viernes, 28 de diciembre de 2018

Reseña: EL LADRÓN DE TATUAJES, de Alison Belsham.


Título: El ladrón de tatuajes
Autora: Alison Belsham
Traducción: Virginia Maza Castán
Publica: Editorial Siruela
Páginas: 344
Precio: 21,95 € / 11, 99 € (ePub)

Los tatuajes están indiscutiblemente de moda últimamente, tanto, que los que no nos hemos hecho nunca uno nos hemos convertido en los raritos del lugar. La gente se hace tatuar motivos tribales, fotos de familiares, dibujos personales… Hay tatuajes de muy mala calidad, de calidad aceptable y verdaderas obras de arte. ¿Y qué pasa con las obras de arte? Que siempre hay alguien que quiere coleccionarlas, como el asesino al que conoceréis si os adentráis entre las páginas de El ladrón de tatuajes, la novela de Alison Belsham de la que hoy vamos a hablar.
Marni Mullins es una gran tatuadora, de ahí que sea invitada a eventos a menudo. Durante el último, celebrado en Brighton, la ciudad en la que vive desde hace tiempo, se encuentra, sin embargo, un poco cansada. Decidida a tomarse un descanso, sale fuera a por un café. Es entonces cuando se topa con un cadáver en un contenedor de basura. La policía acude tras la llamada anónima que realiza la tatuadora. Enseguida descubren que el cadáver ha sido desollado para extraerle un tatutaje. Francis Sullivan, el inspector jefe de policía recién ascendido, deberá encontrar a Marni para, gracias a su experiencia en el mundo del tatuaje, le ayude a descubrir a un asesino en serie que no tardará en dejar otro cadáver mutilado. El problema es que Marni no quiere saber nada de policías desde algo que le sucedió en el pasado. Algo que podría volver a su presente para complicar el caso aún más.
Marni es una tatuadora con un encantador hijo adolescente, un perro guardián, su propio estudio de tatuaje y un ex marido francés, también tatuador, con el que mantiene una tensa relación. Durante un tiempo, hace mucho, Marni vivió en Francia, donde le ocurrió algo terrible que la marcó de por vida. Aquello que le sucedió entonces hace que recele ahora de la policía cuando el cuerpo pide su ayuda para resolver un extraño caso relacionado con los tatuajes. Como ya podéis imaginar, Marni acabará accediendo, aunque su vida acabe corriendo peligro por ello.
Por otra parte, tenemos a Francis Sullivan, el inspector jefe recién ascendido que ha de ganarse el respeto de su iracundo superior y de un orgulloso subordinado con más experiencia que él en todos los aspectos. Francis no tiene ni idea de tatuajes, de ahí que necesite a Marni para resolver el caso con el que ha de estrenarse en su nuevo puesto. La tatuadora es una mujer con la que al principio no se lleva bien pero con la que poco a poco irá congeniando. Aunque las cosas durante la investigación se tuerzan, Francis acabará demostrando que ni su instinto ni el de la tatuadora iban desencaminados. La cuestión es: ¿atraparán juntos al criminal a tiempo?
Durante la narración, además de a un buen número de personajes secundarios tan diferentes como imprescindibles, conoceremos también todo lo que se cuece dentro de la mente de ese misterioso criminal que está cosechando el miedo en las calles de Brighton. Una mente fría y retorcida que, sin duda, hará que los lectores se estremezcan cada vez que su voz interrumpe en la historia. ¿Conocerán su ambición y su maldad algún límite que nuestros protagonistas puedan rebasar?
El ladrón de tatuajes, en definitiva, es un thriller interesante y original que nos hace adentrarnos en el mundo del tatuaje, con sus asiduos a tatuarse el cuerpo, los grandes tatuadores y los coleccionistas que harían cualquier cosa por obtener un buen grabado en la piel, aunque no sea la propia sino la ajena. Una historia llena de acción, situaciones inesperadas y grandes dosis tanto de bondad y maldad que, estoy segura, os encantará tanto a los amantes de la buena novela negra como a todos aquellos que busquéis emociones fuertes y lecturas diferentes. Dicho esto: ¿a qué esperáis para adentraros en las páginas de esta historia y descubrir al auténtico ladrón de tatuajes?

Cristina Monteoliva


© Cristina Monteoliva.