miércoles, 21 de septiembre de 2016

LO QUE EL VERANO SE LLEVÓ


El verano se va y con él se lleva mi promesa de acabar esa novela que tanto me está costando escribir por mis continuos atascos creativos.
La verdad es que no tendría que haberme prometido nada, sabiendo lo malo suele ser el verano para la escritura: que si el calor, que si la desidia, que si ahora vienen las fiestas… ¡Y eso que este verano no ha sido tan caluroso como el pasado! El verano pasado no sé cómo conseguí escribir siquiera las reseñas que publiqué en el blog. Ah, no, espera, ¡pero si el año pasado acabé el borrador de otra novela! La tengo en el cajón metafórico, esperando una revisión profunda. ¿Conseguiré algún día terminar el borrador de la actual y ponerme a hacer las correcciones de ambos manuscritos? Y, lo mejor, ¿cuánto tardaré en hacer todo eso?



Dicen que todo depende de cómo veas el vaso: medio lleno o medio vacío, y aunque a mí si el vaso de agua no viene acompañado por un plato de frutos secos me hace un poco cuesta arriba, he decidido verlo todo desde el lado positivo. Haciendo balance, este verano he avanzado bastante con la novela y he escrito dos relatos.
Uno de los relatos, como ya os conté no hace mucho, no fue seleccionado para un concurso en el que había treinta y un relatos finalistas. No importa, mi cuento era el treinta y dos. Estoy segura de que a los miembros del jurado les encantó, pero a la hora de la verdad no creyeron oportuno incluir un relato con tintes de terror en la selección. Los lectores leerían, generalmente, esos relatos, a razón de uno al día, durante la hora del desayuno. Imaginad si hubieran leído el mío, a primera hora de la mañana, y EL HORROR les hubiera acompañado durante el resto del día. Habría sido espantoso, un desastre. Seguro que muchos lectores habrían escrito al medio que los publicaba en cuestión para quejarse. Algunos despistados, incluso, habrían llamado a la sección de María Teresa Campos de los miércoles en Sálvame para quejarse de que seguro que todo había sido cosa de los enemigos de tal o cual colaborador de la cadena. ¡Madredelamorhermoso!



En fin, no creo que las cosas hayan pasado tal y como yo lo he contado con mi relato, pero, ¿qué queréis que os diga? Yo estoy en plan optimista y cualquier explicación que ayude a mi ego a pasar página con respecto a este tema, me vale (por muy imaginativa que sea).
Con respecto al segundo relato, tengo buenas noticias, pero de las de verdad, ya que lo escribí para una antología solidaria que saldrá en breve a la venta. Os contaré más sobre el asunto cuando el libro esté listo y os convenceré para que apoyéis la causa haciéndoos con él.
No solo de premios y reconocimientos vive de un escritor. Lo más importante, en realidad, son los lectores. Respecto a este aspecto, me siento muy afortunada pues el 100 % de los lectores de mis relatos de este verano han quedado contentos con la lectura. ¿Qué solo los han leído dos personas cada uno y no se puede considerar como un número de lecturas significativas? Menudencias. Dos lectores contentos son dos lectores contentos y a mí no me sacáis de mi idea: ¡esto es un éxito total!



Y ahora que se acerca el otoño, ¿conseguiré acabar el nuevo relato que he comenzado a escribir? ¿Terminaré por fin el primer borrador de mi novela? ¿Dejaré de hacer preguntas retóricas de una maldita vez? Pues la verdad es que no lo sé. Y como estoy optimista, no voy a hacer promesas que luego no vaya a cumplir: voy a trabajar todo lo que pueda y dejar que la vida me sorprenda. Que me sorprenda escribiendo mi novela, leyendo, reseñando o haciendo cualquier cosa de provecho relacionada con el mundo de la escritura, quiero decir.
Y ahora, venga, ¡que me voy a escribir el próximo Premio Planeta!


Cristina Monteoliva

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