Queridos amigos
de La Orilla
de las Letras,
volvemos
a la carga con nuestras entrevistas, esta vez con las que nos ha concedido el
autor José Molina Melgarejo.
Sin
más dilación, os dejamos con las palabras de nuestro invitado:
¿Cuándo
descubriste que la escritura era más que un pasatiempo?
Siendo como he sido siempre muy reservado, probablemente cuando,
ya muy joven, me pareció que escribir era la mejor manera de expresar aquello
que, en un momento dado, sentía y que necesitaba no guardármelo para mí, sino sacarlo
al exterior, de la manera que fuese. Y qué mejor forma que hacerlo escribiendo.
¿Qué lecturas
crees te han influido como escritor?
Empecé a leer ya desde muy pequeño a los grandes clásicos de la
literatura española, porque así nos lo imponían en el colegio en el que
estudiaba. No obstante, en poesía, por ejemplo, comencé muy pronto a tener una
influencia grande de poetas clásicos, como Lorca, Machado, Miguel Hernández,
Salinas…, y, con posterioridad, de Celaya, Neruda y Benedetti, entre otros. En
cuanto a narrativa, la influencia más poderosa fue la de escritores
latinoamericanos, como Sábato, Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes…, aunque
seguramente el escritor que más terminó influenciándome fue Juan Marsé.
¿Qué estás
leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?
Estoy leyendo Los recuerdos del porvenir, una maravillosa
novela de la escritora mexicana Elena Garro. No demasiado conocida, tal vez
porque el poder mediático de su marido, Octavio Paz, la eclipsó, pero la novela
se ajusta perfectamente a los parámetros del llamado realismo mágico. Muy
recomendable, desde luego.
¿Dónde
encuentras la inspiración?
Es difícil decirlo. En poesía, en una simple sensación que tengo
en un momento dado. Últimamente, por ejemplo, en todo lo que está sucediendo en
Gaza. En narrativa, casi siempre en un recuerdo que me viene a la memoria, y al
que necesito darle vida, corta o larga; es decir, en un relato o en una novela.
Sea como sea, lo único cierto es que solo escribo sobre aquello que conozco y
siento. No divago sobre nada que no me afecte de una manera directa.
Si solo pudieras
escribir un género, ¿cuál elegirías: novela, poesía o relato?
Depende fundamentalmente de mi estado de ánimo. Pero creo que me
sería muy difícil elegir un género u otro. Todos ellos satisfacen mi imperiosa
necesidad de escribir, ya sea en verso o en prosa. Lo de menos es la
herramienta. Lo realmente importante es lo que se intenta transmitir a través
de la palabra.
¿Cómo ves el
panorama literario actual?
Para ser sincero, no estoy muy al tanto de lo que se cuece hoy día,
de modo que me resulta difícil opinar. Quizá sea porque, literariamente, estoy
demasiado anclado en el pasado. Y tampoco necesito actualizarme. Bastante tengo
ya con intentar actualizarme yo mismo cada día.
¿Qué puedes
contarnos de tu extensa carrera literaria?
Sobre todo es larga mi carrera como escritor, porque, antes de
empezar a publicar tanto poemarios, como novelas y libros de relatos, ya había
desarrollado una extensa trayectoria como redactor; lo cual se traducía en artículos,
reportajes, entrevistas…, e incluso una historia del cine español, que está incluida
en la Enciclopedia del Cine de Planeta.
¿Cuál de tus
obras te ha costado más escribir?
Seguramente mi primera novela, Mañana de domingo, que es
un profundo relato sentimental sobre la soledad, el abandono y la búsqueda de
uno mismo, con una estructura narrativa bastante compleja. Pero creo que mereció
la pena. O eso al menos opino yo; bueno, y muchos de los que la han leído y han
tenido a bien decírmelo.
¿Y cuál te ha
dado más satisfacciones?
También esta novela, sin duda, pero igualmente el poemario que
publiqué en 2016; o sea, El delirio de la palabra. Prosas y versos de
juventud, que continúa siendo el libro de poemas, tanto en verso como en prosa,
al que más cariño le tengo, por circunstancias estrictamente personales.
© José Molina
Melgarejo.
Tu último libro
en el mercado es Diario de un joven en pañales. ¿Qué nos puedes contar de
él?
Se trata de la secuela de Diario de
un adolescente en prácticas. Es decir, la aventura emocional del mismo
personaje anónimo, pero esta vez intentado recordar cuáles fueron esos momentos
cruciales que marcaron su también convulsa etapa juvenil. Como me gusta decir, es
una comedia emocional narrada con mucha ironía y bastante sentido del humor,
con la España de los 70 como telón de fondo. Aunque, para ser sincero, si la
novela se lee entre líneas, debo reconocer que más bien es un drama sentimental
disfrazado de comedia, sobre todo cuando esos recuerdos se analizan en tiempo
real y no en diferido, ya con el paso del tiempo.
¿Qué esperas que
los lectores encuentren en Diario de un joven en pañales?
En principio, una lectura ágil y amena, que los enganche desde
el primer momento, pero también una buena excusa para reflexionar sobre su
propia experiencia personal. Y es que, aunque el escenario de la novela es una época
concreta, casi todo lo que se narra en ella desde el punto de vista emocional
no deja de ser absolutamente intemporal; lo que significa que puede trasladarse
casi a cualquier tiempo y lugar.
¿Qué nuevos
proyectos tienes en marcha?
Acabo de terminar un libro de relatos, que espero empezar a
mover en breve, y, paralelamente, estoy ya inmerso en la novela con la que
quiero cerrar esta trilogía de Diarios. Para concretar, ya he comenzado
a escribir Diario de un adulto a medio hacer, que, si no se me ocurre
nada mejor, será el título de mi última aventura literaria sobre este personaje
anónimo que trata de recordar cómo fueron algunas etapas de su vida y cómo han
influido decisivamente es lo que es ahora.
¿Te gustaría
añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Sobre todo, agradecer la atención que vuestra revista presta a
escritores como yo, de largo recorrido, pero escasa visibilidad. Y es que hoy
hay tanta producción literaria, que es muy difícil que todos los libros que se
publican tengan la atención pública que merecen. Salvo que el libro esté en
manos de una gran editorial o, tal vez, que «la suerte te acompañe».
Muchas gracias, José, por tu tiempo, tus palabras y tus
fotos personales. Esperamos que tu obra llegue a muchos lectores.
Y
a vosotros, amigos de las letras,
gracias por estar un día más al otro lado. Ahora, ¡a leer!
Cristina
Monteoliva

