viernes, 27 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A LOLA LÓPEZ MONDÉJAR (II)

¿Cuál es tu relato favorito de “Lazos de sangre” y por qué?
No escribo los relatos pensando en un libro de relatos sino que cada uno surge en un momento concreto de mi vida, por razones que puedo conocer o no. De manera que, cuando los selecciono, elijo aquellos que me parecen los mejores, de ahí mi dificultad para señalar uno entre otros, puesto que todos han sido elegidos entre otros que quedaron en proyecto o definitivamente atrás.
No obstante, quizás Las invitadas tenga para mí un significado especial, pues parte de una anécdota vivida –una temporada en casa de una amiga veneciana–, que me sirvió para contar el comienzo de la desidealización que una hija hace de su madre, un proceso tan necesario en la vida de una futura mujer. Y, por supuesto, El hermano gemelo.

¿Te ha sorprendido que “El hermano gemelo” sea uno de los cuentos más comentados entre los lectores?
No me ha sorprendido. Fue un relato que se gestó muy lentamente, que me obligó a viajar a Oslo porque “quería ir al frío”, era lo que repetía con insistencia durante meses, y no sabía exactamente el porqué, pero sí que en el frío daría algo de mí que lo necesitaba claramente para expresarse. Lo escribí en Oslo, durante un viaje que hice con mi hija en febrero, a dieciséis grados bajo cero, disfrutando muchísimo de la ciudad helada. Vivo en un paisaje mediterráneo y quería sentir otra geografía radicalmente diferente, donde el blanco y el frío fueran omnipresentes, porque sentía que podría tocar nuevos registros. Como se puede observar en mi obra, me influyen muchísimo las ciudades, los ambientes.
Luego lo construí como si se tratase de una novela negra. Empieza con una muerte y un detective, y sigue con la investigación de la hija. Yo mismo disfruté mucho durante su escritura, y supuse que lo mismo les ocurriría a los lectores, como así ha sido.
Recuerdo que escribía de seis de la tarde hasta la hora en que salíamos a cenar. Segura de que nadie iba a interrumpirme. Un placer.

¿Por qué los matrimonios se acaban convirtiendo en “animales de compañía”?
Algunos matrimonios acaban convirtiéndose en animales de compañía, otros no. Imagino que serán muchas las causas. A menudo utilizo la literatura para explorar incógnitas que no puedo resolver desde mi profesión. Y esta es una de ellas. Las necesidades de apego del ser humano son infinitas, más poderosas que las de la pasión, y quizás sean ellas las que colocan la compañía (aunque sea muda, aunque comporte pérdida de la propia identidad) por encima de la independencia. Ser independientes nos aproxima a la soledad, una soledad muy temida por quienes sufren esa necesidad de apego tan fuerte.
Cuando se teme demasiado a la soledad se claudica, se minimizan todos los deseos si estos amenazan la presencia del otro, se sacrifican las propias aspiraciones en el altar de la compañía, y perdemos subjetividad, y nos convertimos solo en animales de compañía.

¿Por qué une tanto la sangre cuando a veces, tal y como vemos en tus relatos, hay tanto que nos separa con nuestros consanguíneos?

En nuestra cultura mediterránea la sangre une mucho. En el norte de Europa mucho menos. Es el imaginario cultural sobre los lazos de sangre lo que los hace tan importantes o los interpreta. No existen hechos, existen interpretaciones, afirmaba Nietzsche. Creo que esto está cambiando actualmente. Hoy nos enfrentamos más a la ambivalencia de esos lazos, con un pensamiento más, llamémosle “laico”, que los desacraliza, y observamos su aspecto oscuro, a veces letal (asesinatos de hijos a manos de los padre, de padres a manos de sus hijos, separaciones familiares por herencias, alejamiento y dispersión familiar que nos interrogan), y entendemos que, como todo afecto humano, los lazos familiares están compuestos de amor y de odio, de rivalidad y cooperación, de envidia y de gratitud, de celos y generosidad. En el libro quería mostrar todos esos matices.


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