miércoles, 2 de abril de 2025

Reseña: LA MUERTE VISITA MARLOW, de Robert Thorogood

 

La jubilación puede ser una época ideal para por fin descansar después de una vida de dura trabajo, viajar y conocer mundo o adentrarse en nuevas aficiones. Lo que no suele ser muy usual es que una persona aproveche sus años dorados para resolver crímenes. Este sería el caso de Judith, que junto a sus amigas más jóvenes, Suzie y Becks, vuelve a la carga en La muerte visita Marlow, la nueva novela de Robert Thorogood, para descubrir a un nuevo asesino. Te cuento más sobre este caso en esta reseña.

Tras un baño en el río un poco accidentado y una vez en casa, Judith recibe una intrigante llamada de sir Peter Bailey, la celebridad local de Marlow. Sir Peter va a celebrar esa misma tarde una fiesta previa a su boda con su joven prometida Jenny y cree que es muy importante que Judith esté allí. Aunque Judith no conoce en realidad a los novios, acaba yendo a la fiesta, donde se encuentra con sus amigas Suzie y Becks, las mujeres con las que unos meses atrás resolviera unos misteriosos crímenes ocurridos en el pueblo. Todo parece ir bien hasta que se escucha un gran estruendo. Casi al instante, todos los invitados descubren que sir Peter ha aparecido muerto en su estudio bajo el peso de un enorme armario. Como la puerta estaba cerrada por dentro y no hay otros indicios que apunten a lo contrario, la policía enseguida cree que ha sido un terrible accidente. Judith, sin embargo, sabe que sir Peter ha sido asesinado y no parará hasta descubrir al culpable. ¿Lo conseguirá?

Judith es una mujer madura con tres grandes pasiones: bañarse desnuda en el Támesis, construir crucigramas y resolver los crímenes que últimamente tienen lugar en el pueblo de Marlow. Un buen día, tras uno de sus baños, recibe una llamada inesperada que la lleva a una gran fiesta y a lo que parece un crimen. Varios son los sospechosos: Jenny, la desdichada prometida del finado; Rosanna, la hija a cargo de los negocios familiares que, sin embargo, no iba a heredar nada; y Tristram, el impetuoso hijo segundo que se quedaría con todo tras la muerte de sir Peter. Todo parece apuntar a este último, pero, ¿y si hay algo más?

Judith es una mujer muy capaz, pero no va a estar sola en esta aventura. La acompañan otras dos grandes mujeres: Suzie, la excéntrica paseadora de perros que quiere triunfar en la radio; y Becks, la siempre sensata mujer del pastor local que, por una vez en su vida, parece haberse descarriado. No podemos olvidarnos tampoco de Tanika Malik, la subinspectora de policía, siempre tan disponible. Hasta que el inspector, de baja durante un largo tiempo, vuelve para recuperar su puesto. ¿Conseguirá Tanika convencerle de que hay que investigar este caso?

Decía el 6 de marzo en el diario El País el editor David Remartínez que “a todos los libros le sobran 75 páginas”. Muchas veces, he estado de acuerdo con esta afirmación, aunque creo que no es el caso de La muerte visita Marlow, un volumen donde todo está perfectamente calculado, de manera que las descripciones y diálogos son los justos; la información suministrada, la precisa y al final todo encaja como en un buen crucigrama.  

También dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pues bien, aunque yo no he leído El club del crimen de Marlow, el primer libro de las aventuras detectivescas de Judith y sus amigas, puedo decir que La muerte visita Marlow es un gran libro. Y digo más: sin desmerecer a otros cozy crimes estupendos, este es el mejor que he leído hasta la fecha. Un libro magnífico tanto por la trama, sus entrañables personajes y el buen sabor de boca que deja tras la lectura. ¿Que si lo recomiendo? ¡Sin ninguna duda!

Cristina Monteoliva

Entrevista: ROBERTO SANZ ARGUDO

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

continuamos la semana con la entrevista que nos ha concedido el autor Roberto Sanz Argudo. Sin más dilación, aquí va:

¿Cuándo comenzaste a escribir?

Desde pequeño me ha encantado escribir. Al principio no en papel, pero sí en mi cabeza muchas historias surgían de mi imaginación y eran interpretadas por mis juguetes. Pero fue en la adolescencia cuando comencé a escribir de manera más consciente, como una forma de expresión personal.

¿Y cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Hubo un momento en el que me di cuenta de que necesitaba escribir para sentirme completo. No era solo una afición, sino una necesidad vital. No podía dejar de escribir. Ese punto de inflexión llegó cuando comencé a compartir mis reseñas literarias y vi que emocionaban a otros, que generaban conversación, que dejaban huella. Ahí comprendí que había algo más profundo en juego. 

© Roberto Sanz Argudo.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

Muchas. Desde los clásicos como Gabriel García Márquez, Lorca o Benito Pérez Galdós, hasta autores contemporáneos como César Pérez Gellida, Juan Gómez Jurado o Eloy Moreno. Pero recuerdo, y nunca olvidaré, que fue con La sombra del viento cuando algo cambió dentro de mí. Le debo mucho a Carlos Ruiz Zafón, y a la persona que me regaló aquella novela: mi madre.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?  

Estoy leyendo Intemperie, de Jesús Carrasco. Es una novela que atrapa desde el silencio, desde lo no dicho, desde la aridez del paisaje y la emoción contenida. La recomiendo mucho, sobre todo si os interesa la literatura que dialoga con el mundo rural y el alma humana.

¿Cómo compaginas tu trabajo como profesor de Lengua y Literatura con la escritura?  

Con equilibrio y mucha pasión. Ser profesor me mantiene en contacto constante con la literatura, con jóvenes lectores, con la palabra viva. Eso alimenta mi escritura. Y escribir me ayuda también a ser un mejor docente, más creativo, más empático. Son dos mundos que se retroalimentan. Además, creo que sin mi alumnado, mi imaginación no daría para tanto, son un elemento clave en mi inspiración.

¿Dónde encuentras la inspiración?

En lo cotidiano, en la memoria, en los silencios de la historia, en una mirada. A veces, una noticia, una frase escuchada al pasar, una emoción que no encuentra salida, pueden ser el inicio de una historia. También me inspira el mundo rural, el paso del tiempo, la pérdida, la esperanza.

¿Escribirías una novela de moda a cambio de hacerte famoso? 

No. Creo que la literatura debe ser honesta. Prefiero seguir escribiendo desde la autenticidad, incluso si eso significa llegar a menos personas. La fama nunca ha sido mi objetivo. Si llega, que sea porque algo que he escrito ha tocado de verdad a alguien.

¿Por qué te has decantado por la autopublicación a la hora de dar a conocer tu obra al público?   

Porque quería compartir mi historia sin esperar eternamente el visto bueno de una editorial. La autopublicación me ha permitido aprender todo el proceso, conectar directamente con los lectores y tener control sobre mi obra. Ha sido una experiencia muy enriquecedora.

Tu primera novela publicada es Anochecer teñido de rojo. ¿Qué vamos a encontrar en este libro?  

Una historia de pérdida, dolor y redención ambientada en un mundo oscuro y casi postapocalíptico. A través de dos soldados, Mateo y Eki, el lector se adentra en un mundo marcado por el silencio, los recuerdos y el miedo. Es una novela que mezcla emoción, acción y una mirada crítica a lo que somos cuando todo se rompe. Aunque a veces se acerca a la distopía, es profundamente humana. Habla del deseo de descubrir la verdad y de volver a empezar cuando ya no queda nada.

¿Cuánto tiempo has tardado en escribir este libro?  

Desde la primera idea hasta la publicación, pasó más de un año. Aunque la escritura activa fue de unos seis meses, hubo mucho trabajo de documentación, planificación y revisión. Cada capítulo y cada personaje fueron puliéndose poco a poco hasta que sentí que podía dejarlo ir.

¿Qué esperas que los lectores aprendan de Anochecer teñido de rojo?

Espero que les haga reflexionar sobre la fragilidad del mundo en que vivimos, pero también sobre la fuerza interior de cada persona, incluso en las circunstancias más adversas. Quiero que se queden con esa idea de que, mientras podamos comunicarnos y sentir, hay esperanza.

© Roberto Sanz Argudo.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Estoy trabajando en varias historias. El proyecto más cercano es la segunda parte de Anochecer teñido de rojo, que espero que vea la luz en el mes de junio. En mente, y ya en papel también, tengo varias historias entre manos: sigo con la ciencia ficción pero también estoy experimentado con una novela negra, otro de mis grandes géneros favoritos.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí. Me gustaría dar las gracias a todas las personas que me han acompañado en este camino: a quienes me han leído en silencio, a quienes han compartido mis palabras, a quienes me han animado a seguir cuando dudaba. A mi familia, a mis amigos, a mis alumnos, a los que ya no están y siguen vivos en lo que escribo. Gracias por confiar, por leer, por sentir conmigo. Sin ellos, sin vosotros, nada de esto tendría sentido. Gracias por estar al otro lado.

Muchas gracias, Roberto, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar un día más al otro lado de la pantalla. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva

martes, 1 de abril de 2025

Entrevista: JAVIER REGUEIRA SERRANO

 

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

empezamos el mes con una extensa e interesante entrevista, la que nos ha concedido Javier Regueira Serrano. Sin más dilación, aquí va:

¿Cuándo descubriste que la escritura era algo más que un pasatiempo?

Durante muchos años, escribir fue para mí una especie de refugio íntimo. Escribía relatos cortos, muy personales, de corte casi autobiográfico. Era una forma de ordenar mis pensamientos, de entenderme y de desahogar emociones que a veces me costaba compartir en voz alta. Pero no pasaba de ahí: lo veía como algo privado, incluso secreto.

El punto de inflexión llegó en uno de los momentos más duros de mi vida: la pérdida de mi mujer. En medio del duelo, sentí una necesidad profunda de volcar en palabras todo aquello que no sabía cómo gestionar. De ese impulso nació mi primer libro, que fue, en esencia, un acto de autoterapia. Un intento de curar heridas a través de la escritura.

A partir de ahí, empecé a valorar seriamente la posibilidad de publicar las historias que tenía rondando por la cabeza.

 


© Javier Regueira Serrano.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritor?

He leído mucho y muy variado, pero si tuviera que trazar una línea de influencias, diría que empecé por los grandes clásicos de la ciencia ficción como Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, que me abrieron la puerta a imaginar futuros posibles y a reflexionar sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. De ahí, la transición a la literatura distópica fue natural: Orwell, Huxley… autores que me enseñaron a usar la ficción como herramienta de crítica social.

También he sido un devorador de thrillers, tanto clásicos como contemporáneos. Agatha Christie ocupa un lugar especial entre mis autoras favoritas: su forma de construir el suspense, de dosificar la información y de jugar con el lector siempre me fascinó. En los años 80 y 90, mis estanterías estaban llenas de novelas de espías. Frederick Forsyth, Tom Clancy, Patricia Highsmith… eran nombres habituales en mi mesilla de noche.

No faltó tampoco la literatura fantástica, con Tolkien a la cabeza. El Señor de los Anillos y El Hobbit fueron dos obras que me marcaron profundamente por su capacidad de construir mundos completos, con sus propias reglas y lenguajes.

Otros autores que considero “fetiche” y que me han acompañado durante años son Michael Crichton, Christian Jacq, David Baldacci, John Grisham o Patricia Cornwell. Cada uno, a su manera, me ha aportado algo: el ritmo narrativo, la precisión en la documentación, la tensión psicológica, la construcción de personajes sólidos… En definitiva, he intentado absorber lo mejor de cada uno para ir encontrando mi propia voz.

¿Qué estás leyendo ahora mismo? ¿Nos lo recomendarías?  

Ahora mismo, curiosamente, no estoy leyendo nada. Y no es por falta de ganas, sino porque estoy inmerso en la escritura de mi próxima novela, El décimo ángel. Cuando estoy en plena fase creativa prefiero no leer, para no “contaminarme” con las voces, estilos o ideas de otros autores. Es un momento muy delicado en el que intento conectar al máximo con mi propia historia y mantenerme centrado en el universo que estoy construyendo.

Dicho esto, el último libro que leí antes de sumergirme en este proyecto fue El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Una auténtica joya. Es de esos libros que te reconcilian con el amor por la palabra escrita, por la historia de los libros, por todo lo que significan. Lo recomiendo sin dudarlo: es una lectura que deja huella.

¿Cómo compaginas tu trabajo fuera del mundo de las letras con la escritura?  

La verdad es que es difícil, pero se puede.

Mi día a día transcurre en el ámbito de la seguridad de la información, donde trabajo como consultor y auditor. Es un entorno exigente, que requiere concentración, precisión y estar siempre al tanto de los cambios tecnológicos y normativos. Aun así, la escritura es mi espacio personal, ese lugar al que regreso para desconectar, pero también para conectar conmigo mismo.

Escribo por las tardes, cuando termina la jornada laboral. Es mi momento sagrado del día: una especie de ritual en el que dejo atrás lo técnico y lo racional, y me zambullo en la creación, en los personajes, en las emociones. A veces cuesta hacer el cambio de chip, pero con el tiempo he aprendido a proteger ese espacio como algo imprescindible en mi vida.

¿Cómo ves el panorama literario actual?

Lo veo como un escenario en transformación constante, lleno de oportunidades pero también de desafíos. Por un lado, la tecnología ha democratizado la escritura y la publicación como nunca antes. Hoy en día, cualquier persona con una historia que contar puede compartirla con el mundo, sin necesidad de pasar por los filtros tradicionales de una editorial. Eso me parece maravilloso: más voces, más diversidad, más libertad creativa.

Por otro lado, esa misma facilidad ha generado una saturación de títulos que puede hacer muy difícil destacar. El lector está expuesto a miles de propuestas y, a veces, es complicado que una obra sin grandes campañas de promoción encuentre su espacio. Ahí es donde entra en juego la constancia, el boca a boca y, sobre todo, la autenticidad. Creo que el público valora cada vez más a los autores honestos, que escriben desde lo que sienten, sin disfrazar sus intenciones.

También me parece interesante cómo el concepto de “éxito” está cambiando. Ya no se mide solo en ventas, sino en la capacidad de un libro para generar comunidad, provocar reflexión o emocionar a quien lo lee. En ese sentido, veo un panorama vibrante, con lectores muy activos, curiosos, que no se conforman con lo de siempre y están abiertos a descubrir nuevas voces.

En resumen: escribir hoy es un reto, sí, pero también un privilegio. Y formar parte de esta era de cambio me parece profundamente estimulante.

¿Escribirías una novela de moda a cambio de hacerte famoso? 

Sinceramente, no. Me gusta escribir sobre lo que me inquieta, lo que me remueve. Y eso rara vez coincide con lo que dicta la moda. Para mí, la escritura tiene sentido si es honesta.

¿Por qué te has decantado por la autopublicación en Amazon a la hora de dar a conocer tus obras al público?   

La decisión de autopublicar fue, en parte, práctica… y en parte una cuestión de salud mental. Te cuento: admiro profundamente a quienes tienen la paciencia y la perseverancia de enviar su manuscrito a decenas de editoriales, esperar meses —cuando no años— y recibir (con suerte) una respuesta que no sea un silencio atronador. Pero, sinceramente, ese no es mi estilo. No tengo alma de monje tibetano. Cuando tengo una historia que contar, necesito compartirla, verla publicada, sentir que avanza.

Después de escribir mi primer libro, me di cuenta de que el camino tradicional me iba a costar muchas canas (más de las que ya tengo). Así que exploré la autopublicación en Amazon… ¡y descubrí un mundo nuevo! De repente tenía control sobre todo: los plazos, el diseño, el contenido, la portada… incluso el precio. Y lo mejor: podía llegar directamente a los lectores sin tener que mendigar la atención de una editorial sobrecargada de manuscritos.

No voy a negar que autopublicar supone mucho trabajo. Eres autor, editor, maquetador, comercial, community manager y psicólogo de ti mismo cuando los días de ventas flojean. Pero también es una experiencia enormemente gratificante. Cada lector que llega lo hace porque ha elegido tu historia entre miles. Y eso, créeme, tiene un valor inmenso.

Además, el sistema de Amazon te permite tener estadísticas, ajustar estrategias, interactuar con tus lectores, recibir valoraciones en tiempo real… Es casi como un laboratorio literario. Puede que algún día me anime a probar el camino editorial tradicional, pero por ahora, la autopublicación me ha dado libertad, satisfacción y muchas lecciones valiosas.

¿Qué supuso para ti publicar Guía de supervivencia en la empresa?  

Guía de supervivencia en la empresa fue mi primer libro, y nació en un momento muy particular de mi vida. Lo empecé a escribir poco después de quedarme viudo, en una etapa en la que necesitaba desesperadamente mantener la mente ocupada. Fue una especie de salvavidas emocional, una escritura curativa que me permitía canalizar el dolor a través del humor, la reflexión y, sobre todo, la ironía.

No fue un proyecto planeado ni con ambiciones editoriales concretas al principio. Era, más bien, una conversación conmigo mismo: una forma de revisar mi experiencia en el mundo corporativo —ese ecosistema tan peculiar y lleno de contradicciones— desde una mirada crítica, pero también desde mi yo más auténtico. Por eso el tono del libro es tan irónico, incluso ácido en ocasiones. Es mi manera de desnudar el absurdo que muchas veces rodea a la vida empresarial… y, de paso, reírme un poco de todo eso. Y de mí mismo también.

Cuando decidí publicarlo, lo hice con algo de vértigo, porque es un libro que mezcla experiencia profesional con emociones muy personales, aunque camufladas bajo el sarcasmo. Para mi sorpresa, muchas personas se sintieron identificadas, y me escribieron contándome que les había hecho reflexionar, reír… o ambas cosas. Ahí entendí que, a veces, lo que uno escribe desde la vulnerabilidad conecta más que cualquier manual técnico o discurso grandilocuente.

Así que sí, fue un punto de partida muy especial. No solo porque supuso mi debut como autor, sino porque me demostró que escribir podía ser una vía de expresión, de sanación y, por qué no, de conexión con los demás.

¿Qué vamos a encontrar en este libro?

Guía de supervivencia en la empresa no es un manual de autoayuda al uso, ni tampoco una recopilación de fórmulas mágicas para ascender en la jerarquía corporativa. Es, más bien, una mirada irónica —a veces tierna, a veces demoledora— sobre ese ecosistema que muchos habitamos a diario: la empresa.

Lo que vas a encontrar en sus páginas es una especie de espejo: uno que refleja con humor y sin filtros los absurdos, contradicciones y rituales del mundo corporativo. Desde jefes imposibles hasta reuniones interminables que podrían haber sido un email, pasando por las guerras de egos, los cambios de logo disfrazados de revolución estratégica o la obsesión por las métricas que nadie entiende… Todo eso está ahí, contado con sarcasmo, sí, pero también con una profunda comprensión de lo que significa navegar ese entorno sin perder la cordura (o al menos intentarlo).

Además, el libro tiene algo que para mí era esencial: honestidad. No pretende sentar cátedra ni pontificar. Es más bien una conversación de café entre colegas, con anécdotas reales, reflexiones personales y alguna que otra confesión inesperada. Si alguna vez has sentido que la empresa parece un teatro con guion mal escrito… este libro es para ti.

Y si no trabajas en una oficina, también puede resultarte interesante, porque al final habla de algo más universal: la lucha por conservar nuestra identidad en un entorno que, muchas veces, tiende a uniformarnos. Es un libro que busca hacerte sonreír, pero también invitarte a pensar. Y si consigue las dos cosas, misión cumplida.

Tu nuevo libro es la novela distópica El límite Kallman. Parte 1: La caída. ¿Qué nos puedes contar de esta historia?  

El límite Kallmanm es una bilogía compuesta por Parte 1: La caída y Parte 2: Sufrimiento. Juntas, ambas novelas intentan explorar —y responder— una pregunta tan inquietante como fascinante: ¿qué podría ocurrir para que el ser humano eligiera, de forma consciente, su propia extinción?

La historia se sitúa en un futuro inquietantemente cercano, en el que la acción del ser humano ha empujado al planeta más allá del punto de no retorno. En ese contexto, aparece un misterioso manifiesto mecanografiado que parece anticipar con precisión milimétrica una cadena de catástrofes: crisis ecológicas sin precedentes, guerras inesperadas, revueltas globales y decisiones políticas extremas que parecen orquestadas por una lógica inhumana… o demasiado humana.

La novela nos lleva desde los despachos enmoquetados del poder hasta los márgenes más radicales del ecologismo militante, planteando dilemas morales imposibles. En el fondo, El límite Kallmanm no va solo de conspiraciones o colapsos: va de decisiones. De las que tomamos como individuos, pero sobre todo de las que tomamos como especie. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar la libertad por la seguridad? ¿Qué estaríamos dispuestos a justificar en nombre de la supervivencia? ¿Y qué precio tendría salvar el planeta si a cambio tenemos que perder aquello que nos hace humanos?

Con un estilo ágil, giros de trama constantes y un trasfondo muy actual, la novela combina emoción, tensión y reflexión. Es una historia que no da respuestas fáciles, pero sí plantea preguntas que quizá ya deberíamos estar haciéndonos. Y, sobre todo, prepara el terreno para una segunda parte aún más intensa, donde la verdadera dimensión del sufrimiento —personal, social y planetario— saldrá a la luz.

¿Y qué esperas que los lectores aprendan de este libro?

Más que una enseñanza cerrada, lo que me gustaría es que El límite Kallmanm deje en los lectores una sensación incómoda… pero necesaria. Quiero que, al cerrar el libro, se queden pensando en lo frágil que es la sociedad que hemos construido. Porque aunque desde fuera parezca robusta, sólida y bien engranada, la realidad es que basta con una serie de estímulos —una crisis ecológica, un colapso social, una cadena de decisiones erróneas— para que todo se tambalee como un castillo de naipes o caiga como fichas de dominó.

Ese es el corazón de la historia: mostrar cómo, sin necesidad de escenarios apocalípticos imposibles, podríamos llegar a una situación extrema provocada por nosotros mismos. No se trata de ciencia ficción desatada, sino de un futuro plausible. Y para lograr transmitir esa inquietud, me he documentado en profundidad. Cada uno de los elementos científicos que aparecen en la novela —desde los escenarios metabólicos bioquímicos hasta las teorías biológicas o los comportamientos psicosociales— está respaldado por estudios reales, por teorías vigentes, por situaciones que, en muchos casos, ya están ocurriendo en alguna parte del mundo.

Esa verosimilitud, ese “esto podría pasar de verdad”, es lo que genera la intranquilidad que busco en el lector. Porque no hay monstruos fantásticos ni catástrofes extraterrestres: solo hay decisiones humanas, intereses cruzados y una sucesión de acontecimientos que empujan a la humanidad hacia un límite… que quizás ya estamos rozando.

Si después de leer la novela alguien mira las noticias con otros ojos, se pregunta cuánto control tiene realmente sobre su vida, o se plantea qué mundo estamos dejando a las siguientes generaciones, entonces habré conseguido lo que me propuse: sacudir un poco la conciencia desde la ficción.

 


© Javier Regueira Serrano.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha? ¿Nos puedes adelantar algo de ellos?

Ahora mismo estoy completamente inmerso en la escritura de El décimo ángel, una novela negra con tintes de thriller psicológico y elementos muy potentes de asesinato ritual. Es un proyecto al que le tengo especial cariño porque me permite explorar el lado más oscuro y complejo de la mente humana. La historia gira en torno a una serie de crímenes que poco a poco van revelando un patrón inquietante, vinculado a un trasfondo simbólico y religioso.

El asesino no solo mata: escenifica. Cada crimen es una representación, una especie de ritual que esconde un mensaje, un código, una venganza. A medida que avanza la investigación, tanto los personajes como el lector se verán arrastrados a una red de secretos, obsesiones y traumas que cuestionan lo que creemos saber sobre la moral, la fe y la justicia. Es una novela muy atmosférica, con tensión constante, y que juega al despiste hasta el final. Estoy disfrutando mucho del proceso, porque me permite construir capas de significado y trabajar la psicología de los personajes al detalle.

Paralelamente, también estoy trabajando en la segunda parte de El límite Kallmanm, que llevará por título Parte 2:Sufrimiento y cuya publicación está prevista para finales de enero de 2026. Ya estoy perfilando las tramas, atando cabos y preparando una continuación que será aún más intensa que la primera parte. Si La caída planteaba la pregunta sobre qué nos llevaría al borde del colapso, El sufrimiento mostrará las consecuencias humanas, políticas y emocionales de ese colapso, y hasta dónde estamos dispuestos a llegar para sobrevivir… o resistir.

En definitiva, 2025 y 2026 vienen cargados de historias. Historias que buscan entretener, por supuesto, pero también incomodar, remover, dejar poso. Esa es, al fin y al cabo, la razón por la que escribo.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?

Sí, me gustaría aprovechar este espacio para dar las gracias. En primer lugar, estoy muy agradecido por hacer posible esta entrevista, por el interés, la generosidad y por brindarme la oportunidad de compartir no solo mis libros, sino también la parte más personal que hay detrás de ellos. Escribir puede ser un camino solitario, pero cuando alguien se detiene a escuchar, a preguntar y a profundizar, uno se siente acompañado.

Y, sobre todo, quiero dar las gracias a quienes están al otro lado de las páginas: los lectores. A los que se han atrevido a descubrir mis historias, a los que se han emocionado, sorprendido o inquietado con ellas… y, muy especialmente, a quienes me escriben para contarme sus impresiones, para compartir una frase que les marcó o simplemente para decirme: “me lo leí de un tirón”. Esos mensajes, que a veces llegan por redes, por correo o incluso en persona, son una fuente inmensa de motivación y cariño. Me recuerdan por qué escribo, por qué merece la pena cada hora frente al teclado, cada duda, cada reescritura.

Así que gracias, de corazón. Por leer, por recomendar, por acompañar este camino. Nos seguimos encontrando en las páginas.

Muchas gracias, Javier, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Te deseamos una carrera literaria larga y próspera.

Y a vosotros, amigos del blog, gracias por estar un día más pendientes de nuestras publicaciones. Ahora, ¡a leer!

Cristina Monteoliva