre a mi alrededor. Todo eso termina alimentando mi escritura.

La principal diferencia es el ritmo. Internet exige inmediatez, mientras que la literatura requiere reflexión. Escribir un libro supone escapar durante un tiempo de esa necesidad de opinar sobre absolutamente todo en cuestión de segundos.

Y, personalmente, agradezco mucho poder hacerlo.


¿Cómo ves el panorama literario actual?

Creo que vivimos un momento lleno de contradicciones. Por un lado, nunca había sido tan sencillo acceder a la literatura, descubrir autores o publicar una obra. Internet ha democratizado muchas cosas y ha permitido que voces que antes difícilmente habrían encontrado una editorial puedan llegar a miles de personas.

Pero también creo que estamos perdiendo capacidad de atención. Vivimos en una sociedad acostumbrada a consumir contenidos de quince segundos y eso inevitablemente afecta a nuestra relación con los libros.

Me preocupa que en ocasiones se valore más la capacidad de un autor para promocionarse que la calidad de lo que escribe. Aunque tampoco creo que debamos caer en ese elitismo de pensar que la literatura era necesariamente mejor hace treinta o cuarenta años.

Hay muchísimo talento actualmente. El desafío está en conseguir que la literatura siga teniendo espacio en una sociedad que cada vez parece tener menos tiempo para detenerse a pensar.


¿Qué piensas del avance de la IA también en la literatura?

Creo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinariamente útil si sabemos utilizarla correctamente. Puede acelerar determinados procesos, facilitar tareas de documentación, ayudar a organizar información o servir de apoyo durante algunas fases del trabajo creativo.

Pero para mí existe una frontera muy clara: la inteligencia artificial debe ser una herramienta al servicio del autor, nunca su reemplazo.

La literatura no consiste únicamente en colocar palabras correctamente unas detrás de otras. Es experiencia, sensibilidad, contradicción, pensamiento y una forma personal de interpretar el mundo.

Un escritor aporta sus vivencias, sus prejuicios, sus errores, sus emociones y su manera particular de observar la realidad. Precisamente esa subjetividad es lo que convierte una obra en algo genuino.

No estoy en contra del progreso tecnológico. Todo lo contrario. Pero creo que debemos aprender a aprovechar sus ventajas sin renunciar a aquello que hace que una obra tenga identidad propia.

La tecnología puede ayudarte a escribir, pero no debería pensar ni sentir por ti.


¿Cómo surgió la idea de publicar 30 años no son nada?

La idea nace de una reflexión bastante sencilla: ¿cuánto cambiamos realmente con el paso de los años?

Durante mi juventud escribí numerosos artículos y reflexiones sobre política, sociedad, educación o medios de comunicación. Cuando volví a encontrarme con algunos de aquellos textos, descubrí algo que me resultó especialmente interesante: en determinadas cuestiones seguía pensando exactamente igual, mientras que en otras prácticamente no reconocía a la persona que había escrito aquello.

Y entonces surgió la idea de enfrentar a esas dos versiones de mí mismo.

Me parecía interesante recuperar aquellas reflexiones y responderlas desde mi perspectiva actual, sin intentar corregir artificialmente el pasado ni esconder aquellas opiniones que hoy podrían resultarme incómodas.

En cierta manera, el libro nace de una conversación conmigo mismo. Una conversación que separan los años, las experiencias y, en algunos casos, una manera completamente diferente de entender la vida.


¿Qué ha supuesto para ti publicar esta obra?

Ha supuesto un ejercicio de introspección importante. Cuando publicas un libro en el que expones tus propias opiniones, especialmente aquellas que has mantenido durante diferentes etapas de tu vida, inevitablemente te enfrentas a tus contradicciones.

Y creo que eso es saludable.

También representa un paso más en mi trayectoria como autor. Mi primer libro, Freestyle como forma de vida, estaba profundamente conectado con un universo profesional y cultural que conozco desde hace muchos años. En cambio, 30 años no son nada me permite mostrar una faceta diferente, más personal y vinculada a mi manera de interpretar la sociedad.

No me interesa escribir únicamente sobre aquello por lo que la gente me conoce. Me interesa escribir sobre aquello que considero que merece ser contado.


¿Qué nos puedes contar de 30 años no son nada?

Es un ensayo que propone un diálogo entre dos momentos de mi vida. A través de artículos y reflexiones escritos años atrás, recupero cuestiones relacionadas con la política, la educación, los medios de comunicación y diferentes aspectos de nuestra sociedad para analizarlas nuevamente desde mi perspectiva actual.

Lo interesante es que no siempre estoy de acuerdo conmigo mismo.

Hay reflexiones que sigo defendiendo con la misma convicción y otras que hoy abordaría de una forma completamente diferente. Porque, afortunadamente, las personas evolucionamos.

El libro habla del paso del tiempo, pero también de algo que considero fundamental: nuestra capacidad para cuestionar aquello que creemos saber.

No pretendo sentar cátedra ni convencer al lector de que mi manera de ver el mundo es la correcta. Más bien lo contrario. Me interesa demostrar que podemos defender una idea con absoluta convicción y, años después, descubrir que estábamos equivocados.


¿Qué diferencia a este ensayo de otros del mismo género también a la venta?

Creo que su principal particularidad es precisamente esa confrontación entre el pasado y el presente.

No es un ensayo en el que simplemente expongo una serie de opiniones actuales. Hay una conversación entre dos versiones de una misma persona que han vivido momentos diferentes y que, en ocasiones, llegan a conclusiones opuestas.

Además, he querido que tenga un lenguaje accesible, directo y sin artificios innecesarios. No creo que para hablar de política, educación o sociedad sea necesario utilizar un lenguaje deliberadamente complicado.

Y hay algo que considero importante: no tengo ningún interés en fingir que siempre he tenido razón.

Vivimos en una época en la que reconocer un error parece interpretarse como una debilidad, especialmente en el debate público. Yo creo exactamente lo contrario. Cambiar de opinión cuando existen argumentos para hacerlo es una muestra de madurez intelectual.

En ese sentido, el libro también es una reivindicación del derecho a equivocarnos.


¿Qué esperas que los lectores encuentren en 30 años no son nada?

Sobre todo, que encuentren motivos para reflexionar. No necesito que los lectores estén de acuerdo conmigo. De hecho, casi prefiero que en determinados momentos discrepen y se pregunten por qué piensan de una manera diferente.

Me gustaría que el libro les animara a revisar sus propias ideas y a preguntarse si siguen siendo las mismas personas que eran hace cinco, diez o quince años.

También espero que encuentren una lectura entretenida, cercana y honesta. No he querido construir una imagen idealizada de mí mismo, sino mostrar una evolución personal con sus aciertos, sus errores y sus contradicciones.

Si alguien termina de leerlo y se plantea una pregunta que nunca se había hecho, consideraré que el libro ha cumplido su cometido.


¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Ideas tengo muchísimas, probablemente más de las que debería. Mi problema nunca ha sido encontrar temas sobre los que escribir, sino disponer del tiempo necesario para desarrollarlos como considero que merecen.

Me gustaría seguir explorando tanto el ensayo como otros géneros. La literatura fantástica, por ejemplo, siempre me ha fascinado y no descarto que en algún momento pueda atreverme con algo más próximo a la ficción.

Pero tampoco me gusta anunciar proyectos antes de tiempo. Creo que un libro debe surgir porque realmente tienes algo que contar, no por la necesidad de publicar constantemente.

De momento, mi intención es seguir escribiendo, aprendiendo y procurando que cada nuevo trabajo aporte algo distinto al anterior.

© Rodrigo Quesada.


¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Me gustaría reivindicar algo que considero especialmente importante: la necesidad de recuperar el pensamiento crítico.

Vivimos rodeados de opiniones, titulares, mensajes y discursos que constantemente nos dicen lo que debemos pensar. Y creo que cada vez dedicamos menos tiempo a cuestionar si aquello que escuchamos tiene realmente sentido.

Leer es una herramienta extraordinaria para combatir eso. No solamente porque nos permite adquirir conocimientos, sino porque nos obliga a conocer otras realidades, perspectivas y maneras de interpretar el mundo.

También me gustaría animar a la gente a que lea autores con los que no está de acuerdo. Personalmente, creo que uno aprende muchísimo más cuando se enfrenta a argumentos que cuestionan sus propias convicciones.

Y, por supuesto, agradecer a todos aquellos que decidan dedicar una parte de su tiempo a leer 30 años no son nada.

Al final, si algo he aprendido durante estos años es que podemos cambiar de opiniones, de prioridades e incluso de objetivos. Lo importante es no perder nunca la curiosidad ni las ganas de seguir aprendiendo.

Gracias, Rodrigo.

Y a vosotros, seguidores del blog, gracias por estar siempre atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva