viernes, 19 de mayo de 2017

Entrevista: ANTONIO ORTUÑO.

Queridos amigos lectores,

Hoy os invito a leer la entrevista que nos ha concedido el ganador del V Premio Ribera del Duero con su libro La vaga ambición. El autor no es otro que Antonio Ortuño, al que seguro que conocéis por alguna obra publicada anteriormente (o varias), pues su carrera literaria es extensa.
Tal y como podéis leer en www.paginasdeespuma.com, Antonio Ortuño nació en Zapopan, Jalisco (México), en 1976. Ha publicado tres libros de relatos, El jardín japonés (2007), La señora Rojo (2010) y la antología personal Agua corriente (2015).También las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), Ánima (2011), La fila india (2013), Blackboy (2014, con el seudónimo «A. del Val»), Méjico (2015) y El rastro (2016). Fue ganador del Premio de la Fundación Cuatrogatos, de Miami, al mejor libro juvenil por El rastro (2017) y finalista del Premio Herralde de novela (Barcelona, 2007) por Recursos humanos. La revista británica Granta lo eligió como el único mexicano en su selección de mejores escritores jóvenes en español (2010). La revista GQ lo premió como «Escritor del año» en 2011. Ha sido traducido a diez idiomas.
Hablamos con Ortuño de La vaga ambición, pero también de otros temas relacionados con la escritura. Si quieres saber cuáles, no tienes más que seguir leyendo este artículo:

La nota biográfica de Antonio Ortuño está plagada de libros publicados hasta la fecha, tanto novelas como antologías de relatos. Pero, ¿cuándo comenzaste a escribir?
En la infancia, como un pasatiempo ocasional. Articuladamente, ya en la adolescencia. A eso de los 14 años, en una máquina de escribir Remington que había sido de mi abuelo, escribí los primeros relatos y algunos intentos fallidos de novela. A los veinte años hice una limpia y tiré, no miento, más de diez mil cuartillas.  

¿Siempre quisiste dedicarte a la escritura?
No. Antes quise ser rocker o dirigir cine y, a la vez que escribía, fui periodista muchos años. Pero todo eso significaba trabajar en grupo, depender de otros, invertir un dinero que no tenía. Escribir es el arte más barato. Y solitario: se escribe solo y se lee solo. Es perfecto.

¿Qué autores o libros crees que te han influenciado como escritor?
Una pequeña multitud. A botepronto, Borges, Ramos Sucre, Ibargüengoitia, Marsé, Quevedo, Patricia Highsmith, Rubem Fonseca, Saki, Bulgakov… (estoy mirando los libreros mientras respondo)


(c) Álvaro Moreno

Si tuvieras que elegir entre novela y relato, ¿con qué género te quedarías?
Mi género es la narrativa. A veces se me ocurren cosas que paran en relato y otras, ideas que alimentan una novela. Trabajo de manera muy diferente una cosa y otra pero no prefiero ninguna sobre otra.

Has ganado el Premio Ribera del Duero a tu libro La vaga ambición. ¿Qué ha supuesto para ti este premio?
Una felicidad. La posibilidad de que me lea más gente. Escribo lo que se me ocurre, con libertad absoluta, y me asombra que un texto así gane un premio.

¿Cuánto tiempo has tardado en escribir La vaga ambición?
Desde que concebí la idea de estos relatos relacionados hasta que presenté el manuscrito pasaron quizá tres años. La escritura en sí, unos meses.


(c) Daniel Mordzinski

¿Puede considerarse La vaga ambición un libro autobiográfico?
Sí, pero no en un sentido confesional o, como se suele decir ahora, autoficticio. Los relatos aprovechan mi experiencia particular para torcerla y convertirla en ficción. Supongo que es un recurso común a casi toda la narrativa. Claro, para mi círculo cercano, hay pasajes y personajes reconocibles, pero eso le puede dar lo mismo a un lector común.

¿Cuál de los seis cuentos de este libro te ha costado más escribir?
Hay un texto particular, “Provocación repugnante”, que reescribí unas diez veces y para el que tuve que documentarme con varias lecturas y relecturas.

La vaga ambición es un libro sobre el mundo de la escritura. ¿Crees que el lector podrá entenderlo de igual manera que los que nos dedicamos a escribir?
Me parece que el tuétano del libro es la supervivencia, el trabajo, el exceso de bilis cotidiana que nos provoca existir, haberlo hecho en el pasado y tener que hacerlo en el futuro. Y eso es común a todas las personas, más allá de los círculos literarios.

El protagonista de estos relatos, Arturo Murray, ha de hacer todo tipo de actividades relacionadas con la escritura para pagar facturas, al igual que muchos autores hoy en día. Cuando lo importante es llegar a fin de mes, ¿qué espacio queda para la verdadera creatividad?
Es muy jodido crear cuando la simple rutina de supervivencia agota. Pero no es imposible. De otro modo, el arte sería simplemente otra forma de diversión de los ricos. Que lo es, pero no por completo. Y ese no es, desde luego, el tipo de arte que me interesa.


(c) Álvaro Moreno

¿Puede de verdad ser la escritura una forma de resistencia en los tiempos que vivimos?
Lo es. Aunque no es el tipo de resistencia política con que se le quiere asociar en ocasiones. La escritura es un arma individual, algo que exalta al individuo, al escribir o leer. Más que revolucionaria, yo diría que la buena escritura es subversiva. Por eso le revienta, al final, a todos los bandos.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en La vaga ambición?
Un buen paseo, sugestivo, alarmante, interesante.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en mente?
Escribo de tiempo completo. Ahora mismo, alisto otra colección de relatos y un par de novelas. Pero sigue, todo, en astillero.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Gracias por la charla. Saludos.

Muchas gracias a ti, Antonio, por tu tiempo, tus respuestas y las fotos que has aportado. Espero que La vaga ambición llegue a muchos lectores y pronto te veamos publicando un nuevo libro.
Muchas gracias también al equipo de Páginas de Espuma (Juan Casamayor y Paul Viejo) por proporcionar la foto correspondiente al día de la entrega del V Premio Ribera del Duero.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias una vez más por estar ahí. Y ahora, ¡a leer!
Cristina Monteoliva



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