martes, 28 de julio de 2015

Entrevista: SAMANTA SCHWEBLIN

¿Qué ha supuesto para Samanta Schweblin ganar el Premio Internacional de Narrativa Breve Rivera del Duero con Siete casas vacías?
Una inmensa alegría, por supuesto. Es el premio más prestigioso para libros de cuentos en habla hispana, y ha tenido además una lista de finalistas muy interesantes. Es un premio que también ayuda a encontrar nuevos lectores, le da mucha visibilidad al libro y eso siempre se agradece.

En la nota biográfica que acompaña a este libro se hace saber al lector el buen número de premios que has obtenido con tus libros y relatos. ¿Qué crees que tienen tus cuentos, en concreto, para llamar la atención de los jurados?
Es difícil para mí pensar en eso. De hecho, supongo que si hiciera el intento de escribir para un jurado escribiría textos muy diferentes. O no, no sé. No es algo tampoco que me interese pensar. La literatura siempre es subjetiva, y los jurados, por más transparentes y bien intencionados que se presuman, también lo son.

¿Qué tiene que tener para ti un buen cuento?
Tiene que contarme un mundo que, por alguna razón, me prometa algo a cambio de su lectura. Un personaje extraordinario, una revelación, el descubrimiento de algo nuevo que solo puede entenderse siguiendo adelante con la lectura. Tiene que tener tensión, esa tensión suave pero poderosa que va haciendo desaparecer poco a poco el entorno del lector, y en cambio vuelve material el mundo de la historia. Y sobre todo, debe cumplir con todo lo que ha prometido.
  


La nota biográfica también dice que en 2014 publicaste tu primera novela, Distancia de rescate. ¿Te cuesta más escribir novela que relato o viceversa? ¿Te ves publicando más novelas en el futuro?
Escribo historias, eso es lo que siento cuando me pongo a escribir. Así como algunas son más oscuras o más graciosas, hay algunas también más largas. Supongo que si escribiera novelas de 400 páginas no opinaría lo mismo. Pero entre escribir una historia de cuarenta páginas o una de ciento treinta –como es el caso de Distancia de rescate-, la longitud me parece algo casi anecdótico, y prácticamente no interfiere en mi proceso de escritura.

¿Y qué prefieres leer: cuento o novela?
Me interesa un tipo especial de historias, a veces vienen en formato de cuento, a veces en formato de novela. Así como busco un tipo de historias cuando escribo, y a veces las encuentro en textos largo o y otras veces en textos cortos, así también busco mis lecturas. Busco climas, narradores, voces, cierto tipo de extrañamiento, determinados escritores. Creo que nunca tuve que hacerme la pregunta de "cuento o novela". La extensión me parece algo anecdótico, una consecuencia de lo que se está contando. Si un amigo llama para decirme que tiene algo extraordinario para contarme no le pregunto si le tomará diez minutos o dos horas, simplemente le digo "voy para allá", y corro a ponerme las zapatillas. Eso es lo que importa frente a un libro, la avidez por la lectura.

Volviendo a Siete casas vacías, ¿qué significan para ti las casas de este volumen?
Lo que son: espacios rígidos y concretos en los que nos refugiamos. Ambientes donde pueden cambiarse de lugar los muebles, pero nunca las dimensiones. Techos y paredes que nos cubren del frío, de la lluvia, del sol, pero también nos contienen, nos recortan, nos encierran. Lugares en los que, quizá porque nos sentimos tan seguros, somos muy vulnerables. 

¿Hay algo de autobiográfico en estos cuentos o todo es invención?
Hay algunos detalles autobiográficos. Pero son pequeños detalles, a veces incluso disparadores de las historias, pero nunca centrales. Por ejemplo, cuando yo era chica mis padres, en los veranos de vacaciones en la playa, a veces salían a mirar casas. Lo hacían porque estaban construyendo la suya, y entonces tomaban nota de algunas ideas, pero a mí salir a mirar casas me parecía algo rarísimo. Los personajes de “Nada de todo esto” no tienen absolutamente nada que ver con mi familia, pero ese pequeño detalle fue lo primero que apareció en este cuento.
El único pasaje del libro que sí es autobiográfico es la primera parte de “Un hombre sin suerte”. Ahí estoy yo, esa narradora que dejan sin bombacha el día de su cumpleaños porque su hermana acaba de tomarse una taza de lavandina.
  


¿Qué relato te ha costado más escribir?
La respiración cavernaria, sin duda. Fue uno de los primeros cuentos que empecé, y de los últimos que terminé. Saqué muchísimo material, en sus primeras versiones era casi una pequeña nouvelle. Creo que lo que más trabajo me dio es lidiar con un texto que necesitaba ser moroso, pero no podía de ninguna manera ser lento.

¿Te sientes identificada con tus personajes?
Solo con algunos. Por ejemplo, la manera insólita en que el personaje de “Salir” resuelve sus problemas. O lo perdido que a veces se siente el personaje de “Cuarenta centímetros cuadrados”. Pero también puedo reírme de ellos, o pueden parecerme insoportables. No me había pasado antes pero me acuerdo que Lola, de “La respiración cavernaria” me hizo reír varias veces durante su escritura. Tenía salidas insólitas que realmente me sacaban una sonrisa. Es insoportable.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Siete casas vacías?
Siete espacios distintos que los inviten a descubrir algo nuevo en ellos mismos, maneras nuevas de pensarse o de ver a los demás, de entender porqué nos pasan las cosas que nos pasan. O mejor todavía, lo que yo espero al leer una historia: pasarla bien, y aún así, obtener a cambio de ese tiempo algo nuevo y valioso. Hoy estoy más pretenciosa, ja, ja.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Ahora estoy trabajando con dos historias nuevas, pero están muy verdes todavía para hablar de ellas.

Muchas gracias a Samanta Schweblin y a Juan Casamayor por vuestro tiempo, las respuestas y las fotos. Espero que el libro siga cosechando mucho éxito y pronto sepamos de más proyectos de Samanta y Páginas de Espuma.

Cristina Monteoliva

Reseña: SIETE CASAS VACÍAS, de Samanta Schweblin

Título: Siete casas vacías
Autora: Samanta Schweblin
Edita: Páginas de Espuma
Páginas: 128
Precio: 14 €

Una casa no es más que un espacio delimitado por techo, suelo y paredes si en ella no vive nadie. Una casa vacía es un lugar triste, deprimente. Aunque si en una casa vacía hubo antes gente, aún quedan las sombras, las psicofonías de aquellos habitantes. Sus vidas. Sus historias. Las casas vacías, por tanto, pueden resultar también muy interesantes. Si no me creéis, dejad que os cuente algo sobre Siete casas vacías, la obra de Samanta Schweblin ganadora del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero 2015.
     Siete casas vacías es un volumen compuesto por un total de siete relatos de extensión variable, escritos la mayoría de ellos en primera persona. Aunque los temas a tratar son bien distintos en cada pieza, existe un elemento común a todas ellas: la familia y la relación entre sus miembros. Así, en Nada de todo esto, el primer o de los relatos, nos enfrentamos a una madre y una hija unidas por la peculiar afición de la madre por las casas ajenas. Como es de esperar, esta afición crea algún que otro problemilla que ambas, madre e hija, sabrán solventar a las mil maravillas.
         En Mis padres y mis hijos, nos encontramos con un hombre que comprueba cómo sus padres y sus hijos tienen mucho en común, cosa que llegará a desesperar a su esposa.
      Si hay dos relatos que guardan entre sí una especial relación estos son Pasa siempre en esta casa y La respiración cavernaria. Yo incluso diría que se trata de relatos complementarios o de dos visiones de una misma historia. En estos relatos, se habla de lo desorientados que se encuentran los padres cuando pierden a sus hijos, y de la relación que tienen estos padres con los vecinos. En ambos relatos hay objetos personales de los hijos, con los que no se sabe que hacer (sobre todo ropa), jardines y momentos desasosegantes.
       De los dos relatos mencionados anteriormente yo destacaría La respiración cavernaria, prácticamente una novela breve, por lo bien lograda que está la narración y por lo completo que resulta, desde todos los puntos de vista. Es un relato que comienza de forma muy pausada, pero que pronto crece en ritmo y en interés. Una historia que, si se llevara a la gran pantalla, estoy segura de que sería un éxito.
Algunos teóricos de la escritura creativa creen que el narrador en primera persona es un ser poco fiable. Su visión es demasiado subjetiva, demasiado parcial. Yo soy de las que opinan, sin embargo, que esta voz es la más cercana, aquella con la que más empatía puede sentir el lector. De esta forma, no creo que hubiera sentido lo mismo al leer Cuarenta centímetros cuadrados o Salir si el narrador hubiera estado fuera de las relaciones que estos relatos cuentan, ajeno a los vínculos familiares que unen a los personajes.
       Cuarenta centímetros cuadrados es uno de los relatos con los que más he conectado de este libro, precisamente porque la historia de mudanzas y desarraigos de la protagonista, una mujer inteligente que ve cómo las cosas últimamente han ido a peor para su familia, me es tremendamente conocida en la vida real.
Salir es un relato sobre el matrimonio, sobre las discusiones absurdas y las maneras de escapar de ellas. La protagonista lo hace, por cierto, de una forma muy original. Imposible no reírse con esta historia.
       Mi relato favorito de este volumen, por la controversia de la historia, por la naturalidad con la que la cuenta la niña protagonista y por su magnífico desarrollo, es Un hombre sin suerte. Este relato cuenta la increíble aventura que vive una niña el día de su cumpleaños, el mismo que su hermana menor decide tomarse un vaso de lavandina (lejía). Por culpa de su hermana, la cumpleañera acaba sin bombacha (braguitas). Un relato difícil de olvidar y de imitar.
        Siete casas vacías, en definitiva, es un volumen lleno de buenos relatos escritos de una forma impecable. Un libro lleno de grandes historias, tan tristes como divertidas, que nos hacen pensar en las relaciones que mantenemos con nuestros familiares y personas más allegadas. Siete retratos de familia en movimiento. Un lugar al que acudir cuando queramos vivir historias increíbles manteniendo, a la vez, los pies en la tierra. Un libro que, si te gusta la narración breve, no deberías dejar escapar.
Cristina Monteoliva

jueves, 23 de julio de 2015

Entrevista: VICENTE MARCO

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Muy pronto. A los siete años.       

¿Cuándo empezaste a interesarte por los premios literarios?
A raíz de un anuncio que me trajeron unos amigos de Castellón y que salía publicado en El País. Se trataba de un premio de novela corta convocado por la Comisión de Cultura del Alto Almanzora y el Ayuntamiento de Olula del Río. Tuve la suerte de ganar. Después me presenté a un premio de relatos y a otro de novela convocado por una editorial y también gané. Pensé que  era muy sencillo, pero pronto comenzaron las derrotas.

¿Cuál fue el primero que ganaste? ¿Y el último?
El primero, el que he reseñado antes. El último ha sido el Premio de Narrativa en Castellano Valencia 2015, convocado por la Institución Alfons el Magnanim, que me concedieron hace unos meses por mi novela Mi otra madre

Tienes en tu haber un buen número de premios literarios. ¿Cuál es el que más te ha costado conseguir?
No hay ninguno que me haya costado más ni ninguno que me haya costado menos. Y todos me ilusionan del mismo modo.

¿Qué consejo te hubiera gustado que alguien te diera cuando comenzaste a participar en concursos literarios?
Que no me desanimara. Los jurados de cada premio son distintos, no están en posesión de la verdad absoluta y se rigen por criterios más o menos subjetivos. Hay que estar preparado para perder muchas veces. El triunfo lleva implícita la derrota.

¿Es más fácil convencer a los jurados con una novela o con un relato?
Son dos géneros distintos aunque existan entre ambos elementos comunes. En los premios de novela se presenta menos gente que en el de relatos donde las participaciones que superan el millar son frecuentes. Cuando hablas del «Jurado», no se trata de un ente genérico, así que tampoco se puede dar una respuesta general.



Si fueras jurado de un concurso literario, ¿en qué te fijarías más?
En la originalidad, en la credibilidad, en el estilo, me fijaría mucho en el estilo, que es la personalidad del escritor, en la sobriedad de la estructura, en los errores. 
Pero sobre todo, si tengo que seleccionar entre muchas obras, me fijaría en el comienzo. En el primer párrafo.

¿Crees que los talleres literarios ayudan a los escritores a enfrentarse a los concursos?
Los talleres literarios permiten que el escritor adquiera la técnica, trabaje de la mano del profesor y evite los errores frecuentes entre quienes empiezan. Existe una relación directa entre mejorar el estilo y conseguir premios. Eso es innegable.  

¿Cómo surgió la idea de escribir Manual de escritura creativa y premios literarios?
Vino casi inducido por los talleres que realizo desde hace años. En realidad el manual responde a las inquietudes de mis alumnos y supone una guía ágil, de fácil lectura o consulta para quienes empiezan a escribir y a concursar.
  
¿Qué tiene Manual de escritura creativa y premios literarios que lo diferencia de otros libros sobre escritura que hay ahora mismo en el mercado?
Existen muy buenos manuales de escritura creativa en el mercado. Muy completos y con gran cantidad de ejemplos en los que el lector puede profundizar. Mi manual aborda también el proceloso mundo de los premios literarios con recomendaciones para quienes deseen concursar.

¿Por qué deberían los escritores noveles (o no tan noveles) hacerse con un ejemplar de Manual de escritura creativa y premios literarios?
Porque se trata de una guía sencilla y práctica, que no necesita de una gran lectura para mejorar rápidamente.



¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Estoy, como siempre, escribiendo una nueva novela. Y en los intersticios creativos, mientras la novela duerme, trabajo dramaturgia o relato. Pero ese es mi modus operandi desde que era pequeño.

¿Te gustaría añadir algo más antes de terminar con esta entrevista?
Solo desearía animar a los miles de escritores que, —como yo en el pasado—, se encuentran agazapados. Estoy seguro de que «la obra maestra de la literatura», duerme en el cajón de alguno de estos autores cuya inseguridad los relega injustamente a las sombras. Es verdad que la escritura supone una catarsis, y que el proceso aunque costoso resulta placentero, y quizá eso ya justifique escribir. Pero en mi opinión hay que salir y mostrar. El placer del escritor es completo cuando lo leen. Cuando saborea las mieles del reconocimiento.

Muchas gracias, Vicente, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Espero que Manual de escritura creativa y premios literarios llegue a mucha gente y que pronto te veamos con más obras publicadas.

Nota de última hora: Queridos aspirantes a escritor, a partir del 27 al 31 de julio y del 24 al 29 de agosto Vicente Marco impartirá un curso de  escritura creativa en un entorno privilegiado, Fontilles, en plena naturaleza y  a un precio irrisorio de pensión completa.



Reseña de MANUAL DE ESCRITURA CREATIVA Y PREMIOS LITERARIOS, de Vicente Marco

Título: Manual de escritura creativa y premios literarios
Autor: Vicente Marco
Edita: Berenice
Páginas: 143
Precio: 15 €

Dicen que España es el país de los premios literarios. Y no es de extrañar: ¡los concursos literarios se cuentan por cientos al año en nuestro país! Los hay organizados por ayuntamientos, por cajas de ahorros, por editoriales… Hay premios de novela, de cuento, de poesía… Existen premios con dotación económica, premios que prometen publicar tu obra si los ganas… Concursos literarios, en definitiva, para todo tipo de escritores. El problema es: ¿cómo conseguir siquiera pasar la primera criba del jurado? ¿Qué cosas hay que saber si quieres presentarte a uno de estos concursos? ¿Qué es lo importante y qué es lo accesorio en este caso? Las respuestas a estas y a otras muchas preguntas, sin duda, las vais a encontrar en el libro que os voy a comentar a continuación, que no es otro que Manual de escritura creativa y premios literarios, de Vicente Marco.
Vicente Marco es un escritor polifacético con un buen número de premios literarios en su haber, entre ellos el Premio Jaén de Novela por Ópera Magna y el Premio Valencia en castellano 2015 por Mi otra Madre. Tras años de experiencia participando en concursos literarios e impartiendo cursos de escritura creativa, no es de extrañar que Marco haya decidido escribir un manual de escritura creativa enfocado al tema de los concursos literarios. Tampoco que el resultado sea tan bueno.
Lo primero que llama la atención de este manual es su brevedad. Se trata este de un libro que se lee perfectamente en una tarde. Pero, ojo, que el que sea breve no quiere decir que esté incompleto, sino todo lo contrario, pues además de breve, este libro es muy conciso y claro. Su autor va siempre directo al grano, sin perderse entre las ramas, ofreciendo los datos que todo escritor novel precisa en su andadura como concursante o simplemente como autor que aspira llegar a ser editado.  
Otra de las cosas que hace de este un buen manual es el estilo directo y cercano con el que el autor se dirige a los futuros concursantes de premios literarios. Marco anima al escritor novel también ofreciendo citas de otros escritores que han triunfado en el mundo de las letras después de mucho esfuerzo, como Félix J. Palma, Juana Cortés y Camilo José Cela, entre otros.
El libro se divide en capítulos dedicados al tema de los concursos literarios y capítulos que hablan del proceso creativo, el estilo, los personajes, etc. Al final del libro, además, encontramos un buen número de anexos con información de gran utilidad.
Algunos manuales te dicen lo que está bien, pero olvidan indicar qué es lo que no debes hacer si quieres que tus escritos puedan ser tenidos en cuenta por los jurados de un concurso, un editor, etc. Vicente Marco en este manual hace especial hincapié en todos esos pequeños o grandes errores que no debemos cometer. Y, lo dicho: puesto que este manual es breve y directo, cada vez que haya alguna duda, rápidamente podemos consultar este libro para aclararla, ¡toda una ventaja en estos tiempos de inmediatez e impaciencia!
Siempre me han llamado la atención los concursos literarios. Hubo un tiempo, incluso, en que llegué a obsesionarme con ellos. Por supuesto, no he ganado ningún premio. Había muchas cosas de los concursos literarios que desconocía, cosas que me han quedado la mar de claras después de leer Manual de escritura creativa y premios literarios. Cosas que, si algún día vuelve a picarme el gusanillo por los concursos y los premios, sé que puedo consultar rápidamente en un momento dado porque este libro es ideal para ello.
Si eres de los que está pensando en lanzarse al mundo de los concursos o simplemente te interesa saber cómo funciona ese mundo; si eres un escritor novel que quiere corregir sus fallos; si estás pensando en empezar a escribir y no sabes muy bien cómo, no lo dudes: consigue ahora tu ejemplar de Manual de escritura creativa y premios literarios, un libro que lo deja todo la mar de claro.
Cristina Monteoliva

martes, 21 de julio de 2015

Entrevista: DARÍO VILAS

¿Por qué escribes fantasía, terror y ciencia ficción en vez de novela contemporánea?
Lo que escribo es muy contemporáneo. De hecho, hay quien opina que lo que hago no es terror (la fantasía no la he tocado y la ciencia ficción sólo de forma puntual, en algún relato). A mí me da lo mismo cómo quieran llamarlo, mientras les guste lo que cuento. Si nos ponemos puristas, lo mío es más bien novela costumbrista en la que se cuelan elementos fantásticos. Es complicado etiquetar mi estilo. Lo es para mí, lo es para mis editores y hasta los lectores, a la hora de opinar sobre la lectura, tienen algunas dificultades. Supongo que la etiqueta de terror era la más sencilla para salir al paso o para colocar mis libros en las estanterías, al incluir elementos sobrenaturales que pueden causar desasosiego.

¿Y por qué escribir, en general, en los tiempos que corren?
¿Y por qué no, si llevo escribiendo desde que era un niño? Al margen de los tiempos o las circunstancias, me gusta escribir.

¿Qué vas a leer este verano?
Muchos libros que tengo en la pila de pendientes desde hace tiempo. Mentiría si dijera que seguiré algún orden, iré pillando lo que me apetezca en cada momento. Acabo de abandonar a mitad Wayward Pines. El paraíso, porque me resultaba insufrible por muchos motivos, y estoy con Distancia de rescate, de Samanta Schweblin (fascinante, de momento). Tengo ganas de pillar por banda Challenger, de Guillem López, y de releer La máquina del tiempo, de Wells, aprovechando que acabo de comprar la reedición de Sportula de este clásico CiFi.

¿Qué supuso para ti ganar el Premio Nocte en 2014 por tu novela El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas?  
De entrada, supuso una pequeña dosis de vitaminas para el ego, para qué engañarnos. Es un premio que se decide por votación de los socios de Nocte, que son escritores de terror, con lo que uno tiene que sentirse orgulloso de que los compañeros consideren su novela la mejor de terror nacional del año en que fue publicada. Más allá de eso, pues hay que ser realistas, los premios no tienen demasiada incidencia a ningún nivel. Quizás Base no habría apostado por mí si no me hubieran concedido este, pero lo cierto es que el editor ya me había leído con anterioridad. Así que quiero pensar que nuestros caminos se cruzarían de todos modos, aunque el Nocte haya podido precipitar las cosas.




¿Qué premio te gustaría ganar con tu nueva novela, El tiempo como enemigo?
Ninguno o cualquiera. ¿Sabes qué pasa? Pues que yo jamás he escrito teniendo en mente premios o galardones de ninguna clase, ni creo merecerlos. Son otros los que deciden esas cosas, y desconozco sus criterios. El funcionamiento de Nocte lo conozco porque formo parte de la asociación. Fuera de ahí, ni idea. No sé ni a qué podría optar ni si merecería alguno, porque tendría que leer las alternativas. Pero por ganar, cualquier premio sería bien recibido. Si tiene dotación en metálico ni te cuento.

¿Cómo surgió la idea de escribir El tiempo como enemigo?
No tengo del todo claro el detonante inicial. Hay varias cosas que me impulsaron a escribirla. Empezando por una leyenda urbana local, del barrio en que crecí. Después está una frase concreta que me vino a la cabeza a bote pronto (“Desde que el nudo se le instaló en la garganta, cada mañana se analizaba frente al espejo del baño para comprobar si le había crecido una nuez durante la noche.”). Y por último, terminé de arrancarme con ella cuando se me quedó incrustado el estribillo de una canción de Slash & Mark Lanegan del que heredó el título mi novela (el título y la cita están en el libro).

¿Es el tiempo tu enemigo?
El tiempo se percibe como enemigo cuando, en el crepúsculo de tu vida, el balance arroja saldo negativo. Así que te aplazo a entonces para responderte. De momento, el tiempo es mi aliado.

¿Crees en los fantasmas?
No, en absoluto. Soy totalmente escéptico, no creo en nada que no se pueda demostrar y dependa de algo tan arbitrario como la fe ciega. Pero me apasiona imaginar cosas que no existen e intentar hacerlas creíbles.
Debido a este escepticismo, siempre trato de buscarle una explicación de “condensador de fluzo” a los elementos fantásticos de mis novelas. Es decir, razonamientos que suenen creíbles pero que en el fondo no sean más que unas magufadas de impresión. El “don” de Carlos en mi novela, y el fantasma que le visita, tienen su explicación, y requirió muchas horas de documentación. Tiene que ver con la física teórica, pero esto sólo lo revelo en las presentaciones de la novela. Soltarlo aquí sería largo y aburridísimo. Y necesito reclamos para que los lectores se acerquen a verme.



¿Qué tienen de ti Carlos y Dena?
Surgieron de mi imaginación, pero creo que hay muy poco de mí en ellos. Suelo intentar mantener una distancia entre mis personajes y yo, y si se cuela algo de mi personalidad es involuntario. Como ejercicio creativo, cuando los meto en una situación de la que no tengo claro cómo salir, pienso en qué haría yo si fuera ellos, para que hagan algo totalmente distinto. 

¿Qué esperas que encuentren los lectores en El tiempo como enemigo?
Espero que encuentren una historia entretenida de misterio en clave emocional, que empaticen con la búsqueda del protagonista y con su tendencia a aferrarse a causas imposibles. Que el fantasma y su misterio les cautive, y que el final les pille a pierna cambiada y les sorprenda un poco, al menos. En definitiva, que pasen un buen rato. Si les deja algo de poso, bola extra.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Ahora mismo sólo finalizar Despertar, la novela que cierra la trilogía disfuncional que comencé con Instinto de superviviente y continué con Lantana: donde nace el instinto. Pero está delicada la cosa. Por una parte, considero que su momento pasó. Por otra, que se la debo a los lectores. Así que ya veremos, sigo trabajando en ella, pero sólo verá la luz si estoy convencido al 100 % de que es un final digno que nos dejará satisfechos a mí y a los lectores.
Al margen de esta, tengo media docena de proyectos de novela en gestación, y tiraré adelante con la que más me cautive, la que llegue un momento que no me pueda quitar de la cabeza. Es mi forma de funcionar.

¿Te gustaría añadir algo antes de terminar esta entrevista?
Añadiré, porque creo que puede ser interesante para algunos lectores, que El tiempo como enemigo será adaptada al cine. No puedo decir cuándo, porque no lo sé, ni por quién, porque no me lo permiten. Pero los derechos de adaptación están firmados y el guión en desarrollo. Así que, si quieren poder decir aquello de “la novela es mucho mejor”, ya saben.
Muchas gracias por haberme dado voz desde vuestro espacio. Un placer que espero poder repetir en el futuro.

¡Vaya, qué gran noticia! Oye, pues si hay un papelito libre por ahí, acuérdate de mí. Como Gloria me veo, ¿eh?, ¡me veo!
Bromas aparte (sí, ya sé que nadie me va a llamar para salir en una película, con la ilusión que me hace), espero que la película esté pronto en cartelera, que el libro se venda muy bien, y que pronto publiques más obras.
Muchas gracias por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales.  


Reseña de EL TIEMPO COMO ENEMIGO, de Darío Vilas

Título: El tiempo como enemigo
Autor: Darío Vilas
Edita: Editorial Base
Páginas: 168
Precio: 15,90 €

La vida nos plantea preguntas continuamente. Algunas, por más que nos esforcemos en buscar respuestas, nunca podremos contestarlas. Aun así, nos empeñamos en buscar y buscar, tanto en el exterior como en el interior de nuestro ser. Entonces, cuando por fin parece que renunciamos, la pregunta vuelve a nosotros de alguna forma. Como si el universo quisiera reírse de nosotros. De esto y mucho más va El tiempo como enemigo, la novela de Darío Vilas que hoy os vengo a comentar.
Tras muchos años viviendo en Madrid, Carlos se traslada a Vigo. Lo hace para estar más cerca de su socio en sus negocios secretos y un tanto turbios, Raúl; pero, sobre todo, para seguir la pista de su antigua novia, desaparecida dos años atrás sin dejar rastro. Carlos se alojará en el piso de Dena, una enigmática portuguesa. Pronto descubrirá el madrileño que no solo su casera guarda un secreto sino que también su casa esconde algo que quiere que él averigüe.
Carlos, el protagonista de esta historia, es un treintañero con un negocio turbio, pero estable, un buen socio y una obsesión en la cabeza: encontrar a la persona que amó, desaparecida hace dos años. Carlos cree que ella murió en el accidente de tren de hace unos años en Galicia, pero no está seguro. ¿Y si no fue así? ¿Y si en realidad está viva y le necesita? Pero, ¿y si está siguiendo una pista falsa y está en Galicia por otro motivo?
Por otro lado tenemos a Dena, prácticamente la coprotagonista de esta historia. Dena es una mujer enigmática, una caja de sorpresas. Después de vivir un tiempo en Portugal, Dena vuelve a Vigo, lugar en el que su padre tenía un piso, para trabajar como maquilladora en una funeraria. A diferencia de Carlos, Dena es una mujer bastante inestable y mucho más compleja de lo que parecía en un principio. ¿Le complicará eso la vida a Carlos?
No desvelo nada si digo que el tercer personaje en discordia es el fantasma de una niña que habita la casa que Dena le alquila a Carlos (esto queda bastante claro en la sinopsis oficial de la novela). El fantasma aparece en los sueños de Carlos para hacer que este averigüe lo que pasó en la casa, aunque puede que también por otros motivos. Su historia, sin duda, es muy interesante, también el tratamiento que de ella hacen los distintos narradores y el propio Carlos.
La historia consta de dos narradores: uno en tercera persona que sigue de cerca a Carlos y Dena, y otro en segunda persona que emplea el autor tanto para introducirnos a los lectores en el mundo de los sueños como a su propio protagonista. Aunque haya muchos detractores en el mundo de las letras del uso de la segunda persona en la narración, yo, en este caso concreto, encuentro que este es un recurso muy acertado. Da un toque de cercanía, tiende un puente entre el protagonista y el lector difícil de conseguir con otros recursos. Hace, en definitiva, que nos metamos con Carlos en la casa a esperar a que venga la niña fantasma y nos cuente su historia.
Otros elementos interesantes de esta obra: el sucio a la par que exótico negocio de Carlos, el trabajo como maquilladora de difuntos de Dena y la buena descripción que el autor hace de él y la historia que hay más allá de los fantasmas. Tampoco podemos olvidarnos de personajes como Raúl, el socio en Vigo de Carlos y Gloria, la insoportable dueña de esa cafetería que pronto se vuelve punto de encuentro entre Dena y Carlos.
El tiempo como enemigo, en definitiva, es una historia de preguntas y respuestas tanto para los protagonistas como para el lector. Se trata, pues, de una obra cargada de misterio con ciertos fundamentos reales muy seleccionados, además de una aventura en la que los protagonistas juegan en contra del tiempo, huyendo de él, refugiándose en él. Carlos y Dena quieren dejar atrás ciertas cosas y alcanzar pronto otras tantas. Aunque, ¿quién sabe lo que el destino y ese dichoso tiempo del que escapan les depara?
El tiempo como enemigo: una novela original que no va a dejar indiferente a sus lectores. ¿Te atreves a comprobarlo?
Cristina Monteoliva

martes, 14 de julio de 2015

Entrevista: DAVID ALIAGA

¿Cuándo comenzaste a escribir?
Me ha gustado desde niño y casi te diría que también desde entonces ha sido una necesidad para mí. En el colegio, a determinadas edades, ser inteligente, gordo y tímido es una combinación que te da muchas papeletas para no pasar la mejor de las infancias. En ese contexto, sucedió que presenté un cuento al concurso de Juegos Florales que organizaba el colegio en el que estudiaba y gané. La sensación de reconocimiento por parte de mis profesores y mi familia me animó a seguir escribiendo. Ese fue el germen, sin embargo, la decisión de dedicarme a escribir llegó bastantes años después. Yo había seguido escribiendo, había impreso cincuenta copias de una novela (horrible, por cierto) que escribí con dieciocho o diecinueve años para distribuir entre mis familiares y amigos y andaba con la idea de armar un libro de relatos y probar suerte con el sector editorial. Mientras lo escribía, sucedieron dos cosas definitivas: por una parte, comencé a trabajar en prácticas en Editorial Base, y por otra, me matriculé en un curso de escritura que impartía Fernando Clemot en la universidad y que fue crucial para que terminase de comprender los fundamentos del género y reafirmándome en que mejor que peor, yo podía escribir un libro y publicarlo.

Además de escritor, trabajas en una editorial. ¿Cómo combinas ambos trabajos?
Ser escritor y trabajar en una editorial es una suerte. Me ayuda a comprender mucho mejor lo que pide y necesita el escritor cuando se sienta en la mesa de mi despacho y trabajamos en la edición de su libro y también lo que el editor me pide como escritor cuando soy yo el que visita el despacho de otro. Si yo no hubiese trabajado nunca de editor, no entendería hoy porqué un libro excelente puede vender menos de doscientas copias y, si no fuese escritor, quizá se me escaparía la sensibilidad del autor frente a esa situación. Así que, en realidad, es fácil combinar ambos perfiles. Cuando trabajo para Editorial Base intento tener presente las necesidades del autor y hacerlas encajar en las limitaciones de nuestra empresa. Cuando soy editado, intento comprender con qué sello estoy trabajando y no pedir más de lo que puedan darme.

A tus 26 años de edad ya has publicado varias obras. Háblanos de tus libros anteriores a Hielo.
Al poco tiempo de entrar a trabajar en Editorial Base publiqué un estudio titulado Los fantasmas de Dickens. Coincidió que en 2012 se celebraba el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens y la editorial quería publicar alguna cosa sobre el autor inglés. Yo llevaba algunos meses intentando convencer a mi jefe de que me dejase publicar mi libro de relatos, pero Base no publicaba ficción entonces. Así que cuando se planteó la posibilidad de encargar una obra sobre Dickens, se me ocurrió la idea de estudiar la presencia de elementos sobrenaturales en la vida y la obra de Dickens y le gustó. No es que yo sea especialmente amante de Dickens, que no lo soy, pero me parecía que si mientras trabajase en Base lograba publicar un libro, sería más fácil que luego se me abriesen otras puertas.
         Los fantamas de Dickens tuvo una buena acogida. Nos invitaron a presentarlo en la sede del British Council en Barcelona y gustó a algunos periodistas. Esto hizo que mi jefe confiase en mí como autor y cuando volví a insistir en que me publicase mi libro de relatos, accedió a leerlo y me retó a conseguir al menos un par de libros que me pareciesen mejores que el mío para abrir una colección en la que pudiese incluir mis relatos. Así que me puse a leer originales compulsivamente y di con La sociedad del duelo de Ginés Cutillas y con Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas de Oscar Sipán. Junto con esos dos títulos, apareció Inercia gris, un libro de relatos en el que juego a ser Raymond Carver o John Cheever, y echó a andar la colección de ficción que ahora dirijo y en la que muy pronto vamos a alcanzar los diez títulos publicados.


Y como lector, ¿qué lecturas prefieres?
Soy un lector voraz y con gustos muy dispares. Me gustan los libros con capacidad para romperme, que me estallan en las manos. Si lo que me pides es una lista de autores preferidos, me temo que van variando según la semana. John Maxwell Coetzee y Thomas Pynchon suelen aparecer cuando respondo a esta clase de preguntas. Desgracia, del primero, o V, del segundo, me parecen novelas excepcionales. Pocos autores me han impactado como Dostoyevski. También soy muy amante de los libros de  Eduardo Halfon, que además es un buen amigo. Jon Bilbao me parece de lo mejor que tenemos ahora mismo en España junto con Fernando Clemot, Ricardo Menéndez Salmón o Gonzalo Calcedo. Y mi tesina la he dedicado a los relatos breves de Cynthia Ozick, que me parece una autora muy combativa y perspicaz, por cuyos textos me siento muy concernido.

Con respecto a Hielo, ¿cómo nació la idea de escribir esta novela?
Me sentía culpable por algo y convivía con alguien que durante algún tiempo azuzó esa culpa. Había leído Crimen y castigo de Dostoyevski y había sido una experiencia dolorosa pero, aun así, sentía cierta distancia con el texto. Así que necesité explicarme a mí mismo porqué sentía aquella culpa y de qué manera podía sobrevivirla.

Hielo está ambientada en Islandia. ¿Conoces personalmente el país?
No. Conozco razonablemente bien la literatura islandesa y tengo un par de buenos amigos islandeses. Estudié el primer nivel de islandés mientras terminaba de escribir Hielo con tal de poder sumergirme un poco más en su cultura y, para la construcción de paisajes, tiré de Google Street View y de las fotografías de las vacaciones de algunos amigos que sí han visitado el país. Tengo ese viaje pendiente.

Hielo es una novela corta. ¿Por qué no extenderse más?
Vi la posibilidad de escribir una novela corta como la progresión natural después de haber escrito un libro de relatos. Se trataba de acercarme a una extensión mayor sin alejarme de la zona de confort que me suponía el relato. Estaba acostumbrado a manejarme en distancias breves y haberme propuesto escribir una novela de 300 páginas me parecía una locura cuyo resultado hubiese sido probablemente peor. Así que Hielo no deja de ser un relato muy largo, un ejercicio para ver hasta dónde era capaz de estirar la técnica del cuento y comenzar a experimentar con recursos propios de la novela. Además, la historia que me apetecía narrar, tal como se me ocurrió, no daba para mucho más. De hecho, Hielo tenía unas 15 páginas más que junto con Jordi Gol, editor de Paralelo Sur, decidimos recortar porque vimos que no le hacían falta a la historia y, aún peor, estorbaban.



¿Qué tienen de ti los personajes de Hielo?
Supongo que todo. Tú creas tus personajes a partir de tu propia experiencia. Eso no significa que sean tú o que reaccionen o actúen como lo harías tú, ni mucho menos. Pero son ideas que has tenido, formas en las que has entendido lo que te ha sucedido a ti o a alguien de tu entorno, lecturas que haces de lo que ves por la calle o de la gente con la que te relacionas…

¿Qué esperas que encuentren los lectores en Hielo?
Preguntas, emociones. Me gustaría que se sintiesen concernidos e interrogados por la historia que explico. Comencé a narrar Hielo buscando una respuesta para la culpa que sentía y acabé el proceso de escritura no sólo sin haber hallado una explicación, sino con más preguntas al respecto, de manera que me empujó a seguir buscando. Si el texto es capaz de ofrecerle esas mismas sensaciones, culpa y búsqueda, a los lectores, me sentiré muy feliz.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Hace unos meses terminé de escribir un libro de relatos al que cada semana acabo regresando para corregir alguna frase y, ahora mismo, incluso para añadirle un nuevo cuento. Aunque lo di por acabado, me temo que hasta que no tenga fecha de publicación va a seguir cambiando. Además, he empezado a escribir una nueva novela.

Antes de acabar esta entrevista, ¿te gustaría añadir algo que no te haya preguntado?
Como me dijo una vez Gudbergur Bergsson cuando le pregunté por qué no se traducía a sí mismo al castellano: no soy la sirvienta que se cree la dueña de la casa. También me desempeño como periodista cultural en mis ratos libres y, volviendo a lo de ponerse en la piel del otro, te diré que me parecen muy pertinentes las preguntas que me has planteado y que si son las que a ti te han parecido oportunas, yo no pondré ni quitaré. Al contrario, te agradezco la entrevista y que te hayas tomado la molestia de leer Hielo, documentarte sobre mi trabajo y redactar el cuestionario.

Gracias a ti por tu tiempo, tus respuestas y tus fotos personales.
Te deseo mucha suerte con Hielo y con todos tus proyectos, que espero que sean muchos más y que pronto sepamos más de ellos.


Reseña de HIELO, de DAVID ALIAGA.

Título: Hielo
Autor: David Aliaga
Edita: Paralelo Sur Ediciones
Páginas: 114
Precio: 10 €

Hay familias en las que todos los problemas se hablan abiertamente. En otras, los miembros prefieren hablar de unos temas y de otros no. Y luego están aquellas familias en las que lo grave siempre se esconde debajo de la alfombra y cada uno gestiona sus sentimientos como buenamente puede. Lo que pasa es que a veces el problema, el suceso, etc, es tan sumamente grave o traumático que las cosas no vuelven a ser lo que eran. Ese es el punto de partida de Hielo, la novela de David Aliaga de la que hoy os voy a hablar.
Un hombre llega a un pueblo del norte de Islandia para trabajar cuidando un anciano en casa de su hija. Una mujer y su hijo manejan como pueden la ausencia de un marido, un padre, un hijo y hermano en Reykiavik. También en la capital del país, un enfermero es requerido por la justicia para testificar por algo acontecido en el hospital en el que trabaja. Hay algo que une a todos estos personajes. Ese mismo algo, los separa. Mientras se desarrolla su historia, el hielo islandés amenaza con helar sus corazones para siempre.
Hay sucesos tan graves que, por mucho que pase el tiempo, no se superan del todo. Pasar página es aún más difícil cuando intentas huir de ese pasado traumático, pues por más que lo intentas, siempre te acaba encontrando. Este sería el caso del primer actor de Hielo, la novela breve (prácticamente un cuento largo) de David Aliaga.
El hombre huye, es lo que nos dice en la primera página el narrador. Quiere olvidar lo que pasó. Quiere dejarlo todo atrás, crear una nueva existencia. Por un tiempo, quizá, tal vez lo logre. Sin embargo, no es tan fácil deshacerse de los recuerdos, de la culpa, del amor que se deja atrás.
Por otra parte tenemos a la madre y al hijo que viven solos en su piso de la capital de Islandia. Ella vive como si el marido y el otro hijo estuvieran presentes. Aunque también, a veces, intenta seguir adelante, buscando un futuro con otro hombre. Lo que desde luego no hace es hablar con su hijo mayor, un adolescente atormentado que toca heavy metal. La relación entre ambos es, sin duda, curiosa e interesante.
Por último tenemos al enfermero. Su papel en la obra es el de mostrarnos que a veces los valores éticos personales y los impuestos por la sociedad pueden ser muy diferentes. Que la profesionalidad no debería estar reñida con el trato compasivo, el trato humano.
Hielo es una novela corta que se hace más corta aún. Tras la lectura, sientes ganas de saber más sobre los personajes, de meter el dedo aún más adentro de la yaga y llegar a las profundidades de su culpa, su dolor, su soledad, su arrepentimiento. Su humanidad.
La nieve, el hielo de Islandia, funciona en este libro no solo como estupendo marco de fondo, sino como metáfora de los sentimientos, de las relaciones, de la soledad. De las preguntas sin contestar. La frialdad es algo que los actores de esta obra se autoimponen o imponen a los demás. Algo que creen que les protege del pasado, de la culpa. De ellos mismos, al fin y al cabo.
Hielo nos viene a recordar, en definitiva, aquello de la teoría del iceberg: que lo que se ve en la superficie, en este caso de los personajes, es solo la mínima parte de lo que son, de lo que fueron, de lo que sienten, de lo que les atormenta. Si quieres conocer el resto del bloque, el que se esconde bajo la superficie, tendrás que hacerte con un ejemplar de esta obra de novela contemporánea. Aunque, cuidado: tras la lectura tú mismo te harás preguntas, te cuestionarás tus valores éticos, querrás saber qué harías en su lugar.
Hielo: una lectura diferente en los tiempos que corren, sin duda. ¿Te atreves a comprobarlo?
Cristina Monteoliva