lunes, 5 de diciembre de 2016

Entrevista: MÓNICA COLLADO CAÑAS.

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

da gusto trabajar, dedicarle tanto tiempo a este proyecto a costa de mi propia labor como escritora, cuando, además de encontrar amigos como vosotros que seguís este blog, te encuentras autores tan amables, tan disponibles a la hora de concederte parte de su tiempo a la hora de contestar unas preguntas para este blog.
Hoy tenemos el placer de hablar con Mónica Collado Cañas, cuya novela, Palabra de Sal, ha ganado el XIX Premio Vargas Llosa de novela.
La granadina Mónica Collado Cañas ha estudiado Periodismo y Filosofía. Escribe desde muy joven y ha colaborado en varias revistas literarias publicando cuentos, poemas y narraciones infantiles. En la actualidad, trabaja en una empresa audiovisual y escribe artículos sobre la mujer y el arte en el magazine trimestral Gansos Salvajes. Si queréis saber más de ella, podéis visitar su blog: www.lamanomassucia.blogspot.com.es  

¿Cuándo comenzaste a escribir?
A los 7 años, en una libreta que me hizo mi maestra de segundo de EGB por saberme todas las tablas de multiplicar. Fue mi primer diario y algo propiamente mío. Y siendo miembro de una familia numerosa, eso era muy importante.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?
Como lectora he tenido muchas etapas, que se han ido reflejando en mi escritura, cómo no. Siempre me ha encantado leer y he imitado mucho el estilo de cada escritor o escritora que me entusiasmaba, desde Gabriel García Márquez al Arcipreste de Hita. Me ha gustado mucho la literatura del Este y las novelas de personajes solitarios. En esta disparidad de gustos, creo que lo que me ha guiado siempre ha sido la búsqueda de la sensibilidad y la fuerza del texto como atributos fundamentales.

En tu opinión, ¿qué tiene que tener una novela para poder afirmar de ella que es realmente buena?
Es el universo del autor o autora lo que respalda a su novela. Es su concepción del mundo o de la vida, la riqueza de su sensibilidad. Y si a esa riqueza le acompaña un saber hacer en cuanto a la forma, entonces estaremos ante una buena obra.
Desde una perspectiva más filosófica, una buena obra es aquella que comprende que existe el mal, y que no es algo fortuito.

Palabra de sal es tu primera novela publicada. ¿Se han quedado muchos escritos en el cajón antes de decidirte a mandar al mundo esta obra?
Pocos, porque soy una escritora muy poco prolífica. Hasta ahora la escritura me ha resultado un trabajo, en el sentido mitológico del término, algo a caballo entre una necesidad y un destino. 

Palabra de sal obtuvo el XIX Premio Vargas Llosa de novela. ¿Te esperabas ganarlo? ¿Ha cambiado tu vida recibir este galardón?
No esperaba ganarlo, para nada. De hecho, cuando me llamaron ya había olvidado que había mandado la novela al concurso y tuve unos primeros segundos de confusión hasta que comprendí de qué me estaban hablando. Cualquier premio es algo muy gratificante, porque reconoce una labor en la que se han puesto muchas esperanzas, y a veces, desesperanzas. Por otra parte, este premio me ha permitido publicar, que es la primera frontera a la que llegamos los escritores y que es la más difícil de superar. En ese sentido, ha cambiado mi vida, por supuesto.



Palabra de sal también ha sido Finalista del Premio Chámbery a primera novela en castellano y está teniendo una gran acogida por parte del público. ¿A qué crees que se debe el éxito de esta historia?
Los lectores me hablan de su forma, de su lenguaje, del placer que les ha supuesto leerla, y yo estoy muy agradecida por ello. Yo añadiría que su éxito radica en conectar con el niño o la niña que seguimos llevando dentro, y que recuerda la sensibilidad originaria de nuestros primeros pasos en el mundo como un tesoro. La novela habla de iniciación y descubrimiento, es la metáfora del héroe que somos todos, porque hemos llegado a la adultez, que ya es mucho.

Por cierto, ¿cómo te surgió la idea de escribir esta novela?
No pensé en escribir una novela; pensé en escribirle a mi hijo los cuentos que me contaban a mí de pequeña, para que esa herencia oral no se perdiera. Luego surgió el personaje al que le contaban esos cuentos, y toda la trama de la historia, en la que los cuentos tienen un sentido metafórico y también son portadores de  una sabiduría muy humana, que transmiten pensamientos profundos de una forma sencilla, como hacía Cristo con las parábolas en los Evangelios. La cultura oral, donde se mezclaban la anécdota, el ejemplo, el entretenimiento y la reflexión, ha sido la forma de conocimiento de la humanidad durante muchos siglos. Prácticamente hasta hoy día, aunque con la revolución tecnológica no lo parezca. 

Palabra de sal es la historia de una niña, Corina, que vive con su familia en un cortijo. ¿Hay algo autobiográfico en esta novela?
Hay rasgos autobiográficos, sí, pero los humanos somos grandes mentirosos, que vivimos y nos contamos lo vivido casi al mismo tiempo, de modo que desdibujamos la frontera entre la realidad y la ficción en el relato de nuestra propia vida. Contar es interpretar, y el pequeño gesto de usar la palabra para expresarnos establece un interfaz decisivo que nos aleja de la realidad.  

En Palabra de sal podemos encontrar un buen número de cuentos y leyendas. ¿Han salido de tu imaginación o ya los conocías de antes?
En la mayoría de los casos, lo que recordaba era una anécdota, una frase, el nombre de un lugar o una historia corta que había escuchado. El resto –la mayoría del contenido- es imaginario, pero me gusta pensar que está en consonancia con el espíritu de la tierra de la que provengo.

¿No crees que la gente tiene hoy en día una idea muy idílica de lo que verdaderamente es vivir en el campo?
Una cosa es vivir en el campo y otra vivir del campo. Vivir en el campo… está a la medida de las posibilidades de cada cual. Vivir del campo a día de hoy… es imposible. Mis padres han vivido siempre del campo y su vida ha sido una proeza que no podríamos repetir hoy con las limitaciones que impone la economía globalizada. Por otra parte, quien vive del campo depende de la naturaleza, cosa contra la que ha estado luchando la humanidad desde la revolución neolítica, intentando domesticar lo indomesticable. Y de ese intento de someterla proviene todo el daño medioambiental que hemos hecho y seguimos haciendo. Vivir del campo supone muchas dosis de aceptación de lo que no podemos controlar, mucha incertidumbre y mucha incomodidad, cosas que no estamos dispuestos a tolerar en estos tiempos porque chocan frontalmente con los valores en los que estamos siendo educados continuamente.
  


Por cierto, ¿te irías a vivir a un cortijo?
Yo ya viví en un cortijo hasta los 17 años, cuando me fui a estudiar a la universidad. Y hay una parte de mí que siempre vivirá allí, aislada y en paz.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Palabra de sal?
Espero que lo disfruten mucho, que vuelvan a sentir la magia de la palabra y –sobre todo- que conecten con aquellas partes olvidadas u orilladas de nuestro recuerdo, con su infancia. Rilke dijo que la infancia es la patria del hombre, y es cierto. En nuestra infancia está nuestra fuerza, nuestro deseo originario, nuestra sensibilidad… El mundo sería más amable y más humano si nos olvidáramos del adultocentrismo y escucháramos de verdad a los niños, lo que queda en cada uno de nosotros del niño que fuimos.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Hay una segunda novela pendiente de ser publicada que seguramente verá la luz en 2017.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Que estoy muy agradecida.

Muchas gracias a ti, Mónica, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Mientras sale esa nueva obra en 2017, espero que Palabra de sal siga llegando a muchos nuevos lectores.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar siempre al otro lado.

Cristina Monteoliva

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