Queridos amigas de La Orilla de las Letras,
seguimos con las entrevistas de 2021, esta vez con la que nos ha
concedido el autor Jorge Alonso Curiel.
Jorge Alonso Curiel es licenciado en
Filosofía y Letras, escritor, profesor de Literatura Española, articulista de
opinión en distintos periódicos (El Día de Valladolid, y en Delicias al
Día) y crítico cinematográfico,
además de experto en edición y corrector
de textos. Es autor del poemario Es
Mejor el Sueño (2007), de la novela breve Las Guerras han Terminado (2011), del libro de relatos eróticos Tu Mejor Pecado (2011), y del conjunto
de relatos y microrrelatos Yo Conocí a
un Hombre Satisfecho (2012), publicados los cuatro por la editorial
neoyorquina Babel Books Inc. También participó con varios cuentos en el libro Mujeres (2011), y con un diario
ficcionado en La Crisis (2012), publicados por Babel Books Inc. En 2013
publicó, en la misma editorial, una edición del clásico de la literatura
española El Lazarillo de Tormes; y
el libro infantil Paisaje de Risas, escrito
junto a la escritora mexicana María Robles Echeverría. En 2016
publicó el libro de relatos Saber
Moverse en la editorial Atlantis. En 2017 apareció su primer trabajo como
antólogo de relatos con el libro Los bares tienen corazón (Playa
de Ákaba) y publicó el libro de relatos
La noche del escaparate
(Ediciones Atlantis). En 2018 apareció el
libro de relatos Media hora (Apache Libros), una colección de cuentos
eróticos y canallas, en los que predomina el humo,r y en 2020, el
poemario titulado Las Manos del Sueño, en Ediciones Vitruvio. Además de
todo esto, nuestro autor ha publicado numerosos relatos y participado en un
sinfín de antologías con sus relatos y poemas.
Dicho esto, creo que ya va siendo hora
que entremos en la entrevista. ¿Listos? ¡Pues a leer!
¿Qué
recuerdas de tus primeras lecturas de la infancia?
Recuerdo las que nos
obligaban a leer en el colegio, que nadie quería leer porque a todos nos
parecían aburridas excepto alguna, muy pocas. Recuerdo también los libros que
nos gustaban y que no obligaban a leer en clase como eran las aventuras de los
Cinco, de Enid Blyton, o las de los Siete, o los libros de la colección de
Alfred Hitchcock, repletos de intriga, que tantos nos gustaban. También los
libros de los Hollister, muy entretenidos: tramas casi detectivescas con
personajes adolescentes que se metían en investigaciones propias de mayores.
Todo muy divertido que te hacía leer durante horas. Y recuerdo incluso las
andanzas de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, que me atrapaban durante
días hasta llegar al desenlace sorprendente. Recuerdo algunos más, como una
colección de libros que tenía la cubierta roja, y en los que podías elegir por
las acciones de los personajes y así te encaminabas a un desenlace u otro. O
alguna obra de teatro para niños que me gustó. Es decir, me gustaba todo lo que
no recomendaban en el colegio. De todas formas no fui un niño muy apasionado
por la lectura, prefería otras cosas. Los libros los veía como objetos que me
podían dar un rato de entretenimiento, pero no era un lector empedernido.
Tampoco en mi casa eran muy aficionados a la literatura, ni mis amigos. El
descubrimiento auténtico de lo que me ofrecían los libros fue en la
adolescencia, a los 15 y 16 años, al descubrir la profundidad que podía haber en
ellos, intentando explicar la condición humana y el mundo que nos rodea. En
esos años reconocí en la literatura a una amiga que me ofrecía consuelo y que
intentaba responder todas mis dudas y zozobras, me regalaba un lugar donde
guarecerme de un mundo del que me sentía ajeno. La lectura, entonces, se
convirtió en algo esencial, necesario, con ella daba un sentido al abismo que
tenía delante de mí, y dentro de mí. Poco después, a los 17, vendría el querer
hacer lo mismo que quienes escribían esos libros que caían en mis manos. Quise
ser escritor.
Como
lector, en la actualidad, ¿qué debe tener un libro para que te interese?
Como soy un lector enfermizo, o empedernido, leo todo, absolutamente de todo. Primero por el mero hecho de leer, y después por seguir aprendiendo para mi oficio de escritor, porque de todo se aprende, aunque no te guste. Y cuando digo de todo, no solo me refiero a los libros, también a lo que se escribe en los periódicos y en otros medios. En concreto, la lectura de los periódicos, ya sea en papel o en digital, me encanta y me sirve para estar al día no solo de la información de cada día, sino también de lo que hacen los articulistas de opinión, ya que escribo columnas en algunas publicaciones de la prensa vallisoletana, o porque también hago crítica cinematográfica en varias publicaciones. Si no leo, estoy mal, me enfermo. Pero también enfermo si no escribo. Pero quiero concretar. Ya he dicho que leo de todo, pero si tengo que decir lo que debe tener un libro para que me guste de verdad, diría que prefiero los escritores que nos cuentan historias profundas, esenciales, apasionadas, en las que la sangre hierve a borbotones; historias necesarias con personajes desgarrados por la vida, y con las que el lector puede llegar a cambiar, ser otra persona. Historias que se clavan en el corazón y en el recuerdo para siempre. Hay una cita de Ernesto Sábato que lo explica: "Nunca he escrito para pasar el rato ni para vender, es una cuestión de comerciales. Yo he escrito para no morirme. Y esto no es una exageración. Escribir me ha salvado la vida durante años. El arte es salvador. Hablo del arte en sentido grande, el que tiene que ver con lo más profundo del espíritu humano". Libros y autores que te cambian la vida; que te la pueden salvar. Autores que escriben con autenticidad de asuntos auténticos e importantes. Así, te podría decir que mis favoritos son, por ejemplo, el citado Sábato, Antonio Machado, Pessoa, Charles Bukowski, Raymond Carver, Pío Baroja... y muchos, muchos más. Al fin y al cabo, escritores y autores que crean vida, y que hablan de vida. Libros por los que sientes correr la sangre al tenerlos en la mano.
©Jorge Alonso Curiel.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo?
Releo mucho. Releo mucho
mis libros favoritos y a mis autores favoritos. Pero al mismo tiempo leo todo
lo que va cayendo en mis manos. Todas las novedades que puedo, y también libros
de hace unos pocos años. Ahora mismo, a día de hoy, estoy con los relatos de
juventud de Truman Capote. He leído toda su obra, y me quedaban estos relatos
que me están encantando. Y la relectura que tengo entre manos ahora mismo es la
novela El Último de la Fiesta, de Dioni Arroyo, una historia juvenil
distópica que engancha desde la primera frase.
¿Cuándo
comenzaste a interesarte por el mundo de la escritura?
Fue a la edad que antes te
decía, a los 17 años. Hasta entonces, en la adolescencia, desde los 14 o 15
hasta los 17, lectura empedernida, que fue un descubrimiento esencial en mi
vida. Y a partir de los 17, el querer ser escritor, me decidí a serlo. ¿Cuándo
lo descubro? Aparte de la lectura de todos esos libros que me decían tanto,
hubo un momento decisivo que sucedió una tarde de primavera en el colegio, en
clase de literatura. Hasta ese día el profesor nunca había recitado versos de
los autores que estábamos estudiando, y esa tarde se colocó de pie en mitad del
estrado y recitó dos poemas modernistas del siglo XIX y que aparecían en el
libro de texto. El primero fue Lo Fatal, de Rubén Darío, y aquello me
impactó de una manera increíble, creándose en mí una herida que ya nunca ha
cicatrizado. El poeta hablaba allí de la condición efímera del ser humano, de
la duda existencial de la transcendencia, del dolor y de la amargura de los
hombres al vivir sin certezas, al residir en terrenos zozobrantes, sin
asideros. Aquello me hizo ser otro. No fui el mismo tras ese impacto de
sensibilidad y desconsuelo, y que había despertado totalmente la mía hacia el
mundo de los interrogantes y hacia la búsqueda de respuestas y de la belleza de
formularlas e intentar encontrarlas. Aquella tarde salí de clase con los ojos
como platos, mirando al infinito, sin poder articular palabra. Todo había
cambiado. Fue mi particular "caída del caballo". Yo quería escribir
para hacer sentir lo mismo que yo había sentido. El otro poema que recitó
fue Ocaso, de Manuel Machado, y aquella belleza decadente que contiene
este poema, fue otro aldabonazo para cambiarme la vida. Para siempre.
¿Dónde
encuentras la inspiración?
Suelo escribir de noche,
que es cuando más a gusto me siento, cuando se crea la magia, cosa que no
sucede de día, aunque estoy siempre en "estado de literatura". 24
horas. Siempre pensando en argumentos, en personajes, en poemas, en relatos.
También tomo notas muchas veces al día. No he sentido nunca el bloqueo del
escritor o el no tener ideas. Trabajo en la cabeza y tomando esas notas a
partir de cualquier asunto: la idea puede surgir de una conversación escuchada
en la calle, en una tienda, en un portal, o de una conversación que he tenido;
también de las lecturas o de las tantas películas que veo; de cualquier cosa.
La inspiración, esa idea luminosa como una bombilla que se enciende dentro de
ti, llega y te obliga a trabajar sobre ella. Y una vez que ha aparecido, lo que
hago es caminar, caminar mucho unas cuantas horas ya por la ciudad o por el
campo dándole vueltas y vueltas, ordenando y tomando notas. Y una vez que está
ya todo pensado, me pongo a la faena, toca sentarse delante del ordenador y
trabajar. Y trabajar mucho. Y a veces esa idea sigue adelante y se convierte en
una novela o un relato o lo que sea (cada idea me viene también con el género
al que corresponde), y a veces, no. Todo tiene que fluir y brillar, lograr que
lo que voy creando sea un reflejo de lo que quería, aunque eso es casi
imposible: nunca consigues del todo lo que deseabas.
¿Eres un
escritor autodidacta o has recibido alguna vez clases de escritura?
No tengo nada en contra de
las escuelas y talleres de escritura. Entiendo que los que quieren aprender a
escribir se acerquen a las aulas para ello, como con cualquier otra cosa. Pero
yo nunca lo he hecho. Nunca he querido. Yo pienso que todo lo que de verdad
cala en uno es lo que se aprende de manera autodidacta. Lo que se aprende en
soledad, como puedas. Francisco Umbral opinaba lo mismo. A escribir se aprende
leyendo y escribiendo, escribiendo mucho, y tirando muchos papeles a la
papelera. Y viendo cine, teatro, arte. Y relacionándote con ciertas personas. Y
viviendo. Escribir es aprender a borrar. Escribir es aprender a escribir solo
lo necesario y lo que funciona. Es un largo y difícil recorrido de aprendizaje,
y por eso está lleno de espinas y de caídas, pero de las que hay que levantarse
para seguir adelante con lo aprendido. Es un oficio muy vocacional. Tanto largo
recorrido formando tu músculo como escritor, solo puede llevarlo a cabo quien
tenga una auténtica vocación.
¿Cuál de
tus obras te ha costado más escribir?
He publicado ya once
libros en distintos géneros y he participado en más de diez antologías de
relato y poesía. Quizá la que más me ha costado fue la primera, mi ópera prima
el poemario Es Mejor el Sueño, que se publicó en 2007, cuando había
cumplido 32 años. Hasta publicarlo, pasé muchos años perfeccionando mi estilo y
mi oficio, borrando mucho y tirando mucho a la papelera. Escribir ese mi primer
libro me costó diez u once años, hasta que comprobé que lo que tenía entre
manos ya tenía una cierta madurez y me decidí a publicar.
©Jorge Alonso Curiel
¿Y cuál la
que menos?
Después de aquella
primera, el resto ha sido un duro trabajo, pero dentro del esfuerzo que se
esperaba. Escribir siempre ha sido para mí una mezcla de preocupación y dolor,
pero también de placer inmenso. Una rara mezcla, sí.
¿Cómo se
te ocurrió escribir Media Hora (Apache
Libros), tu libro de relatos eróticos y canallas?
Media Hora no fue
algo nuevo para mí. Años antes, en 2012, la editorial neoyorquina Babel Books
Inc., con la que tenía contrato en exclusiva, me encargó un libro de relatos
que mezclase lo erótico con el humor. Al principio no supe cómo encararlo, pero
encontré el tono y escribí Tu Mejor Pecado, un libro que me gustó hacerlo
y que creo, pasado el tiempo, que no está mal del todo. Tuvo buena acogida en
Estados Unidos, algo menos en España, y a partir de esa experiencia, no he
dejado nunca de escribir relatos eróticos con mucho humor. Y en 2018, la
editorial madrileña Apache Libros me dijo que quería publicar algo erótico,
algo arriesgado, y les presenté el libro que había formado con todos los
relatos escritos en esos años. Y les gustó. Y es un libro del que me siento
orgulloso porque es un grito de libertad y un grito también de alerta contra
esa lacra que nos ahoga que es "lo políticamente correcto". Son
relatos llenos de humor, libertad y placer por narrar.
¿Hay algo
de autobiográfico en él?
No especialmente. Hay el
trasunto de alguna mujer que conocí, algún hombre con el que me topé, alguna
situación soñada, quizá algún deseo, pero en definitiva es pura ficción. El
poeta Ángel González decía que nada de lo que aparece en un libro es
autobiográfico, a no ser de que sean unas memorias, y aun así también se miente
y se ficciona; pero que es cierto que es autobiográfico en el sentido de que
uno es el que escribe el libro, y en él se descubren unos temas y una mirada
que, obviamente, al escritor le interesa, forman parte de él.
¿Cuánto
has tardado en recopilar la buena cantidad de textos que componen este libro?
Lo componen 67 relatos,
unos más largos que otros. Hay una mezcla de relato corto y microrrelato. Como
decía antes, los escribí mientras escribía otros libros y otros asuntos, desde
2012 hasta 2018. La verdad es que podía haber publicado en él otros veinte
textos más, pero el editor prefirió dejar el libro en esas 212 páginas que
tiene. O sea, que tengo más relatos para otro libro que quizá se publique;
aquellos que no se añadieron y otros más que he escrito en estos tres años
desde 2018.
¿Qué
esperas que los lectores encuentren en Media
Hora?
En primer lugar,
diversión, entretenimiento, un territorio para pasarlo bien con la mezcla de
humor y sexo, que hacen una buena pareja. Y también, y como en el libro hay
tantas cosas, varios niveles de lectura, momentos para la reflexión. Bajo la
imagen quizá frívola y lúdica e incluso demasiado sexual, en el libro se tratan
temas que me interesan mucho como son el amor, el desamor o la soledad y la
incomunicación del hombre contemporáneo. Un libro, en definitiva, que espero
que no deje indiferente, y al menos eso ha conseguido en todos aquellos
lectores que me han hecho llegar su opinión.
Tu último
libro publicado es el poemario Las manos del sueño (Ediciones
Vitruvio). ¿Qué puedes contarnos de este libro?
Es mi undécimo libro
publicado, y es el tercer poemario. Los otros dos poemarios fueron Es
Mejor el Sueño (Babel Books. Inc.), en 2007; y Reflejos en el cristal
cotidiano (Playa de Ákaba), en 2016. Las manos del sueño incide un poco
más en los temas que me preocupan como son, entre otros, las complejas
relaciones humanas, el amor, el desamor, el inexorable paso del tiempo, el
doloroso paso a las diferentes edades vitales, la fatídica importancia que
tiene el pasado y el recuerdo en nosotros y, como decía antes, la soledad y la
incomunicación del hombre contemporáneo. Y continúo en él apostando por un
estilo de línea clara, sencillo, cercano, coloquial, sin retórica inextricable,
porque escribo para todos los lectores y no en concreto para ninguna élite. Mi
literatura va dirigida a todo tipo de lectores, ya que tengo mucho respeto por
ellos.
¿Ha
cambiado la pandemia tus hábitos de escritor?
Durante la pasada cuarentena de la primavera de
2020 creí que, al no poder salir de casa, era casi un sueño hecho realidad (y
que se me entienda la expresión), ya que los escritores siempre buscamos el
confinamiento y estar aislados para escribir todo lo que queremos sin que nada
ni nadie nos moleste. Pero fue difícil porque echaba de menos el caminar unas
horas durante el día, y además las noticias que llegaban del desastre que
estaba haciendo la pandemia en todo el mundo, hacía flaquear mi ánimo. Fue un
poco complicado escribir en aquella situación, pero a pesar de ello y con mucho
esfuerzo, escribí bastante, todo lo que tenía planeado, como artículos
periodísticos, relatos, poemas y la conclusión de una novela. Tras aquel
confinamiento, todo ha vuelto a la normalidad en cuanto a mis hábitos de
escribir y de escritor, y no paro de hacerlo.
¿Te
gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Darte las gracias,
Cristina, por tu amabilidad, y por tu pasión y dedicación en tu estupendo
espacio La Orilla de las Letras; es admirable y te animo a seguir
acercando la literatura a la gente, este arte que tanto nos regala a todos.
También quería decir que seguiré escribiendo, disfrutando de ello, porque es mi
vocación y mi camino, y quizá porque no sé hacer otra cosa mejor. Y que pronto
publicaré un nuevo libro; en este caso la novela que cité antes y que espero
que guste a muchos lectores.
Muchas
gracias a ti, Jorge, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales.
Desde luego, no dejes nunca de escribir y sorprendernos con tus escritos.
¡Suerte con todos ellos!
Y
a vosotros, amigos, muchas gracias por estar ahí otro día más.
Cristina Monteoliva