La primera fuente de la que bebe un
escritor es de su propia experiencia. Esas vivencias que tenemos pueden acabar
transformadas en nuestras obras (de tal manera que solo recordarían vagamente
al hecho original en el que se basan); otras, plasmadas prácticamente tal como
tuvieron lugar. Hay quien va más allá y decide decantarse por lo que hoy en día
se llama autoficción o la autobiografía. Y hay quien decide contar la vida, o
parte de ella, de un personaje que le resulta cercano. Este sería el punto de
partida de la genialísima obra metaliteraria de Juan Manuel Gil, Majareta, de la que hablaremos a continuación.
Leo Almada ha sido
prejubilado del puesto de conserje que venía ejerciendo desde siempre en un
colegio de una orden religiosa. Como venganza, pues eso es lo que parece, el
tipo comete una atrocidad de la que son víctimas un grupo de alumnos del
centro. Un escritor del barrio se dispone entonces a escribir una novela sobre
este personaje, secundario en la vida de todos hasta que decidió destacar de la
peor de las maneras. Una obra en la que no solo reconstruya los hechos del día
de marras, sino que también ahonde en la personalidad de Almada, su infancia,
su familia, sus motivaciones… Para ello, se valdrá del testimonio de hasta cincuenta
personas relacionadas con el exconserje, de una forma o de otra. ¿Conseguirá el
escritor llegar al fondo de la cuestión? ¿Qué descubrirá por el camino?
En este mundo en el que
vivimos, existe tu verdad, la mía y LA VERDAD. Llegar a esta última resulta
complicado; pero, desde luego, puede llegar al menos a atisbarse después de
hablar con un buen número de personas, tantas como cincuenta.
Otra cuestión a tener
en cuenta antes de leer esta obra es que para la sociedad cualquiera que se salga
de lo común, por callado, por tranquilo, por gustarle aprender demasiado, puede
ser considerado un raro, un friki… Un verdadero majareta.
En esta novela de ritmo
in crescendo, en la que el lector no deseará perder ni un detalle, tenemos, por
un lado, al escritor. Sabemos que es él el que se encarga del libro, de su mera
existencia, por varios personajes que se dirigen a él: el amigo necesario del
autor (un tipo que aparece recurrentemente a lo largo de la narración, el mismo
tipo que ayuda, o quiere ayudar, al escritor en su labor), su padre y su madre.
El escritor, a veces
por mediación del amigo, otras por iniciativa propia, entrevista a diversos
personajes. Algunos han tenido relación con Leo; otros, con sus padres. Muchos
lo conocen de lejos, de oídas; otros, de haber tratado con él. Sea como sea el
conjunto de la narración nos proporciona un relato único que nos ayuda a tener
una idea aproximada de quién es Leo y qué es lo que de verdad pasó aquel día
que decidió convertirse en el malo de la película.
Hay veces que comienzas
la lectura de un libro pensando que tal vez sea algo demasiado denso para ti.
Entonces, el libro te sorprende ofreciéndote justo lo que estabas buscando: una
historia contada por un sinfín de voces diversas, con no menos matices; sentido
del humor y grandes dosis de sensibilidad; una prosa atractiva y una estructura
envidiable. Igual al terminar de leer esta novela, tú también te quedas un poco
Majareta. Pero de eso ya hablaremos
cuando lo hagas.
Cristina Monteoliva
