domingo, 17 de abril de 2016

Entrevista: FÉLIX J, PALMA y MARÍA FORTEA

Queridos lectores,

Hoy tengo el placer, el gusto, el honor y la gran alegría (sí, yo soy así de exagerada y redundante) de traeros la entrevista que me han concedido con motivo de la publicación de su novela, El amor no es nada del otro mundo, los escritores Félix J. Palma y María Fortea.
Félix J. Palma estaba especialmente dotado para el arte de la papiroflexia. Sin embargo, no estaba destinado a triunfar doblando hojas de papel un millón de veces con el fin de crear perritos, aviones o rascacielos. Su verdadera vocación, aquello que le haría alcanzar el reconocimiento tanto en España como en el extranjero, era la escritura. A ella lleva casi toda la vida dedicado. Ganador de un sinfín de concursos literarios, ha publicado hasta la fecha cinco libros de cuentos y cinco novelas, siendo las más conocidas las que componen su exitosa «Trilogía Victoriana»: El mapa del tiempo (2008), El mapa del cielo (2012) y El mapa del caos (2014).
María Fortea siempre quiso montar un circo de pulgas para así aprovechar su maestría en el bello arte de adiestrar parásitos caninos. Jamás consiguió hacerlo. Lo que sí hizo fue estudiar Medicina (aunque no acabó la carrera), diplomarse en Enfermería y Dirección sanitaria, teatro y talleres de escritura creativa. Ha trabajado en el sector sanitario, en el inmobiliario, en el de la publicidad, el del cine y el teatro. No contenta con todo eso, un buen día decidió dar el paso de lectora voraz a escritora.
Un día, Félix y María se conocieron en Facebook, decidieron pasar el resto de sus días juntos y, lo que más os importa a vosotros como lectores: ¡escribir una novela juntos!

¿De quién surgió realmente la idea de escribir una novela juntos? ¿Y a quién la trama de El amor no es nada del otro mundo?
F: La idea de escribir juntos surgió de ambos, de una forma natural. Cuando nos conocimos, yo estaba enfrascado en la trilogía victoriana, preparando la segunda parte, y María, aunque nunca había publicado nada, llevaba mucho tiempo buscando el momento de escribir su primera novela. Justo por aquellas fechas había decidido tomarse un año sabático y dar el paso…
M: Hasta entonces ninguna de las novelas que había comenzado había llegado a buen puerto, supongo que por falta de seguridad en mí misma y, sobre todo, de criterio… Comenzar una relación personal con Félix supuso para mí tener un taller literario en casa, las 24 horas del día. Eso consiguió que ganara seguridad en mi talento, que fuera puliendo mis carencias. Por otro lado, Félix compartía conmigo su proceso creativo de la trilogía. Y, obviamente, el hecho de que ambos nos acostumbráramos a enseñarnos todo lo que escribíamos hizo que fueran surgiendo ideas para novelas conjuntas. Por otro lado, yo cada vez me sentía más preparada para escribir una novela sola y buscaba ideas para ella. De hecho, la idea de El amor no es nada del otro mundo se me ocurrió para mí, pero la idea había surgido a raíz de muchas conversaciones con Félix sobre temas que a él le fascinan. Los universos paralelos, las redes sociales, la idelización del amor, los sueños perdidos, el elemento fantástico entrando en la cotidianedad del protagonista y poniendo su vida patas arriba… Era una historia tan perfecta para Félix, tenía tanto de lo que a él le gusta, que se la ofrecí, pero él me dijo que, en el fondo, era la novela perfecta para escribirla juntos.


Félix, llevas media vida escribiendo en solitario. ¿Cómo se afronta desde esa perspectiva un proyecto a cuatro manos?
Pues como una aventura novedosa, agradable y divertida. Como bien dices, yo llevo escribiendo desde hace más de veinte años, y nunca antes había probado a escribir a cuatro manos con nadie. Te confesaré que a lo largo de mi trayectoria hubo algunos amagos de intentarlo con algún amigo, pero nunca pasaron de ahí porque creo que para escribir a cuatro manos con alguien debes estar muy en sintonía con esa persona, y yo no sentí eso hasta que conocí a María. Enseguida supe que su sentido del humor, tan parecido al mío, su imaginación y su sensibilidad artística la hacían la compañera perfecta para emprender con ella una aventura, en el fondo tan laboriosa, como la de escribir una novela juntos.

María, ¿te has sentido más segura al escribir tu primera obra en compañía de Félix o, por el contrario, te ha dado miedo trabajar mano a mano con un escritor de renombre?
Obviamente, nuestra relación personal le quita solemnidad al hecho de que Félix sea un escritor de prestigio, ya que también es la persona a la que cada noche le he de recordar que baje la basura. Pero, independientemente de eso, Félix ha sido y será siempre mi maestro en esto de escribir, así que estoy acostumbrada a que juzgue lo que escribo. En realidad, desde hace seis años, todo lo que escribo está dirigido a obtener su aprobación. Yo siento una gran admiración por Félix, pero también una inmensa confianza en él, en su criterio… Así que me he sentido muy arropada, muy segura. Sus críticas me duelen, claro, pero he crecido como escritora gracias a sus críticas. Y pretendo seguir haciéndolo.

¿Pero cómo ha sido lo de trabajar juntos en realidad? ¿Es fácil ponerse de acuerdo en un proyecto de este tipo? O, dicho de otra manera, ¿quién ha acabado durmiendo más veces en el sofá?
Jajaja… Había discusiones creativas, por supuesto, pero los dos intentamos que no derivasen hacia el ámbito doméstico, así que nunca tuvimos que echar al perro del sofá.

¿Por qué Facebook como medio para conectar con los universos paralelos?
Las redes sociales era uno de los temas sobre los que queríamos reflexionar. A ambos nos fascina el inconmensurable cambio que han sufrido las relaciones sociales, la sociedad en general, en un espacio de tiempo tan corto, debido a su aparición. Y teníamos claro que debían ser uno de los elementos de nuestra historia.
Ambos vemos las redes sociales como universos en sí mismos, lugares o dimensiones alternativas a la realidad donde nuestros gemelos, nuestros perfiles, deslían una historia paralela a la nuestra. Así que, si hubiera una conexión con otro mundo, lo lógico sería pensar que la brecha se abriera a través de ellas. Elegimos Facebook por una simple razón sentimental. María y yo nos conocimos a través de esa red.
  


¿De verdad creéis que las redes sociales distorsionan la realidad de sus integrantes?
Más que distorsionar, yo diría que las redes subliman la realidad…  En el fondo, en la “vida real”, por llamarla de alguna manera, también intentamos hacer eso: mostrar nuestra mejor cara, potenciar nuestras virtudes, esconder nuestros defectos. Eso es algo humano, no tiene que ver con las redes, ya existía esa necesidad impresa en nuestro ADN. Pero las redes nos han dado las herramientas para que sea más sencillo hacerlo, menos trabajoso, más efectivo. Le pones 4 filtros a la foto de tu café y, de pronto, mil personas piensan que tu despertar es mucho mejor que el suyo. Y en ese mundo paralelo donde has colgado la foto posiblemente lo es. Pero en la vida real todavía no te has quitado las legañas y, quizá, hayas tenido ya la primera discusión con tu pareja.

Hablando de Facebook, ¿creéis que es posible la promoción de un libro hoy en día sin Facebook?
Es una herramienta de promoción interesante, pero tampoco creo que sea imprescindible. En materia de promoción no hay reglas escritas y, en el fondo, nunca se sabe lo que va a funcionar y lo que no. En principio, promocionar tu obra en Facebook siempre sumará, nunca va a restar, pero la verdadera fórmula de una promoción efectiva e infalible todavía no se ha descubierto.

Félix, ¿qué tiene Ismael de ti?
La verdad es que mucho. Ismael es un tipo bastante inseguro que se enfrenta a la vida (y eso incluye todo, especialmente las chicas) con la armadura del humor. Se parece mucho a mí, pero también a la mayoría de los personajes que pueblan mis cuentos y novelas. Es un personaje con el que me siento cómodo, porque practicamente soy yo mismo, pertinentemente exagerado, claro.

María, ¿qué tiene Amanda de ti?
Amanda es un personaje muy irritante, una chica con las cosas demasiado claras, una empatía casi nula hacia los demás y una energía tan desbordante que anula a cualquiera. Y cuando se le mete algo entre ceja y ceja puede ser como una apisonadora. Pero también es ingeniosa, divertida, inteligente… Y es leal y generosa, eso sí, a su manera. Me gustaría pensar que me parezco a ella en las cosas buenas, aunque me temo que también algo de lo malo podría tener un puntito de inspiración personal. Pero muy, muy exagerado, ¿eh?

¿Por qué creéis que la gente tiende tanto a distorsionar la realidad? Es decir, ¿por qué somos incapaces de ver a los demás tal y como son?
Básicamente por dos razones: Porque nos ocultamos detrás de máscaras que construimos para gustar a los demás, y porque proyectamos sobre los demás las cosas que no nos gustan de nosotros mismos. Con ese cacao no hay manera de conocer realmente a nadie. Al menos hasta que pasa mucho tiempo y se viven muchas cosas junto a esa persona. Y a veces ni aun así…
Y de ahí surge otro de los temas que tratamos en la novela. La idealización del amor. Siempre que nos enamoramos lo hacemos, en el fondo, de un ideal, de una persona que, en realidad, no existe. Con el tiempo, a medida que avanza la relación, la verdadera persona que se oculta bajo ese ideal va surgiendo a la luz: con todos los defectos y carencias que no supimos ver al principio y, seguramente, también con nuevas virtudes. Y es entonces cuando nos vemos inevitablemente abocados a un triangulo amoroso: por un lado está el ideal del que nos enamoramos que comienza a desvanecerse y, por otro, está esa persona real que comienza a aparecer. ¿Con cuál quedarnos? ¿Qué hacer? ¿Aprendemos a amar a esa persona real o nos vamos en busca del ideal perdido? Nosotros queríamos darle fisicidad a ese triángulo metafórico y la teoría de los universos paralelos era perfecta para hacerlo. Ismael está enamorado de dos Amandas. Por un lado está la real, la de su mundo, una Amanda que le saca de quicio y le hace sentirse inseguro y pequeñito, y por otro lado está la otra, la Amanda de un mundo paralelo, con la que solo puede hablar por Facebook, que es dulce y adorable, y que le hace sentirse genial. Aunque, en el fondo, son la misma persona. ¿Parece la otra Amanda mejor que esta solo porque está sublimada por esa pantalla que la salvaguarda de la rutinaria realidad? Si pudiera… ¿debería Ismael ir en busca de ese ideal? ¿Arriesgarse a encontrar un espejismo que acabaría, antes o después, desvaneciéndose? Tú, que has leído la novela, sabes la respuesta.



¿Creéis que gracias a El amor no es nada del otro mundo, esta novela de ciencia ficción, amor y humor, la gente empezará a interesarse más en este país por la ciencia ficción?
Nosotros no la consideramos realmente una novela de ciencia ficción, si no más bien una comedia romántica con un ligero toque fantástico, en la línea de Atrapado en el tiempo, por ejemplo. El elemento de ciencia ficción es una excusa, un vehículo para narrar la historia que queríamos y reflexionar sobre ciertos temas de una forma divertida.
Creemos que es una novela que puede agradar tanto a los amantes de la ciencia ficción, ya que el elemento fantástico les hará más amena la historia, como a aquellos que no gusten del género, porque ese elemento apenas les molestará. Es una novela con diferentes lecturas.

¿Es cierto que hay un universo paralelo donde Vargas Llosa vende más que Belén Esteban?
En un multiverso infinito existe cualquier realidad que puedas imaginar, incluso uno en el que Belén Esteban es Premio Nobel y en el que Vargas Llosa es un colaborador de la prensa rosa. Por suerte, vivimos en este.

¿Os gustaría que El amor no es nada del otro mundo se llevara a la gran pantalla?
F. y M.: ¿Es una pregunta retórica, no?
Ahora en serio, sí, claro, cómo no. De hecho, creemos que es una película muy cinematográfica, en ocasiones está escrita casi en forma de guión, las escenas son muy visuales y, además, requeriría poco presupuesto. Ojalá algún productor se anime.
De hecho, mientras escribíamos teníamos algunos actores muy claros para los personajes y practicamente les pusimos sus caras. Pero dejaremos a los lectores que hagan apuestas sobre el posible casting.



¿Qué esperáis que los lectores encuentren en El amor no es nada del otro mundo?
Sobre todo queremos que se rían. A carcajadas, a ser posible. ¡Es tan importante la risa en estos tiempos tan difíciles! Por supuesto, no es la solución para todo. Son tiempos en los que todos debemos aportar nuestro granito de arena para intentar cambiar las cosas. Pero el humor ayuda. Da fuerzas para luchar. Une a las personas. Si un lector olvida durante un tiempo sus problemas al perderse entre nuestras páginas, si somos capaces de arrancarle una carcajada en un día oscuro, ese sería un gran premio.
Como ha dicho María antes, esta es una novela que tiene muchas lecturas, muchos planos. El lector que busque algo más profundo encontrará temas más o menos filosóficos sobre los que reflexionar. Pero, por supuesto, no renegamos del plano puramente lúdico. Si alguien quiere verlo como un simple producto de divertimento, no nos ofende, al contrario, es un halago. Divertir es un fin tan digno como cualquier otro. Y posiblemente tan difícil.

¿Volveréis a escribir juntos en el futuro?
F y M: Sí, seguro.

Y, por último, ¿qué proyectos tenéis ya en marcha por separado (si es que existen ya)?
Yo estoy escribiendo una novela policiaca que, como no podía ser de otra forma, tiene un elemento fantástico. Quería medirme con el género, ver si le podía aportar una visión personal.
Yo estoy escribiendo un falso trhiller con fantasmas protagonizada por un adolescente.

¡Pues ya sabéis que quiero ser la primera en leer esas novelas en cuanto estén terminadas!
Muchas gracias, Félix y María, por vuestro tiempo, vuestras respuestas y vuestras fotos personales. Espero que este proyecto conjunto en forma de novela titulada El amor no es nada del otro mundo tenga una gran acogida entre los lectores y pronto no solo os vea publicando obras por separado, sino también una nueva novela a cuatro manos.
Y, como siempre, ¡gracias a todos los que estáis leyendo y, sobre todo, compartiendo en redes sociales esta entrevista! Espero que os haya gustado tanto leerla como a mí realizarla.

Cristina Monteoliva


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