jueves, 19 de mayo de 2016

Entrevista: JUDITH BOSCH

Queridos amigos lectores,

Hoy contamos en La Orilla de las Letras con la entrevista que Judith Bosch (Venezuela, 1982) nos ha concedido recientemente. Para los que no las conozcáis, os cuento que Judith ha publicado en solitario las novelas Buscando a Ruth (Anroart 2008), Las mil caras del espejo (Veintitrés Escalones 2010), la antología Aperitivos tóxicos y otros relatos (Veintitrés Escalones 2010) y Amazonas dormidas (Veintitrés Escalones 2011). Además, ha participado en las antologías Doble o Nada (Huerga y Fierro 2009), El ojo Narrativo Ecos [2] (Anroart 2009), Once mensajes en una botella (Septenio 2009), Antología del Microrrelato en Canarias (Anroart 2009), Mascotas (La Pastilla Roja Ediciones, 2015) y en la antología poética Irreconciliables 2015. También ha desarrollado creación literaria para proyectos del Centro Atlántico de Arte Moderno, la Casa Museo Antonio Padrón, la revista cultural Contemporánea, el proyecto de arte independiente Alharafish, el plan de lectura Leyendo por Canarias, la Asociación Cultural Cuando el Río Suena, el proyecto de Septenio Jóvenes Estelares y la revista Lúdico-Cultural MoonMagazine. Por último (por ahora, puesto que estoy segura de que pronto nos sorprenderá con nuevos proyectos), es Cofundadora y directora de contenidos de la agencia de Branding y Narrativa Estratégica IMGENIUZ. Su blog es www.judithbosch.wordpress.com
Podéis encontrar en La Orilla de las Letras la reseña de Amazonas dormidas (pienso colgarla el mismo día que este artículo).
Dicho todo esto, por fin os dejo con las palabras de Judith:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Aprendí a leer y a escribir a los tres años. Mi primer cuento lo escribí con cinco años y desde entonces hasta hoy escribo casi a diario: cuentos, reflexiones, versos… Me aventuré con la novela a los veinte. He escrito cinco novelas, una de ellas está inédita aún. No creo que la publique nunca.

¿En qué género te encuentras más a gusto?
Relato y Microrrelato. La novela requiere demasiada implicación. Tal y como yo la asumo: al menos cuatro meses de investigación, en los casos más sencillos y, como poco, seis meses de creación, pensando en los personajes y en la trama cada día, a todas horas. Luego dejarla enfriar, volver a leer, meter tijera… El relato es más inmediato. No requiere tanta inversión de tiempo, investigación, planificación... y, sin embargo, sí te da la oportunidad de implementar técnicas muy precisas que consiguen impactar, emocionar e involucrar al lector.



¿Qué autores crees que han influenciado en ti como escritora?
De pequeña solamente leía clásicos del XVIII y el XIX: Dickens, los Grimm, Verne, Twain, H.G. Wells… Y fábulas y odiseas griegas. Descubrí a Roald Dahl a los doce y enseguida me enganché a su potente imaginario y a su manera de entrelazar fantasía y crítica social. Te cuento todo esto porque estoy segura de que nuestra base, a la hora de entender el mundo desde el punto de vista narrativo, se forja a esas edades. Ahora mismo admiro a Chejov, Ambrose Bierce, Jeannete Winterson y Katherine Mandsfield. Los leo y los releo con muchísima atención. Trato de empaparme de un atisbo de su maestría y de las formulas que consiguen que la locura y la sensatez se mezclen en un resultado genial. Cada vez que vuelvo a acabar cualquiera de sus obras pienso: «ojalá algún día consiga escribir la mitad de bien».

¿Cómo se te ocurrió escribir Amazonas dormidas?
Vivo en esta sociedad y, como bastantes personas mucho antes que yo y en estos mismos momentos, he reflexionado mucho sobre la prostitución. A los dieciséis años, creo, empecé a pensar y decir que se trataba de «otra profesión como cualquiera. Estigmatizada por el machismo estructural y la moral judeocristiana». A los veintiséis, que es cuando empecé a investigar para crear esta novela, seguía pensando igual, pero tenía mis momentos de duda. Después de la investigación —bueno, podría decirte que desde la segunda semana de investigación—, tuve claro que sí, es antigua: la forma de explotación más antigua del mundo. Creo que legalizarla «como trabajo» sería retroceder. No creo que jamás vuelva a cambiar de opinión. Imposible que eso ocurra. Digamos que empecé a investigar para despejar dudas personales y acabé con una novela que no se parece en nada a lo que tenía pensado en un principio: reflexionar sobre machismo y tabúes.

¿Por qué ese título y no cualquier otro?
Iba a llamarla «El latido de las piedras», pero me pareció frívolo y radicalmente insuficiente e injusto. Creo que todas las mujeres que se ven obligadas, o impulsadas, por cualquier motivo, a someter su sexualidad y convertirla en objeto, tienen una fortaleza especial y rotunda que el patriarcado silencia. Esto es, en la novela no hablo de las víctimas de la trata sino de mujeres osadas y fuertes, que acaban tomando ese camino por confundir fortaleza por aguante —o camino propio, libertad, por esclavitud disfrazada—.

Háblanos de la documentación de este libro. ¿Hay alguna historia real dentro de él?
Hay muchas situaciones y experiencias prácticamente calcadas a relatos que escuché y anoté durante los seis meses de investigación, pero todas las tramas y personajes principales son ficticios.



¿Te has tropezado con muchas Leilas (la adolescente protagonista de esta obra se llama así) mientras te documentabas para escribir este libro?
Conocí a prostitutas que no llegaban a los dieciocho, pero nunca tuve la oportunidad de hablar con hijas de prostitutas no relacionadas con este ambiente. Las prostitutas que no quieren vincular a sus hijas con este ambiente son muy celosas al respecto. Al menos las que yo conocí; ya no es que me negaran la posibilidad de entrevistar a sus hijas, es que, viendo su reacción cada vez que sacaba el tema de sus hijas, no tuve ovarios de proponerlo.

¿No crees que Leila, la protagonista de esta historia, es demasiado inocente?
He conocido a muchas personas diferentes, que enfrentan realidades muy duras de manera diferente. He conocido personas que generan un mecanismo de defensa tal que, a simple vista, aparentan aún más dureza que la realidad que les ha tocado. Esto es: «La vida es cabrona, pues yo tres veces más cabrona. Conmigo no van a poder». He conocido personas muy frías, que todo lo reducen a un campo de problemas y soluciones. Y he conocido personas como Leila, que se meten en su burbuja, en su realidad inventada, y allí se quedan a salvo, tomando de la vida solamente lo que no duele. Yo soy así. Tuve una infancia y una adolescencia bastante duras. Sin embargo, era muchísimo más inocente que amigas mías con «más suerte» o «una vida aparentemente más sencilla». Creo que hay muchos tipos distintos de personas y está bien observar y entender distintas maneras de tomarse la vida.

Amazonas dormidas es un libro sobre prostitución, pero también sobre racismo e hipocresía social. Este libro se publicó en 2011. En estos cinco años, ¿crees que nuestra sociedad ha cambiado a mejor o a peor en estos aspectos?
No lo sé y no tengo una opinión formada al respecto. Creo que hay grupos sociales extremadamente conservadores —y me refiero a conservar diferencias de clases, creencias machistas, racistas, xenófobas, etc. A esto me refiero con el término—, conscientes de sus privilegios como grupos opresores, aunque expresen lo contrario, que ni han cambiado, ni cambiarán. Creo que hay iniciativas y movimientos que han llevado a pensar y a reaccionar a otros grupos, no conscientes de estos privilegios en un principio, que ahora se suman a las luchas sociales. En el mismo contexto, vemos cómo una lacra que creíamos mermada gana posiciones en toda Europa y grupos bien nutridos de neonazis salen a invadir las calles. Al mismo tiempo, religiosos extremistas infunden el terror y reivindican su derecho a expresar y perpetuar costumbres que atentan contra los derechos humanos. No sé en qué punto estamos y no tengo ni idea de lo que va a suceder en los próximos años. Sobre la hipocresía: creo que es condición humana. Lo suyo sería aprender a canalizarla de alguna manera y que genere el mínimo de daño social posible.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Amazonas dormidas?
Un libro que les invite a pensar. Sobre todo, me encantaría que la gente convencida de que la prostitución no es explotación, sino «trabajo» mal gestionado, reflexionara después de leerlo y se animara a conocer entrevistas y acciones de abolicionistas y exprostitutas consagradas a la abolición. Más que esperar, deseo que este libro abra mentes.



También has publicado una antología de microrrelatos: Aperitivos tóxicos y otros relatos. ¿Qué nos puedes contar de este libro?
Cachondeo puro. Humor negro; tramas, situaciones y personajes absurdos; irreverencias que cruzan esos límites que algunos quieren ponerle al humor; vueltas de tuerca insanas…  Me encanta. Y estoy preparando otro de las mismas características. Justo después de publicar por primera vez ese libro, en 2011, descubrí a Ambrose Bierce y pensé: «¿Dónde ha estado esta persona durante toda mi vida?». Fue un flechazo, completamente. Después de leerlo dices: «Coño, tengo que conseguir este nivel de humor negro como sea». He trabajado mucho desde entonces para mejorar y, sin llegarle a los talones a Bierce, deseo que, tanto Aperitivos como el próximo libro de microrrelatos, satisfagan a los amantes del humor retorcido y breve que se topen con ellos.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Estoy completamente centrada en mi faceta profesional. Trabajo en una agencia de Branding y Narrativa Estratégica y, desde hace casi dos años, invierto muchos esfuerzos en las historias y los relatos para marcas. Me encanta porque crezco con cada relato. La Narrativa Estratégica requiere implementar técnicas creativas y de comunicación muy concretas. Además, todos los relatos —salvo los relatos de producto—, están basados en historias reales y no veas lo que me enriquece eso: entrevistar, escuchar, empaparme, aprender…. El «amor al arte», en mi caso, no da de comer, pero puedo aprovechar mi experiencia en iniciativas y trabajos que sí lo hacen, y eso es lo que ahora atrapa casi todos mis esfuerzos. Sin embargo, quiero sacar una «Segunda Entrega» de Aperitivos y, bueno, hay algo que seguro acabaré haciendo: escribir biografías. Hay un señor, que es marinero y se apoda PI —como el de la novela de Yann Martel—, al que conocí en un restaurante, de casualidad, y al que estoy deseando entrevistar para un trabajo largo. Sé que requerirá mucha inversión de tiempo y esfuerzo, pero me encantaría escribir una novela sobre su vida.

Por último, ¿te gustaría añadir algo más antes de dar por finalizada esta entrevista?
Estoy contenta de haber contactado contigo. Me gusta mucho el encuentro entre libros, autores y lectores que has creado. Me parece tan inspirador como el mar, motivo tan presente en este blog, en forma de sensaciones visuales y cognitivas. Estoy contenta y guardaré esta entrevista en mi caja de recuerdos hermosos. Muchas gracias y larga vida a las orillas y a las buenas coincidencias.  

Muchas gracias a ti, Judith, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Espero que tengas mucho éxito en todos los proyectos literarios, y no literarios, que decidas emprender y pronto muchos más lectores se acerquen a tu obra, pues merece la pena.
Y a vosotros, amigos y seguidores, muchas gracias por estar ahí un día más.

Cristina Monteoliva

2 comentarios:

  1. Leí Amazonas dormidas hace años y la recomiendo, como suele decirse, encarecidamente. La novela juvenil no vive solo de romances fantásticos y líos de instituto. Una novela valiente y, sobre todo, muy entretenida.

    ResponderEliminar
  2. No he tenido por el momento la ocasión de leer un libro tuyo; "Lo leeré" por el momento he leido esta entrevista que la has bordado. Un besote grande pa mi niña.

    ResponderEliminar