domingo, 20 de diciembre de 2015

Entrevista: JOSÉ VICENTE PASCUAL

¿Cuándo comenzaste a escribir, pensaste que llegarías a convertirte en un escritor de carrera?
Lo de “escritor de carrera” suena un poco conspicuo. Por convicción y casi te diría que por devoción, desconfío de los escritores que se proponen hacer “una carrera”. Por supuesto que siempre he sido muy ambicioso, también en tiempos de extrema juventud, pero ambicioso respecto al alcance de mis escritos, lo que de una manera un poco más petulante podría denominar “mi obra”. Esa ambición es necesaria, sana y muy conveniente. Si uno no aspira, de joven, a ser Flaubert, lo más seguro es que no llegue siquiera a celebridad local en el mundillo literario.

Has publicado numerosas novelas históricas. Algunas de ellas te han hecho merecedor de premios literarios (el último de ellos, el Premio Hispania de novela histórica 2013 con Almirante en Tierra Firme). ¿Te ves escribiendo una obra de cualquier otro género?
Me veo y me he visto. Quedamos en que yo quería ser Flaubert, o Carpentier mismo, para qué ir más lejos. No creo que nadie encuadre a Carpentier en el gremio de los novelistas de género por haber escrito dos “novelas históricas”: El siglo de las luces y  El reino de este mundo. Un novelista escribe sobre los asuntos que le llaman, y la localización temporal es una circunstancia. Que recuerde, he escrito sobre temas ambientados en la actualidad, en casi todas las décadas del siglo XX, en los siglos V antes y después de Cristo, en el XVI, el XVIII… La novela siempre es una representación subrayada y una interpretación ideológica (acaso moral) de la realidad; y el “hecho humano” como parte de esa realidad tiene relevancia temporal en los libros de historia, no en la narrativa. Ese es el motivo de que lecturas como El Cantar de los Cantares, El Decamerón o Historia de dos ciudades nos parezcan tan apasionantes como la última novedad editorial de nuestro autor favorito.

Y a propósito de la pregunta anterior, ¿por qué novela histórica?
Creo que esta pregunta está contestada. Es muy simple: si para escribir sobre determinado asunto hay que trasladarse al siglo de los barcos a remo, se traslada uno y problema resuelto.
  


Tus novelas hacen viajar en el tiempo al lector continuamente, no puede decirse que seas un autor centrado en un solo tiempo y un país. ¿Qué te lleva a escribir de una época o de otra?
Hay autores, estos sí, “de género”, especializados en determinadas épocas (Roma, la Edad Media, el Siglo de Oro, la guerra civil española…), pero no es mi caso, espero. No escribo sobre épocas, por más que unas me atraigan más que otras. Escribo sobre asuntos y personajes que me llaman la atención y me cautivan lo suficiente como para tenerme atado al ordenador los siete, ocho o catorce meses que se tarda en redactar una novela. Me pongo ahora un poco estupendo, fronterizo con la pomposidad. A ver: ¿qué diríamos de Shakespeare? ¿Qué era un “dramaturgo histórico” porque muchas de sus obras están ambientadas en la alta Edad Media? Lo mismo vale para el drama wagneriano, y etcétera, etcétera. Hay que escribir sobre aquello que nos aproxima al misterio del ser y la evidencia del paso de la humanidad por el mundo. Ya se encarga el calendario de poner la época.

Tu última novela se llama Interregno. ¿A qué se debe el título?
Como escenario para desarrollar algunas novelas, me gustan los períodos históricos de transición, cuando un mundo se derrumba y el nuevo aún no ha surgido. Eso es un “interregno”, el precario vacío de poder entre dos reinados. En el caso de esta novela, se refiere al siglo V dC, cuando Roma, en la práctica, ya no ejerce su dominio en Hispania, pero no hay todavía un sustituto a la autoridad imperial. El “interregno visigótico”, titulado así por la historiografía decimonónica, alude al reino godo de Toledo. Mi novela se sitúa en época anterior, cuando el poder de Roma ha dejado de serlo en la práctica, aunque se mantenga nominalmente, y las hordas de bárbaros invaden “Las Españas”, tal como llama a Hispania el buen clérigo Idacio de Limia, Obispo de Chaves, en su apocalíptica “Crónica de Idacio”, un documento de excepcional valor por la exactitud en la datación de los hechos históricos en aquella época. Ese es para mí el verdadero “interregno”, cuando Roma ya no es Roma y muchos pueblos, ciudades, clanes y culturas luchan encarnizadamente por la supremacía. Históricamente los vacíos de poder suelen durar muy poco, en realidad no existen. En la época a que nos referimos, los patriarcas eclesiásticos, terratenientes y patricios destacados establecen de inmediato alianzas entre ellos, o con caudillos recién llegados a sus territorios, para equilibrar la situación y cambiar el sistema estipendiario: en vez de pagar tributos a Roma, se satisfacían a los nuevos “dueños de la situación”. La misma Roma, incapaz de gobernar sus todavía amplísimas posesiones, establece pactos con ciudades hispanoromanas y jefes de tribus invasoras, otorgándoles el derecho de “foedus”, es decir, gobernar determinados territorios bajo reconocimiento jurídico del imperio. Es el origen del sistema feudal que ha de prolongarse durante toda la Edad media.

¿Cuánto tiempo te tomó la documentación previa a la escritura de Interregno?
Pues verás: considerando que la primera vez que oí hablar de los reyes godos fue en la escuela, en 1963, y que empecé a escribir Interregno en 2011… Sí, eso hace un total de 48 años.



Interregno es una novela que aúna la novela histórica con lo fantástico. ¿Por qué decidiste escribir una obra de este tipo y no ceñirte solamente a lo histórico?
Interregno es una novela ambientada bajo unas coordenadas históricas determinadas, en la trama intervienen algunos personajes que existieron realmente y se da cuenta de hechos documentados; también, como en toda obra de ficción, se desarrollan elementos argumentales que sólo pertenecen a la imaginación del autor, que soy yo. Y en la ficción cabe todo: la realidad y la fantasía, lo mensurable y lo mágico. Sí es cierto que a la hora de escribir Interregno me he dejado llevar por un estilo y una visión del mundo donde lo fabuloso y legendario ocupan un lugar importante. Pero, seamos sinceros: ¿en qué contexto historiográfico no aparecen, con fachada de verdad incuestionable, elementos mítico-fabularios? ¡La Historia está plagada de mitos, leyendas, relatos fundacionales más falsos que una moneda de tres euros! Nosotros, que hemos vivido en Granada durante tanto tiempo (creo que tú continuas por allí, o bien cerca), sabemos que nuestra ciudad asienta lo profundo de su “ser colectivo”, es decir, su identidad común, sobre los fortísimos cimientos de maravillosas mentiras y arriesgadas escenificaciones: “la reconquista de España”, el supuesto esplendor del supuesto paraíso nazarí, la Toma de la ciudad por los Reyes Católicos que no fue una toma sino una entrega pactada, el “suspiro del moro” que ni fue suspiro ni había moros por allí, la impostura de los Libros Plúmbeos y la fundación de la Abadía del Sacromonte, la coronación en la Alhambra de José Zorrilla como príncipe de los poetas de España, el mito lorquiano… La lista puede ampliarse bastante, pero no vamos a cansar a los lectores. El mito tiene una eficacia para generar “idearios colectivos” de la que carecen los discursos racionales y razonables.
>>En mi novela hay reyes que existieron y ninfas de los bosques que a lo mejor no existieron, generales romanos que fueron a la batalla y bandidos que, quizás, nunca robaron una gallina porque no llegaron a alcanzar el beneficio de existir. Torrente Ballester decía con frecuencia que en literatura es real todo lo que puede contarse con verosimilitud. En ese afán he mantenido el tono narrativo de Interregno, creo. Si es fantasía, historia, pura ficción o novela sin etiquetas, es asunto que compete a los lectores. He escrito lo que quería escribir.

La trama gira en torno a Hogueras Altas y el reino de Vadinia. ¿Dónde se situarían estos lugares en la actual España?
La civilización vadiniense floreció en tiempos prerromanos, en los Picos de Europa como territorio principal aunque no único. Cuando tracé en mi cabeza el mapa de la novela, localicé Hogueras Altas en el vértice cántabro-astur-leonés de la zona, un paisaje sobrecogedor, de una belleza soberana, casi tirana. El lugar es espectacular, duro como sus habitantes, con unos veranos muy frescos y unos inviernos terribles, con las carreteras cortadas por la nieve desde noviembre a marzo. Yo creo que es un buen escenario para desarrollar un argumento épico.

Interregno es una novela coral en la que destacan dos personajes: Egidio e Irmina. ¿Qué nos puedes contar de ellos?
Egidio es un arquetipo del antihéroe, el furtivo y con frecuencia fugitivo que por una serie de circunstancias se ve abocado al heroísmo, con lo que conlleva de renuncia y sacrificio, algo que, a su vez, va en contra de su naturaleza apetitiva y un poco oportunista. Para alcanzar ese rango de la heroicidad, lógicamente, ha de ser redimido por el amor. Y aquí aparece Irmina, la mujer-niña que encarna los universales de la femineidad, en vínculo sustantivo con la íntima potestad de la naturaleza. Irmina es, por así decirlo, la representación de una idea y una verdad que siempre me ha fascinado: el eterno femenino.



¿Fue aquella en verdad una época tan inestable?
Bastante más de lo que se plantea en la novela, no iba a estar todo el tiempo y página tras página centrado en aquellos sindioses. De los 35 reyes godos que integran la famosa lista, entre el reino de Tolosa y el de Toledo, sólo seis fallecieron de muerte natural. Los demás, naturalmente, murieron acuchillados, envenenados o ejecutados. Te pongo un ejemplo: Sigerico, sucesor de Ataúlfo, tiene el record mundial de reinados breves, con siete días y seis noches. Después se lo cargaron. Claro que el menda no era precisamente una hermana de la caridad. Lo primero que hizo al subir al trono fue ordenar el asesinato de los seis hijos de su antecesor, Ataúlfo, para evitar descendencia que molestara a su propia estirpe. La viuda de Ataúlfo, la célebre Gala Placidia, se libró de milagro, aunque padeció humillaciones inconcebibles en la época, siendo como era hermana del emperador romano, Honorio. O sea que sí, en efecto: fue una época inestable y un poco violenta. Perfecta para una novela.

¿Tienes pensado escribir un libro que continúe con la historia de Interregno?
Pensado sí, desde luego. Otra cosa es que el propósito se lleve a cabo. Depende de los vaivenes editoriales. Como suele decirse: ya veremos. Y si no vemos, que no sea porque nos hemos quedado ciegos.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Interregno?
Lo que van a encontrar, seguro: a sí mismos como lectores. A unos les gustará, a otros les parecerá aburrida, o de poca sustancia, o interesantísima. A saber… Cada lector lee su propia novela, la compone a su criterio en la intimidad de su santiscario. Eso es lo que tiene de apasionante, entre otras cosas, la literatura: no hay una sola novela que haya tenido dos lectores. Siempre es un asunto individual, un “uno contra uno”.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Ganar el premio Nobel, hacerme millonario y retirarme a un palacete dieciochesco en las Costa Azul, con un mayordomo inglés, un cocinero vasco, un repostero italiano, un/a bibliotecario/a alemán/a y un/a masajista noruego/a. Mientras tanto (porque el plan está por confirmarse), escribo un libro de viajes. Te adelanto el título porque la obra ya está registrada: Viaje por Canarias y el resto de la península.
                                                                   
¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Sí. Que el Real Madrid, mientras estén Florentino de presidente y Benítez de entrenador, no va a levantar cabeza. Que no se diga que no he avisado.

Pues muchas gracias, José Vicente, por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales. Espero que tanto Interregno como tus otras obras lleguen a muchos lectores, y que pronto te veamos de nuevo estrenando Viaje por Canarias y el resto dela península.

Cristina Monteoliva

No hay comentarios:

Publicar un comentario