lunes, 7 de septiembre de 2015

Escritores: EXPECTATIVAS VERSUS REALIDAD.

Que no te engañen: todos los escritores soñamos con triunfar. Que todo el mundo hable de tus libros, que tus obras dejen una huella imborrable en sus lectores, que la crítica te respete y que por fin dejes de preocuparte por el estado de tu cuenta corriente. Seguro que te habrás encontrado muchos que te habrán dicho otra cosa. No los creas: aunque no sean consciente de ello, lo que quieren es vivir de lo que escriben.
Está bien, la cosa está muy difícil. Demasiada competencia feroz, demasiadas modas que para muchos de los que escribimos no tiene sentido. Aún así, ¿por qué no podemos soñar con vivir algún día de esto? ¿Acaso no trabajamos tantas horas y tan duro como en cualquier otro empleo? ¿Qué tiene de extraño querer ganar dinero con aquello que haces? ¿Pagar las facturas tiene que estar reñido con el arte?
Los escritores tenemos grandes expectativas que chocan de frente con la realidad. Todos creemos que aquello que estamos escribiendo y que nos gusta tanto, eso que hemos pulido hasta que las ojeras nos han llegado a los dedos de los pies, va a encontrar fácilmente su nicho de lectores. Entonces publicas y sí, tu libro tiene éxito entre tus amigos, conocidos y familiares. Pero, ¿qué hay del gran público? ¿Cómo consigues llegar a ellos cuando tu libro no puede contar con una gran campaña de marketing o no entra dentro de los cánones establecidos por las modas literarias del momento?

Sacas tu libro a la venta y te imaginas a la gente así, dándose de leches por conseguir un ejemplar. ¡Ja! 

Este fenómeno puede suceder ante cualquier libro de cualquier escritor que publique en una pequeña o mediana editorial, incluso con algunos que han llegado a una grande. Pero, sobre todo, se da entre los que hemos optado por la autopublicación. Sin el respaldo de un equipo de prensa o un sello editorial que de vez en cuando haga “algo” por ti, te ves teniendo que hacer publicidad de tu obra a cada segundo en las redes sociales. Los grupos, páginas, foros, están cada vez más saturados de información aportada por autopublicadas, por lo que es cada vez más difícil llamar la atención. Encontrar lugares adecuados, sitios donde la gente al menos lea lo que pones, es una tarea casi imposible.


La gente espera que acabes haciendo esto.

Imposible también se hace encontrar tiempo para escribir tu próxima obra. Y la concentración necesaria. Por no hablar del ánimo. ¿O es que vosotros no pensáis a veces que después de dos o tres obras vuestras que han pasado sin pena ni gloria igual no merece intentarlo? ¿No te da por pensar que por más que lo intentes, por muy buena que tú sepas que es tu obra, no vas a encontrar la manera de conectar con un público mucho más amplio que con anteriores libros? ¿O soy yo la única que se desanima de vez en cuando?
Si te desanimas y lo dejas por un tiempo (un tiempo de descanso, de reflexión de regeneración), no pasa nada. Si te enfadas con el mundo y lo dejas, y de pronto decides que mejor te dedicas a coleccionar sellos, a lo mejor que es que lo tuyo no era verdadera pasión por la escritura.
Me desanime o no, yo no puedo dejar de escribir. He escrito desde que era pequeña y no voy a dejarlo aunque al final solo me lean cuatro personas. Tampoco voy a dejar de creer que algún día podré vivir de esto. Solo es cuestión de cambiar el chip, de no dejar que el agujero negro de la desesperanza y la autocompasión te engulla. Tienes que creer en ti, en lo que haces, en todo el empeño que le pones cada día. Saber que todo trabajo duro al final tiene su recompensa. El camino es largo. No hay que tener tanta prisa. Al final de este túnel, encontrarás la luz.

2 comentarios:

  1. Has reflejado la pura realidad. Estoy de acuerdo contigo en que no puedo dejar de escribir y que debemos seguir adelante, Somos muchos los que amamos la literatura y tenemos que estar unidos. Enhorabuena por tus publicaciones y adelante..... Un beso

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    1. Muchas gracias a ti por seguir el blog y por dejar un comentario.
      Mucho ánimo y adelante. Besos

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