No todo el mundo puede decir que ha
vivido dos momentos decisivos en su vida al mismo tiempo. Uno puede que tenga
que ver con tu propio crecimiento personal; el otro, con tu familia. ¿Cómo
sobrellevar tanto impacto? La respuesta está en El Sur, la novela de iniciación y familiar de Tash Aw de la que hoy
hablaremos.
Año 1990. Jay viaja al sur de Malasia con sus padres y
hermanas para pasar las vacaciones de verano en la finca que era en principio
de la familia de su padre, pero que heredaría su madre. Una vez en la hacienda,
mientras los adultos se ocupan de problemas que le son ajenos, el chico se
distrae tanto como sus hermanas, mayores que él, como con Chuan, el hijo del
capataz. Pronto la amistad se convierte en algo más, dando paso al deseo.
¿Sobrevivirá este amor de juventud al destino de la finca?
Hay historias complejas
que son difíciles de abordar. Es por ello que se hace necesario más de una voz
narrativa. En el caso de El sur, nos
encontramos con un narrador externo que sigue a Sui, la madre de familia, Fong,
el capataz y Jay, nuestro protagonista, fundamentalmente. Los capítulos en los
que este habla se ven alternados por aquellos en los que conocemos de parte de
Jay lo que está pasando en el verano más decisivo de su vida.
Jay es un adolescente
homosexual que busca su camino. Protegido siempre por sus padres y sus hermanas
mayores, no sabe aún lo que es el mundo real. No es de extrañar que se enamore
de Chuan casi a primera vista: un chico que se las apaña por sí mismo y, a
pesar de su juventud, ya conocer la verdad de la existencia.
Pero esta no es solo
una historia de amor: hay mucho más en este viaje al campo, a esta finca ruinosa
cuya economía hace tiempo que no se sostiene. Para entenderlo, el narrador nos
hablará de Sui, la alumna que se casó con su profesor y se vio luego atrapada;
Jack, el serio profesor que va a perder su trabajo; y Fong, el capataz que se
desespera por no poder tener una plantación rentable.
No olvidaremos también de
mencionar a las hermanas: Lina, la universitaria rebelde, y Yin, la chica que
tiene demasiado apego por su madre.
¿Qué destacaríamos de
esta obra? La narración, sin duda; la ambientación, magnífica y los personajes,
perfectamente perfilados psicológicamente. Estamos, pues, ante una historia
redonda, en la que los anhelos, el calor del verano y la incertidumbre del
futuro cercano se conjugan para ofrecernos una gran experiencia lectora. Y tú, ¿te
atreves a comprobarlo?
Cristina Monteoliva
