martes, 14 de julio de 2015

Entrevista: DAVID ALIAGA

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Me ha gustado desde niño y casi te diría que también desde entonces ha sido una necesidad para mí. En el colegio, a determinadas edades, ser inteligente, gordo y tímido es una combinación que te da muchas papeletas para no pasar la mejor de las infancias. En ese contexto, sucedió que presenté un cuento al concurso de Juegos Florales que organizaba el colegio en el que estudiaba y gané. La sensación de reconocimiento por parte de mis profesores y mi familia me animó a seguir escribiendo. Ese fue el germen, sin embargo, la decisión de dedicarme a escribir llegó bastantes años después. Yo había seguido escribiendo, había impreso cincuenta copias de una novela (horrible, por cierto) que escribí con dieciocho o diecinueve años para distribuir entre mis familiares y amigos y andaba con la idea de armar un libro de relatos y probar suerte con el sector editorial. Mientras lo escribía, sucedieron dos cosas definitivas: por una parte, comencé a trabajar en prácticas en Editorial Base, y por otra, me matriculé en un curso de escritura que impartía Fernando Clemot en la universidad y que fue crucial para que terminase de comprender los fundamentos del género y reafirmándome en que mejor que peor, yo podía escribir un libro y publicarlo.

Además de escritor, trabajas en una editorial. ¿Cómo combinas ambos trabajos?
Ser escritor y trabajar en una editorial es una suerte. Me ayuda a comprender mucho mejor lo que pide y necesita el escritor cuando se sienta en la mesa de mi despacho y trabajamos en la edición de su libro y también lo que el editor me pide como escritor cuando soy yo el que visita el despacho de otro. Si yo no hubiese trabajado nunca de editor, no entendería hoy porqué un libro excelente puede vender menos de doscientas copias y, si no fuese escritor, quizá se me escaparía la sensibilidad del autor frente a esa situación. Así que, en realidad, es fácil combinar ambos perfiles. Cuando trabajo para Editorial Base intento tener presente las necesidades del autor y hacerlas encajar en las limitaciones de nuestra empresa. Cuando soy editado, intento comprender con qué sello estoy trabajando y no pedir más de lo que puedan darme.

A tus 26 años de edad ya has publicado varias obras. Háblanos de tus libros anteriores a Hielo.
Al poco tiempo de entrar a trabajar en Editorial Base publiqué un estudio titulado Los fantasmas de Dickens. Coincidió que en 2012 se celebraba el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens y la editorial quería publicar alguna cosa sobre el autor inglés. Yo llevaba algunos meses intentando convencer a mi jefe de que me dejase publicar mi libro de relatos, pero Base no publicaba ficción entonces. Así que cuando se planteó la posibilidad de encargar una obra sobre Dickens, se me ocurrió la idea de estudiar la presencia de elementos sobrenaturales en la vida y la obra de Dickens y le gustó. No es que yo sea especialmente amante de Dickens, que no lo soy, pero me parecía que si mientras trabajase en Base lograba publicar un libro, sería más fácil que luego se me abriesen otras puertas.
         Los fantamas de Dickens tuvo una buena acogida. Nos invitaron a presentarlo en la sede del British Council en Barcelona y gustó a algunos periodistas. Esto hizo que mi jefe confiase en mí como autor y cuando volví a insistir en que me publicase mi libro de relatos, accedió a leerlo y me retó a conseguir al menos un par de libros que me pareciesen mejores que el mío para abrir una colección en la que pudiese incluir mis relatos. Así que me puse a leer originales compulsivamente y di con La sociedad del duelo de Ginés Cutillas y con Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas de Oscar Sipán. Junto con esos dos títulos, apareció Inercia gris, un libro de relatos en el que juego a ser Raymond Carver o John Cheever, y echó a andar la colección de ficción que ahora dirijo y en la que muy pronto vamos a alcanzar los diez títulos publicados.


Y como lector, ¿qué lecturas prefieres?
Soy un lector voraz y con gustos muy dispares. Me gustan los libros con capacidad para romperme, que me estallan en las manos. Si lo que me pides es una lista de autores preferidos, me temo que van variando según la semana. John Maxwell Coetzee y Thomas Pynchon suelen aparecer cuando respondo a esta clase de preguntas. Desgracia, del primero, o V, del segundo, me parecen novelas excepcionales. Pocos autores me han impactado como Dostoyevski. También soy muy amante de los libros de  Eduardo Halfon, que además es un buen amigo. Jon Bilbao me parece de lo mejor que tenemos ahora mismo en España junto con Fernando Clemot, Ricardo Menéndez Salmón o Gonzalo Calcedo. Y mi tesina la he dedicado a los relatos breves de Cynthia Ozick, que me parece una autora muy combativa y perspicaz, por cuyos textos me siento muy concernido.

Con respecto a Hielo, ¿cómo nació la idea de escribir esta novela?
Me sentía culpable por algo y convivía con alguien que durante algún tiempo azuzó esa culpa. Había leído Crimen y castigo de Dostoyevski y había sido una experiencia dolorosa pero, aun así, sentía cierta distancia con el texto. Así que necesité explicarme a mí mismo porqué sentía aquella culpa y de qué manera podía sobrevivirla.

Hielo está ambientada en Islandia. ¿Conoces personalmente el país?
No. Conozco razonablemente bien la literatura islandesa y tengo un par de buenos amigos islandeses. Estudié el primer nivel de islandés mientras terminaba de escribir Hielo con tal de poder sumergirme un poco más en su cultura y, para la construcción de paisajes, tiré de Google Street View y de las fotografías de las vacaciones de algunos amigos que sí han visitado el país. Tengo ese viaje pendiente.

Hielo es una novela corta. ¿Por qué no extenderse más?
Vi la posibilidad de escribir una novela corta como la progresión natural después de haber escrito un libro de relatos. Se trataba de acercarme a una extensión mayor sin alejarme de la zona de confort que me suponía el relato. Estaba acostumbrado a manejarme en distancias breves y haberme propuesto escribir una novela de 300 páginas me parecía una locura cuyo resultado hubiese sido probablemente peor. Así que Hielo no deja de ser un relato muy largo, un ejercicio para ver hasta dónde era capaz de estirar la técnica del cuento y comenzar a experimentar con recursos propios de la novela. Además, la historia que me apetecía narrar, tal como se me ocurrió, no daba para mucho más. De hecho, Hielo tenía unas 15 páginas más que junto con Jordi Gol, editor de Paralelo Sur, decidimos recortar porque vimos que no le hacían falta a la historia y, aún peor, estorbaban.



¿Qué tienen de ti los personajes de Hielo?
Supongo que todo. Tú creas tus personajes a partir de tu propia experiencia. Eso no significa que sean tú o que reaccionen o actúen como lo harías tú, ni mucho menos. Pero son ideas que has tenido, formas en las que has entendido lo que te ha sucedido a ti o a alguien de tu entorno, lecturas que haces de lo que ves por la calle o de la gente con la que te relacionas…

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Hielo?
Preguntas, emociones. Me gustaría que se sintiesen concernidos e interrogados por la historia que explico. Comencé a narrar Hielo buscando una respuesta para la culpa que sentía y acabé el proceso de escritura no sólo sin haber hallado una explicación, sino con más preguntas al respecto, de manera que me empujó a seguir buscando. Si el texto es capaz de ofrecerle esas mismas sensaciones, culpa y búsqueda, a los lectores, me sentiré muy feliz.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Hace unos meses terminé de escribir un libro de relatos al que cada semana acabo regresando para corregir alguna frase y, ahora mismo, incluso para añadirle un nuevo cuento. Aunque lo di por acabado, me temo que hasta que no tenga fecha de publicación va a seguir cambiando. Además, he empezado a escribir una nueva novela.

Antes de acabar esta entrevista, ¿te gustaría añadir algo que no te haya preguntado?
Como me dijo una vez Gudbergur Bergsson cuando le pregunté por qué no se traducía a sí mismo al castellano: no soy la sirvienta que se cree la dueña de la casa. También me desempeño como periodista cultural en mis ratos libres y, volviendo a lo de ponerse en la piel del otro, te diré que me parecen muy pertinentes las preguntas que me has planteado y que si son las que a ti te han parecido oportunas, yo no pondré ni quitaré. Al contrario, te agradezco la entrevista y que te hayas tomado la molestia de leer Hielo, documentarte sobre mi trabajo y redactar el cuestionario.

Gracias a ti por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales.
Te deseo mucha suerte con Hielo y con todos tus proyectos, que espero que sean muchos más y que pronto sepamos más de ellos.


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