Queridos amigos de La Orilla de las Letras,
seguimos con
nuestra ronda de entrevistas, esta vez con la que nos ha concedido Brian Flores. La tenéis completa a
continuación:
¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más
que un pasatiempo?
Creo que no lo descubrí; casi me lleva por delante esto de escribir.
Creo más bien que me encontró antes de que lo descubriera yo. No vengo del
mundo literario y, en los años de pandemia, me surgió esta historia y la
necesidad de contarla. Así que siempre digo que la historia necesitaba ser
contada y justo yo me crucé en su camino.
¿Qué lecturas crees que te han influenciado como
escritor?
Sobre todo los clásicos juveniles. En la casa de mi abuela había una
colección con títulos como Sandokán, La
isla misteriosa, 20.000 leguas de viaje submarino, Los viajes de Gulliver.
Ya de más grande leí autores como Asimov, Arthur Clarke, Ray Bradbury; títulos
como El hombre ilustrado y otros que
estaban en antologías o colecciones y nunca volví a saber de quiénes eran.
Claro que leí El Principito y Platero y yo, también clásicos de Argentina de historieta. Un ejemplo es El Eternauta, que habrán visto en Netflix. Yo tenía una edición de 500 páginas.
© Brian Flores.
¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo
recomendarías?
Como pertenezco a dos asociaciones de escritores, SADE y Autores
Matanza, estoy viendo siempre presentaciones, charlas y leyendo a compañeros,
de los cuales, además de disfrutar, aprendo.
A una de mis compañeras, que escribe muy lindo, le
compré dos de sus libros. El primero porque contó que eran fruto de sus
primeras experiencias en taller de escritura y estaban publicados en orden
cronológico de cómo fueron apareciendo. Entonces dije: “Ahí está la evolución
de un escritor”. Y el segundo ya era más pensado y con más experiencia.
No tuve mal tino, ya que mientras leía el segundo se
me ocurrió un cuento y me gustó tanto el personaje que escribí tres más, y va a
ser una novela en algún momento.
Pero, si digo lo último que leí, fue gracias al Día
del Lector, el 24 de agosto, en conmemoración del cumpleaños de Jorge Luis
Borges. Tenía que presentar un texto, estaba investigando y leí un cuento: Pierre Menard, autor del Quijote. Luego de la indignación previa, no solo me
gustó, sino que me pareció gracioso y digno de recomendar.
¿Cómo compaginas la vida diaria con la escritura?
¿Ustedes tienen vida diaria?
No, en serio, con mucho esfuerzo, si se puede decir
así a algo que a uno le gusta. Respondo mails en el transporte público o
mientras camino al trabajo, escribo cuando puedo. La tecnología ayuda muchísimo
si está bien usada. Tengo todo en el celular, escribo en la nube, así que
siempre tengo disponibles mis carpetas cuando se me ocurre algo.
Eso sí, los domingos no suelo hacer casi nada, o muy
poco, de literatura, salvo que sea feria del libro. No voy a eventos esos días
y los dejo para estar en casa y, como buen argentino, hago asado para la
familia.
¿Cómo ves el panorama literario actual?
Interesante. Las redes ayudan; ya dije que la tecnología también. Está
esa cierta y correcta sensación de que cualquiera puede escribir, y es cierto.
Además, hay posibilidades que no existían antes. Soy
un ejemplo de esto.
Hay discusiones sobre libros, algunas buenas, otras
dejan mucho que desear, pero lo que creo importante es que se discuta, que se
debata. Aun con errores o faltas de criterio se aprende; de todo se aprende y
es sano. Además, ayuda a desarrollar el criterio.
Los chicos más jóvenes están promocionando y escribiendo
novelas de dragones, príncipes, amantes que se odian y después se aman y no sé
cuántos tropos. Muchas veces veo las mismas fórmulas repetidas y una cantidad
de términos anglosajones para definir recursos y técnicas que, personalmente,
me resultan un poco molestos. Tenemos una lengua lo bastante rica como para no
necesitar pedir tantas palabras prestadas.
También entiendo que muchas de esas historias están
dirigidas a adolescentes y jóvenes, a una etapa de la vida donde el amor parece
ocuparlo todo y la juventud parece eterna.
Pero esos chicos están escribiendo. Se están
ejercitando en este arte. Van a crecer, la misma vida les va a dar otras
perspectivas, les van a preocupar otras cosas y seguramente van a escribir
sobre otras cosas. Y cuando eso ocurra ya van a saber escribir, van a tener el
ejercicio y la práctica.
Eso me parece bueno. Y tampoco pretendo decidir qué
literatura vale y cuál no. Al final, el único que decide de verdad es el
lector.
¿Escribirías una novela de moda para hacerte famoso?
¿Y qué es la fama? ¿Que me conozca más gente? ¿O tener más dinero?
Si fuera por dinero, trabajaría más horas donde
estoy. Si fuera por fama, podría ser booktuber o trabajaría más en mi
marketing. Aun así, si pones “Brian Flores Los Invisibles” en Google aparezco
fácil. ¿Será eso una forma de fama?
Y lo que escribí dista mucho de ser una novela de
moda, pero también deberíamos saber cuál es la moda.
¿Por qué te has decantado por la autopublicación a
la hora de dar a conocer tu primera novela, Los Invisibles?
Casi podría resumirlo por ansiedad. Imaginen tener tu texto terminado
y enviarlo a editoriales que te tienen seis meses esperando. No, no es para mí.
Lo mejor es tener el control de tu propio proyecto.
En eso sí soy muy organizado, es mi parte técnica. Puedo manejar mis propios
tiempos y también soy el único responsable de todo lo que se hace o se deja de
hacer. No hay culpa de nadie más que mía si algo no se hace o se hace mal.
Te topas con mil limitaciones y tienes que
resolverlas, pero no dependes de los tiempos de otro. Y, claro, todo es más
exigente porque te estás supervisando vos mismo.
Además, la autopublicación es posible y es de buena
calidad, desde la distribución hasta el papel con que se hacen las cosas. Es
hasta posible hacerlo con muy poco dinero, pero hay que saber que cuanto menos
dinero se usa, más trabajo hay que poner.
Pero es totalmente posible armar un buen esquema de
autopublicación.
¿Cómo surgió la idea de escribir Los Invisibles?
Fue algo extraño. Me llamaron Cristian en lugar de Brian. Algo sin
importancia, un error común. Pero un tiempo después otra persona distinta
volvió a decirme Cristian. “Bueno, casualidad”, dije. Pero al tiempo otra más
me llamó así.
“Acá pasa algo”, pensé.
Y se me ocurrió que el nombre no es la identidad de
una persona, y que hay algo entre nuestro nombre, que conocemos, y el que cree
la gente que tenemos. Y si es identidad, ¿nos pertenece a nosotros o nos
definen las personas que nos nombran?
Y aún más: pensé que si alguien no puede ser nombrado, ¿cómo lo referimos
a los demás? Y si, además, no podemos recordarlo o lo recordamos como a
nosotros nos parece, esa persona pasa a ser invisible. Su ser dejó de existir
para ser creado en nuestra mente con un formato caprichoso, pero no es él.
¿Qué nos puedes contar de esta novela?
Si fuéramos invisibles, ¿qué haríamos?
Nuestros actos no tendrían consecuencias,
aparentemente. Este personaje roba un banco, pero lo que busca en realidad es
ser recordado, como lo buscamos todos nosotros.
Ahora, ¿cómo lo logra si nadie puede hacerlo?
¿Qué esperas que los lectores aprendan de esta
historia?
Dejar una enseñanza es ya muy pretencioso. Quisiera que les quede una
pregunta dando vueltas y que disfruten de poder hacérsela a ellos mismos y, tal
vez, responderla de alguna manera para cada uno.
Aun así, si llegan a conocer cómo empezó esta
historia, me gustaría que aprendan que una novela de 300 páginas, que me llevó
tres años de trabajo, partió de algo tan simple como un nombre equivocado.
No una inspiración divina, no un estudio sesudo:
algo trivial que nos pasa a todos, todos los días.
No esperen una idea grande. Pueden hacer su libro,
poesía o novela con lo que hay en casa.
© Brian Flores.
¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Después de pensarlo bastante, este año lo dedico a la difusión de esta
novela, lo que ya está en marcha.
Además, con mucho trabajo logré que me aceptaran en
la Biblioteca IMANI de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia, en
Leticia, con un ciclo de ocho encuentros para leer mi novela y discutirla.
Todo el ciclo es virtual. Hay chicos en la
biblioteca, pero también hay quienes se conectan virtualmente.
Estoy trabajando en varios de esos proyectos con
diferentes bibliotecas de otros países de Latinoamérica. Además, estaré en la
Feria del Libro de mi municipio.
Y si después de esto el tiempo me da su gracia,
poder tener el año que viene el segundo libro de Los Invisibles, que cuenta cómo se originó la historia. Ya lo había
empezado a escribir en diciembre del año pasado, pero era mejor dedicarle
tiempo a este.
¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta
entrevista?
Sí. Solemos pensar que la escritura es algo solitario solo porque
entra uno solo en la silla, pero detrás nuestro están nuestras familias, que
cubren el tiempo de lo que dejamos de hacer para hacer esto.
Así que no estamos solos. Somos parte de una red más
grande: familia que apoya o lava los platos cuando vos estás escribiendo;
compañeros que te avisan de un concurso que es para vos por tu temática, aun
cuando se lo enviaron a ellos; amigos que leen tu obra y, sin que vos se lo
pidas, hacen reseñas públicas en lugares justos.
Sí, trabajamos mucho y es cierto, pero nadie puede
ser feliz en soledad. Y, a pesar de estar uno solo sentado escribiendo en esta
silla, hay infinidad de personas que ayudaron a que todo salga bien solo porque
podían hacerlo.
A ellos, gracias, totales.
Muchas gracias, Brian,
por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Te deseamos una carrera
literaria larga, próspera y satisfactoria.
Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un
día más atentos a nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!
Cristina Monteoliva

