domingo, 13 de marzo de 2016

LOS ENEMIGOS DEL ESCRITOR

El otro día pusieron en la tele la película Sin límites. La cinta comenzaba con un escritor en horas bajas que se reencuentra casualmente con su excuñado. El excuñado, que como todos los cuñados sabe un rato largo de todo, le dice que sus problemas creativos y de desorden vital en general pueden cambiar gracias a la ingesta de una milagrosa pastilla. Tras la toma de la droga (el protagonista no supone que sea otra cosa), el escritor ordena su vida, acaba su novela en un santiamén y hasta se corta el pelo (fíjate qué cosa).
         El resto de la película me resultó un aburrimiento de los gordos. El tema de la escritura del libro (imagino que la enésima gran novela americana) pasó pronto a un segundo plano y el tipo se centró en explotar sus nuevas facultades mentales haciéndose rico, metiéndose en problemas y corriendo de aquí para allá. O sea, que la cosa acabó siendo una película de acción como otra cualquiera, solo que en esta había pastillitas mágicas.


         A pesar de la decepción que me supuso visualizar Sin límites, no puedo decir que el sentarme delante de la tele durante dos horas fuera una total pérdida de tiempo. El comienzo de la historia me dio bastante que pensar. Fundamentalmente, en los obstáculos que el escritor encuentra en el camino de la creación y en su carrera literaria. Yo los llamo Los enemigos del escritor. ¿Qué tal si hacemos un repaso a los más importantes?:
         La temible hoja en blanco. A veces en tu cabeza aparecen los versos en orden, o las tramas de tus novelas y relatos con sus partes bien estructuradas, sus personajes bien perfilados, etc. Sin embargo, cuando enciendes el ordenador y te plantas ante la hoja en blanco, ¡no sabes cómo empezar! Te quedas ahí plantado, mirando la hoja en blanco pensando en las palabras perfectas. Lo mejor en estos casos es empezar cómo sea. Ya habrá tiempo para correcciones. Pero tú ponte y escribe, ¡que esa maldita hoja no pueda contigo!
         La pereza. Il dolce far niente. Que sí, que lo de escribir requiere mucho esfuerzo, y tú estás muy cansado, y el sofá te llama, y los amigos te llaman, y cuando de verdad tienes tiempo para escribir, estás de un vago que da miedo. ¿Y entonces? Pues piensa en tus objetivos, date cuenta de que mañana puede ser tarde y sacúdete la pereza de encima. ¡A escribir!
         La procrastinación. Prima hermana de la pereza. La excusa perfecta para pasarte media vida sin teclear una palabra en el ordenador. ¿De verdad tienes cosas más importantes que hacer que escribir hoy? ¿En serio no le puedes hacer un hueco a la escritura a ninguna hora del día? Venga, intenta no dejar para más tarde lo que puedas hacer hoy, por poco que sea.
         La falta de concentración. Vivimos rodeados de demasiadas distracciones. A los clásicos vecinos que gritan, a los niños que juegan por la calle o la televisión hemos de sumarles hoy en día internet y las redes sociales. Tú quieres escribir, pero te encuentras conque eres capaz de concentrarte. Cada dos por tres, te da por mirar tu cuenta de correo, tu muro de Facebook o Twitter. Si puedes, busca un lugar tranquilo y apaga internet. Ya verás lo mucho que mejora tu ritmo escritoril entonces.


         La falta de confianza. Ponerse a escribir, sobre todo a terminar algo, es muy difícil cuando no tienes confianza en ti mismo. Las dudas te asedian, te comparas demasiadas veces con tus autores favoritos, te autosaboteas continuamente diciéndote que lo que haces no está bien... Tal vez un poco más de formación te haga sentirte mejor, en este aspecto. O mandar tus escritos a lectores que sepas que van a analizarlos concienzudamente. En todo caso, recuerda que escribes porque te gusta, que lo demás ya vendrá. Ponte objetivos y cree un poco en lo que haces. Ya verás como con perseverancia y trabajo duro, al final llegas a donde quieres.
         El perfeccionismo. A veces lo que no te permite terminar un manuscrito es un exceso de perfeccionismo. Este enemigo puede estar relacionado con la falta de confianza en uno mismo o no. El caso es que tú quieres acabar tu manuscrito, pero los listones que te has puesto no te dejan. Corriges y corriges, pero nunca estas contento. Te frustras, te enfadas, ¿y al final que consigues? No te agobies: intenta poner por fin el punto final de tu obra en algún momento y sigue adelante.
         El exceso de confianza. Tienes talento, eres creativo y todo lo que escribes es la po***. Un día ganaste un concurso, tu cuento se hizo popular en internet, lo que sea, y se te ha subido a la cabeza cosa bárbara. Te crees tan bueno, que no aceptas ni una crítica, ¡ni la más mínima cosa! ¿Y qué pasa al final? Que los resultados pueden que no sean los que tú esperas: malas críticas a porrillo, pocas ventas… Baja un rato a la tierra y mira las cosas con otra perspectiva. Siempre se puede mejorar y un poco de autocrítica (o mucha) nunca viene mal.
         Los palmeros. El movimiento fan puede ser muy bueno, pero también todo lo contrario: todo depende de cómo te lo tomes. Si a un exceso de confianza le sumas una horda de palmeros en las redes sociales, lo que tenemos es un autor con un ego excesivo rodeado de gente que no le deja ver la realidad. Atiende a tus lectores debidamente. Agradece sus comentarios y sus buenas intenciones. Pero no te escudes en ellos cuando recibas una mala crítica externa o las cosas no te vayan como tú quieres. Procura rodearte de gente que esté dispuesta a decirte lo bueno, pero también lo malo. Con los pies en el suelo, seguro que todo mejorará.


         ¿Cuáles son tus enemigos como escritor? ¿Conoces otros que no estén en la lista? No tienes más que escribir un comentario abajo y comentarlo. Mientras tanto, yo me voy ya, que tengo que deshacerme de la pereza, la procrastinación, la falta de confianza y el perfeccionismo y seguir escribiendo mi nueva novela (igual unos cuantos palmeros no me vendrían mal hoy XD ).
Cristina Monteoliva


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