Queridos
amigos de La
Orilla de las Letras,
acabamos
la semana con la entrevista que nos ha concedido Joaquín del Palacio. Podéis leerla a continuación:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?
Desde muy joven, porque siempre me
ha gustado escribir y contar historias, tengo alma de cuentista. Además,
durante casi diez años trabajé como periodista, por lo que la escritura estaba
cerca de mí, pero no en las temáticas que me gustaban. Con la novela puedo ser
yo quien elija mis propios temas, soy libre y feliz.
¿Qué
lecturas crees que te han influenciado como escritor?
Hay una serie de escritores vitales para mí. Diré algunos, y cuando acabe recordaré otros y me sentiré mal por no haberlos mencionado. Henry Miller, Knut Hamsun, Vargas Llosa, Phillip Roth, Ford, Wallace… y de españoles Clarín, Torrente Ballester, Trueba y sobre todo, Delibes.
©
Joaquín del Palacio.
¿Qué
estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Últimamente leo mucho escritor
gallego desconocido (o casi), ahora estoy con Golpes de luz, de Ledicia Costas, y antes leí Comerás Flores, de Lucía Solla; Marea
Roja de José Manuel del Río; Crímenes
exquisitos, de Vicente Garrido o Tres
mil noches con Marga, de Pedro Ramos. Todos ellos son extraordinarios y me
encanta porque son autores gallegos, no de gran público (quizá Solla y Costas
algo más) y hablan de la que considero mi tierra de adopción, el lugar donde
viví mis veranos y mis sueños de juventud. Los autores gallegos son mejores
cuanto menos conocidos sean y estos que cito son extraordinarios todos ellos.
¿Cómo
compaginas tu trabajo del día a día con la escritura?
Es complicado compaginarlo porque
el trabajo en el sector tecnológico exige mucho y tengo que ganar espacio para
la literatura. Vivo de una inspiración que no siempre llega y busco lugares
para escribir que son complicados de encontrar porque tengo mucha vida social,
muchos hijos y soy muy maniático: Por ejemplo, no puedo escribir si hay alguien
en la habitación o si hay ruidos fuera, o una mosca rondando… sea como sea, al
final lo consigo. Tengo la enorme suerte de tener una casa de campo en Gredos
donde escribo a mis anchas observado solo por el pico Almanzor.
¿Cómo
ves el panorama literario actual?
Lo veo fatal. Hay decenas de
autores desconocidos con grandes obras que nadie ha leído y a su vez centenas
de mediocres absolutos llenos de un glamur que no viene de la literatura ni de
sus obras, sino solo de su fama por otras actividades, a menudo repulsivas. Me
indigna. Como lector sé bien donde buscar, y como autor soy consciente de la dificultad,
pero intento superarla moviéndome mucho. Y además creo que el nivel de lectura
y de lectores ha bajado, la gente cada vez presta menos atención y necesitan
mensajes cortos y sencillos. Aún así tengo esperanza, el mundo cambiará y si la
IA no destroza lo que todavía queda como creatividad humana el péndulo girará
al lado contrario. Siempre pasa.
¿Y
por qué escribir ficción en estos tiempos?
La ficción es menos espeluznante
que la realidad. Un personaje como Trump no sería creíble si fuese inventado.
La ficción permite crear personajes maravillosos u horribles y darles vida y
voz. Me parece un ejercicio maravilloso como escritor y como lector. La
psicología de un personaje de ficción es moldeable, son tus criaturas con sus
defectos y virtudes, criaturas inexistentes pero reales al máximo, y la ficción
les pone en situaciones extremas. Adoro la ficción como lector y como autor porque
puede hacer las delicias del lector con algo cotidiano e insulso. Porque nuestra
empatía nos acerca a los personajes y nos hace convivir con ellos.
¿Cómo
surgió la idea de escribir La cuna que mece la mano?
El
personaje principal, Martin, es una mezcla de personas que he conocido a lo
largo de la vida, siempre menos extremas que él. Quería salir del humor, mi
anterior novela, Todo puede empeorar, tenía una fuerte carga dramática, psicológica
y costumbrista que quedó anulada por el humor. Fue un éxito de ventas y ganó un
premio pero lo que más recibí fueron respuesta sobre cómo se habían divertido
con ella, incluso descojonado (sic). Y con La
cuna cambié de registro hacia un modelo mucho más crudo, algo así como un
American Psyco segoviano, donde el lector tuviera que detestar al psicópata
pero tener empatía con su lado familiar, por su relación con su madre, por sus
éxitos y sus miserias. Se hace duro sentir pena por un tipo así.
¿Qué
puedes contarnos de esta obra?
Es una novela en la que asistimos
a la forja de un psicópata. Vemos cómo una familia desestructurada no pone
límites de ningún tipo y quien le educa es la calle. Pero siendo un típico
quinqui de barrio, tiene ínfulas grandiosas y eso le hace distinto. En la
peluquería de al lado de su casa lee el Hola y siente que su mundo es otro,
viaja entre las mansiones de La romana y Bahamas sin moverse del descampado y
eso crea en él una necesidad patológica de huir de allí. Es una novela sobre lo
fuerte que tira de ti la cuna para que el ascenso social sea casi imposible,
una novela de ascendencia y caída en donde el personaje principal es un tipo
mentiroso, amoral y lleno de complejos que sin ningún tipo de estudios, trepa
en la escala económica hasta límites muy elevados.
¿Qué
hace de La cuna que mece la mano un thriller diferente a otros de estilo
similar?
Lo que diferencia a La cuna
de otros similares es el propio protagonista, que es una mezcla de Tony Montana
y el Vaquilla, con rasgos de Patrick Bateman. Hay thriller en la medida que hay
delito y policía que lo investiga, y además tiene raíces de cine quinqui y de
cine de narcos. Si tuviera que encuadrarla en un solo género diría que es
novela negra.
¿Tiene
algo La cuna que mece la mano de ti?
Lo cierto es que absolutamente
nada, excepto en lo que respecta a que en mi mundo de negocios he conocido a
algunas personas que me han servido para inspirarme. Por suerte soy una persona
bastante sana y me siento bien en mi piel, en mi entorno y no tengo la menor
ínfula de nada, excepto la de mejorar con el trabajo.
¿Qué
esperas que los lectores encuentren en esta novela?
Estoy convencido que no les va a aburrir ni una sola página, y que por momentos van a odiar la sensación de sentir empatía por un cabestro insensible. La historia les atrapará desde el comienzo, es una narrativa ágil y sencilla que no busca efectismo ni es un ejercicio de estilo sino una novela psicológica sobre clases sociales y la dificultad de moverse entre ellas, sobre los años ochenta y noventa y sobre la necesidad de crecer y medrar a costa de todo.
©
Joaquín del Palacio.
¿Qué
nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Tengo una novela terminada y otra
en proceso de escritura. La primera trata sobre lo que influye la suerte en la
vida, y para ello me valgo de la trayectoria de un mendigo y de dos espacios
temporales, el presente que es el día de Filomena y los años anteriores que nos
muestran lo que le ha llevado a la calle. Y estoy escribiendo una novela
policíaca donde la protagonista es una subinspectora de asuntos internos de la
policía que entra en una banda de narcos para destapar a los agentes corruptos.
¿Te
gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Lo he formulado en algún párrafo
anterior, y quiero gritar hasta desgañitarme que hay que leer a autores
desconocidos, que suelen ser mejores casi siempre que los famosos. El mundo
editorial hoy en día prima una venta de libros que se gestiona buscando caras
conocidas, gente famosa que vende por ser quien es y no por lo que escribe o
escritores consagrados de calidad decreciente. Hay cientos de extraordinarios
autores ignotos esperándonos con sus libros en la trastienda de la librería, y
eso me produce una pena horrible, porque las caras que adornan las estanterías
son todas las mismas y en mi opinión, aquí sí, hace falta un gran reemplazo.
Gracias,
Joaquín.
Y
a vosotros, amigos de las letras, gracias
por estar ahí un día más. Ahora, ¡a leer!
Cristina Monteoliva

