jueves, 29 de diciembre de 2016

La lista definitiva: LO MÁS VISTO EN 2016 EN LA ORILLA DE LAS LETRAS.

Después de todo un año ofreciéndoos listas de lo más visto del blog a través de las redes sociales, por fin publicamos la definitiva: ¡la anual! Atentos, que igual os lleváis alguna sorpresa:

10. Biografía imaginativa (III): Eduardo Martínez Abarca. http://laorilladelasletras.blogspot.com.es/2016/10/biografia-imaginativa-iii-eduardo.html

9. Reseña: El secreto de las beguinas, de Pedro M. Domene.



8. Reseña: En busca de la nada, de Víctor Ayllón.



7. Entrevista: Judith Bosch.



6. Reseña: Fractura, de Dioni Arroyo.



5. Reseña: La condición animal, de Valeria Correa Fiz.



4. Ni un solo perrillo solo.


3. El nacimiento del monstruo.

(Artículo publicado sin fotos o ilustraciones) 

2. Entrevista: Víctor Ayllón.


1. Entrevista Esther Recio.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Entrevista: EDUARDO LAPORTE

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

las navidades y el fin de año se acercan. Muchos de vosotros podréis disfrutar de unos cuantos días de vacaciones. Yo, sin embargo, sigo aquí, al pie del cañón, dispuesta a recomendaros libros para leer tanto en estas fechas como el resto del año. También para ofreceros interesantes entrevistas, por supuesto. Como la que os traigo hoy al periodista especializado en cultura y escritor Eduardo Laporte.
Eduardo Laporte colabora en medios como Territorios, de Vocento; El viajero, de El País y Navarra.com, aunque sus textos más personales los encontraréis en su blog, http://www.elnaugrafodigital.com/
Su interés por la escritura autobiográfica no solo le ha llevado a publicar varias obras de este corte, sino también a fundar El Tayer, una escuela online en la que aprender todo lo necesario para escribir sobre uno mismo. Más información en: http://hazteescritor.blogspot.com.es/
Como escritor, su obra más destacada, hasta la fecha, es Luz de noviembre, por la tarde (Demipage, 2011). En 2016 ha publicado la interesante novela corta de corte biográfico La tabla. Hablamos con él de esta última novela, pero también de otros temas interesantes. Si quieres saber más, solo tienes que seguir leyendo:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Con ciertas pretensiones, a finales de noviembre de 2002. Acababa de dejar de fumar, estaba medio depre en un trabajo de comercial publicitario para una televisión que ni siquiera existía, y la literatura me dio una calma y una ilusión que necesitaba.

Ahora que todo el mundo está haciendo listas de las mejores lecturas del año, las mejores series, las mejoras borracheras, dinos, ¿qué autores NO han te han marcado ni como lector ni como escritor?
Te puedo decir libros que he dejado a medias, como La sombra del viento de Ruiz Zafón, pero también otros más de culto, como Matadero Cinco, que me pareció una marcianada en el que no entré, como al final me pareció demasiado delirante el París de Mario Levrero, autor que por otra parte creo que me gustará, en su fase más realista. Tampoco he podido, tras un par de intentos, con Onetti y creo que pasaré por esta vida sin intentarlo con Faulkner. Borges me resulta cansino y no entiendo la mitad de lo que leo de él.

Escritura autobiográfica: ¿por qué?
Porque, como decía Virginia Woolf, es la única que permite ir al tuétano de lo que somos. 



¿Escribirías una novela por encargo?
Sí, pero trataría de darle un sentido. Hacerla mía de alguna manera. Un periodista es un novelista por encargo. La tabla fue, en cierta manera, una novela por encargo, pero el encargo me lo hice a mí mismo. Y obedecía a unas necesidad no materiales sino personales, así que es un encargo raro.

Además de haber publicado libros autobiográficos, impartes como profesor en El tayer. ¿Cómo te surgió la idea de crear este servicio?
Intuí que podía haber gente interesada en lanzarse a escribir y que la autobiografía es un estadio de la literatura más accesible que la ficción pura y dura, por lo que quizás partiendo de ahí surgían nuevas voces. Lamento decir que desde los cuatro años que hace que empecé a dar esos cursos, no ha surgido ningún Roberto Bolaño de El Tayer. Sara M. Bernard amenaza con publicar en breve un libro potente. Estaremos atentos.

He leído por ahí (por Facebook, por supuesto) que normalmente tienes más alumnas que alumnos en El tayer. ¿Crees que las mujeres son más dadas a compartir su vida, sus sentimientos, experiencias, etc con los demás que los hombres?
Las mujeres tienen menos orgullo que los hombres y por tanto no vienen al mundo aprendidas, como creen muchos varones. También son más comunicativas, y en estos ‘tayeres’ hay un gran intercambio de comunicaciones, abrimos nuestras almas y se genera un ambiente de confidencias y de intimidad, en el mejor sentido de la palabra, muy rico que, en general, creo que valora más la mujer. Espero ir avanzando hacia cierta paridad, que siempre es más rico.

La anterior pregunta me lleva a la siguiente: ¿qué piensas de la literatura masculina calificada recientemente como cipotuda[1]? ¿Puede considerarse un fenómeno aislado o se trata de algo más serio?
El término es un hallazgo y, a parte del puñado de nombres que se cita en el artículo, es un estilo que veo a menudo en amigos de Facebook, más o menos vinculados a la literatura o el articulista. Tiene que ver con un deseo de acotar la realidad de una manera maximalista, esto es así y punto cojones, que lo cierto es que me resulta antiliteraria, porque la literatura nace de lo sutil y de la invitación a la duda, no de una proclama por mis santos cojones, aunque se esté afirmando que las hortensias son las flores más bellas del mundo, pero sin ponernos estupendos, por favor. El cipotudo quiere tener siempre la razón y en eso se equivoca.



Tu última novela se titula La tabla. Te preguntaría cómo se te ocurrió escribirla, pero es algo que queda bastante claro al comienzo del libro. Mi duda es: ¿crees que se te hubiera ocurrido escribirla si hubieras tardado menos en llegar a la cala almeriense a la que pretendías llegar aquel caluroso día?
No creo que una sola circunstancia provoque otra. Napoleón perdió en Waterloo por doscientas razones, entre ellas la nieve. Cierto desasosiego al verme en el mar, tras esas horas de errancia extraña por parajes extraños, me hicieron acordarme de la historia de Xabi y me pareció que podía ser un reto literario interesante. Además, surgía de la curiosidad, que es de donde tienen que surgir los proyectos literarios.

En esta novela corta hablas, de naufragios, tanto reales como metafóricos. El real fue el de un chico llamado Xabi el 16 de abril de 1990. ¿Cuándo supiste de este caso?
Xabi iba al mismo colegio que yo. Leí la noticia en la portada del Diario de Navarra, cuando su rescate, y siempre me quedaron ecos de su historia. Se decía que había vomitado sangre y que pasó una noche solo en el mar. Esos dos elementos me fascinaron y quise saber más.

¿Y qué hacías tú el 20 de abril del 90, por cierto?
Pues no estaba en la cabaña del Turmo, o el Turbo, sino empezando a hacerme un hombrecito, primeras caladas a cigarrillos, conversión en skater, cuando la fiebra noventera del monopatín, Steve Caballero, Powell Peralta, Tony Hawk… De hecho, me llamaban así, Tony Hawk, por el parecido con el famoso skater. Aunque también me decían Schuster… había pocos niños rubios entonces en Pamplona.



La historia de Xabi me ha parecido impactante, una historia que verdaderamente merecía la pena ser contada. ¿Por qué crees que en este país no miramos más hacia este tipo de historias y, en cambio, estamos tan pendientes de, por ejemplo, el peluquín de uno de los concursantes de Gran Hermano?
Muchas gracias, Cristina, me alegro mucho. Tenía el miedo de que, al ser tan breve, pareciera más una caricatura del género de la no ficción que un relato en sí, cuando en ningún modo quise hacer una parodia, cosa que por otra parte me parece una idea muy buena. Pero Xabi estuvo a punto de morir y con eso poca broma. En cualquier caso, hay que educar la sensibilidad, empezando por uno mismo, para apreciar más la historias con alma que la frivolidad de un Gran Hermano. Llega un momento en que te resulta indigerible, pero mientras el personal consuma esa pornografía televisiva en masa, pues habrá Gran Hermano para rato.

No desvelaré los motivos que te llevaron a escribir esta historia, eso tendrá que descubrirlo el lector que se anime con La tabla. ¿Te ha ayudado escribir este libro?
Sí, me ayudó a consolidarme en mi camino, tras un periodo de crisis, que significa poner en tela de juicio. Después de La tabla he seguido escribiendo con constancia y confío en poco a poco lo sembrado vaya dando frutos.

¿Qué esperes que encuentren los lectores en La tabla?
Un relato honesto de la encrucijada de dos personas, tanto Xabi como yo, que acabo volcando mis conflictos interiores en el libro, y un pequeño impulso de vida.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
En primavera se publicará un diario, que es un formato que me gusta, con reflexiones variadas que he preferido no publicar en Facebook sino reservar a ese terreno aún sagrado del papel. También estoy ultimando una novela sobre el dilema entre la virtud y el vicio que me gustaría publicar también en 2017.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Me gustaría añadir que hay pocas listas para los libros que no publican las grandes editoriales y que nacen con una vocación menor, o con un impulso humilde. Es una pena que queden silenciados ante los grandes títulos, porque también hay perlas en ese ámbito. Como el libro de relatos ‘Koundara’ (ediciones Baile del Sol), de David Pérez Vega, que me parece de lo mejor que he leído este año.

Muchas gracias, Eduardo, por tu tiempo, tus fotos personales y tus respuestas. Coincido contigo en esto último: se le hace poco caso a los buenos libros que se salen del circuito de las grandes editoriales. Gracias también por ofrecernos tu lista de buenas lecturas del año.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar un día más al otro lado. En estas fiestas, ya sabéis: coged atracones de turrones, marisco y jamón, ¡pero también de buenos libros!
Cristina Monteoliva




[1] Véase En la era de la prosa cipotuda, artículo escrito por Iñigo F. Lomana el 21 de octubre de 2016: http://www.elespanol.com/cultura/libros/20161021/164863513_13.html

Reseña: LA TABLA, de Eduardo Laporte.

Título: La tabla
Autor: Eduardo Laporte
Publica: Demipage
Páginas: 104
Precio: 15 €

¿Por qué nos gustan tantos las historias sobre náufragos? ¿No son todas, al fin y al cabo, muy parecidas? ¿No encontramos, en casi todas ellas, a un hombre solo en medio del mar o el océano, sujeto a una tabla o sobre una barca que navega a la deriva? ¿No pasa siempre los protagonistas por un sinfín de penurias similares? ¿Y no acaban todas estas historias con la salvación del pobre desdichado? Y, sin embargo, no podemos dejar de leer estas historias o verlas en el cine. En ellas hay mucho más que sal, viento y heridas en las manos del protagonista. Si quieres saber qué es ese algo que nos fascina, te invito a que leas la excelente novela breve de Eduardo Laporte, La tabla: la obra de la que a continuación os comento.
Verano. Un hombre, periodista y escritor, camina en busca de una cala en la costa de Almería. Le han dicho que está cerca, pero por más que camina por senderos polvorientos, no consigue encontrarla. Mientras se desespera por hallar su destino, comienza a pensar en su situación actual. Su mente le lleva también a acordarse de una noticia antigua, de primavera de 1990. El texto hablaba del naufragio en costas catalanas de Xabier Pérez Larrea, un joven que contaba entonces con 17 años de edad y que estudiaba en el mismo colegio que el periodista y escritor. El muchacho que era entonces Xabier salió a hacer windsurf una mañana y no fue hallado hasta treinta horas después de que se declarara su desaparición. De pronto, el hombre siente la necesidad de conocer más sobre aquella historia y aquel muchacho. El resultado de su investigación y reconstrucción de los hechos es esta novela biográfica.
Las historias de náufragos, como decía al principio, son muy populares tanto en literatura como en el cine. Sin embargo, me da la sensación de que no sabemos mucho de los náufragos reales españoles. Aunque ha debido de haber muchos, ahora mismo no me viene a la mente ninguno, imagino que porque los medios de comunicación no les darían a sus historias gran importancia ni entonces ni pasado el tiempo. Fuera como fuese, hasta que me puse a leer La tabla no tenía ni idea de que un muchacho de tan solo 17 años tuvo la mala suerte de salir un día a hacer windsurf en una playa de Salou y no ser encontrado hasta el día siguiente, 30 horas después de su desaparición. ¿Merece su historia de desesperación y supervivencia nuestra atención? Desde luego. También aquello de lo que no nos suelen hablar otras novelas o películas: la dura recuperación que vino tras la salvación, el olvido, el recuerdo tras tantos años pasados desde la experiencia traumática…
La tabla nos habla de la historia detallada del naufragio de Xabier Pérez Larrea, pero no solo de eso. El libro comienza con el periodista y escritor en las costas de Almería y su necesidad de contar esta historia. Más tarde, nos encontramos con el narrador asumiendo la voz de aquel muchacho a la deriva sobre su tabla para, finalmente, volver de nuevo al narrador inicial. Se trata por tanto de una novela biográfica con dos protagonistas, ¿y cuántos naufragios?
Aunque me veo incapaz de adentrarme como escritora en el mundo de la narrativa autobiográfica, he de reconocer que el género conlleva un riesgo y, por ende, una valentía, al que no te enfrentas cuando escribes novela de ficción. Así, en La tabla, Eduardo Laporte no solo se mete en la piel de aquel joven que fue Xabier Pérez Larrea para intentar reflejar fielmente los sentimientos encontrados que el muchacho vivió, la soledad, la desesperación, etc, sino que también, al incluirse dentro de la narración, vuelca en el papel experiencias y sentimientos que otros no nos atreveríamos a confesar en un ejercicio de honestidad encomiable.
La tabla es una novela breve en extensión pero grande en vivencias reales, sentimientos, confesiones y enseñanzas de vida. Una obra a la que volver de vez en cuando para aprender lo que verdaderamente merece la pena y lo que no cuando sintamos un poco náufragos de nuestras vidas. Un muy buen libro, en definitiva cargado de rigurosa labor de investigación, buena literatura y esperanza que los amantes de las historias con sabor a auténtico no deberíais dejar escapar. Así que, ya sabéis: agarraos a esta tabla y dejaos llevar por las palabras de Eduardo Laporte.

Cristina Monteoliva



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martes, 20 de diciembre de 2016

Reseña: LA MARCA DE LA SANGRE, de Patricia Cornwell.

Título: La marca de la sangre
Autora: Patricia Cornwell
Traducción: Carlos Abreu
Publica: Ediciones B
Páginas: 432
Precio: 19,50 €

¿Te gustan las novelas policiacas en las que las mujeres son las protagonistas? ¿Te interesan las historias en las que no son precisamente los policías o los agentes del FBI los que resuelven los crímenes? ¿Disfrutas, además, de las largas sagas en las que un mismo protagonista resuelve un sinfín de crímenes? Entonces tal vez debas echarle un vistazo a la saga de Patricia Cornwell en la que la forense Kay Scarpetta es la protagonista. Yo he leído recientemente La marca de la sangre, la vigesimosegunda novela de esta serie de novelas. ¿De qué va esta nueva aventura de la doctora Scarpetta? A continuación os hablo de ella, para que os hagáis una idea.
La doctora Kay Scarpetta, jefa del Centro forense de Cambridge, en Estados Unidos, va a tomarse por fin unos días de vacaciones con motivo de su cumpleaños. Su marido, Benton, agente del FBI, ha alquilado un apartamento en Florida y ambos están a punto de tomar un avión para disfrutar de la estancia allí. De pronto, la mañana apacible en el jardín de su preciosa casa, con los planes para el viaje, la deliciosa comida que prepara Kay y otros pequeños detalles, se torna gris. Y es que Kay no solo ha encontrado sobre uno de los muros siete extrañas monedas de cobre que le hacen pensar que alguien les vigila, sino que además Steve Marino, el policía amigo de Scarpetta, no tarda en llamar para avisar de que Jamal Narai, un profesor de música en un instituto, acaba de ser asesinado delante de su casa, a pocos metros de la de Kay y Benton. Pronto Scarpetta y su equipo descubren que el asesinato de Narai está conectado con otros cometidos recientemente, y lo que es peor: que las pruebas apuntan hacia Lucy, la sobrina de Kay. ¿Cómo acabará esta angustiosa aventura?
Kay Scarpetta, la narradora y protagonista de esta historia, es una atractiva doctora forense (según sus propias palabras) de mediana edad casada con un agente del FBI, Benton. Su labor como jefa del Centro forense de Cambridge no se limita a realizar autopsias de los cadáveres: Scarpetta es una excelente investigadora y sus teorías ayudan a resolver truculentos crímenes, de manera que podríamos decir que nuestra heroína trabaja como un agente de policía más, o una agente del FBI.
Como narradora, Scarpetta denota ser una persona extremadamente sensible (lo contrario de lo que parece en su trabajo) que gusta de proporcionar minuciosos detalles al lector sobre lo que le rodea, lo que hace, lo que piensa, etc. También gusta de hablar del pasado y describir bien al resto de los personajes, lo que hace que esta novela pueda leerse independientemente del resto de la saga.
Scarpetta está casada con el eficiente agente del FBI Benton y es tía de Lucy, una joven con una personalidad difícil pero con unas dotes extraordinarias para los asuntos informáticos. La propia Scarpetta describe a su sobrina como una persona con una personalidad un tanto psicopática, por lo que no es de extrañar que las pruebas de los últimos asesinatos apunten hacia ella.
La marca de la sangre, en definitiva, es una historia muy cinematográfica con mucha acción en la que Kay Scarpetta, una mujer fuerte aunque también muy sensible, ha de encontrar a contrarreloj al asesino que ha puesto a su familia en el punto de mira. ¿Lo conseguirá? Si tienes curiosidad, ya sabes: hazte con un ejemplar de este libro y resuelve este caso junto a Kay Scarpetta.
Cristina Monteoliva



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Reseña: J, de Howard Jacobson

Título: J
Autor: Howard Jacobson
Traducción: Antonio Rivero Taravillo
Publica: Sexto Piso
Páginas: 392
Precio: 23 €

Viendo las noticias en el telediario, sabiendo lo que pasa en el mundo últimamente, lo raro sería no creer que en algún momento ocurrirá algo tan grave, que cambie para siempre nuestra manera de ver y vivir el mundo. Tras ese hecho, habrá que construir una nueva sociedad, un nuevo sistema. ¿Cómo sería en el caso de que la gente prefiriera enterrar lo que nos llevó al desastre? ¿Cómo se comportaría la gente si esta nueva sociedad impusiera una docilidad y una calma que no son tales? La respuesta la encontraréis en J, la novela de Howard Jacobson de la que a continuación os hablo.
Nos encontramos en un hipotético futuro, no muy lejano, en el que la gente no quiere hablar de algo terrible que tuvo lugar y, cuando han de mencionarlo obligatoriamente, se refieren a ello como LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ. En este mundo en el que todos piden perdón continuamente, los nombres de las personas y las ciudades han sido cambiados y todo lo que no invite a una calma artificial y tensa ha sido censurado estrictamente, nos encontramos con Kevern Cohen. Kevern siempre ha vivido en Puerto Rubén. Tras la muerte de sus padres, se quedó con la casa familiar, el negocio de las esculturas de madera que vende a los turistas en algunas tiendas de la zona, un montón de manías y una melancolía extrema que le hace pasar mucho tiempo cerca del acantilado, tal vez pensando en tirarse o no al mar. Kevern descubre que no siempre va a estar solo el día que aparece en el pueblo Ailinn Solomons. Ailinn, una huérfana que ignora por completo el pasado de su familia, se ha trasladado a una casa en el campo con una extraña amiga de nombre Esme Nussbaum. En cuanto conoce a Kevern, y tras comenzar una relación amorosa con él, Ailinn se trasladará a vivir a su casa. Allí descubrirá no solo que el hombre al que ama tiene más cicatrices de las que ella pensaba sino que la vida de ambos se ha unido tal vez no por el azar.
Como decía al principio de esta reseña, con los datos que nos aportan las noticias hoy en día, no sería muy disparatado pensar que algo demasiado grande como para ser controlado pueda estar a punto de pasar. Howard Jacobson también ha pensado en ello. Teniendo en cuenta problemas como los de las migraciones hacia Europa tanto de refugiados como de inmigrantes ilegales, el racismo, los extremismos religiosos, las ocupaciones militares y las armas de destrucción masiva ha trazado un mundo postapocalíptico en el que las cosas están a punto de torcerse de nuevo.
Kevern y Ailinn son dos náufragos de este mundo singular. Dos seres atormentados condenados a estar juntos. Un par de enamorados que han de luchar contra el mundo y contra ellos mismos. De ello nos dan cuenta tanto el narrador en tercera persona que los sigue a todas partes como aquel en primera, encarnado en la irritante figura de Edward Everett Phineas Zemansky, un profesor de artes visuales benignas (en este futuro no es posible dibujar nada que pueda desagradar a alguien) pagado de sí mismo.
La clave está en LO QUE SUCEDIÓ, SI ES QUE SUCEDIÓ. Como nadie habla claramente de ello, deberemos estar atentos en todo momento para encontrar las pistas certeras que nos harán entender qué tipo de horrible situación se vivió, qué fue lo que cambió el mundo hasta el punto de convertirse en un lugar demasiado sumiso donde la violencia está a punto de saltar de nuevo.
J, obra Finalista del Man Booker Prize, en definitiva, es una interesante historia futurista distópica que, sin embargo, nos hace pensar mucho en nuestro presente, en los problemas globales y locales de hoy en día, en cómo pueden acabar las cosas si no ponemos remedio a esta escalada de violencia, de intolerancia, de impasividad... Esta inquietante novela, tan llena de personajes imperfectos, malas intenciones pero también esperanza, no solo agradará a todos los lectores de narrativa literaria, sino también a los amantes de la ciencia ficción de calidad que busca remover todo tipo de sentimientos en el lector. Yo que tú, no me la perdería.
Cristina Monteoliva



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sábado, 17 de diciembre de 2016

Reseña: LECTURAS DE LOS REHENES, de Yoko Ogawa.

Título: Lecturas de los rehenes
Autora: Yoko Ogawa
Traducción: Juan Francisco González Sánchez
Publica: Funambulista
Páginas: 256
Precio: 16 €

Viajamos por el mundo esperando descubrir cosas nuevas, comer platos deliciosos, olvidarnos de la tediosa rutina. Queremos pasarlo bien, volver cansados a casa después de tantos estímulos positivos. Por desgracia, a veces ocurren contratiempos durante esos viajes que con tanta ilusión emprendimos: pérdidas de equipaje, confusión con las direcciones, pequeños accidentes o enfermedades… Pero, ¿y si lo que nos encontráremos fuera un ataque terrorista que derivara en el secuestro del autobús en el que vamos de excursión por una zona montañosa? Si quieres conocer una historia con un punto de partida como este, no tienes más que hacerte con un ejemplar de Lecturas de los rehenes, el nuevo libro de Yoko Ogawa.
Siete japoneses de viaje en un país remoto. Siete personas que poco tienen en común, aparte de su nacionalidad. Los siete van en un autobús, junto al guía y el conductor, por una zona montañosa y mal comunicada, cuando de pronto son asaltados por un grupo de terroristas. Los terroristas capturan a los siete turistas y al guía y los llevan a una cabaña de cazadores. Al principio, la noticia tiene relevancia en los medios de comunicación. Pronto, sin embargo, todo el mundo se olvida de los pobres rehenes. Mientras tanto, estos intentan llevar el cautiverio lo mejor posible, incluso cuando uno de ellos cae enfermo. Por suerte, los terroristas dejan que la Cruz Roja Internacional venga a socorrerle. Son estos los que dejarán micrófonos ocultos que den conocimiento a la policía de lo que está teniendo lugar dentro de la cabaña, aunque no lleguen a entenderlo hasta el trágico desenlace. Y es que aunque todo podría haber acabado bien, al final los rehenes son asesinados por los secuestradores. Tiempo después, se sabrá que los escritos en mesas, tablas, etc que dejaron los turistas y su guía, además de las grabaciones, hablaban de episodios de sus vidas que deseaban contar a los demás.
Una diseñadora de interiores de cincuenta y tres años de edad, una profesora de repostería en una escuela de restauración de sesenta y uno, un escritor de cuarenta y dos, un profesor de oftalmología en la universidad de treinta y cuatro, un director de una fábrica de maquinaria de precisión de cuarenta y nueve, una empleada de una empresa de importación de treinta y nueve, un ama de casa de cuarenta y cinco y un guía turístico de veintiocho: estos son las ocho personas secuestrados durante su visita a un país lejano, con respecto a Japón, país de origen de Yoko Ogawa, la autora de esta obra y de estos personajes.
Durante su secuestro, tal y como se nos cuenta en el capítulo que hace de introducción y resumen de su trágica historia, estas personas se dedicaron a escribir convulsivamente en mesas, tablas, objetos, etc con los utensilios más inimaginables. Dos años después, como nos dice también este primer capítulo, estas historias, que también fueron grabadas magnetofónicamente por la policía sin que los captores ni los capturados los supieran, serán retransmitidas en una cadena de radio, a razón de una por noche. Tras la emisión de estas historias que nos hablan de anécdotas, episodios vividos en distintos momentos de la vida por estas personas y que, de una u otra manera, las marcaron para siempre, encontramos una narración final: la del policía que estuvo atento a las escuchas.
Aunque no entendiera mientras escuchaba ni una sola palabra, el policía captaba a través de los auriculares la emoción con la que los secuestrados narraban sus historias a los demás, lo que le llevó más tarde a decidir contar la suya.
Lecturas de los rehenes es una novela fragmentaria compuesta por un capítulo inicial que justifica el que entendamos, precisamente, este libro como una novela, y ocho historias, ocho relatos breves, que podrían leerse en cualquier orden y de forma individual sin que dejaran de tener sentido por sí mismas. Estas historias nos hablan de sucesos fantásticos, situaciones cotidianas y otras anécdotas que los rehenes creen oportuno contar a los otros. Se tratan todas de historias entrañables, cargadas de significado, tanto para los rehenes como para los lectores. En ellas destacan casi siempre los personajes ancianos, especialmente las ancianas que a veces son o no abuelas. También la delicadeza con la que estas narraciones están escritas.
Lecturas de los rehenes, en definitiva, es un excelente libro que nos habla de un secuestro no desde el punto de vista policial o el de los secuestradores, sino desde el de unos rehenes que, felices de estar vivos aún, deciden contarse los unos a los otros aquellos episodios destacados de sus vidas. Una novela con final triste que, sin embargo, nos enseña a apreciar aquellos momentos que nos convirtieron en mejores personas animándonos a superarnos cada día. ¿Te animarás tú a leerlo?

Cristina Monteoliva



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domingo, 11 de diciembre de 2016

Reseña: ANIMALES, de Emma Jane Unsworth.

Título: Animales
Autora: Emma Jane Unsworth
Traducción: Silvia Moreno
Publica: Malpaso
Páginas: 256
Precio: 22 € / 6,99 € (ebook)

¿Cómo te sientes cuando miras a la gente que te rodea? ¿Crees que estás en sintonía con aquellos que tienen tu misma edad o, por el contrario, sientes que no encajas? ¿Acaso ellos se han convertido en unos aburridos que no saben divertirse? ¿O no será que ellos han crecido y tú no? Porque tú sigues saliendo de fiesta loca, como cuando ibas a la universidad, sea el día de la semana que sea, sin importar nada más. Como Laura Joyce, la protagonista de Animales, la novela de Emma Jane Unsworth de la que hoy os vengo a hablar.
A sus treinta y dos años de edad, Laura Joyce tiene un trabajo como teleoperadora, una novela que parece que jamás terminará de escribir, un prometido, Jim, que toca el piano y da conciertos por todo el mundo, una habitación en un piso compartido en Manchester y una compañera de piso que además es su mejor amiga: Tyler. Laura y Tyler están casi siempre juntas haciendo lo que más les gusta: beber hasta la inconsciencia (o casi). Mientras sus otros amigos y familiares se casan y tienen hijos, las dos amigas siguen viviendo como si fueran aún estudiantes universitarias. El problema es que Laura va a casarse con Jim, un chico muy recto que quiere formar con ella una familia. ¿Conseguirá eso separar a las dos amigas del alma?
Laura Joyce, la narradora y protagonista de esta novela, es una treintañera que, cuando no trabaja como teleoperadora, siempre está de fiesta junto a su amiga Tyler. Quiere acabar de escribir su novela Panceta (la historia de un cura que se enamora locamente de un cerdo parlante), pero entre borrachera y borrachera, no encuentra tiempo para ello. Sabe que tiene edad para sentar la cabeza, pero se niega a ello. Es más: piensa que la gente que deja de beber y decide tener hijos es tremendamente aburrida, y echa de menos los tiempos en los que se iba de fiesta con esa misma gente.
Aunque alguna vez Laura toma la iniciativa, casi todas las ideas de salir a beber salen de la cabeza de Tyler, su amiga americana que trabaja en una cafetería. Tyler tiene piso propio y deja vivir en él a Laura. También paga ella muchas veces el vino y las drogas. Sus ganas de beber y de hacer cosas disparatadas son infinitas. Resulta difícil pensar que en algún momento decida sentar la cabeza.
El tercer personaje importante de esta historia que nos lleva de borrachera e borrachera sin apenas darnos un respiro es Jim, el novio de Laura. Laura le conoció en un bar y enseguida conectaron ya que por aquel entonces el pianista bebía casi tanto como nuestra protagonista. Pero ahora Jim no bebe, Laura apenas le ve porque se pasa la vida viajando y está empeñado en organizar la boda y dejar embarazada a su novia.
Entre tanto árbol en forma de borrachera, de vez en cuando se vislumbra el bosque de esta historia. Entonces nos damos cuenta de que a pesar la gran cantidad de episodios donde el alcohólico es el centro de atención (admitamos que la mayoría, incluso cuando el patetismo es el ingrediente principal, resultan muy divertidos), la historia va sobre la amistad, el compromiso, el alcoholismo y, sobre todo, del total rechazo a madurar por parte de una chica que se niega a ver lo perjudicial que es su estilo de vida. La cuestión es: ¿conseguirá Laura cambiar? ¿Lo hará Tyler? ¿Se casará nuestra protagonista con Jim? Si queréis conocer la respuesta a estas preguntas, ya sabéis: ¡leed Animales!
Cristina Monteoliva



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lunes, 5 de diciembre de 2016

Entrevista: MÓNICA COLLADO CAÑAS.

Queridos amigos de La Orilla de las Letras,

da gusto trabajar, dedicarle tanto tiempo a este proyecto a costa de mi propia labor como escritora, cuando, además de encontrar amigos como vosotros que seguís este blog, te encuentras autores tan amables, tan disponibles a la hora de concederte parte de su tiempo a la hora de contestar unas preguntas para este blog.
Hoy tenemos el placer de hablar con Mónica Collado Cañas, cuya novela, Palabra de Sal, ha ganado el XIX Premio Vargas Llosa de novela.
La granadina Mónica Collado Cañas ha estudiado Periodismo y Filosofía. Escribe desde muy joven y ha colaborado en varias revistas literarias publicando cuentos, poemas y narraciones infantiles. En la actualidad, trabaja en una empresa audiovisual y escribe artículos sobre la mujer y el arte en el magazine trimestral Gansos Salvajes. Si queréis saber más de ella, podéis visitar su blog: www.lamanomassucia.blogspot.com.es  

¿Cuándo comenzaste a escribir?
A los 7 años, en una libreta que me hizo mi maestra de segundo de EGB por saberme todas las tablas de multiplicar. Fue mi primer diario y algo propiamente mío. Y siendo miembro de una familia numerosa, eso era muy importante.

¿Qué lecturas crees que te han influenciado como escritora?
Como lectora he tenido muchas etapas, que se han ido reflejando en mi escritura, cómo no. Siempre me ha encantado leer y he imitado mucho el estilo de cada escritor o escritora que me entusiasmaba, desde Gabriel García Márquez al Arcipreste de Hita. Me ha gustado mucho la literatura del Este y las novelas de personajes solitarios. En esta disparidad de gustos, creo que lo que me ha guiado siempre ha sido la búsqueda de la sensibilidad y la fuerza del texto como atributos fundamentales.

En tu opinión, ¿qué tiene que tener una novela para poder afirmar de ella que es realmente buena?
Es el universo del autor o autora lo que respalda a su novela. Es su concepción del mundo o de la vida, la riqueza de su sensibilidad. Y si a esa riqueza le acompaña un saber hacer en cuanto a la forma, entonces estaremos ante una buena obra.
Desde una perspectiva más filosófica, una buena obra es aquella que comprende que existe el mal, y que no es algo fortuito.

Palabra de sal es tu primera novela publicada. ¿Se han quedado muchos escritos en el cajón antes de decidirte a mandar al mundo esta obra?
Pocos, porque soy una escritora muy poco prolífica. Hasta ahora la escritura me ha resultado un trabajo, en el sentido mitológico del término, algo a caballo entre una necesidad y un destino. 

Palabra de sal obtuvo el XIX Premio Vargas Llosa de novela. ¿Te esperabas ganarlo? ¿Ha cambiado tu vida recibir este galardón?
No esperaba ganarlo, para nada. De hecho, cuando me llamaron ya había olvidado que había mandado la novela al concurso y tuve unos primeros segundos de confusión hasta que comprendí de qué me estaban hablando. Cualquier premio es algo muy gratificante, porque reconoce una labor en la que se han puesto muchas esperanzas, y a veces, desesperanzas. Por otra parte, este premio me ha permitido publicar, que es la primera frontera a la que llegamos los escritores y que es la más difícil de superar. En ese sentido, ha cambiado mi vida, por supuesto.



Palabra de sal también ha sido Finalista del Premio Chámbery a primera novela en castellano y está teniendo una gran acogida por parte del público. ¿A qué crees que se debe el éxito de esta historia?
Los lectores me hablan de su forma, de su lenguaje, del placer que les ha supuesto leerla, y yo estoy muy agradecida por ello. Yo añadiría que su éxito radica en conectar con el niño o la niña que seguimos llevando dentro, y que recuerda la sensibilidad originaria de nuestros primeros pasos en el mundo como un tesoro. La novela habla de iniciación y descubrimiento, es la metáfora del héroe que somos todos, porque hemos llegado a la adultez, que ya es mucho.

Por cierto, ¿cómo te surgió la idea de escribir esta novela?
No pensé en escribir una novela; pensé en escribirle a mi hijo los cuentos que me contaban a mí de pequeña, para que esa herencia oral no se perdiera. Luego surgió el personaje al que le contaban esos cuentos, y toda la trama de la historia, en la que los cuentos tienen un sentido metafórico y también son portadores de  una sabiduría muy humana, que transmiten pensamientos profundos de una forma sencilla, como hacía Cristo con las parábolas en los Evangelios. La cultura oral, donde se mezclaban la anécdota, el ejemplo, el entretenimiento y la reflexión, ha sido la forma de conocimiento de la humanidad durante muchos siglos. Prácticamente hasta hoy día, aunque con la revolución tecnológica no lo parezca. 

Palabra de sal es la historia de una niña, Corina, que vive con su familia en un cortijo. ¿Hay algo autobiográfico en esta novela?
Hay rasgos autobiográficos, sí, pero los humanos somos grandes mentirosos, que vivimos y nos contamos lo vivido casi al mismo tiempo, de modo que desdibujamos la frontera entre la realidad y la ficción en el relato de nuestra propia vida. Contar es interpretar, y el pequeño gesto de usar la palabra para expresarnos establece un interfaz decisivo que nos aleja de la realidad.  

En Palabra de sal podemos encontrar un buen número de cuentos y leyendas. ¿Han salido de tu imaginación o ya los conocías de antes?
En la mayoría de los casos, lo que recordaba era una anécdota, una frase, el nombre de un lugar o una historia corta que había escuchado. El resto –la mayoría del contenido- es imaginario, pero me gusta pensar que está en consonancia con el espíritu de la tierra de la que provengo.

¿No crees que la gente tiene hoy en día una idea muy idílica de lo que verdaderamente es vivir en el campo?
Una cosa es vivir en el campo y otra vivir del campo. Vivir en el campo… está a la medida de las posibilidades de cada cual. Vivir del campo a día de hoy… es imposible. Mis padres han vivido siempre del campo y su vida ha sido una proeza que no podríamos repetir hoy con las limitaciones que impone la economía globalizada. Por otra parte, quien vive del campo depende de la naturaleza, cosa contra la que ha estado luchando la humanidad desde la revolución neolítica, intentando domesticar lo indomesticable. Y de ese intento de someterla proviene todo el daño medioambiental que hemos hecho y seguimos haciendo. Vivir del campo supone muchas dosis de aceptación de lo que no podemos controlar, mucha incertidumbre y mucha incomodidad, cosas que no estamos dispuestos a tolerar en estos tiempos porque chocan frontalmente con los valores en los que estamos siendo educados continuamente.
  


Por cierto, ¿te irías a vivir a un cortijo?
Yo ya viví en un cortijo hasta los 17 años, cuando me fui a estudiar a la universidad. Y hay una parte de mí que siempre vivirá allí, aislada y en paz.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Palabra de sal?
Espero que lo disfruten mucho, que vuelvan a sentir la magia de la palabra y –sobre todo- que conecten con aquellas partes olvidadas u orilladas de nuestro recuerdo, con su infancia. Rilke dijo que la infancia es la patria del hombre, y es cierto. En nuestra infancia está nuestra fuerza, nuestro deseo originario, nuestra sensibilidad… El mundo sería más amable y más humano si nos olvidáramos del adultocentrismo y escucháramos de verdad a los niños, lo que queda en cada uno de nosotros del niño que fuimos.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Hay una segunda novela pendiente de ser publicada que seguramente verá la luz en 2017.

¿Te gustaría añadir algo antes de acabar esta entrevista?
Que estoy muy agradecida.

Muchas gracias a ti, Mónica, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Mientras sale esa nueva obra en 2017, espero que Palabra de sal siga llegando a muchos nuevos lectores.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias por estar siempre al otro lado.

Cristina Monteoliva