martes, 9 de febrero de 2016

Entrevista: CARLOS LURIA


Queridos amigos lectores:



Hace unos días he tenido el placer de entrevistar a un gran escritor y buen amigo: Carlos Luria. Periodista, guionista, profesor de escritura y escritor con un largo e interesante currículo a sus espaldas, Carlos irrumpe este mes de febrero de 2016 en el panorama literario con una muy interesante novela histórica: El hidalgo que nunca regresó. Hablo con él sobre su nueva novela, pero también de otros temas. Esperando que esta charla sea de vuestro interés, aquí os dejo con ella:



Carlos Luria ha sido periodista, guionista y escritor. Leo en la solapa de tu libro que actualmente te sigues dedicando a la escritura (obvio: el motivo de esta entrevista es la reciente publicación de tu novela El hidalgo que nunca regresó), además de ser profesor de novela en Laboratori de Lletres y colaborador literario en La 2. ¿Crees que se puede vivir solamente de las letras o eso es cosa de unos pocos hoy día?

Pues precisamente tengo un primo que tiene una amiga a la que hablaron de un tipo del barrio que tenía un vecino cuyo hermano resulta que vivía de las letras... Aunque a lo mejor era un vacilón, vete a saber. Y ahora en serio: vivir de las letras es más remoto que una alineación planetaria, e infinitamente más complejo. Y seguirá siendo remoto y complejo mientras un sesenta por ciento de españoles no lean ni un libro al año y sus gobernantes no apoyen a la Cultura más allá de la exhumación de los improbables huesos de Cervantes.  



Como lector, escritor y profesor, dínos, ¿qué tiene que tener una buena novela? ¿Y una buena novela histórica?

Creo que una buena novela sólo debe tener una condición: que emocione. La emoción es la materia prima de la Literatura y, en general, de toda ficción. Lo mismo para una buena novela histórica. Por desgracia, una buena parte de las novelas pertenecientes a este género son un alarde de documentación más que de emoción. A la Novela lo que es de la Novela, y a la Wikipedia lo que es de la Wikipedia.



Tú eres ahora profesor de escritura. ¿Quiénes fueron antes tus maestros?

Los buenos libros, claro. Los buenos libros son un botín de guerra para los que nos dedicamos a esto. Son la mejor escuela, el manual más eficaz. Los profesores podemos ofrecer técnicas, espolear los espíritus, perfeccionar criterios. Pero nada como echarte al coleto un buen Tolstoi del 75. 


 




Háblanos de tu experiencia como profesor de Laboratori de Lletres.

Para mí es la felicidad, el aprendizaje constante por ambas partes, el paladeo de la Literatura, contacto con mentes maravillosas. Son las alegres copas que nos tomamos al salir de clase, la diversión y los pelos de punta, las risas y algunos llantos. Son las palabras justas y hermosas, las charlas interminables sobre la influencia de Faulkner en García Márquez, las ganas de que empiece una nueva clase y, sobre todo, los nuevos amigos.



Como escritor, ¿dónde encuentras la inspiración?

No creo en la inspiración. Creo en el trabajo duro y en la presbicia por culpa de tanto ordenador.



¿Tienes algún método a la hora de escribir o alguna manía reseñable?

Escribo sólo por las mañanas, de nueve a dos, en una habitación sin vistas y en completo silencio. Cada media hora, aproximadamente, busco una excusa para distraerme: poner la lavadora, colgar alguna chorrada en Facebook o pensar en las musarañas. De vez en cuando me miro las uñas. Y hay una cosa en la que soy inflexible, y es que sólo permito una compañía: la del diccionario de sinónimos.



Tu primera novela publicada era una historia policiaca. El hidalgo que nunca regresó es, sin embargo, una novela histórica. ¿A qué se debe el cambio de registro? ¿Te veremos escribiendo de nuevo novela negra en el futuro? 

Entre Uno de los muertos, la novela negra a la que te refieres, publiqué una novela landscape bajo seudónimo, una táctica alimenticia que me ha dado buenos resultados. Así que la variedad de géneros es enorme. No me gusta encasillarme en un género, porque eso equivale a cortarme yo mismo las alas. Yo sólo pienso en buenas historias, y si pertenecen a este u otro género, pues estupendo para el librero, que sabrá dónde colocar mi libro. De hecho, mi próxima parada será un libro de cuentos (para desesperación de mi agente).



Se conoce muy poco sobre el paso de Miguel de Cervantes por Barcelona. Pensando en los lectores más puristas de novela histórica, ¿no crees que es un poco arriesgado, entonces, escribir sobre el tema?

La novela histórica es arriesgada de por sí. Es un género repleto de licencias (tal vez el que más, junto con la ciencia ficción), y lo único que debe exigírsele al autor es que aclare qué apartados son producto de su imaginación y cuáles responden a la realidad histórica. Yo lo he hecho así. Por lo demás, lo que sabemos a ciencia cierta de Cervantes cabría en cinco folios, así que cualquier ficción con el maestro como protagonista es necesariamente arriesgada. Sin embargo, hay un hecho cierto y que ya resulta un poco tópica: la vida de don Miguel está tan repleta de aventuras que haría palidecer al mismísimo Abraham Lincoln. Lo que pasa es que los españoles tendemos a buscar fuera lo que tenemos, y sobradamente, dentro, y a resultas de ello sabemos que Texas está en el Medio Oeste norteamericano pero no sabemos dónde están los cuerpos de miles de republicanos fallecidos en la Guerra Civil.


 




Y, a todo esto, Barcelona y los bares (buena parte de El hidalgo que nunca regresó trascurre en una pintoresca taberna de la época) son temas recurrentes en tus obras. ¿Es algo premeditado o totalmente inconsciente?

Yo soy un barcelonés meditado y premeditado. Conozco y amo mi ciudad, y eso me facilita algo las cosas a la hora de escribir. Respecto a los bares y las tabernas, qué quieres que te diga: son un colosal punto de encuentro, y eso en ficción equivale a una golosina. 



¿Qué parte de El hidalgo que nunca regresó te ha costado más escribir?

Tuve muchísimos problemas a la hora de hacer hablar a don Miguel. Llegué a soñar con él y a sufrir insomnio. En síntesis, fueron problemas lingüísticos, por un lado, y problemas derivados de un cierto complejo de inferioridad por el otro (los últimos problemas, por cierto, me los curó Javier Cercas de un sopapo bien dado). También tuvieron cierta dificultad narrativa los combates de espadas, pero me lo pasé tan bien documentándome sobre el arte de la esgrima en el siglo XVI que la dificultad se vio compensada con la diversión: una balestra bien ejecutada deja en mantillas cualquier paso de baile de Shakira. 



¿Te sientes identificado con alguno de los personajes de esta novela?

Con todos. De verdad. Hasta con el cruel sargento de los Tercios. Hasta con el traidor. Un escritor debe identificarse con todos los personajes de su novela, por estrambóticos o perversos que sean.



Si tuvieras que volver a escribir sobre Cervantes, ¿qué otra parte de su vida te gustaría tratar en esa hipotética novela?

Hay dos momentos en la vida de Cervantes que me interesan, y de ellos uno es real y el otro imaginado. El primero, prodigioso, es su estancia en la cárcel de Sevilla, donde rodeado de gentes de la peor calaña y del ambiente menos apacible que quepa imaginarse empezó a escribir el Quijote. El otro es su improbable encuentro con Shakespeare en Valladolid. De ambos me gustaría escribir, aunque dudo que lo haga (para desesperación de mi agente, de nuevo).






2016 es el año de Cervantes. A lo largo de este año imagino que se pondrán a la venta multitud de obras que hagan referencia al escritor español más célebre. Ahora bien, ¿qué van a encontrar los lectores en El Hidalgo que nunca regresó? ¿Por qué decantarse por tu libro y no por cualquier otra novela histórica cervantina?

Una previa: por el momento, 2016 es el año de la vergüenza institucional a la hora de conmemorar los cuatrocientos años de la muerte del genio. En Inglaterra hace ya semanas que empezaron los fastos en torno a Shakespeare por el mismo motivo, y mientras tanto aquí el Gobierno se conforma con obligar a los escritores jubilados a elegir entre su exigua pensión o los pobres exiguos derechos de autor. Eso por un lado. Por el otro, El hidalgo que nunca regresó ofrece una visión global y humana de don Miguel al mismo tiempo que aporta luces sobre su fascinante estancia en Barcelona, un episodio de su vida muy poco explorado y muy, muy importante: recordemos una vez más que es en Barcelona donde don Quijote recupera la  cordura. Barcelona es fundamental en Cervantes. Así que sepamos qué le ocurrió allí.



Por cierto, ¿qué opinas de las versiones del Quijote “modernizadas” o traducciones del Quijote al idioma actual? ¿Crees que son necesarias hoy día?

He leído la actualización de Trapiello. Me parece una obra muy trabajada, leal con el original y estupenda como puerta de entrada al Universo Cervantes. Las polémicas en este sentido me parecen banales. Trapiello ama la palabra. 



Y por último, ¿qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?

Como ya he dicho, cuentos. Cuentos para adultos. Pero necesito unas semanas de respiro. Don Miguel es mucho don Miguel, y después de tres años de confraternización, el hidalgo me ha dejado agotado.



Pues cuando descanses, ¡a por esos cuentos! Seguro que pronto te vemos estrenando también ese libro. Mientras tanto, te deseo la mayor de las suertes con El hidalgo que nunca regresó.

Muchas gracias, Carlos, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos.

Y, a vosotros, gracias por leer esta entrevista, que, como decía antes, espero que haya sido de vuestro agrado.

Cristina Monteoliva

No hay comentarios:

Publicar un comentario