Hace años, al ser consciente de que me
iba haciendo mayor a pasos agigantados, descubrí que lo mejor era vivir con
intensidad cada buen momento. Al fin y al cabo, la enfermedad, el trastorno, el
achaque, pueden estar a la vuelta de la esquina. Averías del organismo que nos
transporta que pueden ser menores y mayores, pero siempre, fastidiosas. De
todas ellas, de cómo sobrellevarlas y mucho más, va El cuerpo roto, la nueva antología de relatos de Ana María Shua de
la que os hablaré a continuación.
El
cuerpo roto es un volumen compuesto por un total de
doce relatos que giran alrededor de la enfermedad, tanto del cuerpo como de la
mente, de una forma muy cercana y casi siempre en clave de humor.
Los personajes que
habitan estas historias han de enfrentarse a un buen número de desafíos: un
tipo de cáncer que no se sabe ni a dónde viene ni si será curable; entablar
amistad con un antiguo psicoanalista; enfrentar un turno interminable de
guardia en un hospital; romper los límites de lo establecido moralmente por la
sociedad; un problema que hace que la memoria del ser querido desaparezca cada
siete minutos; muertes de seres amados; operaciones rutinarias que se complica
hasta niveles insospechados; la adicción al alcohol y a las pastillas; personas
que confunden la fantasía con la realidad y muertes supuestamente accidentales.
Es curioso que, aunque
el título del libro aluda al cuerpo, lo que más abunden en este volumen sean
las historias relacionadas con la mente humana. Mentes que sufren todo tipo de
estados confusionales, depresiones, adicciones… Mentes que han de enfrentar
grandes retos de la vida. Mentes perdidas y otras que se encuentran.
También resulta
destacable que muchas de estas historias tengan lugar en hospitales o estos
aparezcan en algún momento de la narración. En los grandes templos, al fin y al
cabo, de la salud, la enfermedad y la muerte.
El
cuerpo roto, en definitiva, es un excelente libro
de relatos, escrito con el inconfundible estilo de Ana María Shua, que nos
invita a aprovechar la vida y a enfrentar la enfermedad con entereza, siempre que
se pueda. Un libro, a pesar de todo, optimista, que nos recuerda que mientras
haya vida, hay esperanza. Y tú, ¿a qué esperas para hacerte con tu ejemplar?
Cristina Monteoliva
