sábado, 21 de noviembre de 2015

Entrevista: MARIANA TORRES

Mariana Torres, dice la nota biográfica de la solapa interior de “El cuerpo secreto”, escribe desde siempre. ¿Qué recuerdas de tus primeros escritos?
Escribo desde siempre o, al menos, escribo desde que tengo memoria. O más bien escribo para tener memoria, porque tengo el recuerdo de empezar a escribir un diario para que no se me olvidara lo que ocurría. Cuando era niña vivimos en muchas casas diferentes, nos mudábamos casi cada año por causa del trabajo de mi padre, así que en algún momento empecé a anotar las cosas que me parecían importantes. Al principio todo eran diarios, escribía algunas pequeñas historias, pero las recuerdo más como esquemas, dibujos y comienzos que como algo completo, con un final que pudiera sentir como tal. Lo primero que recuerdo con unidad fue una poesía que nos encargaron para clase, tendría unos once años, era un largo “poema” de aventuras en un castillo encantado. Me divertía mucho, participaba todos los meses en un concurso de una revista donde había que enviar resúmenes (en rima) de libros de “El barco de vapor”, escribía muchas cosas de ese tipo, era todo un juego.  

Mariana Torres escribe desde siempre, pero sobre todo a partir del Taller de Escritura de Madrid de 2001. ¿De qué forma te ayudó o influenció el taller?
El Taller de Escritura me ayudó en todas las formas posibles. Acababa de empezar una carrera que no acaba de gustarme, o más bien no acababa de encajar en ella (porque la carrera, en sí misma, era una preciosidad: Químicas) y descubrí, buscando en Internet, que “existían” clases de escritura. Empecé con toda la ilusión, y encontré no solamente un lugar donde escribir, aprender y compartir, sino un montón de amigos, tan diferentes y dispares entre sí que se parecían más conmigo que toda la gente que había conocido antes. Y sobre todo descubrí a profesores pasionales, que estaban entusiasmados por lo que enseñaban, y compañeros de clase que asistían por voluntad propia, por gusto. Ambas cosas fueron un tesoro, un lugar así es un entorno perfecto para aprender a escribir, pero también a leer, a teorizar, a criticar.

A pesar de la popularidad de los talleres de escritura hoy en día, todavía hay gente que recela de ellos. ¿Cómo convencerías a estas personas de la utilidad de estos talleres a la hora de formar escritores?
Creo que los más recelosos a los talleres de escritura serán, si acaso, los que no los conocen. No creo que nadie con un mínimo de experiencia literaria pueda decir que las clases de escritura no son útiles, es como decir que no son útiles las clases de piano o de pintura. Tal vez si recelan de ellos es porque no conocen de primera mano cómo se forma un escritor, no es algo que crezca en el campo como las flores. Por otro lado siempre digo que las clases de escritura son el principio de un camino, nadie sale convertido en escritor, sino que sale con las herramientas que le permitirán, si sigue adelante, trabajar como escritor. La formación del escritor es continua y nunca termina, como en todas las disciplinas artísticas que conocemos. Y las clases de escritura hacen este camino más corto, sí, pero solo el camino inicial, sirve para allanar los primeros pasos, para evitar dar demasiados palos de ciego.
  

©Isabel Wagemann. Foto facilitada por Editorial Páginas de Espuma.

El cuerpo secreto es tu primer libro de cuentos publicado. ¿Qué ha supuesto para ti esta publicación?
Supone un primer paso muy importante, un primer paso real. Es como si llevara media vida haciendo las maletas y marcando rutas en un mapa para, por fin, empezar el viaje. Y llegados a cierto punto es necesario, al menos para mí, porque sin la publicación del libro hubiera seguido trazando rutas nuevas y comprando navajas multiusos. He tenido que cerrar la maleta y salir de casa, con las cosas que me han cabido en la maleta y nada más. También tengo la seguridad, después de tanto tiempo, de que en la maleta, aunque es pequeña, llevo justo lo que necesito, que no falta nada. Al menos llevo lo que necesito ahora para el primer viaje, ya la iré vaciando y llenando de otras cosas. Este primer libro supone, por tanto, una enorme ilusión y curiosidad por cómo será el viaje, por cómo se leerá el libro, qué pasará ahora que hemos empezado a caminar.

¿Qué tiene que tener para ti un buen cuento?
Un buen cuento tiene que atravesar al lector por algún lugar. Un buen cuento no puede ni debe dejar indiferente. Para ello el cuento puede usar el mecanismo que sea más efectivo, sea cual sea, y son mecanismos muy diferentes en función del autor o del género y la extensión del cuento. Pero si el texto final emociona, atraviesa y trastoca al lector, entonces es un buen cuento. Lo que ocurre a continuación son efectos secundarios: buenos, malos, agradables o no. Pero si no hay una conexión con el lector, una conexión fuerte que le haga atravesar una experiencia, no hay buen cuento.

¿Dónde encuentras la inspiración a la hora de ponerte a escribir?
En general en la propia escritura, suelo pensar escribiendo, las ideas no se me ocurren mientras estoy andando por la calle (al menos no generalmente). Sí suelo coleccionar imágenes que veo o sueño, o historias que me cuentan o escucho en el autobús (es decir, historias robadas); pero eso solo son apuntes. Hasta que no me siento a escribir una idea y a darle vueltas y vueltas con palabras no suele ocurrir nada. Si mis ideas no pasaran por un proceso de escritura no serían más que imágenes huérfanas. Tal vez potentes, pero serían trozos sueltos, sin cuerpo de historia.

Los cuentos de El cuerpo secreto se mueven en el fantástico mundo de la infancia. ¿Tiene algo que ver tu infancia con la de los protagonistas de estas historias?
Esa pregunta es un poco trampa porque creo firmemente que en todas las historias que puedan leerse, de cualquier autor, la infancia tiene que ver y está influenciando de alguna forma (más o menos evidente, pero está ahí). Los primeros años de vida no son algo de lo que podamos desprendernos al escribir, aunque sea por omisión las experiencias de esos primeros años están ahí debajo, contando a la vez que nosotros. A mí me ha ocurrido alguna vez, por ejemplo, escribir una historia que yo pensaba que era totalmente inventada, dársela a leer a mi madre (que a pesar de ser mi madre es muy buena lectora de cuento) y que me comentara que eso que yo describía en la historia era una de las costumbres más comunes de mi tío, por ejemplo, imagen que yo no tengo grabada para nada como recuerdo de la realidad.



©Ático 26. Foto facilitada por Mariana Torres.

Pero, ¿por qué la infancia?
Este libro está muy conectado tanto con el elemento físico, el cuerpo en si mismo (el origen, la tierra, las raíces, el carbono…) como con el elemento emocional. Está muy poco conectado con el elemento racional, esa parte nuestra más calculada, cerebral, razonada y razonable. Y es en la infancia cuanto más presente está el cuerpo y la emoción y menos la parte emocional, el niño vive intensamente y vive rápidamente, no tiene tiempo que perder con tonterías. Así que la infancia, en este caso, tiene que ver con la temática y la intención del libro. Y de hecho en el último cuento del libro el personaje principal lo que hace es conectar con una infancia que tenía olvidada y enterrada, volver a ella ya desde el adulto.

¿Y por qué tenemos más narradores testigo que narradores protagonistas en estos cuentos?
Pues justamente porque muchos de los protagonistas son niños. Cuando se trabaja con personajes niño, y más aún con el tipo de cuentos que componen en este libro —donde los temas de fondo son el dolor y el cuerpo—, es más verosímil utilizar narradores testigos, en primera persona las voces narrativas correrían el riesgo de infantilizarse, que no es la idea para nada. Y también porque en gran parte de los cuentos el protagonista debe ser la emoción del lector, cada lector interpreta y aporta su emoción a la trama. Varios de los cuentos son tan abiertos que, leídos por ejemplo por personas de diferentes edades, se entienden de diferentes maneras.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en El cuerpo secreto?
Espero que encuentren unas historias y unas voces que conecten con sus emociones directamente, que tiendan un puente a esa zona un poco tenebrosa y oscura que no comprendemos del todo. Que no encuentren historias que puedan entenderse con la lógica básica. Que encuentren cuentos que, leídos en diferentes momentos, puedan recibirse y resonar de maneras distintas.
  

©Isabel Wagemann. Foto facilitada por Editorial Páginas de Espuma.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Suelo trabajar en varios proyectos al mismo tiempo y, normalmente, alternar entre ellos para dejarles tiempo de reposo. En este momento estoy más centrada en la reescritura de una novela en la que ya llevo trabajando un par de años, estoy dándole una vuelta completa a la estructura porque cuando terminé el borrador me di cuenta que tenía más sentido contarla de otra manera. Pero también trabajo al mismo tiempo con cuentos, no es algo que pueda dejar fácilmente o desprenderme de ello porque van orbitando y construyéndose poco a poco, pasan por muchas y diferentes fases. Llega un punto del proceso en que un cuento levanta la patita y es cuando me centro más en él y lo cierro, después sigo con otra cosa o vuelvo a la novela. Son diferentes procesos de maduración, cada cosa lleva su tiempo y tiene su proceso.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Sí, y aunque ya me has hecho un par de preguntas acerca de la enseñanza de la escritura, y de cómo me he formado yo, me gustaría hablar del trabajo que hacemos en Escuela de Escritores. Sobre todo del trabajo que hacemos a distancia, que es donde yo estoy más enfocada, en los cursos virtuales. Porque tenemos la sede principal en Madrid, y es un local precioso, luminoso y con alumnos pululando por allí todas las tardes; pero gran parte de los músculos y el corazón de Escuela de Escritores está en Internet. Es relativamente sencillo residir en Madrid, o Barcelona, o Valencia, y encontrar talleres literarios y clubs de lectura. Pero si resides en un pueblo de la montaña de Huesca, por poner un ejemplo, no es tan sencillo acceder a la formación de este tipo. Lo que me ocurrió a mí cuando encontré el Taller de Escritura de Enrique Páez, le pasa cada día a más gente, gracias a Internet, y porque llegan a nuestros cursos desde diferentes puntos de España, Europa y el resto del mundo. Y es una experiencia preciosa de cara a los alumnos y también de cara a los profesores. En los grupos presenciales siempre valoramos mucho la diversidad de edades y profesiones de los alumnos, y lo más maravilloso de los grupos de Internet es que, además de edades y profesiones diferentes, los alumnos viven en los lugares más dispares y variopintos, con sus propias tradiciones, costumbres, horarios. Eso enriquece muchísimo la experiencia del grupo, y no quería dejar pasar la oportunidad de hablar de ello, ya que tienes un blog que también llega, seguro, a todos los rincones del mundo. Esas ventanas se agradecen muchísimo, los que vivimos en centros urbanos a veces nos olvidamos de ello, pero es muy importante para mucha, mucha gente.  

Muchas gracias, Mariana, por tu tiempo, la foto que me has proporcionado y tus respuestas. Espero que todos tus proyecto salgan adelante con éxito y que lo que nos has contado resulte de interés a los que lean esta entrevista.
Gracias también por animar a los futuros escritores a acercarse a los talleres de escritura creativa. El tema de la formación en temas de escritura siempre me resultará fascinante.
Y gracias también a Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma, por proporcionar el resto de fotos para esta entrevista.


Cristina Monteoliva

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