domingo, 13 de septiembre de 2026

Entrevista: BRIAN FLORES

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

seguimos con nuestra ronda de entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido Brian Flores. La tenéis completa a continuación:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Creo que no lo descubrí; casi me lleva por delante esto de escribir. Creo más bien que me encontró antes de que lo descubriera yo. No vengo del mundo literario y, en los años de pandemia, me surgió esta historia y la necesidad de contarla. Así que siempre digo que la historia necesitaba ser contada y justo yo me crucé en su camino.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Sobre todo los clásicos juveniles. En la casa de mi abuela había una colección con títulos como Sandokán, La isla misteriosa, 20.000 leguas de viaje submarino, Los viajes de Gulliver. Ya de más grande leí autores como Asimov, Arthur Clarke, Ray Bradbury; títulos como El hombre ilustrado y otros que estaban en antologías o colecciones y nunca volví a saber de quiénes eran.

Claro que leí El Principito y Platero y yo, también clásicos de Argentina de historieta. Un ejemplo es El Eternauta, que habrán visto en Netflix. Yo tenía una edición de 500 páginas.

© Brian Flores.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?

Como pertenezco a dos asociaciones de escritores, SADE y Autores Matanza, estoy viendo siempre presentaciones, charlas y leyendo a compañeros, de los cuales, además de disfrutar, aprendo.

A una de mis compañeras, que escribe muy lindo, le compré dos de sus libros. El primero porque contó que eran fruto de sus primeras experiencias en taller de escritura y estaban publicados en orden cronológico de cómo fueron apareciendo. Entonces dije: “Ahí está la evolución de un escritor”. Y el segundo ya era más pensado y con más experiencia.

No tuve mal tino, ya que mientras leía el segundo se me ocurrió un cuento y me gustó tanto el personaje que escribí tres más, y va a ser una novela en algún momento.

Pero, si digo lo último que leí, fue gracias al Día del Lector, el 24 de agosto, en conmemoración del cumpleaños de Jorge Luis Borges. Tenía que presentar un texto, estaba investigando y leí un cuento: Pierre Menard, autor del Quijote. Luego de la indignación previa, no solo me gustó, sino que me pareció gracioso y digno de recomendar.

¿Cómo compaginas la vida diaria con la escritura?

¿Ustedes tienen vida diaria?

No, en serio, con mucho esfuerzo, si se puede decir así a algo que a uno le gusta. Respondo mails en el transporte público o mientras camino al trabajo, escribo cuando puedo. La tecnología ayuda muchísimo si está bien usada. Tengo todo en el celular, escribo en la nube, así que siempre tengo disponibles mis carpetas cuando se me ocurre algo.

Eso sí, los domingos no suelo hacer casi nada, o muy poco, de literatura, salvo que sea feria del libro. No voy a eventos esos días y los dejo para estar en casa y, como buen argentino, hago asado para la familia.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Interesante. Las redes ayudan; ya dije que la tecnología también. Está esa cierta y correcta sensación de que cualquiera puede escribir, y es cierto.

Además, hay posibilidades que no existían antes. Soy un ejemplo de esto.

Hay discusiones sobre libros, algunas buenas, otras dejan mucho que desear, pero lo que creo importante es que se discuta, que se debata. Aun con errores o faltas de criterio se aprende; de todo se aprende y es sano. Además, ayuda a desarrollar el criterio.

Los chicos más jóvenes están promocionando y escribiendo novelas de dragones, príncipes, amantes que se odian y después se aman y no sé cuántos tropos. Muchas veces veo las mismas fórmulas repetidas y una cantidad de términos anglosajones para definir recursos y técnicas que, personalmente, me resultan un poco molestos. Tenemos una lengua lo bastante rica como para no necesitar pedir tantas palabras prestadas.

También entiendo que muchas de esas historias están dirigidas a adolescentes y jóvenes, a una etapa de la vida donde el amor parece ocuparlo todo y la juventud parece eterna.

Pero esos chicos están escribiendo. Se están ejercitando en este arte. Van a crecer, la misma vida les va a dar otras perspectivas, les van a preocupar otras cosas y seguramente van a escribir sobre otras cosas. Y cuando eso ocurra ya van a saber escribir, van a tener el ejercicio y la práctica.

Eso me parece bueno. Y tampoco pretendo decidir qué literatura vale y cuál no. Al final, el único que decide de verdad es el lector.

¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?

¿Y qué es la fama? ¿Que me conozca más gente? ¿O tener más dinero?

Si fuera por dinero, trabajaría más horas donde estoy. Si fuera por fama, podría ser booktuber o trabajaría más en mi marketing. Aun así, si pones “Brian Flores Los Invisibles” en Google aparezco fácil. ¿Será eso una forma de fama?

Y lo que escribí dista mucho de ser una novela de moda, pero también deberíamos saber cuál es la moda.

¿Por qué te has decantado por la autopublicación a la hora de dar a conocer tu primera novela, Los Invisibles?

Casi podría resumirlo por ansiedad. Imaginen tener tu texto terminado y enviarlo a editoriales que te tienen seis meses esperando. No, no es para mí.

Lo mejor es tener el control de tu propio proyecto. En eso sí soy muy organizado, es mi parte técnica. Puedo manejar mis propios tiempos y también soy el único responsable de todo lo que se hace o se deja de hacer. No hay culpa de nadie más que mía si algo no se hace o se hace mal.

Te topas con mil limitaciones y tienes que resolverlas, pero no dependes de los tiempos de otro. Y, claro, todo es más exigente porque te estás supervisando vos mismo.

Además, la autopublicación es posible y es de buena calidad, desde la distribución hasta el papel con que se hacen las cosas. Es hasta posible hacerlo con muy poco dinero, pero hay que saber que cuanto menos dinero se usa, más trabajo hay que poner.

Pero es totalmente posible armar un buen esquema de autopublicación.

¿Cómo surgió la idea de escribir Los Invisibles?

Fue algo extraño. Me llamaron Cristian en lugar de Brian. Algo sin importancia, un error común. Pero un tiempo después otra persona distinta volvió a decirme Cristian. “Bueno, casualidad”, dije. Pero al tiempo otra más me llamó así.

“Acá pasa algo”, pensé.

Y se me ocurrió que el nombre no es la identidad de una persona, y que hay algo entre nuestro nombre, que conocemos, y el que cree la gente que tenemos. Y si es identidad, ¿nos pertenece a nosotros o nos definen las personas que nos nombran?

Y aún más: pensé que si alguien no puede ser nombrado, ¿cómo lo referimos a los demás? Y si, además, no podemos recordarlo o lo recordamos como a nosotros nos parece, esa persona pasa a ser invisible. Su ser dejó de existir para ser creado en nuestra mente con un formato caprichoso, pero no es él.

¿Qué nos puedes contar de esta novela?

Si fuéramos invisibles, ¿qué haríamos?

Nuestros actos no tendrían consecuencias, aparentemente. Este personaje roba un banco, pero lo que busca en realidad es ser recordado, como lo buscamos todos nosotros.

Ahora, ¿cómo lo logra si nadie puede hacerlo?

¿Qué esperas que los lectores aprendan de esta historia?

Dejar una enseñanza es ya muy pretencioso. Quisiera que les quede una pregunta dando vueltas y que disfruten de poder hacérsela a ellos mismos y, tal vez, responderla de alguna manera para cada uno.

Aun así, si llegan a conocer cómo empezó esta historia, me gustaría que aprendan que una novela de 300 páginas, que me llevó tres años de trabajo, partió de algo tan simple como un nombre equivocado.

No una inspiración divina, no un estudio sesudo: algo trivial que nos pasa a todos, todos los días.

No esperen una idea grande. Pueden hacer su libro, poesía o novela con lo que hay en casa. 

© Brian Flores.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Después de pensarlo bastante, este año lo dedico a la difusión de esta novela, lo que ya está en marcha.

Además, con mucho trabajo logré que me aceptaran en la Biblioteca IMANI de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia, en Leticia, con un ciclo de ocho encuentros para leer mi novela y discutirla.

Todo el ciclo es virtual. Hay chicos en la biblioteca, pero también hay quienes se conectan virtualmente.

Estoy trabajando en varios de esos proyectos con diferentes bibliotecas de otros países de Latinoamérica. Además, estaré en la Feria del Libro de mi municipio.

Y si después de esto el tiempo me da su gracia, poder tener el año que viene el segundo libro de Los Invisibles, que cuenta cómo se originó la historia. Ya lo había empezado a escribir en diciembre del año pasado, pero era mejor dedicarle tiempo a este.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí. Solemos pensar que la escritura es algo solitario solo porque entra uno solo en la silla, pero detrás nuestro están nuestras familias, que cubren el tiempo de lo que dejamos de hacer para hacer esto.

Así que no estamos solos. Somos parte de una red más grande: familia que apoya o lava los platos cuando vos estás escribiendo; compañeros que te avisan de un concurso que es para vos por tu temática, aun cuando se lo enviaron a ellos; amigos que leen tu obra y, sin que vos se lo pidas, hacen reseñas públicas en lugares justos.

Sí, trabajamos mucho y es cierto, pero nadie puede ser feliz en soledad. Y, a pesar de estar uno solo sentado escribiendo en esta silla, hay infinidad de personas que ayudaron a que todo salga bien solo porque podían hacerlo.

A ellos, gracias, totales.

Muchas gracias, Brian, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga, próspera y satisfactoria.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva