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martes, 20 de diciembre de 2016

Reseña: J, de Howard Jacobson

Título: J
Autor: Howard Jacobson
Traducción: Antonio Rivero Taravillo
Publica: Sexto Piso
Páginas: 392
Precio: 23 €

Viendo las noticias en el telediario, sabiendo lo que pasa en el mundo últimamente, lo raro sería no creer que en algún momento ocurrirá algo tan grave, que cambie para siempre nuestra manera de ver y vivir el mundo. Tras ese hecho, habrá que construir una nueva sociedad, un nuevo sistema. ¿Cómo sería en el caso de que la gente prefiriera enterrar lo que nos llevó al desastre? ¿Cómo se comportaría la gente si esta nueva sociedad impusiera una docilidad y una calma que no son tales? La respuesta la encontraréis en J, la novela de Howard Jacobson de la que a continuación os hablo.
Nos encontramos en un hipotético futuro, no muy lejano, en el que la gente no quiere hablar de algo terrible que tuvo lugar y, cuando han de mencionarlo obligatoriamente, se refieren a ello como LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ. En este mundo en el que todos piden perdón continuamente, los nombres de las personas y las ciudades han sido cambiados y todo lo que no invite a una calma artificial y tensa ha sido censurado estrictamente, nos encontramos con Kevern Cohen. Kevern siempre ha vivido en Puerto Rubén. Tras la muerte de sus padres, se quedó con la casa familiar, el negocio de las esculturas de madera que vende a los turistas en algunas tiendas de la zona, un montón de manías y una melancolía extrema que le hace pasar mucho tiempo cerca del acantilado, tal vez pensando en tirarse o no al mar. Kevern descubre que no siempre va a estar solo el día que aparece en el pueblo Ailinn Solomons. Ailinn, una huérfana que ignora por completo el pasado de su familia, se ha trasladado a una casa en el campo con una extraña amiga de nombre Esme Nussbaum. En cuanto conoce a Kevern, y tras comenzar una relación amorosa con él, Ailinn se trasladará a vivir a su casa. Allí descubrirá no solo que el hombre al que ama tiene más cicatrices de las que ella pensaba sino que la vida de ambos se ha unido tal vez no por el azar.
Como decía al principio de esta reseña, con los datos que nos aportan las noticias hoy en día, no sería muy disparatado pensar que algo demasiado grande como para ser controlado pueda estar a punto de pasar. Howard Jacobson también ha pensado en ello. Teniendo en cuenta problemas como los de las migraciones hacia Europa tanto de refugiados como de inmigrantes ilegales, el racismo, los extremismos religiosos, las ocupaciones militares y las armas de destrucción masiva ha trazado un mundo postapocalíptico en el que las cosas están a punto de torcerse de nuevo.
Kevern y Ailinn son dos náufragos de este mundo singular. Dos seres atormentados condenados a estar juntos. Un par de enamorados que han de luchar contra el mundo y contra ellos mismos. De ello nos dan cuenta tanto el narrador en tercera persona que los sigue a todas partes como aquel en primera, encarnado en la irritante figura de Edward Everett Phineas Zemansky, un profesor de artes visuales benignas (en este futuro no es posible dibujar nada que pueda desagradar a alguien) pagado de sí mismo.
La clave está en LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ. Como nadie habla claramente de ello, deberemos estar atentos en todo momento para encontrar las pistas certeras que nos harán entender qué tipo de horrible situación se vivió, qué fue lo que cambió el mundo hasta el punto de convertirse en un lugar demasiado sumiso donde la violencia está a punto de saltar de nuevo.
J, obra Finalista del Man Booker Prize, en definitiva, es una interesante historia futurista distópica que, sin embargo, nos hace pensar mucho en nuestro presente, en los problemas globales y locales de hoy en día, en cómo pueden acabar las cosas si no ponemos remedio a esta escalada de violencia, de intolerancia, de impasividad... Esta inquietante novela, tan llena de personajes imperfectos, malas intenciones pero también esperanza, no solo agradará a todos los lectores de narrativa literaria, sino también a los amantes de la ciencia ficción de calidad que busca remover todo tipo de sentimientos en el lector. Yo que tú, no me la perdería.
Cristina Monteoliva