Queridos
amigos de La
Orilla de las Letras,
llegamos
al ecuador del mes de septiembre con la entrevista que nos ha concedido la escritora
e ilustradora Valeria
Bazenkova. Podéis leerla a continuación:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?
Bastante tarde, porque yo venía del dibujo. Durante
años inventé personajes sin escribir una sola línea sobre ellos: me bastaba con
la cara y el gesto. Empecé a escribir cuando mi hijo era pequeño y le contaba
historias con esos mismos personajes, primero en voz alta y de cualquier
manera. El cambio llegó el día en que una de esas historias siguió existiendo
al día siguiente, cuando ya nadie la estaba escuchando. Ahí entendí que tenía que
escribirla.
¿Qué lecturas
crees que te han influenciado como escritora?
Aprendí español leyendo libros infantiles, así que
mis influencias son bastante literales. Mafalda,
de Quino, y Manuelita, de María Elena
Walsh. Las dos me enseñaron lo mismo: que un personaje infantil puede ser
incómodo, testarudo y raro, y gustar precisamente por eso. No hace falta que
sea amable para que el lector se ponga de su lado. Doña Aburrilda le debe mucho
a esa idea.
©Valeria Bazenkova.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Acabo de terminar En agosto nos vemos, de García Márquez. Es un libro raro: lo
publicaron sus herederos a partir de borradores, y yo quería ver cuánto quedaba
ahí de su voz. No puedo decir que me haya gustado, pero me interesó mucho
recibir ese saludo suyo desde el otro lado. Y con mi hijo estamos leyendo la
serie Cómo entrenar a tu dragón, de
Cressida Cowell. Vamos por el sexto y esa sí la recomiendo sin reservas: es
divertidísima, muy original y tiene poquísimo que ver con la película.
¿Cómo compaginas
tu trabajo como dibujante con la escritura?
No los compagino, porque para mí no son dos
trabajos. Pienso en imágenes, y muchas veces la escena existe dibujada antes de
existir escrita. En este libro eso se ve: hay cosas que no están contadas con palabras
porque las cuenta el dibujo. Las cosas dormidas tienen los ojos cerrados y
están grises, las despiertas abren los ojos, y cuando recuperan su color la
carita desaparece. Nada de eso se explica en el texto. El niño lo entiende
mirando, y el texto se queda libre para otra cosa.
¿Cómo ves el
panorama literario actual?
Soy demasiado nueva para opinar del panorama en
general, así que me limito a lo que conozco: el álbum ilustrado en español para
los más pequeños. Y ahí veo muchísimos libros bellísimos, editados con un
cuidado enorme. Lo que echo en falta es otra cosa: bastantes acaban
explicándole al niño lo que tiene que haber aprendido, y muchos de los libros
de actividades necesitan tijeras, pegatinas o una impresora. Me interesan los
libros que confían en que el niño ya sabe jugar y se limitan a darle el primer
empujón.
¿Te imaginas
escribiendo una obra sin ilustrarla?
Sí, de hecho he escrito en otros géneros sin dibujar
nada. Pero este libro concreto no podría existir así, porque parte del mecanismo
está en las ilustraciones y no en el texto. Me gustaría probar alguna vez lo
contrario: escribir algo y que lo ilustre otra persona, para ver a mis
personajes con ojos ajenos. Me da un poco de miedo y por eso mismo creo que
habría que hacerlo.
¿Por qué te has
decantado por Amazon?
Por una razón muy simple: quería que el libro
existiera, y no dentro de dos años. Publicando de forma independiente pude
mantener juntas las dos partes del trabajo, el texto y las ilustraciones, y
decidir yo cómo se relacionan entre sí. Eso era lo importante en este caso. No
tengo nada en contra de las editoriales, y me encantaría trabajar con una en
algún momento; pero para un primer libro con un formato tan raro me parecía el
camino natural.
¿Cómo surgió la
idea de escribir este álbum ilustrado?
De mirar el suelo de mi propia casa. Había una torre
de cajas a medio hacer, un dibujo sin acabar, un calcetín solo. Todo eso
llevaba ahí desde la mañana, y nadie pensaba volver a tocarlo.
Lo que me interesó no fue el desorden, sino la
sensación de que aquellas cosas estaban esperando algo. Y de ahí salió la
pregunta: ¿y si alguien viniera a ocuparse de ellas? Alguien convencidísimo de
que lo que necesitan es descansar.
Los juegos llegaron por otro lado. Mis dos hijos se
llevan muchos años y pasaban tardes enteras juntos inventando cosas que hacer
con lo que tenían a mano, sin pedirnos nada. Yo iba apuntando. Diez de esos
inventos están en el libro.
¿Qué nos puedes
contar de Doña Aburrilda y la torre que
no cabía bajo el paraguas?
Que es un libro sobre una negociación. Doña
Aburrilda cree que las cosas abandonadas están agotadas y que lo mejor que
puede hacer por ellas es dormirlas bajo su paraguas. Luna, que tiene seis años
y abandona cosas todo el tiempo, no está de acuerdo, pero tampoco puede
discutir con alguien tan educado y tan seguro de sí mismo.
Así que hace otra cosa. Descubre que una cosa
dormida sigue respirando, y que para devolverla al mundo hacen falta dos cosas:
soplarle con fuerza y decirle en voz alta para qué sirve. «Caja, tú sabes
guardar cosas. ¡Y también sabes ser una torre!» Y al final no consigue que la
señora se vaya: consigue construir algo que no cabe debajo de su paraguas, y
eso es distinto.
¿Qué hace que
esta obra destaque ante otras similares?
Tres cosas, creo. O cuatro. Los juegos están dentro
de la historia y no agrupados al final, así que el niño no tiene que esperar a
que el cuento acabe para jugar. No hay nada que comprar, imprimir ni preparar:
se juega con lo que ya hay en casa. Y cada juego termina con una frase, «Cómo
saber que salió bien», que le permite al niño reconocer por sí mismo cuándo lo
ha conseguido. Y hay una cuarta, quizá la que más me importa: la antagonista no
es mala. Está convencida de que ayuda.
©Valeria Bazenkova.
¿Qué esperas
que los lectores aprendan de Doña Aburrilda?
Nada, y lo digo en serio. Intenté escribir un libro
sin moraleja, y me costó bastante quitar la que se colaba sola. No quiero que
el niño aprenda a terminar lo que empieza; quería que dejara el libro en el
suelo y se fuera a jugar. Si algo se queda, ojalá sea otra cosa, más lateral:
que a lo mejor lo que te está estorbando no es malo, solo está muy seguro de
tener razón.
¿Qué nuevos
proyectos literarios tienes en marcha?
El segundo libro de la serie, que pasa entero dentro
de un coche. Luna y Doña Aburrilda van en el asiento de atrás, el techo es bajo
y allí no se puede abrir un paraguas. O casi. Es un reto bonito, porque en un
coche el espacio y los movimientos están mucho más limitados: no puedes
levantarte ni construir una torre, y tienes muy pocas cosas al alcance de la
mano. Después vendrán otras situaciones: la sala de espera, la cola, los días
de lluvia.
¿Te gustaría
añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Solo dar las gracias. A ti, por mirar un libro autoeditado
de alguien a quien no conocías. Y a Patricia Colombo, que fue mi profesora de
español y hoy trabaja como editora: sus comentarios cambiaron cosas importantes
del libro. Y a quien lo lea en voz alta con un niño, que es la única manera en
que este libro funciona de verdad.
Muchas gracias, Valeria,
por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Esperamos que tengas una
carrera literaria larga, próspera y siempre satisfactoria.
Y a vosotros, amigos
del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras
publicaciones.
Cristina Monteoliva

