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lunes, 17 de octubre de 2016

Reseña: MANUAL DE JARDINERÍA (PARA GENTE SIN JARDÍN) de Daniel Monedero.

Título: Manual de jardinería (para gente sin jardín)
Autor: Daniel Monedero
Publica: Relee
Páginas: 167
Precio: 15 € / 8 € (Mobi y epub)

A muchos nos gustan las plantas. Sin embargo, no todos tenemos buena mano con ellas. Es más: algunos ni siquiera tenemos sitio para colocar un mísero geranio de plástico. Por eso cuando me enteré que Daniel Monedero había publicado su libro de relatos titulado Manual de jardinería (para gente sin jardín) supe que tenía que leerlo. Mi impresión sobre este curioso manual podéis encontrarla en los siguientes párrafos.
Manual de jardinería (para gente sin jardín) es un libro compuesto por un total de diez relatos, de lo más heterogéneo, de Daniel Monedero y un prólogo escrito por Matías Candeira. El volumen le debe la primera parte de su nombre, Manual de jardinería, a uno de sus relatos. En él, un muchacho de raza negra de Nueva York, convencido de ser la reencarnación de una famosa poeta polaca, emprende un viaje tanto físico como espiritual con el fin de encontrar su verdadera esencia. O, al menos, algo que le haga sentir menos vacío.
El mundo está llena de plantas de todo tipo: de hoja perenne, de hoja caduca; con flores, sin ellas; de tiempo seco, de tiempo húmedo… De igual manera, los jardines pueden componerse de plantas de muchos tipos. Plantas a veces pequeñas y otras grandes, por ejemplo. Como los relatos que encontramos en este libro: unos bastante largos (casi novelas cortas) y otros bastante breves (aunque sin llegar al microrrelato).
Cada planta de jardín necesita unos cuidados concretos. De igual manera, cada historia ha de narrarse desde una voz narrativa concreta y con el estilo que la haga brillar entre todas las demás historias. Daniel Monedero lo sabe bien. Por eso nos ofrece en su libro narraciones tanto en primera persona (como sucede en Diario de una mujer reunida, Llamadme Mississippi, Non finito, Antología de poesía universal, Honolulú y Último verano en Seattle) como en segunda (Universos paralelos) y tercera (Manual de jardinería, Sumamente azul y Sylvia y Ted); cuentos biográficos desde la perspectiva del diario personal (Diario de una mujer reunida), de las vivencias de toda una vida (Llamadme Mississippi, Antología de poesía universal) o de solo una parte de ella (Non finito, Último verano en Seattle); incluso relatos en los que sus protagonistas divagan y hacen divagar a los lectores (Antología de poesía universal, Sumamente azul).
El libro comienza con Universos paralelos, una historia sobre las expectativas que ponemos en las relaciones amorosas, cómo pueden acabar con el paso de los tiempo y la distinta evolución de los componentes de dicha relación. Siguiendo con la analogía botánica, diré que este relato, una larga oración cargada de comas de varias páginas de longitud, me ha recordado bastante a aquella planta trepadora que teníamos cuando yo era pequeña. Sin darnos cuenta, trepó por las paredes del edificio hasta llegar a la azotea. Si el bloque hubiera sido más alto, estoy segura de que habría seguido su escala. Años después, murió sin que supiéramos hasta dónde habría sido capaz de llegar.
El desamor, como pronto también vosotros descubriréis, es una flor común en el jardín de este manual. Otros relatos que tratan este tema son Diario de una mujer reunida, un cuento escrito a manera de diario personal de una mujer de negocios que ve cómo su matrimonio se desmorona poco a poco; Non finito, un divertido texto que nos habla de lo cruciales que pueden ser los viajes de placer para acabar con las relaciones maduras; Honolulú, un relato sobre los amores platónicos que no llegan a ninguna parte por culpa de la intervención de terceros indeseables; Último verano en Seattle, un cuento biográfico en el que el protagonista, entre otras muchas cosas, habla de su primera ruptura sentimental; y Sylvia y Ted, una historia sobre los amores que, como esas flores que plantamos los que tenemos tan mala mano con las plantas,  están condenados a la muerte nada más nacer.
Estos relatos no solo nos hablan de jardines de aquí, sino de los que podríamos plantar en lugares tan distantes como las inmediaciones del río Mississippi, Nueva York, Cracovia, Roma, Seattle… Queda comprobado, una vez más, que la literatura hace que el lector viaje con la imaginación a lugares en los que nunca estará.
En los jardines hay que tener cuidado con los nutrientes, el agua, los insectos y también los pájaros. Estos animalitos alados se han colado en varios relatos: Sumamente azul, un relato de corte fantástico, yo diría que mágico, un tanto angustiante; y Honolulú, donde, ya muertos, le hacen una gran faena a ese pobre oficinista que ve la vida pasar desde la triste ventana de su puesto de trabajo.
También en este manual se han colado personajes metaliterarios, como el amigo de Tom Sawyer en Llamadme Mississippi; ídolos de adolescencia, como en Último verano en Seattle; poetas ganadoras del nobel, como en Manual de jardinería… Tantas y tantas cosas, en definitiva, que podría pasarme horas y horas escribiendo. Pero, entonces, vosotros aburriríais de tanto leer y ya no tendríais ganas de saber qué otros grandes consejos sobre jardinería, amores, pájaros, viajes, etc tiene para daros Manual de jardinería (para gente sin jardín), un libro de cuentos tan completo como cargado de significado que a ti, amante de la buena literatura breve, te está esperando para hacerte pasar un rato de lo más enriquecedor. ¿A qué esperas para comprobarlo?

Cristina Monteoliva